Hola chicas, extraño sus comentarios… espero que les guste. Un abrazo.
RAA 20
Albert Andrew abrió los ojos cuando un delicioso aroma a café y waffles llegó a su nariz, frente a él estaba una adorable rubia con el cabello revuelto, su larga bata de seda color negro y oro puesta, le quedaba enorme, pero se veía increíble, Albert podía apostar lo que fuera a que no llevaba nada debajo, en su dedo anular izquierdo resplandecía el hermoso anillo de compromiso que le había dado la noche anterior, y su rostro estaba iluminado por una amplia sonrisa, de esas sonrisas que revelan que simplemente no puedes contener la dicha dentro de tus poros.
Hola preciosa. – le dijo él con una nota de ternura en la voz.
Hola guapo. – le respondió ella mientras acomodaba la bandeja en las piernas de él y se sentaba a su lado en la cama.
Dime una cosa, ¿los hiciste tú misma?
Por supuesto, una de las pocas cosas que soy capaz de hacer en la cocina. –
Me siento honrado entonces. –
¿Estás listo para desayunar waffles todos los días por el resto de tu vida? – le preguntó ella traviesamente, mientras tomaba una frambuesa y se la acercaba a Albert a la boca, Albert la tomó y atrapó el dedo de ella por unos segundos en su boca.
Puedo desayunar waffles el resto de mi vida, o puedo preparar yo de desayunar… o contratar quien nos haga de desayunar, o enseñarte a cocinar, eso no importa, lo importante es que estés a mi lado el resto de mi vida.
Te amo, Albert…
¿Qué sucede?
¿Hay algo que podría separarnos?
Mmmm… ¿puedo saber porque lo preguntas?
Por nada en específico, solo que soy tan perfectamente feliz en este momento, que me da miedo perderte… perdernos… no sé si podría vivir sin ti.
Mi vida, no tienes de que preocuparte, no todo será perfecto, habrá problemas, discusiones, momentos difíciles, pero puedo prometerte que siempre te seré fiel y estaré dispuesto a que lo solucionemos juntos… la única forma de que nos separemos será que tú decidas irte, porque yo no voy a dejarte Candice… te amo, y como alguna vez te lo dije, para mí no tendría sentido tener una familia si no fuera al lado de alguien que verdaderamente amo, y ese alguien eres tú, nadie más. – le respondió el con seriedad viéndola a los ojos con una mirada llena de amor.
Gracias, amor… te amo, y no quiero irme de tu lado jamás. –
¿Estás lista para decirles a nuestros padres?
¿Qué nos comprometimos?
Sí…
Noooooo, querrán saber fecha de boda, lugar de residencia, cuantos hijos tendremos, y no sé cuántas cosas más… prenupciales…
No habrá prenupciales, nos casaremos cuando queramos, viviremos donde queramos y tendremos cuantos hijos queramos…
Jajajajaja básicamente es decirles que no se metan… ¿Es inteligente no tener un prenupcial?
No lo veo necesario, sé que nunca harías nada por lastimarme, que el dinero, los negocios, etc, son compartidos, a ninguno de los dos nos falta nada para poder ser independientes, y sé que nunca necesitaremos uno.
Te amo. –
Yo también princesa, ahora dime, que haremos con los tres días de vacaciones que nos quedan… -
¿Volverás a viajar cierto?
Sí… lo siento amor, por ahora es necesario…
Está bien… hoy desayunaremos, nos daremos una ducha e iremos a patinar al Rockefeller Center…
Debemos decirles a nuestros padres Candy, habrá paparazzis, y si toman una foto de tu anillo…
Ok, enviémosles una invitación para una cena pasado mañana en la noche, reunimos a la familia y les anunciamos que estamos comprometidos…
¿Una cena? ¿segura?
Claro, en nuestro restaurant favorito, solo tenemos que llamar a André para que se haga cargo de todos los detalles.
Así que por fina has entendido que a veces se necesita tener gente para que se haga cargo de ciertas cosas. – le dijo el burlón.
Verás, quiero pasar estos tres días divinamente a tu lado, si nos ponemos a organizar una fiesta no haremos nada, mas que probar cosas… y prefiero pasar ese tiempo en la cama contigo, o en el jacuzzi, o caminando por Central Park, ir a algún show… no sé… cualquier cosa menos escogiendo menús y diseñando como debe sentarse la gente.
