Hola chicas, espero que lo disfruten. Mil gracias, por su apoyo, he disfrutado mucho leer cada uno de sus comentario. Un abrazo, y bendiciones.

C. Gracias por hacer que cada capítulo sea perfecto. Por contribuir con tu talento, y una vez más por compartir la aventura.

RAA 13

New York, 14 meses después de la escapada de Londres.

Albert Andrew observó la concurrida calle desde el ventanal de la sala de su penthouse en NY, todo eran líneas limpias, funcionales, elegantes, un penthouse impersonal nuevamente, tan parecido a tantos otros, era aún muy temprano, pero no había podido dormir bien, los meses de trabajo intenso, viajes constantes y preocupaciones no habían sido para menos.

El gran parque ya se vestía de otoño, y Albert no podía evitar pensar cómo la vida cambiaba tan rápido hacia tan solo un año todo había sido completamente diferente, la risa de ella se escuchaba en todas partes, sus detalles coloridos y personales habían inundado el lugar, y él había pensado que siempre serían así de felices… qué equivocado había estado.

Suspiró profundo y dio un trago más a su café, ese día sería complicado, largo, lleno de juntas y de decisiones que tomar, si bien habían tenido éxito en su lucha por salvar el consorcio y el patrimonio de los White-Rowan, no había sido nada sencillo, y Albert podía ver que el tiempo, el esfuerzo, el estrés y la incertidumbre estaban pasando factura a Victor. Temía por su salud, y bienestar, y en su momento se había ofrecido a hacerse cargo por completo, o incluso a comprarle su parte al precio que valía antes de la debacle, pero Victor, un hombre de honor se había negado a ello, incluso, había estado dispuesto a declararse en bancarrota, y modificar drásticamente su estilo de vida y el de su familia.

William C. Andrew no lo había permitido, y entre los tres habían ideado un plan de rescate, cuyo principal ejecutor había sido Albert, después de todo, él contaba con el empuje, y la fuerza que el par de caballeros mayores no tenían ya, mucho menos Victor, no tanto por la edad, sino por su condición cardiaca.

No había día que Albert no se preguntara como era que Victor resistía, como no había muerto en el instante en que tuvo que decirle que las inversiones privadas lo habían llevado prácticamente a la quiebra, el capital Andrew-White-Rowan, era intocable, y estaba protegido bajo un sinnúmero de cláusulas y previsiones, pero las fortunas personales eran libres a ser sujetas a inversiones, y tras una serie de malas decisiones, lo que parecía una fortuna inagotable se había ido en picada, eso aunado a todo lo demás… sobre todo, todo lo demás podría haber sido fatal para el hombre.

Recuperar el capital perdido no estaba siendo nada sencillo, pero Albert, los Andrew estaban decididos a no dejarlo solo, así que hoy le esperaba otra larga jornada de trabajo. Terminó su café y se dirigió a darse una ducha rápida, pasó por la habitación vacía, debía llamar al decorador para que hiciera algo al respecto, hizo una nota mental y cerró la puerta del cuarto que ahora parecía un esqueleto que ha sido despojado de toda su cubierta, no había nada, solo una cama desnuda en el centro, la cual él pensaba debía cambiar también, pero no tenía tiempo para detenerse, o para permitir que la nostalgia lo invadiera, había mucho por hacer.

Una hora y media después Albert impecablemente vestido abordó su auto y se dirigió al corporativo, entró al lobby, y la vio, la despampanante mujer de definidas curvas, abundante cabello negro, largo, con suaves ondas, y ojos color avellana. Vestía un sobrio pantalón de vestir negro, camisa blanca, y chaqueta a juego, la fina montura de sus lentes era de carey genuino, y su perfume característico flotaba en el aire.

Albert sabía perfectamente porque estaba ahí y simplemente hizo contacto visual con ella para indicarle que pasará a su oficina. Ella se puso en pie y caminó delante de él, segura de que cada hombre que se encontrara en el lugar la observaría.

Albert se detuvo un momento antes de entrar a su privado, para decirle a la recepcionista que no le pasara llamadas. Entró y observó a la despampanante mujer.

