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Capítulo 7
Michael esperaba sentado en un tranquilo bistró que preparaba excelente café y unos deliciosos panecillos a los que sabía Candy se volvería adicta.
Si bien hacia 15 min que habían quedado en verse a Michael no le extrañaba la impuntualidad de la rubia, sabía que eso solía sucederle, y por otro lado se sentía un poco aliviado, al parecer al menos en eso ella seguía siendo la misma, aunque no podía negar que cada vez más se volvía una extraña para él, como le había dicho semanas atrás en la playa, su voz, su porte, su estilo para vestir era otro, y él lo entendía y le encantaba la joven mujer elegante en la que ella se iba convirtiendo, pero por otro lado, no podía dejar de preguntarse sí un tipo sencillo como él era lo que ella necesitaría, era cierto que su trabajo era muy bien pagado, y que gracias a él podría darse y darle lujos que antes no hubiese sido posible, pero sabía bien que cualquier cosa era nada a comparación de lo que ella administraba y de lo que en todo caso un tipo como Albert Andrew podía darle.
Otra sombra para Michael era Albert Andrew, había escuchado hasta el cansancio que él no era más que un hermano mayor, y en honor a la verdad debía reconocer que su trato con ella si bien familiar, no era inapropiado, la noche anterior había observado gestos de Albert para con Rosemary similares a lo que había visto para con Candy, en todo caso lo que debía preocuparle era el hecho de que ella había cocinado para Albert, Candy había sido incapaz de preparar nada que no fuera café, té, y cosas muy sencillas, sin embargo, todo lo que habían degustado la noche anterior había sido simplemente exquisito, aunque, había admitido tener ayuda de Rosemary y Pauna, tal vez esa era la clave.
De pronto vio un Mercedes deportivo color gris acero estacionarse, el carro era lujoso y llamativo, la puerta del conductor se abrió hacía arriba, estilo alas de gaviota, y un hombre alto y rubio descendió, iba impecablemente vestido en un traje de color gris con finos cuadros, dio la vuelta y abrió la otra puerta para ayudar a descender a una hermosa mujer, con un vestido color rosa pálido, casi blanco, estilo los años 50 y tacones color rosa nude, su cabello rubio estaba impecablemente estilizado, llevaba enormes gafas de Chanel color blancas, y un clutch tipo sobre color turquesa.
A Michael le llamó la atención la pareja, él la besó en la mejilla y viendo su reloj le dijo algo, después cerró la puerta y abordó de nuevo el auto, la rubia caminó en dirección a la cafetería, y algo en su andar le hizo caer en cuenta que no era otra sino Candy, y que el hombre que la había dejado era Albert.
Se puso en pie y caminó hasta la entrada para recibirla, tenía una mesa al aire libre.
Hola preciosa. –
Michael, lamento haberte hecho esperar, pero la junta de esta mañana se alargó.
¿Junta? Apenas son las 8:30.
Sí, tuvimos una junta temprano en la mañana porque salimos más tarde de viaje.
¿Y eres consciente de que llegaste tarde?
Por supuesto que soy consciente, por eso me disculpo. – le dijo ella un poco extrañada ante su pregunta.
Nunca creí que llegaría el día en que tuvieses noción del tiempo.
Jajajajaja, la tengo, y en cierta forma Albert me obliga a tenerla, es increíblemente puntual, y es una de las primeras cosas que me enseñó mi padre cuando niña, solo no lo puse en práctica antes… - le dijo ella mientras se sonrojaba apenada.
No era mi intención apenarte, déjame decirte que te ves simplemente arrebatadora. - le dijo mientras tomaba su mano suavemente y la hacía sentir esa electricidad que él siempre le transmitía, Michael tenía ese encanto francés que volvía loca a cualquier mujer, y Candy amaba escucharlo hablar francés, así que simplemente cambió de idioma, si bien el inglés de Michael era excelente, Candy era consciente de que él extrañaba hablar su idioma.
Dime cómo te ha ido en el hospital.
Es muy diferente.
Diferente ¿bueno?
Sí ha sido bueno, principalmente porque puedo verte, aunque sea en estas citas relámpago.
Michael…
No lo dije para incomodarte, ordené un capuccino para ti y una charola de panecillos que amarás.