Jajajaja me gustan las primeras dos opciones, ya sabes la cama, y el jacuzzi… - le dijo el tentador mientras le daba un sorbo al café.
Bien, llama a André, y dile que prepare la cena… no lo hago yo porque a mi me preguntará mil cosas, a ti solo te dice sí, y lo hace…
Sabes que te pregunta mil cosas porque cree que eres más difícil de complacer que yo, ¿verdad?
No importa... y creo que no lo soy, solo que seguro ha tratado con mujeres como Eliza todo el tiempo y por eso cree eso de mí.
Jajajajaja, está bien princesa, yo llamó a André, tu envías un correo de invitación a la familia, o haces llamadas.
Correo de invitación, y después de eso apagamos los teléfonos, no tiene caso hacer una cena si se enterarán antes.
Como quieras… creo qué aunque lo dudes nuestras madres tienen la capacidad de ser prudentes.
Jajajajaja, no en lo que respecta a nosotros dos me temo, ¿sabes? han temido por tanto tiempo que les salgamos con alguna locura, una mala opción, que ahora que salimos con una opción sensata no pueden creerlo.
Tal vez tienes razón, envía un correo.
Ambos rubios se tomaron 15 minutos para resolver lo necesario y se dedicaron los siguientes tres días a disfrutar el uno del otro, patinaron, caminaron tomados de la mano disfrutando de la nieve a su alrededor, entraron a una librería, tomaron café, disfrutaron de un maravilloso show del Cirque du Soleil, pero sobre todo pasaron mucho tiempo juntos, besándose, amándose, acariciándose.
La noche del tercer día Candy llevaba un hermoso vestido color rojo sofisticado y elegante, combinado con un par de stilletos color negros de patent leather su cabello estilizado con secadora, un par de hermosos aretes de diamantes y su anillo de compromiso. Albert besó su cuello mientras le ponía el hermoso abrigo color negro. El se veía sumamente apuesto, con traje color carbón, camisa blanca, corbata color rojo, los puños de su camisa eran cerrados por un par de mancuernillas simples de platino y diamantes, su loción intoxicaba a Candy, y sentía que flotaba en una nube.
Si no dejas de besarme así no llegaremos a la cena.
André puede informarles el motivo.
Jajajaja, si claro.
Vamos hermosa.
Albert abrió la puerta para que ella saliera y bajaron al lobby, Albert vio estacionado afuera un soberbio Rolls Royce 1966 color vino, impecable.
Wow…
¿Qué?
El auto… ¿sabes lo que es? – preguntó más para sí mismo.
Un Rolls Royce 1966.
Él volteó a verla sorprendido.
¿Cómo...?
¿Conduces tú? – preguntó con una sonrisa traviesa.
¿Candice?
Es mi regalo de compromiso, para mi futuro esposo.
¡Amor! ¿Cómo conseguiste ese auto en tres días?
Jajajajaja, no lo conseguí en tres días, iba a ser tú regalo de navidad, pero no llegó, así que te regalé las mancuernillas y el reloj, y ahora, puede ser tu regalo de compromiso. ¿Te gusta?
¿Qué si me gusta…!? – la emoción de Albert era más que evidente.
Sí no te gusta o prefieres otro modelo… - Candy no pudo continuar, él la tomó en brazos y la beso haciéndola girar.
No tengo palabras, amor… -
Candy le extendió las llaves con una enorme sonrisa, lo había logrado, había sorprendido al hombre que hasta hace poco creía que no era posible sorprender.
Él la tomó de la mano y la condujo al auto, abrió la puerta para que subiera apreciando el aroma a cuero antiguo y los magníficos detalles.
Subió al volante, lo encendió deleitándose en el poderoso ronroneo del motor. Besó a Candy una vez más y condujo hacia el restaurante.
Llegaron un poco antes que los demás como habían planeado, tan solo para comprobar que todo estaba más que perfecto, todo el restaurant estaba reservado para ellos, una enorme mesa para 17 personas estaba divinamente decorada con un lujoso mantel color crema de exquisito brocado, y al centro hermosas amapolas acomodadas sencillamente en un largo centro de mesa, velas por todos lados despidiéndose un embriagante y delicado olor a especies. Perfectas copas de cristal y una elegante vajilla color blanco con dorado, cada lugar tenía una pequeña tarjeta con el nombre correspondiente, solo el círculo íntimo estaba invitado. Ninguno de los dos necesitaba más.
