Hola chicas, lamento mucho la tardanza, la musa me había eludido hasta ahora, pero al parecer la he encontrado de nuevo, debo agradecer sus muestras de apoyo, y paciencia.

Un abrazo a todas, espero que lo disfruten.

C… sin palabras una vez más, gracias.

RAA 17

Regreso de Candy y Albert a New York después de su viaje a Islandia.

El avión privado descendió sobre la pista de aterrizaje, Albert tomó la mano de Candy y juntos descendieron del avión, llegaban en su mundo particular, ajenos a todo, felices de estar juntos, ni siquiera se habían molestado en encender sus celulares aún, tomaron despreocupadamente sus cosas, y llegaron a la puerta del avión tomados de la mano, en cuanto pusieron un pie fuera, todo se volvió un pandemónium, los flashes los cegaron, los gritos de preguntas los atacaron, y Albert pudo apenas darse cuenta que la misma tripulación del avión pretendía formar un cerco para que ellos descendieran y lograran llegar hasta su auto, al parecer la prensa se había vuelto loca… aunque ninguno de los dos sabía por qué.

Albert asumió el control de las cosas, saludando y guiando a Candy escaleras abajo, no había avisado de su llegada, tenía su auto en el hangar, así que no lo había creído necesario, por lo tanto no había seguridad, caminó tranquilamente con Candy tomada firmemente de la mano y se detuvo frente a los reporteros y paparazzis que se abalanzaban sobre ellos, levantó la mano en un gesto que pedía silencio, y milagrosamente le hicieron caso, Candy no sabía qué hacer, más que permanecer tomada de su brazo, se había acostumbrado a sonreír, a saludar, a contestar preguntas, pero, nada la había preparado para lo que veía ese día, era una turba de reporteros y paparazzis casi fuera de control, y ellos no tenían equipo de seguridad.

¿Señores? – preguntó Albert con voz fuerte y mirada seria. – y entonces las preguntas comenzaron a llover.

¿Señor Andrew, es cierto que se casaron en secreto? ¿está ella embarazada? ¿ahora será usted el presidente del consorcio? ¿ha habido una ruptura familiar? …- Candy no alcanzaba a escuchar ni entenderlo todo, pero Albert tenía una sonrisa confiada y firme, volvió a levantar la mano y milagrosamente volvieron a callarse.

Señores, estamos muy cansados, ha sido un viaje largo, y lo único que quisiéramos es llegar a casa, así que les daré una declaración general, un par de fotos, y después ustedes amablemente nos dejarán llegar a nuestro auto y conducir en paz, porque de no ser así volveremos al avión y esperaremos que llegue la policía para escoltarlos fuera de este hangar privado. – les dijo con una sonrisa encantadora, pero con tono firme. Los paparazzis rieron, y de buena gana se relajaron, acercaron los micrófonos esperando la declaración.

Albert sonrió y apretó la mano de Candy para darle seguridad.

Soy el hombre más feliz y afortunado del mundo, ya que la señorita White-Rowan es en efecto mi novia, no nos hemos casado, no está embarazada, pero estamos muy felices de estar juntos. – después tomó a Candy por la cintura y la acercó a él para besarla, por supuesto los flashes no se hicieron esperar. – después de un breve momento, la tomó de la mano y con una sonrisa caminó confiadamente entre los representantes de los medios, mientras la tripulación los acompañaba hasta el auto, por si acaso fuese necesario pero los ahí presentes conocían a Albert Andrew, y sabían de sobra que por las buenas podía ser cooperativo, pero que, si lo hacían enojar, lo menos que podían esperar era una demanda de su parte, así que abrieron paso, tomaron más fotos y después dejaron partir a la sonriente pareja.

Una vez en auto, Albert arrancó y manejo confiadamente hacia afuera de la verja.

¿Qué fue eso?

No estoy seguro, cuando lleguemos a casa llamaré a Anthony para que nos ponga al tanto, supongo que salieron fotos… no sé, en todo caso ya les dimos la declaración y debemos prepararnos para lo que va a venir, planear la estrategia y probablemente usar seguridad por un tiempo.

Estamos de regreso en casa. – la voz de ella de pronto sonó insegura.

¿Qué pasa princesa? ¿te estás arrepintiendo de algo? – le preguntó el con una nota de broma que pretendía disfrazara su preocupación ante esa posibilidad.

No… es solo que nos desaparecimos por casi un mes, sin decirle nada a nadie, no llamamos a nuestros padres… y ahora se publicará en la prensa, sin que nosotros les hayamos dado la noticia. – le respondió ella un poco angustiada.

Mis padres te adoran, y creo que los tuyos me aceptan… así que no veo el problema. –

Jajajaja, sabes bien que no solo te aceptan, te aman, el problema es que hemos sido malos hijos… a mi madre le dará un ataque, debo llamarla… -

Candy, calma mi amor, ella comprenderá, además debes admitir que soy un buen partido. – le dijo con esa sonrisa encantadora que hacía que se derritiera su corazón.

Albert… -

No tienes nada de que preocuparte, en cuanto lleguemos a casa, los llamamos, primero a tus padres, y después a los míos.

A los 4 al mismo tiempo, tu madre tampoco me lo perdonaría…

Jajajajaja, está bien, a los 4 al mismo tiempo, después ordenamos tu comida china favorita y pasamos una velada tranquila, mañana debemos regresar al trabajo.

Dijiste que llamarías a Anthony. –

Cierto, primero nuestros padres, y después Anthony.

Debemos hablar en persona…

Bien, invítalo a cenar entonces. – le dijo el con una sonrisa.

Lo siento, me estresé con toda esa gente.

No tienes porque disculparte, todo estará bien mi amor. –

Llegaron a casa y en cuanto entraron, llamaron a sus padres, a pesar de la diferencia de horarios, lograron contactarlos a los 4, Candy miró nerviosa los cuatro rostros en la pantalla.

