Hola, tenía esta historia por ahí y pensé que para estar en mi ordenador bien podría estar aquí también, por si alguien la quiere leer :D
Espero que os guste!
- ¿Estás segura de esto? – Preguntó Blue de nuevo. Snow suspiró.
- Tiene que pagar por todo lo que nos hizo.
- Ella ya está sufriendo. – Intervino Ruby. - ¿Tengo que recordarte que por tu culpa su madre está muerta? ¿No crees que eso es suficiente sufrimiento?
- ¡No! Tiene que responder por todo lo que nos ha hecho. Nos condenó a una vida de miseria durante treinta años. – El odio y la ira se reflejaban en los ojos de Snow. – Me mantuvo apartada de mi hija, me arrebató la oportunidad de verla crecer. Se merece esto y más.
Ruby negó suavemente con la cabeza, no podía creer lo que veía. Todos en el consejo permanecían callados, pero la mayoría asentía de acuerdo con las palabras de Snow.
- ¿Y tú? – Ruby se volvió hacia David con una mirada acusadora - ¿Tú también estás de acuerdo con esto?
Él suspiró y miró a su esposa que no apartaba la vista observándolo, desafiándolo a contradecirla.
- Yo sólo quiero que esto acabe. Y si haciendo que Regina cumpla este castigo podemos conseguirlo, estoy de acuerdo. – David terminó la frase con un suspiro y Ruby no pudo más que soltar una carcajada amarga.
- Muy bien, haced lo que os dé la gana, yo no puedo impedirlo, pero no pienso ser parte de esto ni un segundo más.
- Creí que eras mi amiga, mi mejor amiga. Creía que estabas de nuestra parte. – Snow habló contrariada, no entendía la postura de Ruby.
- Estoy de parte de la justicia, Snow. Y siempre he estado de tu parte porque siempre has sido justa, pero esto es simplemente una locura, y no voy a formar parte de ello. – Ruby se levantó para salir del salón, pero se detuvo ante las palabras de Snow.
- Ruby, antes de que te vayas… - Snow hizo una pausa y Ruby frunció el ceño. – Quiero que sepas que yo, a diferencia de ti, sí respeto tu opinión, pero me gustaría recordarte que hiciste un juramento. Así que, como te digo, respeto tu… objeción de conciencia, pero no puedes hablar con nadie sobre lo que ocurre aquí. – Ruby abrió mucho los ojos ante la amenaza de Snow. – Y eso incluye a Emma. Ni una sola palabra a Emma sobre esto, o sufrirás las consecuencias.
Las dos mujeres mantuvieron unos segundos más su cruce de miradas hasta que, derrotada, Ruby cedió y se dio la vuelta para salir lentamente de allí.
El silencio que siguió a su marcha fue sepulcral.
- ¿Alguien más tiene algo que añadir? – Preguntó Snow en un tono desafiante. Nadie de los que estaban en desacuerdo con la reina Snow White se atrevió si quiera a levantar la vista. Puede que fuese injusto para con Regina, pero nadie iba a jugársela a caer en desgracia delante de Snow por defender a la que fuera considerada la Reina Malvada. – Muy bien, entonces que así sea. – Snow sonrió hacia Blue que asintió en acuerdo.
- Tengo que advertiros que una vez que esto empiece no podrá detenerse, ni la magia ni la fuerza bruta conseguirán que pare hasta que no se complete el castigo. Así que tengo que preguntar de nuevo, ¿estás segura de esto, Snow?
- Completamente.
- ¡¿Qué significa esto?! – Emma saltó sobre su silla al escuchar la voz de Regina desde la puerta de la comisaria. Miró a sus dos jóvenes ayudantes y casi se ríe ante sus caras de estupor y terror provocado por la alcaldesa. Aunque quizá fuese más bien provocado por la Reina Malvada. Emma negó con la cabeza y se giró justamente para ver a Regina haciendo su típica entrada dramática.
- Buenos días, Señora Alcaldesa. Me alegra ver que ha vuelto a la carga tras unos días de descanso. – Dijo Emma sonriendo con sorna.
Regina se limitó a tirarle sobre la mesa unos cuantos documentos y a cruzarse de brazos. De pronto se giró hacia los dos jóvenes que ocupaban las otras mesas.
- ¿Y vosotros no tenéis una ciudad que patrullar? – Los dos agentes la miraron inmóviles como animalillos deslumbrados por los faros de un coche. - ¡Largo!
No fue necesario que Regina se repitiera, más rápido que la luz despegaron el culo de su asiento y salieron por la puerta. Regina los siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su vista y volvió a centrar su atención en Emma.
- Te divierte asustar a los pobres inocentes. – No era una pregunta, ambas sabían de sobra la respuesta. Regina levantó una ceja y rodeó el escritorio acercándose lentamente a Emma.
