– ¿No piensas responder? ¡Habla mujer! –exclamó el hombre presionando la espada más cerca de mi cuello, ocasionándome un pequeño corte del cual comenzó a escurrirse un pequeño hilo de sangre.

Retrocedí levemente intentando tomar un poco de distancia, pero tan pronto como lo hice, mi espalda chocó contra las piernas de otro hombre. Miré a mi alrededor, eran en total seis hombres, todos observándome con una mezcla de desconfianza y odio, me observaban como si fuese la peor abominación del mundo.

– ¡Responde!

– ¡Alto!

Antes de que el hombre frente a mi pudiese hacer algún movimiento para herirme, otro hombre apareció por detrás de él tomando su muñeca.

A penas pude percibir correctamente los rasgos del hombre antes de que se pusiese de espaldas a mí, frente al otro hombre. Todo lo que podía notar era su larga cabellera castaña.

– ¡H-Hashirama-sama! Butsuma-sama no nos dijo que usted vendría también…

– No iba a hacerlo, sin embargo, sentí la necesidad de dar un pequeño paseo. –dijo el hombre de larga cabellera. – Ahora… ¿Por qué estaban todos ustedes acosando a esta dama?

– Es una desconocida en los territorios del clan. –espetó el hombre que hace unos segundos había estado empujando su espada contra mi cuello.

– Es una dama indefensa, y ustedes estaban dispuestos a asesinarla, así como si nada. –los regañó el tipo de cabellera larga.

Yo seguía sentada en el césped sin saber que hacer o decir. Temía que, si me movía, alguno de los otros hombres intentase atacarme.

Aún no estaba segura de donde me encontraba, pero podía decir que estaba mucho más atrás en el pasado que la última vez que me desperté. Para que el clan Senju estuviese allí, realmente tendría que estar en la época previa a la creación de la aldea.

– Pero… Hashirama-sama…

– No quiero excusas. Váyanse de aquí y no le diré nada a mi padre. –dijo el de cabellos largos.

Los demás hombres parecieron dudarlo, pero finalmente, al cabo de un par de segundos, el que parecía ser el líder de aquel pequeño grupo, asintió y le hizo un gesto a los demás para que se retirasen. Ahora, me encontraba completamente sola con el tipo de cabello largo.

– ¿Estás bien? –preguntó volteando a verme. Se puso en cuclillas para quedar a mi altura y poder revisarme apropiadamente. Pude notar como fruncía el ceño al ver el pequeño corte en mi garganta.

– E-Estoy bien… –me apresuré a decir. – Es solo un corte… Ni siquiera me duele.

– Aún así, esos tipos no deberían haberlo hecho. –dijo él, evidentemente molesto.

Pude verlo sacarse uno de sus guantes y extender su mano desnuda hacia mi cuello. Me estremecí al sentir sus dedos rozar la piel sensible de mi cuello, y cerré mis ojos al percibir la calidez del chakra curativo. Estaba sanando mi herida.

– Ahí está… –pude escucharlo decir a la par que el ninjutsu médico dejaba de fluir y el apartaba de su mano. Abrí mis ojos nuevamente para observarlo. – Lo bueno es que era una herida pequeña, no ha dejado cicatriz alguna.

"En la antigüedad, las mujeres que tenían algún defecto como cicatrices en su cuerpo, perdían la posibilidad de conseguir un buen partido. Los hombres preferían a mujeres hermosas, con pieles perfectas." –recordé una de mis lecciones de historia. El hombre frente a mi debía de esta preocupado por ello.

– ¿Puedo saber como te llamas? –preguntó de pronto haciendo que me sobresaltara un poco.

Me mordí el labio intentando pensar en algún nombre falso que pudiese decirle.

"Haruno Zakuro…"

El nombre resonó en mi mente de una forma tan extraña.

– Haruno Zakuro… –repetí. Él asintió en reconocimiento y tomó mi mano para depositar un beso en el dorso de esta. Podía sentir mis mejillas calentarse.

– Un gusto conocerla, Zakuro-san… Mi nombre es Senju Hashirama…

Parpadeé un par de veces intentando procesar lo que acababa de escuchar.

Senju Hashirama… Hashirama Senju… El ichidaime Hokage de Konoha…

Quiero decir… Había visto al ichidaime antes, pero era totalmente distinto verlo revivido por el edo tensei que verlo realmente en vida. Su apariencia cambiaba bastante.

