Hola hermosas.

Wow, ha sido delicioso leerlas, y saber lo que opinan, gracias por sus comentarios y palabras. Es cierto que es un tiempo difícil para Candy, pero recordemos que esos momentos son los que nos hacen madurar y crecer. Quiero disculparme si en algún momento toco un fibra sensible con el tema, lo hago con todo respeto.

Les dejo por aquí esta nueva entrega, espero que la disfruten, y ansío leer sus comentarios.

C. espero que nuestros planetas se alineen pronto. Luv ya.

Key Ag.

RAA 25

Albert abrió los ojos lentamente y observó a su alrededor, estaba tendido en la cama, de lado, con su mano suavemente posada sobre la espalda de su hijo quien estaba extendido en medio de la cama, como si esta le perteneciera, observó con ternura su cabecita, los rubios rizos habían desaparecido dos meses atrás, debido a la quimioterapia, había crecido un poco, pero estaba delgado, su antes regordeta carita ahora se veía un poco hundida en las mejillas, y oscuros círculos rodeaban sus ojos, pero a pesar de esos cambios físicos, el pequeño era todo un guerrero, que sonreía, y luchaba día a día, se encontraban en un periodo de descanso por así decirlo, esperando en la tensa calma de saber cómo había resultado el tratamiento esta vez, llenos de esperanza y reserva a la vez.

Después de observar a su hijo, levantó la mirada y la contempló a ella. Dormía despreocupadamente, viendo hacia Drew, con un pequeño short y una camisa de tirantes que mostraba sin pudor uno de sus delicados y bien proporcionados pechos, seguramente producto de haberse quedado dormida alimentando a Drew.

Albert bebió la imagen de ella, así, relajada, en paz, sin el gesto de preocupación que ahora parecía perpetuamente tatuado en su rostro, sin la muralla de reserva que existía en medio de ellos, y que a pesar de la cotidianeidad que ahora compartían no se había derrumbado ni un poquito, sino que al contrario había crecido, sin ese gesto indescifrable que a veces la acompañaba, él que siempre había sabido como leerla ahora se encontraba voluntariamente cegado a todo lo que tuviera que ver con ella, sin la mirada velada, o los silencios infinitos que antes hubiesen estado plagados de risas.

La vio descaradamente, como queriendo grabar ese momento en su mente para siempre… seguía siendo hermosa, muy hermosa, sin importar que ahora vestía lo más práctica y cómoda posible, que su cabello lo llevaba recogido en una coleta casi todo el tiempo, o que su rostro estaba completamente desnudo a diario, Albert era consciente de que ella estaba más delgada que antes, las joyas permanecían guardadas en la caja fuerte, y los vestidos de fiesta y conjuntos de diseñador acumulaban polvo en la mansión de The Hamptons que ahora nadie habitaba. Aun así, Candice White-Rowan era más que hermosa. Su belleza iba mucho más allá de lo físico. Era la belleza de la madre amorosa, la mujer abnegada que lo da todo por su hijo, esa belleza etérea que trasciende las barreras físicas.

En ese momento de perfecta paz y tranquilidad Albert podía fantasear con el "que hubiese sido si"… si ella se hubiese quedado, si él hubiese ido por ella, sí ella le hubiese hablado de sus razones, si él la hubiese escuchado, si ella no hubiese actuado tan estúpidamente, si él hubiese sabido de su hijo… y ahí, ahí era precisamente dónde "el hubiera" se desmoronaba, donde cualquier ápice de ternura que amenazaba con brotar era completamente aniquilado por una enorme y contundente verdad, ella se había ido, sin decirle nada, se había casado con otro hombre, había sido su mujer, mientras estaba embarazada de Drew, y le había negado a él Albert Andrew la dicha de verla embarazada, de sentir al pequeño moverse en su vientre, de escuchar el primer latido de su corazón, confortarla mientras daba a luz, cortar el cordón umbilical, maravillarse con su primer llanto, compartir las noches de desvelos y muchas primeras veces, tal como ahora lo hacían… y ante esa realidad su corazón se volvía de piedra.

Albert vivía en la extraña ambivalencia de no querer dejarla ir jamás, y no querer tener nada que ver con ella, la reconocía una mujer hermosa, deseable, una fantástica madre, y la despreciaba por egoísta, insensata e hipócrita.

