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Capítulo 6

Albert abrió los ojos, no estaba seguro de donde estaba, y se dio cuenta que no podía moverse, había un peso sobre su pecho, miró hacia abajo y vio la corta cabellera rubia de ella desparramada sobres su pecho, su respiración era acompasada, aún llevaba el vestido de la noche anterior, y él, el traje, sus brazos la rodeaban, recordó como ella le había pedido que se quedara con él, y al parecer habían dormido toda la noche abrazados, era temprano, pero debía salir de la habitación antes de que alguien asumiera algo más, el cielo aún estaba gris. Así que con cuidado trató de moverla para depositarla en la cama, pero ella se aferró más a él, así que no le quedó más remedio que despertarla. No había querido hacerlo porque afuera había tormenta y si mal no recordaba ella no las soportaba.

Princesa…

Mmmm

Necesito irme, no pueden verme en tu habitación.

Aún es de noche…

Pequeña…

Sólo abre la puerta y vuelve a la cama conmigo, sabes bien que nadie dirá nada.

Candy…

Albert… Me siento segura a tu lado, eso es todo. – le dijo mientras brincaba involuntariamente por un fuerte trueno y un relámpago.

Bien, deja abro la puerta. –

Se quitó el saco y desfajó la camisa, se reacomodó en la cama y ella se acurrucó a su lado, mientras él acariciaba su cabello hasta que ella se quedó dormida de nuevo.

Albert tardó en dormirse, la tormenta era espectacular, y la cercanía de ella lo hacía sentir en

calma, solo tenían un mes de convivir de nuevo, y era más que claro que lo que sentía por ella no era mera atracción física, tenerla en sus brazos no despertaba solo deseo, sino paz, tranquilidad, ella era la mujer con la que quería vivir cada tormenta de la vida, ahora debía convencerla de que no era un don Juan, ni un playboy, y de que así como ella sabía que como amigo jamás la lastimaría, tampoco lo haría como hombre, iba a ganarse su confianza, y a demostrarle que Albert Andrew era mucho más qué un playboy.

Rosemary Andrew se despertó temprano con la intención de hacer un poco de yoga y fue en busca de Candy, cuando vio la puerta de su cuarto abierta pensó que tal vez ya se le había adelantado, entró en la habitación que se encontraba en silencio y cuando se acercó a la enorme cama con dosel y sábanas blancas casi da un grito de alegría, pero por más felicidad que le diera no podía permitir que nadie más los viera, sus padres y los de Candy estarían encantados, pero si ellos no habían dicho nada aún, o peor aún si solo había sido un one night stand lo mejor era ser discretos, cerró sigilosamente la puerta y se acercó a la cama rogando al cielo que cuando los despertara ninguno saliera de la cama sin ropa.

Albert, Candy… - Le dijo Rosemary en un tono un poco más alto que un susurro.

El par de rubios se removió en la cama, pero ninguno abrió los ojos,

Albert, Candy, Annie viene para acá…

En automático ambos se sentaron como impulsados con un resorte, y Rose vio un poco confundida que ambos estaban completamente vestidos.

¿Rose? – preguntó Candy somnolienta

Venía por ti para que fuéramos a hacer yoga juntas, pero veo que ya hiciste cardio durante la noche. – ambos la miraron confundidos.

Rose, ni siquiera ha amanecido. – le dijo Albert mientras se volvía a acurrucar entre las sábanas.

Eres un descarado, sal de esta cama…

Rose, shhh, es demasiado fuerte, ¿por qué no simplemente nos dejas dormir? – preguntó Candy.

Osea, ¿quieren que se den cuenta que tienen algo?

Rosemary, sigo sin saber de qué hablas. – le dijo Candy

Pues amanecieron juntos, asumo, que hubo sexo entre ustedes.

Jajajajajaja - la risa de Albert llenó la habitación. -No, solo fui utilizado como frazada de seguridad, hubo tormenta… ¿recuerdas que Candy no soporta las tormentas? –

Candy comenzaba a sonrojarse ante la mirada de Rose. Albert ya estaba completamente despierto.

Dijiste algo sobre hacer ejercicio, vamos a correr, anda pequeña dormilona, despierta y vamos ayudar a mi hermana a gastar sus energías o seguirá inventándose historias.

