Gracias chicas por su entusiasmo. Mil bendiciones, y espero que esto siga siendo de su agrado.

Thank you Reeka21 for your words, I hope this fic compensates the other one.

Alessandra, Grazie mille, per il tuo review, il mio italiano é molto semplice, ma é il mio piacere rispondi alle il tue bellisimi parole, ma spero che la storia continui a farti piacere. Ciao.

RAA

Capítulo 4

Confiésalo.

No sé qué quieres que confiese Patty.

Confiesa que Albert no te es indiferente.

Jajajaja, creo que a ninguna mujer sobre el planeta tierra le es indiferente, incluyéndote a ti.

Candice White Rowan, tienes un mes viviendo con ese monumento de hombre y juras que te es indiferente…

¿Qué le es indiferente? – preguntó el aludido que acababa de entrar en el cuarto de Candy sin llamar con una fina camisa color gris desabotonada y un par de corbatas en la mano, era sábado en la mañana y tenía que asistir a una reunión de hombres de negocios.

Ambas mujeres lo observaron abiertamente por un momento, el abdomen perfectamente marcado, los anchos hombros…

Oficialmente se lo que se siente ser utilizado como objeto sexual. ¿Quieren que me dé una vuelta? ¿flexiono los brazos?

Podrías voltearte y dejarnos ver cómo te queda el pantalón. – le dijo Patty con una sonrisa burlona.

Bien, creo que mejor las dejo. – dijo el rubio resignado.

Jajajajaja, no seas sensible, que no es más de lo que muchas mujeres han tenido que soportar de tu parte. – le dijo Candy juguetonamente.

Por Dios Candy, tengo fama de playboy, de coqueto, pero no de acosador, has vivido conmigo un mes, y por jamás te he faltado el respeto sin importar que tan cortos sean tus shorts. – le dijo él con toda seriedad.

Es porque soy tu hermanita… así de simple, pero venga, creo que la corbata color vino ira mejor con tu atuendo. – le dijo mientras se paraba frente a él y abrochaba cada uno de los botones de su camisa con tortuosa lentitud.

Albert aspiró su perfume, y sintió la calidez que emanaba su cuerpo, no podía ver la expresión de su rostro, solo el de Patty, lleno de sorpresa ante lo que Candy estaba haciendo. Tomó una de las corbatas de sus manos y poniéndose de puntitas mientras él se agachaba hizo el nudo con manos expertas, Patty alzó una ceja, al parecer esto era rutina entre el par de rubios.

¿También lo vas a fajar? – preguntó la castaña interesada en verlos sonrojarse a ambos.

No. Es perfectamente capaz de hacerlo, pero eso de elegir corbata…

Ni que decirte O´Brian, esta señorita se ha vuelto necesaria, sin ella no sé qué haría. – le dijo mientras entraba al vestidor de Candy para fajarse.

¿A qué hora sales del desayuno?

Espero que no más tarde de la una, ¿por qué?

El lunes es Memorial Day, y mis padres estarán en los Hamptons… - le dijo Candy dudosa, después de todo seguro tenía planes.

Por supuesto, paso por ustedes alrededor de la una, estén listas, ¿viene Annie?

No, ella ya está allá…

Bien princesa, haz tu maleta y yo haré lo posible por salir temprano.

¿Quieres que avise que vas con alguien? –

Albert asomó la cabeza por el vestidor para verla confundido.

¿Alguien? Invitaste a Anthony e Isabella supongo.

Creo que Candy quiere saber si hay una amiga con la que pasarás el Memorial Day. – le informó Patty ignorando la mirada de fuego de la aludida.

Soy escocés, ¿lo recuerdan? No sé muy bien cómo funciona esto del Memorial day, en todo caso las llevo a ustedes dos. - salió del vestidor y se dirigió a su habitación sin decir más.

¿Qué pretendes Patricia?

Eso era lo que querías saber, además ¿Qué te traes con abrocharle la camisa?

