RAA 16
Parecía que apenas había puesto su cabeza sobre la almohada para dormir un par de minutos, cuando el llanto de Drew la arrancó del mundo de los sueños. Michael la buscó en automático, tratando de abrazarla.
Espera un poco bonita, tal vez se dormirá, o tráelo a la cama con nosotros, seguro no le gusta estar en la cuna… - le dijo con voz soñolienta.
Tienes cirugía en cuatro horas, vuelve a dormir, yo iré con él.
Cómo médico estoy entrenado a no dormir…
Ella no dijo nada, simplemente se puso en pie y caminó hacia la cuna de Drew, lo alzó en brazos para revisarlo, y trató de consolarlo, después de que revisó que todo estuviera bien, se resignó a darle pecho, así que tomó asiento en el sillón que habían comprado con ese propósito, la sensación de calma la invadió cuando Drew dejó de llorar, lo contempló por un rato, era un bebé hermoso, tenía ya ocho meses gateaba, y en general era angelical, sano, Candy suspiraba todos los días aliviada al verlo bien, desarrollarse adecuadamente y alcanzar poco a poco las pequeñas metas que constituyen el primer año de un bebé.
Todos los días era una batalla campal contra la depresión que amenazaba con ahogarla, amaba a su hijo, pero había vivido alejada de todo y de todos por mas de un año, y pareciera que él único propósito de su vida era servir de tetera del pequeño… una parte de ella sabía que era un enorme privilegio, y adoraba los tiempos que pasaba con él.
Pero había otra parte, la parte aventurera, la mujer de negocios, culta, bien educada, que había ido de portada en portada y de fiesta en fiesta durante más de un año, que extrañaba tener una conversación adulta, arreglarse, salir, caminar por la calle consciente de que volteaban a verla, consciente de que era hermosa, y atractiva. La que extrañaba analizar cifras, presupuestos y diseños mientras visualizaba el resultado de su trabajo… esa parte sentía que moría lentamente con cada día que pasaba y se volvía experta en canciones de cuna y rimas infantiles.
Los días parecían transcurrir entre cambios de pañales, balbuceos de bebé, tomas de leche materna. Su atuendo apenas llegaba a pantalones, y blusones, siempre había manchas de comida en su ropa, o de saliva, leche devuelta, usar tacones era impensable, y no era siquiera posible, tomar una ducha rápida, o terminar una comida, sin escuchar al pequeño llorar pidiendo desesperadamente a su madre.
Michael le había dicho una y otra vez que contratara a alguien, había llevado un par de opciones, pero Candy se rehusaba a permitir que alguien le ayudara, Céline lo hacía por momentos, y Michael la apoyaba cuando estaba en casa, pero ni aún con ellos Candy dejaba a Drew más de lo necesario para darse una ducha que le permitiera el tiempo suficiente para desenredar sus rebeldes rizos. Tal vez porque era consciente de todo de lo que lo había privado, y tal vez, porque, aunque no lo admitiera, hacía más de diez años que su habilidad de confiar en la gente se había ido al caño.
¿Cómo más puedes vivir, cuando te enteras de que tú mundo, es en realidad una mentira? Una grande, elaborada y cruel mentira… por supuesto que nadie sabía que ella estaba enterada, todos asumían que era egoísta, caprichosa, y fría, nadie conocía la magnitud de su herida, ni de los temores que amenazaban con engullirla completa día a día.
12 años atrás, Cotillion de la DAR.
Candy alisaba nerviosamente los blancos pliegues de seda cruda de su magnífico vestido, parecía una princesa, su cabello cuidadosamente recogido en un tocado alto, con algunos rizos sueltos alrededor de su rostro, llevaba una tiara de perlas y diamantes, una reliquia familiar que su madre y su abuela, e incluso su bisabuela habían usado en su propio cotillion y bodas, su vestido era strapless, completamente favorecedor, pero a Candy lo que le preocupaba era ser el centro de atención, no le gustaba, y a decir verdad seguía con la tradición por complacer a su madre y a su abuela, pero le tenía sin cuidado conocer jóvenes adecuados de su estrato social, para casarse a los 20, no, ella quería estudiar, viajar, trabajar, conocer otro mundo, ser independiente.
A su alrededor había bullicio, 24 chicas de 16 años dando los últimos toques a sus atuendos, gritando a sus estilistas y modistas, teniendo una crisis nerviosa porque a última hora se arrepentían de su vestido, o bien, algunas con unos tragos demás, todas conscientes de que era uno de los días más importantes de su vida, su presentación en sociedad, el peldaño sobre el cual se afianzarían para construir su futuro, todas hijas de familias de abolengo y renombre, adineradas, herederas no solo de fortunas cuantiosas, sino de legado ancestrales, y rancio abolengo.
