Mi mirada se posó con sorpresa sobre el rostro del heredero del clan Senju quien, a su vez, me observaba fijamente con una pequeña sonrisa divertida en sus labios.

Estábamos bastante cerca, estando yo acurrucada contra su pecho.

Su pecho… Su musculoso pecho… Sobre el cual tenía apoyadas mis manos.

Mi rostro en estos momentos seguramente podía rivalizar con un tomate de lo rojo que debía estar.

Rápidamente me aparté, tomando una gran distancia.

– L-Lo siento. –chillé avergonzada. – Y-Yo… Y-Yo no quise… –balbuceé mientras le daba la espalda y me apresuraba a acomodar mi ropa, la cual estaba toda desordenada por las horas de sueño.

– No, lo siento… –lo escuché decir entre pequeñas risas. – Ha sido mi culpa… No fue mi intención sobrepasar los límites de tu confianza, pero, mientras dormías estabas temblando de frío. –explicó. – Y luego simplemente estabas demasiado cómoda para pensar en despertarte.

– ¿E-Está bien que esa mujer nos haya visto? –pregunté refiriéndome a la mujer que minutos atrás había irrumpido en la habitación. – Quiero decir… No quiero meterte en problemas. Se que algunas mujeres suelen ser muy chismosas… Más cuando se trata de temas como la posibilidad de que el heredero del clan tenga una amante…

– ¿Habla de Terumi-chan? –preguntó. Pude sentirlo moverse detrás de mí, probablemente comenzando a vestirse. – Probablemente deba ir a hablar con ella, antes de que mi padre se entere y se haga la idea equivocada.

– Lo siento… –murmuré. – Realmente no quiero ser una carga para ti. Si voy a provocar tantos problemas para ti, preferiría que me dejes en el bosque.

– ¡Ni hablarlo! –exclamó inmediatamente. – ¿Cómo podría dejar a una agradable jovencita como tu sola en un lugar tan peligroso? Eso no está en discusión.

Me volteé ligeramente para observarlo. El ya estaba vestido, y se encontraba colocándose su armadura. Probablemente tendría que salir a recorrer los bosques pronto, estaban en guerra después de todo.

– Tengo que irme momentáneamente. Le diré a unas criadas de confianza que te ayuden con lo que necesites, ¿sí? –dijo una vez que terminó de colocarse la armadura, para luego comenzar a acercarse a mi y ponerse de cuclillas para estar a mi misma altura. – Volveré pronto…

Se acercó levemente a mí, colocando un beso sobre mi frente antes de ponerse de pie nuevamente y marcharse de la habitación, dejándome atrás, con un muy notable sonrojo en mis mejillas.

Realmente no entendía muchas de las acciones de ese hombre…

Me quedé sentada sobre el futón sin saber qué hacer. No quería salir de la habitación. No quería meter en problemas a Hashirama, y tampoco es como si conociese el lugar para moverme libremente. Además, el ichidaime había mencionado que enviaría a algunas criadas para ayudarme, simplemente debía esperar.

Me recosté nuevamente en la cama, mirando al techo, y suspiré.

Estaba agradecida por haberme despertado en la misma época que el día anterior. Se sentía como un peso menos, no tener que fingir ser otra persona distinta cada día que pasaba, poder descansar adecuadamente. Pero aún así… No podía evitar sentirme angustiada con toda la situación.

Simplemente quería dormir y no volver a despertar, no tener que lidiar con toda esta extraña travesía que ni siquiera lograba entender.

¿Por qué yo había sido elegida?

La voz que había escuchado la noche anterior había mencionado algo sobre ser una persona poco destacable, pero con posibilidades de hacer grandes cambios. No tenía sentido alguno para mí. Había muchas personas que tenían mil veces más probabilidades que yo para cambiar el mundo. Gente mucho más experimentada, con conocimiento de las distintas épocas a las que estaba siendo enviada.