Los primeros en llegar fueron Anthony e Isabella, él por apuesto, ella sencillamente bella, con un elegante vestido color azul grisáceo.
¿Viste el Rolls Royce? – preguntó Anthony emocionado a Albert, compartían la misma pasión por los autos.
Sí, cuando quieras te llevo a dar una vuelta en él. – le respondió generosamente el aludido.
No es cierto…-
Es un regalo de mi bella novia. – le respondió Albert orgulloso.
Wow... mi querido primo vale la pena conservar a esta mujer a tu lado para toda la vida. – le dijo en broma
¿Sólo por eso Anthony? – preguntó la rubia fingiendo molestia.
Bueno, seguro hay otras razones, pero tenía mis dudas ante tu falta de destreza culinaria, pero ¿a quién le importa comer lo mismo todos los días, si esa misma mujer es capaz de conseguir un auto que es prácticamente inconseguible? – respondió Anthony práctico llevándose un pequeño codazo de Isabella. – lo siento mi amor, pero es la verdad. -
Así que solo tengo que regalarte un auto para que me pidas ser tu esposa. –
Jajajajajaja. –
Acabas de meterte en problemas por bocón mi querido Anthony. – le dijo la rubia ante la evasiva del insolente.
Los cuatro rieron a carcajadas, mientras tomaban una copa, los demás fueron llegando y una alegre reunión se llevó a cabo, se sentaron a disfrutar una exquisita cena, todos expectantes, pero esperando para ver que era lo que los rubios tenían que decir, Candy había girado su anillo de compromiso para tratar de disimular, y entre risas y bromas, terminaron la cena, sirvieron los exquisitos postres y copas de las mejores Champagnes. Albert se puso en pie y pidió la atención de todos.
Querida familia y amigos, gracias por estar aquí, pensamos que era una excelente forma de comenzar el año, un año lleno de proyectos, metas y sueños, reunirnos una vez más, compartir, festejar, y disfrutar la buena compañía… gracias por estar aquí. Salud. – dijo el rubio simulando terminar con eso su intervención.
¿Eso es todo lo que tienen que decir? – preguntó Elroy Andrew sorprendida - ¿hacen que uno viaje desde Londres para cenar? ¿no le vas a pedir matrimonio por fin? ¿a decirnos que en realidad ya se casaron? ¿qué ella está embarazada? No sé… algo.
Todos estallaron en risas ante la decepción de Elroy.
Tía, acabas de arruinar mi sorpresa para Candy. – le dijo el rubio con seriedad.
¡Dios mío! Si le vas a pedir matrimonio. – la emoción en la voz de la mujer mayor era evidente. – lo siento hija... – comenzó a disculparse, cuando Candy y Albert estallaron en risas.
Tía, no te preocupes, estaba jugando, familia, le he pedido que sea mi esposa, y ha aceptado. – dijo sencillamente levantando a Candy de su lugar y girando el hermoso anillo para que todos lo vieran.
Los aplausos y preguntas no se hicieron esperar.
Tenemos que organizar la fiesta de compromiso. – le dijo Pauna a Katherine.
Sí, y la boda…
Mamá, Katherine, disculpen, pero, hay algo que tenemos que decirles.
¿Seremos abuelas? –
Jajajajajajaja – la risa general resonó en el recinto ante la ocurrencia de Pauna
No, madre no serán abuelas, pero si quiero que quede bien claro, que esto es nuestra fiesta de compromiso, en esta habitación están las personas que más importan para nosotros, la que consideramos el círculo íntimo, y no queremos nada más… - les contestó Albert directamente.
Pero… - dijeron Pauna y Katherine al unísono.
La boda, tal vez en junio, o julio, aún no fijamos fecha, pero igualmente, será algo sencillo, con la gente más cercana, ya lo veremos más adelante. –
Las dos mujeres cambiaron de tema por el momento, seguras de que Candice sería más cooperativa con ellas después, fue una velada llena de felicidad, de futuro, y esperanza. La noche perfecta.
Un par de meses después del compromiso.
