Hola hermosas, Feliz Año Nuevo!, les platico que ayer intenté subir los capítulos, pero el servidor no me lo permitió, sin embargo, aquí está, espero que lo disfruten.
Abrazos y bendiciones a todas.
Key
RAA 10
La brisa marina despeinaba sus rubios rizos, y el impresionante color turquesa de las aguas que surcaban embriagaba sus sentidos, se encontraba sola en la proa, el recorrido que debía tomarles dos horas tomaría un día completo porque Albert no había querido dejar pasar la oportunidad de que conocieran la zona, y su inigualable belleza.
Candy llevaba un bikini color negro, un enorme sombrero cubría su rostro del sol, enormes gafas color negro y a su lado tirado al descuido un vaporoso vestido de seda transparente. El yate era más bien un palacio flotante, claro la excusa era que debían vivir al cien por ciento la experiencia que planeaban ofrecer a sus exclusivos futuros clientes.
La mirada de Candy se perdía en el horizonte, disfrutaba del paisaje y recordaba, recordaba los labios de él recorriendo su piel, y sus manos expertas haciéndola suspirar, recordaba esa noche íntima, llena de besos, de pasión, de ternura, dónde él le había confesado que la amaba, y ella había hecho lo mismo, ¿pero que seguía? ¿qué procedía después de eso? ¿cómo era posible despertar sola, y darse cuenta que todo había sido un sueño, un sueño demasiado real, un sueño demasiado hermoso para ser verdad… Verlo ese día en la mañana había hecho que se ruborizara ante el recuerdo de su vívida fantasía, tal vez debía rendirse y admitir que lo amaba, decírselo de frente, y desengañarse de una vez por todas sobre lo que él en realidad sentía por ella… pero no, Candy sería egoísta y viviría a su lado esa hermosa fantasía por los siguientes 10 meses, tal vez, cerca del final de su tiempo juntos dejaría de preguntarse y se lanzaría cual kamikaze, sin paracaídas, de lleno a sus brazos, a su boca, a su piel, a su cama, con la profunda consciencia de que después de eso, ella debería rehacer su vida, y ser fuerte, porque nadie podría equipararse a él, su imposible, el hombre más fascinante que había conocido en su vida.
¿Candy? – La melodiosa voz masculina que era su tormento y deseo más grande la sacó de sus cavilaciones.
Lo siento, ¿decías algo?
Te preguntaba si te sientes bien, te he sentido demasiado callada, y en la mañana te veías un poco sonrojada, ¿no estás enferma?
Enferma… claro que estaba enferma, enferma de amor por el hombre que pensó alguna vez había podido olvidar.
No, solo contemplaba la belleza a mi alrededor… es magnífico, quisiera perderme aquí, en alguna isla, olvidar que el mundo existe y solo vivir, vivir del mar, del sol… - ese sueño, ese imposible, volvía, quería perderse con él en una isla y ser uno por el resto de sus días.
La belleza es ciertamente magnífica, y hace que uno desee jamás separarse de ella. – le respondió él con su vista no en el horizonte, sino en ella, la belleza que le robaba el aliento día a día.
¿Dónde están los demás? –
Terry aún se recupera de la resaca del día anterior, Rose y George… supongo que cada uno en su camarote, y si no es así, no quiero saberlo.
Jajajajaja, tú eras el que deseaba esa pareja.
Sí, pero no en un espacio tan reducido como este yate… es mi hermanita Candy… y aunque George se aun buen amigo, esto es…
¿Incómodo?
Algo, pero lo superaré, si mi hermana en verdad lo ama, no puedo pensar en un mejor hombre para ella, él es sincero, capaz, y no anda en busca de su fortuna, es un buen hombre, un magnífico hombre a decir verdad…
Pareciera que Rose te ha ganado al hombre ideal. – le dijo ella en broma.
Jajajajaja, solo ensayo el discurso que le diré a mis padres cuando pregunten mi opinión al respecto, pero claro, no creo que habrá problemas, quieren lo mismo que yo, un hombre que ame a mi hermana más allá de la fortuna que Rosemary Andrew representa.
Es una verdadera bendición y maldición al mismo tiempo, ¿cierto?
¿Por qué lo dices?
Sé que John Hadleigh no hubiese sido mi novio si no fuese porque soy una White-Rowan, no era yo lo que le interesaba del todo, sino el hecho que yo era una mujer conveniente, adecuada, una mujer que su familia aprobaría…
Es un pretensioso… - le respondió él enojado, sabiendo que sin importar cuanto dinero tuviese ella, para él nada de eso importaba.
