Ella lo observaba desde la lejanía.
Sentía cómo el rencor y el dolor lo consumía más de la cuenta.Destrozada por dentro, intentaba alcanzarlo, pero su corazón era más duro que el marfil.
Sasuke siempre estaba solo. Vagaba por las calles con su mirada perdida y su alma en pena.La gente lo veía como a él. Lo llamaban como a él.
—Ahí va el que lleva el apellido maldito—murmuraban tanto mujeres como hombres.
Jamás se detuvieron a conocerlo. Simplemente, lo ignoraban o rechazaban.
Sasuke lo percibía y trataba de mostrarse fuerte.
Cada atardecer, se sentaba en la orilla del río. Disfrutaba observar al astro rey cuando se ocultaba, reflejado en el agua cristalina.
Era en el único instante en el que se sentía en paz.
Sakura siempre lo veía y esperaba a que él la notara, pero sus pensamientos estaban únicamente en él.
El causante del dolor de Sasuke era su hermano mayor, Itachi Uchiha.
Alguien que supo ganarse el cariño y respeto en algún momento, siendo admirado por el jefe de la aldea.
Itachi, a diferencia de Sasuke, fue el centro de atención para todos.Era responsable y amable.
—Deberías aprender de tu hermano—decía su padre Fugaku, cada vez que podía o cuando Sasuke no alcanzaba el objetivo que esperaba.
Desde ese entonces, Itachi no sólo fue su hermano mayor, su ejemplo a seguir.
Sino que fue su primer y principal rival, el que lo llevaría más allá de todos sus límites.
Sasuke lo observaba de cerca. Memorizó su entrenamiento y se apropió de sus ideales.
—La familia es lo único que estará cuando todo esté perdido, Sasuke.
Recordaba aquellas amables palabras que le decía, luego de enseñarle cómo debía defenderse en caso de quedar en medio de una pelea.
Sin embargo, Sasuke no quería quedarse con pelear con sus puños. También quería empuñar un arma y convertirse en un potencial defensor de su apellido, tal como Itachi.
Su hermano estaba a punto de recibirse como policía. Sus notas eran sobresalientes, tal como su paso en la academia.
Hasta ese entonces, Itachi había logrado que los Uchiha fueran la familia más respetable de la aldea.
Una noche, Sasuke fue al bosque donde siempre entrenaba con Itachi, con la ilusión de que él, finalmente, le enseñara lo que más quería.
Esperame allí.
¡No te vayas!
Sino, no te enseñaré nada
La nota que Itachi le había dejado en su cama, lo había entusiasmado demasiado.
El problema era que estuvo tantas horas esperando, que el sueño estaba venciéndolo.
La noche se había hecho presente y el cansancio dominaba su cuerpo.
Se sentó contra un árbol y leyó una vez más esa nota.
—¿Por qué no venís, Itachi? —lo arrugó y lo sostuvo en su mano.
Miraba el cielo. La luna era más grande de lo que pensaba. Las estrellas brillaban más que nunca, pero él se sentía solo.
Sasuke despertó con un fuerte dolor en su nuca. Estaba tan entumecido, que le costaba levantarse.
Sobaba la zona y trataba de espabilarse.
Suspiró.
Al no saber nada de Itachi, decidió volver.
Caminó lentamente, acompañado por el canto de las aves y la brisa matutina.
Cuando estaba a escasos metros de su hogar, notó una gran multitud agolpada en la puerta de su casa.
Murmuraban. Él no lograba comprender lo que estaba sucediendo.
Incluso, había policías con anotadores. Hablaban por intercomunicadores y trataban de alejar a la gente.
Sasuke tenía un mal presentimiento. Tragó saliva y se acercó.
—¿Qué significa todo esto? —inquirió a un joven oficial. Sasuke lo conocía, era el mejor amigo de su hermano.
—Sasuke... —musitó con asombro. Miró a todos lados y lo abrazó por sus hombros.
El muchacho era mucho más alto que él.
Lo apartó de la gente y miró hacia ambos lados.
Se agachó un poco para estar a su altura.
—¿Dónde estabas? —susurró.
—En el bosque. Itachi dijo que... —Sasuke enmudeció. Al ver el rostro conmocionado del policía, su mal presentimiento aumentó.
—Deberías ir con Hiruzen. Él te protegerá de ahora en adelante, hasta que se aclare todo—los ojos del muchacho se llenaron de lágrimas.
