Realmente no sabía cuanto tiempo había estado durmiendo. Solo se habían sentido como un par de minutos antes de que la tierra entera se sacudiese y gritos de personas se escuchasen.

– ¡Sakuya-sama! ¡Sakuya-sama, despierte!

Mis ojos se abrieron y me incorporé de golpe asustada.

No tuve mucho tiempo de registrar lo que estaba pasando antes de que una persona totalmente desconocida tomase mi mano y me obligase a correr.

– Vamos Sakuya-sama, debemos evacuar el palacio, debemos ponerla a salvo de esa gente. –hablaba la persona que me guiaba a través de unos extensos pasillos.

¿Quién era esta persona? ¿Por qué me llamaba "Sakuya-sama"? ¿Y dónde diablos me encontraba?

– ¿Q-Qué está pasando? –fue todo lo que pude pronunciar. Mi voz sonaba más suave de lo que la recordaba.

– Esos dos muchachos, Indra y Ashura Otsutsuki. Están peleando, causando destrozos a donde sea que vayan, y vienen en esta dirección. Esos temblores que sintió no son más que esos dos monstruos combatiendo. –respondió la persona frente a mí. – Kami me ayude si esos inadaptados le llegan a hacer daño a usted, Sakuya-sama…

¿Indra… y Ashura Otsutsuki...? ¿No eran esos los nombres de los hijos de Hagoromo Otsutsuki, el Rikudou Sennin? ¿Nietos de Kaguya, la diosa conejo?

"Ahora si que no entiendo nada…"

¿Acaso había vuelto a retroceder en el tiempo? Eso parecía, solo que esta vez había llegado a parar a una época totalmente distante de mi propia. Literalmente estaba a miles de años de distancia.

¿Y cómo era que llegué aquí en primer lugar? ¿Y quién se suponía que era yo en este tiempo?

Haciendo algo de fuerza conseguí zafarme del agarre de la persona contraria y una vez libre detuve mi andar. Simplemente… Necesitaba detenerme un segundo, era demasiada información para asimilarla de golpe.

– ¡Sakuya-sama! ¿Qué hace? ¡Debemos irnos! –insistió la persona y por primera vez pude verla con claridad.

Era una mujer madura, rozando la tercera edad. Su cuerpo entero mostraba signos de ser una mujer sumamente trabajadora. Por la forma en la que se dirigía a mi podría tratarse de una especie de sirvienta… O incluso de una nana.

– Y-Yo… –tartamudeé.

No pude pronunciar mucho más antes que el techo comenzase a partirse y de este cayese un hombre seguido de otro.

La mujer gritó asustada y rápidamente intentó refugiarse. Yo miré a ambos hombres quienes intercambiaban miradas de odio y enfado.

"Han de ser ellos…" –pensé al notar la extraña situación. Los hombres a los que la mujer se refería, Indra y Ashura.

Al notar que ambos se preparaban para volver a atacarse mutuamente, tomé aire y con una mirada severa me acerqué a ambos.

– ¿Quién rayos se creen que son? –dije firme con un tono de voz levemente elevado.

Realmente no esperaba que con unas simples palabras ellos frenaran su confrontación, por lo que cuando ambos se detuvieron y voltearon a verme sorprendidos, no pude evitar sentirme nerviosa.

– No me importa por qué diablos estaban luchando, pero eso no les da derecho a causar estragos a donde sea que vayan. Esta es mi casa, y ninguno de ustedes ser ira de aquí hasta que se disculpen y paguen por los daños que provocaron.

– S-Sakuya-sama… ¿Qué cree que hace? –me preguntó temerosa la mujer. Probablemente debía pensar que esos dos me matarían.

Ninguno respondió. Simplemente me miraban sorprendidos y a cambio, yo los miraba con una mirada severa.

Mientras esperaba que me contestasen, no podía evitar pensarlo… Pero ambos me recordaban bastante a Sasuke y Naruto.

– ¿Y bien? ¿No van a decir nada? –inquirí.

Finalmente, ambos reaccionaron.