Y bien, Albert, por fin decidieron aparecer. – le dijo a modo de saludo William Andrew, no había reproche en su voz, solo una mirada divertida.

Buenas noches papá, buenas noches mamá, Victor, Katherine… - antes de que Albert pudiese decir nada un grito de emoción se dejó escuchar de los labios de su madre.

Están juntos, no son inventos ni rumores… acaba de salir la noticia, mira William, se ven hermosos, ¿Katherine, Victor, ya los vieron? –

Candy observó como Pauna Andrew veía en su ipad lo que solo podía adivinar era la nota con las fotos que les habían tomado hacia escasamente un par de horas.

¡Felicidades! – le dijo Katherine desbordante. – Pauna, debemos planear las cosas, la boda, la recepción, debe haber dos, una en Londres, o en Escocia y otra acá, hay que ir viendo invitaciones, la banda…- Albert y Candy solo podían contemplar a sus madres hacer planes, y a sus padres guardar silencio ante la algarabía.

Hija, Albert, nada me da más gusto que saber que están felices, descansen, mañana tienen mucho que hacer, y creo que tal vez deberían aprovechar y salir de la conversación, tanto Katherine como Pauna pueden continuar toda la noche. – le dijo Victor con un dejo de humor en la mirada, las dos mujeres seguían hablando y haciendo planes, ignorando a sus maridos y sus hijos.

William Andrew soltó la carcajada y les deseo buenas noches y buena suerte en gaélico. El par de rubios sonrieron y dijeron buenas noches, sin que sus madres se enteraran de ello. Después cortaron su conexión con la llamada.

Ves, no tenías de que preocuparte. – le dijo él mientras le daba un masaje en la espalda.

Jajajajaja, eso dices porque no te acosarán a ti con preguntas, una vez que la euforia pase.

Puedes decirles que me pregunten a mi todo lo que quieran saber, ahora ven, tomemos un baño relajante, antes de que llegue Anthony con la cena. – le dijo recorriendo su espalda con sus manos.

Albert… te amo, y no puedo creer que por fin estamos juntos…aquí, en la vida real.

Yo también te amo, y te prometo que será increíble.

De eso no tengo duda, es solo que estamos viviendo juntos.

¿Quieres buscar un departamento? – le preguntó Albert consciente de que no era una conversación que habían terminado.

No, me encanta tenerte cerca, y creo que terminaríamos pasando el tiempo juntos de todas formas, es solo… ¿Cómo va a funcionar? ¿mantendremos nuestras habitaciones separadas? ¿quién hará qué?

Jajajajaja, mi amor, creo que podemos hacer todo como hasta el día de hoy, por mí te diría que te quiero a mi lado, en mi cama, todas las noches, pero puedes tener tanto espacio como quieras.

Mis cosas y tus cosas no caben juntas en un closet.

Ahora veo cual es la preocupación… podemos remodelar y convertir tu habitación en un closet. – le dijo Albert de manera práctica.

Pero…

¿Pero?

Remodelar es un cambio permanente.

Candy, mi amor, espero que quieras ser permanente en mi vida, no solo me gustas, y no eres un capricho del momento, estoy seguro de que eres el amor de mi vida, de que quiero compartir contigo cada minuto, así que tú decide, remodelamos, compramos una townhouse, un penthouse con un closet más grande. –

Candy pudo ver que el hablaba en serio, esto no era un experimento, era la realidad, su realidad de ahora en adelante, tenía con ella a un hombre decidido, dispuesto a todo, un hombre que la amaba sin condiciones.

Albert… te amo, no me esperaba todo esto…

No dudes de que te amo… tampoco de que quiero una vida contigo, ¿está bien?

Gracias mi amor, también te amo, y quiero una vida contigo.

Entonces piénsalo, princesa, haremos lo que quieras.

No, hagamos lo que ambos queramos… ¿qué quieres tú?

Hacerte feliz.

Y yo a ti, así que pensémoslo, decidamos después… en lo personal me encanta este lugar, lo siento nuestro, y me parece innecesario cambiarnos.

Bien, veremos cómo solucionar el closet.

Y los colores grises de tu habitación.

Jajajajaja puedes cambiar la decoración…

Podemos cambiar la decoración, recuerda, es de ambos.

Bien, exploraremos que nos gusta. – le dijo él con una amplia sonrisa, y una doble intención.

Candy se recargó en él y buscó sus labios para besarlo. Él la rodeó con sus brazos, y después se puso de pie para llevarla a su cuarto de baño, donde la desvistió lentamente, mientras recorría su piel con sus labios, el vapor inundó la habitación, pequeñas gotas de rocío se formaron en el exquisito mármol color blanco, y Candy sintió como el deseo y el amor inundaban su cuerpo.

El admiró su fisonomía desnuda, esa blanca piel de porcelana, y su bien torneado cuerpo, puso sus manos en su cintura, y la atrajo suavemente hacia él, ella completamente desnuda, y él aún vestido, tomó su nuca enredando sus dedos en sus suaves rizos y la atrajo para besarla lenta y provocativamente, mientras su otra mano bajaba de su cintura a uno de sus redondos glúteos y lo estrujaba delicadamente en su mano.

Ella tenía sus brazos sobre su pecho, pero su cercanía y sus traviesos labios que recorrían su cuello a placer arrancándole suspiros encendieron en ella el fuego de la pasión, desesperada, se deshizo de su camisa, y besó su cuello, mientras sus manos recorrían su magnífico torso desnudo, él la atrajo más contra su cuerpo, y ella pudo sentir en su vientre su evidente erección.

Te amo princesa. - le dijo mientras mordisqueaba el lóbulo de su oreja.