- Bueno, al menos tienes que reconocer que es realmente efectivo. – Emma asintió de acuerdo con ella mientras se levantaba de la silla dejando a Regina atrapada contra el escritorio.
- Sí, es efectivo, además tus excusas para venir a verme a mitad del día cada vez son peores y – Emma no pudo seguir hablando cuando Regina dio por terminada su perorata usando sus labios como arma. Emma gimió ante el contacto y profundizó el beso hasta que ambas estaban sin aliento. – Te he echado de menos. – Susurró contra sus labios antes de comenzar un nuevo beso. Regina se dejó hacer unos instantes, pero se separó de nuevo.
- Gracias. – dijo mirándola a los ojos. – Necesitaba tiempo. – Emma asintió mientras le metía un mechón de cabello tras la oreja y acariciaba su mejilla. Regina se apoyó en la caricia y cerró los ojos. Ella también la había echado de menos, terriblemente de menos. Al principio, tras el fiasco con su madre, pensó que lo que más necesitaba era estar sola, pero le bastaron un par de días para darse cuenta de que había cometido un error, y otros dos más para reconocer que lo que más necesitaba era a Emma.
Regina giró levemente la cabeza, lo suficiente para besar la palma de su mano y Emma sintió como se derretía ante el gesto. Permanecieron allí, en la comodidad de su abrazo, durante lo que podría haber sido una eternidad o apenas unos segundos, ninguna podría decirlo con seguridad.
Fue el ruido de la puerta lo que las hizo separarse precipitadamente. Nadie podía verlas así, por lo que respectaba al resto del mundo, su relación era únicamente profesional con pequeñas excepciones debido a Henry, nada más. Ellas representaban un papel de fría cordialidad frente a toda la ciudad, mientras que por las noches se consumían en las llamas de una pasión abrasadora.
Y, a pesar de que ambas sabían que esta situación no sería sostenible por mucho más tiempo, Regina no se atrevía a sacar a la luz su relación, había perdido tanto que sentía un miedo atroz al pensar que pudiera perder a Emma también.
La palabra amor no había surgido aún, pero ambas podían sentirlo en la punta de la lengua cada vez que se despedían, cada vez que pasaban la noche juntas teniendo sexo increíble o simplemente acurrucadas en el sofá, en todas esas ocasiones se mordían la lengua mientras los sentimientos se desbordaban a través de sus ojos.
Pero había algo más, algo que Regina cada vez contemplaba con más sospecha, algo que no había querido compartir con Emma por miedo a estar equivocada, por miedo a que no fuese real, porque, al fin y al cabo, ella ya había tenido un Amor Verdadero.
Regina se aclaró la garganta e invocó todo su autocontrol para poder representar el papel de perra fría y sin sentimientos al que todos estaban acostumbrados. Justo a tiempo para que David lo presenciase.
- Así que quiero esto de nuevo en mi oficina mañana por la mañana antes de que se marche, sheriff. Y, esta vez, asegúrese de que está adecuadamente cumplimentado, ¿he sido lo suficientemente clara?
- Por supuesto, señora alcaldesa. – Emma no pudo evitar el tono irónico al contestar, pero Regina se limitó a poner los ojos en blanco antes de que David llegase a ellas.
- Bien, eso es todo. Buenos días. – Se giró y le dio un asentimiento a David reconociendo su presencia, lo que rara vez hacía, así que él apenas tuvo tiempo de murmurar un "Regina" antes de que la alcaldesa desapareciera de su vista.
- Bueno, hay cosas que nunca cambian – Dijo David encogiéndose de hombros. - ¿Qué quería?
- Nada importante, quiere que rehaga estos documentos antes de mañana.
- ¿A qué hora decías que te ibas? – Preguntó David inocentemente.
- Pues había pensado salir por la mañana temprano, así podré conducir tranquilamente hasta Boston y llegar antes de los atascos de hora punta. Recogeré a Henry y nos volveremos. – David chasqueó la lengua. – ¿Qué ocurre?
- No, no es nada… Sólo que… Bueno, no me gusta que conduzcas tantas horas el mismo día. ¿No has pensado en quedarte allí esa noche y volver a casa por la mañana? Así te ahorrarías el conducir de noche. Tu madre y yo estaríamos más tranquilos.
Emma titubeó por unos instantes, no estaba acostumbrada a que nadie se preocupara por ella de esa forma, pero después de meditarlo unos instantes aceptó.
- Sí, puede que tengas razón, será mejor que pasemos la noche allí. Llamaré a Henry a ver qué le parece, así podré enseñarle algunos de mis lugares favoritos de Boston. – Emma le sonrió mientras buscaba su teléfono para llamar a Henry sin darse cuenta de cómo la sonrisa de David vacilaba en su cara hasta desaparecer. "Esto es lo que hay que hacer" se repetía así mismo una y otra vez sin llegar a convencerse del todo. Con un suspiro cansado, se levantó y le hizo un gesto a su hija para indicarle que se marchaba. Después de todo tenía que comunicarle a Snow que su plan estaba en marcha.