Candy daba vueltas por la oficina furiosa y preocupada a la vez, la mirada del hombre y el silencio de él le crispaba los nervios. Llevaban horas discutiendo, ambos estaban ya hartos, cansados, y Candy se sentí en un interrogatorio, acorralada, y frustrada ante todo.
¿Qué estabas pensando? – había reclamo en su voz
Albert… yo…
Pensé que había quedado claro que seríamos completamente honestos el uno con el otro.
No soy una chiquilla para que me trates de esta forma. – lo cortó ella enojada.
¡Pues si no eres una chiquilla deja de comportarte como tal! ¿tienes una idea de lo que has hecho?
¿Nunca perdiste una inversión?
Candice, por Dios, esto no es perder una inversión, invertiste capital de la empresa, no estamos hablando de la fortuna de tus padres… sino de capital del corporativo… es un problema serio.
¿Crees que no sé qué es serio?
Quiero una lista de todas las inversiones que has hecho a mi espalda, las cantidades, con quien, los plazos, todo. – le respondió el tajante y frío.
No puedes ordenarme de esa manera.
No se trata de ordenarte, se trata de revisar que se puede salvar… ¿Qué tan grande es el desastre…me decepcionas Candy, y no porque hayas perdido dinero, sino por la falta de confianza de tu parte, ¿Cómo puedo aspirar a tener una relación con alguien que me ha ocultado algo tan grave? – el tono de voz de él era reflexivo y calmado, pero totalmente serio.
No tienes que tener una relación conmigo si no quieres, y por supuesto asumiré las consecuencias…
¡No sabes ni lo que dices! ¡Demonios Candy, esto es sumamente serio! Hay que convocar una junta de emergencia…
Candy sentía que todo le daba vueltas, y la voz de Albert se escuchaba lejana, pero tenía que calmarse, no podía darle un ataque de pánico en ese momento, ¡malditas nauseas!
Mira, Albert, si te parece más sencillo terminemos y punto, échame a mi la culpa y listo. – le dijo ella cansada, por supuesto que no quería decir eso, pero llevaba más de cinco días de dormir, después de que una a una de sus inversiones se vino abajo… Albert solo sabía las del capital de la empresa, pero la verdad era que había hecho un lío completo.
¿Terminar? ¿Así de fácil no? ¿a la primera pelea lo mejor que se te puede ocurrir es zafarte? – le preguntó él alzando las cejas, hasta cierto punto incrédulo de lo que escuchaba.
Deja de verme y hablarme de esa forma. -
¿Cómo más quieres que te vea o te hable? Fuiste una irresponsable y ahora estás siendo una cobarde. – le recriminó él furioso, sabía que ella esperaba que él la consolara y le dijera que todo iba a estar bien, pero no era algo que podía hacer,
¡VETE!
Candice, por Dios no ganas nada con correrme de tú oficina.
¡VETE! Ibas a irte a Londres, haz tu viaje, y el lunes que regreses habré arreglado lo que pueda arreglar.
Jajajajaja, eso es un buen chiste, esto no se arregla en dos días hábiles y un fin de semana.
Si no te vas tú me iré yo. Así como tu me preguntas como puedes estar con una mujer que no confía en ti, lo mismo te pregunto yo, ¡¿cómo puedo estar con un hombre que no cree en mí?!
¿Qué esperabas que viniera y te abrazara y te dijera no pasa nada mi amor? Perdiste millones de dólares del capital que debía ser intocable, sabías perfectamente que no debías hacerlo… ¿Por qué?
No voy a responderte, no tengo porque darte explicaciones, si no te vas tú me iré yo. Toma. – le dijo extendiéndole su anillo de compromiso.
¡NO SEAS DRAMÁTICA POR DIOS MUJER!
NO ESTOY SIENDO DRAMÁTICA, SIMPLEMENTE ME DOY CUENTA QUE EL QUE TÚ Y YO PUDIÉRAMOS FUNCIONAR COMO PAREJA, TRABAJAR JUNTOS, SOÑAR CON TENER UNA VIDA COMPARTIDA ERA UN SUEÑO DE NIÑOS, NO PODEMOS, VENOS, NO VOY A RENUNCIAR A MI CARRERA PARA NO PELEAR CONTIGO, NO VOY A SER TU SOMBRA… SI ESTOY EN UN PROBLEMA, LO SÉ, SOY CONSCIENTE DE ELLO, LLEVO 5 DÍAS SIN DORMIR O COMER TAN SOLO POR BUSCAR TODAS LAS POSIBLES SOLUCIONES, Y LO ÚNICO QUE PUEDES VENIR A HACER ES RECLAMARME. TENGO DEMASIADAS COSAS AHORA COMO PARA APARTE LIDIAR CON TUS RECLAMOS.
