– ¡Nos vamos! –exclamó alegremente Naruto siendo el más entusiasmado con esta misión.

Nos encontrábamos todos reunidos en la entrada de la aldea listos para partir hacia el país de las olas.

Mi mirada se dirigió hacia el cielo tomando respiraciones profundas, preparándome mentalmente para todo lo que vendría en los próximos días. No podía tener fallos en esta misión, no iba a dejar que Zabuza y Haku corriesen el mismo destino que recordaba.

– ¿Por qué estás tan contento, dobe? –preguntó Sasuke cruzándose de brazos mientras veía a Naruto quien seguía exclamando demostrando su emoción.

– ¡Es que es la primera vez que salgo de la aldea, dattebayo! –exclamó alegre, su mirada dirigiéndose en todas las direcciones observando el gran bosque que se alzaba más allá de las puertas de la aldea.

Una pequeña sonrisa cariñosa se posó sobre mis labios al escucharlo. Este era el inicio de la leyenda de Naruto, a partir de aquí solo se volvería más y más fuerte, demostrándoles a todos que era capaz, cambiando el mundo. Cuando era pequeña había estado demasiada distraída con mis propias estupideces como para notarlo, pero ahora… volviendo a vivir todo esto… Si no tuviese un límite de tiempo para cumplir con mi misión ni una propia línea temporal a la que regresar, me gustaría quedarme a ver el crecimiento de Naruto.

– ¿Vamos, Sakura? –la voz de Kakashi-sensei me hizo volver a la realidad.

Al parecer ya era momento de irnos. Tras un pequeño asentimiento de cabeza, comencé a caminar junto al peliplata, siguiendo a Sasuke y a Naruto, este último discutía con Tazuna.

Mientras avanzábamos mantenía mis sentidos alerta, buscando chakras enemigos, lista para combatir si era necesario. Según recordaba, habían shinobis escondidos en el bosque, listos para atacarnos y matar a Tazuna.

Pude notar que Kakashi también se mantenía alerta.

Rápidamente me di la vuelta, sacando tres kunais de mi estuche para lanzarlos hacia un shinobi que estaba en nuestras espaldas, materializándose a partir de un charco de agua. Un quejido escapó de los labios del shinobi enemigo, pero aún así, mi vago ataque no era suficiente para dejarlo fuera de combate.

Kakashi aprovechó el momento para pasar a la ofensiva dejando inconsciente al ninja y a su aliado.

– ¿Qué demonios? –escuché a Sasuke murmurar estupefacto.

Por el rabillo del ojo pude ver que Tazuna, Naruto y Sasuke se habían volteado en nuestra dirección. Los tres luciendo shockeados por lo que acababa de suceder.

Volví de nuevo mi mirada hacia nuestro sensei.

– Buenos reflejos… –murmuró a modo de cumplido. Asentí en respuesta, reconociendo sus palabras.

Podía notar un pequeño brillo de sorpresa en su mirada. Él sabía que vengo del futuro, y que poseo la habilidad para hacerme cargo de ninjas como estos, pero una cosa era saberlo y otra muy diferente era poder apreciarlo con sus propios ojos.

– Parece que nos salvamos… –murmuró Tazuna luciendo aliviado.

– Tazuna-san. –habló Kakashi-sensei llamándolo mientras se movía para cargar los cuerpos de los dos ninjas enemigos, y atarlos a un árbol cercano.

– ¿Qué sucede?

– Debo hablar contigo… –contestó el peliplata con seriedad.

No se necesitaba ser un genio para saber de lo que quería hablar Kakashi-sensei por lo que simplemente decidí ignorar el asunto mientras me cruzaba de brazos y posaba mi mirada sobre los ninjas cautivos. A mi lado Naruto balbuceaba cosas acerca de cómo había logrado detectar a los enemigos, ocasionalmente podía escuchar como balbuceaba varios cumplidos hacia mi persona.

Pasaron algunos minutos antes de que viésemos como ambos ninjas recobraban la conciencia. No parecían particularmente felices por haber sido atrapados.

– ¿Cómo… leyeron nuestros movimientos? –se atrevió a preguntar uno de ellos.

– En un día soleado como este, donde no ha llovido en días… Es imposible que haya un charco. –expliqué utilizando las mismas palabras que Kakashi-sensei había usado en mis recuerdos.

– Voy a ir al grano. –habló entonces el jounnin peliplata. – Si hubiese querido los hubiese matado. –sentenció. Pude notar como Naruto se estremecía levemente ante la seriedad de las palabras de Kakashi. – Pero… Hay algo que necesitaba saber: Detrás de qué iban estos dos.

– ¿A qué te refieres? –preguntó Tazuna haciéndose el desentendido, queriendo sostener su propia mentira a pesar de que Kakashi y yo ya sabíamos la verdad.

– Significa… Si iban detrás de ti o uno de nosotros. –contestó Kakashi frunciendo el ceño. – No sabíamos que habían shinobis siguiéndote. Nuestra misión era simplemente protegerte de pandillas y/o ladrones. Esto se ha convertido en, por lo menos, una misión de rango B.