Michael… es todo lo que yo desearía en un esposo, vivir con él fue tan real, y a la vez tan efímero, era como si siempre hubiese sabido que era tiempo prestado… ¿sabes? Michael no supo que yo era una heredera hasta unos seis meses después de que nos hicimos novios, habíamos pasado tiempo como amigos, conoció a papá y a mamá, pero en un ambiente neutral en Paris, un sencillo café…
Jajajaja, tú madre derrocha glamour por donde va.
Fui específica con ella, les pedí que fueran sencillos, que no quería incomodar a Michael, y que por otro lado no estaba lista para dejarle saber quien era mi familia, y accedieron, mamá se vistió como si fuese a cuidar de su jardín, y ambos caminaron por Champs Elyée hasta el lugar de nuestra cita, papá no se opuso cuando Michael pidió pagar la cuenta.
¿Qué dijo Michel cuando supo?
Se molestó un poco, porque se sintió tonto, pero comprendió.
Tus padres no pueden pasar por simples turistas americanos.
Lo sé, y no era la idea, obviamente Michael siempre supo que mi familia tenía algo de dinero, pero no sabía la magnitud del imperio, aún ahora le cuesta trabajo vislumbrarlo… cuando le dije que viajaríamos en avión privado… sabes su mayor temor es no estar a mi altura, no darme lo que según el merezco… y yo…
Tú solo quieres una vida normal, y no tener que disculparte por tener dinero.
Sí, es justo, así como me siento, no reniego de lo que la vida me ha dado, estoy consciente de que es una enorme bendición, pero quiero ser solo Candy, la mujer que ama, que sueña, que adora vivir al aire libre tanto como un hermoso vestido de diseñador. No quiero tener que disculparme por vivir la vida que muy pocos pueden, pero también quiero ser libre, de trepar árboles, de caminar sin seguridad, de vagar, cómoda en mi propia piel… -
Ella había dejado de hablarle a él, parecía la confesión de su credo, y él entendía cada una de las cosas que ella decía, porque eran su propio sentir, y a cada segundo que pasaba su deseo de confesarle que la amaba crecía, quería arrodillarse , pedirle que fuera su esposa, y convencerla con sus besos y sus caricias, que a su lado podía ser todo lo que ella quisiera. Que con él siempre podría estar segura.
¿Y bien par de tórtolos ya se declararon su amor, o aún se andan por las ramas? – el acento posh de Terry interrumpió la magia. Se acercaba a ellos, insolentemente guapo, con su perfecto torso al descubierto, llevaba un traje de baño color azul marino y lentes de sol, parecía dispuesto a broncearse y disfrutar de la piscina junto a la que ellos se encontraban.
Terry, bienvenido al mundo de los vivientes, justo pensaba en poner música, ruidosa, escandalosa… - le dijo ella mientras buscaba el control de audio.
Solo si bailas esa música, pecosa. – le dijo mientras se tumbaba en la silla a un lado de ella y recorría su figura descaradamente.
Eres imposible Grandchester. – le dijo ella con voz alta que sabía lo torturaría.
Shhh un poco más bajo, por favor. Y si pudieses pasarme un Bloody Mary. –
Candy consideró vaciarle el bloody Mary encima, pero Albert se le adelantó y se lo dio en lugar de ella, después de todo, Terry era su huésped.
Gracias amigo. –
¿Dime Terry, hubo algo de alcohol que no tomaras?
Debiste estar ahí, fue sublime, las bailarinas eran… -
Terrence… -
¿Qué?
Estamos en compañía de una dama…
Sólo está la pecosa. –
¿Insinúas que no soy una dama?
No lo insinúo querida, lo sé, las historias sobre ti corren irreverentemente por la alta sociedad inglesa, la insolente americana que rechazó a John Hadleigh, por ir a vagar a un país tercermundista, para algunos eres una heroína, para otros todo menos una dama, aunque en lo personal, creo que tomaste la mejor de las decisiones, John es aburrido, claro que si aún quieres formara parte de nuestro mundo, con gusto te convierto en marquesa y futura duquesa de Grandchester.
Ni en tus sueños Grandchester. – le contestó ella, ya no se enojaba, se diertía con la insolencia y despreocupación del tipo, eso sí, cuando sacó un cigarro, ella se lo arrebató y le dejó claro que no fumaría en dónde ella estuviera, él simplemente se encogió de hombros y obedeció.
Al poco rato se les unieron George y Rose, nadaron, comieron, disfrutaron del momento, cuando llegaron a una caleta bajaron a bucear en las cristalinas aguas, cenaron bajo la luz de la luna, y cuando todos se fueron a dormir Candy regresó a cubierta, no tenía sueño, quería disfrutar de la paz y la tranquilidad del barco, llevaba unos diez minutos contemplando el firmamento cuando un olor molesto llegó a su nariz.