Sí Drew no estuviera, seguramente la hubiese desterrado de su vida para siempre, pero gracias al cielo Drew existía, era un niño hermoso, valiente, un pequeño guerrero luchando con toda gallardía por su derecho a la existencia en un mundo no siempre justo, y Albert era consciente que a pesar de todo lo que podía sentir en contra de Candy había otra verdad aún más grande, no se arrepentía de haberla amado, no dejaba de admirarla, y estaba orgulloso de que esa bella y singular mujer fuese la madre de su hijo.

Debía reconocer que ahora nunca podría sacarla por completo de su vida compartían un vínculo indisoluble, más sagrado que el matrimonio o cualquier promesa hecha, tenían un hijo al que amaban con locura y por quién harían hasta lo imposible por verlo feliz.

Imposibilidades… eso era una de las cosas que daban vueltas en la cabeza de Albert, había leído e investigado, hasta el cansancio sobre los tratamientos de leucemia, y había una cosa que no dejaba de dar vueltas en su mente… en caso de llegar a un trasplante de médula ósea, el mejor donador posible era un gemelo idéntico, y el segundo era un hermano… sabía que había de por sí un completo dilema ético y moral en pensar traer al mundo un niño con el fin de salvar a otro. Y en su caso un sinfín de complicaciones con la posibilidad de que él y Candy tuvieran otro hijo juntos.

Albert dejó de darle vueltas en su cabeza, eso no estaba sobre la mesa aún, pero, por otro lado, como hombre previsor que era también estaba consciente de que en todo caso lo mejor era hacerlo ahora cuando aún no había necesidad de ello… Demonios, era un callejón sin salida… una imposibilidad.

Trató de ponerse en pie sin despertarlos, pero Drew gimió un poco y decidió mejor no moverse, para no despertar a ninguno de los dos, observó que Candy se estremeció de frío y la cubrió con la manta que seguramente Drew había quitado de encima de ella. Y se permitió vagar un poco más en sus recuerdos, en lo que había sucedido en los últimos seis meses, viviendo juntos, siendo padre y madre, compartiendo un hogar, una vida, pero a la vez cohabitando como completos extraños, sin decir nada personal, sin bajar la guardia, sobresaltándose ante los roces accidentales, evitando cualquier referencia al pasado, o al futuro en todo caso, anulando por completo sus facetas como hombre y mujer, solamente jugando el papel de padres de un niño sumamente enfermo que los necesitaba juntos, fuertes, como su red de seguridad, su respaldo, su alegría, su fuerza.

Habían realizado una pequeña celebración de cumpleaños en la casa de sus padres, todos habían asistido, todos habían sonreído para la foto, y para momentos que Drew pudiera atesorar después, pero la realidad era que al igual que en la reunión en su departamento, las relaciones eran tensas.

Recordó como había puesto su mano en la espalda de ella con la intención de consolarla cuando les dieron el primer resultado desalentador de quimioterapia, no solo no habían disminuido las células cancerígenas, sino que habían ganado terreno. Pero a pesar de todo, ella no se había refugiado en sus brazos, había erguido la espalda y abrazado a su bebé con fuerzas, como en desafío a la maldita enfermedad que quería robárselo… al parecer Candy había entendido que tenía que luchar sola…

Y también estaba consciente de las veces que ella había intentado tener un gesto amable con él, prepararle un café, o algo de desayunar, comprarle una camisa igual a una de Drew, o cualquier otra tontería adorable que podía ocurrírsele en su natural andar por la vida, como reflejo de un antaño ahora inexistente, y como su respuesta automática en el mejor de los casos había sido helada cortesía, y en otros, rechazo absoluto.

Parecían seis meses de desencuentros, aun así, Albert era más que consciente de una cosa, había una parte de él que odiaba pensar en el día en que tuviera que dejarla ir, porque de alguna forma, aunque deseaba que ella pudiese ser feliz y hacer su vida, egoístamente le gustaba tener a su hijo, y a la madre de su hijo bajo su mismo techo, compartiendo su espacio, su comida, su vida e incluso su cama.

