Hola chicas, pues bien, aquí está la segunda entrega, esta ocasión quiero dedicar el capítulo a Pinwy Love que ayer nos compartió su propia historia de maternidad.
Pinwy Love, debo decirte que tu historia me conmovió, también soy madre, y en todo este proceso de escritura e investigación ha sido desgarrador siquiera imaginarme toda esta situación, pido que sigas siendo fortalecida, que tu pequeño mejore cada día más.
Para las que han comentado el ONE SHOT, gracias por sus palabras a quienes les ha gustado, y aquellas que de plano lo han odiado, pues así es esto. Creo que en este tiempo que llevo escribiendo, algunas se habrán dado cuenta que escribo cosas diferentes, muchas veces no idealizando a los personajes, sino tratando de humanizarlos, y también estoy consciente de que eso me suma detractores, en esta ocasión, la responsable de está maravillosa idea, es Alexas90, ella es la autora intelectual de Más que un Instante, es una mezcla de sueño, vivencias personales, y lo que yo pude aportar para crear la historia y amé el resultado, me encantó la forma en que la contamos, y tal vez, lo que más ha shockeado es que no hay más definición, que ellos sean adultos, que una vez más ella tenga una hija… sin embargo, no fue intencional, solo contamos lo que fluyó, esa era la historia, por favor no lo tomen personal, varias han dicho, que le cambian el nombre a los personajes para así poder leer la historia y no sentir que quieren matarme por hacer un Príncipe de la Colina con pies de barro y una Candy llena de equivocaciones, tal vez esa sea la clave.
Como siempre, aún tengo la esperanza de tal vez un día escribir una historia completamente rosa, sin embargo, hasta el día de hoy no lo he logrado, creo que lo más cercano fue mi ONE SHOT del año pasado.
Para quienes quieren matar a Albert, pues, ni que decirles, al igual que hace varios capítulos querían matar a Candy, espero al final logren amarlos a los dos, y que no claudiquen en el proceso.
Jujo, como siempre morí de la risa con tu comentario, Yagui, y alguien más que están al pendiente de cuando publicaré YNTE, creo que ya no me queda tanto por contar en esta historia, así que espero en un par de semanas ponerme a trabajar en YNTE.
A todas y cada una de ustedes muchas, muchas gracias, en verdad, su acogida, es abrumadora, gracias por creer en este proyecto, por apoyarme, y hacerme parte de sus vidas, permitirme conocerlas un poco a través de sus historias, publico hoy, porque mañana seguro me será imposible, tengo graduación de mi bebé mayor (kínder, es una locura que hagan una graduación de Kinder, pero ahí vamos las madres de alcahuetas) y pues entre peinado, vestidos, bla, bla, será un día ocupado, y después de la graduación de mi niña, también tengo graduación de mis hijos prestados, mis alumnos, así que mejor de una vez…
Un abrazo, mis mejores deseos y bendiciones como siempre.
Humildemente en deuda.
Key Ag
RAA 31
Allison recorría con la punta de sus dedos la piel del perfecto torso de Albert, en teoría tenían el día para ellos.
Hacía un par de semanas que Drew había sido dado de alta después de mejorar y ese fin de semana le tocaba a Candy tenerlo mientras estaban en la espera de resultados para ver cual era el siguiente paso.
Ese día esperaban tener un tiempo juntos, como a decir verdad no lo habían tenido más de un par de veces, sin embargo, el familiar tono del teléfono los interrumpió, Allison sabía de sobra quien llamaba, se puso en pie para dirigirse al baño mientras escuchaba la profunda voz de Albert tomar la llamada.
Bien, estaré ahí en 40 minutos. –
Allison lo observó entrar al baño, se deleitó por un segundo en su obscenamente perfecta anatomía y recibió su abrazo y besos en el cuello, sabía que sus planes estaban arruinados, pero también era consciente de que mientras Drew estuviese enfermo así serían las cosas.
¿Todo bien?
El doctor tiene los últimos resultados y quiere vernos en una hora, así que debo ir al hospital.
¿Vernos? ¿puedo acompañarte? – Albert la abrazó, y depositó un beso más en el cuello, y luego fijó su mirada en ella a través del espejo.
Lo siento…
Está bien, es solo que hablaste en plural… llamaré a Rose para ir a almorzar, y luego iré a mi oficina a trabajar un rato, hay mucho que hacer para la gala…
Gracias por comprender…
No tienes que agradecer Albert, estamos juntos para apoyarnos, no para hacernos las cosas más difíciles. Tomemos una ducha juntos, y después cada uno, a sus cosas, si hay oportunidad de comer juntos o algo me llamas.
Por toda respuesta Albert la besó apasionadamente, después de la ducha se vistió informalmente, era sábado, y en teoría alternaban los fines de semana, ese le correspondía a Candy, pero una cita con el médico era más importante que cualquier otra cosa. Además, deseaba ver a su hijo. Se puso mezclillas, un sweater color vino, tomó su chaqueta marrón y se despidió de Allison, para después dirigirse al hospital.
Candice ya lo esperaba, la espigada figura estaba vestida informalmente, jeans oscuros, un maxi sweater blanco y un espectacular abrigo a juego, botas de tacón alto pero cómodo en color miel, y un bolso de cuero estilo bohemio. No llevaba a Drew con ella. Se acercó y la saludó depositando un rápido beso en su mejilla, una costumbre que mantenían por Drew principalmente.
