Hola chicas, esta es una publicación sorpresa, siendo la semana de cumpleaños del Príncipe de la Colina, mi regalo para ustedes serán al menos dos capítulos esta semana, tal vez tres, pero aún no estoy segura del tercero, más el ONE SHOT que escribimos juntas Alexa y yo.

Espero que lo disfruten.

Sé que están enojadas con Albert, otras tantas con Candy, odian a Allison, pero todas aman a Drew, así que veamos que es lo que el destino les tiene preparado a todos en esta historia, a la que aún le falta un tramo por recorrer.

Quiero agradecer profundamente su paciencia, su apoyo, su visión de las cosas, porque eso siempre enriquece la labor realizada, mil gracias por cada uno de sus reviews, por sus palabras, por cada una de las muestras de apoyo y cariño, muchísimas gracias, por compartir sus historias, por dar ánimos y apoyo, mil, mil gracias, espero que disfruten de la lectura, aún o hay tiempo o forma de darle un poco de paz, pero tal vez no estemos tan lejos de ello.

Les mando un abrazo.

RAA 30

Candice, Albert, perdón por hacerlos esperar. – dijo a manera de saludo el pediatra de Drew

Descuida Martin. –

¿Les ofrezco algo de tomar?

No, gracias…

Bien, permítanme revisar a Drew.

Candy se puso de pie y llevó a su pequeño a la mesa de exploración, era necesario que en cada visita médica se le hiciera una exploración completa, ya que cualquier anormalidad en su cuerpo, como nódulos inflamados, crecimientos extraños, podrían ser signos de que la enfermedad no estaba en remisión como parecía estarlo desde hacía algunos meses.

Martin hizo su revisión de rutina, Drew estaba acostumbrado a ella y le sonrió al médico, Candy observaba todo el tiempo las manos del pediatra y su expresión facial, mientras sin darse cuenta contenía la respiración, cada cita su corazón se aceleraba, y sentía nervios infinitos de que Martin encontrase algo inusual.

¿Y bien?

Martin guardó silencio por unos momentos mientras revisaba otra vez.

Martin… - le dijo ella impaciente. Albert puso su mano sobre el hombro de ella para tranquilizarla.

Pudiera no ser nada, siento su abdomen un poco distendido, pero revisemos los análisis primero antes de precipitarnos. Pueden vestirlo. -les dijo con calma.

Cuando estuvieron sentados de nuevo tomó su ipad para cargar las imágenes correspondientes, su intención había sido revisarlos con anterioridad, pero, había tenido una mañana muy ocupada, regresó en las placas, posteriores, miró las cifras… demonios, debió haberse levantado más temprano para revisar esos números.

¿Martin? – normalmente era Candy la impaciente, Albert solía guardar silencio hasta que fuera absolutamente necesario.

Las cifras han cambiado, ha habido un incremento significativo en células cancerígenas, y hay una pequeña mancha en el tórax, que bien podría ser una especie de sombra, pero no puedo estar seguro hasta que realicemos las placas nuevamente. – le dijo el hombre viéndola a los ojos.

Candy sintió que el mundo se tambaleaba, a su alrededor, su cabeza daba vueltas, la maldita enfermedad que creían casi vencida había regresado.

¿Qué tan significativo? – preguntó Albert.

Son menos que al principio, pero si más del doble de lo que teníamos en la cita anterior.

¿Cuál es el escenario?

Verás, si la mancha es algo, es decir una metástasis, lo positivo es que parece estar encapsulado, y no es muy grande, podríamos hacer una cirugía, removerlo, y después continuar con la quimio y radio que de todas formas íbamos a tener.

¿Ese es el panorama más positivo?

No, el más positivo, sería que esto fuese nada, una sombra, una metástasis si es significativo, y conlleva ciertas cosas. Por lo pronto mañana temprano habrá que repetir todos los análisis. Al medio día a más tardar tendremos los resultados y podemos evaluar nuestras opciones.

¿A qué hora quieres que lo traigamos?

A las 8 estará bien, coordinaré que los pasen de inmediato al laboratorio y que puedas salir de inmediato, como en otras ocasiones ahora mismo, una infección o virus podrían ser terribles, el conteo de glóbulos blancos no es tan bajo como al principio, pero si disminuyó significativamente.

Bien, estaremos ahí a las 8… -

Martin…

¿Dime Albert?

¿Qué exámenes necesitas? ¿Hay algo más avanzado que podamos probar? A lo que quiero llegar es que tienes a tu disposición los recursos del laboratorio y la tecnología de la fundación DAWR. Confiamos en ti como médico y sabemos que lo que estamos haciendo en DAWR aún está empezando, pero si la tecnología, o cualquier cosa te sirve, solo dinos.

