El viento soplaba con furia.
Los árboles se balanceaban rápidamente de un lado a otro,anunciando una cruenta tormenta.
La precipitación caía con fuerza desmedida. No tenía ni un atisbo de consideración hacia nadie.
Sólo le importaba dar el mejor espectáculo para el tan inesperado reencuentro.
—Sabía que llegarías. Aunque no pensé que fuera tan tarde...
Itachi prestó atención a aquella voz masculina que le hablaba con una cercanía única.
Sólo aquellas personas ligadas a su círculo íntimo podrían tomarse aquel atrevimiento.
Izumi no era, ya que esa voz provenía de un hombre.
Pero no de uno de su edad. Más bien, sonaba más joven.
Por lo tanto, Shisui no era.
Sólo tenía una opción. No podía equivocarse.
—Pasó mucho tiempo... —respondió con tranquilidad. Respiró profundo, ya que debía ordenar sus propios sentimientos y pecados— ¿No lo creés, Sasuke?
El mayor de los Uchiha volteó y se encontró con su pequeño hermanito.
Mejor dicho, su hermano menor. Ya que de pequeño no tenía absolutamente nada.
El cabello de Sasuke había crecido, alcanzando sus hombros. Su mirada, fría y distante, combinaba a la perfección con su tono de voz grave. Su melodía despertaba tristeza y rencor. Mas el de Itachi, tristeza y culpa.
Sin embargo, consideraba que existía una esperanza para cambiar esa perspectiva.
Sasuke vestía un pantalón ajustado de jean color azul. Una camisa blanca con los primeros botones abiertos.
En sus manos llevaba un maletín negro y sus lentes oscuros.
—Me alegra verte tan bien, Sasuke... —comenzó diciendo Itachi, al no obtener respuesta por parte de su hermano—¿A qué se debe el alboroto?
—Esperaba volver a verte, hermano—ironizó Sasuke.
Un rayo cayó a escasos metros de donde se encontraban.
—Debiste suponer porqué te busco—exclamó el azabache menor, dejando en el suelo su maletín y desabotonando sus mangas.
—Siendo franco, no lo sé —respondió con serenidad.
—¡¡HIJO DE PUTA, NO TE PASES DE LISTO CONMIGO!! —dicho esto, Sasuke apuntó directamente a su hermano con su revólver.
Itachi lo observó con desdén.
Fue acercándose lentamente hacia él, escuchando cómo sus pies se hundían en los charcos formados por la lluvia y rompiendo cuán rama se topaba en el camino.
Su rostro estaba muy húmedo. No sólo por la tormenta, sino porque con él permitía que su dolor pasara desapercibido.
Sasuke apretaba su mandíbula y sostenía el revólver con temor. Sus manos temblaban y eso podía notarlo Itachi con bastante facilidad.
Se paró justo delante del arma, apuntando directamente a su pecho. Su mirada intimidaba a su hermano menor.
—Entonces sí eran ciertos los rumores de que estabas con Orochimaru —masculló y alertó a Sasuke, quien intentó aferrarse al arma y mostrar seguridad.
—¿Y qué si fuera así? —remató el azabache, observando la extraña expresión de Itachi.
Sentía miedo, furia y rencor. No soportaba ese rostro de completa calma de su hermano mayor.
No lo toleraba.
—Sé que me buscabas por lo que pasó en nuestro antiguo hogar. Supongo que Shisui te lo contó... —espetó y resopló.
Sasuke estaba atónito. Sólo con recordar aquel fatídico día, hacía que cualquier reacción tardara en llegar a su cuerpo.
No sentía la necesidad de llorar. Nada lo haría flaquear.
—Eras un hombre respetable, el único al que papá admiraba con devoción—su voz temblaba.
La oscuridad los envolvió. Una gran nube oscura los cubrió y el vendaval era cada vez más intenso.
—¡¡¿¿POR QUÉ LO HICISTE??!! —exclamó con todo el dolor transformado en un solo grito.
Itachi respiró profundo.