Me vuelves loca Albert. – le respondió ella sin aliento.

Sus sensuales labios ya se dirigían hacia sus pechos, y mientras uno de sus pezones era deliciosa y perezosamente acariciado con su lengua, en el otro trazaba caricias circulares con sus dedos.

Ella gimió de placer, mientras luchaba con sus pantalones, deseando sentir en su mano la cálida firmeza de su masculinidad, y acariciar su aterciopelada suavidad. Cuando él sintió su toque dejó de escapar de su garganta un sonido gutural delicioso. La alzó en brazos y la sentó sobre el lavamanos de mármol, ahora tibio por el vapor del lugar, besó cada rincón de su cuerpo, mientras las manos de ella recorrían sus fuertes músculos, y después, con firmeza entró en ella, llenándola por completo y apretándola contra sí, de tal manera que no había ni un centímetro de espacio entre ellos, la suave cadencia de sus estrechas caderas eran una invitación a ella, y la perfecta sincronía de la que gozaban, era sencillamente un testimonio de cuanto se amaban y deseaban.

Se amaron, de esa manera exquisita y desenfrenada que habían descubierto era posible entre ellos, disfrutando sin inhibiciones, tocando el cielo y las estrellas un par de veces, buscando el placer del otro, antes que el propio, adorándose con la mirada, con los labios, y con cada centímetro de su ser.

El tiempo pasó rápido, y aún estaban envueltos el uno en brazos del otro en la tina, repasando el cuerpo del otro con una esponja jabonosa, cuando el teléfono sonó avisando que Anthony había llegado, Albert activó el elevador para que Anthony subiera, y salió de la tina para vestirse, después de besarla dulcemente en los labios una vez más.

Tómate tu tiempo princesa, yo me adelantaré para recibirlo. - le dijo mientras envolvía su cintura en una toalla y salía del cuarto de baño para vestirse. Candy se sumergió unos minutos más en la deliciosa y perfumada agua, llena de suave espuma, estaba en casa, y aún parecía que vivía un sueño, un hermoso y dulce sueño.

Albert bajó a recibir a Anthony, cómodamente vestido en un par de pants y una camiseta, iba descalzo y con el cabello húmedo. Anthony ya se hallaba en la cocina sacando los empaques de comida. Y lo observó bajar con una sonrisa, ambos se parecían mucho, Anthony era un Andrew en toda la expresión de la palabra, y de no ser por la diferencia de edad, seguro podrían hacerse pasar el uno por el otro, sobre todo ahora, que ambos eran ya hombres.

Por tu cara de felicidad, puedo asegurar que el trabajo extra de estas tres semanas ha valido la pena. – le dijo a su primo mayor.

Jajajaja, así que sufriste mucho con nuestra ausencia.

No realmente, George es excelente, y Patty también, así que se hizo lo que había que hacer, lo qué si no pude contener fotos filtradas de su viaje, no fueron precisamente cuidadosos, vagaron como si nada, y fueron muy públicos con sus demostraciones de afecto.

No tengo nada que esconder. –

Lo sé, envié a tu correo cada reportaje, pero asumo que ni siquiera lo has abierto. -

No, no hemos tenido tiempo. –

Sí vieras la cara de idiota que tienes en este momento, saldrías corriendo de aquí. – le dijo Anthony con una sonrisa burlona.

¿Por temor a estar enamorado de ella? Demasiado tarde, lo he estado por mucho tiempo, solo que no me había dado cuenta.

Jajajajaja claro, solo ustedes dos estaban ciegos, tooodos los demás podíamos verlo.

¿Ya terminaste de burlarte? – le preguntó levantando una ceja con mirada seria.

Sabes, que les deseo lo mejor, y estoy muy contento por ustedes, pero, además, como amigo de ella debo advertirte que estás bajo vigilancia…

Anthony la amenaza mafiosa es completamente innecesaria, la adoro.

Bien una vez pasado ese tema, hablemos de su relación.

Pensé que eso habíamos hecho.

Hablemos de su relación en función a los negocios. Tengo una estrategia planeada, por supuesto que habrá eventos que cumplir, y la imagen de solidez como pareja es esencial, porque si no podría afectarnos en el valor de nuestras acciones, pero su primera aparición formal será en la gala en favor de los niños de África, he ultimado detalles con Michael, y Neal tiene opciones de vestidos y trajes, deberán revisarlos mañana mismo, ya que la gala es este viernes, en caso de que se necesite hacer ajustes. Por supuesto que están llegando propuestas para una sesión de fotos exclusiva, y acepté la mejor… - le dijo Anthony de manera abrupta, lo mejor era dejárselo saber todo de una buena vez, aunque no le hiciera gracia.

No somos modelos, y no me interesa cobrar dinero porque me tomen fotos. – le respondió Albert.

Demasiado tarde, ya está pactado, el dinero será parte de su donación personal a la fundación de ayuda a niños, así que la sesión es el miércoles, igualmente, Neal y la gente de Vogue ya han trabajado en el vestuario… - Anthony replicó calmadamente, pero dejándole ver con claridad como serían las cosas, había ya un contrato de por medio y el mismo Albert, sabía que era lo que se debía hacer.

Anthony, soy un hombre de negocios, no un maniquí… - intentó una vez más el rubio acostumbrado a mandar y a obtener lo que quería de la gente.

Albert, por primera vez en años tienes una relación, y ella, por primera vez desde John Hadleigh está en el ojo público, debemos capitalizar todo esto. Soy el director de relaciones públicas de la familia por una razón, este es mi trabajo, sabes que soy bueno haciéndolo, que tengo razón, y la familia sabe que el puesto solo puede ser de uno de nosotros porque nadie más se atrevería a decirte que no, e informarte que hay un contrato de por medio. Conoces de sobra las implicaciones de su noviazgo, Candice White-Rowan no es una socialité, ni una linda modelo de portada, es la presidenta de la mitad del consorcio, para usos prácticos tu socia comercial, ni siquiera tengo que explicarte todo esto, lo sabes perfectamente, solo no quieres hacer la sesión de fotos.