David miraba su taza de café mientras le daba vueltas a la cabeza. Snow estaba sentada justo enfrente, desayunando tranquilamente, como si fuera una mañana como otra cualquiera. David se quedó contemplándola durante unos instantes en silencio. Hacía ya tiempo que sentía que no era la misma, pero no tenía el valor de decir nada al respecto, y toda esta locura comenzaba a darle la razón. Algo no andaba bien con su esposa.
- ¿Qué pasa, cariño? – David se sobresaltó al escuchar las palabras de Snow. Se fijó en sus ojos, podía ver en ellos todo el amor que sentían el uno por el otro, pero también había algo más, algo que no había antes, y eso le daba bastante miedo.
Con un largo suspiro se atrevió a hablar.
- Snow, yo… – Hizo una pausa para mirarla a los ojos intentando transmitir sus sentimientos a través de su mirada. Desde que se conocieron su conexión había ido siempre más allá de las palabras, podían decirse tantas cosas en silencio… Pero, de nuevo, algo estaba cambiando. – Yo no creo que esto sea tan buena idea, lo que estamos a punto de hacer… En este mundo lo considerarían una barbarie.
Snow frunció el ceño. Soltó la taza que estaba sosteniendo y se aclaró la garganta antes de contestar.
- Mira, David, voy a ser lo más clara posible. Me da igual lo que en este mundo piense de nuestras costumbres, venimos de El Bosque Encantado, tanto nosotros como ella, y es así como hacemos las cosas.
- Pero usar la magia no es–
- ¡Ella no tuvo problema en castigar con magia a los que la desobedecían! ¿Por qué deberíamos nosotros tener remordimientos? – Snow se puso en pie mirando desafiante a su marido. David simplemente se encogió de hombros y se levantó negando con la cabeza.
- Muy bien, Snow. Creo que iré a vestirme. – Y, sin más dilación, se dirigió al dormitorio sin mirar a los ojos a su mujer temiendo lo que pudiera ver en ellos.
Cuando Regina apagó la alarma lo primero que vio fue el mensaje de Emma en su móvil. "Buenos días, princesa." Regina se permitió unos instantes para poner los ojos en blanco. ¿Princesa? ¿En serio? "Estoy saliendo ya. Te llamaré en cuanto llegue. Nos vemos el domingo por la noche." A su pesar, no pudo evitar sonreír al ver todos los emoticonos estúpidos al final de la frase. Miró la hora a la que le había mandado el mensaje y era de dos horas antes, ya debía faltarle poco para llegar a Boston, si no recordaba mal, el viaje duraba unas tres horas.
Se desperezó en la cama, después de todo era sábado y no había mucho que hacer. Igual se pasaba un rato por la oficina para ver si Emma había dejado los documentos que le había pedido el día anterior, aunque sinceramente dudaba de que los hubiese mirado tan siquiera. Quizá debería haberle aclarado que no era una simple excusa para ir a verla.
Finalmente, después de un rato remoloneando en la cama se levantó para darse una ducha y preparar un desayuno decente, ahora que nadie miraba quizás podría preparar unas tortitas e incluso ponerles sirope de chocolate. Y con este pensamiento de lo más dulce, Regina se puso en marcha.
Una hora y media después de su suculento, aunque no excesivamente abundante, desayuno, su teléfono empezó a sonar con una melodía de lo más extravagante. Se acercó hasta el aparato con recelo hasta que vio que era Emma quien la llamaba.
Nada más descolgar, antes de que pudiera decir media palabra, la voz de Emma resonó risueña en sus oídos.
- ¿Te gusta tu nuevo tono de llamada? Pensé que quizá te recordase a mí…
- Eres idiota. – El tono de Regina pretendía ser cortante, pero fracasó estrepitosamente dejando escapar un toque de diversión en su voz. Desde luego Katy Perry no era una cantante que fuese a asociar con Emma Swan.
- Oh, venga. Besaste a una chica, a mí en concreto ¡y te gustó! Esto tiene que ser como nuestra canción o algo así. – Regina se mordió el labio para evitar reírse de las payasadas de Emma.
- En primer lugar, querida, si tuviéramos algo así como "nuestra canción" te aseguro al cien por cien que no sería esa. – Emma resopló al otro lado de la línea. – Además, ¿por qué estás dando por hecho que eres a la única chica que he besado? Creí que te había demostrado que no me faltaba experiencia…
Regina pronunció la última parte lentamente, con ese tono de voz que provocaba cosas en Emma. Esperó unos segundos a que le respondiera, pero Emma parecía haberse esfumado. Miró el móvil confundida pensando que podría haberse cortado.