—Porque la escoria había que desecharla tarde o temprano— Itachi se derrumbaba a cada minuto. Su pecho dolía, no tenía más fuerzas para continuar—. Pero, si de verdad buscás vengarlos—sujetó el revólver—¡HACELO COMO EL HOMBRE QUE DEBERÍAS SER! —le arrebató el arma y lo arrojó hacia su lado derecho.
Acto seguido, le propinó un puñetazo en su mejilla izquierda.
Sasuke no se quedó de brazos cruzados.
Una vez que se había agachado, fingiendo dolor, golpeó con gran fuerza y velocidad hacia el estómago de su hermano. Itachi, sin aliento, escupió sangre debido a su débil estado.
Insatisfecho, golpeó el rostro de Itachi, dejando visible una cortada en su ceja derecha.
La sangre del Uchiha comenzó a teñir el agua del suelo, escenario de un plan de venganza.
Con las manos sedientas de más, Sasuke observaba el estado deplorable de Itachi.
Encolerizado, lo sujetó de la capa y lo acercó a él.
—¿¿POR QUÉ CARAJO NO ESTÁS PELEANDO?? —desafió —¿¿ESTÁS SUBESTIMÁNDOME?? —lo arrojó al suelo y se mantuvo de pie, observando la mirada perdida de Itachi.
Su rostro, empapado en sangre lavada por la lluvia, dejaba una clara evidencia de su culpa.
Sasuke notó que lo que corría por sus mejillas no era la lluvia, sino sus propias lágrimas.
No podía negar que él también hacía lo mismo para evitar preguntas incómodas.
Itachi, tendido en un charco de agua y tierra que cada vez era más denso, se relajó.
Su cuerpo no soportaba la agonía de su pecado y, mucho menos, ocultarle lo que su corazón guardó por tantos años.
Volteó a ver a Sasuke, quién se había convertido en un verdugo con espíritu vengativo. La angustia lo consumía cada vez más...
—Si de verdad deseás matarme, adelante. No me opondré—expresó con tranquilidad.
—¿¿ACASO ESTÁS BROMEANDO?? —Sasuke retornó al sitio donde su hermano había tirado el arma y lo levantó.
Itachi cerró sus ojos.
Pensaba en muchas cosas. Pero, por sobre todas las cosas, su mente estaba en Izuchi.
El pequeño que llevaba Izumi en su vientre no tenía la culpa de tener un padre con un pasado oscuro. Tampoco por ser el portador de aquel apellido maldito.
Él sería la esperanza de Itachi para volver a empezar.
Cuando imaginó su pequeño y delicado rostro, parecido al de su novia, sonrió.
En ese momento, abrió sus ojos y observó a Sasuke apuntándolo nuevamente.
Escuchó con atención los latidos de su corazón y metió su mano en el bolsillo.
Allí guardaba su mayor tesoro. El único que lo mantenía vivo.
Él debía entregar esa carta cuando se dignara a regresar a su tierra natal, pero no pudo hacerlo porque sus planes tomaron un rumbo distinto.
Itachi miró el rostro enfurecido de su hermano. Respiraba agitado y lo impacientaba la lluvia.
Quitó el seguro del arma y apuntó nuevamente a su pecho.
Itachi esperaba pacientemente el juicio final, pero notaba la inseguridad de su hermano.
—¿Qué sucede? —inquirió y comenzó a toser—¿Estás dudando?
—¡¡CALLATE!! —efectuó el primer disparo, errando por completo.
Este fue directo al suelo, salpicando el rostro de su hermano.
—Sé qué es lo que te sucede... —expresó mientras hundía sus dedos en el barro—Aún estás muy verde como para empuñar un revólver.
—¡¡DEJÁ DE DECIR ESTUPIDECES!! —pateó su abdomen.
Itachi sentía que su respiración comenzaba a acortarse. El dolor se incrementaba conforme pasaban los minutos.
—No podrás matarme, Sasuke...
El aludido desvió la mirada y preparó sus manos para abatir a su hermano.
—Te falta odio, por eso no podés matarme—exclamó y comenzó a toser.
