Hola chicas, lo prometido es deuda, y aquí está el tercer cap de esta semana. Dedicado a todas y cada una de ustedes, había hecho por fin esa linda lista que algunas escritoras diligentes hacen, mencionando a cada una de las hermosas lectoras y que yo nunca logro por falta de tiempo... y se borró (buaaaaaa) la verdad era entre publicar ahora o ya mañana con cabeza más despejada intentarlo de nuevo, pero mañana es de locos y no sé cuando lograría publicar, así que para no tenerlas colgando, les digo desde lo más profundo de mi corazón gracias, cada uno de sus mensajes son valiosos, Keila M, gracias por tu perspectiva, gracias a todas por las felicitaciones a mi hermosa niña, no encontré otro review de una hermosa chica que nos comparte su vida familiar y lucha de mujeres contra un sistema tradicional y patriarcal.

Cada una de sus opiniones son valiosas.

Pido respeto, y que ignoremos a quienes quieren destruir la armonía de nuestro chat, Jujo, Mj, Aly, Enamorada, por supuesto que son libres de comentar.

Saben que no creo en la censura, aunque a veces eso mismo haga que me acusen de que solo lo hago por conseguir reviews, pero si hago un llamado al respeto.

Bendiciones y abrazos para todas, que tengan un increíble fin de semana... se que dije que no me quedaba mucho por contar, pero no apresuraré la historia por eso.

Key Ag.

RAA 32

Albert entró al consultorio, Candice aún no estaba ahí y el médico esperaba por él. El doctor Rosen, pensaba que esa era una situación altamente irregular, su paciente era una mujer adulta, soltera, por lo cual en teoría no tendría que hablar con nadie para darle explicaciones de la situación, o la menos no con nadie que no fuese familia, sin embargo, un hombre, que no era su esposo, ni su novio, ni su padre, ni su hermano, había estado esperando, y moviendo los hilos de poder del hospital, para que ella tuviese la mejor atención, le hicieran todos los procedimientos de inmediato, y además lo mantuvieran informado.

Señor Andrew. Buenas noches, soy el doctor Rosen, el jefe de ortopedia de este hospital. – dijo el médico indicándole la silla.

Buenas noches doctor, ¿cómo está ella?

Señor Andrew, debo decirle que todo esto es altamente irregular, no tendría porque darle informes, ya que usted no está relacionado con ella. – le respondió el hombre que había sido sacado de un compromiso social para ir a atender al joven que tenía enfrente.

Lo entiendo doctor, tal vez he sido insistente, y maleducado, permítame explicarle. Candice es la madre de mi hijo, si bien, como usted lo señala, no estamos relacionados, ella y yo nos conocemos desde niños, y aunque no estamos juntos, usted podrá comprender que preocuparme por su bienestar, es simplemente natural. Su hermana, no vive aquí, y su padre tiene una condición cardiaca delicada, por lo tanto, el estrés no es lo mejor para él. Espero ahora entienda.

Está bien señor Andrew, tal vez debería pedirle a la señorita White-Rowan que lo ponga a usted como contacto de emergencia, y le de un poder legal para situaciones médicas, hoy todos hemos bailado al son que usted ha tocado señor, pero habrá lugares donde su dinero no servirá para ir en contra de las leyes. –

Doctor, me disculpo por cualquier inconveniente causado, le aseguro que me haré cargo de ello. Ahora le suplico que me informe la situación. – Albert estaba siendo completamente amable y deferente hacia el viejo médico, de alguna forma su orgullo le recordaba a su tía Elroy, y estaba consciente de que la mejor estrategia en esos casos era concederles deferencia.

Está bien señor Andrew. – el tono del viejo galeno se había suavizado, no tenía frente a él un imberbe mozalbete enfermo de poder, sino a un hombre joven preocupado por la mujer que evidentemente había amado con locura, y a quien muy probablemente aún amaba, a pesar de que no estaban juntos, y de que seguramente se negaba a reconocerlo. – La señorita, tiene la muñeca lesionada, y un par de costillas fracturadas del lado izquierdo, tuvimos que administrarle un calmante potente, porque una vez que el efecto de la adrenalina cedió el dolor era muy fuerte, tendremos que monitorearla, para ver si será necesario una cirugía en la muñeca, a simple vista, pareciera que no, pero será una recuperación que tomará al menos unas seis semanas, sus órganos internos están bien, tengo una lista de indicaciones que habrá que seguir… ¿sucede algo señor Andrew? Le aseguro que, aunque estará delicada, no es nada demasiado grave. – preguntó el médico viendo la cara de preocupación del hombre.