—No entiendo... —Sasuke estaba perturbado. No soportaba el hecho de que nadie le dijera nada.
Salió corriendo.
Esquivó a todos los oficiales que se encontraban en la entrada y logró ingresar a su hogar.
El panorama era extraño.
Había muchos objetos rotos por doquier. Desde fotografías hasta papeles.
Sasuke sentía temor por lo que vería más adelante.
Hizo algunos pasos más y se detuvo frente a la oficina de su padre.
Lo que vio le paralizó el corazón.
Sus manos temblaban y le costaba abrir aquella puerta.
Tragó saliva y se adentró al lugar.
Sus padres yacían allí, hundidos en un mar de sangre que ahogaba cada sentimiento del Uchiha menor.
Quería llorar, gritar, patalear...
¡Lo que sea!
El estado de shock en el que estaba profundamente inmerso no le permitía realizar ningún movimiento.
En ese instante, Shisui, el oficial amigo de Itachi, sujetó a Sasuke por los hombros y lo guió hasta la salida.
—No podés quedarte aquí, Sasuke. Es peligroso—musitó con un deje de tristeza que era percibido fácilmente.
Sasuke estaba en un estado de conmoción que jamás había vivido.
No entendía cómo pudieron matar de esa forma tan despiadada a sus padres.
¿Qué haría de ahora en adelante?
—¿Dónde está Itachi? —fueron las primeras palabras que logró decir.
Shisui no lograba encontrar la manera adecuada de expresar lo sucedido.
Trataba de mantener su carácter firme por su trabajo, pero ver a Sasuke en ese estado, le partía el alma en mil pedazos.
Apreciaba a Itachi y mucho más a Sasuke, su pequeño hermano. Shisui era hijo único, así que encontró en Itachi y Sasuke a los hermanos que le hubiese gustado tener.
Por ese motivo, sentía culpa por intentar mentirle a Sasuke.
—Él... —por más que lo intentara, no podía omitir la verdad—Él fue quién hizo esto, Sasuke.
Shisui notó, en ese momento, cómo el espíritu del menor de los Uchiha se desvanecía por completo.
Ya no sentía tristeza, ni congoja.
En su corazón residía la ira e impotencia por sentirse débil.
¿Por qué tuvo que pasar así? ¿Por qué lo había engañado con el fin de enseñarle algo que jamás haría? ¿Por qué no lo asesinó, al igual que sus padres?
Sasuke necesitaba explicaciones. Necesitaba oír de la propia boca de Itachi acerca de lo que había pasado.
Él no era un asesino. Él no era un vil delincuente...
Eso creyó Sasuke, en aquel momento...
Conforme pasaron los días, los habitantes de la aldea lo miraban con desprecio y odio.
Escuchaba sus murmullos y cómo lo calificaban como un potencial traidor y asesino, portador del apellido maldito.
Sasuke guardó todo el dolor y esquivó las críticas. Él tenía un sólo objetivo: Itachi Uchiha.
En la academia, sus propios compañeros de clase lo ignoraban por lo sucedido. Mas no le importaba ser aislado, siempre y cuando no escuchara nada acerca de él o su familia.
Lo que el azabache no había notado, era que existía una persona que lo defendía sin que él lo supiera.
No le importaba ser el centro de las burlas ni que las compañeras intentaran lastimarla.
Ella sólo quería que Sasuke sonriera como antes. Que fuera aquel niño alegre y práctico en sus tareas.
Nadie, absolutamente nadie se había acercado a Sasuke por temor a las represalias por parte de sus familias.
No obstante, ella no pensaba de ese modo. De hecho, no le importaba ser regañada.
Una tarde, ella decidió que no lo observaría desde la lejanía, sino que lo acompañaría para que no se sintiera solo y contara con una persona de su edad.
Ella se acercó a él y observó cómo jugaba con el agua.
Las personas a su alrededor comenzaron a murmurar.
—Hoy es una tarde muy bonita—expresó mientras miraba el ocaso—¿Puedo sentarme a tu lado? —Sasuke volteó y la chica notó la tristeza tatuada en su piel.
—Me da igual—respondió con aspereza.
La joven se ubicó del lado izquierdo del chico, abrazando sus rodillas.
—Traje unos dulces—buscó en su bolsillo y sacó una bolsa con caramelos—Tomá —se lo acercó y le regaló una tierna sonrisa.
Sasuke la miró por algunos segundos y negó con la cabeza.
—¿Por qué estás haciendo esto, Sakura? —inquirió mientras arrojaba piedras al río.
