– ¡AHHH! ¡QUÍTENMELO DE ENCIMA!

No pude evitar reír mientras observaba como Naruto era atacado por aquel minino de pelaje negro. Era tal y como lo recordaba.

– Concuerda con la descripción brindada, en definitiva, es el objetivo que buscábamos. –habló Kakashi ignorando los gritos de Naruto. – Será mejor que lo llevemos de regreso con su dueña. –dijo para finalmente darse la vuelta y comenzar a caminar en dirección a la torre Hokage, siendo rápidamente seguido por Sasuke.

Me volteé hacia donde estaba Naruto y llamé al pequeño gato para alejarlo de mi compañero.

Sorprendentemente, el felino me obedeció rápidamente, abandonando su labor de arañar el rostro del rubio, y acercándose con un paso elegante -característico de su especie- hacia mí, para luego saltar a mis brazos.

Sonreí haciéndole un par de caricias para luego apresurarme a seguir a Kakashi y Sasuke.

– ¡E-Espérame! –gritó Naruto aún aturdido por el ataque del gato mientras corría detrás de mí.

Pronto llegamos a la torre Hokage donde tuvimos que devolverle el gato a su dueña. No pude evitar sentir lástima al ver como la mujer apretujaba fuertemente sin cuidado a la pobre criatura. Pobre, si yo tuviese una dueña así también me escaparía.

Al cabo de unos minutos la mujer se marchó y no pude evitar sentirme nerviosa. Había llegado el momento más crucial de este día…

– ¡Viejo! –exclamó Naruto dirigiéndose al Hokage que estaba sentado detrás de su escritorio en el cual se podían ver varios papeles de distintas misiones. – ¡Ya estoy harto de misiones fáciles! ¿No nos puedes dar algo más difícil, dattebayo?

– ¡Naruto! –lo regañó Iruka quien estaba de pie a un lado del Hokage. – ¡Se más respetuoso! Ustedes son gennins aún, por lo tanto, solo pueden realizar misiones de rango D.

– ¡Pero son tareas muy sencillas, dattebayo! –volvió a quejarse el rubio. – Arreglar jardines, ayudar a mujeres con sus compras, buscar mascotas perdidas… ¡Quiero algo de acción, dattebayo!

– ¡Naruto!

– Esto de acuerdo con el dobe. –habló Sasuke interrumpiendo al Jounnin castaño. – ¿Cómo se supone que nos preparemos para la vida ninja si solo hacemos esta clase de trabajos? –espetó cruzándose de brazos.

– Podremos manejarlo, Hokage-sama. –hablé uniéndome a la petición. Tan pronto como hablé, pude sentir como las miradas de Kakashi y el Sandaime se posaban sobre mi con un claro pensamiento. Que yo interviniese, claramente tenía que ver con mi misión de cambiar los acontecimientos. – Además, si algo sale mal, Kakashi-sensei estará con nosotros. Él es un jounnin bastante fuerte.

El Hokage pareció pensarlo por un par de segundos, mientras que Iruka objetaba que no podíamos realizar misiones más difíciles.

– Está bien, Iruka. –habló finalmente el Hokage acallando al hombre que estaba a su lado. – Claramente ellos pueden manejarlo, pero… ¿Qué misión les daremos? –preguntó retóricamente antes de lanzarles una mirada a los jounnins detrás de nosotros que custodiaban la puerta de la sala. – Hagan pasar al cliente, por favor.

Las puertas detrás de nosotros se abrieron y los cuatro volteamos a ver de qué se trataba. Tal y como lo recordaba, Tazuna ingresó a la habitación cargando una gran botella de licor con él.

– Equipo 7, su trabajo será escoltar a Tazuna-san al país de las olas. –dijo el Hokage.

– ¿Ellos serán los que me escoltaran? –preguntó Tazuna con disgusto mientras le daba otro sorbo a su bebida. – Aquí solo puedo ver a un enano con cara de idiota, a un emo con cabello que parece trasero de gallina, y a una niñata que sus padres no le dijeron que teñirse el cabello es malo.

Tuve que apretar mis puños y contar hasta diez para evitar enojarme con lo que acababa de decir. A pesar de que sabía que nos insultaría, no podía evitar que sus palabras tuviesen efecto en mí. Tal vez debía admitir que era una persona un tanto temperamental…

– ¿¡A quién le dice idiota, dattebayo!? –estalló Naruto molesto por el insulto hacia su persona. Tazuna se limitó a sonreír ladino al ver que sus palabras habían surtido el efecto esperado, pues no solo el rubio se había molestado, Sasuke también se había mostrado molesto por el insulto, apretando sus puños y realizando una mueca de enfado.

– Tazuna-san. –hablé con voz firme mientras miraba con la expresión más neutral que podía realizar al hombre frente a mí. – Le agradecería que no juzgase a mi equipo de esa forma. Usted no nos conoces ni sabe de nuestras capacidades, es realmente prejuicioso de su parte tratarnos de esa forma.

– Joo~ Parece que la niñata teñida es una pequeña fiera. –se burló Tazuna.