Y en medio de todo ese caos, nubes de perfume, crisis nerviosas, histeria, ilusiones, sueños, ambiciones y ebullición de hormonas estaba ella, Candice White-Rowan, las damas de la asociación sabían que sería el éxito de la noche, no solo por su belleza clásica, y magnetismo, sino también por quien era su acompañante, entre los chicos de 18 años, estaba un hombre de 24, media cabeza más alto que el resto, con la estructura de un hombre y no de un jovenzuelo, serio, pero de buen humor, esperando pacientemente entre la alaraca que los jóvene años menores que él hacían mientras daban un trago de whiskey apresuradamente y a escondidas.
Albert sabía que muchos de ellos apenas sabían beber, y no dudaba que el whiskey fuera de excelente calidad, robado a hurtadillas de la licorera de sus padres, pero para Albert, esa etapa era cosa del pasado, y sí estaba dispuesto a soportar semejante ridiculez era solo por ella, Candy se lo había pedido, le había llamado, y enviado sabría Dios cuantos correos recordándole la fecha, pero la realidad era que nadie tenía que recordarle nada, en deferencia ella haría lo que fuera, aún soportar a los imberbes mozalbetes que llenaban la habitación de caballeros acompañantes.
A diferencia de ellos que vestían rigurosa etiqueta, él llevaba el traje de gala escocés, como sorpresa para Candy, las estrictas normas de vestimenta habían por supuesto sido hechas a un lado, ante el poderío y prestigio de los White-Rowan y Andrew, nadie se opondría a que el heredero de uno de los clanes más antiguos y poderosos escoceses luciera la máxima gala de su país. Albert regresó su vista a su Blackberry contestando correos y agendando citas de negocios, estaba por concluir su maestría, y ya formaba parte del mundo empresarial, al lado de su padre.
Candy estaba concentrada en el libro que llevaba, las chicas ahí reunidas eran sus conocidas, más no sus amigas, ella era tan diferente, a las demás, que, aunque era hija de una de las familias más poderosas no encajaba realmente en ese mundo superfluo, regido por las apariencias y el árbol genealógico, claro, nadie decía nada, su "pedigrí" era el más antiguo de la sala.
Eliza Leegan observó furiosa a la jovencita que ella consideraba una insulsa sin intereses propios, indigna de ser quien abriera el baile y engalanara la fiesta, ella era pariente de los Andrew, no solo la chiquilla loca advenediza que envolvía a todos con su encanto y rostro inocente… además, Candice White-Rowan, no merecía estar ahí, después de todo, su línea ancestral era falsa… Y Eliza se encargaría de arruinarle la noche, y hacerle saber, que ese no era su lugar, que ella no era más que una donnadie, sabría Dios de quién se habría embarazado la casquivana de su madre, y aunque Katherine era una Van der Beek, ciertamente, haber tenido una hija del jardinero, o algún miserable guardaespaldas, no era precisamente beneficioso para su reputación y buen nombre.
Por supuesto Eliza no sabía a ciencia cierta en que consistía el gran secreto de los White-Rowan, o en todo caso de Katherine Van der Beek, pero, las fotos y reportajes no publicados que había encontrado en el escritorio de su madre, así como la conversación a medias que había escuchado entre su madre y una amiga cercana, le daban suficientes municiones para arruinar la noche de la rubia, solo debía encontrar el momento exacto para destruir de una vez por todas el mundo de cuento de hadas en el que la mustia esa vivía.
Se acercó a Candy y en voz baja le preguntó.
¿Cómo estás bastardita? – su tono de voz venenoso, e intencionado.
Candy ni siquiera se molestó en alzar la vista, como era que Eliza Leegan fuera amiga de su hermana, era algo que simplemente no entendía, pero no estaba de ánimos de soportarla, después de todo, esa noche Albert sería todo suyo por unas horas, tenía largo tiempo de no verlo, y ese otoño iría a la universidad, tal vez pronto, él la vería no como una niña, sino como una mujer.
Eliza, no estoy de humor para soportarte, ¿Por qué no vas a ver si Neal aún está en el cuarto de caballeros o sí ya se escapó? – le dijo sabiendo perfectamente que Eliza estaba furiosa de que su pareja hubiese cancelado a última hora y su hermano hubiera tenido que sustituirlo.
Te crees tan superior, pero cuando sepas lo que tengo que decirte, dejarás de ser tan altanera, porque al final del día no eres nada ni nadie. – le dijo en tono rencilloso, esperando despertar su interés.
No me interesa nada que tengas que decir, y creo que tú maquillista debe retocar el maquillaje, porque se te notan un par de arrugas en la frente de tanta amargura que cargas. –
¿Cómo crees que el cornudo de tu padre recibiría evidencias de que no eres producto del grande amor que le tiene a tú madre, sino de la lujuria y la infidelidad?