Si bien tenía pequeños conocimientos de historia, no es como si supiese realmente todo, podía meter la pata en cualquier momento y arruinarlo todo.

Y toda esta locura de tener que fingir ser distintas personas… Mis avatares, como la voz había dicho.

¿Eran siquiera personas reales? ¿O simplemente habían sido creadas cuando llegué aquí?

No sabía nada de sus historias, y tenía que fingir ser estas personas, arriesgándome a quedar fuera de lugar con las personas que parecían conocerme. Tenía la suerte en algunos casos, Hashirama no me conocía antes de nuestro encuentro, tampoco lo hacían Ashura e Indra… Pero… el yondaime… Por lo menos había podido inventar una excusa tal como que tenía amnesia, pero no sabía cuanto tiempo iba a durar mi mentira, antes de que Tsunade se diese cuenta de que realmente mi cabeza estaba bien y solo estaba fingiendo.

Y me negaba a contarle a alguien más sobre toda esta locura, había sido suficiente el hecho de tener que convencer a Kakashi-sensei y al Hokage para que no me asesinasen o me expulsaran de la aldea.

Bueno… tal vez hubiese sido mejor si hubiese dejado que Kakashi-sensei me matase, me hubiese ahorrado muchos dolores de cabeza.

Suspiré nuevamente cerrando mis ojos.

Pude sentir que la puerta del cuarto se abría, seguido de varias pisadas. Sin siquiera abrir los ojos podía decir que eran cuatro personas en total.

Abrí mis ojos y fijé mi vista sobre estas personas.

Si, en definitiva. Eran cuatro mujeres que me observaban con cierta duda. Probablemente eran las criadas que Hashirama mencionó.

– U-Uh… Buenos días… –murmuré sentándome sobre el futón para poder mirarlas adecuadamente.

¿Qué se suponía que debía decir en una situación como esta?

– Un gusto, señorita Haruno, Hashirama-sama nos ha mandado aquí para ayudarla con lo que necesite hasta que el regrese al complejo. –una de las mujeres habló tomando la iniciativa. Era una mujer adulta, casi rozando la tercera edad, y evidentemente era la más grande de las cuatro.

– Hai… Hashirama-san mencionó algo al respecto… –dije con calma. – Yo… Lo siento, realmente no sé qué decir. Toda esta situación es un tanto extraña para mi… –hablé con sinceridad.

La misma mujer de antes me ofreció una sonrisa cariñosa antes de asentir.

– No se preocupe Haruno-san, lo entendemos. Permítame presentarme: Mi nombre es Senju Chiasa. Sirvo a la familia principal del clan desde hace un montón de años. He sido la criada principal de la matriarca del clan antes de que esta, lamentablemente, pereciera. –se presentó la mujer mayor antes de voltearse a las tres jóvenes junto a ella. – Estas son Ayaka, Eshima, y mi hija, Kaede.

Las tres chicas hicieron una reverencia una vez que fueron nombradas, antes de volver a observarme recelosas, con algo de desconfianza en sus miradas.

– Un gusto conocerlas… Yo soy… –intenté presentarme, pero rápidamente fui interrumpida por Chiasa.

– Haruno Zakuro. Lo sabemos. –dijo con una pequeña sonrisa divertida en su rostro. – Hashirama-sama se encargó de darnos toda información sobre usted antes de irse. Dijo que provienes de una familia de comerciantes, que fuiste dejada atrás por tu familia porque te perdiste en el bosque, y que te rescató de unos centinelas del clan.

Me sonrojé levemente.

– O-Oh, ya veo…

– También nos dijo que debemos encargarnos de tratarte cual princesa. Así que… Haruno-sama… –me tensé levemente ante el notable cambio en el honorífico. – ¿Le gustaría darse un baño?

Me mordí levemente el labio ¿Por qué Hashirama les había dicho eso?