Albert se puso en pie, y suspiró profundo, estaba más que molesto, y sabía de sobra que en ese momento no tenía caso discutir.
Bien, como quieras. – le dijo mientras tomaba el anillo que ella le extendía. -regresaré el lunes espero la lista de inversiones Candice, puedes librarte de mi como prometido, pero no como tu socio. Así que si necesito un abogado y una orden legal para pedirte esa lista de inversiones eso es precisamente lo que tendrás el lunes. – Albert Andrew era un hombre con el que no se jugaba.
Salió de la oficina dejándola sola, sentía que su mundo se derrumbaba, que todo se acababa, en maldita hora había decidido hacer caso a Sonia, además la mujer le aseguraba que Albert y ella aún tenían que ver… no le creía, por supuesto que no le creía, pero Albert nunca había sido así de frío con ella…Dios su vida se desmoronaba… No, alto, era fuerte, no era una niña, y por otro lado… un hombre no podía definir su vida. Las náuseas la atacaron y terminó vaciando el nulo contenido de su estómago en el baño. De pronto en toda la maraña de emociones e ideas una cosa mas vino a su mente… la noche en que ella y Albert se habían comprometido semanas atrás… no, no había sido un día fértil…
Se dejó caer en el suelo, en shock, pensando en las mil y un posibilidades… bueno, no podía quedarse ahí…tenía que saber. Se puso en pie y salió de su oficina después de arreglar su maquillaje, no quería ver a nadie, manejó a una farmacia y compró un par de pruebas de embarazo, se sentía sola, asustada, miserable.
Y justo cuando iba a pagar una voz de tras de ella la sorprendió.
¿Candy? ¿Estás bien? – ante el amable tono de voz y la genuina preocupación casi la hacen desmoronarse, pero puso una sonrisa en su rostro y volteó a ver al hombre.
Michael, que gusto verte. –
Sí claro… te conozco, has estado llorando… vamos por un café. – le dijo mientras discretamente extendía su tarjeta a la cajera para pagar las compras de ella y las de él.
Michael… no… -
Somos amigos, y es obvio que necesitas uno en este momento. – le dijo tomándola del brazo y sacándola de la farmacia, el pequeño café de pastelillos franceses que les gustaba tanto estaba justo en la esquina, entraron y buscaron una mesa tranquila.
Después de ordenar, Michael la observó en silencio por unos momentos hasta que le trajeron la infusión que ordenó.
¿Cuántos meses crees que tienes?
Michael…
Vamos Candy, déjame escucharte… ¿qué sucedió? Tal vez no es tan malo como parece y solo son las hormonas las que te tienen así.
Tal vez un par de meses… o un poco más…
¿No quiere tener hijos?
No es eso Michael… malas inversiones… tal vez…
¿Hay otra mujer?
¿Cómo?
Un tabloide de chismes, pero no creí que fuera cierto, ustedes se ven felices juntos.
Lo siento Michael, creo que fue un error venir aquí contigo… lo siento…debo irme.
Está bien, lo entiendo, solo quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea… No estás sola.
Gracias. – le dijo mientras se ponía en pie, tomaba su bolso. Besó la mejilla de Michael y el le extendí la bolsa de papel marrón que contenía las pruebas de embarazo. Ninguno de los dos se percató de las fotos que les tomaron.
Llegó al penthouse esperando encontrar a Albert ahí, pero estaba vacío, ni siquiera había ido por su maleta, habían pasado horas desde que habían discutido, sabía que en teoría debía esperar a la mañana siguiente para hacerse la prueba, pero no podía con la incertidumbre, se haría una en ese momento, y otra después en caso de que saliera inconclusa.
Entró al baño, siguió las instrucciones, y vio la primera raya color morado aparecer, puso la prueba a un lado, esperando… pero de pronto se dio cuenta que no necesitaba esperar más… había una segunda línea morada… las lágrimas escurrieron por su rostro…estaba embarazada.