Eliza, no se de que hablas, creo que deberías parar de tomar. –
Muy sencillo mi querida bastarda, tu padre, no es tu padre, tu mamá le fue infiel. –
Estás loca Eliza. – Le dijo Candy volviendo su mirada a su libro.
No pensarás lo mismo cuando veas las pruebas… -
Bien Eliza, manda las pruebas, pero por ahora déjame en paz. –
Eliza iba a decir algo más, pero en ese momento anunciaron que era hora de salir al salón, Candy simplemente se puso en pie y pasó de largo al lado de Eliza, por supuesto, en cuanto vio a su apuesto príncipe olvidó las palabras de la víbora, al menos hasta que un misterioso paquete llegó a su casa.
Candy despertó abruptamente en cuanto sintió el vacío de Drew en sus brazos, se sintió sobresaltada, pero pudo divisar la figura de Michael, que cargaba con ternura al pequeño y lo acomodaba en el centro de la cama, él no se había dado cuenta que ella había despertado, y Drew estaba activo, platicador, llevando sus manitas a la cara de Michael, y riendo suavemente ante las caras y arrumacos que Michael le hacía, Candy sabía que era afortunada, pero no podía evitar pensar… si… pero, no, no había más posibilidades, este era su lugar, su presente, su vida ahora.
Pequeño Drew, dime, ¿vamos a pasear y ver el amanecer para dejamos a mami dormir? – le preguntó al pequeño suavemente, mientras le cambiaba el pañal, por respuesta recibió un par de gorjeos, y una enorme sonrisa.
¿No tienes que ir al hospital?
Sí, pero, no hasta medio día, se canceló la cirugía de esta mañana… pensé que, ya que estabas inquieta sobre dejar a Drew con Céline, o llevarlo al desayuno con Anthony, lo puedes dejar conmigo, e irte tranquila.
¿Estás seguro?
¿No confías en mí?
No es eso, es solo que nunca te has quedado solo con él…
Porque nunca me lo has permitido, pero ya que no quieres que Anthony venga a la casa, ni quieres que conozca a Drew, creo que no tienes más opciones… y también estoy seguro de que te hará bien, necesitas tomar un tiempo para ti… anda duerme una hora más, yo me haré cargo de este hombrecito, después toma tu tiempo para arreglarte, y disfruta de tú salida, debo estar en el hospital a las dos, pero si no llegas a tiempo, podemos vernos en un punto intermedio, o Céline se puede quedar con Drew…
No tardaré tanto… Gracias… -
No tienes nada que agradecer, es lo que me corresponde como padre. – le dijo mientras inclinaba al bebé para que lo besara y la besaba en la frente, para después salir de la habitación.
Candy se levantó estaba algo entumecida por la postura, y su cuello se encontraba torcido, se estiró y aprovechó el tiempo para hacer un poco de yoga en la terraza, después tomó una ducha larga, y cuando salió escogió una falda en línea A color turquesa, y una simple camiseta blanca, un color que ahora rara vez usaba, tomando en cuenta que Drew siempre hallaba la forma de tener sus manitas sucias. Calzó wedges, floreados que iban a la perfección con su look primaveral, recogió su cabello en una cola y aplicó algo de maquillaje, sabía que se veía mejor de lo que se había visto en meses. Pero aún así era perfectamente consciente que no engalanaría ninguna revista de modas con ese look… ¿¡De cuando acá le importaba eso?! Buscó un bolso de cuero crudo, sacó de la mochila que usualmente utilizaba como pañalera su cartera, llaves y pequeñas cosas necesarias.
Estaba nerviosa, no sabía bien, como había accedido a ver a Anthony, era una locura, pero, la realidad era que, aunque Anthony se había enojado con ella cuando se fue sin dar explicaciones, no le permitió que lo sacara de su vida, insistió con llamadas, correos, y al fin había amenazado con llegar de sorpresa si no accedía a verlo, así que al fin Candy había acordado que lo vería en un pequeño bistró en el pueblo más cercano.
Bajó las escaleras y encontró a los dos hombres de la casa desayunando avena, divertidos. Michael alzó la vista y la contempló, para él ella siempre se veía hermosa, pero, desde que Drew naciera, rara vez la veía sin un par de yoga pants y una camiseta de algodón. Así que apreció detenidamente su suave figura enmarcada en la puerta.
Te ves hermosa. –
No digas tonterías, solo me puse falda… -
Siempre te ves hermosa, pero extrañaba verte así, tal vez podríamos ir a cenar a un buen restaurant un día de estos…
No tenemos con quien dejar a Drew, y tampoco podemos llevarlo con nosotros… tengo que irme, se me hace tarde, gracias por quedarte con él.
Soy su padre Candice, es lo normal. – le dijo un poco seco, ante la frialdad de ella.
Candy no hizo ningún otro comentario, besó a su pequeño en la frente, a Michael en los labios, y se dirigió a la salida. Subió a la SUV plateada que Michael había insistido en comprarle por seguridad cuando Drew nació y condujo la imponente carretera costera.
