– ¡Sakura-chan! ¡Despierta, llegarás tarde a la academia!

Aquellas palabras parecían alguna clase de conjuro mágico, pues a penas escucharlas mi cuerpo volvió a reaccionar. Mis ojos se abrieron y me incorporé abruptamente mientras me volteaba hacia la fuente de la voz.

Unos largos mechones de cabello rosado bloquearon mi vista inmediatamente.

¿Por qué mi cabello repentinamente estaba tan largo?

Corrí mi cabello de mi rostro para finalmente poder observar a la persona que había hablado. Como lo sospechaba, se trataba de mi madre, pero… lucía mucho más joven de lo que la recordaba.

Antes de salir a la guerra mi madre lucía como una mujer cansada por los años de trabajo, su rostro poseía algunas arrugas y su cabello ya comenzaba a mostrar canas. Ahora, viéndola frente a mí, parecía totalmente rejuvenecida y llena de energía.

Aunque ahora que lo pienso bien… ¿Qué hacía ella aquí?

Todos los civiles se habían quedado en la aldea mientras nosotros los shinobis salíamos a la guerra. Que mi madre estuviese aquí era bastante extraño.

Esperen… ¿Dónde me encontraba exactamente?

Prestando un poco más de atención a mi entorno, podía ver que me encontraba en una habitación, más específicamente estaba sentada sobre una cama mientras mi madre me observaba con enojo desde la puerta del cuarto.

Escaneo con la mirada mi alrededor, observando más en detalle el lugar en el que me encontraba.

Era mi viejo cuarto, el que tenía en la casa de mis padres en Konoha, cuando aún vivía con ellos.

¿Qué había sucedido? ¿Por qué estaba de nuevo en Konoha? ¿Había terminado la guerra?

Esa era una explicación bastante razonable. Seguramente me desmayé durante la batalla, y me trajeron de regreso a la aldea. Debía haber pasado un tiempo largo, y por eso mi cabello estaba tan largo.

– No me mires así jovencita. Hoy es tu primer día como gennin, te asignaran un equipo, no querrás llegar tarde ¿O sí? Estuviste toda la noche fastidiando al respecto.

Espera… ¿Qué?

Las palabras de su madre le devolvieron la confusión de antes.

¿Gennin? ¿Asignación de equipo? Tal vez… ¿Acaso estaba bajo los efectos del Tsukyiomi Infinito? ¿O tal vez estaba soñando todo aquello?

No era posible que estuviese de vuelta en sus antiguos días de gennin.

– Vamos. En diez minutos te quiero vestida y desayunando. –fue lo último que mamá dijo antes de salir del cuarto cerrando la puerta detrás de sí.

Rápidamente me levanté y corrí hacia el espejo que tenía junto a mi armario.

Esperaba desesperadamente que aquello fuese solo una broma, y que en cuanto mis ojos se posaran sobre el espejo, el reflejo de mi yo normal apareciese, pero mis esperanzas quedaron aplastadas cuando la figura de mi yo de once años apareció en el reflejo.

Mi estatura baja, mi cuerpo escuálido y a penas desarrollándose, mi larga cabellera… Todo era como lo recordaba.

¿Cómo era posible? ¿Realmente había vuelto atrás en el tiempo? O tal vez… Tal vez simplemente había soñado todo, y realmente estaba a punto de comenzar mi vida como gennin. Sonaba ridículo, pero simplemente no sabía que explicación darle.

– ¡Espero que te estés vistiendo Sakura!

No sabía qué hacer. Mi mente daba vueltas y simplemente quería gritar.

¿Debería seguir la corriente y actuar como si nada hubiese pasado?

Luego de mucho pensarlo finalmente decidí hacer eso. Trataría de mezclarme, seguir el transcurso de las cosas hasta que pudiese averiguar con certeza lo que ocurría.

Abrí mi armario y suspiré al ver el típico vestido rojo que solía usar a los once años. En su tiempo solía amarlo, pero con el pasar de los años mi estilo había cambiado bastante. Y realmente no me apetecía volver a usar esa prenda. Sin embargo, sabía que luciría bastante extraño que no lo usara.

Me mordí el labio tratando de decidir ¿Cambiarían mucho las cosas si cambiaba mi forma de vestir?

Busqué entre los cajones de mi armario hasta encontrar un par de prendas que me gustaron, y tomé unas tijeras que se encontraban sobre mi escritorio.

Un par de cortes rápidos y sonreí complacida al ver el resultado.

No queriendo enfadar a mi madre, me apresuré a vestirme con aquellas prendas que acababa de modificar.