No es eso doctor, verá, nuestro hijo de dos años, Drew, tiene leucemia, y justo debemos empezar a realizar los protocolos para un trasplante de médula la próxima semana, no será sencillo para ella no poder cargarlo, o realizar esfuerzos… las rutinas en el hospital, en fin, todo le será doblemente difícil. -

Ahora veo, y entiendo un poco más tu urgencia, muchacho, bien, permíteme que te de un consejo que no has pedido, pero, que de todas formas te daré porque mi edad me lo permite. Tal vez no estén juntos, pero el bienestar de tú hijo depende casi directamente del bienestar de su madre, sé que ella no podrá curar su cáncer, pero le es necesaria, muy necesaria, y también imagino que ella tratará de mantener la distancia, y de ser independiente, pero te diré que no es momento para eso, no te envidio la labor que tienes por delante, pero también sé que nadie mueve cielo mar y tierra como lo has hecho tú hoy por una mujer que no le importe, y por quien no sienta algo, afecto tal vez, nostalgia, no lo sé, el caso es que te tocará hacer a un lado lo que sea que los mantiene separados, ser padre y madre para tu hijo, y apoyarla a ella, porque psicológicamente no poder estar para tu hijo enfermo es devastador, no va a querer seguir instrucciones y va a querer cargarlo, aún a costa de su propio bienestar, pero es importante que se cuide, que tome sus medicamentos, se alimente adecuadamente, haga sus ejercicios para ayudar a evitar que colapse su pulmón, será una labor titánica, y si no estás a la altura del reto, o si no quieres tomarlo, te pasaré el número de un par de buenas enfermeras… -

No doctor, eso no es necesario, no me preocupa la labor titánica, me preocupan ellos, es todo. ¿Cuándo puedo verla? –

Vamos, te llevo con ella, ya deben haber terminado con su muñeca, ya se le dio una lista de instrucciones, y aquí está por escrito todo, y por supuesto aquí está mi tarjeta con mi número personal, no dudes en llamarme con cualquier duda que tengas, va a requerir ayuda constante los primeros días, batallará para acomodarse para dormir, etc… - pero estamos aquí para apoyarlos en lo que necesiten, iba a sugerir un par de noches de hospitalización, pero tomando en cuenta al pequeño, lo mejor será que vayan a casa. Le dieron unas seis puntadas en la herida de la cabeza, pero no es nada grave, así que de eso no hay que preocuparse mas que de cambiar el vendaje para mantenerlo limpio, y en una semana venir a que le quiten los puntos.

Gracias doctor, y lamento haber sido una molestia el día de hoy.

No te preocupes hijo, seguramente yo en tu lugar también lo hubiese sido. - le dijo el médico indicándole la sala de tratamiento.

Albert entró y observó a Candy sentada mientras terminaban de inmovilizar su muñeca, un cardenal en su sien comenzaba a asomarse, y su mirada se veía un poco perdida, seguramente producto del fuerte analgésico que le habían dado. Estaba sentada en bata de hospital, ya que habían tenido que hacerle estudios.

¿Cómo estás? – preguntó con ternura y genuina preocupación en su voz, mientras se acercaba hasta ella con premura.

Bien, creo… adolorida. ¿cómo está Drew?

Está bien, Isabella se quedó con él. –

¿Podemos ir a casa? Es decir… - se interrumpió ella recordando que seguramente Allison estaría esperando por Albert.

Sí, iremos a casa, Stear trajo mi auto, horas atrás, y Rob nos espera, me temo que olvidé pedirle que te trajera ropa, pero, hay una camisa y sweater mío que puedes usar. – le dijo él con una sonrisa señalando la bolsa. –

Ja… - la risa de Candy murió en sus labios cuando una punzada de dolor atravesó su costado a pesar de los medicamentos.

Lo siento, no debí haberte hecho reír. – le dijo con infinita culpabilidad en el rostro.

Descuida. –

Bien señorita White-Rowan, ya he explicado al señor Andrew lo mismo que a usted. Le pido que por favor se tome las cosas con calma, es necesario que tenga los cuidados necesarios... necesita estar usted bien, para poder estar ahí por su hijo también. – le dijo el médico con mirada compasiva.

Gracias, doctor. – le dijo ella con un asomo de sonrisa.

La enfermera la ayudará a vestirse, si gusta.

