La historia es una adaptación del libro Shelter You de Alice Montana y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Capitulo 1

El plan de la enfermera Sue fue tal cual me lo dijo. La voluntaria que se acercó, para llevarnos a Lily y a mí hasta el auto, apenas comprobó que nuestras pulseras coincidieran antes de ayudarme a subir en la silla de ruedas y llevarme a la salida, donde me esperaba el taxi. Seth, el conductor, ayudó a poner a Lily en el asiento y luego nos sacó de allí lo más rápido que pudo. Me llevó a casa, y luego de comprobar que mis padres no estuvieran ahí, corrí al interior. Después de empacar algo más de ropa, todos mis documentos importantes y un poco de dinero que guardé en mi escritorio, le di una última mirada a mi habitación de la infancia y me fui.

Seth me llevó rápidamente al banco, donde fui capaz de liquidar toda mi cuenta de ahorros, un poco más de diez mil dólares que fui ahorrando desde que podía recordar. Cada dólar que recibía para mi cumpleaños, como regalo de navidad, y de trabajar cada verano en la heladería local, ahora se encontraban en mi mochila. A Seth se le ocurrió que sería una buena idea llevarme a la estación de autobuses a un par de pueblos de distancia. Ahora que llegué tan lejos, no permitiría que nadie me encontrara, así que subí al primer autobús disponible que salía con rumbo a Savannah, Georgia, y me dije que una vez que llegara allí, podría pasar la noche y decidir a dónde ir después.

Ya he estado viajando por unas cinco horas. Paramos antes en Jacksonville, Florida, durante una hora, dándome el tiempo suficiente para esconderme en un gran cuarto de baño para alimentar a Lily en privado y agarrar algo de comida para mí. Me aterroriza que ella pueda comenzar a llorar y molestar a los otros pasajeros en el autobús, pero el movimiento continuo parece ayudarla a dormir. Cierro los ojos y me pregunto, ¿cómo voy a hacer que funcione? ¿Cómo voy a ser capaz de cuidar de Lily sin ayuda? La verdad detrás de mi situación es desalentadora. ¿Cómo sabré lo que necesita, por qué está llorando, cómo despertarla de un sueño y su horario de alimentación? Cuando se enferme, ¿sabré que hacer y cómo cuidarla? ¿Qué voy a hacer con la guardería cuando encuentre un trabajo? Los pensamientos me abruman, pero trato de no entrar en pánico. Tengo que mantener la calma por Lily, porque tengo que creer que una vida conmigo es mejor para ella que cualquier vida que podría haber tenido sin mí.

Son un poco más de las diez de la noche, cuando llegamos a Savannah por fin. Levanto a Lily, mis pertenencias y tomo un taxi. Le digo al conductor que nos lleve al hotel más económico de la zona y un poco más tarde, nos deja en una posada en Bay Street. Está demasiado oscuro para explorar el exterior, pero, por lo que puedo notar, es precioso, un lugar que me encantaría volver a visitar algún día. Cuando llego a la recepción, los ojos de la empleada me ven con recelo mientras me comprueba, pero por suerte no me hace ninguna pregunta. Pago por la habitación en efectivo, agarro la llave, y tomo el ascensor. Llego a mi habitación lo más rápido que puedo.

No puedo evitar sentirme expuesta cuando estoy afuera, como si por alguna remota casualidad, alguien pudiera reconocerme.

Cambio el pañal de Lily y le pongo un pijama rosa de una sola pieza, bajo a la cama y la arrastro conmigo. Me acuesto de costado con ella acurrucada y le ofrezco mi pecho. Sue me mostró qué hacer la primera noche después de que mis padres se fueron por la tarde. Recuerdo estar asqueada al principio, pero quería ser capaz de alimentarla aunque fuera una sola vez. Ser capaz de darle, aunque sea, una pequeña parte de mí, era importante y se sentía bien. Ahora agradezco haberlo hecho, porque dado mis limitados recursos, amamantarla parece ser la manera más rentable de mantenerla alimentada. No toma mucho tiempo para que me rinda ante el agotamiento, mis ojos comienzan a cerrarse por sí solos y antes de saberlo, estoy dormida.

Deseaba, al menos, visitar algunos de los sitios en Savannah, pero el miedo de ser descubierta o reconocida me mantuvo prisionera en la habitación del hotel. Nos alojamos dos días y luego tomamos el autobús de medianoche a Richmond, Virginia. Nos detuvimos un par de horas del viaje en Carolina del Norte y luego viajamos directamente por el resto de la noche; afortunadamente Lily durmió la mayor parte del camino, pero me senté en la parte trasera del autobús y cuando se despertó para alimentarse, pude cubrirla con una manta y amamantarla en privado. Ayudó que casi todos en el autobús estuvieran dormidos.