Una vez que estuve lista, me miré nuevamente en el espejo para evaluar mi nuevo aspecto.

Me había puesto una camisa de red con mangas cortas, y sobre esta una camiseta roja a la cual le había cortado las mangas y la había acortado para que quedase a la altura de mi ombligo; Mis típicos pantalones negros que solía usar antes, los había cortado también para que llegasen a la mitad de mi muslo; En mi pierna derecha había atado unas vendas y había colocado mi porta kunai como era costumbre; Mis zapatos eran los mismos que solía usar a esta edad, pues no había nada en mi armario que se asemejara a mis botas negras; Había cortado una camiseta rosada y la había atado a mi cintura para simular la falda de ninja médico que solía usar, y también había atado una pequeña bolsa con suministros médicos; Había recogido mi cabello en una coleta alta y me había puesto mi banda con la insignia de Konoha a modo de diadema.

Si, realmente estaba a gusto con este atuendo improvisado.

Tomé un par de respiraciones profundas y salí de mi cuarto para dirigirme al comedor. En el fondo esperaba que mi madre no hiciese un escándalo por mi aspecto.

– ¡Por fin! Pensé que te habías vuelto a quedar dormida. –dijo mi madre al verme entrar al comedor. – ¿Y qué es ese nuevo look? ¿Es tu nueva estrategia para conquistar a Sasuke?

Ante el comentario sobre mi aspecto, mi padre levantó la mirada de su periódico para voltear a verme.

– ¡Sakura-chan! ¿Qué haces vestida así? Tu atuendo es muy provocativo para una niña de tu edad. No, no y no. Ve a cambiarte ya mismo.

– ¿Pero qué estás diciendo Kizashi? Está bastante bien su atuendo. –replicó mi madre.

Dejando escapar un suspiro me senté junto a ellos para comenzar mi desayuno.

Era tan extraño… Quiero decir, amo a mis padres, realmente lo hago… Pero volver a convivir con ellos de esta forma, era simplemente extraño, y hasta un tanto tedioso.

"Si supieran que no soy realmente una niña" –no pude evitar pensar.

– Aún no me has respondido ¿A qué se debe este repentino cambio de look? –habló mamá una vez que dejó de discutir con papá acerca de mi apariencia.

Me encogí de hombros.

– Simplemente quise intentar algo nuevo. Ya sabes… Voy a comenzar una nueva etapa, y pensé que sería buena idea reinventarme. –no era exactamente la verdad, pero tampoco era como si pudiese contarle mis verdaderos motivos.

– ¿Segura que esto no es por Sasuke?

– Segura mamá. –suspiré. – No todo tiene que ser por él.

Ante mi respuesta, tanto mamá como papá me miraron con asombro.

– Sakura, querida, ¿te sientes bien? –preguntó papá.

Cierto... No había medido las consecuencias de mi respuesta.

A mis once años estaba bastante cegada por aquel amor infantil que tenía por Sasuke. Tanto al punto que hacía prácticamente todo pensando en él.

Podía recordar claramente como mamá suspiraba exasperada por escucharme decir tantos "Sasuke-kun" en una sola oración. O como papá me miraba con preocupación cada vez que me quejaba porque Sasuke no me prestaba atención.

Entonces, haber dicho lo que dije… Era algo simplemente anormal que mis padres no podían concebir.

Pensé rápido en qué decir para convencerlos.

– Estuve pensando mucho a noche, y me di cuenta que… La vida de un shinobi es bastante riesgosa, y no puedo vivir distraída por un amor de fantasía. Q-Quiero decir… Sasuke aún me gusta, pero… No actuaré tan obsesionada ahora, quiero enfocarme en mi entrenamiento.

Aún mientras hablaba, las expresiones de mis padres permanecían en el asombro puro.

Pasaron varios segundos antes de ver como la expresión de mi madre cambiaba a una sonrisa cálida. Tomo mi mano entre las suyas y me miró a los ojos antes de hablarme.

– Me parece muy sabio de tu parte mi querida niña. Eso demuestra que estás creciendo, y puedo asegurar que serás una gran kunoichi en el futuro.

– ¡Si, si! –estuvo de acuerdo mi padre. – Serás una gran kunoichi y salvarás muchas vidas.

Ahora era mi turno de estar sorprendida. Jamás pensé que me responderían tal cosa.

– Ahora, termina ese desayuno y ve a la academia. Se te hará tarde.

Aún bastante aturdida por lo que acababa de suceder. Asentí y me dispuse a terminar mi desayuno.

Antes de irme mis padres me desearon suerte y me hicieron prometer contarles todo una vez que volviese a casa. Ahora, finalmente me encontraba de camino a la academia.