—Porque me da igual lo que los demás piensen de vos. Nadie sabe qué pasó y eso no te culpa en absoluto—argumentó la pelirrosa.
Sasuke la escuchaba con atención, pero trataba de no verla directamente.
Él desconfiaba de todo y de todos.
—El Sasuke que conocí, era tan habilidoso, inteligente y alegre, que podría cautivar a quién quisiera—Sasuke la miraba de soslayo—. Pero este nuevo Sasuke, no me aleja. Al contrario, me dan ganas de quedarme.
—¿A pesar de que todos opinen de que mi apellido está maldito? —espetó con dolor.
—Es una tonta mentira—Sakura se arrimó un poco más a él y buscó su mirada—. Me quedaré con vos, pase lo que pase.
Sasuke la observó por un momento. No podía negar que las dulces palabras de Sakura habían logrado tocar su gélido y triste corazón.
Hacía mucho tiempo que nadie le hablaba con tanta sinceridad ni temía por el qué dirán.
—Gracias, Sakura—musitó.
La pelirrosa lo oyó y esbozó una sutil sonrisa que mostraba su felicidad por haber alcanzado al Uchiha.
El tiempo parecía haberse detenido para Sasuke.
El dolor seguía presente, pese a que habían pasado dos largos años.
Las personas seguían viéndolo con desprecio y rencor.
Ya no mostraba ningún tipo de sentimiento. Excepto hacia Sakura, su única amiga.
Cada día, Sasuke entrenaba su cuerpo para desarrollar fuerza y resistencia.
No le importaba no descansar lo suficiente o tener malos hábitos alimenticios.
Él solo se enfocaba en reencontrarse con su hermano y cerrar ese círculo de odio para poder vivir en paz.
Golpeaba una y otra vez el tronco de un árbol. Sus manos se habían endurecido, pero no dejaba de sangrar cuando aplicaba su rutina.
El sudor empapaba su cuerpo y los gruñidos de ira podían ser claramente audibles por cualquiera.
—Sos muy persistente. Eso me agrada, niño... —una molesta voz se hacía presente en la tranquila rutina de Sasuke.
Él se había detenido un instante para ver de quién se trataba. Ese hombre, de apariencia extraña, llevaba puesto una túnica blanca con mangas celeste y en sus manos transportaba un pequeño maletin.
Su tez pálida y ojos intensos, hacía que Sasuke se sintiera intimidado con su presencia.
—¿Quién sos y qué querés? —espetó con fastidio mientras secaba el sudor de su frente.
—Bueno, esperaba encontrar un joven aprendiz capaz de adquirir todas mis enseñanzas—expresó con serenidad.
Incomodado por la propuesta, volteó para poder observar con detenimiento.
—Explicate mejor—cruzó sus brazos y frunció el ceño.
El hombre se acercó al Uchiha y dejó su maletín frente a él.
—He llegado a esta aldea únicamente para verte y comprobar ese resentimiento que reside dentro tuyo. Conozco lo sucedido con Itachi y sé que todos aquí aborrecen tu presencia... —articuló con seguridad. Pese a la actitud de Sasuke, él daba por hecho que el Uchiha aceptaría su propuesta.
—¿Qué pretendés? Aún no comprendo toda esta palabrería—espetó con recelo.
El hombre comenzó a reír.
—¡Qué descortés he sido! Lo siento—reverenció y carraspeó —. Bueno, me llamo Orochimaru y estoy aquí para entrenarte como se debe. Estoy a tu disposición.
Sasuke mordía su labio inferior y desvió su mirada.
Chasqueó la lengua y regresó al árbol que seguía golpeando.
—Mañana mismo partiré a mi aldea natal. Si estás interesado, nos encontraremos en la entrada de Konoha—propuso y señaló el maletín—. Estaré allí a medianoche. No olvides llevarla.
Sasuke miró de reojo a Orochimaru cuando comenzó a alejarse.
Le causaba curiosidad aquel objeto. Mas esperó a que el hombre estuviera tan lejos para poder ver qué traía allí.
Continuó golpeando por algunos minutos más, recordando las palabras de Orochimaru y focalizando el rostro amable e hipócrita de su hermano mayor.
—¡Maldición! —espetó y dejó caer su cuerpo exhausto.
Respiró profundo y dejó que la curiosidad lo dominara.
Se acercó al maletín y lo abrió. Allí había algunos revólveres, granadas y navajas.