¿No dirás nada, querido? – la nota de sensualidad en su voz no pasó desapercibida a Albert.

Tomando en cuenta que tú fuiste quien vino a verme, asumo, que eres tú quien tiene algo que decir.

Hoy vence mi contrato con el corporativo… -

Pues espero que te vaya bien. – su tono era frío, sin dejar duda de la falta de interés de su parte en lo que la mujer pretendía insinuar.

Hace meses me dijiste que no podía haber nada entre nosotros, porque trabajaba para ti, y que querías evitarte problemas legales, hoy soy libre de nuevo, podemos intentar averiguar nuestras posibilidades con lo que dejamos en pausa hace años.

Sonia se puso en pie y caminó hasta el hombre que la observaba desde su lugar, recargado en el borde del escritorio, con los brazos cruzados, y mirada de aburrimiento, pero ella lo conocía bien, sabía que bajo ese frío exterior había fuego, no había olvidado lo que era ser materia dispuesta en sus manos. Su voluptuoso cuerpo, perfectamente enmarcado, sus tacones color rojos hundiéndose levemente en la mullida alfombra, sabía bien lo que quería que él le hiciera ahí mismo, en su oficina, sobre su escritorio, en el sofá, y finalmente en esa misma alfombra, así había sido su despedida, años atrás, un loco intento desesperado por retenerla de parte de él, y una despedida que no podía negarse de parte de ella.

Tengo un día muy ocupado Sonia, permíteme dejar las cosas claras, perfectamente claras, hace meses no te rechacé porque trabajaras para el consorcio, te rechacé, porque lo nuestro es pasado, así de simple y sencillo, no te amo… creí amarte, sí, pero te pedí que te casaras conmigo, que compartieras tu vida conmigo, y tú te negaste, te negaste incluso a intentar una relación de larga distancia, de mi parte, no hay más, no hay dudas, no hay quizás, y siendo brutalmente honesto, ahora sé que nunca te amé, hoy sé lo que es amar, creo que sabes que hay una sola mujer en mi corazón, y no hay lugar para nadie más.

Sí no cancelé el contrato que tenías con nosotros, no fue porque quisiera tenerte cerca, sino, porque no podía darme el lujo de hacerlo, en las condiciones en que el capital White-Rowan se encontraba, no podía perder más dinero, así que dejé el tiempo pasar, pero no me interesa alargar el plazo, tampoco, tenerte como empleada, y mucho menos como amiga personal, si tienes alguna duda, referente al termino de tú contrato, referencias, y demás, haz el favor de dirigirte a recursos humanos. Espero te vaya bien en la vida, y en tus proyectos, pero también debe quedarte claro, que, si intentas seguirme, insistir, o buscar algo más de mí, no tengo ningún problema en acudir a los recursos legales necesarios, para dejarte en claro, que no me interesa tener nada contigo. A decir verdad, contrario a lo que seguramente piensas, nunca tuve nada que ver con tu contratación, ni estuve enterado de ella, hasta que ya se había efectuado, de haberlo sabido, hubiese hecho lo necesario para evitarlo. Para mí todo acabó cuando subiste a ese avión rumbo a Alemania, no hay más de que hablar. Ahora si me disculpas, tengo mil cosas por atender.

Sonia observó impotentemente como se dirigía a la puerta y la abría para que ella pudiese salir, por meses había imaginado otro escenario, otras posibilidades, había creído que él aún la amaba, que le daría una oportunidad, que Candice White-Rowan no había sido sino un pasatiempo, sin embargo, Albert Andrew le dejaba claro que su corazón seguía prendado de una rubia de ojos verdes, a pesar, de que ella había desaparecido hacía meses.

Bien, sí eso es lo que piensas, no te rogaré… pero deberías saber que ahora que está casada, ella no va a volver, después de todo, hace meses te escribió pidiéndote hablar, tal vez pretendía darte la noticia, o la invitación a la boda en persona, pero tú ignoraste su mensaje… o bueno, eso es lo que ella piensa. Adiós Albert. Espero que sufras tanto como yo he sufrido en estos meses, teniéndote cerca, y amándote en silencio.