Me temo que sí necesitaré ayuda. - respondió la rubia tímidamente.

El doctor y Albert salieron al pasillo para esperar por ella, el médico aprovechó para darle últimas recomendaciones, explicándole la necesidad de aplicar compresas de hielo por veinte minutos cada hora durante los primeros dos días, y posteriormente tres veces al día para ayudarla a desinflamar y controlar el dolor. Albert revisó las instrucciones con el médico. Ya era noche, pasaban de las 12 y estaba agotado.

Iré a comprar una silla de ruedas para facilitar sus movimientos.

No, lo mejor es que ella camine, aunque sea con esfuerzo, nuestra prioridad ahorita es evitar que su pulmón colapse, y la única forma de hacerlo es permitirle que se mueva, no vayas a querer mantenerla recostada, ni a llevarla en brazos por todos lados, es por su bien.

Al menos estos primeros días.

Los primeros días son los cruciales, lo siento, solo está ahí para apoyarla.

Candy salió de la habitación vestida con un pantalón de hospital, y la camisa de Albert y su sweater encima. En cuanto la enfermera le ayudó a ponerse la ropa de él, su fragancia característica la invadió, todo estaba perfectamente lavado y planchado, pero ese aroma que llevaba tatuado en el alma la abrazó como sus brazos cálidos la habían abrazado un día ahora a 20 mil soles de distancia.

Albert vio que ella estaba simplemente exhausta, la enfermera empujaba la silla de ruedas con lentitud, y caminaron hasta la entrada, dónde la Mercedes de Albert esperaba por ellos, Rob abrió la puerta y Albert la tomó del brazo para ayudarla a subir, las lágrimas calientes que corrieron por sus mejillas ante el dolor del esfuerzo de moverse para subir a la alta camioneta, y acomodarse en el asiento. Albert le abrochó el cinturón con cuidado, era evidente que hacer cualquier movimiento le dolía. Por un momento los aromas de antiséptico mezclado con la fragancia embriagante de su perfume llegaron a sus fosas nasales. Candy era consciente de la cercanía y calidez de Albert, se sentía cansada, vulnerable, débil, y la verdad era que lo único que quería era dormir en sus brazos. Cuando la hubo abrochado y estaba por retirarse sintió la fría mano de ella sobre la de él.

¿Puedes ir a mi lado? Temo que me quedaré dormida… - su voz era apenas un susurro, consciente de que su respuesta podía ser un rotundo no, y alejarse.

Él le sonrió tranquilizadoramente. Y apretó su mano. La realidad es que verla así lo desarmaba, y no había nada que fuera a negarle.

Sí, por supuesto, así si te quedas dormida puedo sostenerte. – le dijo haciéndole ver que entendía la razón lógica y práctica del asunto.

Dio la vuelta y abordó por el otro lado para quedar junto a ella, de su lado sano, con cuidado la rodeó con su brazo, y le dijo.

Duerme, no te preocupes, debes estar exhausta. Rob, ve despacio, muy despacio, es necesario evitar movimientos bruscos. –

Sí señor Andrew. – le respondió el chofer obedeciendo la indicación de su jefe.

Envuelta en la calidez de su abrazo, y tratando de moverse lo menos posible, Candy cerró los ojos y durmió los siguientes 15 minutos. Llegaron por fin, Albert se debatió entre llevarla en brazos o despertarla, pero llegó a la conclusión que le haría más daño si la cargaba, así que con cuidado le susurró.

Candy, hemos llegado. –

Mmmm… -

Llegamos, necesitas despertar, porque creo que si te llevo en brazos te dolerá más, anda, te ayudaré, pero debes despertar.

Ella abrió los ojos, consciente de que había dormido en sus brazos.

Lo siento. –

No tienes porque disculparte, lamento haberte despertado, ahora espera un momento. – le dijo mientras con cuidado deshacía el abrazo y bajaba para abrirle la puerta.

La ayudó a bajar, impotente ante el evidente sufrimiento que le implicaba moverse, furioso con el imprudente tipo responsable del accidente, y deseando estar en el lugar de ella. Albert de pronto se percató de que se veía más frágil, más delgada, la piel de sus pómulos estaba tensa sobre su piel, y profundas ojeras rodeaban sus ojos, y se preguntó que tan bien comía o dormía desde que no vivían juntos. Tenía que remediar todo eso, ella iba a necesitar cada onza de energía que pudiera tener para recuperarse, y para hacer frente al próximo tratamiento de Drew.

