Buenas! Parte seis lista! :)
Regina respiró hondo asimilando todo lo que acababa de escuchar. El mismo esfuerzo de inhalar le produjo un ramalazo de dolor y se quejó lastimosamente.
- Eh. – Emma se acercó más a ella, sabía que no podía hacer nada por ayudarla, pero necesitaba intentar reconfortarla. - ¿Cómo estás? ¿Necesitas descansar?
Regina apoyó la frente en la suya, buscando esa comodidad que ya echaba tan de menos. Acariciando su mejilla con la mayor de las ternuras, Emma fue dejando pequeños besos sobre sus labios haciendo que Regina finalmente sonriera un poco. Era una sonrisa triste, pero por el momento se conformaría con eso.
- Lo cierto es que tengo un poco de hambre, y si no fuera mucho pedir me gustaría asearme un poco. – Regina se miró a sí misma, se sentía sucia, lo que más deseaba en ese momento era poder darse un buen baño. Emma asintió.
- Está bien, tengo una idea. Levanta. – Emma la ayudó a ponerse en pie. ¿Crees que puedes andar?
- Sí. Mientras vaya derecha creo que no habrá ningún problema.
- Bien. Entonces, te acompaño al baño y de paso le escribo a Elara para preguntarle si podemos mojarte las heridas.
Salieron con cuidado de la habitación y se dirigieron lentamente hacia el baño. Regina caminaba al principio con algo de miedo, pero al ver que no le hacía daño empezó a andar con más seguridad.
- Emma. – Regina se aclaró la garganta cuando llegaron a la puerta del baño. – Me gustaría que me dejaras unos minutos…
- Oh, sí, por supuesto. – Emma le abrió la puerta y la cerró tras ella. – Yo voy a mandar el mensaje y a ir a por el espejo mientras, si me necesitas avisa. – Un murmullo de confirmación le llegó a través de la puerta y Emma se conformó con eso.
Volvió a la habitación y se hizo con el teléfono para contactar con Elara. De paso buscó algo de ropa para Regina en los cajones. Finalmente, se decidió por unas braguitas y un camisón. Necesitaría ropa cómoda, nada que le apretara la espalda y esa era la mejor opción que encontró. Llevó con cuidado el espejo hasta el pequeño salón y cuando volvió con la ropa llamó a la puerta.
- Regina, ¿puedo pasar?
- Sí, adelante.
Emma abrió la puerta justo cuando Regina "guardaba" el cepillo de dientes que acababa de usar, dejándolo entre todo el lío de cosas que había en el armario de las toallas. Cuando Emma lo vio tuvo la decencia de sonrojarse.
- Lo siento, no podía llevar el espejo hasta allí con todo el peso de lo que tenía dentro. – Regina puso los ojos en blanco.
- Claro, porque separar la puerta espejo del resto del mueble con magia no es algo que se te ocurriría… - Emma refunfuñó por lo bajo mientras se daba la vuelta para colocar el espejo donde estaba.
- Vamos, qué más da, ahora colocas todas las cosas con magia y como nuevo.
- Ah, ahora sí piensas en la magia, ¿no?
Emma iba a seguir con su tonta discusión justo cuando sintió el teléfono vibrar.
- Es Elara, dice que no pasa nada si te duchas, pero que si te vas a dar un baño sería mejor dejar las vendas puestas. – Regina sonrió y Emma la imitó al ver las ganas que tenía de darse ese pequeño capricho.
Emma no tuvo que esperar a que Regina eligiera, directamente se acercó a llenar la bañera. Mientras tanto, Regina se quedó mirando la ropa que le había traído Emma.
- Interesante elección, señorita Swan. – El tono de su voz sonó bajo, casi como un ronroneo. Emma tragó saliva al verla sostener el camisón delante de ella, con buena luz se dio cuenta de que tenía un intrincado diseño de encaje en la parte delantera.
- Yo… - Lo cierto es que Emma estaba imaginando con todo lujo de detalles a Regina en ese camisón y en una situación completamente diferente. Se aclaró la garganta y consiguió formar palabras coherentes. – La verdad es que lo elegí porque era el que tenía la espalda más abierta, esperaba que no te rozase tanto. No me di cuenta de que era tan…
- ¿Sexy? – Terminó Regina por ella.