El hotel en Virginia no es tan agradable como el de Georgia, pero es seguro, limpio y asequible. Me permito pasear por Richmond un poco más de lo que hice en Savannah, pero sin llamar la atención y mantengo la cabeza baja la mayor parte del tiempo. Encuentro una pequeña farmacia cerca del hotel donde compro pañales, toallitas húmedas, analgésico infantil, solo en caso de una emergencia inesperada, un par de tijeras y dos cajas de tinte castaño para el cabello. Si alguien nos busca, seremos mucho más difíciles de reconocer si altero mi apariencia, y oscurecer mi cabello parece la manera más sencilla.

—Bueno, pero que bebé tan hermoso. —Levanto la mirada y veo a una anciana de pie detrás de mí en la fila para pagar.

Al instante me tenso, colocándome en alerta. Tal vez soy paranoica. Digo, es solo una ancianita, pero no puedo evitar ser demasiado cuidadosa. No estoy segura de si hay alguien por ahí buscándome. No sé si llamaron a la policía, si alertaron a los medios, o si se ofreció una recompensa, pero no me sorprendería nada de mis padres.

—Gracias —respondo en voz baja, sin mirarla realmente y esperando que me deje en paz.

—¿Es tuya, querida? —pregunta, justo cuando la persona delante de mí termina de pagar sus artículos. La ignoro y rápidamente me muevo, poniendo mis cosas en el mostrador, pagando mis compras lo más rápido posible. Salgo corriendo de allí y regreso al hotel en tiempo récord.

Lily comienza a llorar y sé que debe de tener hambre, porque acaba de despertar, así que no puede tener sueño y, además, el pañal está seco. Me acuesto en la enorme cama con ella y la alimento hasta que se duerme de nuevo. Por extraño que pueda parecer, estos momentos con ella me calman, me dan la tranquilidad que necesito, de saber que escapar valió la pena. Comienzo a sentir cada vez más confianza, como si tal vez pudiera hacer esto, hacerlo funcionar y ser una buena madre. Pienso en las cosas a las que tendré que renunciar, a las que ya renuncié; mis amigos, disfrutar de mi juventud. Sé que debería estar haciendo las cosas que hacen las chicas de mi edad, ir de fiesta, estar en citas, vivir la vida universitaria, pero todas esas cosas fueron alejadas de mí y reemplazadas con esta vida, lo que me parece bien. Sí, soy joven, inexperta y sé que tomar la decisión de mantener a Lily nunca será la opción más fácil. Pero cuando llegó el momento, cuando tenía opciones, esta fue la única.

Luzco diferente de trigueña, y apenas me reconozco cuando me miro en el espejo. Ahora que cambié mi cabello, tinturándolo y cortándolo hasta los hombros, me siento mejor hasta cierto punto; mis largos rizos rubios siempre fueron mi look distintivo por lo que tardará algún tiempo acostumbrarme, pero es lo que debo hacer para mantener mi anonimato. Después de sopesar mis opciones, decidí que prefiero viajar en la noche cuando no hay mucha gente. Lily y yo dejamos el hotel en Virginia, y nos subimos en nuestro próximo autobús a las tres de la madrugada, deteniéndonos a las ocho de la mañana en Baltimore, Maryland. Decido parar aquí para pasar la noche y descansar un poco antes de tomar el autobús definitivo a Pennsylvania. No estoy segura de por qué me siento atraída hacia allí de todos los lugares, solo fue una elección al azar y además es un estado lo suficientemente grande en el que puedo mezclarme.

Para cuando Lily y yo llegamos a nuestro destino final, un pequeño pueblo en Pennsylvania a unos cuarenta y cinco minutos de la ciudad de Nueva York, me siento exhausta, pero agradecida de que llegáramos sin ser atrapadas. Es el comienzo del otoño y los colores de los árboles aquí son impresionantes. Nunca he visto nada que se le parezca; las brillantes hojas naranjas y rojas llenan las calles y me alegra haber elegido este lugar para que Lily y yo empecemos nuestra nueva vida juntas. Consigo registrarnos en un hotel y acurrucarme junto a ella después de alimentarla y cambiarla, sorprendida por cuán conectada me siento a ella. Sí, es mi hija y por instinto debería haber un vínculo ahí, pero me sentía tan dispuesta a dejarla ir, a darla para hacer mi vida menos complicada. Al mirarla ahora, sé que es el tipo de complicación que no cambiaría por nada en el mundo. Sin importar que tan inesperadamente fuera concevida. Cierro los ojos y descanso. Sé que me despertaré al menos dos veces esta noche para alimentarla y necesito levantarme temprano, ya que planeo comenzar mi búsqueda de un apartamento a primera hora. En poco tiempo, tanto Lily como yo estamos profundamente dormidas.