Albert había dejado de hacer viajes de negocios, de asistir presencialmente a la mayoría de las juntas, e incluso de pasar un fin de semana de placer cada tanto como había sido su costumbre anterior con Allison. Se había dedicado en cuerpo y alma a su pequeño Drew.

Su caminata imaginaria por los últimos seis meses fue interrumpida por una manita que se metió en su boca y un pequeño grito de felicidad cuando el pretendió morderla.

Shhhh despertaremos a tu madre, y debo decirte un secreto, eso no es una buena idea, se pone de mal humor. – le dijo al pequeño en un susurro, por supuesto que la voz de su padre fue suficiente para darle cuerda, era un buen día al parecer, tenía energía y quería jugar, a su año y cinco meses aún no caminaba solo, porque pasaba mucho tiempo en el hospital, y por más que él y Candy hicieran esfuerzos por ayudarlo a alcanzar las metas esperadas en su desarrollo, la realidad era que había muchas cosas que se quedaban en el aire.

Drew le plantó un beso en la nariz, que le recordó a cierta pecosa que solía tener por costumbre hacer eso, y se acurrucó en su hombro confiadamente, ese era su gran logro, hoy, seis meses después, era una fuente de seguridad y consuelo para su hijo. Albert acarició su cabeza, con la esperanza de que se quedara quieto y no despertara a su madre, pero, claro, eso era simplemente imposible, el pequeño abandonó a su padre con la firme intención de integrar a su madre a la diversión, y realizó su ritual matutino con ella, le dio un beso y le picó el ojo, algo que aún después de seis meses no dejaba de divertir a Albert, quien no pudo contener una carcajada ante la lógica de su hijo.

Estoy segura de que tú lo enviaste. – le reprochó la rubia con voz ronca y sin abrir los ojos, en esos momentos de semi inconsciencia las barreras aún no estaban levantadas.

Jajajajaja, no, pero no deja de divertirme verlo cada mañana, lo cambiaré y me lo llevaré a desayunar para que descanses un poco más, después de todo te despertaste un par de veces a alimentarlo en la noche, ¿no es así? - En seguida se arrepintió de su comentario, ella había despertado por completo y se había percatado del estado de su blusa, no era la primera vez que les pasaba, pero no dejaba de apenarla.

No es necesario, ya me levanto…

Como quieras, pero hoy viene mi madre a estar con Drew, y recuerdo que mencionaste que la tía Elroy te había invitado a tomar el té por la tarde…

¿A dónde quieres llegar? ¿no me quieres en el apartamento?...

No, no voy a eso, mientras vivas aquí esta es tu casa, en todo caso, si mi madre no quiere verte, puedo llevarle al niño, pero… - Albert de debatió entre callarse y decirle lo que en realidad había querido decirle, al fin se decidió por poner en palabras lo que había pensado. -Té con la tía Elroy es casi como té con la reina, y a decir verdad en tu closet no hay nada apropiado para eso… pero, sobre todo, tal vez no te caería mal una mañana de compras y mimos. - Candy relajó la mirada e incluso la suavizó un poco.

¿En verdad no te importaría que dejara a Drew?

Por supuesto que no, yo aquí me quedaré, vendrá mi madre y seguramente Rose, creo que podemos arreglarnos, y si no lo crees, está Lena para asegurarse que todo se haga tal cual debe ser… pero como siempre, haz como quieras… en cinco segundos expira mi oferta de llevarme a Drew y dejarte dormir. –

Vete. – le dijo ella dándole un beso a su hijo y después volteándose para darles la espalda a ambos.

Jajajajaja, los viejos hábitos son difíciles de olvidar. – le dijo él haciendo referencia a las veces que la había dejado dormir cuando estaban juntos, después tomó a su hijo y lo llevó con él a la habitación contigua, donde podría cambiarlo e incluso darle un baño rápido en la tina sin problemas, ahora había aprendido a hacer todo eso sin requerir ayuda de Candy.