Albert sabía bien, que ella esperaba que la retuviera, y le hiciera preguntas, pero él no le iba a dar ese gusto, le pediría a Stear que buscara en el servidor central, después de todo, siempre quedan huellas electrónicas, para quienes saben cómo buscar.

Sonia…

Ella volteó a verlo, el pez había tragado el anzuelo.

Sólo espero que te quede claro, qué si has hecho algo, en contra de Candy, o en contra mía, esa cuenta no se va a quedar sin saldar, y me encargaré de utilizar todos los medios necesarios para que así sea. A estás alturas deberías saber, que no soy un hombre con el que se juega. Por tú bien, espero que no hayas caído tan bajo, porque contrario a lo bien que crees conocerme, aún no conoces hasta dónde estoy dispuesto a llegar por amor, no conoces al verdadero Albert Andrew, y ten por seguro de que sabrás de mí sí hiciste algo en nuestra contra. – él clavó su mirada azul en ella, completamente fría, y amenazadora. – Robert, acompaña a la señorita, a recursos humanos, espérala, y cuando termine su trámite, asegúrate de que se lleve todas sus pertenencias, acompáñala a su auto, y déjale claro a seguridad, que ella ya no tiene más asuntos que tratar en ninguna de las oficinas de los Andrew. – le dijo seriamente a su jefe de seguridad, cuando ella salió de su oficina, solo escuchó el leve click de la puerta al cerrarse.

Albert regresó a su lugar para llamar Stear, pero justo en ese momento le anunciaron la llegada del inversionista que esperaba, tendría que dejar su llamada para más tarde.

Pasó la mañana en juntas, y trabajo, a eso de las 4 de la tarde la puerta de su oficina se abrió y Victor entró con una bolsa en su mano.

No has comido nada en todo el día. – no era una pregunta, sino una afirmación, le dijo mientras le pasaba la bolsa proveniente de uno de los restaurantes favoritos de Albert.

No te hubieras molestado Victor, ¿Cómo te fue en la reunión?

Fue positiva, aceptaron nuestra propuesta… Anda muchacho, come, y también creo que hoy deberías retirarte temprano.

Hay mucho que hacer…

¿Hay mucho que hacer? ¿O no quieres ir a casa?

Un poco de ambos Victor, un poco de ambos.

El hombre mayor observó con simpatía al joven que había visto, no solo nacer y crecer, sino convertirse en un hábil hombre de negocios, respetado, honorable, el hombre que hacía menos de un año había estado seguro de que sería su yerno. Podía ver en su rostro los signos de cansancio, pero más allá de eso, podía leer en su mirada, la verdad, él aún la amaba.

Hijo, Katherine y yo estamos muy apenados por todo lo que pasó, espero que sepas, que tienes nuestro agradecimiento y apoyo. Quisiera también darte respuestas, pero no las tengo, no puedo entender como decidió en la forma en la que lo hizo… -

Victor, no te preocupes, y por supuesto que también agradezco su apoyo… ¿Vendrá a la boda de Anne?

No ha respondido nada… y entenderemos si no quieres asistir.

Es la boda de mi primo… además no puedo evitarla toda la vida… se veía bien…

¿Cuándo la viste? – le preguntó Victor sorprendido.

En el Charles de Gaulle, hará unos cuatro meses, ella no me vio, iba con él, y con los que creo eran los padres… él la llevaba tomada de la mano, ella vestía jeans, una camiseta blanca… se veía muy joven, muy diferente a la mujer de negocios… pienso que tal vez eso fue lo que ganó, el sueño de libertad, la vida sencilla, salían de una de las salas de líneas económicas…Tal vez yo no era lo que ella necesitaba.

Albert, espero que un día tengas las respuestas a las preguntas que te atormentan hijo, sabes que ella siempre fue mi consentida, pero a la luz de todo lo que sucedió, no se que pensar, al igual que tú, me siento herido, se fue, sin decir nada, se casó sin invitarnos, es como si hubiese decidido dejar de pertenecer a nuestra familia… además, la forma en la que enfrentó los problemas, o más bien, la forma en que decidió ignorarlos… huir de ellos, siendo que ella era la única responsable… - un gesto de dolor cruzó el rostro del hombre.

