Hola chicas hermosas, me encantó leerlas, ya sé que ya empezaron los debates, y eso es fantástico, les dejo por aquí un nuevo capítulo, se que estoy pendiente con la otra, pero el universo se confabula, y todo a mi alrededor es un caos de trabajo y compromisos en estos momentos, gracias por entender, les mando un abrazo.

Espero leerlas pronto.

Key Ag

RAA 24

Albert manejaba en silencio, la tensión era palpable en el aire, los tres días anteriores, más el par de días de observación habían sido simplemente horribles, estar juntos casi todo el día no había sido nada sencillo, ella se sentía invadida en su intimidad y rutinas, lo cual la hacia ponerse a la defensiva, las constantes visitas en las horas que podrían ser de menos tensión o de descanso eran algo que definitivamente habían pasado factura a la rubia, pero había aguantado sin quejarse, prácticamente sin hablar más de lo necesario.

Albert pudo percibir que ella parecía haberse apagado, solo con Drew era la misma de antes, y aunque en otro tiempo hubiese hecho algo por remediarlo, lo cierto es que tenía más que claro que todo lo que estaba pasando eran las consecuencias de los actos de ella, y él no iba a meter las manos. Ella iba sentada en el asiento trasero junto con Drew, jugando con él y hablándole animadamente, contándole que tendría un nuevo hogar, y que todo iba a estar bien. Albert sabía que parloteaba por nerviosismo, y aunque tal vez unas cuantas palabras tranquilizadoras hubiesen bastado para ayudarla, Albert simplemente siguió conduciendo.

Llegaron a un edificio de condominios de lujo, por supuesto que todo el edificio pertenecía al consorcio y el último piso era completamente para Albert, un moderno departamento nuevo, que había mandado amueblar y decorar cuando regresó a vivir a Londres, quería algo que fuera solo suyo, que no le recordara a Candy para nada, y ahora, la llevaba a vivir con él por ironías de la vida, tal vez lo más sensato sería encontrar departamentos adyacentes, que ella pudiese hacer su vida… pero no quería perderla de vista, necesitaba asegurarse, al menos en lo que todo el papeleo legal que daba listo de que ella no podría sacar a Drew del país sin que él se enterara.

Entró en el piso dónde estacionaba sus autos, y se estacionó. Un mozo se acercó a ayudarle con las maletas y él abrió la puerta para Candy quien desabrochó a Drew y se lo pasó. Al menos su hijo ya toleraba por unos minutos que él lo tuviera en brazos en vez de su madre.

Subieron al ascensor en el mismo silencio que habían viajado y Drew no tardó en pedir los brazos de su madre y Albert se lo entregó, no tenía caso intentar convencerlo de quedarse en sus brazos.

El ascensor se abrió en el recibidor, Albert cedió el paso a Candice, sin saber que una sorpresa les esperaba dentro.

Candy levantó la vista sorprendida al escuchar voces y la primera persona que vio fue a Rosemary Andrew, que se dirigió sin titubeo alguno hacia ella. Todo sucedía en fracción de segundos.

Dios, eres igualito a tu padre. – le dijo a Drew mientras lo quitaba de los brazos de Candy sin siquiera saludar a esta, el pequeño se desconcertó por un segundo, pero no lloró.

Candy se quedó de pie, inmóvil, sin decir nada, tratando de procesar la escena y lo que estaba ocurriendo, pero antes de lograr decir algo una ronca y culta voz femenina se escuchó escaleras arriba.

Bienvenido a casa amor. – le dijo a Albert una espigada mujer de mediana estatura que vestía sencilla y elegante, abundante cabello rubio cenizo cortado a la moda, grandes ojos color avellana enmarcados en espesas pestañas, su piel se veía bronceada, de un envidiable tono dorado, e irradiaba confianza a su paso, llevaba unos jeans color claros, una camisa blanca, y mules color nude. Era bonita, más no despampanante, segura de si misma, y con porte.

Llegó al lado de ellos en segundos y le dio un rápido beso en los labios a Albert, una sola mirada de Candy a él le dijo que él no sabía tampoco lo que estaba sucediendo.