Te agradezco, por ahora tenemos todos los recursos necesarios a nuestra disposición, pero si algo surgiera…

También si conoces casos que necesiten apoyo económico, con gusto puedes canalizarlos a la fundación. – le aclaró Candy, quien había tomado su lugar dentro de la fundación en el área de ayuda social

Gracias, en verdad se los agradezco, y de ser así se los hago saber. ¿los veo mañana?

Al menos a mí, no sé cómo esté la agenda de Albert. –

Nos ves mañana. – dijo Albert y se puso de pie para despedirse.

Caminaron en silencio al auto y abrocharon a Drew, Candy subió en el asiento de pasajero, y Albert manejó en silencio, la noticia que les habían dado era difícil de digerir, sus esperanzas se habían hecho trizas, se habían malacostumbrado a meses de buenas noticias, y ahora esto.

Candy iba sentada cruzada de brazos pensando en Drew, en el resultado médico, sus sentimientos estaban en ebullición, su corazón se sentía desgarrado, y estaba furiosa, furiosa con la vida, con el cáncer, con el destino. Iba tan sumida en sus pensamientos que no escuchó cuando Albert le preguntó tres veces si pasaba por ella al día siguiente o si se veían en el hospital. Hasta que Albert rozó levemente su brazo volvió a la realidad.

¿Candice, estás bien?

¿Cómo se puede estar bien? – preguntó a punto de quebrarse.

Justo iban llegando al edificio dónde ella vivía. Albert estacionó el vehículo y volteó a verla quitándose las gafas oscuras para clavar su mirada en ella.

Vamos a salir de esta, lucharemos juntos por Drew, sé que es un revés, pero te prometo que haremos hasta lo imposible por ganar esta guerra. – le dijo apretando su mano.

Lo siento, perdón por….

No tienes que disculparte, paso por ustedes mañana, ya es tarde, descansen, seguramente pasaremos varias horas en el hospital.

Gracias Albert… - Candy rozó su mejilla con un beso y subió a su hogar con su pequeño en brazos.

Albert los observó desparecer y por primera vez en casi seis meses deseó no haberle pedido vivir vidas separadas, ahora solo quería ir con ellos y pasar la noche con Drew entre sus brazos como seguramente lo haría ella, sin embargo, tenía que conducir a su propio y solitario hogar, porque ese era el acuerdo que habían tomado.

Después de los análisis correspondientes, fue evidente que el oasis de paz del que habían gozado por unos meses no había sido nada más que un espejismo, la salud de Drew parecía ir en picada, todo se tornaba más difícil, y las probabilidades parecían estar cada vez más en contra de ellos, era una carrera contra el tiempo, buscando mantener las fuerzas de Drew lo más posible, tratando de mantener la esperanza y la calma después de cada tratamiento fallido, y haciéndolo todo por ganar la guerra contra su terrible enfermedad.

Candice observaba el pecho de su hijo subir y bajar lentamente, había cumplido dos años, pero este año las cosas eran muy diferentes al año anterior cuando todos se habían reunido en casa de los White-Rowan para festejar, y aunque la reunión no había sido sencilla para ella, Drew había estado feliz con toda la atención y amor brindado, este año todo era muy diferente, y con gusto Candy cambiaría lo que sucedía ahora por la incomodidad de un año atrás, los desplantes, silencios, palabras apenas contenidas, eran mucho mejor que lo que sucedía el día de hoy, llevaban un par de semanas en el hospital, habían ingresado por quimio, pero debido a las bajas defensas Drew había desarrollado una pulmonía, en la madrugada habían tenido que ponerle oxígeno, y hablaban de la posibilidad de ponerle un respirador si no mejoraba pronto. En un par de meses el pequeño relativamente sano y feliz se había vuelto cosa del pasado, y se había convertido en una sombra del paquete de energía que solía ser.

El alba apenas comenzaba a rayar, Candy se había quedado sola esa noche, ese era el acuerdo al que habían llegado ella y Albert, alternaban noches, Candy estaba completamente confiada en que Albert era tan capaz de consolar y cuidar a Drew como ella, así que para no estar los dos agotados habían acordado tomar turnos, tanto de día como de noche. Albert llegaría como a las 10, las cosas entre ellos habían cambiado mucho en los últimos seis meses, habían establecido rutinas, y desarrollado una interacción sobre llevable.

Los ruidos de rutina se escuchaban en los pasillos, las enfermeras con sus zapatos de goma caminaban, a las diferentes habitaciones para hacer las revisiones de temperatura usuales, el aroma a café era palpable en el aire.

No había podido dormir en toda la noche, atenta a la respiración de Drew, sabía que Albert iría a eso de las 8 para que ella fuera a casa a dormir un rato, y después ella lo relevaría en la tarde, para que el regresara a las 10. Estaba tan cansada que no podía pensar con claridad, las últimas dos semanas habían sido terribles.