Victor, no pienses más, estamos cada vez más cerca de arreglarlo todo, de recuperar el capital perdido.

No solo es eso Albert, también es mi legado, tú llevas sobre tus hombros una carga que no te corresponde, debía ser una carga compartida…

Victor, por eso no te preocupes, ya veremos la forma, además ahora tendrás por yerno a un hombre capaz en los negocios, tal vez Archie pueda hacerse cargo.

Piensan mudarse a Londres, así que deberé quedarme al frente muchacho, pero no te preocupes, es mi carga para llevarla, ya suficiente has hecho. Anda, termina de comer, y vete a casa temprano, descansa…supe que hoy terminó el contrato con Sonia…

Sí, protagonizó una escena innecesaria, pero recursos humanos y seguridad ya se hicieron cargo. Vete a casa, Katherine debe estar esperando por ti.

Bien, dejo de importunarte, vete a casa temprano.

Albert solo sonrió y observó la cansada figura desaparecer por la puerta. Volvió su atención a su trabajo, y a eso de las 8 recordó que debía llamar a Stear, o más bien decidió al fin llamarlo, había estado dividido entre hacerlo y no hacerlo durante todo el día, después de todo, ¿de que serviría ya? Era imposible borrar el pasado, y ella ya estaba casada con Michael. Aún así tomó el teléfono, sabía de sobre que sería la una de la mañana en Londres, pero Stear era un ave nocturna.

Una adormilada voz femenina contestó el celular, y Albert sonrió levemente al reconocerla, al parecer habían pensado en mantenerlo en secreto.

Querida Patty, ahora veo porque te hemos echado en falta acá en New York. – le dijo con el tono preciso de coquetería.

Albert… -

Jajajajaja, así que tú y mi primo, y yo que pensé que tal vez tendría esperanzas contigo.

Esteeee…-

Descuida, no se puede romper lo que ya está roto, no te preocupes, su secreto está a salvo conmigo, ahora haz el favor de pasarme a mi querido primo, que asumo ronca a tú lado.

Patty no le contestó, pero Albert pudo escuchar la nerviosa voz despertando a Stear.

Albert. – Stear pretendía actuar con naturalidad y como si estuviese ya despierto.

Primo, debo felicitarte por tan acertada elección, solo me temo que la perdida será grande para la oficina de acá.

No hemos hablado, sobre…

Olvídalo, ya me divertí, ahora dime, ¿estás despierto?

Sí, ¿qué sucede?

Necesito que me ayudes con algo…

Tú dirás.

Necesito que encuentres un email borrado de mi cuenta, y la probable respuesta dada al mismo…

¿Tienes la fecha?

No tengo la fecha exacta… verás hoy terminó el contrato con Sonia, y en su despedida, me dio a entender que poco antes de casarse, Candy me envió un correo, que Sonia borró de mi cuenta, no le pregunté, porque no me interesaba perder mi tiempo con ella, pero, necesito saber que decía.

Bien, no es mucho el margen de tiempo, después de todo, entre que terminaron y ella se casó… sucedió todo tan rápido.

Así es, por favor revísalo, no es urgente, pero sí me gustaría saber, tal vez así pueda entenderlo.

Cuenta con ello. ¿Cómo estás?

Bien, aún en la oficina, trabajando. Descansa, vuelve a lo que sea que tú y Patty hacían, y cuando tengas noticias me lo haces saber.

Claro, buenas noches… Albert, vete a casa, o a un bar, o algo, pero sal ya de la oficina.

Jajajaja, ese parece ser el consejo de todos, el día de hoy. Adiós.

A las 11 de la noche Albert manejó de regreso a su exclusivo penthouse, solamente se duchó y se tumbó a dormir, esa era la rutina, trabajar lo suficiente, para así estar tan cansado, que pensar resultase imposible una vez que llegara a la cama.

Costa Sur de Francia, una semana después.