¿Estilo francés?
No son tan buenas como los de mi madre, pero, si son deliciosos.
Wow! Eso es mucho decir.
¿En verdad cocinaste ayer?
Sí, es lo único que puedo hacer, así que no sueñes con que tengo secretos culinarios guardados bajo la manga, y en honor a la verdad Rose y Pauna me ayudaron bastante.
Quedó delicioso.
Gracias. Ahora dime cuantas enfermeras traes locas tras de ti.
No lo sé, pero saben que no estoy disponible.
Michael…
Candy, no te sientas culpable, no quiero estar disponible, quiero que seas tú. Creo que eres la mujer de mi vida, solo que aún no te has dado cuenta de que soy el hombre de la tuya, quiero pensar que era porque no me creías capaz de abandonar África y mi estilo de vida, pero aquí estoy, tengo un departamento en Manhattan, conduzco un Mercedes, y visto trajes de diseñador, porque al parecer eso es lo que requiere ser el jefe cardiología de un hospital tan prestigioso.
¿Pero eso es lo que quieres? ¿No extrañas la libertad? ¿la naturaleza? ¿no usar ropa almidonada?
¿Lo extrañas tú?
Michael, esto era mi vida hasta antes de entrar a la universidad.
Esto era mi sueño antes de ir a África, y tú sigues siendo mi sueño. Pero dime, por cuanto tiempo te vas.
Un mes más o menos, iremos a Tailandia, Japón, La India, Australia, y al Cabo.
Volverás a África.
Sí, pero será otro escenario, estamos construyendo complejos ecoturísticos, y quiero asegurarme de que en verdad sean sustentables. Además de que debo de ver el lado administrativo, y los paquetes de prestaciones que estaremos dando, quiero que se contrate gente local, en fin, que seamos social y ecológicamente responsables.
¿Andrew está de acuerdo?
Sí, tenemos una visión similar de las cosas, el que no sé si estará de acuerdo es Grandchester, pero Albert me prometió lidiar con él.
¿Grandchester?
Es el odioso hijo de uno de nuestros socios, arrogante, creído, camina como si el suelo no lo mereciera, y cree que puede llevarme a su cama.
Acabas de describir a Albert Andrew.
Tal vez con el resto de las mujeres, pero no conmigo.
No solo con las mujeres, bueno, solo la parte de llevarlas a la cama, pero todos los demás atributos…
No lo conoces.
Cierto, no hablemos de él. Dime, dónde podré localizarte.
A mi celular…
¿No me dirás nada más específico?
Jajajaja, no es porque no quiera, es solo que no me sé las direcciones, llama a mi oficina, y le diré a Patty que te pase la información.
Gracias, sabes, en un mes y medio hay una gala de recaudación de fondos para niños en África, me han pedido que hable un poco de mi experiencia allá, y no dudé en mencionarles que la señorita White-Rowan, que últimamente sale en las portadas de revistas de sociedad también tiene experiencia…
No, por favor, dime que no hiciste eso.
¿Acaso es un secreto oscuro tu estancia en Sudán?
No, no es eso, es que sabes que no me gusta ser el centro de atención.
Candy, tú tendrás más influencia sobre la alta sociedad neoyorkina que yo, por eso es qué te mencioné, sabes bien cómo y cuanta es la necesidad allá.
Sabes que… me parece perfecto, menciona a Albert Andrew también.
¿Él que sabe de eso?
Al igual que yo, no lo hace público, pero una vez al año se va un mes a algún lugar olvidado de Dios a poner su granito de arena en favor de la humanidad.
Sería simplemente magnífico… ¿Crees que le moleste?
No sí yo se lo pido.
¿Hay algo que no puedas obtener de Albert Andrew?
Qué me deje conducir sus autos… - dijo ella a la vez que pensaba, y una declaración de amor.
¿En serio no te deja conducir?
Así es, ¿Por qué crees que me trajo? Olvidé avisarle al chofer que lo iba a necesitar, y entonces en vez de prestarme su auto, me trajo.
¿Por qué no tienes un auto? ¿acaso no sabes usar un taxi?