Sasuke desvió la mirada y disparó. Esta vez, el tiro fue certero, dando justo en medio de su pecho, tal como Itachi había previsto.
—¿Ahora seguís pensando que no puedo matarte, hermano mío? —ironizó Sasuke, bajando el arma y observando la hemorragia que tenía Itachi.
—Si esto te hace feliz, me alegro por vos. Sé que cometí un pecado imperdonable y el tiempo jamás podrá volver atrás...
—¡¡POR SUPUESTO QUE NO!!—exclamó encolerizado—¡¡LA VIDA DE NUESTROS PADRES NO SERÁ DEVUELTA!!
Itachi comenzó a reír. Colocó su mano en la herida de bala y en la otra llevaba un sobre.
Aunque la lluvia pudo haberlo deteriorado, el Uchiha mayor fue precavido al guardarlo dentro de una bolsa pequeña de nylon.
—Mi pecado no fue haberlos matado, Sasuke—expresó mientras estiraba su mano y le entregaba el sobre—. Sino haberte traicionado a vos.
Sasuke abrió sus ojos y sintió, por primera vez, que su rencor se disipaba lentamente.
Él no deseaba olvidar su venganza. De verdad quería asesinar a su hermano para recuperar la dignidad de su familia y la libertad en la aldea.
Pero el sentimiento que residía, detrás del odio, era imposible de borrar.
—¿QUÉ RAYOS ESTÁS DICIENDO? —expresó con angustia.
—Pues... —Itachi notó que su visión comenzaba a fallar. La debilidad que acarreaba era mucho más fuerte de lo que pensaba— Espero poder contarte todo antes de que todo acabe...
Itachi cerró sus ojos. Aunque odiaba rememorar ese momento, era el instante para conciliarse con su conciencia...
Aquel día, le había prometido a Sasuke que le enseñaría algo que siempre deseó.
Itachi estaba algo nervioso, pero creía en las habilidades de su hermano.
Cuando estaba camino al punto en el que lo había citado,tres autos negros con vidrios polarizados se dirigieron hacia la residencia Uchiha.
Esto le llamó mucho la atención, ya que sus padres no le habían notificado acerca de sus visitantes.
Itachi llevaba consigo el arma. Sus prácticas eran esenciales para convertirse en el mejor policía de Konoha.
A paso rápido, siguió a los autos.
Tenía un mal presentimiento. Ellos no eran simples trabajadores que gozan de un sueldo mínimo para sobrevivir.
Los que tenían esos vehículos, solían ser los de clase alta o los sospechosos de trabajar para la mafia.
Por esa razón, Itachi necesitaba saber quiénes eran y pedir refuerzos, de ser necesario.
Antes de llegar, le envió un mensaje a su mejor amigo.
—Shisui, algo no anda bien en mi casa. Necesito que llames a los demás para que tomen cartas en el asunto. Creo que son mafiosos...
Cuando llegó, notó los vehículos en la entrada y la puerta de su casa abierta.
Itachi se preparó con su revólver en mano.
Al ingresar, notó objetos rotos por doquier.
Esa fue la primera señal para confirmar las sospechas que tenía acerca de los visitantes.
Escuchó ruidos que provenían de la oficina de su padre.
Con sigilo, se acercó hasta la puerta y oyó un disparo junto con el grito de su madre.
El escalofrío recorrió la espalda sudada de Itachi. El pánico lo invadió, pero no se quedó de brazos cruzados y pateó la puerta dos veces.
Al alborotar la escena, vio que un grupo de cinco personas tenían como rehenes a sus padres.
Su madre sollozaba y su padre estaba desmayado a su lado.
El panorama no era nada favorable. Pese a estar en desventaja, Itachi efectuó el primer disparo a uno de los invasores.
Éste da directamente en el brazo.
—Deberías retirarte, Sasori. No conviene que tu sangre quede en este mugroso lugar—sugirió un hombre con tono de voz autoritaria.
El aludido se retiró.
Itachi intentó detenerlo, pero fue inútil ya que una mano sujetó el brazo con el que sostenía el arma.