Allison, pensé que estarías en Marruecos todo el mes mi amor…

No podía dejar de asistir a la pequeña reunión que Rose organizó para conocer a Drew. – le dijo con una amplia sonrisa. - ¿no me presentas? – preguntó viendo en dirección de la rubia que estaba parada al lado de ellos en actitud compuesta y expectante, debía admirar su aplomo, la habían tomado desprevenida.

Claro, lo siento, Allison, ella es Candice White-Rowan, la madre de Drew, Candice, ella es mi pareja, Allison Stephens. Ambas mujeres se sonrieron, pero no intercambiaron más de un hola.

¿Dónde está el pequeño? – preguntó Allison al verlos sin el niño.

Lo tiene Rose, supongo que se lo llevó a mi madre… - le respondió Albert tratando de localizar a su hermana que apenas lo había saludado.

Candice, ¿quieres que te muestre tu habitación? – preguntó Albert.

No, gracias. Primero debo ir por Drew…

Está con mi hermana.

Lo sé, y no la conoce, y hay no se cuantas personas aquí, justo cuando hemos traído a casa a un niño cuyo sistema inmune es débil por la quimio, y que necesitará cada onza de energía que tenga para luchar contra su enfermedad. – le respondió Candy evidentemente molesta, pero con voz controlada.

Allison le dio un apretón de mano a Albert y se alejó, ella no permitiría que ese torbellino que se aproximaba la engullera a ella.

Mi familia quiere verlo, conocerlo…

Lo entiendo, pero esta es una emboscada, y lo que te digo no es irreal, llama a cualquier médico que gustes.

No ha llorado.

Me alegra que no lo haga, ¿crees que no quiero que disfrute de su tía?

Sé que no te interesaba que su tía lo conociera.

No voy a pelear Albert, pero no puedes pretender que iré a mi habitación y me encerraré, mientras mi hijo pasa de un brazo desconocido a otro. – el fuego verde que solía desafiarlo se hacía presente en su mirada.

Bien, no discutiré, eres bienvenida a quedarte por supuesto. – le dijo para después dirigirse a través de las enormes puertas de cristal hacia la enorme estancia donde los Andrew estaban reunidos. Candy lo observó caminar hacia Allison que esperaba por él, tomar su mano y dirigirse a donde estaba Drew.

Tomó aliento profundamente y se decidió a entrar, Anthony venía hacia ella con Isabella de la mano.

Candy. – le dijo mientras depositaba un beso en su mejilla.

Anthony, Isabella…te ves hermosa con ese nuevo corte.

Gracias, Drew es divino. – le dijo Isabella con una sonrisa incómoda, sabía bien que Anthony trataría de ser lo mas neutral posible, pero que el resto de la familia estaba en pie de guerra.

Gracias… supongo que debo decir buenas tardes al menos.

Sí… es seguro decir un "buenas tardes" general y saludar a mi tía Elroy como si nada pasara, ya sabes que para ella siendo la madre del heredero varón de los Andrew, todo lo demás te es perdonado.

Le dijo mientras la dirigía a través de las puertas de cristal hacia la terraza donde Rose había dispuesto todo.

Buenas tardes. – dijo tranquilamente mientras entraba al lugar, el círculo íntimo estaba reunido, Stear y Patty, Archie, Anne estaba en el hospital con Katherine y Victor, Pauna y William, Rose y George, por supuesto Elroy Andrew, la hermana mayor de William, que por alguna razón aún tenía debilidad por la rubia.

Buenas tardes. – respondieron los demás. Archie se acercó a saludarla, después de todo era su cuñado, Patty y Stear hicieron lo mismo, George le hizo una inclinación de cabeza, al igual que William, Rose y Pauna siguieron jugando con Drew, quien al escuchar la voz de su madre había volteado buscándola. Pero Albert logró distraerlo con algo, para que no llorara.

Candice, hija, ven y siéntate a mi lado, seguro estás cansada niña, Archie, tráele algo de comer, y algo de tomar… no digas nada, una copa de vino rojo no le hará daño al pequeño y mucho bien a ti sin duda. – le dijo la imponente mujer a quien nadie se atrevía a cuestionar o desobedecer.

Candy por supuesto siguió las indicaciones y besó amablemente la mejilla de la mujer. Elroy Andrew era 10 años mayor que William Andrew, así que si las cuentas no le fallaban a Candy debía tener, unos 75 años, era una mujer imponente, elegante, e impecable, con perfecto peinado de salón, discreto maquillaje estilo clásico, siempre llevaba exquisitas joyas, y había cosas que para ella eran intocables, y la madre del heredero de los Andrew era una de ellas.