Candy cerró los ojos, los escuchó salir y cerrar la puerta, trató de dormir, de no pensar, pero ese momento de casi normalidad de parte de Albert hacia ella la había sacudido un poco más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Los últimos seis meses habían sido todo menos sencillos, las relaciones con los Andrew eran por supuesto tirantes, su hermana Anne y ella nunca habían sido verdaderamente cercanas, y lo cierto es que Candy era consciente de que tenía celos de toda la atención que le prestaban a Drew. Rose la odiaba, George era distante por supuesto, Archiebald era más amable que su propia hermana, pero ya no era su cómplice de travesuras, sus padres eran su mayor fuente de apoyo, pero tenían sus propias cosas con las cuales lidiar por la enfermedad de Victor, eso la dejaba con Stear y Patty, que sin preguntas la habían perdonado, pero en ocasiones mantenían su distancia, un Anthony que se debatía entre la lealtad familiar y la amistad que siempre habían tenido, una Isabella que era ahora lo más cercano a una amiga que tenía.

Y por supuesto Albert, el padre excelente que siempre había sabido que sería, el hombre recto, previsor, inteligente y carismático que una vez la había amado con locura, y que ahora apenas la hacía en el mundo. Más de una vez le había tocado escuchar el tono amoroso e íntimo que antes había sido dedicado a ella en una conversación telefónica con Allison, y no podía negar que eso calaba hasta lo más profundo de su ser.

Albert era el padre modelo, y Candy era consciente de que por Drew regresaba a dormir todas las noches a casa, aún cuando Allison estuviese en la ciudad, y regularmente no se iba más de tres horas seguidas, porque el pequeño lo reclamaba cuando no estaba en casa a la hora de dormir, y por esa misma razón hacía seis meses que compartían la cama.

Candy pensó en las palabras de él esa mañana, seguía siendo tan perceptivo como siempre, era cierto, en su guardarropa no había nada apropiado para ir a tomar el té, y era cierto que hacía un buen rato que su cabello era una maraña de rizos sin forma que solo ataba en una coleta alta o en una especie de moño desordenado, manicure, ni pensarlo, y sus productos de maquillaje debían encontrarse arrumbados en algún lugar del inmenso closet del que no había llenado ni un cuarto.

Recordó amargamente como hacia un par de semanas un tabloide sensacionalista, de esos que no respetan ni a la familia real había publicado fotos de ellos tres, y hablaban de como sus años de gloria habían pasado, especulaban sobre la posibilidad de que estuviese anoréxica, e incluso se habían atrevido a hacer comparaciones entre ella cuando aún era novia de Albert y el presente, e incluso, entre ella y la clásicamente elegante y siempre compuesta Allison Stephens.

Tal vez era tiempo de ir de compras… llamó a Isabella para preguntarle si podría acompañarla y obtuvo una respuesta sorprendentemente efusiva. Se dio cuenta que seguir durmiendo sería imposible, pero aprovechó para darse un baño que fuese más prolongado que los 10 minutos que acostumbraba, e incluso se tomó tiempo para tratar de hacer algo con su cabello, un intento fútil, que terminó en una trenza medio suelta. Tomó un par de jeans, una linda blusa regalo de su madre para su cumpleaños que aún no había estrenado porque le había parecido impráctica, y un par de wedges color nude, los únicos zapatos que no eran un par de tennis o flats que había en ese momento en su guardarropa. Desenterró su bolsa de maquillaje del fondo de un cajón se tomó el tiempo de cubrir un poco sus ojeras con maquillaje natural e incluso rociar con un toque ligero de perfume su suave piel de alabastro, que hacía mucho que no usaba, primero porque aun era el mismo que Albert le había regalado, y segundo porque nada que no fuera su hijo, sus dosis de medicamento, sus terapias, sus horarios de hospital etc… le había importado en realidad.

Bajó la escalera sin pensar mucho en el efecto o resultado del par de horas que se había tomado esa mañana, Albert estaba en la sala jugando con Drew, quien levantó la vista y su rostro se iluminó al ver a su madre. Albert siguió la mirada de su hijo, y también apreció el resultado, pero no dijo nada.

Margaret hizo de desayunar si quieres comer algo.

Gracias, quedé de desayunar con Isabella… ¿te molesta si no regreso sino hasta después del té con tía Elroy?

No hay problema, tomate tu tiempo.

Gracias.

Candy se acercó a Drew y lo cargó para despedirse.