Escuchó pasos familiares acercarse a la puerta, aún era demasiado temprano, pero sabía con certeza qué se trataba de él… no lo había llamado para avisarle sobre el oxígeno para dejarlo descansar, pero al parecer había madrugado.

La puerta se abrió sigilosamente y su imponente figura se dibujó en la puerta, eran escasamente las 5 de la mañana llevaba cómodos pants color negro, Addidas, con el nuevo corte que enmarcaba sus fuertes y masculinas piernas a la perfección, una camiseta deportiva del mismo color y una chaqueta que lo protegía del aire fresco que seguramente se sentía fuera de las instalaciones del hospital, en sus manos llevaba un par de thermos de café.

Sus miradas se cruzaron por un segundo y él pudo leer el cansancio y la preocupación en los ojos de ella, y eso le llegó a lo más profundo de su ser, algo debía estar definitivamente mal, ese día no había podido dormir más, se sentía inquieto y decidió llegar al hospital más temprano de lo usual, había preparado café para él y había vertido un thermo para Candice, sabiendo de sobra que el café del hospital no era precisamente bueno.

Buenos días. – le dijo en un susurro, acercándose a la cuna de Drew y sorprendiéndose por la mascarilla de oxígeno que su hijo llevaba. - ¿qué sucedió? - le preguntó a la rubia mientras le extendía uno de los vasos de acero inoxidable que llevaba en la mano.

No podía respirar, ya lo nebulizaron, y le dieron antibióticos, pero prefirieron administrarle oxígeno para hacerle sentir más cómodo, porque no podía dormir por lo mismo. – le dijo ella cansada.

No has pegado los ojos en toda la noche. – no era una pregunta sino una afirmación.

No pude conciliar el sueño, me desperté a eso de la una porque Drew no podía respirar, y desde entonces he preferido observarlo y asegurarme de que está bien. –

Debiste llamarme.

No era necesario Albert, todo estaba bajo control, y no tenía caso que nos desveláramos los dos. ¿qué haces aquí tan temprano?

Sentí que debía venir. –

Gracias por el café. –

De nada, ¿llamarás al chofer para que venga por ti? –

Tomaré un taxi, ciertamente no estoy en condiciones de manejar. – Albert sonrió, ante su respuesta, en otro tiempo habría tenido que obligarla a subir a un taxi, pero había algo diferente en ella en esos meses en los que pasaron a tratar de vivir vidas separadas, siendo miembros de un equipo que trabajaba en conjunto por el bienestar y felicidad de Drew, pero que no compartían mucho más de sus vidas personales. Una serenidad, y sentido común inesperados habían surgido en ella.

Bebieron su café en silencio velando juntos el sueño de su pequeño, así era en estos días, no había mucho que decir. A eso de las 8 el médico apareció y saludó a la pareja de rubios.

Doctor Martin. – saludó Candy

Buenos días, es bueno encontrarlos juntos, aún no tengo resultados definitivos, pero será necesario que hablemos en esta semana.

Sin problemas, doctor, ya sabes que la salud de nuestro hijo es lo más importante para ambos. – le respondió Albert.

¿Cómo pasó la noche? – preguntó a Candy. El doctor conocía de sobra la rutina de los rubios, y sabía que la noche anterior le había tocado a ella quedarse. Muchos se maravillaban de como balanceaban la vida del chiquillo, nunca peleaban frente a él, pero la verdad rara vez estaban ambos presentes en el día a día, si tenían pareja, nunca se les veía en el hospital, ahí solo eran mamá y papá de un pequeño muy enfermo. A veces el médico se preguntaba que sucedería entre ellos cuando Drew no los uniera más.

Durmió mejor después del oxígeno, ¿cuándo podremos llevarlo a casa? – preguntó la rubia ansiosa.

Aún no, primero debemos ver los resultados, y plantear las estrategias…

¿Cuál es el siguiente paso si no han mejorado los resultados? – el eterno hombre de negocios sabía hacer las preguntas correctas.

Trasplante de médula ósea, ¿cierto? – respondió Candy adelantándose al médico ya qué había pasado el último año de su vida estudiando casos de leucemia y sus posibles tratamientos, y sabía que el trasplante era un último recurso, especialmente porque Drew no tenía hermanos.

No debemos adelantarnos… - comenzó el doctor, solo para ser interrumpido.

Pero es eso, o tratamientos más agresivos de quimio y radio, pero no estamos seguros cuanto más podrá soportar…. – la voz de Candy se quebró un poco.

Candy, debemos esperar los resultados. – le dijo Albert mientras extendía la mano para apretar su hombro instintivamente, siempre había algo que lo llamaba a ella.