Hay negocios… - intentó Albert una vez más.

Una semana más dedicada a las relaciones públicas no nos hará daño, y George, Archie, Stear, y por supuesto tu padre junto con Victor tienen todo bajo control, claro aparte de los miles de empleados que tenemos… deja de excusarte.

Albert iba a protestar una vez más, pero observó la mirada de Anthony puesta en sus espaldas, volteó y la observó descender las escaleras, llevaba un corto vestido tipo camiseta color rosa, e iba descalza, su cabellos deliciosamente ondulado y revuelto, su rostro libre de maquillaje, y por supuesto una radiante sonrisa.

Bonita… las fotografías no te hacen justicia. – le dijo Anthony en ese tono ligero y coqueto que usaba con ella desde siempre.

Eres un adulador, pero, te creeré. – le contestó ella en el mismo tono juguetón.

Albert puso los ojos en blanco, estaba celoso, sí, lo estaba, la había tenido prácticamente para él y ahora debía compartirla.

Jajajaja quita esa cara, primo, sabes que adoro a Isabella, y que Candy yo… simplemente así nos llevamos. – le dijo Anthony al ver el gesto de Albert.

Lo sé, vamos a comer, quiero ver la cara de Candy cuando le cuentes sobre los planes de esta semana. – le dijo Albert maliciosamente, sabiendo de sobra que la sesión de fotografías no le haría gracia.

¿Cuáles son los planes de esta semana? – preguntó ella de pronto interesada.

Anthony tragó en seco, y respiró profundo, sabía que desataría una tormenta. Albert podía ser difícil, pero era racional, y por muchos años había jugado correctamente el juego de relaciones públicas necesario, sin embargo, Candy… Candy era harina de otro costal, voluntariosa, libre, mimada, y sin experiencia en el área… pero tenía debilidad por las buenas causas, así que al final la convenció con la idea de la donación para caridad, y la semana pasó sin contratiempos. Por supuesto la sesión de fotos fue perfecta, en honor a la verdad ambos eran más que atractivos, y juntos, tenían un magnetismo y una química envidiable.

Candy se arreglaba frente al espejo de su vestidor, llevaba un hermoso vestido clásico, strapless, ajustado al cuerpo, largo, color blanco, se veía arrebatadora, sabía bien que no muchas mujeres podían vestir de blanco de manera tan exquisita, pero su delicada figura se lo permitía, y el blanco le parecía un color apropiado, sobrio, perfecto para la causa que representaba, su cabello había sido elegantemente recogido, los aretes y anillo de oro y diamantes negros que Albert le regalara eran sus joyas para esa noche, brindando un magnífico contraste con su blanca piel.

Dio una última mirada al espejo y salió de su habitación, descendió las escaleras, con cuidado, debido al ajustado vuelo del vestido, y trató de ignorar la mirada de Albert sobre ella.

Wow. – le dijo él con una sonrisa.

Albert… -

Mi vida, te ves increíble, y ya se que esta noche es sobria y formal, pero no puedo dejar de decirte lo hermosa que te ves y lo enamorado que estoy de ti.

Gracias, tú también te ves guapo, ¿listo para dar tu discurso?

Lo daremos juntos ¿recuerdas?

Esperaba que lo hicieras tú solo…

No, tú me arrastraste a esto, y es una buena causa, pero no daré ese discurso yo solo. – le dijo mientras le ponía el abrigo, una impresionante creación de fina lana color blanca, largo hasta el suelo, con un dramático cuello y borde, el efecto era indescriptible.

No se como podré moverme con esto. –

Vamos, yo te ayudaré, y por eso pedí un auto con chofer, en cualquiera de los deportivos no hubieses entrado con esa maravilla de la moda.

Jajajajaja, ¿no me veo rídicula?

Sabes de sobra que no. – le dijo él mientras besaba su cuello para no arruinar su maquillaje besando sus labios.

¿Qué dirá Michael?

No lo se princesa, pero no tiene nada que decir que no sea felicidades, tú y él ya no tenían una relación cuando lo nuestro sucedió…

Lo sé… es solo que…

Ya debe saberlo, a menos que viva en una cueva, los medios no han parado de hacer sus comentarios. Deja de preocuparte y vamos. –

Él la tomó de la mano y salieron juntos, Candy no tenía nada de que apenarse, pero aún así le dolía hacer sufrir a Michael, él la amaba, eran amigos, pero la realidad es que nunca había sido tan feliz a su lado como lo era ahora al lado de Albert.

Cuando llegaron al lugar Albert la ayudó a descender, y por supuesto que los fotógrafos no se hicieron esperar, todos querían una foto de la pareja del momento, los rubios sonrieron, posaron, e invitaron a todos a realizar sus donaciones en pro de la causa.

Entraron y Candy pudo divisar a Michael cerca de la entrada Albert vio hacia donde se dirigió su mirada, y caminó con ella del brazo lentamente en esa dirección.

Michael sintió que alguien pronunciaba su nombre en esa manera exquisita que el había extrañado, y aunque sabía que ella ya no era una mujer libre, aún no estaba casada. Volteó a verla, e hizo su mayor esfuerzo por no dejar que su rostro reflejara lo hermosa que le parecía en ese momento.

Candy, Albert. – saludó a ambos, a ella con un par de besos en la mejilla y a él con un apretón de manos.

Michael, ¿cómo va todo? – le preguntó ella.