Su piel bronceada tenía un brillo mucho más natural, a diferencia de la palidez de su cadáver animado; Sus ojos ya no eran negros, haciendo que su mirada cambiase completamente, sin contar que era totalmente distinto verlo con una mirada amable en sus ojos que verlo enfadado en combate. Me atrevía a decir que Hashirama Senju era un hombre realmente apuesto.

– U-Un gusto… –a penas pude balbucear una respuesta coherente. Estaba realmente impactada por la realización de que me encontraba frente a uno de los shinobis más importantes de la historia.

– Puedo preguntar… ¿Qué hacía sola en este bosque, Zakuro-san? –preguntó. Aún sostenía mi mano en la suya.

– Yo… Pertenezco a una familia de comerciantes. Estábamos viajando a nuevas tierras para comerciar… –la mentira escapó tan fácil de mis labios que me sentí culpable. – Me separé un momento de la caravana para buscar algunas hierbas medicinales. –seguí hablando. Observé brevemente los alrededores, notando que en cierta dirección el terreno comenzaba a levantarse, formando una pequeña colina. – Pero me perdí… Y caí por esa colina golpeándome la cabeza. Cuando desperté esos hombres estaban a mi alrededor.

Pude notar como la mirada del ichidaime se llenaba de pena. Evidentemente había creído en mi historia, ante sus ojos era una niña inocente que acababa de pasar por una mala situación. Me sentía mal por engañarlo, pero al mismo tiempo agradecía su inocencia.

– ¿Y no han venido a buscarte?

Negué con la cabeza.

– La caravana sigue su curso. Para cuando se dan cuenta de que alguien falta, ya han tomado una gran distancia. Si alguien se pierde es abandonado a su suerte. Volver por él sería un costo de tiempo, y nadie quiere arriesgarse teniendo en cuenta que estamos rozando los territorios de los clanes shinobis.

Él suspiró. Pareció pensar unos segundos antes de mirarme fijamente.

– En ese caso, Zakuro-san, permíteme ofrecerte un lugar cálido y comida. –su proposición me sorprendió. Hashirama debía ser una persona realmente amable para ofrecerle a una simple extraña tal cosa.

Sabía que, en estas épocas, los clanes shinobis eran reacios a convivir con desconocidos o simplemente personas que no perteneciesen al clan, veían todo como una posible amenaza que podría afectar la integridad del clan. Solo aceptaban relacionarse con otros por motivos tácticos, o cuando estaban realmente seguros de que la convivencia podría traerles alguna clase de beneficio.

– ¿E-Está realmente seguro, Senju-san? No quiero ser una molestia para usted o su clan… –dije fingiendo timidez.

– Estoy seguro. –dijo con determinación. – No podría perdonarme si dejo a una bella señorita como usted sola a su suerte.

Mis mejillas se calentaron ¿Acababa de llamarme "bella"?

Era extraño, escuchar a alguien darme esa clase de cumplidos. En mi época, a parte de Naruto nadie parecía realmente interesado en mí. No era bonita como Ino o Hinata, o incluso Tenten, por lo que "bonita" no era un cumplido que soliese escuchar dirigido a mi persona.

– Ven… –habló Hashirama dándose la vuelta aún en cuclillas. – Súbete, te llevaré hasta el complejo del clan.

Deja Vu…

¿Acaso todos los hombres que fuese a conocer en este extraño viaje temporal me ofrecerían cargarme en su espalda?

Dejando escapar un pequeño suspiro, me puse de pie para luego subirme a su espalda rodeando su cintura con mis piernas y su cuello con mis brazos para afirmarme bien. El se puso de pie segundos después.

– Agárrate fuerte… –fue todo lo que dijo antes de saltar a un árbol y empezar a moverse rápidamente a través de estos.

Recosté mi cabeza en su hombro y cerré los ojos permitiéndome relajarme por un segundo. Tenía la confianza de que junto a Hashirama no me pasaría nada malo.

– Entonces… asumo que, como parte de una familia de comerciantes, has estado en muchos lugares del mundo. –oí a Hashirama hablar, intentando crear algo de conversación. Imaginaba que le resultaba un tanto incómodo estar en silencio.

– He conocido algunos lugares… Aunque no creo conocer todo, verá… Soy bastante joven aún, Senju-san –contesté.

– Por favor, llámame Hashirama. "Senju-san" suena bastante formal.

– No es un hombre al que le gusten las formalidades, ¿verdad? –pregunté abriendo mis ojos para poder observarlo.

– No realmente… –dijo en respuesta.

– ¿Puedo preguntar por qué?