Desvié la mirada sonriendo con nostalgia. Kakashi-sensei sabía la verdad por lo que solo estaba actuando, pero incluso en su actuación… estaba usando las mismas palabras que había usado en aquel entonces.

No podía evitar hacerme tantas preguntas ante esto…

Qué tanto afectarían mis decisiones al futuro, qué tantas cosas ocurrirían de la misma forma a pesar de mis acciones.

Era ligeramente reconfortante saber que había cosas que no cambiarían a pesar de mi intromisión, aunque eso no significaba que debía dejar de ser cautelosa.

– Haruno. –la voz de Sasuke me sacó de mis pensamientos.

Mi mirada se dirigió hacia él, y un escalofrío recorrió mi columna al notar la intensa mirada que él tenía sobre mí.

– ¿Sucede algo, Sasuke? –pregunté un poco extrañada. Se me hacía un tanto inusual que decidiese hablarme.

– Necesitamos hablar. –sentenció.

Ni siquiera me dio tiempo de responder antes de que tomase mi mano y me jalara lejos del grupo, dejando atrás a Kakashi quien seguía discutiendo con Tazuna, y a Naruto quien los observaba atentamente.

Caminamos por algunos segundos hasta que finalmente se detuvo.

– No creo que sea prudente alejarnos de los demás de esta forma, considerando que hace tan solo un rato unos ninjas intentaron atacarnos. –comenté.

– Cállate. –ordenó bruscamente el pelinegro tomándome por sorpresa.

– ¿Qué te sucede? Estás realmente extraño… –hablé. Estaba realmente confundida por la repentina actitud de Sasuke.

– Tu sabías lo que iba a suceder… –lo escuché mascullar.

Mi cuerpo se tensó levemente.

Él estaba comenzando a sospechar…

Pensé que mis acciones serían lo suficientemente prudentes como para no alertar a un par de gennins como Sasuke y Naruto… pero supongo que era imposible intentar cambiar el destino sin levantar sospechas.

– No sé a qué te refieres. –mentí. Sasuke no pareció contento con mi respuesta y apretó su agarre alrededor de mi muñeca. Una pequeña mueca se dibujó en mis labios al sentir la presión que estaba ejerciendo. – Sasuke, me lastimas…

– No te hagas la tonta. –gruñó. – Tú sabías lo que iba a suceder en esta misión. Lo dijiste en la oficina del Hokage y ahora está sucediendo…

– No sé de qué estás tratando de acusarme, Sasuke. –respondí soltando un suspiro.

– ¿Eres una espía? ¿Por eso sabías lo que iba a pasar? –indagó el pelinegro. Su agarre se apretaba con cada pregunta que soltaba.

– ¿No estás siendo demasiado paranoico? –pregunté intentando zafarme de su agarre. – Lo haces sonar como si estuviese metida en alguna especie de conspiración que busca hacerles daño. –suspiré.

– ¡Deja de intentar evadir el tema! –gritó cansado de mis respuestas evasivas.

– Sasuke… ¿Por qué estás tan furioso? –pregunté con calma. – Si lo que dices es cierto y yo tuviese alguna clase de información al respecto de esta misión… ¿Qué ganas con ello? ¿Qué harías si es verdad? Estas aquí acusándome sin objetivo claro.

Mis palabras parecieron tomarlo por sorpresa. Se mantuvo en silencio, sin saber que responder, su cuerpo tiritando levemente mientras que su agarre alrededor de mi muñeca se aflojaba.

Suspiré y negué con la cabeza.

– Vamos. Se preocuparán si no volvemos. –dije mientras me daba la vuelta y comenzaba a guiarlo por el camino que habíamos recorrido anteriormente.

Cuando llegamos pude ver que Kakashi y los demás nos estaban esperando.

– ¿Dónde estaban, dattebayo? –preguntó Naruto.

– Lo siento. Tenía que ir al baño, pero no me pareció conveniente ir sola debido al ataque de hace un rato… Le pedí a Sasuke que me acompañara para estar segura. –mentí.

– ¿¡Dejaste que Sasuke-teme te acompañara al baño!? ¡Pero, Sakura-chan! –se quejó Naruto. Un ligero rubor cubría sus mejillas… No quería pensar en lo que debía estarse imaginando este tonto.

Decidí ignorarlo y acercarme a Kakashi-sensei.

– ¿Qué haremos ahora? –pregunté lanzándole una mirada.

– Tenemos que continuar nuestro camino. –dijo el peliplata.

– ¿Eso significa que continuaremos con la misión? –preguntó anonadado Sasuke. – P-Pero…

– ¿Tienes algún problema con eso, Sasuke? –preguntó nuestro sensei. El pelinegro pareció dudar por un par de segundos antes de negar con la cabeza y desviar su mirada hacia otro lado, intentando recobrar su actitud normal. – En ese caso es hora de marcharnos.