- Sí, eso, sexy. – Las mejillas de Emma volvieron a sonrojarse y Regina se felicitó por ello. No se cansaba de provocarle esas cosas, por mucho tiempo que pasara y por muy descarada que pudiera ser Emma a veces, Regina siempre conseguía convertirla en un lío con unos simples gestos o palabras. – Esto ya está. Te dejaré para que te bañes y mientras iré a prepararnos algo de comer.
- Oh. – Regina se acercó hasta estar casi pegada a Emma. – ¿Vas a dejarme aquí sola? – Emma abrió la boca para contestar, pero Regina desató su bata y la dejó caer a sus pies. – Pensé que preferirías unirte a mí… - Se mordió el labio mientras pasaba los dedos por los de Emma. - ¿Estás segura de que quieres estar en otra parte mientras yo estoy aquí sola? – Emma negó con la cabeza lentamente al mismo tiempo que Regina se acercaba a dejar un suave beso sobre sus labios.
Emma no lo dudó un instante y en menos de diez segundos estaba completamente desnuda entrando en la bañera con Regina, que sonreía después de llevarse el gato al agua, o al cisne, para el caso.
Regina gimió al contacto con el agua caliente, pero fue más agradable que doloroso. Al principio Regina probó a dejarse caer hacia atrás apoyando la cabeza e intentando que su espalda quedara flotando, pero era muy incómodo, así que terminó sentándose con la espalda recta en medio de la bañera. Emma la miró por unos instantes viendo que no podía estar nada cómoda en esa posición, así no conseguiría relajarse.
- Ven aquí. – Emma, que estaba recostada en el lado contrario de la bañera, la atrajo hacia ella.
Regina se dejó caer contra ella y ambas suspiraron cuando sus cuerpos desnudos entraron en contacto. Emma tuvo que contenerse para no rodearla con los brazos y se contentó con que Regina se enroscase sobre ella. Estuvieron un par de minutos disfrutando de la calidez del baño, hasta que las manos de Regina empezaron a volverse aventureras. Comenzó con pequeños toques aquí y allá, pero no fue hasta que Regina empezó a rozar su cuello con sus labios que Emma se quejó.
- Regina… - Fue un susurro ahogado que no hizo sino aumentar las ganas de Regina cuya boca comenzó a volverse más audaz, mordisqueando de su cuello hasta el lóbulo de su oreja. – Regina, por favor, no podemos hacer esto. – Emma hablaba para convencerse a sí misma mientras sus manos agarraron el culo de Regina para apretarla contra ella. Ambas gimieron y Regina se separó lo suficiente para mirarla a los ojos. Sus pupilas dilatadas los volvían casi negros por completo y Emma gimió al ver el deseo en ellos.
Se lanzó a devorar sus labios y en mitad del beso, Regina, olvidándose de su espalda por completo, hizo un mal movimiento que le provocó un escalofrío de dolor en todo el cuerpo.
- Joder, Regina. – Emma podía leer a Regina perfectamente y sabía que se había hecho daño, se sentía furiosa consigo misma por no controlarse. – Te he dicho que no debíamos hacer eso.
- Yo… – Regina la miró y Emma vio el miedo al rechazo en sus ojos. – Lo siento. – Intentó separarse de ella, pero Emma la obligó a echarse sobre ella de nuevo.
- No, Regina, espera. – Regina se resistía a mirarla a los ojos, pero Emma levantó suavemente su barbilla hasta hacer contacto visual. – Te deseo. Eso lo sabes, ¿verdad? – Regina tragó saliva e intentó apartar la vista, pero ella no se lo permitió. – No soportaría lastimarte. No quiero que sufras y menos después de lo que ya hemos pasado.
- Lo sé, lo siento. – Regina había recuperado su seguridad, pero el peso que sentía en su corazón hizo que poco a poco sus lágrimas se resbalaran por sus mejillas.
- No llores. Ahora estamos bien, estamos a salvo.
- Odio esto, Emma. – Esta vez fueron los ojos de Emma los que se llenaron de lágrimas que no se permitía derramar. – Odio lo que nos han hecho. Pero sobre todo odio cómo te está cambiando. Sé que sientes ira en tu interior, yo siento lo mismo. Pero tienes que centrarte en lo único que importa, la gente a la que quieres y que te quiere.