Solo quiero que estés completamente segura de tú decisión… es tú hermana. – le dijo Michael en tono paciente y comprensivo.

Lo sé Michael, pero… es un viaje largo, estoy en el séptimo mes…

Ya te dije que no tienes de que preocuparte, estás bien, perfectamente bien, haremos la carta del doctor de menos meses, para que te dejen volar, de todas formas, decirles que estás en el séptimo mes no es opción, sí decides no ir, no puedes usar tu embarazo como excusa para no hacerlo… o bien, podríamos cruzar el Atlántico en barco, podría ser interesante. – le dijo con una sonrisa en su guapo rostro.

Tienes razón, pero será incómodo… - le respondió ella con una sonrisa insegura.

Compraremos boletos de primera clase.

No me refería a eso, y tal vez no debamos comprar boletos de primera clase.

¿Le pedirás a tu padre un jet?

No Michael, no tengo cara para pedirle nada, seguramente a estás alturas piensa que soy la peor de las hijas…

Candy, sé perfectamente que amas a tú familia, y creo que lo que decidas hacer con respecto a la boda de tú hermana va a definir la relación que tendrás con ellos, por eso no quiero dejarte vencer por el temor.

Él va a estar ahí… y ahora es un héroe, se ha dedicado a salvar la fortuna de los White-Rowan, como si no le debiésemos a él la debacle completa.

Por eso mismo creo que debes hablar con tú padre, explicarle que pasó, si quieres regresar a New York a apoyarlo, podemos hacerlo, no quiero obligarte a nada, pero tampoco quiero verte vivir con culpa.

Candy guardó silencio y ser recargó en el hombro de él, estaban sentados en un columpio en el pequeño jardín, él la rodeó con sus brazos y besó su sien. Ella suspiró profundo, tendría que dejar atrás la paz y tranquilidad que había encontrado, al menos por una semana, no podría quedarse mucho tiempo, pero tampoco podía volar de regreso de inmediato, no sería prudente.

¿Irás conmigo? – le preguntó ella con voz baja.

Por supuesto que sí amor.

Bien, compra los boletos… pero clase económica está bien.

No Candy, si bien, no tengo un jet privado para hacerte más cómodo el viaje, puedo pagar sin problemas boletos de primera clase. Debes comprar un vestido.

Tus padres planeaban quedarse más tiempo con nosotros.

Ellos entenderán, mañana salimos a Paris, debes buscar un vestido.

Michael, no necesito un vestido nuevo…

Es la boda de tú hermana.

Es una boda familiar, con todos los problemas financieros, no podían darse el lujo de algo suntuoso.

Aún así, buscaremos un vestido, e iremos a esa boda, estaré a tú lado…

No reserves hotel en los Hamptons, quedémonos en el departamento de NY.

La boda terminará tarde.

No importa, no quiero quedarme a la fiesta, solo la ceremonia.

Muy bien preciosa, como tú quieras.

Michael se dirigió a su estudio para hacer lo necesario, Candy se quedó en el jardín por un poco más de tiempo, observando la playa que se extendía como un azulado manto, regresar y enfrentar a todos no le parecía sencillo, sabía que su familia tenía razones de sobra para sentirse herida, enojada…además, verlo a él, involuntariamente, las lágrimas brotaron de los ojos de la rubia, lágrimas de dolor, de decepción, sabía que debía calmarse, no era justo para Michael, no era justo que su corazón aún doliera, y que pensar en verlo la hiciera recordar todo lo que habían vivido juntos… y cuanto le había dolido su silencio, y rechazo.

The Hamptons, New York State. Una semana después.

El idílico jardín de los White Rowan se encontraba divinamente engalanado, en el lugar había unas 150 personas reunidas, solo familiares y amigos cercanos, una sección había sido preparada con sillas, flores y luces, para la ceremonia religiosa, y las mesas para la cena, así como la pista de baile, se habían dispuesto alrededor de la alberca, el ambiente era un fiel reflejo de las personalidades elegantes de los novios, todo estaba finamente decorado en tonos Ivory, con sutiles toques de oro viejo, y si bien, era magnífico, Candy era consciente de que no era ni una fracción de lo que su hermana había soñado fuera su boda.