Lo cerró rápidamente y trató de ocultarlo de la vista.
Corrió con él hasta la habitación donde se hospedaba, mirando a todos lados para evitar murmuraciones.
Observaba el maletín con recelo. Le pareció extraña la petición, mas era tentadora respecto a su deseo.
Itachi había arruinado su vida. Destruyó sus sueños y lo dejó a merced de la soledad.
No podía quedarse de brazos cruzados...
Al día siguiente, Sasuke se sentía somnoliento.
Había pasado la noche en vela, pensando en cuál sería su decisión final.
No había acudido al río, como cada tarde.
Preparó un bolso ligero con algunas prendas.
Arregló su cabello y se colocó un saco para paliar el fresco clima nocturno.
Apagó todas las luces y dejó ordenada su habitación.
Suspiró y sujetó el maletín.
Mientras salía, una voz lo trajo a su cruel realidad.
—Sasuke... —espetó.
Él se sentía culpable. Sakura había sido la única persona que se preocupó por él y lo acompañó en su duelo.
—Sakura—la culpa generaba que sus palabras fueran silenciadas.
—¿A dónde irás? —sus orbes verdes expresaban su habilidad de percibir los sentimientos de Sasuke y, en esa ocasión, no podía comprender esa distancia en la mirada del Uchiha.
—¿Qué sucede? —Ella se acercó a él y notaba culpa y, al mismo tiempo, rencor.
Sasuke se aferraba al maletín y desvió la mirada para evitar que ella descubriera sus verdaderas intenciones.
—Nada. Estoy bien—espetó y desvió su camino para no continuar la conversación.
Sakura no podía permitir que él se mostrara inexpresivo. Sasuke no le hablaba de ese modo.
—¿Irás tras tu hermano? —interrogó con firmeza.
Sasuke detuvo su paso y bajó su cabeza.
No podía omitir sus intenciones. Sakura siempre descubría sus planes.
—Así es—respondió.
Sakura respiró profundo. No podía quedarse con las palabras en la boca.
Su corazón sentía un dolor muy profundo, como si pudiera conectar con el de Sasuke.
—Iré con vos. No puedo permitir que te sumerjas en la soledad... —sollozaba.
Sasuke suspiró y regresó hasta la pelirrosa.
Se paró frente a ella, levantó su mentón húmedo de tantas lágrimas que caían por sus mejillas y sonrió.
—Estoy inmensamente feliz por esto. Agradezco tu sinceridad y tu cariño, pero no dejaré que la oscuridad te lleve a vos también. No te preocupes, volveré.
Ambos se miraban con una profunda tristeza. No había palabras de por medio, sólo lágrimas de dolor.
Sasuke contemplaba el frágil rostro de Sakura. Ella merecía ser feliz, aunque eso implique dejarla sola.
Por ese motivo, no podía dejar que su odio la contaminara. Ella era lo único puro y sincero en su corazón.
No quería perderla, no deseaba olvidarla.
Sakura estaba resignada y frustrada. Creía que podría haber hecho más por Sasuke.
—Gracias por todo, Sakura—murmuró. Bajó el maletín y sujetó el rostro de la Haruno con delicadeza.
Sentía miedo y sus labios temblaban, pero eso debía terminar de una vez por todas.
Besó los finos labios de la chica con lentitud. Expresando cuán profundo era el cariño y agradecimiento que tenía hacia ella.
Con sólo 15 años, Sasuke comprendía la dimensión del amor y el dolor de dejarlo atrás para poder buscar un consuelo.
Sakura sintió la calidez del corazón de Sasuke, pese a que se mostraba desinteresado de todo.
Ella había conocido la fragilidad de su corazón gélido.
—Regresaré—susurró y tomó el maletín.
Comenzó a correr con premura. No quería voltear y recordar aquella expresión triste de Sakura.
Estaba destrozado, la culpa era inmensa.
—Lo siento, Sakura—pensaba mientras reducía su velocidad.
Se detuvo en la entrada de la aldea. Del otro lado, Orochimaru estaba fumando, de espaldas a él.
Cuando escuchó pasos, el hombre volteó y sonrió al ver al joven Uchiha.
—Me alegra que hayas venido. No te arrepentirás —espetó y esperó a que él se acercara para guiarlo a su próximo destino.
Tenía que dejar el pasado atrás por un tiempo. Fortalecerse y enfrentarse a él una vez más.
Su hermano mayor, su héroe y villano...
Pero, por encima de todo, su primer rival.