Emma no pudo evitar que unas cuantas lágrimas se derramaran sin permiso mientras se acercaba a dejar un beso en los labios de Regina.
- Lo sé, tienes razón. Pero… Es difícil ignorar que han lastimado a la persona que más amo en el mundo. – Regina la miró con una ternura infinita. – Te quiero, Regina.
- Te quiero, Emma. – La voz de Regina apenas era un susurro, al igual que la primera vez que pronunció esas palabras en una bruma de inconsciencia, sólo que esta vez, Emma estaba segura de que Regina tenía toda la intención de decirlo.
Se acurrucaron de nuevo disfrutando de la sensación de tener a la otra en sus brazos. No sabían exactamente el tiempo que estuvieron allí. Emma lavó con cuidado el pelo de Regina, y la ayudó a lavarse el cuerpo. Se quedaron en la bañera hasta que el agua comenzó a enfriarse y el estómago de Regina empezó a protestar.
Emma dejó a Regina envuelta en una toalla y rápidamente fue a la cocina para poner a calentar un poco de sopa de sobre. Cuando volvió unos minutos más tarde, se encontró a Regina desnuda frente al espejo, observando sus heridas.
- Te has quitado las vendas. – No era una pregunta, ni siquiera un reproche.
- Sólo quería… - Regina no pudo continuar. Ver su espalda así…
- Vamos, no pienses más en eso, se curará. – Regina apartó la mirada del espejo y la fijó en Emma.
- Sí, y quedarán cicatrices y serán horribles. – Emma no sabía que decir a eso.
- Eres la mujer más hermosa del mundo, con cicatrices o sin ellas. Eres inteligente, valiente… Y créeme, nada, en esta tierra o en cualquier otra, hará que deje de amarte. – Regina la miró con una emoción indescriptible en los ojos. – Ahora ven, te ayudaré con las vendas, la sopa estará en unos minutos.
Regina asintió sin atreverse a añadir nada más. Si después de lo del claro aún le quedasen dudas, estas palabras serían la confirmación definitiva del amor que la unía a Emma.
Cada una de las acciones de Emma sobre su cuerpo destilaba amor y Regina seguía cada uno de sus movimientos con nada más que amor en sus ojos. Una vez que estuvo lista la sopa, la tomaron en un cómodo silencio de miradas robadas y tímidas sonrisas.
- Estoy agotada. – Dijo Regina conteniendo un bostezo.
- Deberías echarte un rato. Venga, te acompaño a la habitación y ahora vuelvo a recoger todo esto. – Regina sonrió en agradecimiento, pero la miró con picardía.
- No será necesario. La esperaré en mi cama cuando arregle todo ese estropicio, señorita Swan. – Y dicho eso desapareció en una nube violeta.
- Ah, para eso sí que usas la magia, ¿no? – Gritó Emma desde la cocina. Por respuesta tan sólo le llegó una melodiosa risa procedente del dormitorio.
Emma sonrió para sí mientras adecentaba la cocina y pensaba en la risa de Regina. Unos minutos más tarde regresó a la habitación para encontrarse con una Regina completamente dormida. Con un suspiro se encogió de hombros y pensó que una siesta después de la nochecita que había tenido no le iría nada mal. Se tumbó junto a ella y se hundió en un profundo y reparador sueño.
Mientras tanto, Snow se revolvía inquieta. Habían registrado todo el pueblo de cabo a rabo y no habían logrado encontrar absolutamente nada. Pero sin duda, lo que más la enfurecía era que al caminar por la calle la gente comenzaba a mirarla de una forma extraña y ella no era ajena a los rumores. Lo sucedido en el claro del bosque había corrido como la pólvora y la mayoría de los ciudadanos no sabía que pensar al respecto, más allá de que la mujer se estaba volviendo loca.