- ¿Emma? ¿Sigues ahí? – Como respuesta oyó a la mujer al otro lado de la línea carraspear.
- Sí, sí, estoy bien. – Su voz sonaba algo entrecortada – Simplemente me he perdido un poco en mis pensamientos. Ya sabes, recordando esas cosas que dices que me habías demostrado… Es una pena que no puedas estar aquí para recordármelo tú misma. – Un escalofrío recorrió la espalda de Regina de arriba abajo.
- Sí, es una pena… - contestó en apenas un murmullo. Regina empezó a perderse en sus recuerdos, casi podía sentir la piel de Emma en sus dedos, su olor, su sabor…
- Te echo de menos. -La voz de Emma la sacó de su ensoñación. Ella no era de las que decían ese tipo de cosas, debería haberle contestado de forma borde, o como mínimo, con sarcasmo, pero en vez de eso contestó:
- Yo también te echo de menos. – Pudo oír como Emma expulsó el aliento que estaba conteniendo y eso le hizo sonreír. Era tan tierno como Emma se andaba con pies de plomo cuando se trataba de sentimientos. No es que ella fuese muy diferente, pero de vez en cuando Emma daba un pequeño paso hacia delante en su relación y la empujaba con ella, y por mucho que le costase admitirlo no lo querría de otra forma.
- Oye, tengo que colgar ya, ¿quizá esta noche podamos volver a hablar? – Emma titubeó y Regina se mordió el labio antes de contestar.
- Por supuesto, señorita Swan, no tengo otra cosa que hacer en todo el día que esperar su llamada. – Pretendía sonar irónico, pero teniendo en cuenta que ambas sabían que era prácticamente cierto, el comentario perdió toda su fuerza.
- Adiós, Regina.
- Adiós, Emma. – Regina dejó el teléfono sobre la mesa y se quedó mirándolo con una sonrisa boba en la cara. No salió de su ensimismamiento hasta que no llamaron a la puerta.
Al principio no reaccionó ante el timbre, tuvieron que llamar un par de veces más antes de que fuera consciente de que el ruido provenía de su propia puerta. Con el ceño fruncido se levantó y se acercó hasta la entrada preguntándose quién demonios iría a visitarla a aquellas horas. A aquellas horas o a cualquier otra, las únicas dos personas que visitaban la mansión asiduamente estaban fuera de la ciudad en ese momento.
Pero si había una persona en el mundo menos indicada para llamar a su puerta, esa era sin duda Mary Margaret, o Snow, o como quiera llamarse ahora. Y sin embargo allí estaba.
- ¿Snow? – Regina frunció el ceño ante la vista de esa mujer frente a ella. Apenas podía soportar su presencia después de su más reciente traición. - ¿Qué demonios significa–
Pero no pudo terminar la frase. De pronto sintió un pinchazo en el cuello y unas manos fuertes que la sujetaban desde detrás. La sorpresa se reflejó en su rostro, y vio como Snow la miraba impasible, con una leve sombra de sonrisa en sus labios. Después todo se volvió negro.
Ruby los observaba desde detrás de unos arbustos. Sabía que esto no estaba bien, pero no podía hacer nada más que quedarse al margen. Snow tenía razón, romper aquel juramento le traería consecuencias terribles. Pero, aun así, no podía apartar el asunto de su mente.
Vio como uno de los enanos acompañado de Blue se acercaba a la puerta trasera de la mansión que, técnicamente, debía dar a la cocina. Mientras tanto, Snow llamó a la puerta principal y esperó a que Regina abriera.
Gracias a sus sentidos de lobo, Ruby pudo ver y oír todo lo que ocurría a pesar de la distancia. Y desde donde estaba vio con asombro cómo atacaban a Regina por la espalda y la dormían con una especie de droga. Pudo oír como Snow daba orden de llevarla hasta "el claro del bosque" y luego se marchó dejando a varios enanos y a Blue a cargo del cuerpo inconsciente de Regina.
Los enanos trataron a Regina sin ningún cuidado a pesar del disgusto evidente de Blue, aunque tampoco hizo por evitarlo más que fruncir el ceño mientras ellos la metían en el coche y salían de la propiedad.
Ruby sentía la rabia hervir en su interior. Esto estaba llegando demasiado lejos. Era evidente que Snow había perdido el norte y los que la seguían estaban igual o más perdidos que ella.
Con un suspiro tembloroso sacó su teléfono móvil. Ya no le importaban las consecuencias y, aunque tenía miedo de lo que le pudiese ocurrir, sabía que esto era lo correcto. Se acercó el móvil a la oreja y escuchó como descolgaban al primer tono.
- Emma, tienes que volver, algo va terriblemente mal.
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Voy a dividirla en algunos capítulos porque al final quedó un poco larga.
Espero que os haya gustado.
S.