Había llegado hacia un par de minutos, llevaba un vestido de shiffon de seda color azul rey, de escote en v que dejaba sus hombros al descubierto, las largas mangas eran como una segunda piel, se ajustaba justo debajo de la línea del busto, si bien las capas de tela eran sueltas y fluidas, el pequeño vientre redondeado que hacía evidente su estado sobresalí conspicuamente, su cabello iba recogido en un moño elegante, y una fina cadena dorada con un solitario flotante, regalo de su padre en uno de sus tantos cumpleaños adornaba su cuello, el resto de sus joyas eran solamente su anillo de compromiso y alianza matrimonial, y un par de discretos aretes de pequeñas gotas de diamante, regalo de Michael para su cumpleaños, se veía hermosa, y elegante.

Caminó a través de las puertas francesas ante las cuales se había detenido, Michael la llevaba tomada de la mano, tratando de infundirle seguridad, pero de pronto se detuvo en seco, a unos 10 metros de ahí, estaba él, con un impecable traje color gris, cortado a la medida, camisa blanca, y corbata azul, curiosamente del mismo color del vestido de ella, tal vez sintió la mirada de ella sobre él, o tal vez, la brisa marina le llevó el aroma a su perfume, o tal vez, esa conexión que siempre habían tenido aún permanecía, a pesar del tiempo, la distancia y el dolor, él volteó en su dirección, clavó sus ojos azul cielo en ella, ella sintió como un escalofrío recorría su cuerpo, y sus piernas temblar como si fueran de gelatina, en vez de, carne y hueso.

Albert había sentido como su corazón se inquietaba, por alguna razón había comenzado a latir más rápidamente, instintivamente volteó hacia la entrada y entonces la vio, más bella que Venus, tomada de la mano del francés, con un vestido que resaltaba su blanca piel, y un escote que mostraba generosos pechos, que según el recordaba no lo habían sido tanto antes, su mirada recorrió su cuerpo, y tuvo que volver dos veces al mismo lugar, ahí estaba la razón del voluptuoso escote… ella estaba esperando un hijo… un hijo de él… de su esposo… ¿sería posible, que esa hubiese sido siempre la razón de su apresurada boda? Su visión de ella fue interrumpida por la voz de Stear que lo llamaba, y por las figuras de Victor y Katherine que se acercaban a saludar a la recién llegada pareja.

Candice… - Katherine se había quedado sin palabras, ahí estaba su hija mayor, hermosa como siempre, con un brillo en el rostro que su inminente maternidad le proporcionaba, y al lado de su guapo esposo… Katherine tenía muchas cosas que hablar con ella, tantas preguntas sin respuesta, pero no era el momento, envolvió a su hija en un abrazo, permitió que un par de lágrimas amenazaran con arruinar su impecable maquillaje, y respiró profundo para recuperar el sonido de su voz. – Te ves hermosa… debiste… - de nada servían los reproches ahora. -Felicidades. – alcanzó a decir antes de que su esposo la rescatara.

Candy, Michael, su habitación está lista, a pesar de que nunca contestaste las llamadas y los mensajes, pero todo está preparado para recibirlos… Enhorabuena, espero que al menos cuando nazca sí tengan la delicadeza de compartir con nosotros la noticia, creo que años de amarte, cuidarte, y dártelo todo, al menos deberían merecer un poco de cortesía. Tú hermana quiere verte, ve con tu madre, Michael, te muestro sus lugares, y te invito un trago. – Todo esto había sido dicho en un tono neutral, pero para Candy, que siempre había sido la preferida de su padre sus palabras apresuradas, y la omisión del acostumbrado abrazo de parte de él habían sido como una bofetada, hizo acopio de serenidad, Michael apretó su mano, y besó levemente sus labios.

Ve, yo esperaré por ti… -

Candy siguió a su madre quien no paraba de parlotear nerviosamente sobre el clima, los invitados, los arreglos… cualquier cosa, sin darse cuenta, entró por una puerta y se encontró en la habitación de sus padres. Annie no estaba ahí.