Nada, normalmente no lo hago, solo que siempre se queja de cerrar los cierres de mis vestidos y le dije que yo abotonaría su camisa ya que no era ningún trabajo.

Te das cuenta de lo que pasa aquí ¿verdad?

No pasa nada Patty, en verdad me ve como su hermanita.

Si, claro, y ¿cuántas citas has tenido desde que llegaste a New York?

Sabes bien, que no tengo tiempo para citas.

¿Y él?

No lo sé.

Si lo sabes, ninguna.

Hemos tenido mucho trabajo.

¿Candy? – Albert las interrumpió una vez más entrando a la habitación.

¿Sí?

Pensaba hacer mi maleta, pero se me hará tarde, y no se bien cuál es el plan con tus padres, habrá mucho tráfico hasta los Hamptons entre más tarde salgamos…

Vete, yo haré tu bolso de fin de semana, te mando fotos y me dices si algo no te gusta.

Mete lo que quieras, gracias pequeña. – dijo él mientras la besaba en la frente. Y le dedicaba una sonrisa de despedida breve a Patty.

Dios, Candy, eres la futura señora Andrew, o más bien eres la señora Andrew sin el título.

Calla Patricia, ya te dije que somos prácticamente familia.

Bien, no diré más, ahora hagamos tu maleta y la de Albert, y después iremos a mi casa por mis cosas, y a comprar provisiones para el camino, y estaremos de regreso a tiempo para cuando llegue el príncipe.

Jajajaja, Patty…

Así le llamabas cuando eras pequeña, era el príncipe de la colina. ¿Lo has olvidado?

¿Cómo podría?, él vestido en el tartán de los Andrew, tocando una gaita… - la mirada de Candy era soñadora.

Claro y diciéndote que eres más linda cuando ríes que cuando lloras.

Jajajajaja… espero que él no se acuerde… así lo llamaba en su cara… - Candy se puso roja tan solo de recordarlo.

Te acaba de llamar princesa.

Ya lo hacía antes Patty. No puedo negarte que me gusta, lo sabes bien…

No te gusta, lo amas, siempre lo has amado.

No quiero pensarlo Patty, solo sé que tengo 11 meses para disfrutar de su compañía, casi como lo soñé, y que seguramente después de este tiempo, me romperá el corazón verlo partir.

Candy…

No digas nada, déjame disfrutar del único imposible de mi vida.

No creo que sea un imposible Candy…

Patty, por favor no me des esperanzas, no las tengo, nunca las he tenido... vamos terminé aquí, vamos a hacer su equipaje.

Debes incluir un traje de lino, recuerda que habrá una fiesta blanca…

¿Sí no tiene?

Es Albert Andrew, debe tener de todo.

Y así fue, el closet estaba perfectamente ordenado y en él había todo lo que podía ser necesario, en poco tiempo tenían todo listo, y salieron hasta el auto con chofer que esperaba por ellas para ir por las cosas de Patty a casa de sus padres, y por comida para el camino, el viaje a los Hamptons podía tardar siendo un fin de semana festivo.

Cuando regresaron Candy se dio un baño y tomó un lindo sun dress de color azul cielo, era largo de fluida tela, con una gran abertura al frente que dejaba enseñar sus piernas, se calzó unas sandalias de piel color nude, sin tacón, tomó un sombrero de paja y lentes oscuros, sabía que cuando llegaran habría invitados en casa… siempre había invitados.

Cerca de las 12 Albert llegó y se deshizo de su saco a cuadros mientras subía las escaleras casi choca con Candy que venía bajando, para evitar que se callera la abrazó por unos segundos.

¿Estás bien?

Sí, lo siento…

Yo lo siento, iba con prisas para vestirme, te ves hermosa… debo arreglarme supongo.

No lo sé a ciencia cierta, pero Annie está a cargo del fin de semana así que…

Habrá invitados y fiestas.

Sí, me temo que sí…

Ánimo, te prometo que nos la pasaremos bien, incluso podremos darnos una escapada si el ambiente se vuelve pesado. Sonríe.