Llegó al bistró y en cuanto descendió lo vio ahí sentado… tan parecido a él, y a la vez tan diferente, aunque, en honor a la verdad, ahora que Anthony había rebasado los 31, era más difícil encontrar las diferencias, al menos físicamente, fácilmente podrían pasar por hermanos gemelos, ambos arrebatadoramente apuestos, a Candy le dolió el corazón, tan solo de pensar que podría fácilmente ser Albert el que se encontrara frente a ella, y tal vez, pensando que era Anthony, podría mantener la calma y disfrutar de una cálida mañana a su lado, dos hombres tan parecidos producían reacciones tan diferentes en ella… tal vez esa era la clave, la forma de compartir con él, todo lo que anhelaba.
Anthony se veía impecable, vestido a la moda, con barba perfectamente delineada, y cabello muy corto, se veía guapo, pero en honor a la verdad, siempre lo había sido.
Candy… - dijo él cuando por fin la tuvo enfrente, la abrazó y besó en ambas mejillas, para después abrirle la silla e invitarla a sentarse. – te ves espectacular, nadie pensaría que tienes un bebé de ocho meses, que espero no hayas dejado en la camioneta… - le dijo con tono de broma para diluir la incomodidad.
Jajajaja, Michael se quedó con él, y tú… ese nuevo look… wow… -
Tengo 31, creo que es apropiado.
Jajajajajaja, ni lo digas, no me recuerdes la edad… -
¿Por qué en pocos días cumples 28?
Precisamente.
Candy lo observó, sabía de sobra que esta no era precisamente una visita social, Anthony quería hablar con ella por alguna razón. Lo miró a los ojos, y guardó silencio, esperando que fuera él quien hablara.
¿No vas a preguntar entonces?
¿Por qué te dejaste la barba? O ¿qué haces aquí?
Mueres por saber de él, pero no te atreves a preguntar.
Las revistas han guardado silencio sobre su vida desde hace tiempo… - admitió ella.
Se perdió por algunos meses en África, en cuanto estabilizó la situación de los negocios… pero ya está de vuelta, solo que no en New York. -
¿Te estás haciendo cargo tú?
Tu padre está al frente, pero Archie y yo hacemos lo posible por ayudarle con la carga, Albert insistió en quedarse, pero Victor le dijo que lo mejor era que regresara a Londres… Candy, necesitó saber que pasó.
No hay nada que decir, no quiero hablar de ello.
Lo siento, pero yo sí quiero hablar contigo, no entiendo, y tengo que hacerte ver lo equivocada que estás, y lo que estás lastimando a los que sé perfectamente que amas. Tú padre te necesita. ¿sabes que tuvo otra amenaza de infarto?
¿Cuándo fue eso? – preguntó ella genuinamente preocupada.
Después de que te visitaron… ¿Qué les dijiste Candy?
¿Por qué lo preguntas?
Regresaron mal, quebrados, sobre todo tu padre, sabes que te adora, no puedes hacerle esto, no puedes negarle el privilegio de ver a su nieto, es más es su derecho…
No sabes lo que dices Anthony, no entiendes… sí supieras, hasta tú mismo justificarías mis decisiones. – le dijo ella con seriedad y un toque de amargura.
¿Qué vas a decirme? ¿Qué Albert te engañó con Sonia? ¿Acaso fue Albert quien la trajo a la compañía? ¿Fue él quien le ofreció un contrato millonario, que disolver, le hubiese costado a tú papá la compañía? Piénsalo Candy, en la situación financiera en la que dejaste la empresa, era imposible despedirla, por eso Albert no la despidió… ¿Acaso pensaste que era porque la amaba?
Eso quiso hacerme creer ella… pero no me fui por eso.
Hubieses sido la mujer mas idiota del mundo si le hubieras creído a Sonia, después de que Albert se encargó de demostrarte una y otra vez cuanto te amaba…y tú, de la nada, sin explicaciones, te largaste del país, casada con otro hombre, ¿acaso no tenía derecho a saber por qué? Sí no lo amabas, si querías terminar con la relación, no era necesario casarte, ni mucho menos irte, por Dios , eres una adulta, no una cría de 16 años que puede largarse del cotillion para jugar en el mar y arruinar un vestido de miles de dólares, por sabrá Dios que razón, después cuando te fuiste una semana después… y te negaste a regresar y aparecer en las reuniones familiares, pensé, está creciendo, tiene una crisis de identidad, no, sé, lo que fuera, pero, fueron 10 años de ausencia Candy, 10 años en los que hiciste tu vida aparte como si los demás no importáramos… entonces esperé, todos esperamos por ti, fuimos paciente, porque eras una niña… o porque así queríamos verte más bien, después cuando regresaste a New York, pensé que habías madurado, crecido, superado lo que sea que te llevó a alejarte entonces, pero ahora, ahora no entiendo, somos adultos, eres una mujer casada, con un hijo, deberías poder enfrentar las cosas de una manera más madura, Albert no merecía lo que hiciste… dime…¿Qué fue eso tan horrible que hizo, para que tú te comportaras de esa forma?
