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Capítulo 5

Albert Andrew. – dijo el rubio adelantándose para presentarse ante el francés, y así propiciar que soltara la mano de Candy.

Michael Gérard, he escuchado de ti. – le dijo con altivez y apretando fuertemente la mano, por supuesto, ese era un duelo de miradas.

En cambio, yo, no tengo ni idea de quién eres. – le dijo Albert dando a entender que por lo tanto seguramente no era importante.

Michael es médico, trabaja con Doctors wihtout Borders. – dijo Candy tratando de interponerse entre el par de rubios.

Una labor loable. – dijo Albert con un tono neutro y para nada impresionado.

Candy, nena, ¿podríamos ir a caminar a la playa? – preguntó Michael ignorando a los demás. Antes de que pudiese responder Albert intervino.

Lo siento, pero eso no será posible, porque acordamos pasar la velada juntos, y estoy seguro de que mi princesa no faltará a su palabra. – Albert dejó el duelo de miradas y volteó a ver a Candy, era cierto, se lo había prometido, y tal vez era una estupidez permitírselo, pero la verdad tampoco le apetecía hablar con Michael en ese momento.

Michael era un hombre tierno, que la amaba sin reservas, era guapo, carismático, apasionado por su labor y por dónde la realizaba, y ahora estaba frente a ella, lo había dejado todo atrás, después de años de no salir de África estaba impecablemente vestido frente a ella en The Hamptons, y según él venía por ella.

¿Amor? – preguntó Michael en ese tono íntimo que siempre le había derretido.

Albert simplemente la abrazó por los hombros y le dijo:

Vamos princesa, prometiste ver el atardecer conmigo. –

Sin preguntarle nada, ni darle tiempo a reaccionar la guio a los escalones que llevaban hasta la playa, sin soltarla, ni permitirle mirar atrás. La llevó hasta la playa y tras caminar lo suficiente para alejarse de la vista de la casa la hizo girar para tenerla de frente, y después la besó, sus cálidos labios la asaltaron, sus brazos fuertes la rodearon, la alzó en el aire para tenerla a su altura, y por unos segundos, ella se dejó llevar, le correspondió, Albert la estaba besando, de una manera que simplemente le hacía querer fundirse en ese abrazo, de una manera que no le permitía pensar… de pronto él la soltó y dejó de besarla.

Dime que beso mejor que él. – le exigió con ronca e imperativa voz.

Así que esa es la razón. – le dijo ella pretendiendo no estar dolida.

¿De qué hablas? –

Me arrastraste hasta aquí como cavernícola, solo para probar que eres mejor que Michael. Para satisfacer tu vanidad masculina. – recamó la ojiverde mientras lo empujaba.

Candy… princesa…

No me llames princesa, Albert, no puedes hacerme esto, quiero mandarte al demonio, y no puedo, te necesito para que me enseñes de negocios, y pensaba que estábamos logrando algo, pero ahora explícame cómo pretendes que sigamos trabajando juntos, viviendo juntos, si la primera vez que conoces a alguien que me pretende terminas besándome solo para probarme que tu besas mejor. Por supuesto que besas mejor, eres Albert Andrew, y la larga lista de conquistas y las mujeres que hace un rato te rodeaban me dejan muy claro que eres muy bueno besando. Peor yo no necesito al playboy, ni al coqueto y seductor, necesito al hombre, al amigo, al Albert que siempre me ha hecho sentir segura. – esta vez la voz de ella se quebró, y gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas.

Albert de inmediato la trajo hacia él, no con pasión, sino con infinita ternura y devoción, ella tenía razón, lo necesitaba, y no podía echarlo a perder. Y él iba a estar ahí para ella.

Perdóname pequeña, no lo pensé, me enfureció verlo tan seguro de sí mismo, y me pregunté…

¿Qué te preguntaste?

¿En verdad estabas enamorada de mí?

Sí…

¿Te hice daño?

No, pero debí reconocer que solo era tú hermanita, y hacer mi vida.