¿Dónde está Drew?
Con tú madre y con la mía, íbamos a desayunar juntas cuando el médico llamó…
¿Desayunas con mi madre?
No exactamente, la tía Elroy nos invitó y como yo tengo a Drew este fin de semana, y el desayuno es en casa de tía Elroy, tú madre tolera mi presencia…
Eso ya es bastante decir.
Lo sé, en fin, cuando el médico llamó me dijeron que dejara a Drew… y sabes que es imposible desobedecer. – le dijo ella con un guiño culpable en la mirada. Había cierta familiaridad de antaño ese día entre ellos.
Ya lo creo… ni mi madre le dice que no a mi tía…
La conversación fue interrumpida por la voz de una mujer.
Señor y señora Andrew. – dijo la chica de recepción quien era nueva evidentemente. Ninguno de los rubios dijo nada y simplemente la siguieron, la enfermera solo les sonrió, ella los conocía y sacaría a Shirley de su error.
Entraron a la suntuosa oficina del médico, y tomaron asiento en los cómodos sillones de cuero.
¿Y bien Martin? – preguntó la rubia directamente, después de algo más de un año, había cierta familiaridad entre los tres. El galeno le sonrió a Albert a medias antes de contestarle a la rubia.
¿Les ofrezco café?
Gracias, te acepto un café. – le respondió Albert. - ¿Candy?
Café está bien, Martin, gracias. – respondió educadamente su educación americana la hacía siempre más directa que al par de hombres educados a la usanza inglesa.
Cuando las tres exquisitas tazas de fina porcelana fueron puestas frente a ellos Candy apreció el complejo aroma del oscuro brebaje que habían puesto frente a ella, dio un trago y sonrió con aprobación.
Es delicioso… ahora sí Martin, dinos. –
Me temo que no son buenas noticias… aquí están los resultados… - les dijo extendiendo copias para cada uno…a estas alturas ambos sabían bien lo que los números y las placas significaban.
El médico observó los ojos de ella anegarse en lágrimas que luchó por contener.
Harás las pruebas de histocompatibilidad…
Sí, ya están programadas para el lunes… daremos esta semana para tratar de que Drew se reponga, y suba algo de peso, prescribiré un medicamento para aumentar su apetito, y probablemente la siguiente semana o en dos semanas a más tardar radiaremos la médula ósea y haremos el trasplante. –
¿Cuánto...? ¿Cuánto tiempo si esto último falla? - preguntó la rubia luchando por pronunciar las palabras que son la pesadilla de todo padre de un niño con cáncer.
Podríamos mantenerlo bien por meses en el mejor escenario… semanas en el peor. – le respondió el médico francamente.
Candy se encogió en su asiento, Albert buscó su mano y la apretó…estaban llegando a la recta final, dónde al fin todo se decidiría, estaban por gastar su último recurso…
¿Qué hay de tratamiento con células madre? – preguntó Albert.
Aún está en fase experimental, pero si esto falla y quieren seguir adelante con ese, tenemos ya el cordón umbilical que nos enviaron de Francia para trabajar con él.
Martin…
¿Sí Candy?
No más de lo necesario… si en algún punto se agotan los recursos, simplemente déjame llevarlo a casa… - le dijo ella con firmeza.
Sí ambos están de acuerdo. – algo que el médico había tenido que aprender con ellos era a ser directo, y franco, así mismo, sabía de sobra que ambos debían estar de acuerdo. Y que generalmente tomaban las mejores decisiones en favor de Drew.
Ella levantó su vista hasta Albert… lo miró suplicante… implorando por la calidad de vida de su niño, porque le aterraba pensar en que el muriera en una fría cama de hospital, ella iba a hacer lo que fuera por que cuando ese momento llegara estuviera en su hogar, y que ella y Albert estuvieran presentes, que Drew estuviese rodeado de amor, y de ser posible en sus brazos y en los de Albert. Albert le devolvió la mirada, no necesitaban palabras, podía leerla sin problemas.
Sí eso es lo mejor, y no hay más que hacer, lo llevaremos a casa… y tú yo resolveremos las cosas, en su momento, pero por ahora, no es necesario pensar en ello. – le dijo con firmeza, mientras le daba un apretón a la menuda mano que no había soltado aún. Tratando de trasmitir fortaleza que él mismo no sentía en ese momento. - Explícanos el panorama Martin. – dijo con voz firme.
Hay una nueva forma de tratamiento que puede ser interesante, se eliminan ciertos componentes de la médula del donador, para así evitar la reacción de injerto contra huésped, en el caso de Drew, como no tiene hermanos, es lo más recomendable, tendremos que revisar quien es mejor donador, y llevar a cabo la cosecha de médula, el proceso de limpieza de la misma, y posteriormente el trasplante en sí, radiaremos y daremos quimio aún más agresiva a Drew para deshacernos de la mayor cantidad posible de su propia médula y de las células cancerígenas, y así mejorar sus posibilidades, todo esto se llevará a cabo en un periodo de un par de semanas, tendrán esta semana sin internar a Drew, pero deben ser muy cuidadosos de su salud, una leve gripe puede retrasar todo y disminuir nuestras posibilidades.