Pues, el evento está lleno, hubo que añadir mesas y sillas, a último minuto, por supuesto todo gracias a ustedes, la pareja del momento. – les dijo sonriente.

Nos alegra ayudar en una causa tan noble, si nos disculpas, veo por allá a mis padres, y debemos ir a saludar. – le dijo Albert.

Amor, ¿me das un momento? – le preguntó la rubia con su cara angelical.

Por supuesto princesa, iré con mis padres, y también veo a los tuyos por allá. Michael. – dijo con una inclinación de cabeza, después de atraer a Candy y rozar suavemente sus labios.

Candy esperó a que el se alejara y volteó a ver a Michael.

Michael…

No tienes que explicar nada bonita, fuiste muy clara desde el principio.

Pero ahora estás acá, en New York…

Fue mi decisión Candy, me quedaré acá por un tiempo, y quiero que sepas siempre puedes contar conmigo, tú lo conoces mejor que yo, y si crees que es el hombre adecuado, no soy nadie para juzgar, espero no le moleste que sigamos siendo amigos.

No, por supuesto que no. Gracias Michael, gracias por el tiempo que pasamos juntos, por haber venido hasta acá, por tu apoyo…

No tienes nada que agradecer, te amo… entiendo que tú no lo hagas, pero eso no ha cambiado lo que siento por ti, al menos no aún, no tienes que decir nada, solo tenía que decirlo. Ahora ve, que a tu novio le dará torticolis de voltear para acá. – le dijo para después besar ambas mejillas y despedirse de ella.

Candy caminó hasta Albert, con esa sonrisa confiada en su rostro, saludó a sus padres, y disfrutó de la noche, ella y Albert compartieron sus experiencias en el continente africano, y rebasaron la meta de donaciones. Se sentía bien estar juntos, era embriagador tenerlo a su lado, saberlo suyo y saberse suya, y por los próximos meses fueron casi perfectamente felices.

Diciembre, tres meses después de Islandia.

Candy estaba sentada en su oficina revisando unos informes, y firmando algunos contratos, Albert regresaba esa noche, y ella aún no sabía como contarle sobre el contrato, había tomado algunas decisiones sin él, pero estaba segura de que eran lo mejor. Estaba feliz de verlo. Lo había extrañado como una demente, el primer mes juntos había sido idílico, simplemente delicioso, pero después abruptamente había tenido que comenzar a viajar, y ella tenía que quedarse, había problemas que atender, cosas que solucionar, el mercado global era un desastre, y todos tenían mil cosas pendientes, así que apenas lograban pasar un par de días juntos cada quince días, en ese inter, ella tomó decisiones, hizo su papel, su trabajo, y esperó por él. Hablaban casi todos los días, y el le mandaba rosas, regalos, pequeños detalles que la hacían sentirse amada.

Alguien llamó a su puerta y ella dio permiso de entrar, el exótico y empalagoso aroma inundó la habitación, una voluptuosa y elegante mujer de cabellos oscuros, facciones hermosas y paso seguro entró en la oficina, Sonia Castelán era de origen latino, inteligente, astuta, y había resultado ganadora en el proceso de selección que Candy había conducido junto con recursos humanos, Anthony no estaba en la ciudad, Patty tampoco, y el tiempo que Albert pasaba con ella no era precisamente para hablar de negocios, así que simplemente tomó la decisión. Sonia avanzó hasta ella con algunas carpetas en la mano.

Sonia, gracias por venir, por favor toma asiento, necesito ver los informes. – le dijo a la hermosa mujer que desde hacia un par de semanas fungía como directora de investigación ecológica del corporativo.

Claro, aquí tienes. – le dijo extendiéndole la carpeta.

¿Cómo te has sentido en New York?

De maravilla, gracias.

Candy iba a hacer otra pregunta cuando su puerta se abrió y un apuesto hombre de cabellos rubios entró sin ceremonia, directo hasta ella y la abrazó.

¿Cómo has estado bonita? – preguntó con ese tono íntimo y coqueto, sin percatarse de la presencia de la mujer.

William… - la voz con sutil y encantador acento quebrado hizo que el hombre volteara.

Sonia Castelán. – respondió asombrado.

¿Conoces a nuestra nueva directora de investigación? – preguntó Candy viendo el reconocimiento en la mirada del hombre.

No directamente. – dijo con seriedad. – Anthony Andrew, para servirle. – dijo disfrutando de la mirada de sorpresa en la mujer, él había sido un adolescente cuando pudo haberla conocido.

Disculpe, señor Andrew, lo confundí… con…

Mi primo, el novio de la señorita White-Rowan, pero claro, supongo que eso ya lo sabe. – le dijo sin intención en la voz.

¿Anthony?

Lamento haber interrumpido tu reunión, por favor termina, y en cuanto estés libre llámame, hay cosas que tenemos que hablar. – con permiso señorita Castelán.

Anthony salió de la oficina directo a recursos humanos, tenía que saber a quien le había parecido buena idea contratar a la señorita Castelán, y si Candy sabía lo que había hecho.

Estaba sentado en su oficina observando el panorama, con una carpeta en sus piernas, reflexionando cuando la puerta se abrió el característico perfume de una hermosa rubia llenó el lugar.

¿Qué sucede? – le preguntó ella a quemarropa.

¿Sabes quién es ella? Y no me recites su currículum.

Es magnífica, sus referencias, sus logros, y publicaciones…

Candy, ¿hablaste esto con Albert?

Apenas tenemos tiempo de hablar de nosotros, y recursos humanos dio la aprobación…

¿Quién te asesoró en el contrato?

Se trabajó a partir de un contrato estándar, pero tenía otras propuestas, y ella era la mejor opción…

Y le diste un contrato a prueba de fuego, dónde de despedirla nos costaría millones.

Ella es muy buena, y lo que traerá a la empresa en ganancias fácilmente lo justifica.