¿Por eso dejaste de contestar mis mensajes?

Sí… debía crecer y aceptar que nunca me verías como mujer.

Lo siento.

¿Sientes haberme besado, o sientes no haber sabido entonces?

Siento no haberme dado cuenta, y no haber hecho lo que fuera porque no perdiéramos el contacto. Y en verdad siento haberte besado de esa manera, tienes razón, necesitamos poder estar juntos por los siguientes once meses, y no podemos darnos el lujo de perdernos el uno al otro, pero Candy, espero que lo siguiente te quede bien claro. La próxima vez que te bese, será por las razones correctas, ya que cada vez es más difícil verte como una hermanita.

Albert…

Shhh, no digas nada, camina conmigo otro poco, sigue burlándote de mí fama de Don Juan, y cuéntame sobre Michael Gérard.

Aún quieres que te rescate de las amigas de Annie, ¿cierto?

Jajajajaja, sí, y tú no querías hablar con Michael, así que también deberías agradecerme.

Candy solo le sonrió, la leía tan bien.

Gracias.

¿Por qué no querías hablar con él?

Porque se lo que quiere saber, y la respuesta su pregunta no ha cambiado.

¿Quiere saber si serás su esposa?

Así es, pero no puedo, sabes bien lo que se espera de mí, él es un alma libre, nadie le pide que regrese a Francia para hacerse cargo de un imperio, es un chico inteligente y guapo que proviene de una maravillosa familia de clase media, y ¿sabes? por un momento desee ser como él, vivir esa vida a su lado.

¿Y que sucedió? ¿El infarto de Víctor?

En parte sí, pero por otro lado siempre supe que mis andares por el mundo tenían fecha de caducidad, sé que tengo una responsabilidad que cumplir, y no puedo pedirle a Michael que deje sus sueños por mis obligaciones…además… - Candy se detuvo, no podía decirle la dolorosa verdad que después de vivir un mes al lado de Albert se hacía cada vez más evidente, Michael no era Albert, y eso pesaba en el corazón de Candy, meses atrás cuando no había podido responder como Michael soñaba, se había preguntado porque no podía decirle que sí a ese hombre tan maravilloso, y ahora, por fin se atrevía a reconocer la respuesta, la razón era sencilla, Michael no era Albert.

¿Me permites opinar?

Claro, dime que no me merece.

Nadie te merece, y creo que no se trata de merecer, sino de conquistar… -

Albert se debatía entre ser el hombre y el amigo, y decidió que por el momento debía ser el amigo, y darle la oportunidad de decidir si en verdad amaba a Michael. Por el momento él no podía ofrecerle nada, quería descubrir que sentía por ella en realidad, y siendo honesto la competencia le venía bien, lo emocionaba, quería demostrarle a Candy que él era la mejor opción, más aún que él podía ser el amor de su vida, como ella lo había soñado.

¿De conquistar…?

Debes preguntarle a qué vino, si dices que no ha salido de África en tanto tiempo, si sabe quién eres, no creo que vino de vacaciones con la intención de llevarte con él de regreso, sabe que no puedes volver.

Así que debo hablar con él.

No hoy por supuesto, no puedes dejarme a la merced de esas mujeres, pero en algún momento…

¿Crees que haya renunciado a su trabajo?

Creo que un hombre enamorado es capaz de hacer lo que sea por la mujer que ama.

Jajajaja ¿cómo sabes eso? – le dijo ella burlándose de él.

Hay muchas cosas que de mí que no sabes Candice.

Deberías enseñarme cuales son William. – le respondió ella en tono coqueto.

Regresemos a la fiesta, averigua donde se quedará… además debo saludar a un amigo.

¿Un amigo o una amiga?

Un amigo, pequeña entrometida, George Johnson, lo vi de lejos, pero justo tuve que ir a rescatarte y después lo perdí… quiero pedirle que trabaje con nosotros, es excelente en los negocios, no viene de una familia adinerada, pero estudió en las mejores escuelas, y se ha hecho de un nombre y un patrimonio…y … - Albert dudó por un momento.