Apóyate en mí si eso es más fácil, iremos despacio, son unos cinco pasos hasta el ascensor, y en casa, ya veré la forma de ayudarte con las escaleras. Rob, tal vez debas subir con nosotros antes de marcharte, además es probable que la señora Isabella necesite que la lleve. –

Por supuesto señor Andrew. - le dijo deteniendo la puerta del ascensor para dejar pasar a la pareja de rubios, cuando llegaron al penthouse, Isabella estaba sentada en la sala leyendo un libro como si no pasarán de la una de la mañana.

¿Cómo estás? – preguntó a Candy con preocupación.

Un par de costillas fracturadas, y mi muñeca lesionada. –

Lo siento, Drew estuvo bien, lo dormí en la cuna, porque supuse que no podrías dormir con él en la cama, ¿necesitas que me quede? –

No, aunque todas tienen el día libre, llegarán el lunes temprano.

No puedes quedarte sola.

No se quedará sola, me quedaré con ella. – intervino Albert.

Bien, sí es así, estás en buenas manos, ¿necesitas ayuda para algo? – replicó Isabella prudentemente.

No, vete a casa, descansa, muchas gracias por todo, solo deja que Rob me ayude con una cosa y él te llevará. – le respondió Albert solicito aunque exhausto.

No es necesario, mi auto está abajo, así que buenas noches, llamen si necesitan algo. –

Gracias Isabella, en verdad mil gracias. – le dijo Candy.

No tienes que darlas, Drew es mi sobrino. Descansa. - se despidió con un beso y salió dejando tras de sí una nube de Black Opium. –

¿Cómo les ayudo señor?

Pensaba que entre tú y yo podemos subirla en una silla, y así evitarle el dolor por ahora.

¡Albert!

Confía en mí, no te dejaremos caer. Demonios debí haber instalado el ascensor hasta el siguiente piso, pero me pareció completamente innecesario. Mira, fácilmente podemos usar esta silla. Siéntate y déjanos probar. – Candy estaba demasiado cansada como para discutir, así que obedeció.

Los hombres usaron la silla de manera que simulara una especie de camilla y la subieron con cuidado. Ambos agradecieron a Rob y le dijeron que se fuera a descansar.

Llegaron a la habitación, dónde Drew dormía plácidamente con su elefante de felpa, en la cuna dentro de la habitación de Candy.

Albert… gracias… -

Por Dios no tienes nada que agradecer, ahora tienes que dormir, vamos, te ayudaré a desvestirte. –

Pero…

Pero nada, no podrás quitarte esos pantalones tú sola, y me quedaré en el sillón, si Drew despierta no puedes hacer nada por él…. ¿necesitas algo? –

Quisiera darme un baño, quitarme el olor a hospital de encima.

Bien, iré por plástico para envolver tu muñeca… espera, no hagas ningún esfuerzo innecesario, yo me hago cargo. – Su voz era segura y pretendía tranquilizarla demostrándole que tenía todo bajo control.

Albert… lo siento, mañana llamaré a Dorothy… aunque me apena, la verdad es que hacía tiempo que no tomaba un día libre.

No te preocupes por ello, ahora, yo te ayudaré, creo que tal vez podremos sobrevivir 24 horas… seguramente Isabella vendrá a verte mañana después de que recoja a Anthony en el aeropuerto…ahora vuelvo.

Candy lo observó partir indecisa, y caminó hasta el baño para preparar el agua, no estaba segura de si lograría darse un baño sola, pero en verdad odiaba el aroma a hospital, tal vez producto de pasar tanto tiempo ahí debido a la enfermedad de Drew.

Con cuidado intentó desvestirse, los pantalones no fueron tan difíciles, ya que solo requirieron aflojar las cintas, pero levantar los brazos lo suficiente como para sacar el sweater cerrado por encima de su cabeza era impensable, decidió mejor buscar su ropa para dormir, algo que no le fuera tan complicado.

Albert llamó a la puerta entreabierta y ella le permitió entrar, él tuvo cuidado de no mirarla, para no avergonzarla, estaba consciente que ella necesitaría ayuda, y quería dársela sin incomodarla.

Envolveré tu brazo en plástico…

Primero necesito ayuda con el sweater…

Bien, ¿te parece si te envuelvo en una toalla y después te ayudo a desvestirte?

Gracias…

Deja de agradecerme, ven. – le dijo mientras le pasaba una toalla por debajo de la enorme camisa y sweater, y después con mucho cuidado la desvestía.