Albert va a querer la cabeza del imbécil de legal y de recursos humanos que te haya permitido esto.

No es la primera vez que hacemos algo así…

Candy… no puedo creer que no lo sepas, no sé si finges demencia o en verdad no lo sabes.

Ve al grano. – le dijo ella un poco desesperada. Pero en eso se abrió la puerta y el amor de su vida entró.

Candy ignoró a Anthony por un momento, y se lanzó a los brazos de Albert. Él la levantó en vilo y la besó lenta y apasionadamente. Anthony los observó por un momento, tratando de decidir qué hacer, pero antes de lograrlo, la puerta entreabierta se abrió por completo, y la directora de investigación del corporativo entró buscando a Candy. Anthony sonrió, al menos la escena le dejaría claro a la mujer cuál era su lugar.

Candy… - la mujer se detuvo en seco ante el espectáculo.

Albert escuchó la voz y el aroma de su pasado inundó sus sentidos, lentamente y con cuidado de no soltar a Candy volteó hacia la puerta, ahí estaba, hermosa, sensual, provocadora, pero eso no era novedad, y con una mirada de sorpresa, ¿qué diablos?

William. – dijo ella con una amplia sonrisa íntima, Albert sintió como el cuerpo de Candy se tensaba.

Candy se alejó un poco, había sido irresponsable e inapropiado saludarse de esa forma, pero habían estado en la oficina de Anthony…

¿Se te ofrecía algo Sonia? – preguntó con un intento de sonrisa confiada, observando atentamente a la mujer, y sintiendo el silencio sepulcral de Albert.

Disculpa, quería avisarte que ya me iba retirar, pero que si necesitabas algo podías encontrarme en mi celular. – le respondió la mujer sin voltear a verla, con su mirada fija en Albert. – William, es un placer verte. – le dijo con es tono ronco y sensual que hasta el momento a Candy le había parecido encantador.

Sonia. – le dijo el rubio sin siquiera moverse de su lugar.

Veo que no sabías que estaría por aquí, bueno, no interrumpo más, que tengan buenas noches. – dijo saliendo de la oficina con ese característico andar sensual, que Candy no había precisamente notado antes.

¿Candy? – preguntó el rubio clavando sus ojos en ella.

Es la nueva directora de investigación, pero veo que ya la conoces.

¿Qué dijiste? – le preguntó el con seriedad, no podía estar escuchando correctamente.

Su currículum es fascinante… - comenzó Candy, pero él ni siquiera la escucho hasta el final.

Albert volteó a ver a Anthony, pero este le sostuvo la mirada y empujó hacia él el folder, sabía que le iba a dar un ataque de algo en cuanto lo leyera.

¿Qué sucede?

Candy… es lo que trataba de decirte… - le dijo Anthony con cautela mientras su primo leía el expediente.

Es una buena adquisición para la empresa…

¿Cómo pudiste permitir esto? – preguntó Albert secamente a Anthony.

Yo no estaba, sabes bien que estuve en Japón por dos semanas… -

Candy, ¿qué estabas pensando?

No entiendo porque el drama de los dos…

Porque contrataste a Sonia Castelán. – le respondió Anthony.

¿Y?

Sonia Castelán es mi ex novia. – le dijo al fin Albert.

Candy observó como todas las piezas caían en su lugar…

Albert… - le dijo ella con un dejo de celos y algo de inseguridad.

Y luego este contrato. – Albert estaba enojado. Pero Candy no tenía la culpa de que ella no hubiese siquiera visto una foto de la mujercita en cuestión.

Ok, amor, no fue a propósito, y la mujer es buena en su trabajo, además, ni siquiera estás aquí normalmente. – le dijo ella entre conciliadora y molesta.

¿Cómo se te ocurre firmar un contrato de esos?

Como le decía a Anthony….

¿Quién te asesoró? Anthony, quiero un reporte completo de esto en la mañana y posibles soluciones. – le dijo él sin siquiera escucharla, la estaba tratando como una niña, invalidando sus decisiones…

Yo puedo darte un reporte de las cosas… - le dijo ella comenzando a molestarse.

No. Solo estaré dos días, y no pretendo pasar ese tiempo peleando contigo, si querías conocer a Sonia y saciar tu curiosidad ya lo hiciste, solo espero que sepas que es una completa estupidez, podrías haberme preguntado a mí. – le dijo él en un tono que nunca usaba con ella.

No todo gira alrededor tuyo Albert Andrew, y no la contraté porque fuera tu ex novia, ahora si me disculpas aún tengo trabajo que hacer. – le dijo ella furiosa, saliendo de la oficina con determinación.

Esa noche cuando llegó al penthouse ya era tarde, y él no la estaba esperando despierto, había tenido todo planeado para recibirlo, y por esa estúpida pelea, había perdido horas preciosas con él. En honor a la verdad, entendía un poco porque estaba molesto, y por el otro lado, su orgullo estaba herido, él la había tratado como a una chiquilla, ni siquiera había terminado de escucharla… pero por supuesto se había comportado como una chiquilla, y sí , Sonia era increíble, pero Albert tenía razón la forma en la que cerró el contrato había sido simplemente estúpida… ¿qué había estado pensando? La verdad era que a estas alturas ya no lo sabía, como terminaba en esas situaciones, complicando su existencia, era a veces un misterio para ella, como si hubiese un deseo interno, de autodestrucción escondido en ella.

Candy suspiró profundo, por un momento consideró no ir a la habitación que compartían, sino a la que fuera su habitación antes de comenzar su relación, pero se regañó a sí misma, era cierto, solo estaría un par de días, y no podía pasar ese tiempo peleando.

