RAA.

Capítulo 2.

Candy gimió desde su interior, las manos expertas de Albert la recorrían a placer de una forma que nunca pensó posible, hacía mucho rato que había dejado de pensar, y solo se había entregado a sentir, sus besos y caricias la sacaban de este mundo, y ella se retorcía de placer bajo sus atenciones, su mente no conseguía procesar pensamiento alguno, sentía su característico aroma, y su presencia abrumadora sobre ella, inmovilizando su cuerpo, teniéndola a su merced.

De pronto el aroma de café se coló por sus fosas nasales, y una grave voz masculina la sacó del mágico lugar dónde se encontraba.

Anda pequeña dormilona, debes despertarte si pretendes que lleguemos a tiempo a la junta. –

Candy enfocó su mirada en el monumento de hombre impecablemente vestido que tenía frente a ella, se veía tan fresco como una lechuga y pasaba suavemente bajo su nariz una taza de humeante café negro. Tomó la taza y volteó a su alrededor, no sabía en dónde estaba.

¿Dónde…?

En mi penthouse aquí en New York. – Albert se divirtió al ver como los ojos de ella se abrían desmesuradamente y se incorporaba cual resorte en la amplia cama, lo cual por supuesto la hizo cerrar los ojos ante la punzada de dolor que debió haber atravesado su cabeza. - ¿No recuerdas que pasamos una magnífica noche? – le preguntó él a propósito.

Candy se dio cuenta que llevaba puesta una enorme camiseta de la universidad de Oxford y entró en pánico.

Jajajajajaja, deberías ver tu cara en estos momentos, y yo debería sentirme insultado de que pienses que sería tan malo pasar una noche en mis brazos. –

¿Albert? –

Relájate, no pasó nada, solo bebiste demasiado anoche, ¿no lo recuerdas?

De pronto Candy lo recordó, después del cine en el parque habían ido los cinco a un bar, ya que Isabella se les había unido en el parque, y ella que rara vez tomaba no había querido parecer una chiquilla frente a Albert, así que había aceptado el trago de tequila que él le había ofrecido, así como los cuatro que siguieron, por supuesto que al final de la noche apenas podía mantenerse en pie, lo último que recordaba era que el bar daba vueltas.

Lo siento… -

No te disculpes, debiste decirme que no acostumbrabas tomar. –

¿Por qué me trajiste contigo?

Porque no me iba a arriesgar a que tuvieras una congestión alcohólica estando sola. Siempre cuidé de ti pequeña, no sé porque te sorprende, ahora tómate este café, bueno en realidad tomate primero estas aspirinas y el suero.

No creo que sea buena idea.

Estás deshidratada, créeme que el café no será la mejor opción, anda, sé una buena niña y hazme caso. Después debes darte un baño, tenemos dos horas para llegar a nuestra junta y no sé cuánto te toma deshacerte de tus rebeldes rizos. - le dijo en tono burlón mientras le jalaba la cobija y dejaba sus desnudas piernas expuestas haciéndola consciente de que él debió desvestirla antes de acostarla y se ruborizó.

Albert leyó su pensamiento y recordó por un momento la imagen que se había quedado grabada en su mente, algo le había quedado claro esa noche mientras la desvestía y le ponía una camiseta suya encima de su ropa interior, Candy White-Rowan ya no era una niña.

Calma, te he visto antes en bikini, ahora entra en ese baño y deja de perder el tiempo, voy a prepararte un remedio mágico para la resaca….

Albert. – lo interrumpió ella.

¿Sí?

No tengo ropa.

En el baño hay todo lo que puedes necesitar.

No usaré la ropa que alguna de tus conquistas dejó olvidada. – le dijo ella indignada, lo cual encendió la mecha del rubio que había sido toda paciencia y preocupación hasta el momento.

No sé por quién me tomas. Llamé a mi asistente personal y lo mandé a comprar un outfit para ti, así como lo que puedas necesitar, maquillaje, una plancha para el cabello, todo, tiene un gusto excelente, así que tienes tres opciones de ropa y zapatos, si gustas deja lo que no uses aquí para la próxima borrachera. Y para tú información mis conquistas no ponen un pie en mi casa, es más eres la primera mujer que duerme en esa cama además de Rosemary. Ahora date prisa. – le dijo él en un tono que hubiese congelado al infierno, para después salir y cerrar la puerta tras de él.

Candy miró a su alrededor, la habitación estaba decorada en tonos neutros, todo era lujoso y exquisito, se dio cuenta que debía ser la habitación de huéspedes, la pared era de cristal templado con esmerilado para evitar que se viera el interior, sabía que había sido injusta con él, y su actitud relajada y condescendiente con ella al principio era la causante, le había hablado como a una niña, pero a la vez había sido más que considerado, Candy observó pulcramente colgados en el vestidor las tres opciones de outfit, y se dio cuenta de que los tres eran vestidos.

