Suspiré caminando de regreso a la habitación de Hashirama.

Aquellas mujeres me habían mantenido retenida por horas.

Me habían mantenido un rato largo en el baño, haciéndome un sinfín de tratamientos para "realzar mi belleza", habían aplicado tantos aceites y cremas raras en mi cuerpo y cabello que por un momento me había sentido una especie de aderezo para ensalada.

Luego de eso habían tomado mis medidas. Kaede había dicho que era para que pudiesen fabricar kimonos a mi medida, pero aún así, después de eso me habían hecho probarme un sinfín de prendas distintas para escoger algo que me quedase bien.

Luego de la ropa fue el peinado y el maquillaje.

Creí que toda aquella locura terminaría cuando empezase el desayuno. Fue un error pensar aquello.

A penas pude dar dos bocados antes de que comenzasen a hablarme de distintas dietas para mantener mi figura, y alimentos que aumentarían mi fertilidad. Porque si, estaban convencidas de que Hashirama quería cortejarme para convertirme en la matriarca del clan Senju.

Y aquello le siguieron un montón de cosas más. Desde enseñarme todos los rincones del complejo Senju, hasta enseñarme las tradiciones e historia del mismo para que pueda ser una… buena matriarca.

Era cerca del atardecer cuando logré liberarme de ellas con la excusa de que deseaba descansar un rato antes de la cena.

Al entrar al cuarto mi respiración se enganchó al ver a Hashirama sentado en medio de la habitación. Su torso estaba desnudo, había varios cortes y quemaduras sobre su piel.

A un lado de él había un cuenco con agua y un paño manchado de sangre, además de varias vendas. El estaba usando su chakra para curar algunas de sus heridas.

Con pasos lentos me acerqué a él y tomé el paño para ayudarlo a limpiar sus heridas. El se mostró levemente sorprendido, pero inmediatamente una radiante sonrisa surcó su rostro al ver que se trataba de mí.

– Zakuro-chan… –habló. – Lamento haberte dejado por tanto rato… Nos cruzamos con un batallón del clan Uchiha y, bueno… El combate duró mucho tiempo. –dijo el apenado.

– No tienes que disculparte conmigo. –lo regañé. – Soy una desconocida, no tienes que justificar tus tareas de tu clan ante mí.

El se quedó en silencio. Yo simplemente seguí limpiando sus heridas.

– Este es un corte realmente profundo… –comenté. – Si no lo curas con tu chakra, lo más posible es que necesites puntos de sutura… –dije trazando el contorno de la piel lastimada con mi dedo. El corte estaba sobre su brazo, justo donde su armadura no lo protegía.

– Pareces saber algo sobre medicina. –habló Hashirama.

– Me gusta leer… Papá siempre que podía me conseguía libros, no le importaba mucho el contenido, y por alguna razón muchos de ellos hablaban sobre hierbas medicinales y cuidados médicos. –mentí. No podía decirle que en el futuro era la alumna de su nieta, una excelente ninja médica.

– Ya veo… En ese caso puedo dejar que te ocupes de mis heridas.

Detuve mis acciones y lo miré fijamente.

– ¿No sería mejor que cures tus heridas con tu chakra? Sería mucho más rápido. –dije antes de voltearme a limpiar el paño con el cual estaba limpiando sus heridas.

– Prefiero reservar mi chakra y no agotarlo con heridas tan insignificantes que no me costarán la vida. –respondió él encogiéndose de hombros.

Me limité a asentir comprendiendo sus pensamientos.

– ¿Te sería mucha molestia encargarte de mis heridas, Zakuro-chan? –preguntó él.

Suspiré y me senté frente a el tomando los suministros médicos que había junto a mí. Poco a poco comencé a tratar sus heridas. Vendando los cortes y poniendo ungüento sobre las quemaduras hasta que finalmente llegué al corte que había mencionado antes.

Tomé una aguja e hilo de sutura y lo miré dudosa.

– ¿Estás seguro que no quieres sanar ese corte con tu chakra? No es precisamente bonito remendar heridas… –dije.

– Puedo soportarlo. –aseguró él.

Suspiré y me mordí el labio antes de comenzar con mi labor. Con mucha delicadeza empecé a coser, remendando aquella herida, intentando que no fuese más fea la situación de lo que ya era.

– Ya está… –murmuré una vez que finalicé.

El se volteó a verme dedicándome una pequeña sonrisa.

– Muchas gracias, Zakuro-chan. –habló él. – Realmente te lo agradezco.

– No hay de qué…

– ¿Cómo ha estado tu día? Espero que Chiasa y las demás te hayan tratado bien… –dijo mientras tomaba una yukata para colocársela, cubriendo así su torso desnudo. – Luces bastante hermosa, por cierto.

Me sonrojé levemente ante el cumplido y aparté la mirada.

– ¿En serio lo crees? Me hubiese contentado simplemente con una yukata, pero ellas insistieron en vestirme así. Están convencidas de que quieres convertirme en la futura matriarca del clan.

Casi me reí al ver como sus ojos se abrían enormemente y me observaba con una expresión de cachorro perdido, a la par de que sus mejillas se tornaban de una fuerte tonalidad rojiza.