Pórtate bien amor mío, no le des demasiada guerra a tu padre, te veré más tarde. – le dijo a Drew después de darle un beso y levantó la mirada para tomarse con la de Albert. – por favor, si sucede algo no dejes de avisarme.

Vete, relájate y no te preocupes por nada… estaremos bien.

Candy dio una última mirada a la sala y salió del lugar, abordó la camioneta BMW blanca que había decidido comprar y manejó hasta uno de los restaurantes de moda dónde había quedado de ver a Isabella. Cuando llegó se dio cuenta que ni su supuesto máximo esfuerzo de arreglo personal había sido suficiente, pero no le importó.

Encontró a la hermosa y sofisticada Isabella en una mesa, la saludó y se sentó.

Wow… -

¿Tan evidente es que hoy me tomé tiempo de hacer algo?

No me mal entiendas, comprendo, o creo comprender lo difíciles que han sido las cosas en estos meses, pero es bueno verte así.

Gracias, deja de mirarme de esa forma o me harás sonrojar.

¿Cómo estás? – le preguntó la española una vez que hubieron ordenado.

Drew parece estar mejorando, pero en realidad no podemos saberlo sino hasta que nos den los resultados….

Candy… me da gusto escuchar eso, pero te pregunto ¿cómo estás tú? No debe ser fácil la situación de Drew, y encima vivir con Albert, un Albert completamente diferente al hombre con el que viviste hace años…

¿Qué puedo decirte Isabella? Ciertamente no es sencillo, estoy agotada, física y emocionalmente… duele verlo a diario y sentirlo tan lejos, recordar lo que era y ya no es…

¿Qué han acordado?

Custodia y patria potestad compartida, no me mudaré sino hasta que Drew esté sano, y aun entonces pensaremos en vivir cerca, no sé tal vez dos penthouses en el mismo edificio… al menos hasta que Drew esté más grande.

Prácticamente te ha atado a él sin derecho a huir…

Isabella…

Mira, sé que cargas con toda la culpa de las decisiones que tomaste, pero nadie se ha sentado a escucharte el porqué, y también entiendo que quieras darle lo mejor a Drew, pero como yo lo veo, Albert sigue teniendo una vida, trabaja, una pareja, y tú, te has eclipsado… a lo mejor estoy equivocada, no soy madre, pero creo que es tiempo de que veas que vas a hacer, tomarte cuando sea posible un día como el de hoy en el que solo seas tú, Candice, la mujer, no la madre, no la mujer culpable de haber abandonado al hombre perfecto…

No quisiera perder tiempo que podría pasar con Drew…

Candy, tienes que tener fe, creer que él se va a sanar, que va a estar bien, y creo que él niño tiene derecho a tener una madre feliz, completa, realizada consigo misma…

Tal vez tengas razón…

No tal vez, en verdad creo que la tengo, supongo que un paso a la vez, pero hoy haremos lo que podamos, te hice una cita con mi estilista, y después iremos de compras.

Media hora antes de las cinco de la tarde Candice conducía rumbo a la casa en uno de los barrios más exclusivos de Londres que pertenecía a Elroy Andrew. Llevaba un exquisito vestido de día, corría el mes de febrero, así que aún estaba frío, pero siguiendo la costumbre muy inglesa había escogido un vestido a juego con abrigo en color rojo, con tacones, y medias oscuras.

Su cabello lo habían cortado, en un bob apenas lo suficientemente largo para recogerlo, pero práctico, la imagen del espejo le recordaba un poco a la mujer que había llegado a New York, elegante, sofisticada.

La llevaron al salón de té, dónde Elroy Andrew esperaba por ella, sonrió gratamente cuando la vio vestida así, elegante, y hermosa, como ella siempre la recordaba.

Por Dios niña, de haber sabido que lo único que se necesitaba para que te despabilaras, fueras a hacer algo por ese cabello y a hacer compras era invitarte a tomar el té lo habría hecho meses atrás. –

Tía, es un gusto saludarte como siempre.

Estoy segura de que lo es… y dime ¿quién inspiró semejante cambio?

Albert…

¿Albert tal cual? ¿estamos listas para presentar batalla?

No tía, no, pero él me recordó esta mañana que no tenía nada que ponerme para venir a tomar el té contigo.