Gracias, Albert.

Dame 10 minutos y nos vamos. – en un gesto sencillo tomó su mano y la apretó, para después dejarla pasar.

Patty los observaba en silencio, eran unos ciegos. Bastaba ver como se derretían el uno por el otro, y por un momento pensó en ayudarles, aunque luego lo pensó mejor y decidió dejarlos darse cuenta por sí mismos, era imposible pensar que con la química que tenían no terminarían por descubrirlo por ellos mismos.

Albert bajó unos minutos después vestido con pantalones azul marino y camisa blanca, y en un gancho llevaba un saco color arena de lino.

Sabes pequeña, pensaba que el juego de brazaletes y gargantilla de oro irían perfectos con tu vestido.

¿Tú crees? ¿no es demasiado?

No, no lo es, anda, ve a ponértelo.

Albert la observó partir por la escalera, y luego volteó a ver a Patty con una sonrisa enigmática.

¿Qué hiciste Andrew?

¿Por qué lo preguntas?

Tienes cara de travesura.

De pronto un pequeño grito de placer y los pasos de una chica apresurada resonaron en la duela.

¡Albert! – le dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja, mientras él se acercaba a la escalera, en cuanto lo tuvo cerca se lanzó a sus brazos, él la atrapó en el aire y dio dos vueltas con ella en volandas.

¿Te gustó?

Es divino, pero no debiste.

No te había comprado regalo de cumpleaños.

Todo esto sin soltarla. Patty no hallaba donde meterse. Candy se dio cuenta e hizo ademán de soltarse.

¿Sólo me darás un abrazo?

¿Qué más?

Un beso en tu lugar favorito… - le dijo recordando como de niña Candy solía recompensarlo con un beso en la nariz. La rubia le sonrió y besó la punta de su nariz antes de que él la pusiera en el suelo.

Bien, debe ser un muy buen regalo para obtener eso de ti….

Jajajajaja, sabes que no, podría haber sido cualquier cosa, y hubiese reaccionado igual de entusiasmada. – le dijo Albert divertido.

Pero no compró cualquier cosa. – le dijo ella mientras le mostraba a Patty un hermoso brazalete de oro sólido con zafiros y esmeraldas incrustados en un patrón definido, que Patty pudo reconocer como la constelación de Orión.

Es hermoso.

Es la primera constelación que le mostré en el telescopio cuando era una niña.

Vamos, se nos hará tarde. – dijo Patty, serenamente, debía hablar un poco con Albert, y lo haría en cuanto pudiera.

El camino The Hamptons fue divertido, mientras los tres cantaban y comían el trayecto pasó rápido, al poco tiempo la fresca y elegante mansión estilo mediterráneo de los White-Rowan se dibujó en el horizonte cuando recorrieron el extenso terreno que llevaba hasta el mar, y dónde encontraron enclavada en lo alto de un risco la casa que por generaciones había pertenecido a la familia.

Albert condujo el Land Rover por el camino hasta la entrada principal, dónde un valet tomó las llaves y alguien más se hizo cargo de su equipaje, Albert ayudó a bajar a las chicas, y sin pensarlo tomó a Candy de la mano, para darle seguridad. En cuanto entraron una espectacular mujer de cabello oscuro y facciones de muñeca vino a su encuentro con una gran sonrisa, Katherine White-Rowan era hermosa, vestía de blanco, pantalones y camisa de lino, y se dirigía a saludar a su hija menor con mirada llena de orgullo. Aunque Annie era la consentida de su madre, Katherine adoraba a Candy, a pesar de que muchas veces no entendía que era lo que su pequeña quería de la vida.

Candy, hija. – la envolvió en un abrazo y permitió que una lágrima corriera por su mejilla.

Mamá… -

Lo siento, sé que estoy siendo una tonta, pero hacía tanto que no te veía en casa. – no había reproche en su voz, solo felicidad.

Me gusta estar en casa.