Snow murmuraba para sí misma sobre una taza de café. La cuarta del día. O quizá la quinta. Eso era lo de menos, llevaba casi 24 horas sin dormir dándole vueltas a la cabeza de forma frenética. David no había vuelto. No lo veía desde el día anterior, pero más que preocupada se sentía furiosa. Cómo se atrevía a abandonarla de aquella manera. Ya tendría tiempo de preocuparse por eso más tarde. También pensaba en Ruby y Granny, no había visto a ninguna de las dos, el restaurante estaba vacío, al igual que el hostal. Pero tampoco era preocupación lo que tenía en mente, de alguna retorcida manera estaba convencida de que parte de lo que había ocurrido había sido culpa de Ruby. Quién si no habría avisado a Emma.
Claramente la falta de sueño le estaba afectando. El Hada Azul veía horrorizada en lo que se estaba convirtiendo, pero un extraño sentimiento de lealtad le impedía abandonarla, antes intentaría convencerla de que todo se le estaba yendo de las manos, por mucho que Snow se negase a escucharla. Para empezar, intentaría hacer que David volviese con ella, quizá él consiguiese hacerla entrar en razón.
Emma despertó con la sensación de unos dedos jugando con su pelo. Volviendo lentamente a la realidad, abrió los ojos para dar con otro par que la miraba fijamente.
- Buenos días, bella durmiente. – Susurró Regina. Emma se quedó mirándola sin contestar, limitándose a disfrutar las caricias de la mujer junto a ella, que repasaba con sus dedos los contornos de su rostro.
- Mmm… - Emma se desperezó y se acercó a besar los labios que tanto adoraba. - ¿Has descansado? ¿Te sigue doliendo?
Regina se limitó a mirarla aún con media sonrisa y Emma era toda la confirmación que necesitaba.
- ¿Qué hora es?
- Las siete y media. Hemos dormido casi cinco horas.
- Guau. Debía estar realmente agotada. Oye, ¿qué tal si llamamos a Henry? – Los ojos de Regina se iluminaron ante la sugerencia y asintió con vehemencia. Emma sacó el móvil del cajón y marcó el número. Ambas contuvieron el aliento durante los cinco primeros tonos, esperando a que alguien descolgase, pero después del sexto la llamada se cortó.
Emma resopló con disgusto y tiró el teléfono sobre la cama.
- Tranquila, seguro que no les ha dado tiempo a contestar. En cuanto – Regina no tuvo tiempo de terminar la frase antes de que el teléfono sonase frente a ella. Rápidamente descolgó y puso el manos libres. - ¿Sí?
Emma se acurrucó junto a ella justo cuando la voz de su hijo sonó a través del aparato.
- ¿Mamá? ¿Mamá eres tú?
- ¡Henry! – Gritaron al mismo tiempo. El alivio que sentían al oír la voz de su hijo era indescriptible.
- ¡Mamá, Emma! ¿Estáis bien? ¿Qué está pasando? Nadie quiere decirme nada. A Ruby le ha pasado algo, aunque no sé muy bien qué, se pasa la mitad del tiempo inconsciente. Y sé que a mamá también le pasó algo. – Lo soltó todo de carrerilla parando de golpe para coger aire. – Yo… Estoy un poco asustado.
Hubo un silencio mientras las dos madres se miraban. A ambas le dolía en el corazón el sufrimiento de su hijo, no poder consolarlo ni calmar sus miedos.
- Henry, tranquilo. – Dijo Regina con toda la calma que pudo. – Todo va a estar bien, lo prometo. ¿Verdad, Emma?
- Sí, sí. – Emma asintió enfáticamente a pesar de que el muchacho no podía verla. – Es cierto que a tu madre le pasó algo, pero ahora está mucho mejor, nada de lo que preocuparse, de verdad.
Intentaron calmar la ansiedad de su hijo de la mejor manera posible. Preguntó por supuesto qué ocurría con Snow, pero ellas lo convencieron para que de momento no hiciera preguntas al respecto, pues ellas tampoco estaban muy seguras. Él aceptó confiar con la condición de que tarde o temprano le contaran lo sucedido. Le advirtieron también que sólo confiara en las mujeres que en ese momento cuidaban de él. Finalmente, Henry sonaba un poco más tranquilo, a pesar de que aún pedía verlas lo antes posible. Prometieron que intentarían reunirse en cuanto Regina estuviese un poco mejor, y tras más de media hora la conversación llegó a su fin.