Bien hecho por mi sobrino… ahora dime hija, ¿qué te orilló a tomar semejante decisión, porque de que lo amabas, y que lo amas, no tengo duda alguna.

Tía, eso ya no cabe en ningún otro lugar sino en el pasado… pero responderé lo que me preguntas, porque nadie más va a escucharme… cometí errores terribles en la empresa, confié en datos que no debía… pero no me fui por eso… tía… hoy se que no es verdad, pero alguien me dio pruebas en ese entonces de que Albert y yo podríamos estar relacionados… familiarmente.

Elroy Andrew guardó silencio por un momento.

¿Qué tan familiarmente?

En primer grado.

¿Más que primos?

Sí…

Dios Candice…

Tía… ¿nunca tuvieron nada que ver, cierto?

No hija, y en parte entiendo porque no es algo que le hayas preguntado a tu madre… pero eso hubiese aclarado todo.

Llamé al laboratorio, un laboratorio real y me confirmaron resultados, el problema era que el mundo se caía a mi alrededor y que esta persona me amenazó con contarlo si no me alejaba.

Ya estabas embarazada, ¿cierto?

Sí…

¿Te ha vuelto a buscar la mujer?

¿Cómo sabes que es una mujer?

¿Quién más enreda las cosas de esa manera?

No, en estos seis meses se ha mantenido alejada…

Déjame preguntarte algo… ¿hay relación entre esto y lo que perdiste en inversiones?

Parecieran venir de dos frentes distintos…

¿Quién fue?

Tía…

Es alguien cercano, si no, no evitarías decírmelo…

Eliza…

Debí suponerlo… Creo, sin temor a equivocarme, que mi querida nieta política tiene que ver también con lo de tus inversiones fallidas… claro utilizó a alguien, porque eso no se le da… Candice, tienes que regresar al corporativo, recuperar tu vida, sé que Drew es prioridad, y lo respeto, pero también se cuan importante es que como mujeres desarrollarnos… ¿no lo volverás a intentar con él?

Me desprecia tía… hemos logrado hacer equipo por Drew, y seguramente nunca podremos dejarnos por eso… además él es feliz…

Con Allison… bien, pero tú eres la madre de su hijo, eso no lo olvides y aunque te equivocaste garrafalmente, el tiempo de ponerte de tapete debe llegar a su fin en algún momento… regresa a la empresa, cuídate, desarróllate como mujer, y tal vez un día, cuando todo haya pasado, vendrá alguien más, y si no, la verdad es que no necesitamos de un hombre para ser felices, mírame a mí.

Jajajajaja, tía…

¿Lo amas?

Tía… sabes de sobra la respuesta a esa pregunta…

¿Entonces porque no haces algo al respecto?

Porque necesitamos poder vivir juntos.

Entonces has decidido dejarlo ir….

No es eso tía…

Eso parece que es, porque desde dónde yo lo veo, lamentarse y pedir excusas no es suficiente, vivir seis meses de tú vida en pausa, andando de puntitas alrededor de la casa donde vives, sabiéndote juzgada, y no hacer nada al respecto definitivamente no es vida… Candice, sabes de sobra que no soy una mujer que se anda con rodeos… para reconquistar a un hombre como Albert se necesita mucho más que arrepentimiento, sobre todo porque el te adoraba y lo que parece es que lo dejaste por otro…

No fue así tía, solo quería…

Proteger a tú hijo y a la familia, pero calculaste muy mal los posibles daños… no pensaste con la cabeza fría, y es hasta cierto punto razonable, sin embargo, la realidad es que Albert no querrá nada contigo solo porque eres la madre de Drew, y lo primero que debes hacer es reencontrarte, sanar, mostrar esa fortaleza que sé que tienes, no andar por la vida como una mujer de la cual se dice que han pasado sus mejores años y es hora de tenerle compasión.

Leíste el tabloide

Por supuesto que lo leí… y es penoso… penoso que tengan un poquito de razón…

Lamento avergonzarte.

No se trata de mí, sino de ti y de Drew… tú imagen, tú nombre son los que abrirán las puertas y forjarán su futuro, así que debes levantarte, poner la cabeza en alto, reinventarte, y buscar esté bien, por ti, por Drew y tal vez un día por Albert… hoy está con Allison, pero la vida da muchas vueltas y si su destino es estar juntos entonces, tarde o temprano volverán a encontrarse, esperemos que en condiciones más favorables.