Sabía que Albert se pondría feliz… o tal vez no… él había aceptado su anillo se compromiso de regreso…Dios ¿qué había hecho? Una arcada la amenazó y se deshizo del té y la media galleta que había consumido en el café con Michael.
Lloró hasta que el sueño la venció, y se quedó dormida completamente vestida. Al día siguiente se duchó decidida a ir a trabajar, a hacer frente a su día, tenía que hablar con Albert… se arregló meticulosamente y llamó al celular del rubio, la mandó a buzón… tal vez estaba ocupado. Siguió con su día intentando los diversos números y obteniendo por respuesta el mismo silencio.
Lo que no sabía es que Albert estaba dolido, y había decidido tomarse un par de días para pensar, después de pedir a los abogados y contadores que asesoraran los daños hasta el momento, había decidido poner pausa había tomado el anillo, pero por supuesto que ese no podía ser el fin. Descansó un par de días en la naturaleza, lejos de todo y de todos, regresó el sábado, había un sobre debajo de su puerta.
Lo tomó y lo abrió distraídamente mientras revisaba sus mensajes, no había ninguno, solo muchas llamadas perdidas de Candy.
Estaba a punto de llamarle cuando cinco fotografías salieron del sobre, reconoció el café en New York, y se dio cuenta que Candy iba vestida tal como el día que habían discutido… Michael la tomaba de la mano… al final parecía que lo había besado para despedirse. Dejó el celular a un lado, no llamaría, no por ahora.
El sábado en la mañana Candy despertó intentó llamar una vez más, interpretaba el absoluto silencio como enojo, está bien, le daría su espacio, pero, tenían que hablar.
Envió un correo desde la cuenta de la compañía. El correo fue redirigido a otra cuenta sin que ella lo supiera, envió un correo más el domingo, intentó llamar, cuatro días de absoluto silencio eran demasiado.
Un sobre se deslizó por su puerta el lunes temprano. Lo abrió y las fotos mostraban a Albert en un hotel, una hermosa mujer morena caminaba un poco detrás de él…subieron juntos al elevador.
Las lágrimas calientes rodaron por su rostro… no… no… tenían que hablar, eso no podía ser cierto. Alguien llamó a la puerta y Candy corrió a abrirla esperando que fuera él.
Se topó con una impecable Eliza Leegan.
Ahora no, Eliza, no estoy de humor para soportar tus intrigas.
Esta vez no son intrigas mi querida Candice…nunca lo han sido, no sé porque no me crees que siempre he tenido tu bienestar en mis intereses… pero vengo a demostrarte de una vez por todas que yo tenía razón, Albert y tú no pueden estar juntos.
Las fotos son suficientes…
¿Fotos? No querida mía yo no mandé fotos, no se de que hablas.
Candy furiosa tomó las fotos en las que se veían a Albert y a Sonia subir al elevador de un exclusivo hotel, y se las arrojó en la cara.
¡No vas a separarnos sembrando mentiras!
Eliza las observó, y sonrió, Sonia no había estado inactiva… pero ella venía a dar el golpe de gracia.
Lo lamento, pero tal vez sea lo mejor que te hayas desencantado un poco de él antes de que veas lo que te traje, tal vez eso haga que todo sea más fácil.
Desembucha de una vez bruja, que en verdad no tengo paciencia para ti hoy, llamaré a seguridad para que te saquen de aquí.
Bien, por años busqué quien era el misterioso amante de tu madre, como sabes no eres hija de Victor… pero la respuesta de quien es tu padre siempre estuvo bajo nuestras narices, y no nos dimos cuenta…
Eliza. – le dijo ella en tono de advertencia.
Querida, no puedes estar con Albert… o al menos no puedes tener hijos con él… porque el riesgo es demasiado alto, claro, también es impensable que entre hermanos haya una relación, pero tal vez eso se pase por alto…
¿Qué has dicho?
William Andrew fue el amante de tu madre… y es tú padre biológico.
MIENTES
No querida, aquí está todo lo que necesitas… te ves pálida, ¿quieres que te sirva una copa?
Lárgate de mi casa. – le dijo la rubia casi sin aliento.