No puedo decírtelo Anthony, solo debes saber que tengo razones de peso para haberme alejado, y para haber alejado a todos.
¿Estás amenazada? ¿Todo bien con Michael? – le preguntó Anthony, tratando de comprender. Aunque bien sabía que según lo que Victor y Katherine habían dicho, Michael estaba dispuesto a tener una relación con ellos, y era Candy la que no había querido.
No estoy amenazada, y por supuesto que Michael no me tiene secuestrada… pero no puedo hablar de mis razones, no ahora, es demasiado, es vergonzoso, es inmoral, una aberración, así que no puedo decirlo… no hasta que no esté segura de algunas cosas. Sólo puedo decirte, que, aunque amo a Albert con todo mi ser, y su ausencia hace que parezca que me falta el aire, mi relación con él no es solo un imposible, sino un pecado… es antinatural… Sé bien que no tuvo nada que ver con Sonia, pero era más fácil creerme sus mentiras para tener el valor de salir de ahí que enfrentar la verdad… y también era más fácil huir que intentar ser amigos de nuevo, porque verlo y saber que me está prohibido me duele demasiado. – las lágrimas se adivinaban en la voz de la rubia, el dolor, y el horror se reflejaban en su mirada.
¿Candy de qué hablas? No vine a hablarte de Albert, no espero verlos juntos, eso ya pasó, ya fue, y sí aun lo amas, deberías ir pensando cómo superarlo, él está bien, haciendo su vida, tal cual la hacía antes de ti. – le dijo sin miramiento alguno.
Siento mucho haberlo herido, y lamento profundamente la forma en la que tomé las decisiones, pero era imposible quedarme a su lado, sabiendo lo que sé, y sabiendo que el impedimento para estar juntos al final del día no es algo que nosotros hicimos, sino algo más grande que nosotros, nuestros sueños, o nuestro amor. - Ella se veía derrotada y dolida.
Pero Anthony no había cruzado un océano para consolarla, o decirle que todo iba a estar bien, estaba ahí por una razón específica, ella debía regresar, era su obligación, lo que le correspondía hacer, y verdaderamente ya se había cansado de ver a todo el mundo pensar en como ayudar a Victor, cuando lo que había que hacer era hacer que tanto Candice como Anne tomaran su responsabilidad en los negocios familiares, estaba claro que no le darían la presidencia nuevamente, es más se haría una reestructuración, pero ellas debían formar parte del consejo y asumir las responsabilidades que les correspondían, darle paz y tranquilidad a su padre, sobre todo, porque el tiempo se agotaba, y era claro que la salud de Victor decaía a pasos agigantados.
Lo siento, si crees que no estoy siendo comprensivo, pero vine por una razón Candy, debes regresar a New York a hacerte cargo de tus responsabilidades, por casi dos años hemos llevado toda la carga que a ti te corresponde, lo hemos hecho por tus padres, pero a las que les corresponde hacer su parte es a ti y a Anne, no pueden seguir metidas en su burbuja personal, creyendo que es obligación de todo el mundo solucionarles la vida. -
Anthony, nadie te pidió consejo, ahora bien, si no quieren, hacerse cargo, no lo hagan… yo no he tocado ni un cinco de mi fideicomiso… no estoy viviendo a costa de la empresa, ni de mis padres…
Claro, estas viviendo a costa de Michael, ¿no te parece deprimente?
No tienes ningún derecho a juzgar mi vida, todos asumen, pero nadie ha preguntado, a nadie le ha importado saber…. –
No te hagas la víctima, porque no lo eres.
No tienes el panorama completo, si lo tuvieras …
Haz entonces el favor de explicarme Candy, dime de una vez por todas todo eso horrible que sucedió que te llevó a huir de nosotros, a despreciarnos, a herirnos en lo más profundo, ¿qué hizo Albert? ¿Qué hicieron tus padres?...
No llegué sola a esa situación económica, Albert estaba ahí para evitar que cometiera esos errores, y en vez de eso, permitió que lo hiciera, es más, se aseguró de que lo hiciera.
Estás mal, Candice, tú misma hiciste los contratos y las inversiones, tú misma contrataste a Sonia sin preguntarle, tu curiosidad por conocer a la que según tú era tu rival pudo más que el sentido común.
Ella era perfecta para lo que queríamos… no hice nada malo.
¿Entonces porque lo hiciste a escondidas de Albert? Candy, ya no importa, las razones, las excusas, son lo de menos, pero, debes de regresar, o bien tomar responsabilidades acá.