Seguiremos todas tus instrucciones Martin.
Perfecto, aquí está una lista de recomendaciones, básicamente es mantengamos a Drew lo más fuerte y cuidado posible durante esta semana, sé que tienen sus propios arreglos, pero por esta semana lo conveniente es que se quede en un solo hogar, que el número de visitantes sea limitado, y que los mismos recurran a medidas de seguridad como tapabocas, antibacteriales, etc… he agendado los estudios con un par de días de diferencia, porque será necesario que uno de los dos esté en condiciones de cargar a Drew… se recomienda no hacer esfuerzos físicos, después del estudio, así que un par de días de diferencia nos puede ayudar con eso… claro que también tiene a Charliee, y demás personal…
Házmela a mí primero. – le dijo Albert.
Perfecto, es anestesia local, así que es un procedimiento ambulatorio, pero sí debes pedir al chofer que te traiga. Entonces el miércoles temprano sería la de Candy, tendremos resultados el viernes, y podemos internar a Drew el lunes, o ese mismo fin de semana, como ustedes lo decidan. Sé que el panorama no es alentador en este momento, pero también quiero que recuerden que aún tenemos alternativas, hay cifras conservadoras de éxito, y deben creer que Drew estará dentro de esas cifras
Por supuesto… gracias por todo Martin. – le respondió la rubia con una leve sonrisa, lo cierto es que quería salir de ahí, e ir por su hijo, para abrazarlo y no alejarlo de su lado.
Aquí están las indicaciones, los horarios de análisis, así como los medicamentos que llevaremos esta semana. ¿tienen dudas? – el doctor Martin se había acostumbrado a la necesidad de respuestas claras e información concreta y amplia con ellos, Albert era sencillamente brillante y ella era muy intuitiva, ambos revisaban todas las posibilidades, uno desde un ángulo más pragmático que el otro, pero al final ambos inteligentes, informados, y sagaces.
Por ahora no Martin, creo que Candice y yo debemos hablar y planear ciertas cosas, si en nuestra charla surgen dudas, entonces te llamamos.
Claro, estoy a sus órdenes.
Ambos rubios se despidieron del galeno y caminaron hacia afuera del consultorio en silencio. Cuando abordaron el elevador, y aprovechando que solo iban ellos dos Albert le dijo.
Vamos por un café, necesitamos hablar. Supongo que Drew se puede quedar un rato más con sus abuelas.
Está bien, podemos tomar algo en la cafetería de aquí.
Odias el café de aquí.
Creo que cualquier cosa que tome me sabrá igual en este momento…y así perdemos menos tiempo. – le respondió ella encogiéndose de hombros.
Está bien, como quieras. – le dijo mientras le cedía la salida en el ascensor.
Caminaron una vez más en silencio hasta una mesa desocupada en un rincón, Albert abrió la silla para ella, en uno de esos gestos caballerosos e impersonales que solía tener en automático, porque a pesar de la distancia, nunca había dejado de ser un caballero. En otro momento hubiese dolido, pero ahora había una sola cosa que daba vueltas en su cabeza la salud de su hijo.
¿Cómo quieres que abordemos la próxima semana? – Albert había ordenado un té para ambos y la sacaba ahora de sus pensamientos con una pregunta directa.
Creo, que lo mejor será que no salga de casa… y que restrinjamos las visitas… si pudieras ir los dos días posteriores a mi análisis para que no solo Charliee y las muchachas se hagan cargo de él… sería bueno, pero me temo que no es una realidad pensar que te lo lleves tú a casa en estos días. – ahí estaba había ido directo al grano, sabía que violaba los acuerdos tomados hasta el momento, pero no quería correr ningún riesgo.
Albert la observó en silencio, había una cierta impersonalidad y tono distante en sus palabras hacia él, el hueco entre ellos era cada día más grande, y esa era la decisión que había tomado, pero a veces se preguntaba que sucedería si perdieran a Drew… nadie más podría entenderlo como ellos… ¿acaso la perdería a ella para siempre?
Puedo quedarme con ustedes esta semana. – ofreció cauteloso.
¿Qué dirá Allison?
Como siempre, entiende que las necesidades de Drew en este tiempo son por encima de todo, y aún si no lo entiende, no tiene nada que opinar mientras tú estés de acuerdo.
Albert… si nada de esto llegara a funcionar…el tratamiento… todo…
No debes pensar así.
Mejor que nadie sabes que siempre se deben considerar todas las posibilidades. Tú intentaste enseñármelo, y después lo aprendí por experiencia.
No en esto Candy, debemos tener fe en que él se va a recuperar.
Escúchame, por favor, necesito tener paz mental… tendré fe y lucharé hasta el último aliento porque Drew esté bien, pero necesito que me asegures algo. – su tono de voz tenía un toque de urgencia, diferente a la ecuanimidad anterior, y sus hipnotizantes ojos verdes brillaban… Albert no la había visto llorar desde ese lejano día meses atrás cuando hablaron y él se mudó.