—Estábamos esperando por vos, Uchiha—exclamó el aparente líder.
Itachi, masticando su impotencia, forcejeó con el hombre. Este logró sujetar ambos brazos y reducirlo. Para que se quedara quiero, golpeó la nuca del Uchiha con la culata del revólver.
—¿¿QUÉ QUIEREN?? —espetó mientras aguantaba el dolor.
—Estamos dispuestos a pagar una fortuna para que trabajes para nosotros. Nos han contado de tus habilidades y es perfecta para llevar a cabo nuestro objetivo—respondió con voz serena. Se acercó hacia Itachi y sostuvo su rostro para mirarlo directamente a los ojos—. El asunto es que éstos no permiten que conversemos con vos—expresó refiriéndose a sus padres.
—¡No lo hagas, hijo! —gritaba desesperadamente su madre.
—Vos callate, bruja—otro de los hombres pateó sin piedad a la mujer.
—¡¡NO LA VUELVAS A TOCAR, INMUNDO!! —Itachi forcejeaba pero el que lo sostenía era aún más fuerte que él.
—Permitime presentarme—exclamó y comenzó a reír—. Soy Pain, el hombre que lidera la organización Akatsuki. Los miembros son personas extraordinariamente hábiles. Por ese motivo, cuando supimos de tu existencia, vinimos a proponerte—carraspeó—, bueno, a llevarte con nosotros.
Itachi estaba en shock. Sabía acerca de un grupo de mercenarios que realizaba trabajos tales como asesinatos o grandes robos.
Sólo que aún no habían encontrado una pista para atraparlos.
Tenía sólo unos minutos para decidir qué haría.
¿Sería el momento ideal para encontrar pruebas y acabar con ellos?
—¿¿Qué tendría que hacer para pertenecer a su organización?? —expresó Itachi con nerviosismo. Sería una excelente ocasión para descubrir sus mayores secretos.
El hombre que se hacía llamar Pain, llamó a su colega y éste le entregó un arma con silenciador incluido.
El que sostenía a Itachi, lo suelta y le ceden el arma.
Itachi lo sujeta y mira con recelo al jefe de la organización.
—Matarás a esos dos y nos iremos. Una vez que pases esta prueba, serás oficialmente un miembro de Akatsuki—ordenó.
Su estómago se revolvió de tal modo, que no pudo evitar vomitar.
La madre de Itachi rompió en llanto. Su padre aún estaba desmayado.
Las manos del Uchiha temblaban más que nunca. Jamás había dudado al sostener un revólver. Ni titubeó al disparar a un objetivo.
Pero, esta vez, era diferente.
Debía balancear su misión o su familia. El trabajo o sus padres.
No tenía otra opción. Si no acataba la orden, sus padres serían asesinados de todos modos. A él lo llevarían contra su voluntad y todo sería tirado a la basura.
Mikoto Uchiha, su madre, observaba el rostro compungido y desesperado de Itachi. Con una angustia que nunca había sentido, decidió ayudar a su hijo.
—Hacelo, Itachi—musitó y él levantó la vista—. Pero prometeme que podrás salvarlo...
Él sabía a qué se refería. Estaba tan angustiado, que había olvidado la promesa que le había hecho a su hermano.
—Estaremos mejor si nos matás vos. No me gustaría perecer en manos suyas—el dolor estomacal y la falta de aire invadían el frágil cuerpo de Itachi.
Los invasores observaban el espectáculo y se regocijaban de la pesadilla que vivía el Uchiha.
—¡¡NO PUEDO HACERLO!!
—¡¡TE LO IMPLORO, HIJO!!—Mikoto abrazó a Fugaku Uchiha, su esposo, y apoyó su rostro en el pecho del hombre.
Con el dolor a cuestas, Itachi apuntó hacia su madre.
—Perdónenme, por favor... —exclamó entre sollozos y disparó dos veces.
No quiso ver el resultado y dejó caer su cuerpo. El arma quedó allí, a escasos metros de los cuerpos de sus padres.