La filial europea es de…
De los Andrew, así es, pero no te preocupes, George puede ser tú contacto, es cierto que no quieren verte ni en pintura, pero también sabes que los une a tu padre es muy fuerte.
Tengo un hijo Anthony…
Claro, y serás la primera mujer del mundo que tiene que buscarle una guardería o una nana. Deja de excusarte.
Bien, ¿qué has pensado que haga? –
Primero que hables con tu padre, debes decírselo a él, después de todo es su empresa, y arreglar las cosas con ellos, lo demás, pues ya no tiene remedio, tú decidiste irte, tú decidiste dejarlo sin explicaciones…
Yo lo busque…
Jajaja, en los famosos correos que borró Sonia. "Albert, tenemos que hablar. Candy" ¿eso era todo? ¿Y que tanto necesitabas hablar sí una semana después estabas casada? Tú decisión ya la habías tomado, y no sé qué esperas ahora. Los Andrew están conscientes de que tendrán que toparse contigo en ocasiones, pero tal como te dijo Rose, ya no eres parte de la familia.
¿A eso viniste? ¿A traerme un mensaje de los Andrew? Créeme que un día entenderás, pero mientras tanto llamaré a papá, por supuesto que puedo hacerme cargo de cosas desde acá, solo necesito saber que es lo que necesitan que haga. – le dijo cuadrando los hombros con orgullo, no era una inútil, y sabía bien que podía hacer muchas cosas en el continente si era necesario, claro habría que contratar a alguien, para que la ayudara con Drew… pero.
Dime una cosa. ¿Le fuiste infiel a Albert y quedaste embarazada de Michael? ¿por eso saliste huyendo?
¡Anthony! Es lo que todos piensan… ¿cierto?
Es una de las teorías… y bueno, Albert es mi primo, pero tú eres mi amiga, y también te considero familia, así que no quiero perderte… sin embargo, debo decirte que no estás invitada a la boda.
Lo entiendo. Te deseo lo mejor. – le dijo ella tratando de esconder cuanto le dolía ese hecho.
Candy, solo espero que no te arrepientas de las decisiones que has tomado, cuando ya sea demasiado tarde para cambiarlas… él te amó con todas sus fuerzas, y creo que fuiste una idiota por irte de la manera en que lo hiciste, le cerraste la puerta al amor, pero espero que estés consciente, que por mucho que te haya amado, no va a buscarte, ni está esperando por ti, él esta haciendo su vida, lo destrozaste, sí, pero Albert no es ni un juguete ni un crío, es un hombre, un hombre que te amó intensamente, pero que tiene dignidad, y por nada del mundo vendrá a rogarte, si acaso eso es lo que esperas.
Soy una mujer casada, esa ya no es una opción.
Claro, veo como la felicidad brota de tus poros, y por supuesto vivimos en la época donde el divorcio era un imposible… te diré lo que seguro te dijo Victor, Michael es un buen hombre, no se merece que lo uses, no lo amas, déjalo ir, ser feliz, y hacer su vida. Y rehaz la tuya, vuelve a casa, enfrenta tus errores, hazte cargo de lo que te corresponde, dales la oportunidad a tus padres de entenderte, no vine aquí por Albert, vine aquí por ellos, y por ti, Victor te necesita, y no quisiera que volvieras cuando sea demasiado tarde. – le dijo tajantemente.
Anthony, creo que debo regresar a casa, un placer verte. – le dijo ella con sequedad, mientras se ponía en pie para irse.
¿No me invitarás a tu casa a conocer a Drew?
Dejaste claro que esta no era precisamente una visita social.
Crucé un océano para decirte de frente lo que nadie se ha molestado en venir a decirte. Dime, no puedo ir a tu casa ¿porque a Michael le molestaría, o porque el pequeño Drew podría fácilmente pasar por mi hijo?
Michael sabe que estoy contigo, y en cuanto a Drew, es un bebé, punto, no sé a dónde quieres llegar.
Candice, espero que hayas calculado correctamente los riesgos y resultados de tus decisiones, por más que él te haya amado, jamás te perdonará que lo hayas alejado de su hijo.
Drew es hijo de Michael. Ahora, si me disculpas, debo regresar a casa.
Anthony suspiró profundo, era inútil discutir con ella en esa postura, Anthony, siempre se había preguntado que había sucedido para hacerla cambiar tanto, de ser una chica que amaba las reuniones familiares, segura, feliz, se había convertido en una chica retraída, que prefería quedarse en la universidad a ir a casa en vacaciones. Se despidió de ella con un rápido abrazo y un beso en ambas mejillas.
Espero que no te des cuenta de tus equivocaciones cuando ya no haya remedio, así que no pospongas demasiado tiempo llamar a tú padre.
Ha sido un placer verte Anthony. – le dijo ella con mirada molesta, mientras subía a su camioneta.