No salgas de ahí si no estás vestido.

Por supuesto que estoy vestido Rose. – antes de salir de la cama le dio un beso en la mejilla a Candy.

Gracias por quedarte anoche.

Cuando quieras, anda cámbiate, y después podemos nadar. – salió de la cama y se dirigió a Rose para besarla en la mejilla con un gesto similar al que había tenido con Candy. – Rose, quita esa cara de desilusión, primero te escandalizas de que estemos juntos en la misma cama, y ahora resulta que estás desilusionada de que no haya pasado nada.

Sal de aquí Bert, te vemos abajo en 15 min.

Después de que interrogues a Candy… Pequeña ignora las preguntas impertinentes ¿quieres?

Ambas lo observaron salir, y Candy salió de la cama para entrar en su vestidor, decidida a no decirle nada a Rose hasta que ella preguntara.

¿Qué sucede entre ustedes?

Nada, el mismo te lo dijo.

Candice White, los conozco, y tú siempre has muerto por él.

Pero él no suspira por mí Rose, así que quita esa cara de duda, y acepta de una vez que solo me ayudó a dormir en la tormenta, por eso estaba nuestra puerta abierta.

Candy…

Rose…

Ten cuidado por favor.

Conozco perfectamente su fama, Rose, pero recuerda que siempre fuimos unidos, así que por favor no lo estropees con dudas inapropiadas.

Bien… no diré más… sólo que me encantaría que fueras mi cuñada, así que por mí sería perfecto sí… –

Candy salió del vestidor y la fulminó con la mirada, llevaba unos minishorts de lycra y una camiseta deportiva, Rosemary pudo ver que fácilmente podría nadar con las lycras y el top, bueno de alguna manera tenían que sacar esa tensión sexual reprimida entre ellos, y al parecer haciendo ejercicio sería la forma.

Bajaron y Albert esperaba por ellas, los tres tenían excelente condición física, así que trotaron por la arena sin dudar, después de cerca de una hora por fin se detuvieron y Albert sin avisar tomó a cada una de las chicas del brazo y las arrastró al agua, los tres eran buenos nadadores, Candy y Rose se unieron contra él, pero era inútil, si bien Rose era algo más alta que Candy, también era menuda, y Albert podría hacer de ambas lo que quisiera. Ambas intentaron treparse en su espalda para hundirlo un poco, pero no lograron nada, en cambio Albert las aventó con facilidad al agua después de cargarlas, retozaron como niños pequeños, desde arriba del acantilado eran observados por ambas parejas mayores.

¿Y ahora? ¿les inventamos un matrimonio arreglado? – preguntó Katherine con seriedad.

¿Crees que funcione? – le respondió Pauna esperanzada.

Pauna, Katherine, por Dios… ¿Victor, no dices nada? - dijo William fingiendo escandalizarse ante el plan de su esposa y de su amiga.

No es la primera vez que escucho esa idea.

¿Entonces nos apoyaras amor?

No dije eso, solo no me escandalizo de algo que he escuchado antes.

William, no es una mala idea, ambos son perfectos el uno para el otro.

Mujer, ya hemos hablado de esto, simplemente dejémoslos que se den cuenta por si solos. No haré más de lo que ya he hecho.

¿Y qué has hecho? – preguntó Pauna.

Lo mandé a vivir un año acá… eso debería ser suficiente. Además, la invitó a vivir con él, creo que solo debemos darles tiempo, apenas llevan un mes trabajando juntos. Pero ustedes dos no quieren ser pacientes… y ahora pretendamos desayunar o cualquier cosa porque vienen para acá y no creo que les haga gracia saber que los hemos estado observando.

Katherine pidió toallas y batas para que se secaran, y en cuanto llegaron a la terraza los invitó a desayunar, el resto de los muchachos se les habían unido, y la gran mesa sentaba a 13 personas. Después del desayuno, Albert, Candy, Patty, y Anthony debían volver a New York, los Cornwell a Londres y Annie tenía que volar a Francia para una exposición. Así que tomaron su tiempo de desayuno en familia en serio, después de todo, dejarían de verse por semanas o meses.

¿Cuándo irán a Tailandia? -preguntó Vícotr a Candy y a Albert.