A los 25 se había hecho cargo no solo de la educación de su hermano, sino de los negocios correspondientes a los Andrew a la muerte de sus padres. Así que William la dejaba hacer como mejor le pareciera por el amor y el respeto que le tenía a partes iguales.

Es un hermoso niño, todo un Andrew, y aunque no me gusta mucho el nombre que elegiste, porque me parece algo informal, es un nombre escocés, has seguido la tradición después de todo, que fue lo que se te metió en esa loca cabecita tuya para irte como te fuiste no lo sé, y no me lo contarás hoy, pero un día, cuando todo esto haya pasado, y tu hijo esté bien quiero escuchar las razones… solo para ti y para mí, no le diré a nadie más. ¿lo prometes?

Madame Elroy…

Nada de Madame Elroy, siempre he sido tu tía, y ahora que eres la madre del heredero de los Andrew con más razón. Fuiste sensata en aceptar venir a vivir con Albert, un niño necesita a su padre también, es una figura importante en su vida.

Será temporal tía.

Será temporal solo si no eres inteligente niña. Ya, no me mires escandalizada, y hablemos del clima, pero no olvides que tienes en mi una aliada y alguien en quien confiar.

Gracias tía…

Albert, trae acá a ese chiquillo que se está torciendo el cuello cada vez que escucha hablar a su madre, además se ve que tiene sueño. – le dijo Elroy justo en el momento que Albert pretendía que Allison lo tomara en brazos un momento, por supuesto que su sobrino no puso objeciones, y llevó al pequeño para entregárselo a su tía.

No, no, no, dáselo a su madre, creo que desde que Candice era una bebé que no cargo ningún niño, no empezaré con este, pero puedo observarlo mientras ella lo sostiene, gracias. – le respondió la mujer dejando a Albert sin opciones.

Candy alimentó a su pequeño sin importarle quien estuviera presente, ya que Drew, cansado de tanta emoción comenzaba a desear dormir, y Candy simplemente lo acomodó en su pecho para que se arrullara.

Candy luchaba por seguir la conversación de la tía Elroy, pero estaba sumamente cansada, la tarde parecía no tener fin, y sus parpados estaban pesados. De pronto una mano fuerte que se posó en su hombro la sobresaltó.

Ven, te llevo a tu habitación para que descansen. – le dijo Albert discretamente, después de que Anthony se acercó a él por indicación de Isabella que observó que Candy no podía ni con su alma ya.

Candy se despidió en general de todos y depositó un beso en la mejilla de Elroy antes de seguir a Albert hacia adentro del departamento.

Cuando todos se hayan ido te explico donde está todo, o más bien tal vez mañana. – le dijo Albert recordando que Allison estaba de visita, y que pasaría la noche con ella en su departamento.

Está bien, ¿puedo usar un auto en caso de emergencia? - le preguntó ella haciéndole ver que sabía bien que no regresaría esa noche.

Hay un chofer a tu disposición, y Anthony estará al pendiente si se te ofrece algo… puedo pedirle a él y a Isabella que se queden contigo esta noche…después solucionaremos lo de un auto para ti.

No te preocupes, no necesito que se queden, y lo de mi auto lo solucionaré yo misma, ¿Cuándo llegan Lena y Charliee?

Mañana, un chofer irá por ellas y las traerá, y lo del auto no es ninguna molestia, pero como tú quieras… dentro de esta habitación puedes poner y mover lo que gustes, hay una habitación adyacente para Drew, pero no sé porque sospecho que dormirá en tu cama…

Drew duerme en mi cama, y no te preocupes, no moveré nada de tú departamento.

Si se te ofrece algo…

Sí se me ofrece algo soy perfectamente capaz de pedir algo por teléfono, o bajar a la cocina.

Bien. – le dijo Albert deteniéndose a besar la frente de Drew que aún estaba en brazos de Candy, y saliendo de la habitación sin decir nada más.