¿Y? dime, no puedes dejarme a medias.

Está bien, tal vez puedas ayudarme… Quiero presentarlo con Rose.

Jajajajajaj, ¿es en serio? ¿Pretendes hacerle de matchmaker?

No precisamente, pero, siempre he creído que se llevarían bien, además, ¿has visto los señoritos inútiles que andan tras la fortuna de mi hermana?

Jajajajaj, supongo que como los tres que conocí hoy.

Sí, algunos peores.

Vayamos a rescatar a Rose entonces. ¿Crees que Annie y Archie…?

Ok, uno a la vez, pero sabiendo lo sofisticados y "especiales que son" no me parece mala idea.

Encerrémoslos en un cuarto lleno de ropa que no sea de diseñador, dejémoslos entrar en pánico y terminar por consolarse el uno al otro. – le dijo Candy con sonrisa traviesa.

Jajajajaja, podemos presentarles tu closet de antes.

JAJAJA vamos, amas mi ropa anterior.

Claro, especialmente las Timberlands.

Amas las Timberlands con los minishorts. –

Amo poder ver tus piernas, y si debo soportar las Timberlands para eso… so be it. Pero no sigamos hablando de eso, vamos, volvamos a la fiesta a sonreír.

Y a hacer rabiar a todas las mujeres que estarán furiosas de no poder lograr tu atención.

Albert la tomó de la mano y camino a su lado con una sonrisa, justo antes de llegar a la zona desde dónde los verían la soltó, y solo caminó a su lado, como si nada hubiese pasado entre ellos, ambos se esforzaron por hablar tranquilamente, y la tensión quedó olvidada entre ellos, después de todo la confianza, el cariño y la amistad entre ellos no había desaparecido con casi diez años de ausencia, por supuesto que no iba a desaparecer por un rato incómodo, y menos cuando ese rato incómodo había sido algo que ambos habían disfrutado.

Se integraron a la fiesta y cuando simplemente no pudieron más salieron a hurtadillas al cuarto de cine y pusieron una película para ver, al poco rato los demás se les añadieron, estaban cansados, y después de un rato terminaron quedándose dormidos, como cuando eran niños, Pauna y Katherine los encontraron así, despertaron a los muchachos para que fueran a sus habitaciones, y cuando Katherine estaba a punto de despertar a Candy, Albert la detuvo.

Olvídalo, es imposible despertarla. - sin decir más simplemente la tomó en brazos y la llevó a su habitación.

Candy sintió como la depositaba suavemente en la cama, y sonrió entre sueños mientras le decía gracias. Albert no la cambió, solo le quitó las joyas y los zapatos, después de todo estaban en casa de los padres de ella.

Al otro día Candy despertó muy temprano, se dio un baño y se puso ropa de hacer ejercicio, amaba hacer yoga frente a las olas, vestía un par de leggins azul marino, un top y una camiseta de tirantes amplia en color menta, salió tratando de no hacer ruido, aunque en realidad sabía que ninguno era precisamente morning person.

Salió y camino hasta la orilla de la playa, había una terraza de madera de bambú que su madre y su hermana utilizaban para hacer yoga, pero, ella prefería la arena, extendió su tapete, y comenzó su rutina de ejercicios disfrutando del amanecer, necesitaba calma, concentración, y paz mental, pero no era algo que iba a conseguir ese día, en cuanto comenzó su estiramiento sintió la falta de práctica del último mes, y tratando de estirarse lo más posible sintió un par de fuertes manos sobre su espalda ayudándola a estirarse lo más posible, el aroma conocido, la respiración acompasada a la de ella, el sol, los elementos… así habían empezado sus mañanas en otro continente, dónde parecía que el estar juntos era lo correcto y el mañana parecía muy lejano, terminaron de ejercitarse en silencio, conocían la rutina y el ritmo de sus cuerpos de sobra.