Tuve que apretar mis puños más fuerte, clavándome las uñas en las palmas, para contener mi enojo. Podía sentir la ira quemar mi interior.

– Si va a seguir hablando de esa forma entonces yo diré que usted es un sucio borracho que seguramente mintió acerca del rango de esta misión para pagar menos. –dije.

Sonreí ladina al ver como el hombre se tensaba ante mis palabras. Había dado justo en el clavo. Podía ver su cuerpo temblar ligeramente y cómo apretaba con fuerza sus puños. Cerré mis ojos sin dejar de sonreír antes de volver a hablar.

– Pero eso sería una suposición muy apresurada. No lo conozco, ¿verdad, Tazuna-san? Espero entonces que usted retire sus acusaciones sobre mi equipo. –dije con fingida inocencia.

El no respondió directamente, pero pude escucharlo mascullar algo como "Maldita mocosa".

– Ahora, ahora. Sakura, no creo que sea adecuado tratar al cliente de esta forma. –intervino Kakashi colocando una mano sobre mi hombro. – Ustedes tres. –habló refiriéndose a mi y a los chicos. – Vayan a empacar sus cosas, los veré mañana a primera hora en la entrada del pueblo ¿Sí?

Los tres asentimos antes de empezar a marcharnos. Naruto y Sasuke salieron primero, yo me frené a unos pocos metros de la puerta y le dirigí una rápida mirada a nuestros sensei antes de salir. Tendría que hablar con él más tarde.

Naruto, Sasuke y yo caminábamos lentamente por las calles. El rubio del equipo balbuceaba cosas acerca de Tazuna y como por fin habíamos recibido una misión de mayor rango. Sasuke se mantenía en silencio caminando con sus manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Ocasionalmente podía sentir como me lanzaba alguna que otra mirada.

– ¡Por cierto, Sakura-chan! –exclamó de pronto Naruto llamando mi atención. – ¡Has estado genial, dattebayo! No importa lo que Kakashi-sensei haya dicho… ¡Ese viejo se merecía que le respondieran así, ttebayo!

Me encogí de hombros dirigiendo mi mirada nuevamente al frente.

– Supongo… –murmuré.

– Bueno, será mejor que me vaya a casa, dattebayo. Los veo luego. –dijo Naruto antes de correr en una dirección opuesta dejándonos a Sasuke y a mí solos.

– Creo que seguiré su ejemplo. –hablé con calma. – Nos vemos, Sasuke. –dije mientras emprendía rumbo hacia mi casa. Sin embargo, antes de que pudiese seguir avanzando, Sasuke me tomó por la muñeca deteniéndome. – ¿Sucede algo? –pregunté alzando una ceja inquisitivamente.

– Tu sabes algo… –murmuró él.

– Todos sabemos algo. Tendrás que ser más específico, Sasuke. –dije tratando de sonar desinteresada a pesar de que mi corazón latía rápidamente.

¿Por qué me sentía así? Pensé… Pensé que lo había superado, pero… el agarre de Sasuke sobre mi muñeca hace que mi corazón se agite de esta forma. Me sentía tan tonta por actuar de esta forma.

– ¡No te hagas la tonta! –gruñó el pelinegro apretando su agarre. Hice una pequeña mueca de dolor en respuesta.

– Realmente no sé de lo que me hablas. Y aunque lo supiera, creo que podría pedir de mejor forma que te responda, y no lastimarme ¿No crees? –pregunté.

El se mantuvo en silencio por varios segundos antes de soltarme y apartar la mirada. Me quedé observándolo esperando que dijese algo, pero al ver que no tenía intención de hablar, suspiré y le di la espalda.

– No sé qué es lo que quieres Sasuke. Si no hablas conmigo es imposible para mi adivinar lo que hay en tu mente. –dije con calma. – Cuando estés listo para hablar, te estaré esperando.

Finalmente retomé mi camino en dirección a casa dejando atrás al pelinegro.

En realidad, sabía a lo que se refería. Sasuke no era tonto, sabía que mis palabras hacia Tazuna habían sido más que una simple provocación. Pero mientras pudiese retrasar las cosas y evitar contarle la verdad, lo haría.

Ya demasiadas personas sabían la verdad acerca de mí. No podía permitirme que más personas lo supiesen.

Con este pensamiento en mente llegué a mi casa y me dispuse a armar mi equipaje para la misión de mañana.

El día avanzó rápidamente, y antes de que me diese cuenta ya era de noche. Me encontraba sobre el tejado de mi casa, recostada, observando el cielo nocturno. A un costado de mi sobre las tejas del techo, yacía el libro que había tomado de la biblioteca esta mañana.

– Aquí estás… –la voz de Kakashi se hizo presente. Volteé mi cabeza para observarlo, el estaba de pie a un par de pasos de mí. – Quería hablar contigo.

– Lo supuse. –dije con un suspiro mientras me incorporaba quedando sentada sobre el tejado.

Kakashi se acercó y se sentó a mi lado.

– Que hayas interferido el día de hoy quiere decir que hay algo aquí que quieres cambiar, ¿verdad? –preguntó retóricamente. – Entonces, quiero saber… ¿Qué es lo que sucederá en la misión de mañana?