Candy observó a su alrededor, la habitación era grande, lujosa e impersonal, como un cuarto de hotel de cinco estrellas, abrió una de las puertas que encontró y se encontró con su baño y su closet, dónde las cosas que ya habían llegado de Paris estaban colgadas pulcramente, una vez más su vestuario no estaba compuesto por trajes de diseñador, ni vestidos de noche, sus ropas eran prácticas y cómodas, y ni un cuarto del enorme armario estaba lleno aún… pero eso no le importaba en ese momento, era cierto lo que le había dicho a Albert quería llevar parte del trabajo, pero sabía que su hijo era lo primero, y hasta que no lo viera del otro lado, todo lo demás estaba en pausa, incluyendo a Albert, la familia Andrew, no importaba, podían seguir ignorándola.

Se dirigió a la otra puerta y descubrió que era una habitación adyacente, pensada específicamente con el propósito con el que estaba siendo utilizada, era el cuarto de un bebé, acogedora, y hermosamente decorada, sabía que Albert no lo había hecho, sino que Anthony había pagado a alguien, seguramente Isabella había metido mano en la decoración el gusto era exquisito.

Estaremos bien Drew, tendrás la oportunidad de conocer a un gran hombre… es tu padre, y tal vez un día tendré que explicarte mis motivos, hijo, pero hoy solo puedo decirte que creí en ese momento que era lo mejor que podía hacer… te amo mi niño. – le dijo mientras lo besaba en la frente y lo recostaba en la cama, le dolían la espalda y los brazos por la tensión y en verdad anhelaba darse un baño prolongado, pero eso no sería posible, Drew despertaría pronto, pero al menos podría darse una ducha caliente y cambiarse de ropa.

Se observó en el espejo, se encontraba hecha un desastre, ojerosa, sin maquillaje, su rubia melena larga y rizada era una desgracia, y llevaba unos jeans y una camiseta sencilla, nada más, por un momento las imágenes de las demás mujeres la asaltaron, informales, pero hermosas, bien arregladas… ¿qué importaba? Ellas no tenían un bebé de 11 meses luchando por su vida.

Se metió en la regadera y permitió que el agua caliente lavara un poco de las tensiones del día, después se puso unos pequeños shorts de algodón y una camiseta de tirantes que sería practica para amamantar a Drew más tarde, se acomodó en la cama al lado de su hijo y lo abrazó protectoramente, se quedó dormida disfrutando del aroma a bebé de su pequeño, y sorprendentemente ambos durmieron toda la noche.

A eso de las seis de la mañana Candy abrió los ojos, un pequeño dedo se enterraba en su ojo apropósito y una dulce vocecilla ronca decía.

Mamá… mamá…- esa era la rutina para despertar… al parecer Drew tenía una buena mañana.

Hola amor mío. – le dijo Candy soñolienta mientras se ponía en pie para cambiarle el pañal… lo alimentaría primero, y después le daría un baño… debía haber un adaptador para la tina en algún lado, o bien se podía bañar con él, no sería la primera vez que lo hacía.

Después de alimentarlo el buen ánimo de Drew cambió, algo lo molestaba, era hora de sus medicamentos… ¿dónde diablos estarían los medicamentos? Supuso que estaba sola, así que tomó a Drew en brazos y salió de su habitación vestida solamente en lo diminutos shorts y la traslucida camiseta blanca.

Anduvo en dirección a las escaleras y descendió con confianza, buscando en algún lugar el botiquín que había traído del hospital.

Demonios Rose, tenías que venir a enredarlo todo, más de lo que ya estaba… no podías esperar un par de días, hacer una llamada… no, claro que no, Albert, carajo, dónde dejaron el botiquín… - caminaba mascullando por la casa hablando en tonos calmados como si estuviese tratando de calmar a Drew. Sin percatarse de que no estaba sola.

En la terraza Albert la observó bajar y la escuchó mencionar su nombre, era temprano, pero no había pasado la noche fuera, solo había ido a dejar a Allison a su casa.

¿Dónde carajos dejé qué? – preguntó a espaldas de la rubia sorprendiéndola.

Albert… pensé…

Regrese en la madrugada, ¿qué necesitas?

Los medicamentos de Drew… con la confusión de ayer no supe dónde quedó nada.

En la cocina, ven, te ayudo a dárselos. – le dijo Albert consciente ahora de lo que significaba darle medicamentos al pequeño.

Candy lo siguió dudosa, consciente de lo corto que era su short y de que no llevaba ropa interior debajo de su blusa.