Albert, dime que estás cuidando bien de mi niña. – le dijo con su melodiosa voz mientras besaba la mejilla del apuesto hombre, que había visto crecer.

Más le vale que así sea. – dijo una voz firme con el característico acento escocés.

Papá. –

Sorpresa hijo, tenía que venir a ver cómo les iba, tú madre insistió. – dijo William Andrew mientras abrazaba a su hijo y saludaba a Patty y a Candy.

Así que contéstale a tu madre Candy, cómo te trata el don Juan que tengo por hijo.

William, tú sabes que Albert es un caballero. – lo reprendió Pauna entrando en el vestíbulo. – ¿no es así Candy? -

Por supuesto que sí Pauna, y no te preocupes William, ya estoy trabajando en ayudarle aponer los pies sobre la tierra. – dijo la pequeña rubia con un destello en su mirada. – ¿No es así Andrew?

¿Qué puedo decir?

Qué Candy siempre ha sabido hacer contigo lo que quiera hermanito. –

¡Rose! – Candy abrazó a la bella hermana de Albert, era unos cuatro años menor que Albert, y Candy y ella siempre habían sido buenas amigas.

Vamos, pasemos al jardín, Annie organizó una reunión. –

Victor entró justo a tiempo para recibir a su hija con un fuerte abrazo, mientras William Andrew ofrecía su brazo a Patty y a Katherine, ya que Albert llevaba a su hermana y a su madre. Candy se retrasó un poco a propósito para hablar un tiempo a solas con su padre.

¿Cómo has estado papá? – le preguntó la rubia con cara de preocupación, en el momento del infarto no le habían avisado con tal de no hacerla volver sin necesidad, y hasta pasados cuatro meses Víctor le había dicho lo sucedido, y le había pedido que volviera. Candy entendía las razones, pero no dejaba de preocuparse por el estado real de su padre.

Estoy bien mi niña, no tienes de que preocuparte, fue algo leve, y tú madre ha cambiado mi dieta y ritmo de trabajo, así que no hay porque poner cara de angustia. Mejor debo felicitarte, todos los comentarios de quienes han tratado contigo son muy positivos mi amor.

Bien sabes que Albert no me deja sola.

Trataste con Richard Grandchester sin él.

Sí, pero llegó en medio de la junta para responder las preguntas más complicadas.

Lo harás bien mi amor, no te preocupes por ello. Dime, ¿Cómo vas con Albert?

Bien, hemos desarrollado una rutina, y la verdad es que hace todo por ayudarme.

Escuché que logró que fueras de compras.

Jajajaja, eso es lo que más impresionó a Anne, y no que pueda tener juntas con los inversionistas de la empresa.

Conoces a tú hermana. Y espero también sepas que te quiere.

Lo sé papá, solo somos muy diferentes.

¿No quieres mudarte de departamento?

No papá, por ahora está bien, ¿Te ha dicho algo Albert?

No, él está encantado de que vivas con él, creo que también se siente solo… tal vez…

No te hagas ideas, sabes bien que siempre hemos sido amigos.

Bien, le diré eso a tu madre.

Jajajaja, te pidió que me preguntaras.

Sí, sabes bien, que ella y Pauna siempre quisieron que las familias se unieran, y aunque creo que tú madre alguna vez pensó que Annie podría ser la elegida, comienza a preguntarse sí…

Papá, somos amigos.

Muy bien cariño, vamos a unirnos a los demás, sonríe y prepárate. – le dijo enigmáticamente.