Grandchester…
No esperaba que regresaras, y en verdad me abstuve de fumar en tu presencia, solo que ahora tú has invadido mi espacio.
Está bien, no diré nada, pero solo uno.
Hadleigh fumaba la misma marca, y si no me equivoco hay una foto donde tú también los fumabas.
No se cual es tu obsesión con mi pasado con John.
En realidad, te disculpo tu pasado con John porque eras solo una chiquilla, y él fue tu instructor, es comprensible que haya habido cierta atracción, y respeto que hayas tenido las agallas de rechazar ese anillo familiar que es sublime según dicen, pero, además, fue muy inteligente de tu parte, ¿sabías que tú fortuna iba a ser el rescate de su familia?
¿Estaban en la quiebra?
Muy cerca de ella, fuiste muy inteligente al rechazarlo.
No me amaba, no insistió… -
Sé de muy buena fuente porque no insistió.
¿De qué hablas?
Su deber era insistir, convencerte, comprometerte si era necesario…
Nunca tuve intimidad con él.
Lo sé…
¿Cómo lo sabes?
Hay pocas cosas que no se cuentan en un vestidor de un club de hombres, pero ese no es el punto…
¿Entonces?
¿No te preguntas porque te dejó ir?
No me amaba…
Eres tan inocente, y ahora entiendo porque siempre él luchó por preservar esa inocencia.
Deja de andar con rodeos y dilo Grandchester.
John Hadleigh no insistió, ni hizo nada por comprometerte porque Albert pagó para rescatar sus negocios con tal de que te dejase en paz.
¿Cómo sabes eso?
Mejor pregunta porque te lo digo.
¿Por qué me lo dices?
Porque ya me cansé de verlos pretender que no se importan, quiero que sepas que hace seis años, él te libró de un mal matrimonio, un muy mal matrimonio debo decirte.
Hace seis años él estaba con alguien más.
Terry dio un último jalón a su puro antes de apagarlo en el cenicero que tenía a su lado.
Tú también… piénsalo pecosa, te dejo con tu soledad. – dijo mientras se ponía de pie y daba un leve apretón al hombro de ella.
Candy se quedó pensando, ¿acaso Albert había sabido siempre sobre su vida?, había estado al pendiente, no, seguro era absurdo, probablemente se enteró, e hizo por ella lo que habría hecho por Rose. Sintió frío y pasó sus manos por sus brazos, de pronto una cálida manta la cubrió y unos fuertes brazos la rodearon.
Debes dormir. Mañana será largo.
Quería contemplar en firmamento, y me he hecho la mala costumbre de quedarme dormida escuchando el latir de tu corazón. –
Entonces tendremos que ayudarte a dormir. – le dijo él mientras la tomaba en brazos y se acurrucaba con ella en un sillón, acarició sus cabellos hasta que se quedó dormida, y después la llevó a su camerino, se había vuelto una costumbre, una especie de ritual, y una vez más el añoraba quedarse con ella, en vez de tener que dejarla sola, pero aún tenían 10 meses por delante y debía darle tiempo y espacio.
Al día siguiente Candy despertó después de una buena noche de descanso, aún no sabía bien qué hacer con lo que Terry le había revelado la noche anterior, pero por lo pronto lo guardó en un compartimiento de su cerebro, ese que tenía reservado para las cosas en las que no podía pensar de inmediato, como a propuesta de matrimonio de Michael, la salud de su padre, sus sentimientos por Albert, la relación, amor/odio con su hermana, y por supuesto cuanto deseaba conocer lo que se sentía hacer el amor en brazos de su amado príncipe.
Tomó un par de frescos pantalones estampados en color oliva y blanco, tomó una romántica blusa color rosa claro con un olán que dejaba sus hombros al descubierto y calzó sandalias de cuero crudo, se puso un poco de rímel, y estilizó su cabello en cómodos rizos, la sal y el sol habían hecho mella, y su cabello se veía un tanto más claro, su piel mas dorada. Ese día llegarían a Okinawa, la isla era un paraíso poco conocido por algo más que ser sede de una base militar estadounidense desde finales de los 50´s, un lugar algo olvidado y con un ambiente exuberante, menos conservador que Japón, un poco más occidentalizado tal vez, con magníficas costas, y arrecifes inigualables, habían comenzado a construir un exclusivo complejo, y debían supervisar el avance, si todo salía como esperaban, en unos seis meses estarían inaugurando el lugar. Iban con la intención de planear lo que ofrecerían, de diseñar las atracciones, los tours, todo, por ello se quedarían unos días, además de supervisar construcción, sustentabilidad, etc.. trabajarían con el departamento de diseño, por eso es que Rosemary estaba ahí, esa era su especialidad diseño de entretenimiento decía ella, en realidad era experta en vender cada una de las actividades que sus consorcios podían ofrecer y conocía perfectamente a su público.