Anthony espero unos pocos minutos, y abordó el sencillo auto que había rentado para seguirla, lo hizo con cuidado, sabía bien que ella era despistada, y que seguro después de la charla que habían tenido, ella iría distraída.
Se mantuvo a una distancia prudente, la vio estacionarse frente a la linda casa, y vio en el jardín delantero a Michael, con un pequeño, tomó los binoculares que llevaba y enfocó… golpeó el volante molesto, Dios, en verdad que no la entendía, y sabía que se iba a desatar el infierno en cuanto todo saliera a la luz, no cabía duda, estaba en lo correcto, ahora, solo tenía que averiguar que había querido decir ella… desenterrar el enigma, saber exactamente que le había dicho Sonia, y encontrar la manera de hacer el menor daño posible con lo que ahora sabía… sin embargo, no podía quedarse callado. Después de todo, no importaban las razones, esa era una verdad que ella no tenía derecho a callar, sobre todo, porque ni siquiera le había dado una oportunidad de hacer algo al respecto. Ella había decidido tajante e intransigentemente por los dos. Lo lamentaba por Candy, porque sabía que en cuanto la verdad saliera a la luz, no solo tendría a la familia encima, sino a una larga fila de abogados dispuestos a hacer valer los derechos de los Andrew sobre el futuro heredero a toda costa.
Dos semanas después de la visita de Anthony.
Candy estaba sentada en la mesa del jardín observando a Drew jugar en el pasto, el día era delicioso, soleado, y tranquilo, el olor a sal, y el sonido de las olas acallaban su atribulado corazón, de pronto un par de objetos que cayeron sobre la mesa la hicieron brincar, Candy pudo observar su pasaporte y el de Drew sobre el cristal, y volteó a ver a Michael dubitativamente.
¿Quieres explicarme que significa esto? – le preguntó él con mirada seria.
¿De qué hablas Michael?
¿Cuándo pensabas informarme, que Drew está registrado solo como tú hijo? – le reclamó con tono contenido, ya que Drew estaba cerca.
Michael, es solo por practicidad. – le dijo ella restándole importancia al hecho.
¿Practicidad?
Michael, no quiero enredarme en una batalla legal sí un día decidimos que nuestro matrimonio se acabe, no iba a arriesgarme a perder la custodia de mi hijo.
¿Tú hijo? Eres una egoísta, has decidido que Drew es solo tuyo, y has alejado a todos, tal vez deberías vivir solo con él.
Michael, si hubiésemos firmado un prenupcial, diría que nuestro hijo mayor llevaría el apellido White-Rowan.
Así que puedes darle el apellido de tu padre, pero no puedes permitir que tú papá venga a verlo… no seas incongruente Candice, por Dios. -
Michael, no quiero pelear, Drew es mi hijo…
Y también el mío, he estado aquí para cada cosa, y no es justo que quieras negar mi paternidad… creo que no me lo merezco, he dado todo, no solo materialmente… los amo, pero como te dije hace no mucho no puedo seguir mendigando tu amor Candice. Eres una princesita mimada, que cree que el mundo debe girar a tu alrededor, y por casi dos años eso es precisamente lo que he hecho, porque te amé, te amo, pero sabes, es muy cansado ser solo uno en un matrimonio, y yo, ya no puedo más.
Michael, no seas dramático, no me estoy yendo, Drew es tú hijo, solo, como mujer de negocios estoy acostumbrada a pensar adelante.
Es mi hijo, pero no puedo siquiera comprarle un boleto de avión o pensar llevarlo a visitar a mis padres, dime, ¿qué más tengo derecho a hacer además de pagar las cuentas, y cuidarlo de vez en cuando? Y no te estoy reprochando el dinero. Dime, ¿podré tomar decisiones médicas? ¿pensar en que escuela sería la mejor?
Michael, es para sentirme segura.
¡Claro, el mundo gira a tú alrededor! ¡Lo olvidaba!
No dije eso, ¡Además, para que necesitas los pasaportes?! – preguntó molesta por verse acorralada.
¡No tienes ni que decir! lo mejor que se te puede ocurrir es cuestionar mis motivos… ¿acaso, alguna vez te he dado razón para dudar? ¿He hecho algo que no sea ver por ti, y por Drew, y estar para ustedes? soy un hombre paciente Candy, pero todo tiene un límite. Respondiendo a tú pregunta había comprado boletos de viaje, hay un congreso médico en Sudáfrica, y pensé que te gustaría venir, quería sorprenderte, pero resulta, que compre los boletos para Candice y Drew Gerard, porque según recuerdo eso es lo que habías ido a hacer a la oficina de registro, pero, ahora resulta que no tengo ni esposa, ni hijo… - le dijo con rabia y dolor.
Michael, lo último que necesitamos en este momento es un viaje, ¿acaso pretendes parchar con eso lo que evidentemente, hace mucho tiempo no hemos tenido? - Candy le replicó.