Caminó hasta la habitación y entró sigilosamente, se desnudó, tratando de no despertarlo, lo observó por un momento, acostado de espaldas, a pesar de que las frazadas lo cubrían de la cintura para abajo, Candy sabía perfectamente que solo llevaba boxers, su amplia espalda y guapo rostro la tentaban, hacia dos semanas que no sentía su piel, que no recorría con sus delicadas manos su cuerpo, que no se acurrucaba contra su fuerte y amplio pecho, quince días durmiendo sola y extrañando sus fuertes brazos alrededor de ella.

La lucha interna por su orgullo herido era fuerte, por un lado quería acostarse a su lado y acurrucarse en sus brazos, sentir la calidez de su cuerpo, y por el otro, quería mantener viva su justa indignación… claro, eso era lo que debía hacer, darse su lugar como mujer, no era una niña, era la presidenta del corporativo en América, tenía derecho a tomar sus propias decisiones, y él debía respetarlas… se decidió a dormir en la misma cama, en su propio lado, ella no daría el primer paso, solo dormiría…pero en cuanto llegó a la cama sus fuertes brazos la rodearon, su exquisito aroma varonil la inundó y la calidez que su cuerpo irradiaba en esa fría noche otoñal, que por supuesto no se sentía dentro de la caldeada habitación, la inundaron, y ella como la mujer enamorada que era permitió que su corazón se derritiera ante su toque.

Albert… - él no la dejó continuar, la interrumpió zanjando la distancia con una disculpa.

Lo siento princesa.

¿Qué sientes?

No haberte escuchado, y haberte hecho enojar… te he extrañado.

¿Qué fue lo que te hizo enojar?

La verdad es que no debiste tomar una decisión así, pero veremos si podemos librarnos de ella.

¿Sólo porque es tu ex novia?

Candy, amor, lo mejor es no tenerla en nuestras vidas… -

Es magnífica… - comenzó ella con un puchero.

A Albert no se le antojaba discutir en ese momento, la verdad era que quería tomarla en sus brazos y pasar una noche deliciosa, era consciente de que tendrían que hablarlo, pero no esa noche, esa noche, solo quería disfrutarla, amarla lenta y concienzudamente, saciar su hambre y su sed de ella, no iba a discutir con Candy por Sonia. La besó apasionadamente mientras sus manos recorrían su cuerpo tentadoramente.

Albert…

Dime princesa. – le dijo mientras su lengua recorría su cuello.

Estás… - Dios era tan bueno besando.

¿Haciéndolo maravillosamente? – le preguntó él.

Mmmhhmm- alcanzó ella a murmurar cuando sus labios se cerraron deliciosamente sobre uno de sus rosados pezones, no lo había visto en tres semanas, y lo extrañaba horrores, ya hablarían después.

Te prometo que hablaremos después… es solo que te extrañé demasiado… - le dijo con voz ronca mientras sus manos acariciaban su piel.

Yo también te extrañé, mi amor.

¿Pausa entonces?

Sí, pero lo hablaremos después… - le dijo ella perdiendo una vez más el hilo de sus pensamientos, ya que él descendía con besos sobre ella, suavemente tentado su piel, lanzando escalofríos por su cuerpo, haciéndola suspirar y gemir de placer.

Te lo prometo. – le dijo él plantando un beso en su vientre, mientras alzaba la suave bata de seda, y seguía traviesamente con su lengua el contorno de sus pantaletas de encaje.

Candice dejó de crear argumentos en su mente y simplemente se dejó llevar, la lengua de Albert recorría su bajo vientre, alternando entre besos suaves, algunos apenas su aliento rozando su piel, y otras veces trazando caminos con profundos besos, sus manos recorrieron su torso, y llegaron hasta sus senos, arrancando un gemido de placer en cuanto su pulgar y su índice comenzaron a moldear suavemente su delicado pezón ya erecto ante la excitación que sus caricias.

Albert desando su camino suave y tortuosamente hasta alcanzar su boca y ella se entregó en un íntimo y apasionado beso, recorriendo su ancha espalda con sus manos, acercándolo a ella, suave y deliciosamente consciente de que se pertenecían el uno al otro.

Se llenaron de besos y caricias, suavemente siguiendo los senderos trazados en sus cuerpos, tentándose, retrasando el momento del clímax lo más posible, tentándose, venerándose con sus cuerpos.

A veces ella tenía el control, y lo volvía loco con sus ocurrencias, con su innata sensualidad, con la forma en la que lentamente se deshizo de su bata y quedó prácticamente desnuda sentada a horcajadas sobre él, mientras sus deliciosas pantaletas de seda rozaban apenas su perfectamente erecto y tenso miembro masculino, la mirada de él ávida sobre ella, y sus manos grandes recorriendo su cintura, su costado, posicionándose posesivamente en su cadera, y acercándola más a él, acariciando sus lugares secretos por encima del encaje, sintiendo la excitación de ella, recorriendo sus perfectos glúteos, conteniendo sus ganas de hacer a un lado la exigua barrera de tela y enterrarse profundamente en ella, llenándola con su pulsante masculinidad.

Cuando sintió que no podía seguir dejando que lo torturara la envolvió en sus brazos y la hizo quedar recostada boca abajo en la cama, recorriendo suavemente su espalda con su boca, evocando en ella un mar de sensaciones, dejándola ebria de placer, rendida totalmente a él, a sus roce, a sus manos que deslizaron suavemente sus pantaletas para deshacerse de ellas y luego casi con veneración recorrieron las líneas de su cuerpo, su piel centímetro a centímetro, tentando sus lugares secretos, y haciéndola remontar las nubes llena de placer, deseo y hambre de él.

En algún punto de su deliciosa ebriedad giró y lo atrajo a ella, buscando sus labios, y enredando sus piernas alrededor de su cintura, levantando su pelvis hacia él invitándolo a entrar en su jardín secreto a invadirla sin piedad con su deliciosamente firme masculinidad.