Alguién llamó a su puerta interrumpiendo sus pensamientos.
¿Puedo pasar cuñada?
Rose…
Está bien, una chica puede soñar, con que la mujer más maravillosa que conoce será la esposa de su hermano y no una arpía interesada en su dinero…
Rose.
¿Cómo estás?
Viviendo mi fantasía particular.
¿Por qué no la haces realidad?
Porque es una fantasía, Rose… -
Candy observó a la grácil y hermosa mujer acercarse al espejo y retocar su maquillaje, Rosemary Andrew era hermosa, alta, rubia, con hermosos ojos verdes, muy parecidos a los de ella misma, su cabello era menos rebelde, y tenía los modales suaves y refinados de una dama, ese día llevaba un largo vestido tipo camisa de lino color blanco, con botones de carey, su cabello con precioso ondulado suelto, llegaba hasta su cintura, y una mascada de seda color blanco lo sostenía hacia atrás, sus sandalias al igual que las de Candy eran de cuero crudo, se veía fresca y etérea, claro que con su 1.76 de estatura la falda larga y amplia le quedaba de maravilla.
¿Rose?
¿Sí?
¿Qué sabes sobre qué Albert rescató las empresas de John Hadleigh?
Albert suele invertir por su cuenta Candy, ¿Qué quieres saber exactamente?
Terry dice que Albert lo hizo para que John no insistiera en casarse conmigo, ya que solo buscaba un matrimonio conveniente.
No se nada, si lo que Grandchester dice es cierto, es algo que Albert no habría dejado saber a nadie, y de seguro Terry se enteró por algún indiscreto… ¿por qué te lo dijo?
Según él porque esta cansado de vernos pretender que no nos importamos el uno al otro, pero Rose, yo sé que le importo, y él me importa, pero también sé que hubiese hecho lo mismo por ti.
Candy… no te diré nada, caerá en oídos sordos, pero vete en el espejo, eres hermosa, y siempre has tenido una conexión especial con él, así que saca tus propias conclusiones, anda, vamos a desayunar con los hombres.
Hablando de hombres, ¿George?
¿Qué puedo decirte? Es un sueño de hombre.
En todos los aspectos supongo.
Debo decir que sí…
Llevan tan poco de conocerse.
Me ha pedido que me case con él.
¿Aceptaste?
Le dije que nos conociéramos por otro par de meses, pero muero por decir que sí… ¿Crees que Albert nos apoyará?
Sabes qué lo hará, tiene su discurso para tus padres listo.
¿Hablas en serio?
Sí, así que tú tranquila, y tómate tú tiempo, además George es excelente.
Lo es, es romántico, considerado, detallista, ¿sabes que envió rosas todos los días desde que nos conocimos?
No… ¿hablas en serio?
Sí, y el paseo el día que llegué fue increíble… y nuestra noche juntos, mágica.
¡Rose!
Compartimos una pared en este barco, no me digas que no lo sabías.
Tuve que salir a tomar aire durante la noche.
Lo siento… - le contestó sonrojándose Rosemary.
No te preocupes, Terry también estaba afuera, y después Albert. Vamos, necesito cafeína.
El par de adorables rubias caminó en dirección de cubierta, dónde un par de apuestos morenos y un Adonis rubio como el sol esperaban por ellas. En automático George y Albert se pusieron de pie para retirarles la silla y servirles una taza de café tal cual lo preferían, Terry solo pudo sonreír, tal vez era tiempo de conseguirse una novia o abandonar el viaje, o mejor aún seguirse divirtiendo por su cuenta, no tenía competencia con los dos hombres descaradamente enamorados.
Tomaron el desayuno, y poco tiempo después atracaron el muelle privado del complejo hotelero, había una sección ya lista para ellos, y ahí mismo se quedarían, era una especie de test run, lo que Albert no les había dicho era que tendrían compañía, Candy divisó a lo lejos familiares figuras que esperaban por ellos en el muelle.
¿Qué hacen aquí? – preguntó volteando a ver a Albert interrogante, él se encogió de hombros y le respondió.
Querían un viaje en familia como cuando éramos niños… - le dijo el rubio aludiendo al último desayuno que habían compartido como familia en los Hamptons.