– ¿E-Eso dijeron? –tartamudeó avergonzado. – L-Lo siento si te han incomodado. No quiero que mis intenciones hacia ti se malinterpreten.

– Descuida. –negué con la cabeza. – Desde el principio estuve en desacuerdo con esas cuatro… Sería realmente tonto de mi parte pensar que tu estás interesado en mí.

El me miró con entrecejo fruncido, como si no comprendiese mis palabras.

– Tu eres el heredero de un clan shinobi importante ¿Por qué estarías interesado en alguien como yo? –me burlé mientras guardaba las vendas y ungüentos curativos. – Es simplemente una idea muy absurda pensar que algo así pudiese pasar.

– ¿Una chica como tú? ¿Te refieres a una joven hermosa, valiente y sabia?

Me tensé al escuchar sus palabras y volteé a verlo. Mantuvimos una batalla de miradas por varios segundos antes de que decidiese apartar la mía para terminar de guardar los insumos médicos.

– Tenías muchas heridas ¿A quién tuviste que enfrentarte para terminar así? –pregunté desviando la conversación hacia otro tema.

– El líder del clan Uchiha, Madara Uchiha.

Un escalofrío recorrió mi espalda ante la mención de tal nombre.

Madara Uchiha, el hombre que causaría tanto terror en el futuro…

– Era mi amigo cuando éramos pequeños, ¿sabes? –comentó Hashirama. Me limité a hacer un breve gesto con la cabeza para hacerle ver que lo estaba escuchando. – Pero, finalmente nuestros padres descubrieron que nos veíamos en secreto… Y bueno, tuvimos que distanciarnos.

– Eso es realmente triste… –murmuré. – Acabar una amistad de tal forma…

– Lo es. –estuvo de acuerdo Hashirama. – Pero no es que pudiese hacer mucho al respecto en ese entonces… Era un niño, obligado a obedecer todo lo que su padre decía.

– ¿Y ahora no debes obedecer? Tu padre sigue siendo el líder del clan…

– Lo es… Pero como Madara ha tomado el lugar de líder de su clan, papá espera que yo haga lo mismo pronto. –respondió el hombre de cabellos castaños. – Mis palabras han tomado otro peso.

– Pero aún así tu idea de la paz sigue estando bastante lejos, ¿verdad? –pregunté volviéndome hacia él.

El asintió.

– Y Madara tampoco parece querer hablar conmigo ahora… –añadió.

Me mantuve en silencio por varios minutos, simplemente observándolo.

– Quieres hablar con el… Tal vez pueda ayudarte a filtrar un mensaje para que ambos se reúnan, sin ninguno de los clanes de por medio. –ofrecí.

Como había esperado, mi oferta no pareció agradarle del todo a Hashirama.

Su rostro se contrajo en una mueca que parecía una mezcla de enojo y preocupación.

– No es necesario que te involucres en esto. Aprecio tu ayuda, Zakuro, pero no quiero que te pongas en peligro solo por ayudarme. –dijo poniéndose de pie, acercándose a mi y colocando sus manos sobre mis hombros de una forma un tanto brusca.

– Hashirama…

No pude continuar hablando. De pronto un extraño mareo me invadió y me tambalee. La habitación entera daba vueltas a mi alrededor. Me costaba mantenerme de pie.

Lo último que logré ver antes de que todo se tornara oscuro fue el rostro preocupado de Hashirama mientras pronunciaba mi nombre.

La siguiente vez que abrí mis ojos estaba nuevamente en mi cuarto, en Konoha.

Bufé frustrada. Estos cambios repentinos de líneas temporales iban a terminar volviéndome loca, o mejor dicho, me estaban volviendo loca.

Tomé una almohada de mi cama y cubrí mi rostro con esta para amortiguar un grito de frustración.

– Parece que alguien no ha tenido un buen sueño.

Me senté de golpe al escuchar la inconfundible voz de Kakashi. El estaba sentado en la ventana de mi cuarto, leyendo su libro "Icha Icha Paradise", como si fuese lo más normal del mundo.

– ¿K-Kakashi-sensei?

– Yo. –dijo a modo de saludo antes de cerrar su libro. – Te dije que vendría a buscarte antes de la prueba del Hokage.

– ¿Ya… Ya es de día?

Los cambios temporales realmente me estaban mareando. Ya ni siquiera creía tener una noción real del tiempo.

– Realmente ha de haber sido un sueño muy pesado si no eres capaz de darte cuenta de eso. –dijo Kakashi. – Te esperaré afuera. Haz lo que tengas que hacer antes de irnos, pero no tardes demasiado. Hokage-sama nos está esperando junto a Inoichi Yamanaka.

Suspiré una vez que el se fue.

Todo el asunto con Minato y Hashirama habían hecho que me olvidase de la dichosa prueba.

¿Qué iba a hacer? No me sentía lista para que husmearan en mi cabeza, sobre todo ahora que también vagaban en mi mente recuerdos de otras líneas temporales. Pero… Si me negaba a hacer la prueba ahora, podría tener grandes consecuencias.

Suspiré nuevamente.

Realmente deseaba dormir y no volver a despertar.