Candy solo sonrió y caminó del brazo de su padre hasta el jardín trasero, la vista era espectacular, el Atlántico norte como fondo, lujosas mesas de buffet con manteles blancos, y por supuesto la crema y nata de la sociedad, en su mayoría jóvenes apuestos y mujeres despampanantes, normalmente Candy se hubiese sentido cohibida en ese ambiente, pero el mes pasado al lado de Albert y su desbordante seguridad parecía haber permeado en ella, de inmediato divisó a Albert rodeado de mujeres con una sonrisa en el rostro, no la sonrisa genuina y tranquila que reservaba a ella, sino la sonrisa seductora ensayada, y esa aura de intocable que parecía seguirlo a dónde fuera, una de las chicas parecía insistente, peor Candy no pudo ver más, porque un trío de jóvenes que al parecer ella debía conocer por la forma familiar en que la saludaron y le dieron casualmente sus rimbombantes nombres, Candy sonrió e intentó ser amable, pero escucharlos contarle sobre quién tenía el auto más caro, o el yate más lujoso se volvió cansado.

¿Entonces sueles montar en competencias de exhibición? – preguntó el joven de su izquierda, Roland.

No… nunca he montado en competencias de exhibición.

Anne dijo que amas los caballos…

Sí, y me gusta montar, pero…

Ah ya sé, dijo algo sobre que viajaste de safari. – interrumpió Thomas.

Jajajaja, Candy rio dentro de ella, ahora sabía cómo era que su hermana justificaba sus ausencias.

Estuve en África los últimos seis meses.

¿Cazaste algo interesante?

No realmente. – le dijo Candy dudosa.

Sólo fuiste a observar. – dijo el otro hombre de manera lógica.

Dios, estos hombres eran verdaderamente estresantes. De pronto un par de brazos rodearon su cintura y el aroma familiar de Albert mientras plantaba un beso en su cuello le sorprendió, y le hizo sentir que flotaba. Su calidez y fuerte presencia eran abrumadora, y siguiendo el juego elevó su mano para enredar sus dedos en su cabello en un gesto íntimo.

Roland, Thomas, John, agradezco que mantuvieran a mi hermosa novia entretenida por un rato. – les dijo con una sonrisa desfachatada el atractivo rubio.

¿Novia? Anne dijo que…

Es reciente, no lo hemos anunciado a la familia, pero ya veo que será necesario. –

Bien Albert, ya nos parecía raro, los dejamos solos.

Ah, y, por cierto, no fue de safari, ni de paseo, estuvo seis meses en Sudán desarrollando tecnología sustentable para proveer de luz y agua potable en esa zona, además de que ella misma piloteaba helicópteros de la cruz roja en misiones de rescate.

La mirada confundida y asombrada de los tres hombres no tenía precio, se despidieron y fueron a buscar mujeres más apropiadas para ellos.

Albert la soltó de la cintura y la hizo girar para verlo.

Lo siento, te veías acorralada.

Eran soberanamente aburridos, gracias, pero tú te veías bastante entretenido.

Claro, escucharlas hablar del pedigrí de sus mascotas es verdaderamente edificante.

Jajajaja, será un fin de semana largo.

No si nos rescatamos mutuamente, ¿quieres escapar?

Llevamos media hora aquí… no sería apropiado.

Jajajaja, ¿de cuando acá a Candice White-Rowan le importa lo que sea o no apropiado?

Debería importarme, y sé que a ti también te importa cuando no estoy yo para tentarte a que te portes mal, vamos, hagamos las rondas obligatorias, al menos…

Eres la voz de mi consciencia, está bien, pero no te atrevas a dejarme solo, las amigas de Anne son especialmente insistentes.

Pauna Andrew no podía evitar observar a su hijo, desde que se había separado de las mujeres que lo rodeaban y había ido en rescate de Candy se le veía más relajado, la máscara y pose que solía caracterizarlo había desaparecido, tal vez no para todos era evidente, pero para Pauna era más que claro que si bien Albert aún no era consciente de ello se hallaba a gusto junto a Candy, William llegó y rodeó su cintura.

¿En qué piensas?

En que se ve feliz, genuinamente feliz.

No te hagas ilusiones amor mío, Víctor me dijo que le preguntó a Candy directamente y que la respuesta fue que solo son amigos.

Por algún lugar se debe empezar, yo creo que no le es indiferente…

Nunca le ha sido indiferente, pero antes solo era una niña.

¿En verdad crees que algún día se dé cuenta de que la ama?