Regina suspiró y llevó el teléfono contra su pecho. Emma se acercó más a ella y dejó que se acurrucase en su pecho. Al cabo de unos minutos, Emma preguntó:
- Bueno, ¿qué quieres que hagamos el resto del día? – Regina se separó un poco para poder mirarla a la cara y compuso una sonrisa traviesa.
- Se me ocurren un par de cosas. – Susurró y se acercó a por un beso. Beso que Emma interrumpió al poner un dedo sobre sus labios.
- Pues ve pensando en otra cosa porque de eso nada. – Dijo Emma divertida. – Apenas puedes moverte, Regina.
Regina la miró con un puchero que sólo hizo que Emma sonriera con más ganas.
Blue no echaba de menos tener el tamaño de una polilla, pero reconocía que a veces la vida era mucho más fácil cuando podías colarte por una ventana. No le costó mucho entrar a la comisaría, un simple hechizo le abrió las puertas, pero a pesar de lo que muchos pudieran pensar, ella era de las que creían que cuanta menos magia se utilizara mucho mejor.
El panorama que encontró nada más entrar fue francamente desolador. Ver al que fuera un magnifico rey durmiendo la borrachera de cualquier manera en un catre con varias botellas vacías tiradas a su alrededor era, cuando menos, impactante.
Blue tuvo que aclararse la garganta un par de veces antes de que David notase su presencia. Apenas si abrió un ojo volvió a cerrarlo inmediatamente.
- Lárgate. – Blue lo ignoró armándose de paciencia.
- David, por favor, necesito hablar contigo. Es importante.
- ¡He dicho que te largues! – El grito resonó entre las paredes de la celda, pero el hada ni siquiera retrocedió.
- David, tienes que escucharme. Snow está fuera de control, ella ya no – David se incorporó interrumpiéndola.
- Basta. – Esta vez no gritó, habló con una voz cansada. – Tú estabas allí. Viste lo que le hicimos a nuestra hija. ¿Cómo quieres que me preocupe por ella?
- Porque tú eres el único que puede hacerla entrar en razón. – David negó despacio mientras se levantaba. Se notaba claramente que el alcohol seguía en su organismo.
- No quiero verla, no soporto mirarme a mí mismo y mucho menos a ella. – Arrastraba las palabras, el cansancio y el alcohol estaban haciendo mella en él. – Ahora, por favor, vete.
Blue asintió, pero cuando David se dio la vuelta en busca de los restos de alguna botella, ella sacó un puñado de polvos de hadas y los sopló sobre él. El hada suspiró mientras lo veía caer en un profundo sueño.
- Espero que esto ayude. – Murmuró Blue mientras se ponía manos a la obra.
Belle conversaba con Archie mientras paseaban a Pongo. Belle había estado intentando que Archie le diera algún tipo de información, pero él le había confesado que prefería mantenerse al margen, que no había estado asistiendo a las reuniones que había convocado Snow puesto que él no aprobaba aquel comportamiento. Y si bien él era en sí mismo la voz de la conciencia, reconocía que Snow estaba más allá de cualquier entendimiento, estaba tan enajenada en esos momentos que era inútil intentar que le escuchara.
Belle entendía su postura. Aun así, Archie mostró interés genuino por el estado de Ruby y manifestó su preocupación por la situación de Emma y Regina, para él totalmente desconocida, por supuesto.
La conversación estaba llegando a su fin cuando al volver una esquina encontraron a un hombre tirado en la acera. Ambos se acercaron rápidamente a comprobar el estado del desconocido.
- ¡Oh, dios mío! – Belle se sorprendió cuando consiguieron darle la vuelta al que ellos creyeron un mendigo. - ¿¡David!?
Se miraron sorprendidos sin saber muy bien qué hacer con el hombre inconsciente entre ellos. Por suerte no tuvieron que hacer nada pues David parecía recobrar la consciencia lentamente. Belle lo ayudó a incorporarse. No pudo evitar fijarse en el aspecto descuidado de ese pobre hombre. El olor a alcohol era repulsivo y si duda necesitaba una buena ducha.
- ¿Dónde estoy? – Preguntó con una voz ronca. - ¿Cómo he llegado aquí? – Miró hacia ambos lados hasta enfocarse en las dos caras que lo miraban fijamente.
Archie y Belle intercambiaron una mirada de preocupación antes de que alguno se decidiera a responder.