No tenía la intención de estorbar, planeaba por lo menos convertirme en una criada más para expresar mi gratitud por haberme salvado, pero Hashirama les había dicho que me tratasen como si fuese alguien importante ¿Por qué?

– Un baño suena bien… –murmuré mientras me ponía de pie, agarrando los bordes de la yukata para acomodarla. Esta ropa me quedaba bastante grande, y solo podía esperar que no hubiese revelado demasiada piel mientras dormía junto a Hashirama.

– Entonces sígame, Haruno-sama. –dijo Chiasa antes de darse la vuelta para salir de la habitación.

Las tres jóvenes esperaron a que yo siguiese a Chiasa para comenzar a caminar detrás de mí. La mujer mayor comenzó a guiarme a través de los extensos pasillos de la mansión. No parecía haber nadie en la casa, a excepción de algunos guardias que ocasionalmente se cruzaban en nuestro camino.

– Que descuidado ha sido Hashirama-sama. –escuché a la mujer mayor hablar. – Debió habernos despertado a noche, así le habríamos dado un cuarto cómodo para usted y ropas adecuadas para dormir.

– A-Ah, Hashirama-san no quería despertar a nadie. –dije riéndome nerviosa.

– O tal vez lo hizo a propósito. –escuché que una de las chicas a mis espaldas hablaba. Ayaka, si no mal recordaba.

– ¿Por qué lo haría a propósito? –pregunté confundida volteando levemente mi cabeza hacia ellas, sin dejar de caminar.

– Bueno, ¿no es obvio? –dijo divertida Kaede. – Es claro que Hashirama-sama ha puesto su ojo en ti. Apuesto que quiere cortejarte.

Mi rostro se tornó de un fuerte rojo al escucharla decir tales palabras.

Hashirama Senju, el futuro líder del clan Senju, miembro fundador de la aldea de Konoha y primer Hokage de la misma, legendario dios shinobi, la persona que derrotó a Uchiha Madara en el pasado, el abuelo de Tsunade-shishou… ¿Interesado en mí? No, eso era simplemente imposible.

El ni siquiera me conocía, además, dentro de unos años se casaría con Uzumaki Mito.

– ¡E-Eso no es cierto! –exclamé avergonzada. – Ni siquiera me conoce, además solo soy de una familia de comerciantes, una desconocida para este clan. Si Hashirama-san fuese a interesarse en alguien seguramente sería una chica Senju, o por lo menos alguien con el mismo rango que el… –balbuceé.

– Oh, pero usted es una joven bastante hermosa, Haruno-sama. –escuché a Chiasa hablar. – Por más que venga de una familia civil, y ahora mismo esté desarreglada, su belleza es sumamente palpable.

– ¿B-Belleza? No se de qué habla, Chiasa-san… Soy una mujer tan simple, sin nada en especial. –intenté contradecirla.

– ¿Simple? –habló Eshima. – ¿Realmente acaba de decir que usted es una mujer simple? ¿Es que acaso no se ha visto en un espejo nunca? Su belleza es tan exótica… Cabello rosado como las sakuras y ojos como un par de jades… Jamás pensé que tal combinación quedaría tan bien hasta que la vi a usted, y estoy segura que solo a usted le quedaría bien esa combinación. Debo decirlo, Haruno-sama… Me siento celosa de usted.

– Y a pesar de ser una campesina tu piel se ve tan suave y lisa como porcelana. –se sumó Ayaka. – Pareciese como si en verdad fueses una princesa, bastante cuidada y delicada.

– Y tu cuerpo parece tener la forma perfecta. –añadió Kaede. – Perfecto para llevar a los bebés de Hashirama-sama…

Si antes mis mejillas estaban rojas, ahora simplemente debía ser un tomate de lo sonrojada que debía estar.

– Si, en definitiva Hashirama-sama debe estar interesado en ti. No te preocupes, te dejaremos aún más hermosa para cuando el regrese.

Bueno… Este parece que será un largo día…