Creo que es muy pronto para hablar de amor, siempre la ha querido, pero como una hermanita, como a Rosemary…

No te convenceré, pero siempre he creído que es mucho más que eso.

Déjalo solo, es un hombre.

Admite que también te encanta la idea.

¿De qué mi hijo siente cabeza con una mujer como Candy? por supuesto.

No con una mujer como Candy, con Candy.

Al igual que tú la quiero como a una hija, así que no es ningún secreto, pero deja de hacerte ideas y vayamos por una copa.

Pauna tomó la mano de su esposo y camino para integrarse entre la gente, no sin dejar de ver de reojo a la pareja de rubios que platicaba amenamente en un grupito cerrado de amigos y familia.

Allistear y Archibald Cornwell también estaban de visita, ellos junto con Anthony, Albert, Rosemary, Patty, Candy y Annie habían crecido juntos, aunque el mayor de ellos era Albert, todos habían pasado más de un verano de complicidad en alguna de las casas vacacionales de las familias, y ahora como adultos, aunque habían estado alejados por un tiempo, sus destinos parecían cruzarse de nuevo. En ese momento bromeaban haciendo sonrojar a Candy, quien era la menor del grupo por sus ocurrencias cuando niña.

Vamos, deben de recordar la vez que amarró a los patitos para que no se perdieran. -dijo Anthony a propósito provocando la risa de los demás mientras la rubia rogaba que solo fueran sus travesuras y no su amor por Albert lo que se pusiera al descubierto en ese momento.

Lo mejor era escucharla llamar a Albert "Príncipe de la Colina" – dijo Stear sin pensarlo.

Bueno, pero eso no era una broma, en verdad pensaba que era un príncipe, y estaba perdidamente enamorada de él. ¿No es así hermanita?

Vamos Annie, todas teníamos un crush con los hombres Andrew, tú morías por Archie. – dijo Patty tratando de rescatar a Candy.

Y tú por Allistear, pero no por eso los llamábamos príncipes de nada.

No, solo suspiraban porque eran muy guapos. – se burló Anthony sabiendo perfectamente lo que Patty trataba de hacer.

Por Dios, no es lo mismo, Candy nuca dejó de pensar en Albert, tal vez solo cuando conoció a Michael.

¿Michael? - preguntó Albert que hasta el momento había guardado silencio, solo observaba a Candy, y trataba de recordar sí lo que Annie decía era cierto, ¿acaso ella había estado enamorada de él?

Michael es un amigo. – respondió Candy.

Mucho más que un amigo… - dijo Annie antes de que Anthony apretara su brazo en señal de que se callara de una vez por todas.

¿Princesa?

Ahora es un amigo… - le dijo la rubia un poco insegura ante la mirada llena de fuego que él le lanzó.

¿Y antes? – insistió Albert, sintiendo que necesitaba saberlo todo y sin entender por qué.

Su novio, y esperaba ser su esposo, solo que esta hermosa mujer decidió salir corriendo al otro lado del mundo, bueno en honor de la verdad tuvo que salir de allá porque su padre enfermó. – dijo un apuesto rubio con acento francés y ojos color avellana mientras se acercaba hasta Candy para besar galantemente su mano y decirle – hola preciosa, no pensaste que te dejaría ir tan fácilmente ¿o sí? -

Albert Andrew sintió una punzada de celos como nunca había sentido antes, ese hombre había dicho que quería ser su esposo, ¿Quién era? ¿Qué se creía? ¿Qué hacía ahí? Albert no iba a permitir que cualquier mequetrefe que no se merecía a Candy la hiciera su esposa… si lo pensaba bien, no había nadie digno de esa hermosa, alegre, inteligente y sencilla mujer…. La lista de atributos era interminable, Candy… su Candy… ¿Su Candy? ¿Cómo llamarla suya? ¿Tendría esperanza? Jajaja, por Dios, él era Albert Andrew, y ningún tipejo con ínfulas de grandeza iba a ganarle el corazón de su princesa.