La historia es una adaptación del libro Shelter You de Alice Montana y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capitulo 13
El apartamento de los Cullen en Nueva York es hermoso. Es un penthouse de tres habitaciones en el corazón de Tribeca, uno de los mejores vecindarios en Manhattan. Todo es blanco, fresco, de estilo vanguardia y moderno con las vistas más sorprendentes de la ciudad. Es lo que siempre soñé cuando me imaginaba como estudiante de la Universidad de Nueva York.
Una vez me imaginé viviendo en un apartamento exactamente como este, disfrutando mi juventud, viviendo mis años de universidad en la ciudad. Pensé que una vez que hubiera experimentado todo, estaría lista para ir a casa y enfocarme en construir una carrera y comenzar una familia. Obviamente, no resultó de esa manera, ya que la vida tiene una forma de desbaratar planes cuidadosamente trazados, pero es un lindo consuelo el hecho de que viva a un corto trayecto de esta hermosa ciudad.
Tomados de la mano, Emmett y yo pasamos el día caminando por las calles. Incluso me deja arrastrarlo a un museo, donde las horas se nos pasan volando en tanto miramos las tantas exhibiciones. Estoy segura de que esta no es su idea de diversión, pero parece contento de solo estar a mi lado, dejándome admirar el arte y escuchando mis interpretaciones de los diferentes usos del color y la luz.
Después, caminamos por Central Park, donde me lleva a un carrito de perros calientes para el almuerzo. Luego encontramos una banca para sentarnos uno al lado del otro, mientras comemos y vemos al mundo pasar.
—¿Te molesta saber que soy mucho más joven que tú? —pregunto entre mordiscos.
Echa la cabeza hacia atrás y se ríe. —Gracias, nena, lograste hacerme sentir anciano.
Suelto una risita por su reacción. —¿Qué? Es verdad que eres mayor que yo.
—Sí, lo soy. Solo son seis años de diferencia. ¿Cuál es el problema?
—El problema es que estamos en escenarios completamente distintos en nuestras vidas. Tú tienes toda tu vida resuelta, una casa, una carrera, y estás establecido. Yo, por otro lado, estoy comenzando. Tengo dieciocho años con una bebé y no tengo ni idea de qué me depara la vida.
—No tiene que ser así de difícil. Y si yo tuviera treinta y seis, y tú treinta, no estaríamos teniendo esta conversación.
—Es que no quiero privarte de algo o mantenerte atado cuando podrías tener mucho más.
—¿En serio estamos haciendo esto? ¿Teniendo esta conversación en medio de la ciudad? Bella, no me estás atando, y no hay nada de lo que me estés privando.
Miro hacia mis pies. No quiero mirarlo a los ojos por miedo de que tal vez vea el miedo que vive en los míos.
—Bella, mírame —demanda.
Levanto la cabeza y fijo mi mirada en la suya. Sé que lo lee; puede ver a través de mí.
—Este es probablemente el peor momento posible… no, no, es el peor momento posible —dice—, pero siento que si no te lo digo ahora, si no te hago ver lo que veo cuando te miro, nunca seremos capaces de avanzar.
Inhalo bruscamente. La sola idea de no avanzar, de no estar con Emmett, duele demasiado. —¿Qué ves?
—Veo a alguien que es hermosa, una persona que es despampanantemente hermosa. Que no ve su propia fuerza y belleza. Alguien que iría contra quien fuera y lo que fuera para proteger a los que ama. —Acaricia mi mejilla, causando que las mariposas en mi estómago tomen vuelo—. Lo que veo no es un número, porque al final de todo, eso no importa. Lo único que importa es que te amo y puedes tener dieciocho o treinta años, eso no marcaría una diferencia, ya que aún te amaría.
Sus palabras lanzan un hechizo que hace que todo el mundo se desvanezca en el fondo. La ciudad se mueve en cámara lenta hasta que todo el movimiento y ruido a mi alrededor desparece virtualmente. Intento absorber las palabras, procesar una oración a la vez mientras intento destinarlo a un recuerdo.
Me ama. ¿Me ama? ¡Me ama!
Las palabras están llenas de magia, son más que poderosas. Tienen la habilidad de borrar el miedo, de hacer completamente irrelevante la cuestión de mantenerme a un brazo de distancia, de hacerme sentir más grande que la vida, cuando hace minutos atrás me sentía tan pequeña. Y lo más importante, me hacen sentir valiente.