Está bien, dime. –
Lo que voy a pedirte es egoísta… pero quisiera que si llegamos al límite de las posibilidades, busquemos la forma de vivir juntos y darle ese último tiempo a Drew, como familia… no quiero perderme ni un segundo de tiempo con mi hijo… sé que no tengo derecho a pedirlo, que si hubiera hecho las cosas de modo distinto otra cosa sería, pero no me queda más que implorarte que lo consideres…
Albert extendió su mano para tomar la de ella, por segunda vez en ese día, más allá de la simple humanidad, había sentimiento en su acto. Podía endurecer su corazón, restregarle que ella misma se lo había buscado, pero, no era un hombre rencoroso, y tenía la cabeza lo suficientemente clara como para saber qué llegado el momento de decir adiós, él tampoco querría pasar un segundo lejos de su hijo, mientras aún le quedase vida. Apretó la delicada mano de Candy con un dejo de afecto del cual sabía jamás podría deshacerse, al menos no mientras tuvieran a Drew con ellos.
Está bien, si ese momento llega, le daremos a Drew una familia ideal por el tiempo que tenga de vida… me mudaré con ustedes, y estaremos juntos hasta el final. Te lo prometo.
Gracias. – le respondió ella con una leve sonrisa. – debo irme, iré de casa de tía Elroy directo a casa… ¿te veo el lunes después te tus estudios? –
Sí, pediré a Rob que esté a nuestra disposición esta semana… ¿hay algo que necesites?
No, solo hay que organizar trabajo, decir que trabajaremos desde casa. Me voy, que tengas un buen día. – le dijo ella poniéndose de pie, se despidió con un rápido beso en la mejilla y caminó hacia la salida sin voltear atrás, Albert la observó por un momento, y después pidió la cuenta, tendría que hablar con Allison.
Llamó a Allison y quedó de verla en el departamento de ella, preparó una comida especial, vino, compró flores, y puso la música favorita de ella.
Allison llegó a casa, vestía pantalones ajustados en color azul eléctrico, una blusa amarilla, tacones y un abrigo color negro, siempre era audaz en sus combinaciones, era una mujer cómoda con su propia piel, madura, inteligente, independiente, su rubio cabello lacio y largo estaba magníficamente estilizado, cortado en capas revueltas y flequillo le confería un aire sensual, no aparentaba sus 34 años, o más bien llevaba sus 34 años radiantemente bien, sus ojos avellana se mostraron sorprendidos y complacidos ante el aroma que la asaltó tan pronto cruzó el umbral, y por supuesto la música de Janice Joplin flotando en el aire.
Albert le ofreció una copa de vino tinto, y la besó deliciosamente en los labios, Allison no era tonta, sabía que Albert era detallista, y atento, pero también pudo saborear un toque de culpa en ese beso.
Hola amor… y bien, ¿se mudarán contigo de nuevo? - preguntó totalmente en broma porque sabía que eso no iba a suceder, pero también era consciente de que Albert podría haberle conseguido un departamento en el mismo edificio que el departamento de él.
No Allison, pero te había prometido todo el día juntos y no pudo ser así…
¿Qué te dijo el médico sobre Drew? – pregunto Allison directa.
¿No prefieres disfrutar de la comida primero?
No es eso Albert, solo quiero saber… y escucharte y apoyarte, se que quieres que pasemos un tiempo juntos, pero también soy consciente de que Drew es una parte importantísima de tu vida, y si el doctor les llamó inesperadamente un sábado en la mañana hay dos opciones, noticias muy buenas, o no tan buenas, así que comamos y platícame como te fue. – Albert la abrazó y besó una vez más, amaba eso de ella, su forma de apoyarlo, de ver la vida, de entender que la situación que estaban viviendo era extraordinaria.
Ok, vamos a comer, preparé salmón ahumado, espárragos, y una ensalada griega.
Todo eso suena delicioso.
Allison tomó asiento y probó el apetitoso almuerzo. Bebió un poco de su vino y mantuvo una conversación ligera mientras Albert lo quiso, dándole su espacio, y oportunidad de respirar, sospechaba que las noticias no eran especialmente buenas. Y eso le dolía por Albert, la verdad es que ella nunca había soñado con ser madre, y por un lado agradecía que Albert tuviera un hijo, porque así ellos podían dedicarse solo a ellos, a su relación, y cuando todo se solucionara, podrían seguir con sus vidas como antes de que Drew apareciera en ellas, Allison suponía que lo tendrían un fin de semana sí y otro no, pero en general no se veía como madrastra, Drew le pertenecía a Albert, y Albert estaba con ella, un hombre maravilloso, culto, poderoso, era su pareja, eran iguales, y eso bastaba para ella.
¿Cuáles son las noticias amor? – preguntó cuando ambos tomaban café acurrucados en el sillón.
Estamos en la fase en la que la única posibilidad es un trasplante de médula ósea, así que el lunes me harán los análisis, y el miércoles a Candy, Drew estará en especie de aislamiento, con medicamentos y antibióticos de amplio espectro, le darán algo para mejorar su apetito, y en una semana harán una serie agresiva de radiación y quimioterapia para deshacerse de el mayor número de células cancerígenas posibles, y poder prepararlo para el trasplante.
¿Cuáles son las posibilidades de éxito? – preguntó objetivamente tratando de tener el panorama completo.
No me dio números crudos, pero sé que tan solo por no tener hermanos ya está en desventaja, habrá que ver quien es más compatible, y se hará un tratamiento a la médula del donador para así mejorar la situación. El lunes me harán a mí los análisis, y el miércoles a Candice.
¿Tendrás a Drew contigo el miércoles?