Sí sé usar un taxi, pero… Albert no me deja usar un taxi, y no tengo un auto, porque odio conducir en New York.
Pero quieres conducir los autos, o el auto de Andrew.
Es diferente, eso es porque demostraría su confianza en mí.
Tengo una idea.
¿Para qué me deje conducir?
Sí. ¿A qué hora debes estar en el aeropuerto?
En el hangar debo estar a las 12:30 a más tardar.
¿Hangar?
Al parecer no importa el impacto ecológico de volar en un avión, no podemos hacerlo en línea comercial, porque el hijo del duque jamás vuela en línea comercial.
¿Grandchester tiene su avión?
Seguramente sí, pero usaremos uno de los nuestros, nos corresponde por cortesía.
Tienes un avión…
Sí, bueno, no yo, la empresa, somos dueños de una aerolínea, así que… - Candy se detuvo ante la mirada de Michael. – ¿qué sucede?
Creo que nunca había tenido noción de lo que ser rica significaba…
Michael, sabes que a mí no me importa, yo quería esa vida libre, contigo, en África, volando en clase económica, manejando autos sencillos, una pequeña casa… pero no es una realidad, al menos no por ahora, tal vez si Anne se casa con un hombre capaz de llevar los negocios…
¿Depende de con quien se case tu hermana?
Papá no puede volver a hacerse cargo, y, o dejamos que todo lo manejen los Andrew, lo cual no nos parece, no porque no confiemos en ellos, sino porque no estaríamos llevando nuestra parte de la responsabilidad, o, Anne se casa con alguien de nuestra entera confianza…
Bajo esa premisa, también tú podrías casarte con alguien que pueda manejar los negocios.
Entonces no podría llevar esa vida sencilla que soñé contigo. – le dijo ella con un dejo de la añoranza de antaño en la mirada, y Michael se preguntó si añoraba el sueño de libertad, o a él.
Llama a Albert, y dile que yo te llevaré al hangar, porque quiero mostrarte algo antes.
¿No tienes trabajo?
Tomé la mañana para estar contigo, quiero mostrarte mi departamento.
Bien.
Michael pidió la cuenta, y los panecillos extras para llevar, Candy le avisó a Albert que Michael la llevaría.
Se puntual por favor, sabes bien, que Terry es inglés.
Seré puntual, lo prometo. ¿Puedes llevarte mi equipaje?
Tú equipaje está en el avión desde esta mañana, le pedí a Henry que lo llevara al hangar junto con el mío.
Gracias, no sé qué haría sin ti.
Llegarías tarde a todos lados, comerías comida china o pizza todas las noches, e irías por la vida con ropa prestada de Anne.
Jajajaja, cierto. Bueno, te veo en un rato.
Ciao.
Michael la condujo hasta su auto, un Mercedes clase C color negro.
Wow, es hermoso. – le dijo ella.
Candy…
No dudes de que lo digo en serio, me da gusto por ti.
Gracias, anda, veamos el departamento.
Albert la condujo a un edificio antiguo, en una buena zona, su departamento era de dos recámaras, con una linda terraza, y una vista magnífica.
Me gusta, y lo has decorado…
Como lo soñamos.
Michael.
Candy, es el gusto de ambos, y no pienso rendirme, quiero que seas mi esposa, si tengo que esperar, uno, dos o tres años, o a que saques a Albert Andrew de tu sistema, eso haré.
La mirada de Michael era intensa, tierna, apasionada, llena de amor. Candy sentía que podía perderse en ella, el hombre que tenía enfrente no era un hombre ambiguo, no era un hombre del cual dudara, Candy estaba segura y consciente de su amor por ella, y eso le llegaba al corazón, Albert era una adicción, un misterio, un sueño, por momentos quería creer que había esperanza, pero no podía dejarse caer en sus encantos, Albert Andrew, no la veía como mujer.
Michael se acercó, y acarició su mentón, con el pulgar mientras acunaba en su mano su rostro.