La cercanía entre ambos era simplemente una tortura, el roce de sus manos con su suave piel, la ropa cayendo al piso le hacían recordar otras ocasiones en las que todo eso lo habían hecho entre besos y caricias, Candy recordaba a la perfección el sabor de sus labios, y él sabía dónde se encontraba cada peca, y a que sabía su piel. Ella conocía el ronco gemido que podía hacer que escapara de sus labios con el roce de su lengua, y él recordaba su voz sin aliento llamarlo por su nombre y decirle que lo amaba, desvestirla sin pensar en eso era muy difícil, pero al fin lo lograron.

Envolvió su mano en el plástico, y la ayudó a terminar de desvestirse, todo con el mismo profesionalismo que un enfermero hubiese tenido. Aunque por dentro no podía evitar que el deseo por ella despertara, sin embargo, no iba a humillarla de esa forma, iba a controlarse y ser la ayuda que ella necesitaba en esos momentos.

Candy apenas podía respirar, el intoxicante aroma de su masculina loción la inundaba, su corazón latía desbocado, y una parte de ella deseaba sentir sus labios trazar traviesos caminos por su piel.

La ayudó a entrar en la regadera, y le dio un poco de privacidad, regresó diez minutos después para ayudarla a salir, tomó la ropa que ella había dejado fuera y la ayudó a vestirse con eficiencia, ignorando el aroma de su piel, y su suavidad, mientras subía su ropa interior, la cálida humedad de su piel hizo que corriera un escalofrío por su cuerpo, pero luego reparó en el costado horriblemente amoratado de la rubia y no pudo evitar sentir rabia. Toda pasión se enfrió, no quería siquiera pensar en lo que debía dolerle en esos momentos.

Con voz rasposa le dijo.

Te ayudaré a desenredarte el cabello. – le dijo mientras tomaba un poco de aceite de coco y un peine de dientes anchos.

No es necesario…- respondió ella insegura, no sabía cómo reaccionar ante él.

Mañana será peor si no hacemos algo de una vez. – le respondió él en tono ligero tratando de romper la tensión en el ambiente.

Está bien… gracias. – l e respondió ella con voz apenas audible.

Él solo le ofreció una cálida, aunque cansada sonrisa y con cuidado desenredo sus rebeldes rizos, pasando el cepillo y sus dedos con suavidad, su toque era relajante, y ella cerró los ojos un momento, estaba sumamente cansada. Albert terminó pronto y la ayudó a acostarse.

Te pondré una compresa de hielo, duerme, en 20 minutos te la quito. – le dijo mientras la ayudaba a acostarse, debía quedar levantada por las almohadas, el mayor riesgo al principio era la posibilidad de que su pulmón colapsara, subió un poco la camiseta y aplicó la compresa con cuidado en el área amoratada e inflamada. – Duerme, me daré un baño, pero no dudes en llamarme, si necesitas algo. –

Ella solo le apretó la mano para agradecerle, estaba demasiado cansada como para articular palabra, Albert acarició levemente su rostro mientras ella cerraba los ojos, y tomó el bolso con ropa que Stear le había llevado.

Cuando salió de bañarse pasaban de las dos de la mañana, abrigó a Drew, retiró la compresa del costado de Candy y luego la tapó, iba a dirigirse al sofá cuando la voz soñolienta de ella lo detuvo.

Quédate en la cama, no cabes en ese sofá.

Puedo dormir en el suelo.

Albert… es innecesario, no será la primera vez que compartimos la cama por mera practicidad.

¿Estás segura qué no te incomoda?

No te lo ofrecería si fuera así.

Bien, gracias. –

Le dijo él levantando las cobijas y acomodándose en un extremo con cuidado de no mover la cama para así evitar que ella sintiera dolor.

Ambos se quedaron dormidos pronto, y parecía que apenas había cerrado los ojos cuando escuchó el murmullo de Drew desde su cuna llamándolo, abrió los ojos y se percató que la mano de ella estaba entre las suyas, la soltó y con cuidado sacó a Drew de la habitación para así dejarla dormir, llevó a su hijo abajo, eran cerca de las 7:30, comenzó la rutina de desayuno, medicamentos y suplementos con Drew, y después le preparó el desayuno a ella y los medicamentos, la dejaría descansar lo más posible ese día, pero también era necesario que ejercitara sus pulmones más tarde.