—También te amo, Emmett —susurro.
Sonríe cuando nuestros labios se rozan, mientras se tocan y se ocupan en un beso que no se parece a ninguno, porque contiene tanta esperanza, tantos deseos, un toque de desesperación y una declaración inesperada de amor.
—El cielo es el límite —promete mientras se aleja.
El cielo es el límite.
Para el momento en que la noche envuelve la ciudad, ambos estamos cansados. Hay una carga eléctrica en el apartamento, una excitación acercándonos cada vez más.
Salgo del baño, duchada y usando una de las camisetas de Emmett, mi nuevo atuendo preferido para la hora de dormir. Subo a la cama y me cubro con las sábanas justo cuando Emmett apaga las luces, pero aun así, las luces de la ciudad brillan a través de las ventanas e iluminan la habitación.
Me mira con una pizca de humor en su expresión. Me encanta cuando me mira así. Ligero y libre, sin estrés, sin trabajo por el que preocuparse o vidas pendiendo de un hilo. Solo permitiéndose ser descuidado. —¿Te divertiste hoy?
—Ha sido uno de los mejores días de mi vida —le respondo.
—¿Sí?
—Sí —digo, acomodándome entre sus brazos, con mi cabeza en la curva de su cuello—. ¿Emmett?
—¿Hmm?
Toco su oreja ligeramente con mi boca. —Dilo otra vez.
—Te amo, Bella.
—¿Emmett?
—¿Hmm?
—Hazme el amor.
Levanta la cabeza abruptamente y me mira, negando lentamente. —Bella, no te dije que te amaba para que me dejaras…
—Lo sé —digo, poniendo mis manos en su pecho desnudo y amando la calidez que irradia de él—. Pero quiero, deseo saber lo que se siente cuando es entre dos personas que se aman. Quiero que seas tú y quiero que sea esta noche.
Me mira durante un minuto, buscando algún tipo de duda o vacilación en mi rostro, un toque de miedo quizá, pero no hay ninguno.
Tomar la decisión de estar con Emmett es poderosa, porque es mi elección. Emana de mi propio deseo y de mi amor por él, y tal vez incluso de la confianza que logró ganarse lentamente.
Se inclina, pareciendo haber tomado una decisión y cubre mis labios con los suyos, poniendo a mi cuerpo en alerta.
Al sentirlo dejo salir un bajo gemido, dándole la oportunidad perfecta para deslizar su lengua en mi boca. Dejo que mis manos vaguen por su extensa espalda, usándolas como una herramienta para acercarlo más a mí.
Rompe el beso y me quejo ante la pérdida.
—Quítate la camiseta —ordena. Sus ojos están líquidos por el deseo y, por la forma en que me mira, me hace sentir hermosa, me hace querer hacer lo que sea, todo para complacerlo.
Me incorporo un poco y me quito la camiseta por encima de mi cabeza, tirándola al piso y luego me recuesto de nuevo.
Me mira, y me da una pequeña sonrisa.
—Tan malditamente hermosa —dice, agachando la cabeza para besarme en la frente, en la nariz y al final en la boca. Sus manos comienzan a vagar, haciendo círculos alrededor de mis senos sensibles, hacia mi estómago, trazando el contorno de mi ombligo y luego finalmente…—. No estás usando bragas.
Me muerdo el labio y niego con la cabeza.
—Señorita Swan, estoy impresionado. Si no lo supiera bien, creería que intentabas seducirme.
—Hubieras tenido razón —digo con un asentimiento de orgullo.
—¿Ah, sí? —pregunta, claramente divertido por mi respuesta—. Bueno, entonces, prometo que voy a hacer que valga la pena. —Desliza su dedo entre mis piernas.
Inhalo y cierro los ojos ante el contacto.
Continúa besándome y explorando con su mano, y cuando por fin alcanza mi clítoris, es como si moviera un pequeño interruptor y me sumerjo en la luz. Al principio masajea suavemente, provocándome gemidos desinhibidos.
Jadeo cuando desliza un dedo dentro de mí y comienza a bombear dentro y fuera lentamente. A medida que se incrementa la sensación, su presión y ritmo también lo hacen. Sus labios están en todos lados, haciendo suyo cada centímetro de mí, tomando posesión de un modo que consigue que sanen las heridas en mi corazón. El orgasmo me golpea rápido y duro, poniéndome al límite, mientras grito por Emmett.