– ¡Lo siento mucho mi lady! –exclamó el que se parecía a Naruto. – N-No era nuestra intención fastidiarla, realmente lo lamento… –dijo haciendo una reverencia para luego tomar mi mano y besarla. Mis mejillas adquirieron una tonalidad rosada ante aquel gesto. – Permítame recompensarla por los daños…

– Hmph… –bufé. –Eso es lo que espero que hagan. Ambos tendrán que arreglar el techo y todo lo demás que hayan roto.

El hombre frente a mi se mostró sorprendido por mis palabras.

– P-Pero…

– Sin peros. –dije rápidamente. – Lo harán ¿Tienen idea de los problemas que causaron con todo este alboroto? Varios de los residentes del palacio han tenido que evacuar por miedo a ser asesinados por su ola de destrozos, y quién sabrá cuantas personas habrán muerto por sus imprudencias.

– Nosotros…

– No me interesan excusas. –lo corté. Mi mirada se dirigió al tipo que se parecía a Sasuke quien hasta el momento se había mantenido callado. – ¿Y tú? ¿No dirás nada? Aún debes disculparte por todo este alboroto.

El simplemente desvió la mirada.

– Hmph… Molestia…

Si… Sin duda era bastante parecido a Sasuke.

– ¡Indra! –lo regañó su hermano. – Ten respeto. Lo que ella dice es cierto, hemos provocado mucho daño con este combate sin sentido… Debemos parar esto.

– No me interesa, dobe. –contestó Indra poniéndose en posición de ataque, siendo rápidamente imitado por Ashura.

– ¡Alto! –grité volviendo a frenarlos. – Ninguno de los dos combatirá, ya han causado muchos estragos. –dije señalando el agujero en el techo, fue entonces que a penas noté que era de noche.

– ¿Y quién eres tu para ordenarnos cosas? –habló Indra con molestia en su voz mientras se acercaba a mí, imponente.

Mi yo actual debía ser bastante enana, o él era demasiado alto, pues me sacaba un par de cabezas de altura. Tenía que esforzarme bastante para mirarlo a los ojos.

– Yo…

– Ella es lady Haruno Sakuya, la princesa de jade. Le debes tu respeto y lealtad. –dijo la mujer de antes interrumpiéndome, aparentemente molesta ante la falta de respeto de Indra.

"¿Soy una princesa?" –fue todo lo que pude pensar ante sus palabras.

Así que, miles de años en el pasado yo… ¿Era una princesa? Sonaba bastante increíble. Aunque… ella mencionó el apellido Haruno… ¿Tal vez había tomado la forma de una antepasada?

Todo era muy confuso.

– ¿U-Usted es Sakuya-sama? –preguntó Ashura mostrándose bastante sorprendido.

¿Tan importante era mi presencia?

Eso parecía, pues inmediatamente Ashura se puso de rodillas haciendo una reverencia ante mí.

– Mis disculpas mi lady. No fue mi intención faltarle el respeto. Haré lo que sea para compensar mis errores…

Tal vez… era incluso más importante de lo que había pensado.

– Yo… también… –murmuró Indra y lo observé sorprendida. Evitaba mi mirada y un pequeño rosa se avecinaba en sus mejillas a medida que se ponía de rodillas para imitar la acción de su hermano. – Me disculpo… por mi comportamiento.

Parpadee atónita. Un simple nombre había bastado para que dos poderosos shinobis se estuviesen arrodillando frente a mí.

"Nota mental… Averiguar más acerca de Sakuya, la princesa de jade"

Suspiré tratando de salir de mi aturdimiento y alterné mi mirada entre ambos antes de darles la espalda.

– No se irán del palacio hasta que considere pagada esta deuda. Durante su estadía aquí harán lo que yo les diga sin quejas, a cambio les proporcionaré una buena cama y comida… ¿Quedó claro? –dije. Ambos hicieron un sonido de comprensión y asentimiento. Miré a la mujer que parecía ser mi sirvienta. – Dales un cuarto, si causan problemas ven a buscarme ¿Sí?

La mujer asintió antes de hacerle un gesto a ambos hombres para que la siguieran.

Ambos la siguieron no sin antes darme una rápida mirada. Ambos parecían algo reacios ante la idea de alejarse de mí, pero no parecían tener intenciones de desobedecer mis órdenes. Era curioso, realmente curioso.