¿Puedes sostenerlo un momento?

Ven para acá hombrecito. – le dijo mientras la observaba salir de la cocina. - ¿a dónde vas?

Ella volteó sonrojada…

A ponerme algo encima, pensé que no estabas. - le dijo mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.

Claro… disculpa. - le respondió el incómodo, siendo consciente de la casi desnudez de ella por primera vez.

Candy dio la media vuelta y los dejó solos para ir en busca de una bata, bajó envuelta en la bata de dorada seda china y flores negras que comprara años atrás en el Japón, no lo había pensado, solo había sido lo primero que encontró. Ignoró la mirada de Albert y procedió a preparar la serie de medicamentos que Drew debía tomar cada mañana.

¿Ya desayunó?

Tomó leche…

Son muchos medicamentos para un estomaguito sin alimento.

Ofrécele fruta en lo que preparo todas las dosis. – le respondió ella sin voltear a verlo.

Por supuesto no tenían una silla dónde sentarlo. Albert tomó una banana y lo puso sobre el mostrador de granito para que se la comiera.

No vayas a dejarlo solo ahí ni por un segundo.

Por supuesto que no lo haré.

Debemos ir de compras… o debo ir de compras…

¿Qué necesitas?

Una silla dónde él pueda comer. –

Llama a Anthony.

Albert…

Está bien, al rato vamos de compras, has una lista de lo que nos hará falta. Y en lo que decides que auto vas a querer, usa la mercedes que utilizamos ayer, ya tiene el asiento para Drew.

Gracias, prefiero el auto con chofer…

Sabes manejar en Londres.

Sí, pero no quiero manejar tus autos.

Lo pondré a tu nombre.

Albert, la mitad de la banana de Drew está embarrada en el mostrador, y la otra mitad sobre él. – le dijo ella observando el desastre que su hombrecito había hecho en lo que ellos dos hablaban.

Lo siento…lo bañaremos antes de salir.

Intenta darle los medicamentos, le haré un huevo.

Cuarenta y cinco minutos después habían logrado que Drew comiera algo y que tomara sus medicamentos, la cocina era una zona de desastre.

¿Alguna de tus dos chicas limpia la casa?

¿Lena y Charliee? No, Lena se encarga de Drew y de sus comidas, y Charliee es mi asistente personal… la limpieza la hacía alguien más.

¿Quién limpia tu departamento?

Lo limpian tres veces por semana, pero necesitamos alguien permanente… y de confianza.

Le preguntaré a tía Elroy.

¿Por qué a tía Elroy?

Porque mi madre no tiene cabeza para pensar en eso, y porque la tuya no querrá que yo le pregunte nada…

Bien, llama a tía Elroy. ¿Vas a desayunar algo?

Me comeré el huevo que dejó Drew…

Dile a Tía Elroy que necesitamos que sepa cocinar.

Puedo cocinar, es solo que no tengo hambre.

Cómo quieras, voy con Drew a la terraza, cuando estés lista para bañarlo me avisas.

Le dijo mientras la dejaba sola en medio del desastre. Candy procedió a limpiar mientras medio comía y llamaba a tía Elroy, quien le aseguró le enviaría a dos de sus empleadas de más confianza. Dorothy y Margaret. Candy le agradeció y dejando la cocina en forma salió a decirle a Albert que era tiempo de bañar a Drew.

¿Cómo lo bañas?

Lo meto conmigo en la tina.

Pero…

Lena me ayuda, ella lo saca, y antes me ayudaba Céline o Michael…

¿cómo esperas que funcione eso?

Pues te puedes meter tú en la tina con traje de baño o me puedo meter yo en la tina con traje de baño y el otro lo cambia.

Yo lo baño, pero tienes que decirme como.

Vamos entonces.

Subieron las escaleras juntos y Albert se dirigió a su recamara para ponerse un traje de baño mientras Candy preparaba la bañera.

Albert entró, y la vio malabarear con el pequeño para entibiar el agua, y sin decir nada se acercó para quitárselo de los brazos sin percatarse que él estaba prendido de su bata, y dejando la mitad de su hombro y pecho desnudo en el proceso.