Evaluaremos las posibilidades en su momento, por ahora hay que tratar la pulmonía, esperar los resultados y después ver las posibilidades…en todo caso, se harían los historiales de histocompatibilidad, de ambos, y veríamos quién es más compatible con Drew…

Pero nuestros porcentajes serán bajos porque no hay un hermano… -

Así es, en todo caso, si aún no estamos en el punto de realizar trasplante… podrían preguntarse si acaso están dispuestos a darle un hermano a Drew. –

Los dos rubios guardaron silencio, nunca lo habían discutido, aunque ambos sabían de semejante posibilidad.

Gracias Martin… ¿alguna recomendación?

Sigan con la rutina, hay que mantener el ánimo de Drew arriba, sus fuerzas, y las de ustedes mismos, descansen cuando puedan, y sigan dándole a su pequeño lo mejor… y platiquen, creo que en verdad deben discutir la posibilidad de tener un segundo hijo… claro, que entiendo qué en su caso, y con todo lo que esto implica…

No es sólo eso, también están las implicaciones éticas y morales… - le dijo Candy

Tienes razón sin duda, pero mi deber es darles todas las opciones.

Se lo agradecemos doctor. – esta vez fue Albert quien respondió

Vendré después, y cualquier cosa no duden en llamar.

Les dijo el médico mientras salía de la lujosa y cómoda suite de hospital.

Albert le indicó el asiento a Candy y ella simplemente se sentó a su lado.

¿Qué piensas? – le preguntó Albert seriamente, él tenía su propia opinión al respecto, pero quería escucharla primero.

Es una locura Albert… es hacer un bebé de diseñador… y no sé si tengo la energía para estar embarazada y cuidar de Drew… psicológicamente es desgastante, no solo estar embarazada, estar embarazada una vez más, sabiendo que estaré sola… y no me respondas que no lo estaré, que tú tienes tu vida, además ¿qué diría Allison?

Podemos contratar una madre sustituta si no quieres estar embarazada… y Allison… Allison no tiene opinión en el tratamiento de Drew, ni nada que tenga que ver con él, es parte de nuestros acuerdos.

Ese es precisamente el problema, me acabas de contestar, que el bebé será el tratmiento de Drew…no podemos traer un bebé al mundo en esas condiciones, no creo que añadir alguien más a nuestra ya de por sí complicada vida sea buena idea… además, no traería un bebé al mundo, para que fuera la refacción de su hermano. Amo a Drew, sabes que sí, y pelearemos con él hasta el último aliento, sin embargo, no sería justo para otro pequeño traerlo solo para ser tratamiento médico, y dejarlo al cuidado de mi madre o de la tuya, porque con Drew tenemos las manos llenas… - su voz había sido calmada, no lo veía a los ojos, pero era claro que ella había analizado las circunstancias antes. - ¿qué piensas tú? – preguntó ella, al fin viéndolo a los ojos.

Estoy en las mismas que tú, pero quería escucharte, plantearte lo que yo mismo me he planteado y averiguar si podías hacerme cambiar de parecer…

No creo que es lo mejor, tal vez si las circunstancias fueran otras…pero no lo son, ni lo serán. – le dijo ella recargándose contra el respaldo del sofá de piel, estirando las piernas y cerrando los ojos por un momento. –

Albert observó su perfil, su blanca piel, finamente salpicada de pecas, su nariz respingada, sus dorados rizos rebeldes estaban sueltos, y su delgada figura estaba enmarcada en yoga pants y una suave camiseta de algodón.

Su imagen en ese momento era tan diferente a la que la había visto proyectar en los últimos meses, cuando Drew estaba bien ella asistía a galas con la tía Elroy, o bien iba a la oficina a trabajar, y una vez más era la mujer encantadora, sofisticada y bella de la que él se había enamorado en New York, los tabloides y los medios de comunicación serios se peleaban por una foto de ella, los diseñadores querían vestirla, y ella todo lo tomaba con aplomo y calma, como si nada de eso importara ahora, porque, a decir verdad, no le importaba y no era consciente del efecto que tenía en los demás, incluido en él verla así de bella, madura, y triunfante.

Si era honesto consigo mismo había siempre un dejo de celos de verla en las reuniones sociales asediada por posibles pretendientes, pero él mismo la había dejado libre y hubiese sido miserable de su parte entrometerse en sus posibles relaciones románticas, aunque hasta el momento, al parecer no había nadie más.

Pero además estaba haciendo un magnífico trabajo con el área de trabajo social de DAWR, haciendo de cada uno de los casos su cruzada personal, conociendo a las familias y a los niños, interesándose por ellos y apoyándolos en todo.