Lo mejor será que viaje solo, Candice… piensa bien que vas a hacer, porque tienes dos opciones, o haces el cambio en el registro, dándome la paternidad, o quiero el divorcio. No estoy dispuesto a permitir que me sigas usando, yo quería una vida contigo, construir un futuro juntos, pero esto es ya insostenible, este matrimonio no te interesa ni siquiera para aparentar, así que me voy esta noche, cuando regrese, terminaremos con esto de una vez por todas. – le dijo con tono un de acero en la voz, qué rara vez utilizaba, siguió caminando para entrar a su casa, ignorando lo que ella trataba de explicarle.
Candy daba vueltas y vueltas en su cama, pensando, tratando de dormir, hacía una semana que Michael se había ido, y ni siquiera había llamado una sola vez, trataba de pensar, de llegar a una solución, de arrancarse del corazón lo que le impedía amar al maravilloso hombre que era su esposo, pero era inútil.
Ahora entendía que Anthony no solo tenía razón, sino qué en su infantilismo, había lastimado a todos los que le importaban, y que incluso ninguna de sus razones era válida ahora, porque al final del día sus decisiones, sus ganas de creerse sus propias mentiras y falta de valentía para enfrentar la verdad, eran las que habían creado el caos, la soledad y el desamor que ahora reinaba a su alrededor. Ahora entendía que, si hubiese hecho las cosas diferente, al menos ahora podría estar en paz, y tal vez, tanto ella como Albert, podrían ser felices, aunque fuera lejos el uno del otro.
De pronto el sonido de su teléfono la despertó, contestó de prisa, tratando de impedir que Drew se despertara.
Señorita White-Rowan, tengo la investigación que me pidió. – le dijo a modo de saludo la voz el hombre que ella había contratado poco antes del nacimiento de Drew.
Candy acordó una hora para verse con el hombre. A la mañana siguiente se despertó temprano y arregló a Drew para salir, ella misma vestía skinny jeans, blusa a rayas blanca con azul y un blazer color rojo, calzaba loafers color nude, salió de casa y le informó a Céline que no sabía cuánto se tardaría.
Manejó sumida en sus pensamientos y respiró profundo, hoy recibiría la confirmación de lo que había temido enfrentar por tanto tiempo… ya no habría vuelta atrás, no serían solo rumores, o palabras mal intencionadas, las pruebas ya se las habían dado una vez, ahora solo quedaba confirmarlas.
Descendió de la camioneta, divisó al hombre, y se acercó con Drew en brazos.
Señorita White-Rowan. – le dijo a modo de saludo el hombre.
Mr. Jameson… ¿Por qué tardó tanto tiempo?
Porque investigar a familias tan poderosas como las suyas, sobre un asunto tan escabroso como el que me pidió no es sencillo… espero encuentre las respuestas que busca. Todo está detalladamente dentro del sobre.
Ella tomó el sobre y lo guardó en su bolso, le pagó al hombre la cantidad acordada en un sobre.
Llámeme si tiene duda de algo, pero, puedo asegurarle que la información es verídica… cuando la vea entenderá… Lindo niño, tiene los ojos de los Andrew…
Candy no dijo nada, solo caminó a su camioneta y condujo a una ciudad un poco más alejada, dónde nadie la conociera, había hecho una reservación en un hotel, necesitaba estar en territorio neutral cuando leyera lo que el investigador había encontrado. Un lugar dónde desmoronarse, gritar, llorar, pensar que haría a continuación, y al final, dejarlo todo atrás, enterrarlo, y nunca más tener que regresar ahí.
Alimentó a Drew, y lo puso a dormir la siesta, cuando su hijo al fin se quedó dormido, Candy lo contempló por un rato, distinguiendo en sus perfectas facciones, el rostro amado, acaricio sus rizos rubios, era un hermoso bebé de nueve meses, perfectamente sano y feliz… el amor de su vida, la razón de vivir, lo había amado desde el primer momento que supo que venía, aún cuando después lo mas sensato hubiese sido tal vez terminar con el embarazo, ella no había tenido el corazón para hacerlo, repasó su bracito y observó un cardenal violáceo en su antebrazo, no recordaba cuando se había golpeado, pero, tomando en cuenta que el intrépido chiquillo ya se ponía de pie y quería tocarlo todo, no le sorprendió. Besó su frente, y salió a la terraza de la habitación, abrió la botella de vino que había llevado con ella, y se sirvió una copa, después, respirando profundo se decidió a abrir el sobre.
Leyó ávida y cuidadosamente, sintiendo como su garganta se cerraba, y el aire se negaba a llegar a sus pulmones conforme avanzaba en su lectura, la verdad plasmada en papel era ineludiblemente dolorosa, las lágrimas corrían por sus mejillas, y el mundo se resquebrajaba a su alrededor… era la mujer más estúpida del mundo, porque a causa de nada, lo había perdido todo.