Albert tenía razón su asistente tenía un gusto exquisito, se dio un baño y cuando salió se sorprendió de encontrar un frasco de su perfume favorito, el maquillaje de la marca que acostumbraba, estilizó su cabello con la secadora dejándolo rizado esta vez solo acomodando el flequillo y las puntas con la plancha. La lencería era exquisita, un juego de precioso encaje color marsala, tomó de la percha el vestido que tenía pegado un post it que decía "este".

Era un vestido de día color verde jade, ajustado al cuerpo, de corte recto, con cuello bote que dejaba ver sus clavículas más no sus hombros, manga hasta los codos, el largo caía hasta la rodilla, la tela era exquisita, y por supuesto era de diseñador. Candy se contorsionó tratando de alcanzar el zipper que se había quedado en un lugar inaccesible, maldijo en voz baja, Dios, extrañaba los pantalones cómodos, las camisas de algodón y las botas prácticas que había usado durante los últimos dos años.

Se rindió, sabía que jamás lo alcanzaría, tomó un par de altísimos pumps color nude de piel y salió de la habitación, en busca de Albert, descendió las escaleras hasta el área social, Albert estaba sentado en el comedor hablando por teléfono en perfecto mandarín alzó la vista para verla y le indicó el asiento frente a él para que desayunara, pero ella se acercó a él y sin decir palabra le dio la espalda para que el pudiese ver cuál era su problema, Albert perdió el hilo de su conversación en mandarín y dijo que llamaría más tarde, la blanca espalda desnuda cruzada por un exquisito brassier de encaje, la perfecta silueta enmarcada en el vestido al que él juguetonamente le había pegado un post it. La verdad era que no quería subir el zipper, sino bajarlo y deshacerse de las citas del día…

No alto, Albert, es Candy, prácticamente tu hermanita. Pero no es… demonios, se concentró en tomar el diminuto zipper y subirlo hasta su cuello. Que ahora quedaba libre ya que los rizos hacían su cabello menos largo, su fragancia era intoxicante, y sin darse cuenta sus manos reposaron en su nuca mientras su pulgar acariciaba levemente su suave piel de alabastro.

¿Albert? – su voz lo regresó a la realidad.

Lo siento, me quedé pensando en la llamada. –

Lamento haberte interrumpido no tenías que colgar. –

No te preocupes, desayuna algo, tienes 15 minutos, escoge un bolso…

¿Bolso?

Ok, mi error fue decirle a Neal que tenía carta blanca para gastar a la hora de vestir a Candice White- Rowan. –

Jajajajaja, lo agradezco, el perfume, el maquillaje… todo…

No me preguntes como lo hizo.

El perfume…

Sí el perfume lo reconocí ayer, es el mismo que elegí para ti en el cotillion, no puedo creer que aún lo usas…

Tienes buen gusto.

La mirada verde de ella se clavó en el azul de él, con los altísimos tacones ella seguía estando unos 20 centímetros por debajo de él, y Albert quería acortar la distancia, Candy era dolorosamente consciente de donde estaba, había despertado con él, compartiría su desayuno, su mañana… era una fantasía hecha realidad. El sonido del celular los hizo brincar, y Candy procedió a beber el jugo verde que él le señaló y a comer parte del plato de huevos con tocino y pan tostado que pensó no podría retener, pero que milagrosamente hicieron el efecto de asentar su estómago.

Albert había desaparecido, ella tomó una de las tres exquisitas bolsas, y cambió el contenido de su bolsa anterior a esta. La verdad era que le venía bien, había tenido que asaltar el closet de Annie para ir esos días al corporativo, su guardarropa consistía en cosas prácticas y totalmente inapropiadas para tomar la presidencia de la filial americana del consorcio Andrew – White-Rowan.

Albert reapareció al poco rato y la examinó de arriba abajo.

Te ves perfecta. ¿qué tan bueno es tu alemán?

Tan bueno como tu mandarín.

Perfecto, entonces asumo que aprendiste algo más además de a cantar "O Tannenbaum" – le dijo el con sorna recordando como a los 10 años durante unas vacaciones navideñas ella no paraba de cantar la cancioncilla que había aprendido en alemán.

Tenía 10 años… - le dijo ella con un puchero muy parecido al que hubiese hecho a los 10.

Jajajaja sí, y eras encantadora. – la suave voz grave sonaba acariciante, y su mano varonil fue hasta su cabello para acomodar un rebelde rizo.

Ella rompió la magia del momento a propósito con una afirmación petulante.