Tenía un instinto nato para tratar a los niños, compasión por la gente, y era tan sencillo tratarla, nunca le había importado que sus ropas de diseñador terminaran sucias, en sus visitas a hospitales, ni tenía ese aire imponente o reservado que Rosemary, Pauna, Anne o Katherine tenían, sino que era alguien que incitaba a confiar, alguien dispuesta a abrazar, a sentarse en el piso, a relevar a una madre exhausta por unos minutos, a consolar a un pequeño lloroso cómo propio y por eso su labor en DAWR se volvía día a día indispensable, aún con Drew hospitalizado, se daba el tiempo de dar seguimiento a los casos que atendía. Albert admiraba más cada día a la mujer en la que se había convertido en esos meses, atrás habían quedado los ademanes de princesa, o la forma inconsciente e ir por la vida, tenía frente a él a una mujer muy diferente, y no podía evitar sentir debilidad por ella.

Albert la observó detenidamente, preguntándose que sentía por ella en realidad, pero esa era una respuesta que aún se negaba a reconocer. Por lo pronto era obvio que estaba cansada, y a eso del medio día debía ir a la oficina a atender algunos pendientes. Albert respiró profundo. Y le dijo.

Vete a casa, y descansa.

Aún no se acaba mi turno. – le respondió ella sin abrir los ojos siquiera.

Ya estoy aquí, y al menos yo si dormí una noche completa, vete, yo me quedo.

¿Seguro? – está vez ella abrió los profundo ojos esmeraldas y los clavó en él.

Sí, anda, descansa, tienes cosas que hacer en las oficinas al rato.

Gracias. ¿regreso a la hora acordada o antes?

A la hora de siempre… por cierto, George tiene papeles que debes firmar, son de la junta pasada de DAWR y los acuerdos que tomamos.

Bien, yo paso a su oficina. Gracias Albert. – le dijo mientras se acercaba a la cuna dónde su hijo dormía, y acarició su cabecita, los rubios rizos habían desaparecido meses atrás, su carita ahora mismo no era regordeta como antes, y círculos oscuros rodeaban sus ojos. Candy acarició su manita y besó su frente y le dijo – Descansa mi niño, papi te va a cuidar. Te amo Drew, te veré más tarde. - lo observó por un momento más y se dirigió a la puerta, desde ahí volteó a ver a Albert. – Me llamas cualquier cosa. –

Por supuesto que sí, anda, vete a dormir que en verdad lo necesitas.

Candy caminó hacia afuera del hospital, cuando llegó a la puerta no le sorprendió encontrar a uno de los choferes de la empresa parado frente a su auto.

Srita. Candice. –

Te pidió el señor Andrew que vinieras.

Así es, y me dijo que me quedara a su disposición todo el día. – le dijo viendo a la rubia con duda.

Gracias Rob. Toma aquí están las llaves, llévame a casa por favor. – le dijo mientras subía. Mandó un mensaje de agradecimiento a Albert y se relajó en el asiento, estaba sumamente cansada.

Cuando llegó al penthouse Rob tuvo que despertarla, se había quedado profundamente dormida. Llegó en automático a su cama y durmió por las siguientes 4 horas, después se duchó y vistió para ir a trabajar, leggins color negros, un blusón nude con detalles de encaje negro y un saco de excelente corte, complementado por finas zapatillas color vino, estilizó su cabello, aplicó maquillaje, y cambió su bolso, Charliee había preparado una pequeña maleta con cambio para el hospital, y su portafolio estaba también listo, se dirigía a la puerta cuando Dorothy la detuvo.

No has comido nada Candy. –

Comeré algo en la oficina, Dorothy, ya se me hizo tarde, pero lo que más necesitaba era dormir. –

Bien, le diré a Charliee que ordene tu almuerzo entonces.

Gracias Dorothy. – Candy sabía que no tenía caso discutir, sus cuatro amables empleadas se habían convertido en sus guardianas, y de alguna forma eran más amigas que empleadas a veces.

Rob la esperaba, y la llevó hasta las oficinas, dónde le tocaría reunirse con todos, menos Albert, ya que él estaba en el hospital, pero primero pasaría a la oficina de su padre. Quién después de un año de estar prácticamente al borde de la muerte había regresado a trabajar, ahora mucho estaba centralizado en Londres, la oficina de New York la manejaban Anthony y Archie, George viajaba mucho de lo que Albert viajaba en el pasado, y de alguna forma la familia había hecho una vaya de protección detrás de ellos y de su padre.

Oficinas Andrew-White-Rowan, Londres.

Candy terminó de puntualizar algunas cosas con Victor antes de dirigirse a la sala de juntas, cuando terminaron de hablar de negocios su padre la observó. Ella había cambiado y madurado mucho en los últimos seis meses, estaba yendo a terapia, se había vuelto una mujer independiente, reservada, analítica, lo encantadora por supuesto no se le había quitado, pero ahora había un aire de gravedad en su rostro, una consciencia diferente. Buscaba estar al pendiente de él y de Katherine, tenía una mejor relación con Anne que la que había tenido en el pasado, y en cierta forma las relaciones familiares se habían estabilizado.