La sangre comenzaba a inundar la oficina.
—¡Felicidades, Itachi! —aplaudió Pain—¡Oficialmente estás dentro de Akatsuki!
Itachi sintió que lo levantaron del suelo. Enfrente suyo, la satisfacción del líder era claramente evidente.
—Pasaste la prueba con el mejor puntaje—apretó las mejillas del Uchiha—¡Te felicito!
Mientras dos hombres trasladaban el cuerpo de Itachi, quien estaba muerto en vida, Pain se encargó de borrar sus huellas y dejar las de Itachi.
Una vez que hubo acabado, lo llevaron a una de sus guaridas.
A partir de ese momento, Itachi se mantuvo en silencio por más de medio año.
Nadie lo había visto llorar, ni quejarse...
Su alma vagaba en los sitios más lúgubres, cumpliendo con encargos por el que pagaban fuertes sumas de dinero.
No le hacía falta nada de valor. Lo único que él necesitaba, era su espíritu.
Cuando estuvo a punto de acabar con su vida después de haber asesinado a un anciano que apenas podía defenderse, conoció a su hija.
Ella siempre creyó que él estaba allí para salvarlo, pero no era así.
Él mismo le había arrebatado la vida. No quería que, nuevamente, un alma pura se contaminara de odio.
En los ojos sinceros de Izumi, veía un alma noble. Un espíritu lleno de vida que le daba color a su oscura existencia.
En ella podía ver cómo hubiera sido su hermano con él. Su devoción lo mantenía con vida.
Cuando recordó su pecado y estuvo a punto de confesárselo, Izumi le contó acerca de su embarazo.
Ya nada tenía sentido. Él debía cuidarla y protegerla del mal, es decir, de él mismo.
Día a día, imaginó el delicado rostro de ese bebé. Él estaba tan ansioso, que no podía pensar en otra cosa...
Cuando volvió a abrir sus ojos, la vista nublada pudo captar la expresión desesperada de Sasuke, corriendo con él a cuestas.
Metió su mano en el bolsillo y apretó un pequeño detonador.
Inmediatamente, una gran explosión alertó al menor de los Uchiha, quien volteó a ver hacia el lugar donde había ocurrido el sonido.
—No te preocupes, Sasuke—murmuró y éste lo miró—. Ambos vengamos la muerte de nuestros padres...
Sasuke respiraba agitado. Su cuerpo estaba exhausto, pero no quería perder más tiempo.
—¿Qué hiciste? —inquirió agitado mientras cargaba con su hermano.
—Dije que había que limpiar la basura... —comenzó a toser.
Notó que la ropa de su hermano tenía sangre impregnada.
Sasuke, después de lo dicho por Itachi, no quiso seguir viéndolo.
Había cometido un gran error al dejarse llevar por la ira.
Itachi quería abandonar todo. Siempre lo quiso, pero el pasado lo mantenía atado y no le permitía tal cosa.
Cuando el menor de los Uchiha había logrado llegar al hospital más cercano, Izumi también se encontraba en el mismo sitio para realizar un control.
Se exaltó y corrió hacia el padre de su bebé y notó su débil estado.
La lluvia aún no cesaba.
—¡Mi amor! —la muchacha sostenía el rostro de su amado y lloraba—¿Qué le sucedió?
—Lo siento...
Sasuke omitió la respuesta y se dirigió a emergencias.
Izumi había dejado de lado su control y se mantuvo junto a Sasuke.
Ella notaba que el más joven de los Uchiha tenía la misma mirada triste que su hermano. Eso le daba una clara pista de lo que cargaba Itachi.
—Él es fuerte. Saldrá de esta... —expresó Izumi, esperanzada. Acariciaba su vientre y sentía dolores por momentos.
Sasuke, con sus ojos hinchados y una gran culpa, se limitó a mirar el futuro en el vientre de su cuñada.
—Deseo que él conozca a Izuchi... —el estado emocional de Izumi se deterioraba a cada minuto.
Sasuke entrelazó sus dedos y apoyó sus codos en cada rodilla.