Creo que en unas dos semanas más papá, ¿No es así Albert? –

Sí, solo quiero coordinar algunos otros viajes en ese mismo periodo, estamos terminando de arreglar el itinerario, y tenemos que coordinarnos con Richard, porque nos pidió que Terrence fuera con nosotros.

Tal vez todos deberíamos ir con ustedes. – Dijo Archie.

No es un viaje de placer mi querido primo, y ustedes tienen pendientes que atender en Londres.

Pero un viaje todos juntos como cuando éramos niños sería fantástico. – dijo Rose entusiasmada.

Le pedí a George que fuera con nosotros también. – mencionó Albert a la ligera.

Es buena idea, Johnson tiene una reputación intachable. – le respondió Victor.

Candy, ¿Cuándo regresa Michael a África? – preguntó Annie.

Al parecer no regresará, tiene un trabajo como jefe de traumatología en el Presbiterian. – Pauna y Katherine se vieron alzando la ceja.

Pensé que alguna vez dijiste que él nunca dejaría África… -

Eso pensé mamá, pero ahora estará en New York.

¿Es coincidencia?

Madre…

Es una pregunta sencilla hija.

No es coincidencia, pero no regresé con él, sé que esa es la pregunta que sigue. No tengo tiempo para una relación madre, debo aprender a manejar la compañía, así que lo que resta de este año, el único hombre que verás conmigo en sociedad será a Albert, espero puedas con ello. – le dijo Candy en tono relajado, tal como siempre solía contestar las preguntas de su madre.

El desayuno terminó en un tono más relajado y alegre, cerca de la 1 emprendieron el viaje de regreso a New York, llegaron al penthouse y Candy se quitó los zapatos en automático mientras dejaba su bolso en la mesa del recibidor, Albert traía con él el equipaje.

¿Estás cansada?

No, se siente bien estar en casa, muero de hambre.

¿Quieres que pidamos comida?

¿Te confieso la verdad?

Claro.

Muero de ganas de comer la pasta que hiciste el otro día, la que tenía camarones. – le dijo ella con mirada suplicante.

Bien, pero eso no estará listo de inmediato…

Mientras puedo comer chocolates. – le dijo ella con una sonrisa.

¿Me ayudas?

¿A cocinar? Sabes bien que se me quema hasta el agua…

¿Cómo sobreviviste sola?

Siempre encontré hombres guapos dispuestos a cocinar. –

Jajajajajaja, comprabas comida.

Sí, hasta que conocí a Michael…

¿Cocina?

Es francés…

Osea parte pan, sirve vino y pone quesos. – dijo Albert con una nota de desdén.

Jajajaja, alguna vez a mis dieciséis me dijiste que un hombre que sabe escoger un buen vino es un plus.

Solo era para impresionarte con mis conocimientos sobre el vino, pero, creo que a tus 26 debes saber que un hombre que cocina, especialmente cuando tú no lo haces es verdaderamente una necesidad.

Mira, esto es perfecto, tú cocinas, y Michael escoge el vino, parte pan y queso…

¿Y tú?

Haré lo que Annie hace sonreír y verme linda.

Sí claro, ¿Cuánto crees que eso duraría antes de que te aburras?

Bien, dime que hacer, tal vez puedo aprender a cocinar además de a manejar los negocios.

Pon a hervir agua.

Ella siguió sus instrucciones y sin darse cuenta terminó preparando la pasta, cuando se sentaron a comer y probó el resultado, su rostro se iluminó…

Te quedó delicioso, princesa.

No puedo creer que lo hice… bueno no podría volver a hacerlo sin ti.

Tendrás que intentarlo en algún momento, ¿vemos una película?

Sí, pero en mi cuarto o en el tuyo, seguro me quedaré dormida.

Vamos al tuyo entonces.

Esa noche durmieron en la misma cama de nuevo.

Tres semanas después Candy caminaba por su oficina hablando por teléfono en francés con uno de sus inversionistas, vestía un pantalón blanco de excelente corte con una blusa de seda color blanco, sin mangas, su chaqueta estaba colgada en su escritorio y calzaba patent leather pumps negros de Louboutin, en su muñeca llevaba la pulsera que Albert le regalara, y estaba tan concentrada que no se percató del hombre de cabellos oscuros algo e impecable traje color gris que la observaba desde el marco de la puerta.