Pero Victor sabía que ella y Albert solo se veían por Drew, y que Albert avanzaba en su relación con Allison. Como padre no dejaba de desear que su hija encontrara estabilidad y amor, pero también era consciente de que para ella no era una prioridad, porque Drew era lo más importante de su vida, sus años y experiencia le decían a Victor que lo mejor era dejar que la vida transcurriera.

¿Cómo estás?

Cansada… pero bien, aún no tenemos resultados del último tratamiento… ayer fue una noche difícil.

¿Qué sucedió?

Hubo que ponerle oxígeno a Drew…

No dormiste.

Dormí cuatro horas antes de venir, Albert fue más temprano al hospital.

Te tengo información importante.

La revisaré esta noche…

¿Estás segura de que no quieres pedir ayuda a Albert?

No papá… le pedí específicamente que sacara las manos, que yo me haría cargo de ese par… me tomará tiempo, pero lo lograré… lo lograremos.

El crédito será todo tuyo.

No me importa de quien sea el crédito en realidad, solo quiero que se haga justicia, y que nunca se les ocurra acercarse a Drew. ¿Te importa si preparo café antes de la junta?

Sabes bien que compartimos la adicción, tengo un nuevo café keniano que dicen que es simplemente exquisito.

Candy le sonrió a su padre y se puso en pie para preparar el exquisito café, mientras recordaba su conversación con Albert, una de las pocas conversaciones sustanciales que habían tenido desde que él se mudó.

Meses atrás, a las pocas semanas de que Albert se había mudado, él había llegado a recoger a Drew, pero en vez de encontrarse con Charlee cargando al niño esperando por él, recibió una llamada de Candy pidiéndole unos minutos. A decir verdad, no estaba listo para hablar con ella aún, pero tampoco podía negarse.

Entró al penthouse en el que ahora se distinguían los toques personales y femeninos de Candy, así como una fragancia embriagante, poco a poco el lugar se volvía de ella, un hogar de verdad, no un mero hotel de paso que había sido mientras vivieron juntos, donde ella no tenía libertad de expresar nada.

Candice estaba sentada en la mesa rodeada de papeles, vestía de negro, pantalones de lino holgados y una camiseta negra ajustada al cuerpo, se veía hermosa por supuesto, no llevaba maquillaje, y su cabello se veía alborotado, ni siquiera se molestó en ponerse en pie para recibirlo, simplemente alzó la vista y fue directo al grano.

Gracias por venir.

No tengo mucho tiempo. – le respondió el impaciente, más porque estar en su presencia era intimidante que por otra cosa.

Seré breve… quiero pedirte un favor.

Dime. - Candy suspiró ante el seco tono de voz, pero no dijo nada.

La última vez que hablamos… antes de que te mudaras…

No tengo intenciones de hacer una autopsia de nuestra conversación. – le advirtió él.

Ni yo tampoco, pero, es la referencia de lo que voy a pedirte… ¿puedo continuar? - su mirada verde clavada en él lo desarmaba.

Continua entonces.

En esa ocasión me dijiste que ya investigabas a Eliza y a Sonia, y que te harías cargo.

Así es, estoy en eso… -

Quiero que me permitas hacerme cargo… quiero ser yo quien logre justicia…

¿Justicia o venganza? – le preguntó él de pronto interesado.

¿Acaso importa? ¿crees que no tengo razones para desear cualquiera de las dos?

No dije eso, simplemente me sorprendió.

Albert, Eliza tiene una deuda pendiente conmigo, y los intereses se han acumulado por doce años, lo que hizo no tiene nombre, y Sonia, Sonia cree que soy una mujercita estúpida… y ambas tuvieron razón, pero no más, por su maldad pude perderlo todo, y no hablo de lo económico, mi padre pudo haber muerto, Drew podría no haber nacido, te perdí a ti, a mi familia, mis sueños, mi futuro, todo…así que quiero hacerme cargo… creo que me corresponde, recuperar el dinero, y dejarles claro que conmigo no se juega…

Ya me estoy haciendo cargo yo.

Lo sé, por eso te dije que necesitaba un favor… -

Albert observó sus profundos ojos verdes, había furia, un fuego indescriptible, que seguramente la haría capaz de llegar hasta las últimas consecuencias, si bien había sido muy tonta al creerle, también tenía razón, el par de arpías no habían tenido compasión de ella.

No se tocaron el corazón, aún sabiéndome embarazada, sé que al final del día la que decidió fui yo, pero estoy pagando con creces mis errores, y deseo saldar mis cuentas…van a conocer quien soy yo en realidad.