Bueno, tal vez debiste leer mi curriculum así como yo hice con el tuyo.

¿Qué aprendiste? Pensé que solo habías leído las notas de sociales dónde hablan de mi escandaloso comportamiento con las mujeres.

No. Sé que hablas 7 idiomas, dos más de los que hablabas a los 24 que fue la última vez que te vi. Aparte de los estudios en finanzas, tienes dos masters, uno en desarrollo de nuevos mercados, y otro en economía. Has tenido éxitos sin parar desde que te involucraste el corporativo, tus inversiones en la bolsa son sólidas, tienes inversiones privadas, y eres respetado en el medio. En lo personal no se te conoce una sola novia seria, y aunque tienes fama de playboy no hay un solo escándalo. Aún practicas el polo, eres alérgico a las nueces, o al menos eso dices porque no te gustan, las mujeres te gustan altas, delgadas, y sofisticadas, aunque hubo por ahí una que no encajaba en esa descripción, era voluptuosa, no tan alta, una modelo de Victoria Secret, según me dicen, latina además, amas los autos deportivos, los coleccionas, apoyas obras de beneficencia en favor del medio ambiente, los niños y los animales, y una vez al año despareces en alguna zona tercermundista para hacer trabajo voluntario, normalmente en África…

Vaya, ese no es mi curriculum, eso es hablaste con mi madre y con mi hermana.

Jajajajaja, bueno, bien sabes que Pauna y Rosemary me adoran. – le dijo ella con una sonrisa encantadora.

Vamos se hace tarde.

¿Puedo conducir tu Porsche?

No.

Soy buena conduciendo, y puedo pilotear helicópteros,

No hay relación entre los helicópteros y mi Porsche, Andiamo cara mía. – le dijo él de la manera juguetona y teatral que usara con ella 10 años atrás cuando de casualidad iba por ella al colegio y hacía que las compañeras de curso se pusiesen verdes de envidia al verlo tomar sus libros y conducirla al auto, ahora parecía que eso había sido en otra vida.

Candy lo siguió hasta el ascensor y mantuvo una conversación de negocios con él durante el camino a las oficinas, Albert se sorprendió de su habilidad para hacer las preguntas correctas y de su conocimiento sobre los temas a tratar.

Llegaron a tiempo para la junta, Patty y Anthony los esperaban, dieron inicio a la reunión y pudo comprobar que ella no mentía, su alemán era casi perfecto. Trabajaron sin parar todo el día, Albert así lo acostumbraba, y ella no se amilanó, no se quejó ni una vez, sólo cuando le dijo que debían ir a una cena de negocios formal lo vio con duda.

¿Qué sucede?

Tengo que ir a casa de Annie.

Candy, eso tomará demasiado tiempo. Llámale y cancela, ve a tu penthouse y arréglate… - el vio su mirada preocupada. - ¿qué sucede?

Ok, esto es embarazoso. –

Puedes decirme lo que seas.

Debo ir a casa de Annie, porque no tengo que ponerme.

Cualquier vestido formal debe funcionar… no vas a una pasarela.

Albert, llegué a New York hace cuatro días, y me la he pasado usando ropa de mi hermana, hasta esta mañana que usé lo que tu asistente compró…

No entiendo.

He vivido los últimos dos años en lugares del mundo donde no se necesita un vestido formal o tacones, no he ido de compras y no tengo un penthouse, vivo con Annie.

¿Al otro lado de la ciudad?

Sí…

¿Cómo has llegado hasta aquí?

Usé el metro.

Albert la vio sorprendido, definitivamente la chica era una caja de sorpresas.

Bien, tendremos que remediar todo eso.

¿Cómo…?

Sígueme, no tenemos tiempo.

Ella tomó su bolso y salió detrás de él mientras él hacía una llamada que no entendió muy bien. Subió al Porsche cuando él le abrió la puerta y se acomodó dentro.

¿A dónde vamos?

De compras

No necesito ir de compras.

Candy, eres la presidenta de la filial americana de una de las más grandes transnacionales del mundo, no puedes vivir con ropa prestada, ni tomar el metro para cruzar la ciudad, necesitas un guardarropa nuevo y un lugar donde vivir.

Albert…

Escucha me mandaron a hacerme cargo de ti.

De que supiera que hacer en los negocios.

Tener un lugar adecuado donde vivir y vestirse a la altura es parte de los negocios. Ahora bien, un guardarropa nuevo no lo obtendremos mágicamente, tienes lo suficiente para los próximos tres días en la mañana, hay que conseguir tres vestidos formales, porque tenemos cenas esta semana, y uno de gala para el sábado, hoy solo aspiramos al de esta noche, le pedí a Patty que cancelara nuestra mañana para remediar esta situación, y en lo que encontramos el penthouse adecuado te quedarás conmigo.