Albert la besó profundamente mientras lentamente se introducía en ella, disfrutando de su estrechez, de la humedad de su intimidad, eran perfectos el uno para el otro, ella sentía como su intimidad era invadida por él, enviando oleadas de placer por todo su ser, consciente de como cada embestida era cada vez más profunda, y como sus respiraciones se hacían más rápidas, como la ansiedad se acumulaba, tensando sus músculos, llevándolos cada vez más cerca del cielo, mientras sus manos y sus bocas hacían de todo por demostrar su amor.

Hicieron el amor, reconociendo sus cuerpos, saciando su hambre, y su necesidad el uno del otro, tierna, dulce y apasionadamente, no había otra forma para ellos, estaban completa, total y perdidamente enamorados el uno del otro una pequeña nube en su horizonte no iba a empañar su felicidad. Cuando decidieron tomar una pausa, ella se acurrucó en su pecho y él acarició sus sedosos rizos, estaban juntos, en perfecta armonía, en silencio, ella impulsivamente levantó el rostro y besó su barbilla.

Te amo.

Y yo a ti princesa.

Extrañaba dormir así, pegada a ti, rodeada por tu abrazo.

Y yo extrañaba tenerte en mis brazos amor mío. – se besaron un poco más, y se entregaron juntos a un reparador y tranquilo sueño.

Pasaron los siguientes días juntos, apenas asistiendo a las oficinas, trabajaron en su mayoría desde casa, porque querían estar juntos, sin tener que compartir al otro con nadie más, por supuesto que Anthony les había agendado un par de compromisos sociales, pero el resto del tiempo fueron libres de disfrutar de la camaradería y complicidad característica de ellos.

Albert estuvo tres días en New York, no volvió a ver a Sonia y se fue de viaje después, no había nada que hacer con respecto al contrato, lo positivo es que no era por muy largo tiempo.

Candy condujo el llamativo auto deportivo hasta el hangar privado, antes de dejarlo partir, lo besó intensamente.

¿Seguro que no puedes quedarte?

Lo siento princesa, con el caos que hay en las bolsas de valores es necesario que viaje, y es necesario que tú te quedes. Por favor no tomes decisiones apresuradas…

Puedo manejar los negocios… - le dijo ella un poco enfadada.

No digo que no puedas mi amor, es solo, que todo esto es nuevo para ti, y se supone que yo debería quedarme a tu lado para apoyarte, pero es simplemente imposible por el momento… -

Estaré bien… -

Está bien, pero si necesitas algo, o tienes dudas, por favor no dejes de preguntar… nos veremos en Londres en tres semanas.

Sí mi amor, tres semanas…Rose y George se van a comprometer…

Lo sé, somos buenos matchmakers, también lo logramos con Anne y Archie… - le dijo él con sonrisa pícara.

Jajajaja…

Te amo princesa.

Y yo a ti mi príncipe… ¿me perdonas?

¿Por qué tu curiosidad te ganó?

Sí… pero no miento cuando te digo que ella es brillante.

Sé que no mientes, pero desearía que me hubieses preguntado Candy, y no porque sienta algo por ella, o porque me importe, ¿qué pensarías si contratara a John Hadleigh para trabajar con nosotros?

Lo sé, tienes razón, lo siento… yo me haré cargo de todo lo que tenga que ver con ella, no tienes de que preocuparte, y prometo no volver a contratar a ninguna de tus exes.

Jajajajajajajaja Mi amor, necesito que estés segura de que te amo, se que no ha sido sencillo estar separados, y que lo habíamos planeado de otro modo, por ahora es imposible, pero nunca dudes de mi amor por ti, habrá rumores, chismes, muchas cosas, debemos confiar el uno en el otro si queremos sobrevivir a todo. Nuestro amor debe ser más grande.

Candy bajó la mirada, él tenía razón, y ella debía madurar, para poder estar a la altura del maravilloso hombre que amaba.

Lo siento, en verdad lo siento.

No te disculpes, te amo, entiendo, y sé que estando juntos podemos arreglar cualquier cosa.

Seré más sensata. – le dijo ella con verdadero arrepentimiento en el rostro.

Ya quita esa cara princesa, no pasa nada, no es lo ideal, pero todo estará bien. Recuerda, eres más linda cuando ríes que cuando lloras. –

Albert, no sé cómo me soportas.

Te amo, no te soporto, y tampoco soy un santo, esta vez fuiste tú mañana seré yo, lo importante es que lo hablemos y lo arreglemos. Debo irme, mi amor, pero te llamaré todas las noches, y nos veremos en Londres.

Te amo, que tengas buen viaje, cuídate… de la larga fila de admiradoras. – le dijo ella medio en broma, medio en serio.

Jajajajaja, Candy, no salgas a solas con Michael, sin que yo este enterado, y por favor, maneja con cuidado de regreso. – le regresó él el consejo.

Te lo prometo, soy solo tuya, y el Porsche llegará sano y salvo a casa.

Quiero que tú llegues sana y salva a casa. El auto es lo de menos. – le dijo atrayéndola hacia él para besarla, no podía demorarse más.

Se besaron larga y tiernamente, y después él descendió del auto para dirigirse al avión, Candy lo observó despegar y pensó, que haría todo lo posible por sorprenderlo con sus habilidades de negocios.

Lo amaba tanto… llegó a su hogar, que ahora se sentía vacío y solo sin él, debajo de su puerta había una nota.

La tomó y la abrió.

¿Acaso no recuerdas que no eres digna de Albert Andrew?

E.L.

Candy la arrugó y la arrojó al fuego de la chimenea que ardía… al parecer el pasado se negaba a quedarse donde le correspondía. Enterrado tres metros bajo tierra.