A Terrence Grandchester le gustaba lo que veía, pudo ver que en el escritorio de ella había un sencillo arreglo de hortensias con una tarjeta, lo cual quería decir que había alguien interesado, y ¿cómo podría no haber alguien interesado? Ella era hermosa. Aunque para Terry ese pequeño arreglo le parecía un insulto a la belleza de la mujer que al parecer era su socia, tal vez debía decirle a su padre que necesitaría mudarse a New York.

Candy sintió la intensa mirada sobre ella y volteó a ver para toparse con la intensa mirada azul oscuro de un hombre apuesto y de porte altanero, ella conocía ese porte, lo había visto antes en Albert, este era un hombre que creía que podía conquistarla, y Candy odiaba ese tipo de hombres.

Terminó su llamada, y después volteó con seriedad hacia el hombre que la observaba descaradamente.

¿Puedo ayudarle en algo?

Podrías aceptar ir a comer conmigo.

No lo creo, no suelo salir con extraños.

Terrence Grandchester, señorita White-Rowan

Vaya, así que eres el hijo de Richard.

¿Ahora sí irás a comer conmigo?

No, ambos iremos a comer contigo. –

Albert, viejo amigo, llegas en el momento más inoportuno.

Lo dudo Terry, y te informo que ella está completamente fuera de tu liga.

Jajajajaja, ya lo veremos.

Candy cruzó su mirada con Albert y puso los ojos en blanco tan solo de pensar que deberían pasar la próxima semana con él.

Vamos a comer Candice. – le dijo Albert formalmente mientras le ofrecía su brazo, su celular sonó en ese momento, y ella contestó mientras Terry los seguía.

Hola Michael… sí, muchas gracias, son hermosas, iba a llamarte, pero mi día se complicó. ¿A comer? No puedo, lo siento, tengo un almuerzo de trabajo, no, hoy en la noche tampoco, pero te veo mañana para un café temprano en la mañana, salimos a las 11, debo dejarte Michael, mil gracias por las flores, en verdad me encantaron. Nos vemos mañana.

Pudiste ir a comer con él.

No, tenemos trabajo, lo veo mañana para un café.

¿Hoy en la noche?

Albert, parece que quieres deshacerte de la señorita, puedo ayudarte en eso.

Qué considerado, Grandchester, pero no gracias.

Fueron a un restaurant de moda y hablaron de negocios, Terry observaba a Albert detenidamente, lo conocía, eran amigos, algunas veces iban de fiesta juntos, y esta faceta de Albert le era desconocida, lo veía tratar a Candy de una manera que nunca lo había visto tratar a ninguna otra mujer que no fuese su hermana. El interés era palpable, pero no había nada inapropiado en el trato de ellos.

Esa mujer era simplemente intrigante, al parecer había reformado a Albert Andrew, el playboy… tal vez valiera la pena que Terrence Grandchester el playboy también se reformara por esa mujer.

Bien, dime porque no te caigo bien. – le preguntó directamente le moreno en una oportunidad que tuvo cuando Albert tuvo que salir a atender una llamada.

Disculpa, si te di esa impresión, Richard es uno de nuestros mayores socios…

No tienes que justificarte, sé que no te agrado pecosa, solo quiero saber por qué.

Porque eres un engreído, casanova que piensa que puede llevarme a su cama cuando quiera.

Andrew también lo es.

No conmigo.

Eso veo, y me hace preguntarme que tienes como mujer que ha reformado a Albert Andrew.

No creo que lo he reformado, solo somos amigos, prácticamente hermanos…

Jajajaja… eso quiere decir que tengo una oportunidad contigo.

Olvidas la parte de que no me agradas.

Y tú no sabes que tan encantador puedo ser. – la mirada coqueta del hombre la ponía un poco nerviosa, no podía negar que era guapo, pero no iba a caer en la trampa de él.

Cuando terminaron la comida y se dirigían al auto Candy le dijo a Albert.

No voy a regresar a la oficina, debo verme con Neal para terminar de ver la ropa del viaje.

Sabes que puedes contratar a tu propia estilista.