—Eso es… Te tengo —susurra, sacando cada onza de placer que puede de mí.
Cierro los ojos mientras floto de regreso a la tierra, intentando recuperarme de la caída. Vagamente noto que Emmett se aleja de mí. Luego escucho el sonido de un envoltorio y minutos después vuelve, desnudo y cernido sobre mí, usando la parte baja de su cuerpo para separar mis piernas. Puedo sentir su dureza cuando se posiciona en mi entrada; sus manos ahora están a cada lado de mi cabeza. Es cuidadoso en no tocarme ni mantenerme aprisionada.
—¿Estás bien? —pregunta, besando la comisura de mi boca.
—Sí —respondo, buscando sus ojos para reconfirmárselo.
—¿Estás segura de que quieres que continúe?
Sé que se detendría si se lo pidiera. Haría que estuviera bien retractarme y le pondría fin a esto, pero hacerlo significa rendirse; renunciar y dejar que mi miedo me guíe y realmente quiero dejar ir todo eso.
—Estoy segura. Estoy lista.
—¿Hay algo más que pueda asustarte?
—No, solo no me aprisiones… y ve lento —añado rápidamente, enterrando mi cara en la curva de su cuello.
—Nena, mírame —dice. Me alejo lentamente y miro su hermoso rostro—. No te lastimaré. Lo prometo.
Asiento.
—Voy a entrelazar mis manos con las tuyas, ¿de acuerdo? Pero no te aprisionaré, simplemente sostendré tus manos. —Junta nuestras manos mientras dice que lo hará y espera mi reacción—. ¿Está bien?
—Sí. Está bien.
—Mírame, concéntrate en mí. Solo somos nosotros. —Baja su frente a la mía y lentamente se desliza dentro de mí—. Solo somos tú y yo…
Continúa susurrando, entendiendo mi necesidad de seguridad. Entendiendo que los malos recuerdos tienen el sucio hábito de resurgir en los momentos más inoportunos, pero esta noche no, porque esta noche se trata de nosotros, y el amor de Emmett me hace más fuerte. Somos solo nosotros y el pasado no puede tocarme. El pasado no puede herirme cuando estoy con Emmett, porque el pasado es oscuridad, pero Emmett es la luz, y siempre y cuando esté en la luz, estoy a salvo y protegida.
Una vez que me adapto a la sensación de tenerlo dentro de mí, asiento con la comprensión de sus palabras, apenas balanceando mis caderas para indicar mi deseo de que se mueva.
Me besa de nuevo, enredando su lengua con la mía mientras comienza a moverse dentro de mí, impulsándose lentamente dentro y fuera con movimientos circulares. Nuestras manos unidas, labios mezclados, cuerpos conectados, mis piernas envueltas instintivamente a su alrededor, mientras nos fundimos y cada parte de mí está atada a él, entrelazados, y nada más importa. No hay fantasmas aquí, ni miedo. Solo somos Emmett y yo, enamorados, expresando ese sentimiento de la manera más natural. Jadeo y gimo suavemente cuando incrementa su ritmo, al tiempo que la presión comienza a construirse de nuevo.
—Oh, Dios, Bella —dice en mi oído mientras incrementa su ritmo aún más, apretando más mis manos y llevándome al límite otra vez.
—¡Emmett…! —grito, en tanto intento respirar entre las conmovedoras sensaciones que luchan por tomar mi cuerpo.
—Estoy justo aquí, déjate llevar. —Suelta mis manos y levanta mi trasero para darle mejor presión.
Sus ojos están fijos en mí, lujuriosos y frenéticos, y cuando su boca baja hacia la mía, se libera la presa y estoy inundada con el clímax, sobrepasada por las sensaciones, y todo ello me hace quererlo aún más. Lo quiero por amarme, por hacerme el amor y por liberarme de las cadenas que he cargado conmigo durante mucho tiempo. Llega a su liberación y su cara está enterrada en la curva de mi cuello, al mismo tiempo que deseo poder embotellar el momento y mantenerlo cerca, cargarlo conmigo eternamente para ser siempre capaz de recordar cómo se siente la perfección.