– Las encuentro innecesarias. Por más que nuestros rangos sean "distintos", seguimos siendo personas. Tratar con alguien con tanta formalidad me parecer realmente absurdo. –explicó. Podía notar cierta incomodidad en su voz, lo cual realzaba más el mensaje de sus palabras.

– Me imagino que no es una opinión demasiado popular en su clan. Quiero decir… Los hombres de hace rato lo llamaron "Hashirama-sama".

– Bueno… Es lo que pasa cuando eres el hijo primogénito del líder del clan. –lo oí decir. A pesar de que ya conocía dicho dato, fingí sorpresa ante sus palabras.

– Vaya, no sabía que estaba ante una persona tan importante… –dije.

– Por favor, no soy tan importante…

– Pero lo es. Usted será el próximo líder del clan Senju.

– Lo sé…

– No pareces muy cómodo con esa idea. –comenté curiosa.

– Es una gran responsabilidad, y me asusta tomarla, pero… Al mismo tiempo lo veo como una oportunidad. –dijo él.

– ¿Oportunidad…? ¿De qué?

– De cambiar las cosas. –dijo simple. – Si cualquiera de mis hermanos tomase el liderazgo del clan, ellos simplemente continuarían con las ideas que mi padre y mis antepasados instauraron. Continuarían con la guerra contra el clan Uchiha…

– Y tu quieres que la guerra acabe. Eres un pacifista… –dije al terminar de escuchar su explicación.

– Podría decirse que sí. Yo… Realmente no entiendo por qué seguimos luchando. Es una guerra sin sentido que heredamos de nuestros antepasados, y que lo único que nos ha costado es que perdamos a nuestros hermanos…

Lo miré con empatía. Debía ser realmente duro vivir en esta situación. Sabía a la perfección que él había perdido a varios de sus hermanos en el combate. El nidaime había sido el único sobreviviente de sus hermanos.

– Suena realmente aterrador. –murmuré. – Se que no debería meterme, es un problema que no me compete ya que es una discusión entre dos clanes a los que ni siquiera pertenezco… Pero… Si hay algo en lo que pudiese ayudar, me gustaría ayudarte a cumplir tu sueño.

– Eres realmente amable, Zakuro-san…

– No puedo ignorar una buena causa. –dije simple a lo que el emitió una pequeña risa.

– Espero no sonar grosero, pero… Antes mencionaste que eras bastante joven. Puedo preguntar… ¿Qué edad tiene, Zakuro-san? –dijo desviando completamente el tema de la conversación.

Me quedé en silencio un par de segundos pensando.

No podía decirle mi edad real, en estos tiempos sería considerada como una mujer adulta, y a juzgar por lo que podía sentir de mi cuerpo actual, realmente era joven, tal vez una chica que estaba entre sus 15 y 16 años…

– Diez y seis… –contesté finalmente.

– Ah, estás en edad de contraer matrimonio. –comentó y me tensé levemente ante la mención de algo como eso.

– Creo que mis padres lo han mencionado un par de veces… Sin embargo, no es una idea con la que realmente me sienta cómoda. –dije.

– ¿En serio? –preguntó mostrándose realmente sorprendido, como si realmente esperase que me emocionase ante la mención del matrimonio.

Bueno… Tal vez en esta época el matrimonio era algo realmente importante para las mujeres. No podía culpar a Hashirama por pensar de tal forma.

– No me atrae la idea de tener que casarme con algún desconocido solo por el beneficio que él pueda traerle a mi familia… –a pesar de estar fingiendo todo, hablaba en serio. Si me viese en la situación de tener que casarme con un desconocido solo por conveniencia, no me gustaría para nada. – Aunque eventualmente tendría que pasar… No es como si pudiese decidir al respecto. De cierta forma agradezco que me dejasen atrás, es un problema del cual tendré que olvidarme.

– Y si… Y si conocieses a alguien del cual te enamorases, ¿te casarías con él?

– Supongo que si… ¿Por qué tanta curiosidad al respecto? ¿Es qué acaso está usted interesado en mí, Hashirama-san? –dije bromeando. No pude evitar reír al ver como sus mejillas se tornaban de un fuerte rojo.

– ¡N-No es eso! Solo quiero conversar contigo. –trató de excusarse rápidamente a lo que yo solo pude reír más fuerte.

– Onii-sama. –una voz profunda se hizo presente llamando mi atención y haciendo que incluso Hashirama detuviese su andar. Dirigí mi mirada al frente solo para encontrarme con un hombre albino que nos observaba seriamente con su rojiza mirada. – ¿Quién es esa mujer?