No, lo conveniente es que su ambiente sea controlado, y eso es más sencillo en casa de Candy.
¿No lo verás en esta semana?
Allison, cariño, sé que prometí que pasaríamos tiempo juntos, pero tendremos que aplazar eso, será simplemente imposible… de hecho, decidimos que me quedaré con ellos esta semana,
¿Decidimos?
Candice y yo, sabes bien que todo lo que corresponde a Drew lo decidimos en conjunto.
Allison guardó silencio por unos momentos. Hacia escasamente un par de semanas que sentía que las cosas avanzaban con él, y de pronto era evidente una vez más que compartir un poco más de tiempo juntos no cambiaría las cosas en sí, siempre que hubiese una decisión que tomar, al menos por ahora, la balanza siempre se inclinaría en favor de Candice y Drew… Allison estaba consciente de que no podía hacer una escena ni reclamar, nada, ella misma le había repetido una y otra vez, que fuera libre de decidir, que ella entendía que Drew era prioridad, pero ahora, un año después de que el par de torbellinos rubios irrumpieran en su perfecta vida adulta, comenzaba a preguntarse si acaso alguna vez sería diferente.
Bien, en ese caso tomaré la oferta del viaje a Nigeria, y lo haré esta semana.
Dijiste que tomaría cerca de un mes tal vez… - le respondió Albert curiosamente aliviado y decepcionado por partes iguales.
Sí, pero es claro que no estarás cerca en este tiempo, y no quiero que te sientas culpable por no estar, así que adelante, haz lo que tengas que hacer, Drew es prioridad, yo haré unas llamadas para confirmar mi asistencia, y reservar vuelos. – le dijo mientras se ponía en pie.
Albert la tomó por la muñeca.
Espera, íbamos a pasar hoy y mañana juntos, ¿lo recuerdas?
Lo sé, pero si quiero viajar el lunes debo arreglar las cosas, dame un par de horas, y después soy toda tuya. – le dijo mientras le plantaba un beso y se dirigía a su despacho.
Albert llevó todo a la cocina para limpiar, ese fin de semana habían querido estar solos, y era claro que no sería posible, Albert no estaba molesto por eso, pero a veces se preguntaba cuanto más aguantaría Allison. Terminó de recoger y se preguntó si ella ya habría terminado, un par de manos cubrieron sus ojos, él se volteó y la atrajo a él, llevaba un precioso negligé color negro.
Te ves hermosa. –
Gracias, ven, vamos a que cumplas cada una de tus promesas. – le dijo tentadoramente.
Albert la llevó hasta la alcoba, y mientras se besaban, y disfrutaban el uno del otro el teléfono sonó, el timbre que Allison conocía a la perfección a veces deseaba que simplemente tuviese el mismo timbre para todos. Albert rompió el abrazo renuentemente y se disculpó, pero tomó el celular rápidamente.
Lo siento amor.
Anda, contesta, puede ser importante. – le dijo ella en tono neutral.
Albert se puso de pie y se dirigió al baño. Su tono grave llegaba hasta ella, pero no alcanzaba a discernir que era exactamente lo que sucedía. La puerta se abrió. Y alcanzó a escuchar perfectamente.
Voy para allá, no te muevas de ahí. Estoy ahí en cinco minutos. – había urgencia y temor en su voz, Albert volteó a ver a Allison. - Le chocaron a Candy, el seguro está por llegar, pero Drew está asustado y lloroso, y ella no puede irse de ahí, así que debo ir. Regreso más al rato. – le dijo inseguro de si en realidad eso sería posible.
Mi vuelo sale hoy a la media noche Albert, no había otro. – le informó Allison mientras tomaba su bata para cubrirse con aparente indiferencia.
Pensé que tendríamos hoy y mañana. – le respondió confundido, tratando de descifrar, si era un berrinche, un reclamo… en realidad no importaba, no había tiempo.
Lo siento, pero así es, la vida no se detiene, al parecer. Te amo, tomaré un taxi al aeropuerto, así que no te preocupes de nada. Te llamo en cuanto llegue. – no había lugar a dialogo o discusión, simplemente le estaba informando que se iba.
Enviaré a un chofer por ti. Gracias por entender. – le dijo mientras la besaba, estaba consciente de que no todo estaba bien, pero en su lista de prioridades, en este momento Drew y Candy eran número uno.
Allison lo vio irse, enviaría un chofer por ella, pero no podía enviar un chofer, un abogado, a Anthony, o a quién fuera por Candice y Drew, por supuesto que eso no era posible. Estaba furiosa, pero no era una mujer que hacía dramas, ni que se rebajaba a mendigar amor o atención.
Albert manejó como un loco para llegar hasta el lugar del accidente en tiempo récord, por supuesto que ya había llamado a uno de sus abogados, y a Stear que era quien estaba en Londres, no iba a permitir que Candy y Drew se quedarán ahí, si necesitaban ir al hospital o algo, dejaría que el abogado y Stear se hicieran cargo.
Estacionó el auto y bajó, el tráfico era imposible, así que caminó buscando el accidente, cuando llegó al lugar se le encogió el corazón, Candy le había dicho que no era nada grave, pero la puerta del lado del conductor estaba completamente sumida, y la camioneta había terminado estampándose contra un poste, la parte posterior parecía intacta, pero el frente estaba deshecho. Albert sintió que su corazón se aceleraba ante las implicaciones de la escena.