Tu es si belle, ma chérie. - le dijo con ese encanto francés y esa voz que usaba con ella en la intimidad, mientras con la otra mano abrazaba su cintura, y la atraía más cerca. Besó su rostro, muy cerca de la comisura de sus labios, de forma insinuantemente deliciosa, mientras su mano recorría su espalda, el segundo beso no fue tan casto, Michael la besó con intención, y con pasión, de tal forma que la hizo jadear, ella correspondió por un rato a sus besos y el deseo la embargó por un momento, pero cuando las manos de Michael se acercaban al costado de su vestido para bajar el cierre ella lo detuvo.
No, Michael, no, quedamos que seríamos amigos.
Me deseas tanto como yo a ti. – le dijo él mientras se apartaba de ella un poco.
Hay viejos hábitos que no se olvidan, pero en verdad no puedo pensar en esto por ahora, y no puedo acostarme contigo, e irme de viaje como si nada pasara. Y aunque sé que tus intenciones son claras, yo no tengo claro que quiero aún, perdóname, pero por ahora, solamente amigos.
Está bien, lo entiendo, perdóname tú, es solo que te veo, y te extraño, estás cada día más hermosa. – le dijo mientras la miraba profundamente.
Vámonos, no puedo llegar tarde. – le respondió ella bajando la mirada.
Bien, toma. – le dijo él mientras le extendía las llaves del auto.
¿Porqué…? – le preguntó ella confundida.
Porque si conozco a Albert Andrew, o al tipo de hombres como Albert Andrew, no querrá quedarse atrás. – le dijo con una sonrisa cómplice.
¿Estás seguro? –
Me subí contigo a un helicóptero mientras tú piloteabas, ¿qué más da mi auto?
Jajajajajaja, no le digas eso a Albert. ¿quieres?
¿No sabe que puedes pilotear un helicóptero?
Sí lo sabe, pero tu tono fue tan resignado que sería un despropósito dejarme manejar.
Jajajaja, vamos chérie.
Caminaron al auto, y Michael le abrió la puerta del conductor, sabía que Albert esperaría por ella fuera del avión, posiblemente en el auto, así que seguro la vería llegar manejando. Candy salió de la ciudad y aprovechó el motor del auto para disfrutar de un poco de velocidad, era buena conduciendo, era osada, y lo estaba disfrutando enormemente. Michael rogó que si trajera su licencia consigo, o mejor aún que no los detuviera ningún policía.
Llegaron justo a las 12:30 y un par de hombres insolentemente guapos con gafas oscuras esperaban por ella.
Candy detuvo el auto al lado del de Albert, y esperó a que Michael le abriera la puerta. Pudo ver como Albert enarcaba la ceja cuando lo vio bajarse del asiento de copiloto y se percató de que ella era quien conducía.
Michael le tendió la mano para ayudarla a bajar y se despidió de ella con un abrazo y un beso en la mejilla.
Deseo que te vaya bien, y estaré en contacto, lo que te dije hace un rato es cierto. – le dijo con esa mirada cariñosa y profunda que él tenía reservada para ella.
Lo sé, pero también lo que te dije yo lo es. Mándame un correo con los específicos de la gala, para hablar con Albert.
Lo haré. Cuídate mon petite. – le dijo mientras le entregaba una caja con los panecillos que había comprado para ella y le sonreía con complicidad.
Michael se quedó parado recargado en el auto para observarla caminar hasta los hombres. Ella lo hizo con la gracia y seguridad de una modelo en pasarela, lo cual no lo sorprendió, ese era su estilo, aún en pantalones caqui, Timberlands y camiseta blanca.
Albert la observó caminar hacia él con cara de travesura y sonrisa radiante.
Llegas a tiempo.
Te dije que sería puntual, por eso manejé yo.
¿Michael no conoce el camino o el uso de GPS?
Soy más rápida.
Manejas bastante bien. – le dijo Terry.
No es tan difícil manejar un auto, no sé porque ustedes los hombres piensan que las mujeres somos unas inútiles en eso.
No creo que seas inútil, es solo que…
No me tienes confianza, tus preciados juguetes son más importantes que yo. – le dijo ella con un puchero sabiendo que exageraba.
Vámonos, se hace tarde, y George nos espera en el avión. – le dijo Albert.
Yo te dejaré conducir mi auto en Londres cuando quieras… - ofreció Terry.
¿Tú Ferrari? – preguntó Albert.