- No sabemos qué te ha ocurrido, David. – Dijo Archie con calma dejándole tiempo entre frases para asimilar sus palabras. – Nosotros simplemente dábamos un paseo y te encontramos aquí tirado…
David gruñó algo ininteligible y se puso en pie con algo de dificultad. Comenzó a alejarse de ellos sin decir nada más, pero apenas dio dos pasos cuando pareció darse cuenta de algo.
- Vosotros no estabais allí. – Dijo volviéndose repentinamente hacia ellos.
Ambos lo miraban con la boca abierta, pero sin saber bien qué decir.
- ¿Sabéis dónde está? Emma… – La voz le tembló y los ojos se le llenaban de lágrimas no derramadas. Archie negó con la cabeza, pero ante el silencio de Belle él se centró en ella. – Está… ¿Están bien?
Belle se sorprendió al entender que la pregunta incluía a Regina. Dudó si decir algo que aliviase el dolor que debía estar sintiendo en ese momento y finalmente se limitó a asentir.
David contuvo un sollozo a duras penas y murmuró algo que apenas pudieron escuchar pero que a Belle le sonó a "lo siento, cuánto lo siento…". Él se acercó un poco más y Belle tuvo que hacer un esfuerzo por no retroceder al ver la mirada desesperada en esos ojos.
- Si hay algo que pueda hacer, cualquier cosa…
Sabía que no debía decir nada, pero viendo el estado de desolación de aquel hombre, se apiadó de él. En un impulso siguió su intuición y le habló de la situación en la que se encontraba Ruby debido al juramento. David se sintió mortificado, más aún de lo que ya se sentía. Pero Belle le confesó que tenían miedo de que Snow en un acto de locura obligase a Granny a hacer algo en contra de su voluntad y que él era el único que podía impedir aquello. David aceptó, ansioso por poder ayudar y le pidió que se encontraran de nuevo en la comisaría.
Archie y Belle se quedaron parados uno junto al otro, mientras veían a David alejarse. Belle se volvió hacia Archie.
- Sé que no quieres involucrarte, pero ¿cuento con tu discreción? – Archie se limitó a asentir solemnemente y se despidió de ella.
Belle suspiró mientras Archie y Pongo volvían la esquina. Esperaba estar haciendo lo correcto.
Emma abrió los ojos confusa. Algo la había despertado, un ruido. Se incorporó despacio intentando situarse cuando volvió a oírlo. Eran pequeños sollozos. Encendiendo una luz suave se volvió hacia la mujer que dormía a su lado.
Regina se agitaba en sueños, los gemidos se escapaban entre sollozos acompañados de lágrimas que descendían por sus mejillas. Emma intentó despertarla de la pesadilla con cuidado, pero se resistía a despertar. Sus manos agarraban con fuerza la sábana y hundía su rostro en la almohada en un intento por amortiguar el dolor.
- ¡Regina! – Esta vez lo intentó más fuerte, agarrándola por los hombros. – Vamos, despierta, es sólo una pesadilla.
Regina abrió los ojos desorientada y asustada. Intentó levantarse quedando de rodillas, pero no pudo hacer mucho más cuando un ramalazo de dolor la atravesó de arriba abajo. Se dejó caer sobre sus manos con un gemido angustiado.
- Eh, ya está. Tranquila. – Emma intentaba tranquilizarla, a pesar de estar también asustada.
- Emma. – Susurró. – Emma, estás bien. – No era una pregunta, el alivio al ver que todo había sido un sueño hizo que se relajara por fin, dejándose acunar por Emma.
- Sea lo que sea, era una pesadilla. Ahora estás aquí, estás bien. Estamos bien. – Emma lo repetía como un mantra mientras acariciaba con cuidado su pelo.
- Nos encontraron, Emma. – Su voz era ronca y apenas audible. – Y ella volvía a castigarnos. No pude hacer nada para protegerte… Lo siento, Emma, lo siento tanto…
- Eh, eh, eh. No digas eso. – Emma acunó su rostro entre sus manos. – Nada de eso ha sucedido. Todo está bien, estamos a salvo, te lo prometo. – Regina asintió enjugándose las lágrimas.