Corrió hacia el lugar, y de pronto escuchó el llanto de Drew, Candy estaba sentada en el pavimento, su frente sangraba, pero se negaba a permitir que la atendieran, hacía hasta lo imposible por consolar a Drew, Albert sintió la ira correr por sus venas, quien fuera responsable de semejante calamidad iba a pagarlo. Un magnífico Mercedes con el frente destruido estaba ahí también.
Llegó al lado de ella en cuestión de segundos, y apartó a la gente. Un hombre estaba arrodillado al lado de la rubia tratando de limpiar su frente con un pañuelo. El tipo vestía un fino traje color gris, y se deshacía en atenciones hacia Candy. Un instinto protector surgió dentro de él y tal vez si hubiese estado más atento hubiese reconocido que los celos estaban haciendo mella en él, pero no tenía tiempo de analizar sus sentimientos.
Candy. – dijo en voz alta, en un tono de voz acariciador y preocupado que no había tenido para ella en años, ella levantó la vista sorprendida hasta cierto punto, y el hombre se puso de pie. Albert lo ignoró y se acuclilló a un lado de Candy, tomó a Drew de sus brazos, lo examinó rápidamente, parecía estar solamente asustado.
Albert, llegaste, perfecto, toma a Drew y llévalo a casa. – le dijo haciendo el ademán de ponerse en pie.
No te muevas por favor. – le dijo en tono imperativo mientras dirigía su atención a ella, y rozando con su mano delicadamente su rostro, tratando de examinarla.
Pero… - estaba desconcertada, o tal vez en shock, había ternura en su trato con ella, como sí la considerara tan frágil que podía romperse.
Nada, necesitamos que te revisen primero, y a Drew también. ¿quién fue el imbécil responsable de esto? – preguntó a quemarropa. Tratando de aparentar normalidad, porque una corriente eléctrica había recorrido su cuerpo al contacto con la suave piel de ella.
Lo siento, el imbécil responsable soy yo. – Respondió el hombre elegante que había estado al lado de Candy, Albert por primera vez lo observó con detenimiento, debía tener unos 40 años, su porte era impecable, y se veía preocupado, pero eso a Albert lo tenía sin cuidado. Albert se puso en pie para encararlo.
Te juro que si ella o mi hijo tienen algo más que los rasguños visibles me haré cargo de perseguirte hasta el mismo infierno para hacerte pagar. No me interesa una compensación económica, es, más por mí pudieras irte, pero, si algo les sucede, no solo te voy a dejar en la calle, sino que me encargaré de refundirte en la cárcel, y aún ahí dentro hacer tu vida miserable, ¿Te queda claro? – le dijo ferozmente al hombre cabellos castaños salpicados de gris. Cualquiera se hubiese amilanado ante su tono, pero el castaño se lo tomó con calma, lo cual hizo enojar más a Albert, ¿acaso no se daba cuenta? ¿Cómo diablos mantenía la ecuanimidad? Pudo haberla matado. Tan solo de pensar en un mundo sin ella y sin Drew, Albert sentía ira asesina.
Bastante claro, fue totalmente mi responsabilidad, tenía prisa por llegar al recital de mi hija y me pasé una luz roja. Mi nombre es Daniel Thompson. – le dijo extendiéndole su tarjeta de presentación, el rubio vestía informalmente, pero su ropa era lujosa, su aire de mando innegable, y la camioneta que la que era seguramente su esposa conducía era soberbia, a Daniel el tipo le parecía conocido. Y aunque estaba furioso, un hombre como Daniel no se intimidaba ante nada. Observó al rubio ver de reojo su tarjeta, y dejarlo con la mano extendida.
William Albert Andrew. Mi abogado estará aquí en unos momentos señor Thompson. – le dijo fríamente, mientras dirigía su atención a la rubia de nuevo. - ¿Estás bien? No te muevas, ¿llamaron a los servicios de emergencia, llamaré a… - estaba una vez más a su lado, tocando su rostro, tratando de examinar sus heridas, observó que ella tenía una mano sobre la muñeca izquierda, y que había un gesto de dolor en su rostro.
Albert. Estoy bien, fue el golpe, tal vez tendré que usar collarín, pero no más que eso, calma, y por favor no llames un helicóptero y lo hagas aterrizar en medio de la avenida. – le pidió Candy consciente de la forma de procesar de Albert, y de lo perfectamente capaz que era de movilizar hasta a la misma guardia real con tal de verlos bien.
Ya llamé al servicio médico. – intervino Daniel una vez más.
Pero bueno, ese hombre ¿quién se creía? Nadie estaba hablando con él, ¿Por qué no simplemente se hacía a un lado y lo dejaba atender a Candy y a su hijo?
Debemos llevarte a ti y a Drew al hospital. – Albert ignoró a Daniel por completo.
Drew está bien, lo mejor será no llevarlo al hospital, llamé a Isabella y viene para acá, que lo revisen los paramédicos y lo lleve ella a casa, o bien que ella me acompañe al hospital, y tú ve con Drew, en realidad por eso te llamé. – Le respondió Candice haciendo acopio de autocontrol, saber que él estaba a cargo, y que no se movería de su lado, hacía que oleadas de alivio recorrieran su cuerpo.