¿Madre?

Tengo derecho a saber… a preguntar, ¿acaso nos odias tanto? – su voz estaba cargada de sentimiento.

Mamá, por supuesto que no los odio…

¿Entonces? ¿qué hicimos, para merecer tú desprecio? ¿Para recibir una nota que nos informaba que te habías casado y mudado a Francia? ¿no merecemos ser abuelos? ¿Acaso fuimos tan malos padres? Meses de no saber de ti, de no recibir una llamada, ni siquiera sé dónde vives, cómo estás, y ahora estás embarazada… serás madre Candice, y espero que la vida no te regrese ni una décima parte de lo que tú nos has hecho sufrir estos meses, la incertidumbre, la vergüenza, el dolor, la desesperación, y con todo lo que estaba pasando, ¿acaso te costaba tanto dar la cara? – Katherine estaba al borde de perder su autocontrol.

Lo siento, todo se volvió demasiado, tenía que escapar, no podía seguir viviendo en el lugar en él que había sido tan devastadoramente feliz… Era tan doloroso todo… Y Albert… Michael…

¿Lo amas? – el tono de voz le decía a Candy que ella preguntaba por Michael, no por Albert, su madre jampas había dudado que ella amara a Albert.

Mamá, Michael es bueno, lo sabes, y me adora…

Nunca dudé de que te amará, ¿pero tú? Creo que de mis dos hijas, jamás temí que tú te casaras sin amor, y eso es precisamente lo que hiciste… Te casaste con un buen hombre, pero no lo amas, y eso no es justo Candy, no es justo para ti, no es justo para él, y no es justo para ese pequeño o pequeña que esperas…

Será un niño… y en cuanto a Michael, agradezco tenerlo a mi lado, cada día un poco más… es paciente, y tierno conmigo, cuida de nosotros, y pondré todo de mi parte para hacerlo feliz, así como él lo está haciendo conmigo… y por el bebé, ni que decirte, no le faltará nada, mucho menos amor.

¿Qué hay de Albert?

Mamá, no hay nada que pueda decirte, no quiero dañar la imagen que tienen de él…

Se hizo cargo, se ha hecho cargo, de salvarnos de la ruina, de arreglar tus errores… ¿qué puedes decir?

Ves, no hay nada que pueda decir, tuve razones para irme, pero jamás la entenderías o me creerías… vine porque Michael me recordó que al final del día somos familia, pero si prefieres no tenerme bajo tú techo, lo entenderé. – un dejo de la adolescente rebelde y desafiante de antaño le advirtió a Katherine que no era el momento ni el lugar.

Al final del día somos familia… Candice, ¿cómo crees que debería hacerme sentir eso? ¿bien? ¿qué tipo de consuelo es ese? En fin, no puedo seguir teniendo esta conversación, hablaremos después de la boda, cuando los invitados se hayan ido…

No nos quedaremos aquí mamá, después de la ceremonia y el brindis regresamos a New York.

Bien Candice, no te voy a rogar que me permitas ser parte de tú vida, solo te recuerdo, que para tú padre eres el centro del universo, tú y yo hemos tenido nuestras diferencias, pero él, él no merecía semejante abandono, tus acciones han sido una bofetada directa, y espero sepas arreglarlo antes de que sea demasiado tarde.

Papá… - la pregunta se quedó sin formular.

Por ahora está bien, dentro de lo que cabe, Albert ha hecho hasta lo imposible por cuidar de su salud, y de llevar él la carga, pero no somos eternos. Y la que debería estar aquí, trabajando hombro con hombro con él, deberías ser tú… Vamos con Anne.

Candy observó salir a su madre por la puerta, sentía un hueco en el estómago, pero se dijo así misma que solo debía soportar un par de horas más.