¿Y sí no?

Pues entonces te corresponde ser feliz por tu hijo, por Albert, pero sobre todo por ti misma…

Tienes razón tía, es tiempo de levantar la cabeza...

Voy a contratar a alguien, un investigador de confianza que nos ayude a llegar al fondo de las inversiones malhadadas y de las fuentes falsas que Eliza utilizó… ¿Tienes lo que te envió?

Sí… en una caja de seguridad, era demasiado peligroso dejarlo rodar por ahí.

En su momento te haré saber y la expondremos… gracias por tú confianza.

Gracias por escucharme.

¿Intentaste contárselo a Albert?

No quiere hablar de ello, y en parte lo entiendo… tía, debo irme, Drew ha pasado demasiado tiempo a solas con Albert hoy…

Dudo mucho que esté solo, pero dime que compraste más atuendos como ese.

Fui de compras.

Tendré que invitarte a venir una vez al mes a tomar el té al menos…y deberás ir pensando en un vestido de gala, porque te quiero presente en mi gala de cumpleaños, y en otras galas que hacemos para recaudar fondos… eres Candice White-Rowan, la madre del heredero de los Andrew, heredera de él 25 % de las acciones de la empresa, ¿sabías qué entre tu voto, el de Albert y el mío, podríamos vetar cualquier decisión? Claro, si Victor y William no votan por ustedes.

Supongo que tienes un plan magistral en tu cabeza…

Jajajaja, por supuesto que lo tengo mi querida niña, anda, vete que veo que mueres de ganas por ir a ver al angelito ese, pero no te conviertas en extraña y ven a verme de vez en cuando, tráelo contigo.

Así lo haré. – Candice depositó un beso en la mejilla de la mujer y manejó de regreso a casa.

Llegó, abrió la puerta y escuchó risas, al parecer había reunión, por un momento consideró no entrar, pero era su casa… al menos por el momento, y quería ver a su hijo.

Entró en la casa, dejó su bolsa y llaves en el recibidor, observando que había tres bolsas colgadas… Pauna, Rose y … la voz de la rubia abogada de UNICEF llegó a sus oídos, reía agradablemente en complicidad con Rose y Pauna… Albert llenaba sus copas de vino y al parecer estaban tan entretenidos que no se habían percatado de su llegada, por un momento pensó en subir por la escalera que estaba directamente en el vestíbulo, y mandar a Lena por el niño, pero después pensó, que tal vez sería un desperdicio de oportunidad, si la habían criticado por no ser despampanante, al fin podrían callarse sobre lo mucho que se había descuidado.

Caminó decidida, la casa estaba cálida, así que se había deshecho de su abrigo, y llevaba un corto vestido de lana, recto, clásico, elegante.

Buenas tardes. - saludó educadamente, mientras un pequeño de ojos azules gateaba a toda velocidad en su dirección desde su lugar en la alfombra a los pies de su tía. – Amor mío… - dijo tomando a Drew en brazos. -te extrañé. – dijo levantando al niño en el aire, sabía que las miradas estaban puestas sobre ella. Pero jugó con su hijo como si no existiera nada más.

Candice, te sienta bien ese color. – le dijo Allison amablemente.

Gracias, Allison, lamento interrumpirles la velada, pero si no les importa me retiraré con este pequeño, hace mucho que no lo alimento…-

Llegaron tus compras, y le pedí a Lena y a Charliee que ayudaran a organizarlas.

Gracias Albert.

¿Piensas tener muchos compromisos Candice? – preguntó Pauna curiosa en un tono para nada neutral.

No lo creo Pauna, pero, tal vez es tiempo de que vuelva a trabajar, y a hacerme presente en sociedad, después de todo, es por Drew por quien me conviene hacerlo. Fui a tomar el té con tía Elroy, por eso era necesaria la formalidad de hoy. – dijo quedamente. -Drew, despídete de tu abuela, tu tía y Allison. – le dijo al niño mientras lo llevaba a la sala para que repartiera besos.