No te quiero enfrascada en una lucha de odio…

No tienes ya derecho a decirme que quieres o no de mí.

Lo sé, pero eres la madre de mi hijo, y eso lo afectará a él.

No es una lucha de odio, es una lucha por mi dignidad, por mi integridad, porque nunca se les ocurra hacerle algo parecido a Drew, una lucha por mi familia, por el legado de mi padre… una lucha por justicia… por que les quede claro quién es Candice White Rowan. –

Albert distinguió el tono de acero en su voz, no podía negarse a nada que ella le pidiera, pero trataba de hacerse el duro e indiferente.

Está bien, te enviaré lo que tengo, y te pondré en contacto con los investigadores, para que les quede claro que de ahora en adelante es a ti a quién deben de reportar… sugeriría no cambiar de investigadores, ya han logrado un avance, pero por supuesto es algo que te corresponde a ti decidir.

Gracias Albert. – le dijo ella volviendo su mirada a los papeles que revisaba.

De nada… debo irme.

Por supuesto, Charlee, el señor Andrew te espera. – dijo ella en el radio. Y él tuvo que partir sin otra mirada de sus hermosos ojos verdes, la indiferencia de ella dolía, pero Albert era consciente de que el mismo se lo había buscado.

Victor la observó beber ausente el delicioso café, cuyo suntuosos aroma y cuerpo inundaban su paladar y sus sentidos.

¿Qué piensas?

Es excelente.

No hablaba del café.

Recordaba cuando le pedí a Albert que me permitiera hacerme cargo de esta búsqueda de justicia.

Vamos a la junta, aún hay mucho por hacer.

Candy le sonrió a su padre y lo siguió hasta la sala de juntas, saludó cordialmente a William, e intercambió formalidades con los socios, fue puntual en sus intervenciones, y planteó un panorama claro, en resumen, dejó sorprendidos a los hombres ahí reunidos por su eficiencia y destreza.

Como siempre al terminar pasó a su oficina a trabajar un poco más, y después recordó que Albert le había dicho que debía hablar con George y firmar algunos papeles. Se puso en pie y fue a buscarlo. Llamó a la puerta discretamente y se tomó los cinco minutos necesarios para firmar los papeles… George era hasta cierto punto territorio neutral, pero estaba consciente de que siendo el esposo de Rose no debía ser más que amable con ella. Candy salió de la oficina, e iba rumbo a la suya cuando un encantador hombre de cabellos rubios y ojos azul cielo la interceptó.

No has comido nada.

Anthony, pensé que estabas en New York.

Sí, pero Isabella y yo decidimos hacer una visita familiar, y me topo con que tu almuerzo está intacto y frío en tú escritorio… vamos te invito a almorzar, además si no me equivoco pronto debes ir a relevar a Albert.

Aún tengo cosas que hacer.

Mañana las harás, no puedes enfermarte y para evitar eso debes comer.

Sé que no puedo darme el lujo de enfermarme y eso es suficiente.

No seas testaruda, tú padre me ha pedido que te lleve a almorzar, cree que necesitas un respiro, así que son órdenes superiores.

Bien, vamos por mis cosas.

Se dirigieron a un acogedor y discreto restaurante dónde Anthony se aseguró de que ella comiera apropiadamente, después la llevó al hospital, para hacerle compañía por un rato esa tarde. Relevaron a Albert y pasaron la tarde entreteniendo a un inquieto pequeño que no podía moverse demasiado.

Albert manejó hasta el edificio de acero negro y cristales que era el hogar de Allison, estaba cansado, la verdad era que no había dormido en la noche y que apenas a las 5 había logrado convencerse de que era una hora decente para ir al hospital de una buena vez… había tenido razón, la próxima vez simplemente iría si así lo sentía sin importar la hora que fuera.

Estacionó su lujoso auto y abordó el elevador hasta el último piso, le había cancelado demasiadas veces en esa semana, así que era consciente de que debía dedicarle al menos un par de horas a la mujer que llamaba su novia, y de quien no podía quejarse, ya que ella siempre entendía y hacía lo posible por construir la relación que habían decidido tener, a pesar de que todo en su vida se había vuelto un infierno caso de inmediato, en cuanto se abrió la puerta un olor familiar llegó hasta su nariz, Allison.

Hola guapo… al parecer al fin te dignas en venir. – le dijo ella medio en broma dándole un trago.

Drew está hospitalizado.

Lo sé, solo bromeaba, ¿cómo estás? ¿quieres hacer algo? - le dijo mientras se acercaba y le daba un leve masaje en las sienes.

Puedo dedicarte unas horas, cariño, pero esta noche me toca dormir en el hospital.

Albert… está bien, si quieres solo descansar hazlo, si necesitas mejor ir a tu casa... – le dijo sin dramas, solo entendiendo que no era el mejor momento, pero Albert la tomó por la muñeca.