No puedes evitar complacerlos. – le dijo ella burlona, pero con mirada de adoración.
Pues vi tu sonrisa de ensoñación, y aunque no entiendo porque querrías pasar tanto tiempo con tu hermana, es tú hermana, claro que viene con algunas de sus amigas… deberás ayudarme.
Seré la novia perfecta.
Por favor, Eliza Leegan es insoportable, y claro también vienen Karen y Susana, los días de soltería de Terry se acortan al parecer. - le dijo Albert con cara de fastidio.
Gracias… - la sonrisa de ella era suficiente para que él olvidara la odiosa presencia de las amigas de Anne.
No tienes que agradecerme, no podríamos tener público más exigente para el test run, solo espero qué, entre tu hermana, sus amigas y Archie no terminen por espantar a nuestro personal.
Es un test run a muy pequeña escala.
Sí, pero en unos meses haremos algo más grande previo a la inauguración.
El yate había atracado, y Albert tomó de la mano a Candy para ayudarla a bajar, ahí estaban los chicos Cornwell, Patty, Annie, sus amigas, Anthony e Isabella.
Archie se adelantó y levantó a Candy en un fuerte abrazo.
Gatita, estás espectacular, y tu incursión en el mundo de los negocios asiático ha sido todo un éxito, deberás ver todas las publicaciones en las que has aparecido. – ese era el trabajo de Archie, era el encargado de relaciones públicas de la familia, claro, había todo un equipo a su cargo, pero, él era el que veía todo lo relacionado directamente con ellos, los miembros principales.
Hola Archie. – alcanzó a responder la rubia antes de que su hermana la envolviera en la nube de Chanel no. 5
Candy, te sienta bien el viajar al lado de Albert, querida, ha sido increíble todo lo que han hablado de ustedes, hay quienes aseguran que hay boda en puerta. Debes estar feliz. – Candy no sabía como responder a eso. Pero Albert la rescató.
Anne, todo es bajo perfil por ahora, sabes que lo que necesitamos es que ella tenga una imagen fuerte, sólida, no que sea la nueva protagonista de las revistas rosas, debe brillar con luz propia, no solo por ser la novia de alguien, pero en lo que respecta a tus amigas estoy más que comprometido con ella.
Calma, no vienen por ti… - lo tranquilizó la elegante mujer de morena cabellera y ojos azules.
¿Vienen por Terry?
Así es…
Pobre tipo, lo compadezco.
Vamos, mis amigas no son malas.
Todo depende de donde lo veas… vamos Candy, por favor sirve de escudo humano. Le dijo él tomándola de la mano una vez más y caminando en dirección a dónde les esperaban.
Anthony y Stear los saludaron, Patty e Isabella venían un poco atrás, junto a las caza fortunas como las llamaban los Cornwell en secreto.
El gerente del hotel los recibió y los llevó a las habitaciones disponibles, mientras los llevaba hacían un recorrido, y Albert y Candy quedaron al final.
Señor y señora Andrew, esta es su habitación, es el modelo de lo que será una suite de luna de miel, espero que la disfruten. - dijo el hombre con aplomo, totalmente ajeno a su error, Albert estaba seguro qué no era un error, que alguien había pasado mal la información, y volteó a ver a Candy para ver su reacción.
Candy sabía bien, que ese era un error imperdonable para alguien de su cultura, y solo sonrió dulcemente, no sería la primera vez que compartían una cama.
Gracias señor Tanaka. – le dijo con una encantadora sonrisa al hombre.
Albert no dijo nada y solo la guio dentro. La habitación era espectacular, la vista divina, todo era lujoso, estaban en un bungalow privado con alberca y jacuzzi propios, situado directamente frente al mar y con una especie de pasarela de madera que conducía directo a una plataforma justo sobre el mar, ambos conocían de sobra los folletos, esa era para masajes, tomar las comidas, tal vez una cena romántica.
La cama era enorme, con finas sábanas de seda color blanco, y un dosel, el baño de una piedra local, y toda la madera utilizada era ecológicamente sustentable.
¿No te molesta?
Te apuesto lo que quieras a que no es un error de él, sino de quien hizo la lista de invitados, ahora bien, se trabajo en tener las habitaciones necesarias disponibles, sabes bien que sería una ofensa monumental haberse equivocado de esa forma… - le respondió Albert.
¿Investigarás quien fue?
Claro, y a su debido tiempo pagará por esta broma, tu y yo juntos decidiremos el castigo, pero por ahora señora Andrew, disfrutemos de la mejor habitación disponible. – le dijo él con una sonrisa coqueta.
Señora Andrew, sonaba tan bien en sus labios.