El silencio se volvió incómodo, pero continuaron con el plan. Albert se metió en la tina, y Candy le pasó al pequeño, mientras le daba instrucciones de como sostenerlo y bañarlo al mismo tiempo, por supuesto algo demasiado complejo en ese momento para él, así que terminó ella sentada en el borde de la bañera bañándolo en lo que Albert lo sostenía y completamente empapada. La seda se pegaba a sus curvas revelando cada detalle, y aún cunado estaba molesto, estresado, cansado, desorientado, dolido e infinitamente preocupado por su hijo Albert no podía dejar de notar que ella era más hermosa aún que antes. Tal vez era su fortaleza, y estoicidad ante lo que estaba sucediendo… Albert sacudió la cabeza, no iba a dejar caer sus barreras.

Cuando por fin lograron salir de casa se habían topado una y otra vez con el otro, rozado accidentalmente las partes privadas de alguien más visto situaciones incómodas, y apenas era la primera mañana juntos.

Abordaron el auto y manejaron a un centro comercial, aún estaban de compras escogiendo lo necesario cuando un par de viejas amistades de sus padres que al parecer nunca se enteraban de nada los encontraron.

Albert y Candice. – los saludó una mujer de la edad de Elroy.

Ms. Newland. - saludó Candy en automático reconociendo a la mujer.

Se ven divinos juntos, ni siquiera me enteré cuando se casaron, pero de seguro se escaparon, Elroy me comentó algo de su compromiso… esta criatura es hermosa, los felicito, y ustedes hacen una linda pareja, ¿cómo se llama? – Ambos sonrieron y ni siquiera se molestaron en sacar de su error a la mujer.

Drew.

Un buen nombre escocés.

Gracias Ms. Newland.

Pero sonríe muchacho, tienes a tu lado a una de las chicas mas bonitas, que además estaba enamorada de ti desde que era una niña, y un hijo hermoso.

Le dijo la anciana antes de dejarlos, ninguno de los dos comentó nada al respecto. Terminaron las compras, comieron en un restaurant y Albert la llevó a ver autos.

Ella compró una SUV Buick blanca que le aseguraron le sería entregada en un par de días. Pasaron al hospital a ver a Victor quien ya había despertado un par de días atrás y sonrió al ver a su hija, a su nieto y a Albert. Y después volvieron a casa.

Cuando volvieron a casa la ayuda ya había llegado, Lena estaba ahí para ayudar, Dorothy había acomodado todo lo que había llegado y Margaret les tenía una deliciosa cena. Charliee ya tenía programada la entrega de la SUV y había adelantado algunos otros pendientes de Candy en la oficina de Paris.

A eso de las 10 decidieron ir a dormir, Albert los acompañó hasta la puerta de la habitación para despedirse de Drew y ella logró que durmiera, esperando que al igual que la noche anterior no despertara sino al día siguiente a las seis, pero su deseo no se iba a ver cumplido.

Drew comenzó a llorar a las 12, y hora y media después Candy no sabía que más hacer, lo había bañado, cambiado, alimentado, arrullado… cantado una canción de cuna y simplemente no lo lograba.

Estaba punto de sentarse a llorar junto con él, cuando un leve llamado a su puerta siguió a que esta se entreabriera.

¿Está bien?

Sí, pero no quiere dormir... –

Dámelo.

No creo que eso…

No, tal vez no, pero nada perdemos con intentarlo. – le dijo mientras se lo quitaba de los brazos, una vez más ella llevaba un pequeño pijama. Pero ambos estaban demasiado cansados como para darle importancia a ello.

Les dieron las tres, las cuatro… y nada, el médico les había dicho que eran cólicos probablemente y que mientras no tuviera fiebre no había que llevarlo al hospital, en algún punto se rindieron, hasta ese momento habían mantenido su distancia, y evitado estar demasiado cerca.

Ambos estaban exhaustos, Candy se tendió en la cama y le indicó a Albert que se lo diera. Drew se calmó por un momento mientras Albert estaba recostado en la otra orilla, pero en cuanto intentó pararse comenzó a llorar de nuevo. Candy simplemente le dijo.

Quédate, él despertará en tres horas cuando mucho y tu y yo seremos zombies, lo que sea porque el duerma. – le dijo.

Albert no le contestó, solo se acurrucó a un lado de su hijo, quien se pegó a su madre, pero se aferró testarudamente de su dedo y en algún momento los tres se quedaron dormidos, compartiendo una misma cama.