Un apuesto hombre rubio salió a la terraza, sabía que ella se despertaba temprano, y que amaba ver el amanecer en la playa, fue fácil encontrarla, lo que fue difícil, fue observar como otro hombre se le había adelantado y parecía perfectamente sincronizado con ella, los observó por un rato más y después salió de la propiedad, había quedado de ir a desayunar con George, había querido darle los buenos días, y tal vez invitarla a desayunar con él, pero después de que la vio con Michael simplemente decidió pasar el día afuera.

Cuando Candy hubo terminado su rutina se sentó en la arena contemplando el mar. Él se sentó junto a ella en silencio por unos momentos. La conocía bien, y sabía que debía esperar a que ella hablara primero. Después de un rato la escucho aclararse la garganta, y supo que por fin iba a preguntarle que hacía ahí realmente.

¿Michael?

¿Sí, bonita?

¿Por qué estás aquí?

Porque sé que tu vida está aquí.

Pero la tuya no, Michael, tú eres un espíritu libre, amas África, y yo no puedo regresar ahí, lo sabes.

Tengo un trabajo en el Presbiterian.

¿Hablas en serio?

Sí, me mudaré a New York.

Michael, no hagas esto por mí, además, no dejé nada pendiente, terminamos…

¿Lo amas?

¿De quién hablas?

Albert Andrew.

Michael… somos amigos, crecimos juntos, y lo necesito en mi vida…

Bien, me quedaré, y haré lo que sea por convencerte de que te amo, y que lo más importante para mí es tenerte a mi lado.

Michael, en este momento lo único que puedo asegurarte es mi amistad.

Sí a Andrew le funciona, a mí también me funcionará.

¿Qué quieres decir?

No soy ciego, vi cómo te miraba y como lo mirabas tú a él.

Michael…

No digas nada Candy, sólo permíteme estará tú lado, por favor.

Sí estas seguro de querer quedarte, puedes contar conmigo, ¿Qué necesitas?

Una cita. – le dijo con ese tono ronco que aún le hacía sentir escalofríos en la piel. Michael era un puerto seguro, un hombre que la amaba, y por quien ella sentí atracción, cariño, incluso pasión.

Solo como amigos Michael.

Así es como empezó todo, bonita, si mal no recuerdo. – le dijo mientras se ponía en pie y le ofrecía la mano para ayudarla a pararse y caminar con ella rumbo a la casa platicando sobre todo y nada.

Albert se encontraría con George en uno de los restaurantes tranquilos del área, había llegado temprano y degustaba un espresso mientras pensaba en lo que había visto hacía poco en la playa, y como lo hacía sentir eso.

¿Quién es ella? – le preguntó una voz familiar que lo tomó por sorpresa.

George, ¿cómo has estado?

Muy bien, y sospecho que la razón de tú ausencia es una rubia de ojos verdes.

No sé de qué hablas.

Sí lo sabes, la hermosa rubia pequeña que pretendiste tratar como tú novia, pero que supongo que no lo es.

Candice White-Rowan.

Estás en problemas William.

George, no sé lo que siento, o más bien no sé si lo que siento es más que solo atracción.

¿La amas?

Hace tanto que no me pregunto eso, no desde…

Sonia.

Así es.

¿Y permitirás que el médico francés te gane la partida?

¿Cómo sabes tú sobre Michael?

Sabes bien que la información es poder, y puedo decirte que tiene un trabajo en un hospital de New York, tuvo una relación con ella por un año más o menos, pero cuando ella regresó terminaron.

George, amigo mío, ¿aceptarás trabajar con nosotros?

Sí.

Bien, desayunemos y después volvamos a casa de los White-Rowan, hay una fiesta esta noche.

Albert llegó a tiempo para arreglarse, se puso su traje de lino color claro, con exquisita camisa de seda, bajó y se unió a la gente, pero por más que buscaba no lograba encontrarla, de pronto alzó la mirada y la vio descender la escalera, llevaba un hermoso vestido halter color blanco, que parecía flotar a su alrededor, se acercó rápidamente a la escalera.