La ceremonia se llevó a cabo sin incidentes, y Candy creyó que después de todo tal vez no sería tan horrible como había pensado, el volver a casa. Le había dolido que él la ignorara, que ni siquiera volteara a verla, después de ese primer contacto, y poco después del brindis se había desaparecido, Candy se sentía cansada, y aún les esperaba un largo regreso a la ciudad, así que discretamente le pidió a Michael irse, él había estado de acuerdo, pero ella debía atender un llamado de la naturaleza primero, caminó en automático hacia las escaleras y subió rumbo a su habitación, iba ausente, caminando sin mirar por dónde, y en el rellano de la escalera chocó de frente contra alguien, el impulso podría fácilmente haberla hecho rodar escaleras abajo, pero él la retuvo firmemente por unos segundos. La calidez de su conocido roce casi la hace fundirse con él en un abrazo, sus miradas se encontraron, pero la de él era indescifrable, ausente, cerrada a ella como nunca antes lo había estado, fría, e impersonal, como si no la conociera.

Albert. – Su voz sonaba sin aliento, no podía negar lo que su cercanía la hacía sentir.

Lo lamento Madame Gerard, no la vi, discúlpeme por el tropiezo, es mi culpa, por cierto, muchas felicidades. – sin darle oportunidad de replica pasó de largo al lado de ella.

Albert, yo solo quiero… -

No, por favor Madame Gerard, estoy en medio de algo importante. – le dijo sin siquiera voltear a verla, con el tono distante e impersonal que ella sabía utilizaba con los imples conocidos.

Ella se sintió profundamente herida por sus palabras, su indiferencia, y por cómo se refirió a ella, las lágrimas calientes rodaron por sus mejillas, mientras lo veía con una mirada cargada de amor, inadvertidamente una rubia la observaba desde lo alto de la escalera, caminó hasta ella sigilosamente y la tomó del brazo. Candy se dejó llevar. Entraron en su habitación, y Candy vio a través de la niebla de sus lágrimas la mirada de furiosa de Rosemary Andrew.

¿Qué esperabas? ¿qué se tirara a tus pies, o que te tomara en brazos y te sacará de aquí, como siempre lo hizo, sin importarle que estas casada, y llevas un hijo de otro hombre, del hombre que es tu esposo, en tu vientre?

Rose…

No Candy, déjame terminar, no quiero escucharte, no quiero saber las razones, solo quiero que sepas que has hecho mucho daño, demasiado, a mí, a tus padres, a todos, pero sobre todo a él, lo dejaste sin excusas, sin razones, sin respuestas, lleno de supuestos sobre lo que había hecho mal, lo heriste demasiado, Candy, y no es justo que ahora lo veas con esa mirada con la que acostumbrabas salirte con la tuya, cuando el único pecado de mi hermano fue amarte, venerarte y esperarte… Vete, sal de su vida para siempre. Asume lo que hiciste con ambos, regresa a Francia, o vuelve a New York a hacerte cargo de tú desastre, libéralo de ti, de tu recuerdo y tu presencia, sí es que aún tienes consciencia, y sí no, anda, ve a perderte, pero haz el favor de no verlo nunca más con los ojos suplicantes del día de hoy, con una mirada cargada de promesas, porque la realidad es que no tienes nada que ofrecerle, escogiste al hombre que… te resultaba conveniente, tal vez, no al que amabas, pero esa será tu penitencia. No esperes una invitación a mi boda, así como no espero que me invites a celebrar el nacimiento de tú hijo. Tú y yo ya no somos amigas, no tenemos nada que decirnos, te quise, y hasta te defendí, pero mi hermano y mis padres lo son todo para mí, y la verdad ya ni se quien diablos eres, francamente, en este punto, ya ni me interesa. Acaba de salir de una buena vez de la vida de los Andrew, y asume por una vez en la vida todo lo que has hecho, pero lejos de Albert. Buenas noches, espero no verte cerca de mi hermano y mis padres nunca más.

Candy observó a Rosemary Andrew salir de la habitación, su helada furia había drenado sus fuerzas, quería llorar, quería deshacerse de impotencia, pero no aún, debía salir de ahí con la frente en alta, de la mano de Michael, con una sonrisa en su rostro que no permitiera que nadie adivinara que su corazón aún sangraba, por la traición del hombre que más había amado en el mundo.