Pasaron un buen rato abrazadas hasta que ambas estuvieron más tranquilas. Emma miró el reloj y ya pasaban de las diez de la mañana, sinceramente estar bajo tierra le estaba pasando factura, no tenía ningún control del paso del tiempo.
Decidieron arreglarse un poco y contactar con Elara por si había novedades. Aunque esta vez llevaron el espejo al salón, después de tomar un buen desayuno.
- Estoy agradablemente sorprendida de que hayas conseguido hacer las tortitas sin quemar la casa.
- Espero que esto te demuestre que soy perfectamente capaz de alimentarme a mí misma y a nuestro hijo, y que dejes de criticar mis habilidades culinarias.
- Bueno, tan sólo había que poner el preparado de tortitas del bote a la sartén, tampoco nos pasemos. – Emma jadeó ante la ofensa y Regina simplemente le robó un beso para compensar.
Siguieron con su pequeña e inofensiva discusión hasta que el rostro de Elara apareció frente a ellas con un semblante serio.
- Regina. Emma. – Ambas perdieron la sonrisa al escuchar el tono serio.
- ¿Ocurre algo Elara? – Preguntó Regina preocupada. Elara suspiró.
- Es Ruby, no sólo no mejora, creo que está empeorando. – Emma miró de Regina a Elara sin saber que decir. – Belle está ultimando los preparativos, en un par de horas se van de Storybrooke. Sabíamos que quizá tendría que dejar el pueblo así que ya tienen dónde quedarse temporalmente. Confío plenamente en que lejos de la influencia de la magia se recuperará con rapidez.
Emma y Regina cruzaron la mirada comunicándose sin palabras.
- Que se lleven a Henry con ellas. – Dijo Emma. Elara alzó las cejas con sorpresa y miró a Regina que asentía en acuerdo.
- Está bien. Comprobaremos si la casa de Regina no está vigilada e intentaremos llevarnos algunas de sus cosas. En la camioneta de la floristería cabrán los tres perfectamente.
- ¿Qué pasa con Granny? ¿No va con Ruby? – Preguntó Regina sorprendida.
- No, ella ha preferido quedarse hasta saber que todos estamos a salvo. – El aprecio de Regina por la anciana, que se había visto incrementado en los últimos días, creció aún más. - ¿Qué tal estás tú, Regina? – Preguntó Elara cambiando de tema.
Regina agachó la cabeza y suspiró. Emma se levantó del sofá y comenzó a caminar para tranquilizarse. Cada vez que pensaba en el dolor que seguía sufriendo Regina le hervía la sangre.
- Sigue todo exactamente igual. No noto ninguna mejoría y el dolor es… – Insoportable, quería decir, pero un vistazo a Emma hizo que rectificara. – En fin, que no se están curando las heridas, por el veneno mágico, supongo.
Elara suspiró sabiendo que quizá también ellas deberían abandonar Storybrooke para sanar y no sólo físicamente.
- Hay algo que también quería contaros. Es sobre tu padre Emma. Él ha –
- No. – La interrumpió ella. – No quiero saber nada sobre él.
- Pero gracias a él hemos podido –
- ¡He dicho que no! – Dio un golpe contra la mesa y ambas mujeres se sobresaltaron. La furia se abrió paso en los ojos de Emma y Regina la miró con tristeza.
- Tienen que pagar por lo que nos han hecho. Sobre todo, ella. – Pronunció la última palabra con tanto desprecio como rabia sentía en su interior. Regina se levantó y se acercó a ella.
- Emma, por favor. No hables así, ya sabes lo que puede hacerle la venganza a una persona. Yo lo perdí todo, ¿recuerdas? – El tono suplicante de Regina la ablandó un poco.
- Es que necesito que entienda lo que nos ha hecho, todo el sufrimiento que está causando. Tiene que haber algo que le duela, algo que de verdad…
Regina la miró a los ojos cuando dejó de hablar repentinamente. Conocía esa mirada, había un plan urdiéndose a fuego lento en la mente de Emma.
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Muchas gracias por los comentarios. Queda sólo un capítulo! Espero que os esté gustando, me estoy planteando si hacer un epílogo. Os gustaría? Dejadme saber vuestra opinión, si merece la pena o no. Nos leemos! :)
Bss,
S.