Había estado aterrada cuando lo llamó, no estaba segura de como había logrado no llorar y conservar la calma, ni como había brincado el asiento delantero hasta llegar a Drew, para bajar del auto. Ahora estaba consciente de que probablemente tenía una muñeca quebrada, la cabeza le palpitaba, y pudo ver manchas de sangre en la ropa de Drew, pero estaba segura de que Drew estaba bien. Albert observó el blanco abrigo de ella teñido de rojo, y su cabello rubio manchado del mismo color, al parecer necesitaría puntos, un fino pañuelo de seda estaba entre sus manos, manchado también, como si lo hubiesen usado para presionarlo contra una parte de su cabeza, en un intento por contener la hemorragia, pero la sangre seguía deslizándose en un hilillo constante por su sien, Albert le quitó el pañuelo que despedía un aroma a fina loción de caballero, lo tiró sobre el pavimento, y sacó su propio pañuelo para presionar sobre la herida. Si no tuviera a Drew en brazos, hubiese molido a golpes al tipejo ese que ahora pretendía también revisarla.
Haz el favor de alejarte de ella, suficiente haz hecho. - Dijo no solo frío, sino cortante, pero no pudo añadir nada más porque escuchó la voz de Stear llamarlo, venía hasta él con uno de sus abogados. Y misericordiosamente el sonido de las sirenas se escucharon de inmediato.
Daniel observó al hombre de cabellos castaños y ojos color miel que llegaba, ahora sabía de dónde le parecían familiares, y quienes eran a la perfección, frente a él tenía al afamado Allistair Cornwell, un famoso y brillante desarrollador de software y tecnología que había aparecido en la portada de cuanta revista especializada existía hacía no mucho tiempo, por lo tanto, el rubio debía ser el niño prodigio de la bolsa, aunque ya no era un niño, William Albert Andrew.
Candy, ¿estás bien? – preguntó Stear con preocupación.
Un rasguño, no más. Respondió antes de que los paramédicos llegaran, la obligaran a recostarse y la inmovilizaran.
Daniel comenzó a buscar en su mente, entonces la rubia… la rubia debía ser Candice White- Rowan, claro, ahí estaba, los chismes que su hermana insistía en contar en la mesa por fin servían de algo, la rubia era soltera, el niño era compartido, pero, ellos no estaban juntos, aunque si su instinto no le fallaba, el que no estuvieran juntos no significaba que tuviera el camino libre.
Señorita White-Rowan, le ruego una vez más que me disculpe, con gusto me haré cargo de todos los daños, y espero que cuando esté mejor me conceda un café al menos para disculparme de una manera más adecuada. – le dijo sin amilanarse ante la mirada de fuego que tanto Albert como Stear le lanzaban, consciente de que parecía un imberbe mozalbete en vez de un hombre hecho y derecho, además de exitoso, padre de tres hijos, pero disponible, ya que estaba divorciado.
Me parece totalmente inapropiado que le pida algo así, por si no se da cuenta su imprudencia pudo haberla lastimado seriamente, no es necesario que le dirija la palabra, ni que esté al pendiente de nada, para eso estoy yo. Robbins, hágase cargo por favor, y ustedes señores súbanla a la ambulancia y vamos al hospital. – dijo Albert incrédulo ante la osadía del hombre. Y sorprendido por la oleada de celos que lo asaltó.
Me temo señor, que no puede viajar con nosotros si lleva al niño. – le respondió uno de los paramédicos.
Yo me llevo a Drew. – respondió una aflautada voz femenina, con ese encantador acento peninsular.
Gracias Isabella, toma, aquí están mis llaves… -
Yo los llevo. – respondió Stear de inmediato, había venido con un chofer, así que no habría problema por ello.
Albert, Isabella puede… -
No lo haremos de otra forma Candice, no es opción, voy contigo, vamos. – respondió mientras la seguía hasta la ambulancia. Drew estaba bien, al parecer no tenía nada, pero no querían dejar nada al aire. Isabella los iba a encontrar allá, solo para que le hicieran a Drew algunos estudios.
En el hospital Albert esperaba afuera a que dieran de alta a Candy, estaba preocupado, y pensativo, además de cansado, el día había sido una pesadilla, Isabella se había llevado a Drew, quien milagrosamente estaba bien, y esperaría por ellos en el penthouse. El timbre de su celular lo sobresaltó, observó la pantalla, y de pronto la realidad lo asaltó sin misericordia.
Allison.
No puedo creer que me olvidaras, nunca habías hecho eso Albert. – le reclamó ella con pasmosa tranquilidad, no era una mujer de dramas, pero se sentía decepcionada.
Lo siento, el accidente era más grave de lo que Candice dijo, de hecho, estoy esperando a que terminen los estudios. ¿Lograste llegar al aeropuerto?
No me iba a quedar sentada esperando por un chofer inexistente. ¿Está bien Drew? – preguntó, esperando encontrar ahí la razón del olvido, si Drew era la razón, no le quedaba de otra más que entender.
Sí, él está en casa con Isabella. – le respondió el rubio con descuido, su voz se escuchaba cansada.
¿Entonces esperas a que terminen los estudios de Candice? – esa era la opción que no le gustaba nada.