Su pie de movía y demostraba cuán ansioso estaba.
Antes de olvidarlo, Sasuke sacó de su bolsillo el sobre que Itachi le había dado y se lo cedió a la muchacha.
—Es de él... —expresó con congoja.
Ella lo abrió rápidamente y leyó en silencio cada palabra que expresaba el papel:
Izu, si alguna vez esta carta llega a tus manos, debo suponer que ya no estaré a tu lado.
Con vos, conocí la esperanza de volver a vivir y sonreír. Tu mirada, tus palabras y el amor que me diste cada día, fueron los más puros e inocentes que conocí en esta etapa de gran dolor.
En el pasado, cometí un pecado imperdonable. Ese día, perdí mi espíritu y mi cuerpo albergaba la oscuridad de un alma en pena.
He intentado varias veces acabar con mi vida. No obstante, llegaste hasta mí para impedirlo.
Ahora, con la llegada de nuestro hijo, esa esperanza me da la alegría que había perdido. Me devolvió la sonrisa que había extraviado en este largo camino de odio y soledad.
En fin, quiero que sepas que te amo con mucha intensidad. Pase lo que pase, estaré a tu lado.
Nuestro hijo es el bello fruto de nuestro amor y lo protegeré con mi vida, si es necesario.
Nunca olvidaré cuán feliz fui a tu lado.
Te amo, Izumi.
Gracias por todo.
—Itachi.
Así como acabó de leer, se desplomó. Sasuke logró sostener su cabeza antes de que golpeara contra el suelo.
—¡¡UN MÉDICO, POR FAVOR!! —gritaba mientras trataba de despertar a la chica.
En el pasillo se encontraba una enfermera.
Actuó de la manera más rápida, trayendo una camilla y, con la ayuda de Sasuke, logró subir a la joven.
—Golpeó su vientre... —espetó el menor de los Uchiha, shockeado ante todo lo que estaba sucediendo.
Se llevaron a Izumi a urgencias, a la habitación contigua a la de Itachi.
Sasuke esperaba noticias con mucha impaciencia. Su cuerpo necesitaba descanso. Le dolía demasiado...
—¿Por qué, Itachi?—susurró y cerró sus ojos.
Al despertar, un médico y un enfermero estaban enfrente suyo.
—Creímos que estabas desvanecido—exclamó el doctor.
Exaltado, se levantó rápidamente y sujetó al enfermero.
—¿Qué pasó con ellos? —respiraba agitado.
El doctor suspiró y tomó del hombro a Sasuke.
—Lo siento. Hicimos todo lo posible... —un gran escalofrío recorrió el cuerpo del Uchiha. Él necesitaba saber más, no podía perdonarse por lo que había hecho.
Perplejo, las lágrimas comenzaron a brotar sin más.
—La muchacha dio a luz a un precioso y fuerte varón. Pero ella tuvo un paro cardiorrespiratorio minutos después de que tuviéramos al bebé en brazos. La reanimación fue constante, pero no pudimos salvarla...
Ahora comprendía las palabras de su hermano.
—La familia es lo único que quedará cuando todo esté perdido...
El dolor calaba en lo más profundo de su ser. La culpa lo invadía...
—¿Puedo...? —tragó saliva—¿Puedo conocer a mi sobrino?
Ambos profesionales asintieron y lo guiaron hasta la sala de neonatología.
Un gran ventanal lo separaba de aquel bebé que dormía plácidamente en la cuna.
Dado que sólo eran dos, una niña y un niño, era fácil de suponer cuál sería Izuchi.
—Haré todo lo que esté a mi alcance. Ya no serás el portador del apellido maldito...—susurró y apoyó su mano en el vidrio.
Habían pasado tres meses de aquel día.
La partida de dos almas y el nacimiento de la esperanza.
Izuchi tenía el cabello negro, delicado como una fibra de algodón. Sus ojos también eran del mismo color, pero su sonrisa borraba cualquier rastro de oscuridad.
Su piel, tersa y suave, le robaba sonrisas a su tío.