Una vez que estuvieron fuera de mi vista, me permití relajar mi postura y suspirar.

No sabía por qué había hecho eso. Podría simplemente haberlos dejado marcharse y que continuaran su lucha en otra dirección, pero… no se sentía bien hacer eso.

Pensando en mi poco conocimiento sobre esta época, podía decir que si dejaba que las cosas pasasen como estaban supuestas a suceder, solo traería dolor a esos dos hombres, y a todos los pobres inocentes que quedaron atrapados en el medio de su batalla.

Si estando aquí en el palacio, podía apaciguar su ira y deseos de lucha… Entonces lo haría.

– ¿Sakuya-sama? –la voz de la mujer mi hizo sobresaltarme. – Discúlpeme, no quería asustarla, solo quería informarle que ya llevé a los jóvenes Otsutsuki a sus cuartos designados… ¿Desea que la acompañe a su cuarto?

– Si, por favor… –murmuré.

La mujer asintió comprensiva antes de guiarme a mi propio cuarto.

Una vez allí, ella me hizo sentarme en un cojín, alegando que debía cepillar mi cabello antes de volver a dormir.

Mientras ella se encargaba de mi cabello, no pude evitar notar ciertos aspectos de mi cuerpo actual, los cuales no pude percibir antes debido a todo el alboroto.

Por la forma de mi cuerpo diría que era una mujer joven, rozando los 20 años de edad; Poseía curvas suaves, pero bien dotadas; Mi piel era increíblemente suave, probablemente debido a los cuidados que las sirvientas debían de tener conmigo; Mi cabello, por lo que había podido observar, continuaba siendo de una tonalidad rosada, solo que un poco más pálido, asemejándose bastante al color de los pétalos de las flores de cerezo. Otro dato particular era que este tenía una longitud bastante grande. Llegaba hasta mis pies e incluso se arrastraba por el suelo cuando caminaba. También era bastante sedoso al igual que mi piel.

– Debo decir que me impresionó bastante, Sakuya-sama… –dijo la mujer sin dejar de cepillar mi cabello.

– ¿Eh?

– Allá atrás, en el pasillo, como se enfrentó a esos dos hombres sin ninguna pizca de miedo. Ellos pudieron haberla matado si quisieran, pero usted se mantuvo firme. –explicó. – Es la primera vez que la veo actuar así…

Eso quería decir que… Haruno Sakuya probablemente era una joven sumisa, que no levantaba la voz ni le hacía frente a los demás.

– No me pareció correcto lo que hacían, eso es todo… –murmuré recurriendo a un tono de voz más suave.

– Oh, no estoy disgustada… Siempre supe que usted tenía una gran fuerza interior, solo que jamás se había atrevido a exteriorizarla. –volvió a hablar la mujer. No podía verla pero sabía que estaba sonriendo. – Sin duda usted será una buena gobernante. Perdón, se que le asusta la idea de tomar el lugar de sus padres en el trono… Pero sabe que es algo de lo que no puede escapar… Usted es la única heredera.

Nueva información. Haruno Sakuya no quería ser la gobernante.

No sabía cuanto tiempo estaría atrapada en esta época, o si incluso era real el que estuviese aquí, pero debía intentar aprender todo lo que pudiese de este lugar.

– Lo se… Solo… Es difícil de procesar… –murmuré.

– Lo entiendo mi señora… Pero lo aseguro que al final terminará siendo una gobernante sin igual. –dijo, su tono de voz cargado de orgullo. – Bien, he terminado… –dijo poniéndose de pie.

Se acerco a la cama y acomodó las mantas para que yo me metiese en ella. Y eso hice.

Me acomodé en la cama y observé a la mujer mientras me cubría con las mantas. Ella comenzó a tararear una canción que, a pesar de mis intentos de mantenerme despierta, comenzó a adormecerme.

– Dulces sueños mi lady… –fue lo último que escuché antes de caer ante los brazos de Morfeo.

La próxima vez que abrí mis ojos estaba de nuevo en mi cuarto, en Konoha, siendo a penas de madrugada.

"Kami, ayúdame, yo ya no entiendo nada"