Albert…no puedo invadir tu privacidad de esa forma.

Candy, somos prácticamente familia, crecimos juntos, tú misma lo has dicho mi madre y mi hermana te adoran, y si mi memoria no me engaña solías pegarte a mí para ir conmigo a dónde fuera hasta que cumpliste los 16. Puedes vivir conmigo mientras conseguimos el lugar adecuado y lo mandamos decorar.

Debo preguntarle a mi padre.

Tienes 25 años y dirigirás la mitad de una de las transnacionales más grandes del mundo, no tienes que preguntar, sino informar por mera deferencia a Victor.

Jajajaja a mi padre no le hará gracia escucharte decir eso.

Dejemos eso para después, ahora Neal nos espera. – entregó las llaves de su auto al valet y dio la vuelta para abrirle la puerta y ofrecerle su mano para ayudarla a descender.

¿No tiene otra cosa que hacer tu asistente personal aparte de ir de compras?

Ese es su trabajo, es mi personal shopper. Aprovéchate de él.

¿Te dice como vestirte?

No, pero se encarga de que consiga lo que me gusta de manera exclusiva y antes de que salga al mercado.

Eres un vanidoso.

No, soy un hombre ocupado. – le dijo el entono defensivo.

Jajajaja. – La rubia se paró en medio de la tienda muerta de la risa.

Candy….

Lo siento, es demasiado gracioso, tienes un empleado que se encarga de vestirte, ¿no sería mejor para tu reputación que fuera mujer? jajajaja

Lo intenté, pero no funcionó. – admitió él.

Déjame adivinar se enamoraban de ti. – le dijo ella apenas logrando contener la risa.

No le veo la gracia.

Es irreal…

No querida, has vivido demasiado tiempo lejos de nuestro mundo, o más bien nunca viviste en él. ¿Cómo Annie logra siempre obtener los diseños exclusivos?

Supongo que va de compras.

Te equivocas, conoce a los diseñadores, tiene una imagen, es una it girl a la que le mandan cosas para que las use, y tiene una compradora personal que se hace cargo de gestionar esas relaciones con los diseñadores, además de la relación personal que tiene ella con los diseñadores, lo mismo tu madre, y la mía, y mi hermana, y bueno la de nuestras madres se hacen cargo de nuestros padres. Candy, es otro mundo, uno que no te has molestado en vivir o conocer jamás.

Candy guardó silencio y consideró por un momento lo que Albert acababa de decir, y recordó vagamente cuando eligió su vestido para el cotillion, diseñadores habían mandado opciones para que ella escogiera… Albert tenía razón, tenía noción de negocios, hablaba 7 idiomas, conocía su trabajo, podía pilotear un helicóptero, pero jamás había tenido que vivir en ese mundo, su padre no se lo había pedido, había ido a la universidad como una alumna más, se había quedado en los dormitorios y usado transporte público, por primera vez un aspecto que no había considerado de lo que ahora era su vida se revelaba ante ella, y se preguntó no por primera vez si en verdad lograría hacer lo que se esperaba de ella.

Albert la observó en silencio, la mirada divertida había cambiado a una de preocupación y pánico.

¿Qué sucede?

Nunca lo había considerado… es abrumador.

No tienes que hacerlo sola, yo te ayudaré, ahora vamos hay que elegir vestido y joyas en 40 minutos y después ir con el estilista.

¿Tan obvio es que apenas sé qué hacer con mi cabello y maquillaje?

No para mí, Candy, eres hermosa, no necesitas de mucho, pequeña, pero la esposa de nuestro inversionista de esta noche es una arpía, así que debes verte impecable, despampanante, y aparentar un poco más que los 22 años que aparentas.

Bien, vamos… Albert. – ella lo detuvo poniendo su pequeña mano en la de él. Una descarga de electricidad cruzó sus cuerpos.

¿Qué sucede?

Gracias.

No tienes que agradecerlo. Pero si te sientes demasiado agradecida tal vez está noche pueda darte un par de ideas sobre como demostrar tu agradecimiento.

Eres odioso. – le dijo ella enojada ante la descarada insinuación.

Albert la vio echar a andar con seguridad, su vulnerabilidad lo hacía bajar sus barreras y la intensidad de su atracción por ella lo sorprendía a cada momento, debía alejarla, no podría vivir con ella y resistir llevarla a su cama, y eso sería imperdonable, desastroso, y una tragedia, porque algo le decía que el día que llevara a Candice White-Rowan a su cama sería el fin de su amada soltería, y eso era algo que no estaba listo para dejar ir.