No sé por qué pensé que resultaría fácil encontrar un apartamento. Por ahora no necesitamos mucho espacio, un estudio o un dormitorio funcionará. He buscado durante días, pero los lugares que he visto dentro de mi presupuesto se encuentran en la zona desagradable e insegura.

Me estoy quedando sin esperanza para el momento en que voy a ver el último apartamento de mi lista. Se encuentra en una calle más concurrida, pero el edificio está limpio y bien mantenido. Una mujer alta y delgada, de mediana edad se reúne conmigo al frente. Me mira como si estuviera sorprendida de que alguien tan joven como yo esté aquí sola con un bebé y buscando un apartamento. Noto que no me juzga, creo que probablemente está más preocupada que cualquier otra cosa. Me mira un segundo con sus ojos amables.

—¿Eres Sue? —pregunta.

No quería darle a nadie mi verdadero nombre en caso de que mi familia esté buscándome. Cuando llamé para programar la cita, usé el primer nombre que se me vino a la cabeza, Sue, el nombre de la enfermera que nos ayudó a mí y Lily a salir del hospital. —Sí, soy Sue. Usted debe ser Maggie.

Extiende la mano, y me estiro para tomarla. —Sí, soy Maggie.

Sacude mi mano y rápidamente la suelta. —Gracias por reunirse conmigo.

—Por supuesto. Entra y te mostraré el apartamento. —Abre la puerta y me permite caminar delante de ella—. Es directo por el pasillo y a la izquierda.

Cuando llegamos a la puerta, pone la llave, gira la perilla, pero se detiene justo antes de abrirla. —Lo siento, Sue, no quiero entrometerme pero, ¿qué hace una jovencita como tú buscando un apartamento? ¿No deberías estar en casa con tu familia?

Sé que tiene buenas intenciones, pero no estoy preparada para responder a esta pregunta. Respondo de la mejor manera que puedo y lo que se me ocurre, no es una mentira del todo, solo una versión alterada de la verdad. —Mi familia me echó cuando quedé embarazada. Me alojaba con un amigo de la familia, pero es momento de encontrar mi propia casa.

—Oh cariño, siento tanto escuchar eso. Perdóname por preguntar. —Empuja la puerta y me deja pasar.

—Está bien. Entiendo cómo debe verse, una chica de dieciocho años y un bebé. —Le doy una sonrisa y rápidamente me alejo, parándome en medio de una pequeña sala de estar. Miro a las blancas paredes desnudas y aunque es pequeño, es por lejos el lugar más agradable que he visto. Está escasamente amoblado con un viejo y desgastado sofá azul y una silla.

—El dormitorio está al otro lado de esa puerta —dice, señalando a mi izquierda—. Es bastante espacioso… lo suficientemente grande para una cama matrimonial y una cuna para la pequeña.

Trato de no apurarme, pero las palabras me dan esperanza. —¿Eso significa que me lo rentará?

—Normalmente solicitamos una verificación de crédito pero asumo, ya que eres tan joven, que no has acumulado gran parte de una calificación de crédito.

—Sí, señora.

—¿Y no tienes muebles?

—Aún no señora.

—¿Y puedes pagar el depósito de garantía y los primeros meses de renta?

—Sí puedo.

—Todo bien, entonces, ya tengo el contrato de arrendamiento conmigo, si quieres el apartamento, es tuyo. También puedes utilizar los muebles que están aquí si lo deseas y estoy bastante segura de que tengo algunas cosas viejas de bebé que puedes usar. No vivo muy lejos. Puedo hacer que mi esposo te las entregue y las instale este fin de semana.

La miro con mis ojos amplios, aturdida e intentando no llorar. —No sé cómo darle las gracias. Prometo que no causaré ningún problema.

Simplemente sonríe y asiente.

Para el momento en que dejo el edificio, tengo un contrato de arrendamiento, un juego de llaves y permiso para mudarme de inmediato. Agarro mis pertenencias y cancelo la cuenta del hotel. Al anochecer, Lily y yo nos mudamos a nuestro nuevo apartamento.


Les dejo el primer capitulo de esta historia, al principio no iba a subirla porque recien terminamos con una adaptacion EmxB pero mientras me decido por cual quiero adaptar despues, la usaremos como un puente.

Espero que lo disfruten

Nos leemos