Princesa, te ves hermosa. – le dijo mientras besaba su mejilla y le ofrecía su mano para bajar.

¿Dónde te habías metido? –

Pasé el día con George, hablamos de negocios, aceptó trabajar con nosotros.

¿Y ya se lo presentaste a Rose?

No, aún, no, ven ayúdame.

Albert la llevó hasta donde estaba George y la presentó, rieron y charlaron por un buen rato, Albert los dejó solos por un momento y de pronto Candy vio a Rosemary cerca y la llamó.

Rose, te presento a George Johnson.

Rose observe al apuesto hombre alto de cabello oscuro de apariencia seria y enigmática, pero interesante a la vez.

George, ella es Rosemary Andrew.

Mucho gusto señorita Andrew, su hermano me ha hablado mucho de usted.

El gusto es mío señor Johnson.

George, por favor.

Sólo si tú me llamas Rose.

Bien, Rose, ¿aceptarías bailar conmigo?

No quisiera dejar a Candy sola.

No te preocupes, vayan, veo por allá a Archie, iré con él.

Y con una sonrisa se despidió. Dejándolos solos. Mientras caminaba en dirección a Archie alguien la sostuvo por la muñeca.

Déjame bailar contigo, princesa.

Albert…

Vamos Candy, te ves hermosa y es una tortura no tenerte en mis brazos aunque sea para un baile. – le dijo con voz seductora.

Deberías de dejar de jugar conmigo de esta forma, o si no un día me la voy a creer.

Jajajaja, ¿Por qué siempre piensas lo peor de mí? Anda, bailemos, hace diez años que no lo hacemos.

En ese momento la canción que habían bailado en el cotillion se escuchó, y ella no pudo evitar sonreírle, una vez más iba vestida de blanco, y él se veía más apuesto y encantador que nunca, le sonrió y dejó que él la envolviera entre sus brazos y la guiara en las notas de Frank Sinatra, "Fly me to the moon"

Candy y Albert bailaban, mientras cantaban la canción a modo de broma, como sí las palabras solo fueran un juego, pero al final de la canción él la acercó para abrazarla más de cerca, y cantó la canción en su oído, Candy solo podía escuchar las palabras resonar en su mente.

"In other Words, I love you."

Pero justo al terminar la canción Michael se acercó para pedirle bailar, y ella observó de lejos ocmo Albert sacaba a bailar a su madre un rato.

William Albert Andrew… suspiró ella para sus adentros.

Candy…

¿Me decías?

Te ves hermosa.

Gracias.

Pareciera que eres otra, y me pregunto si seré todo lo que necesitas.

Michael, no digas eso, sigo siendo la misma.

No, cada vez tu voz suena más como esas chicas de alta sociedad de las que siempre te burlaste, tu ropa, tu porte… tal vez ya no encajare en tu mundo.

Michael…

Ella no pudo terminar la frase, porque la canción terminó y Anthony le pidió bailar con ella, bailó toda la noche, y cuando se cansó salió a observar la luna, ahí la encontró Albert, sentada a la orilla, sin importarle que la arena llenara su fino vestido de seda.

¿Qué pasa princesa?

¿He cambiado tanto?

¿A qué te refieres?

Michael me decía hoy que tal vez ya no encaja en mi vida.

Candy, está es tu vida, lo demás, era parte de lo que quisiste vivir, pero este es el lugar a dónde perteneces.

Él se sentó a su lado y la rodeó con sus brazos.

Aquí es dónde perteneces.

Estoy tan cansada Albert, este mes ha sido…

Lo sé pequeña, descansa.

Ella se quedó dormida en sus brazos por largo tiempo, después como ya se había vuelto costumbre la llevó en brazos hasta su cama.

Esa noche cuando la depositó en la cama ella le pidió.

Quédate conmigo otro rato. –

Él no preguntó porque, simplemente se medio recostó en la cama completamente vestido y la abrazó hasta que ambos se quedaron dormidos.