Neal es perfecto, cuando tú te vayas, y lo lleves contigo, entonces buscaré a alguien, o bien iré de compras por mí misma.

Está bien princesa, te veo en la noche, en casa, terminaré pendientes con Terry y con George.

Gracias. – ella lo besó en la mejilla y subió al auto con chofer que esperaba por ella.

Ambos hombres observaron el auto alejarse.

Es hermosa.

Ni lo pienses Terrence.

¿Por qué es tu hermanita?

Precisamente por eso, si Rose es off limits para ti, Candy también lo es.

Ya veremos, y al parecer tenemos competencia, dime, quien es Michael.

Es su ex novio, y no hay competencia.

Sí, claro… las flores que envió son demasiado sencillas, pero…

No me refería a eso, me refería que Candy no es un juego y que no competiré por ella contigo.

¿Cuánto apuestas a que puedo hacerla mi novia?

No apostaré nada Terrence, vamos a trabajar.

Uno de mis autos contra uno de los tuyos a que puedo enamorarla.

Creo que tienes problemas auditivos Terry, serios problemas.

Eso no es un no definitivo.

Albert decidió ignorarlo, sabía bien que cuando algo se le metía en la cabeza era difícil hacerlo desistir, y prefería no decir nada más que Terry pudiera decidir malinterpretar y usar a su conveniencia.

Esa noche cuando Albert llegó a casa, todo estaba en silencio, tal vez ella había decidido salir con Michael después de todo, una punzada de celos le atacó, pero antes de poder procesar ese sentimiento, las luces se encendieron, y un grito de ¡Feliz Cumpleaños! Se dejó escuchar.

Albert volteó a su alrededor y vio a su familia y amigos, y a una pequeña y orgullosa rubia, con un corto vestido strapless color negro y tacones que parecían infinitos, llevaba el cabello revuelto a propósito, y maquillaje más cargado de lo que acostumbraba, su breve cintura y bien proporcionados senos y cadera cortaban la respiración. Recibió el abrazo de cada uno, y la dejó a ella para el final, sabía de sobra que había sido su idea.

Cuando llegó a ella, la alzó en brazos y la abrazó muy fuerte.

Pensé que lo habías olvidado, que todos o habían olvidado.

No, solo me siguieron el juego.

Es perfecto, y dime ¿qué hay de comer?

Pasta con camarones.

¿Cocinaste?

Tuve ayuda de Rose y de tú madre, pero sí, todo lo que comeremos fue hecho en casa.

Albert no lo podía creer por un momento se imaginó su vida al lado de ella, como su esposa, y le gustaba lo que veía, dos meses juntos, y lo tenía vuelto loco, besó su mejilla y la puso en el suelo, la velada fue alegre y divertida, la comida estuvo deliciosa, los vinos fueron perfectos, no le encantó ver a Michael entre los invitados, pero entendía que Candy lo invitara porque se sentía algo culpable de que él estuviera en una ciudad nueva sin amigos.

Cuando todos se hubieron ido tomó la mano de ella para subir la escalera y en la puerta de su cuarto besó su mano. Para decirle buenas noches.

Parece que habrá tormenta…

Candy, si hay tormenta puedes venir a mi cama, o vendré a la tuya, pero lo más sensato en este momento es que me vaya a mi cuarto, no soy inmune a tus encantos princesa, y lo único que he pensado cuando te veo en ese vestido es en recorrer tú piel con mis labios, pero bien me dijiste, no necesitas al playboy, ni al hombre, así que gracias por la fiesta, por arreglarte hermosa, por cocinar para mí…

Sus cuerpos estaban muy cerca, y por una fracción de segundo pareció que él iba a besarla, acercó su rostro al de ella y enredó sus fuertes manos en sus cabellos, pero en el último segundo solo besó su frente recordando su promesa a ella en los Hamptons, el día que la besara de nuevo sería porque había abierto su corazón con ella. No antes.

Sin decir más, dio la media vuelta y se dirigió a su habitación. Candy lo observó, cada día era peor… y viajaría con él por al menos tres semanas. Había visto la cara de Michael cuando él la abrazó y la alzó, no había dicho nada, pero Candy estaba segura de que no le había gustado…