No podía evitar sentirme nerviosa. Mis padres habían aceptado mi cambio, pero… tal vez no todos serían igual de comprensibles que ellos.

Podía imaginarme a Ino interrogándome al respecto, y acusándome de hacerlo solo para impresionar a Sasuke.

"Kami, dame fuerzas para enfrentar esta extraña situación" –me dije en mi mente.

Al llegar a la academia pude sentir unas cuantas miradas sobre mí, las cuales traté de ignorar. Me dirigí rápidamente al salón al que debía ir, y sin mirar a nadie me senté en uno de los asientos vacíos.

Mantuve mi vista fija en la pizarra tratando de ignorar a todos los que se encontraban presentes. Lamentablemente, los demás no parecían notar mis deseos de no socializar.

– ¿Frente? ¿Y ese nuevo aspecto? –Ino se acercó a mí. – ¿Acaso planeas conquistar a Sasuke-kun así? No creo que lo logres, eres demasiado obvia.

Suspiré y me mantuve en silencio. Con suerte Ino se cansaría de mi e iría a adular a Sasuke.

Observé mi alrededor deteniéndome en los rostros conocidos. Aquí estábamos, los nueve novatos, y pronto los doce de Konoha cuando conociésemos al equipo de Gai-sensei. Al verlos a todos, no podía evitar sentir tanta nostalgia y pena.

Todos pasarían por tanto en los próximos años…

No podía evitar pensar… Si realmente había vuelto atrás en el tiempo, deseaba poder aminorar sus cargas. Tal vez… Tal vez realmente podría hacer una diferencia.

Naruto, Sasuke…

Mi mirada se posó sobre ellos. Ambos estaban discutiendo, tal y como lo recordaba, sin percatarse de mi presencia en el salón. Mis futuros compañeros, los que más dolor sufrirían, y los que más fuertes se volverían de todos los que estábamos aquí.

Sin duda… Deseaba poder quitarles su dolor.

¿Cambiaría mucho el mundo que yo recordaba si lo hacía?

Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando Iruka-sensei ingresó al salón. Inmediatamente todos tomaron asiento, y yo quedé sentada entre medio de Hinata y Kiba.

– Primero que nada, quiero felicitarlos a todos por haber aprobado el examen. –comenzó a hablar Iruka. Cerré mis ojos escuchando sus palabras. – A partir de ahora todos ustedes se convertirán en gennins y servirán a la aldea. Aunque no todos continúen su vida como shinobis en el futuro, quiero que sepan que ya es un gran honor tenerlos aquí frente a mí. Ahora, como sabrán, se los asignará en equipos de a tres personas y un sensei. A continuación, procederé a nombrar los grupos.

Podía escuchar a la perfección como varias chicas comenzaban a rezar para quedar en el mismo equipo de Sasuke. No podía evitar preguntarme qué hubiese pasado si alguna de ellas hubiese terminado en el equipo 7 en vez de mí.

– Sakura-san… –escuché la tímida voz de Hinata a mi lado y me volteé a verla.

– ¿Si?

Jamás había tenido una relación demasiado profunda con Hinata en nuestros días de gennins, por lo cual me sorprendía bastante que me estuviese hablando.

– ¿Con quien crees que formaras equipo? –preguntó la Hyuuga.

Así que era eso…

– Realmente no lo sé. Solo espero poder llevarme bien con mis compañeros, el trabajo en equipo es mejor así… –dije a pesar de saber a la perfección en qué equipo me posicionarían. – ¿Y tú? ¿Con quién crees que estarás? A puesto que te mueres a estar con Naruto…

Inmediatamente pude ver como sus mejillas se tornaban de un intenso rojo.

– ¿C-Cómo…?

– Puede que no lo demuestres mucho, pero tu mirada hacia el demuestra el amor que le tienes. –dije esbozando una amistosa sonrisa. – Ánimo Hinata-chan, sé que en un futuro ustedes estarán juntos.

– P-Pero…

– Equipo 7 –dejé de prestarle atención a Hinata en cuanto escuché el número del equipo. – Uzumaki Naruto, Haruno Sakura y Uchiha Sasuke…

No pude evitar sentir cierto alivio al ver que aquello no había cambiado. Seguíamos siendo compañeros de equipo.

– ¡Iruka-sensei! –Naruto exclamó poniéndose de pie. – ¿Por qué un gran shinobi como yo tiene que estar con un teme como el, dattebayo? –se quejó mientras señalaba a Sasuke.

Antes de que Iruka-sensei pudiese responder, decidí tomar cartas en el asunto.