Si acepta cenar conmigo, el que ella quiera. Y si acepta casarse conmigo puede hacer de ellos lo que quiera. – le dijo Terry atrevidamente.
Jajajaja, Terrence, no creo que seas de los que se casan. – le dijo Candy mientras subía las escaleras del avión.
No lo haría con cualquiera, pero, por ti pecosa, hasta fiel puedo ser.
Dios Grandchester, eres terriblemente cursi. – le dijo Albert con sorna.
Y tú terriblemente estúpido por no ofrecerle lo que quiera a esta mujer, que estrelle todos los autos, los tire al mar, lo que quiera, pero que sea la madre de mis hijos. – le dijo el inglés teatralmente.
Jajajajajaja, ¿la madre de tus hijos, o quien caliente tú cama? – le contestó Candy atrevidamente.
Pues, pecosa, no se puede ser uno sin haber hecho lo otro antes, y mi padre querrá un heredero pronto. Seguramente el tuyo también... –
Candy, no le des cuerda a este tipo, vamos, tomen asiento y abrochen cinturones, para poder despegar, esto será un viaje largo. – le dijo Albert fastidiado.
¿Entonces no puedo conducir tus autos?
El que quieras, conmigo a un lado, y a una velocidad sensata.
Andrew, eso sonó a tu tía Elroy. – le dijo Grandchester burlón.
Tú no viste como quedó su primer auto… un BMW de colección, hermoso…
Jajajaja, aún te acuerdas de eso.
Por supuesto que me acuerdo, casi te mueres.
Pensé que era por el auto.
El auto se murió, pero tú estuviste inconsciente tres días… - le dijo él recordando una época de su vida que ella había olvidado.
¿Entonces no es porque no me tengas confianza? – le preguntó ella con verdadera curiosidad.
Puedes deshacer el auto que quieras, pero no soportaría que salieras lastimada de nuevo, y me temo que conducir en África y en Mahattan no son lo mismo, y pilotear un helicóptero, tampoco lo es. – le dijo él con seriedad y una dulzura en su mirada que la traspasó. – pero si es importante para ti, en verdad puedes conducir el que quieras. -
Gracias Albert. – le dijo ella con una sonrisa encantadora.
Así, que esta es la mujer capaz de conseguir de ti lo que quiera. – le dijo Terry con seriedad.
Tiene práctica, aprendió a los 5 años. – le dijo Albert con indiferencia, mientras procedía a contarle historias vergonzosas sobre la niñez de Candy que hicieron que los cuatro se desternillaran de risa, ya que George había guardado silencio durante la conversación, pero no había perdido detalle de ella.
Después de unas seis horas de vuelo ella se quedó dormida, Albert la cubrió con una manta ante la mirada atenta de los dos hombres que los acompañaban.
Estás perdido Andrew. – le dijo Terrence
No sé de qué hablas. –
Bien, entonces también dormiré. –
Albert se puso en pie y se dirigió al privado para hablar con George de negocios, pero en cuanto cerró la puerta encaró a su amigo.
¿Tan evidente es?
¿Qué ella te importa?
Sí… bueno, no, eso siempre ha sido así, ella siempre me ha importado, es como una hermana más.
Creo que deberías dejar de decir eso, porque no es una hermana más.
George…
Albert, sé que no es el momento, y que primero quieres enseñarle sobre los negocios, pero también puedo ver que competencia vas a tener, y si bien, no creo que Terrence tenga una oportunidad, Michael si la tiene. Tienen un pasado, y él está abiertamente dispuesto a hacer lo que sea por que vuelva con él.
No puedo hacer eso abiertamente.
Sigue haciendo lo que haces hasta ahora, teniendo los pequeños detalles, y comienza por admitir que no es tu hermana, que la amas, y que es la mujer con quien quieres pasar tu vida.
¿Y si ella me rechaza?
Ese es siempre el riesgo cuando amamos a alguien.
Albert se quedó pensativo por un momento, después comenzó a hablar de negocios con George, cuando terminaron salió y se sentó junto a ella, Candy en automático al sentirlo se volvió para abrazarlo, y recargarse en su pecho, él la abrazó y al poco tiempo se quedó dormido. Soñó que ella era su esposa, la madre de sus hijos, su amante, su amiga, su todo.