No dije que no quisiera pasar tiempo contigo, solo déjame dormir a tú lado una siesta, aspirando tu aroma… te he echado de menos, pero en verdad las cosas parecen complicarse un poco más cada día.

Lo siento, por supuesto que puedes dormir una siesta, pero primero debes comer algo.

Albert la siguió hasta la cocina, dónde una deliciosa sopa, pan gourmet recién cortado y un buen vino esperaba por él… eso era justo lo que Allison hacía, era práctica, y lograba dar un toque cálido a su vida, no pedía demasiado, mantenía su independencia, pero estaba atenta a su necesidades… aspiró apreciativamente el aroma de la crema de champiñones y se dio cuenta que justo eso era lo que quería en su vida, un remanso de paz, estabilidad, y no podía negar que su aprecio y cariño por ella crecía, el inicio de esos dos meses de relación habían sido más que complicados, pero ella había buscado estar ahí para él en tan complicados transes, y él intentaba dedicarle un poco de tiempo y tener algunos detalles con ella, era consciente de que a pesar de su cansancio, o lo que sucediera, habían decidido intentarlo, y el cumplía con la parte que le correspondía lo más que le era posible.

Allison…

¿Sí?

Gracias por todo lo paciente que has sido.

No tienes nada que agradecer.

Antes de que Candy y Drew entraran a sus vidas Allison había estado segura de que estaban cerca de llegar a ese punto en el que las relaciones crecen, evolucionan, pero cuando el par de rubios torbellinos irrumpieron, algo pareció congelarse, a decir verdad, a veces se preguntaba si lograría más de él, pero había pasado poco tiempo desde que decidieron empezar de cero, y debía ser paciente, lo vio a los ojos y esbozó una sonrisa, lo amaba, en verdad lo amaba, sabía que él se esforzaba por ser un poco cómo el hombre que ella había conocido cuando todo había iniciado, ese hombre que la había sorprendido con locuras y sorpresas, hoy intentaba tener pequeños detalles, flores en su oficina de vez en cuando, chocolates cuando iba de visita, cosas sencillas, nada extravagantes, pero que hablaban de que al menos estaba haciendo un esfuerzo.

Se sentaron a comer, y a conversar un rato.

¿Qué sucedió con Drew?

Tuvieron que ponerle oxígeno, y por supuesto que las cosas no han mejorado.

Lo siento mucho, ¿qué les ha dicho el médico?

Pues tenemos que ver como evoluciona y una vez que pase la pulmonía revisar sus cifras para ver que es lo que sigue.

¿Trasplante de médula ósea?

Ese es nuestro último recurso porque Drew no tiene hermanos…de hecho hoy tuvimos que discutir ese punto.

¿Los hermanos?

Es una opción médica, si aún tenemos tiempo, pero ninguno de los dos queremos tomarla, sería poco ético y sumamente complicado… ¿Cómo te fue a ti hoy? – preguntó Albert para cambiar de tema.

Bien… - le contestó ella con reserva.

¿Qué sucede?

Hay un viaje a Nigeria, pero tomaría cerca de un mes, y no quiero irme y dejarte en medio de todo esto…

Allison, eres libre de ir…

No es que no sea libre de ir Albert, es solo que creo que hemos logrado avanzar un poco y si me voy, temo que lo poco que hemos logrado construir se derrumbe.

Al, las cosas son como son, y no puedes permitir que el temor te detenga… como siempre veremos como manejarlo,

Sólo quiero ser tu apoyo, y compartir contigo las cargas, no quiero dejarte solo en medio de todo esto. – le respondió mientras se acercaba a besarlo, él le correspondió, y cuando terminaron su cena disfrutaron de un rato juntos, solo descansando. A eso de las 8 Albert le dijo.

Debo irme, quiero darme un baño y ver unas cosas antes de ir al hospital, pero mañana intentamos vernos otro rato.

Está bien, espero que tengan una noche pacífica tú y Drew, cualquier cosa llámame. -

Él la besó con cariño en los labios y después la dejó sola, debía darse un baño y tal vez dormir unos 40 minutos antes de ir al hospital para permitirle unas horas de descanso a Candy y velar el sueño de su hijo.

Mientras conducía Albert pensaba en los meses que habían pasado, todas las visitas al hospital, cada examen, nada había sido sencillo, y a veces parecía que solo alcanzaba a existir, entre el trabajo, la fundación, Allison, el médico, el hospital, Drew y Candy, había poco tiempo para reflexionar, muchas veces reaccionaba por instinto, y hoy solo sabía que haría lo que fuera por que su hijo estuviese bien, y aunque el no lo supiera, o no fuera consciente de ello, también llegado el momento, haría lo que fuera por y para Candy.