– Naruto, los equipos se eligen por una razón… Pero al final no importa con quien te toque, un buen shinobi debe saber trabajar en equipo, sea quien sea su compañero. Y yo creo que tu eres un gran shinobi, ¿o acaso me equivoco?

– Y-Yo… –Naruto se veía bastante aturdido por mi respuesta, pero rápidamente recuperó la compostura y esbozó una gran sonrisa. – ¡Si lo soy, dattebayo! –exclamó antes de volver a sentarse, murmurando varias cosas inentendibles de las que solo podía rescatar mi propio nombre.

– Gracias por esa explicación, Sakura. Ahora, si me permiten continuar. –dijo Iruka aclarándose la garganta para volver a llamar la atención de todos los presentes. – El equipo 8 estará conformado por Hyuuga Hinata, Inuzuka Kiba y Aburame Shino… Equipo 9… Equipo 10, Yamanaka Ino, Nara Shikamaru y Akimichi Chouji.

Sonreí. Al parecer eso tampoco había cambiado. Seguiríamos siendo los nueve novatos.

– ¿¡Qué!? ¿Por qué yo tengo que estar con un vago y un gordo mientras que la frentona está en el mismo equipo que Sasuke-kun? –escuché a Ino quejarse.

Bufé fastidiada antes de voltear a verla.

– ¿Acaso no conoces nada de la historia de sus clanes? –dije seria. – Sus clanes son aliados, era natural que quedarían los tres juntos.

Tras decir eso me puse de pie para salir del salón. Necesitaba despejarme un rato, y sabía de primera mano que luego de la selección de equipos, Kakashi nos tendría esperando un largo rato.

Me encaminé a la azotea del edificio y cuando estuve allí me recargué sobre la barandilla.

Observé la aldea, todo lucía tan cálido y colorido, tan lleno de alegría y sin grandes preocupaciones… ¿Qué habría pasado de los aldeanos durante la Cuarta Gran Guerra Ninja?

Para nosotros sin duda había resultado en un gran horror, pero… Las aldeas, los civiles, ¿se encontrarían bien? Muchos de los ataques del Juubi habían llegado a lugares desconocidos para nosotros, la preocupación me había carcomido ante la mínima posibilidad de que aquellos ataques hubiesen afectado a gente inocente.

– Pareces tener muchas cosas en tu mente.

Me sobresalté y rápidamente me volteé hacia la persona que había hablado.

"Kakashi-sensei…?"

No me esperaba encontrármelo aquí en la azotea. Así que… ¿El realmente había llegado temprano? Pero decididamente nos hizo esperar por horas…

– Yo… –balbuceé sin saber que responder.

– ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con tus compañeros gennins? –preguntó recargándose en la barandilla junto a mí.

– Mis compañeros no tienen una buena relación entre ellos, así que creí que sería buena idea que convivieran entre ellos primero. –mentí. – Quería despejar mi mente y tengo la pequeña corazonada de que nuestro sensei nos dejará un largo rato esperando. –dije encogiéndome de hombros para darle más credibilidad a mi pequeño acto.

– ¿Es así? ¿Y en qué tanto piensas?

¿Desde cuando Kakashi-sensei era tan curioso conmigo? Realmente, no puedo recordar ni una sola vez en nuestros días de gennins, en la que el se interesara específicamente en mí.

– Solo… Estoy preocupada por el futuro…

– ¿Preocupada?

– ¿Por qué le importa tanto? No me conoce. –dije cruzándome de brazos.

El se encogió de hombros.

– Simplemente llamaste mi atención. Entonces… ¿Me dirás qué es lo que te preocupa?

Suspiré y volví a mirar hacia la aldea.

– Solo… Hay cosas que no puedo explicar y me tienen bastante confundida. Tengo miedo de hacer algo mal y que todo lo que conozco simplemente cambie para siempre. –murmuré.

– Supongo que no me dirás cuáles son esas cosas que te confunden… –dijo y yo asentí de acuerdo. – Aún así, me sorprende que una niña de tu edad tenga tales preocupaciones. –comentó y colocó una mano sobre mi cabeza, sorprendiéndome un poco. – No dudes tanto de tus propias acciones. En vez de preocuparte por un posible futuro, piensa en el ahora que estas viviendo.

– ¿E-Eh?

– Ven. Vamos con tus compañeros. –dijo apartándose de mi para dirigirse a la puerta de la azotea. – A partir de ahora deberías comenzar a llamarme sensei. –dijo antes de entrar al edificio dejándome completamente perpleja.

¿Qué acababa de pasar?