No te alteres, podría ser malo para ti y la criatura que llevas en tu vientre… no preguntes como lo sé… solo lo sé… o bueno, te diré que te vi en la farmacia, y que vi que el doctorcito te invitó a tomar algo… las fotos fueron muy buenas, estoy segura de que Albert las disfrutó mucho…pero bueno, tal vez si lo pierdes será lo mejor… imagina el horror, estar embarazada de tu propio hermano…¿o acaso es del francés? Debí haberte mandado seguir, de seguro llenas las ausencias de Albert con él… no te atrevas a decirle a Albert, porque esto se hará público, cada carta, cada fotografía, cada evidencia de lo zorra que es tú madre saldrá a la luz, y si esa criatura es de Albert y sobrevive llevara el peso de ser producto de una relación incestuosa por el resto de su vida. – le dijo disfrutando del horror en el rostro de la rubia. Su trabajo estaba hecho.
VETE… y no te atrevas a repetir una palabra de lo que has dicho.
Aléjate de Albert, ese es el precio de mi silencio. – le dijo saliendo del departamento justo a tiempo, el aroma del perfume le había provocado nauseas.
Cuando al fin se recuperó, tomó el sobre que Eliza había dejado, había fotos comprometedoras de William y su madre… y una prueba de paternidad. Llamó al laboratorio, era uno de los más prestigiosos, pidió que le reenviaran las pruebas por correo, ahí estaba el número de folio, y la prueba estaba a su nombre.
Su teléfono repicó, era verdad… el mundo daba vueltas… ya no tenía caso hablar con Albert… ¿qué le diría? ¿qué iba a hacer? No iba a abortar… pero tampoco sometería ni a Albert ni al resto de la familia al horror de la espera, o a un desenlace fatal… ¿cómo era posible que William y Katherine guardaran silencio? … tal vez no lo sabían. Habían llevado cabellos y tazas de café para analizar el ADN… Albert estaría destrozado… era horroroso… tenía que salir de ahí… no podía usar el fideicomiso o las tarjetas… no podía decir nada… fue a ver a la única persona que podía apoyarla que no estuviera relacionada con la familia.
Michael…- alcanzó a decir cuando él abrió la puerta de su departamento, antes de que el llanto ahogara su voz.
Candy… - el sorprendido médico recibió a la rubia en sus brazos, no podía parar de llorar, al parecer le costaba respirar, estaba en medio de un ataque de pánico… trató de calmarla… nada parecía tener efecto. – Candy, si no te calmas… tendré que sedarte. -
No…. El bebé. –
Bien, entonces respira… dime que pasó. –
Le tomó media hora calmarla… él acariciaba reconfortante sus cabellos y su espalda… el llanto era más leve, pero continuo.
Perdóname, no debí haber venido.
No mentía cuando te dije que podías contar conmigo.
Michael, es injusto… que…
Qué me arrastres a esto… a riesgo de terminar con el corazón deshecho debo decir que aún te amo.
Michael…
¿Qué sucedió?
No puedo regresar con Albert…
Bien, puedes venir a vivir aquí en lo que encuentras un lugar… ¿no quiso al bebé?
No sabe que el bebé viene en camino y no debe saberlo.
El tabloide era cierto.
Sí… no… no lo sé en realidad… pero el no debe saber del bebé…
Candy, eso será complicado…
Lo sé… tengo que desaparecer Michael, no puedo seguir aquí… demonios…tengo que encontrar un trabajo…
¿Un trabajo?
No puedo usar las tarjetas ni el fideicomiso, porque si no me encontrará…
Candy… no necesitas trabajar… Cásate conmigo.
¿Qué dices?
Te amo, y verte así me duele, no se que te hizo, y si no supiera que partirle la cara solo te traería más problemas… tal vez si tomas distancia… no sé ni lo que digo… perdona…
¿En verdad te casarías conmigo?
Sí… pero… debes estar segura.
Michael, el no puede saber que es el padre de mi bebé… jamás. ¿entiendes?
Candy… eso es muy serio.
No puedo explicarte, tal vez cuando el bebé nazca… o cuando pase el tiempo, ahora… ahora no tengo respuestas.
Bien… sin preguntas…
Sin preguntas.
Candy se recargó en el hombro de Michael y permitió que él pasara su brazo alrededor de sus hombros consoladoramente… al final de la semana se habían casado y mudado a Francia. Una vez más debía escapar de un secreto y un pasado que no le correspondían, pero que ahora amenazaban su presente y su futuro.