Sasuke cargaba con el pequeño en sus brazos.
Estaba a punto de llegar a su tierra natal.
—Todo será diferente, Izuchi. Te lo prometo—susurró y besó la frente del niño que aún dormía.
Cuando había ingresado a la aldea, notó que todo se mantenía exactamente igual.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Sólo había un asunto que resolver y quería hacerlo en ese instante.
Se dirigió al único sitio que supo brindarle la paz que necesitaba.
El sonido del río lo reconfortaba.
Sasuke se sentó en el suelo y abrazó al bebé con cariño. Miró al cielo y esbozó una ligera sonrisa.
—Cuando era más pequeño, conocí a alguien que supo ganarse un lugar en mi corazon que estaba congelado—le relataba al bebé—. Sé que le habré hecho daño y me duele admitirlo, pero...
—¿Sasuke?—una delicada voz resonó en su mente como una melodía meliflua.
Giró su rostro y se topó con una muchacha de cabello rosado y una expresión de alegría rebosante.
Ella se acercó rápidamente al Uchiha, mientras él se levantaba del suelo.
Giró lentamente hacia ella, mostrándole al pequeño que cargaba.
Sakura estaba perpleja. El bebé que cargaba Sasuke era muy bonito y frágil.
—¿Cómo se llama? —inquirió sin adentrarse al motivo de su partida. Acarició la mejilla del niño con su índice y sonrió al verlo bostezar.
—Izuchi—respondió con seguridad—¿Es precioso, verdad?
Sakura, con sus orbes acuosas, sonrió inocentemente.
Tenía muchas preguntas para él, pero entendió que no era el momento.
—Creí que no volverías... —expresó con tristeza. Apoyó su mano en la mejilla del Uchiha. Éste la movía con sutileza.
—Te prometí que volvería. Eso fue lo que hice—con sumo cuidado, le acercó el bebé a Sakura y ella lo alzó sin dudar.
La pelirrosa dejó caer sus lágrimas y abrazaba a Izuchi con mucho cariño.
Sasuke se ruborizó y se paró frente a la Haruno.
Tomó su mentón y sonrió.
—¿Te gustaría formar parte de nuestra familia? —expresó con ternura—Izuchi estará feliz de tenerte como madre...
Sakura estaba atónita. Miró al bebé nuevamente y rompió en llanto.
—Por supuesto que sí, Sasuke—entre sollozos, se aferraba al bebé.
Izuchi despertó y comenzó a llorar. Apretaba sus puños.
Sakura acarició su cabeza.
—Todo estará bien, Izuchi... —besó su frente.
Sasuke se acercó a Sakura y besó sus delicados labios. Sabían tal como aquella vez.
Sólo que, en esa ocasión, nada volvería a separarlos.
—Seremos vos, Izuchi y yo—expresó con una gran sonrisa.
—Y le buscaremos una hermanita para que no esté solo... —musitó la joven, captando ls atención del Uchiha.
—Por supuesto.
Sasuke tomó de la cintura a Sakura y caminaron bajo el ocaso.
No existía un mejor lugar al cual regresar.
Ella lo esperó durante esos años.
De hecho, todas las tardes, recorría ese sitio en el cual él se desconectaba de su realidad.
Esperanzada, mostró su felicidad al verlo nuevamente.
Ahora podrían disfrutar de su amor junto a Izuchi, la esperanza de los Uchiha.
—Sakura... —exclamó mientras notaba que ella estaba distraída.
—¿Qué...? —ambos se detuvieron.
Sasuke tenía un brillo especial en sus ojos negros. Jamás los había visto y era muy agradable.
—Te amo, Sakura.
La pelirrosa abrió sus ojos y sonrió.
—Yo también te amo, Sasuke—lo miró directamente a los ojos—. Gracias por volver a mí.
Sasuke era el que realmente estaba agradecido.
Sus heridas del pasado tardarían en sanar, pero el amor de Sakura y la esperanza de Izuchi lograrían curar su corazón.
Jamás se había sentido tan pleno.
—Gracias por todo...