Sí, para asegurarnos de que está bien, y después llevarla a su casa… al parecer tiene una muñeca fracturada, y tal vez un par de costillas… - Allison lo interrumpió.
Te quedarás con ella de una vez. – no era una pregunta, sino una afirmación, y aunque el tono de molestia en su voz no pasó desapercibido para Albert, le contestó conciliadoramente.
Tú no estarás en Londres, y necesitará ayuda con Drew. – respondió. Allison iba a contestarle que seguramente contratar a una enfermera sería la opción más adecuada, y que además Candice tenía un staff de cuatro personas permanentemente, y que en caso de ser necesario un chofer, y todo un ejército podía ser puesto a su disposición, pero antes de poder decir nada, lo escuchó decir. – Allison, perdóname, te juro que no siempre será así… debo dejarte, el médico está listo para darme noticias. Que tengas buen viaje. – añadió al final, pero no espero por su respuesta y simplemente colgó.
Allison suspiró profundo, estaba furiosa, dolida, consciente, de qué de alguna forma, su vida con Albert se había convertido en un eterno poner cosas sobre la balanza, e invariablemente era innegable, quien tenía más peso en esa balanza… tal vez sí…. Jajajaja, no era ridículo, ella no quería hijos, nunca los había querido, y no iba a tener un hijo solo por retener a un hombre a su lado, ni siquiera a un hombre como Albert Andrew, debía mantener la cabeza fría.
Ella, Allison Stephens, era su pareja, su mujer. Candice era parte del pasado de Albert, la mujer que le había dado un hijo, pero también la que lo había abandonado sin explicaciones para casarse con otro, robándole la oportunidad de ver a su hijo nacer y crecer durante casi el primer año de vida.
En teoría Allison tenía ventaja sobre Candice, ella había ganado el corazón de Albert, tenían una relación madura, adulta, en la que ambos disfrutaban de la compañía, las charlas inteligentes, los viajes, aunque en el último año todo eso había cambiado diametralmente, en un año apenas habían logrado pasar un par de días seguidos juntos, y por supuesto el bendito teléfono rara vez se mantenía en silencio. Un sinfín de citas canceladas, llamadas finalizadas prematuramente, noches de pasión interrumpidas, conversaciones que giraban en torno a Drew, cuando antes habían discutido teorías económicas, formas de desarrollo sustentable, libros clásicos. Ese era el saldo del reencuentro de Albert con Candice.
Tenía que ser inteligente, no podía ser tan tonta como para destruir su relación con Albert haciendo dramas fuera de proporción, debía recordar que era una etapa, una etapa difícil, complicada.
"Las cosas volverán a ser como antes." Sin darse cuenta, ese se había convertido en su mantra, desde un año atrás, cuando Candice y Drew habían irrumpido en sus deliciosamente planeadas y bien organizadas vidas. Antes de eso habían sido dos adultos en una relación consensual, que se dedicaban apasionadamente a sus trabajos, sus causas sociales, y a recorrer el mundo a placer.
Ahora, en vez de dos en su relación parecía haber cuatro, y muchas veces, ella ni siquiera era tomada en cuenta, Candice y Albert planeaban, organizaban, y ella se acoplaba a lo que ellos dispusieran, tan era así que Albert ni siquiera le había preguntado sobre el penthouse que ella misma había ayudado a decorar, y que de alguna forma había visionado como su propio hogar en ese año que habían pasado juntos, antes de que Candice volviera a sus vidas. Las cuidadosamente escogidas alfombras, los muebles a su gusto, cada detalle de tiempo invertido en el lugar, habían sido significativos para ella, representaban la fusión de dos vidas. Pero primero había sido desterrada del lugar, cuando antes podía simplemente llegar y usar su llave, de la noche a la mañana, no podía ir a menos que Albert o Rose la invitaran expresamente, no era que quisiera pasar tiempo con Candice o con Drew, era el hecho de que aunque su llave jamás había dejado de serlo, simplemente no podía ser usada, y después, él simplemente había decidido dejárselo a Candice, sin importar que en algún momento habían escogido juntos el lugar, o que lo habían considerado el mejor de todas las otras opciones, en vez de mudarla, él se había mudado, y esta vez el lugar había sido decorado por un diseñador en cuestión de días, sin consultarle a ella la ubicación, o la distribución, porque al final del día lo que importaba es que estuviera cerca de Candice, y que fuera adecuado para Drew.
Ciertamente Allison había estado siempre dispuesta a entender, a aceptar, a ceder. A priorizar la vida y necesidades de un niño que no era su hijo, por sobre las de ella, porque eso era lo decente a hacer. Apoyar a Albert no era el problema, ver su vida trastocada de la noche a la mañana si lo era.
En algún punto tendría que haber un límite…tenían que encontrar una solución antes de que la situación se volviera insostenible. Pero nada podía hacer por ahora-
Cerró los ojos esperando que la pastilla que había tomado para dormir hiciera efecto. En realidad, lo que quería era dejar de pensar. Soñar que Albert era todo suyo, y que simplemente se pertenecían el uno al otro, de esa exquisita manera en la que se habían pertenecido antes, acalló las voces que le decían que era una tonta, por no irse de una buena vez, puso música, y se recostó en el asiento de piel de primera clase, cerrando los ojos y esperando que Morfeo se llevara con él todas sus dudas.