Albert la observó, se veía hermosa, despampanante, peligrosamente tentadora, por otro lado, a Albert no le desagradaba la idea de que ella dedicara tiempo para sí misma, después de todo, siendo completamente honestos, ¿qué hombre no se sentiría orgulloso de que una mujer como ella fuera la madre de su hijo? Iba a decir algo, pero Margaret, entró en ese momento con una bandeja y exclamó alegremente.

Se ve usted hermosa señora Candice, de seguro Madame Elroy se puso feliz de verla así.

Gracias Margaret, tía Elroy te mandó saludos.

Le llamó el joven Michael, dijo que estaría disponible para hablar.

Gracias Margaret. – le respondió la rubia discreta.

Sí quieres ve y cámbiate, y te subo a Drew en un momento. – le dijo Albert con la intención de permitir a su madre y a su hermana que se despidieran del niño a su antojo.

Claro, ¿ya tomó su medicina?

Sí. – el monosílabo contundente llenó el aire.

Bien, con permiso, que tengan buenas noches.

Dijo despidiéndose con dignidad y subiendo con lentitud las escaleras, mientras marcaba su celular para regresarle la llamada a Michael.

Albert solo alcanzó a escuchar cuando llegaba a lo alto de la escalera.

Hola Michael.

Y por supuesto no le cayó en gracia.

Cuarenta minutos después Albert subió con Drew en brazos, cansado, y un poco lloroso, Candy estaba sentada en uno de los sofás leyendo.

Está cansado.

Sí, ya es tarde, por eso es qué, quise subirlo conmigo hace un rato.

Pensé que querrías hablar con Michael en privado.

Y yo pensé que solo Rose y tú madre vendrían.

Allison es mi pareja.

Y Michael a pesar de todo lo que hice es mi amigo.

Sostuvieron la mirada mutuamente, estaban al borde de comenzar su primera pelea franca desde que se habían reencontrado, y eso era precisamente parte de lo que les permitía seguir juntos, la amable indiferencia, la fría cortesía, el desinterés fingido o auténtico en lo que el otro hiciera… Candy se preguntó sí al fin cruzarían esa frontera con todas sus posibles consecuencias. Levantó la vista desafiante, y Albert le devolvió la mirada con la misma fiereza, tentado a gritar, a reclamar, a exigir un porque y ella dispuesta a probar de una vez por todas si su indiferencia hacia ella era real o fingida. Envalentonada con el nuevo corte y peinado cambió su mirada desafiante por una un poco más cálida. Albert la observó, descaradamente hermosa, no por el maquillaje, o el peinado, sino porque había en su mirada ese fuego desafiante y valiente de antaño esa consciencia de que era capaz de doblegarlo con la mirada y de que toda ella, su alma y su cuerpo aún eran deseables para él.

Albert se acercó a ella aspirando el embriagante aroma de su perfume, Drew se arremolinó en sus brazos y se lanzó a los de la rubia. Justo así era como él lo hubiese deseado… Drew se acurrucó en los brazos de Candy, con la intención de dormir, pero ella no quitó su vista de Albert.

Albert extendió la mano y acarició su mejilla con ternura inesperada hasta para él, acunando su mano en su mejilla besó su frente, un leve roce solamente, y clavó su mirada azul en la de ella.

Albert… -comenzó ella con un leve dejo de esperanza que el cortó de tajo

Lo siento princesa, es demasiado tarde para todo esto… creo que lo mejor será que no duerma aquí esta noche, Drew ya fue vencido por el sueño… ya no hay marcha atrás Candice, debemos vivir con nuestras decisiones, y por nuestro propio bien y el de Drew, lo mejor es ni siquiera explorar ese sendero. Pasaré la noche fuera, pero si necesitas cualquier cosa puedes llamarme. – le dijo besando su frente una vez más, y después a su hijo que había caído completamente dormido.

Candy lo vio salir, esa era su respuesta, la última que le hacía falta escuchar, la amó, sí, aún sentía algo por ella, sí, pero decidía firme y conscientemente no estar a su lado, ese era el punto final, el último clavo en el ataúd de lo que fue una hermosa relación… no había marcha atrás, de ahora en adelante solo debía ver hacia el futuro, renacer como el ave fénix de en medio de sus cenizas.