A eso de las nueve subió el desayuno y el medicamento de ella llevando a Drew en brazos. Entró sigilosamente a la oscura habitación, puso a Drew en su cuna y le dio algo con que jugar, el niño no protestó, solo se puso en pie y observó a su padre con interés.

Albert se acercó a Candy y rozó su mejilla levemente.

Candy, debes despertar y tomar medicamentos, así como desayunar.

Ella abrió los ojos e intentó incorporarse, un gesto de dolor cruzó su rostro, él la ayudó con cuidado, a ponerse en pie, y ella se perdió en el cuarto de baño.

Debes comer y tomar medicamentos.

Sí… Albert…

Dime.

Necesito ayuda. – admitió ella avergonzada.

Él entró en el cuarto de baño y la encontró con los ojos arrasados en lágrimas, al parecer había intentado vestirse sola.

Tal vez algo de botones sea más sencillo, y un par de pantalones con elástico y holgados. – le dijo mientras rebuscaba en el closet. Después la ayudó a vestirse. Por la mente de ambos cruzó la certeza de que serían seis semanas complicadas.

Candy no sabía que pensar ante sus cuidados y atenciones, comió bajo su mirada vigilante.

Debes ir a casa.

Tal vez vaya por algo de ropa mañana, pero ya te había dicho que me quedaría con ustedes.

¿Y Allison?

Se fue de viaje, tenía cosas que atender.

¿Está bien con ella?

Candy, ella sabe que Drew es la prioridad.

Drew… no yo.

Es básicamente lo mismo, él te necesita para estar bien, y tú necesitas estar bien para ayudarlo. Vamos, deja te pongo una compresa y después debes intentar usar el espirómetro por un rato. – le dijo para cambiar de tema.

Albert cuidó de ella con devoción ese día, Isabella y Anthony los visitaron un rato, y Albert aprovechó a ir por cosas a su departamento.

Después a eso de las 8 durmieron a Drew, quien observaba a su madre con preocupación, su pequeña mente comprendía que ella estaba lastimada, y simplemente se acurrucó a un lado de ella mientras ella le acariciaba la cabecita, para quedarse así dormido.

Lo llevaré a la cuna.

Déjalo un rato… lo que quisiera hacer es abrazarlo y no soltarlo nunca. – le confesó Candy.

Te entiendo, pero por ahora no es posible… sin embargo, podemos dejarlo en la cama para que lo sientas cerca. – le dijo él comprensivamente.

Candy cerró los ojos y siguió acariciando al pequeño, no supo en que momento Albert lo llevó a su cuna, tal vez habían sido los efectos del analgésico, tal vez simplemente estaba demasiado cansada por los meses anteriores, y ahora su cuerpo le pasaba factura al fin.

Albert los observó descansar, mientras trabajaba en el sillón, había muchas cosas por hacer, sobre todo porque una vez que el tratamiento de Drew iniciara no planeaba despegarse de su lado, además la recuperación de Candy tomaría tiempo, debía organizar las cosas de tal forma que no tuviesen que ir a la oficina. Trabajó durante un par de horas, revisando sus pendientes y los de Candy a la vez, aunque ella no lo sabía, él no había dejado de estar al tanto de lo que ella hacía, en parte por precaución, en parte porque necesitaba saber de ella, aunque fuera por medio de las cosas que realizaba en la empresa, y estaba gratamente sorprendido, realizaba un trabajo impecable, era eficiente, y tenía excelentes relaciones con los socios e inversionistas, Albert no podía evitar que una nota de orgullo lo embargara cuando pensaba en ella y en a labor que estaba realizando.

Durante esos seis meses separados a Albert le había costado toda su voluntad mantenerse lejos, no estar al tanto de su vida personal, ni de sus necesidades era algo que le había resultado complicado, sin embargo, era consciente de que ella necesitaba su espacio, y se había alejado con la intención de no hacerla sufrir y de protegerse a sí mismo también, pero ahora comenzaba a darse cuenta que ese hueco que había sentido en esos meses viviendo lejos no era mera soledad, era que tanto Drew como ella le habían hecho falta. Allison era un aliciente, pero también tenía que admitir que desde que Candy había regresado a su vida, el amor hacia Allison, o lo que él creía amor, había cambiado, transformándose en amistad, consuelo, comprensión, pero así como un día había cometido el error de compararlas, hoy debía admitir que Candy no le había reprochado nada, había rehecho su vida, apoyándolo en proyectos como DAWR, llevando su parte de los negocios, y estando ahí para Drew y para él en muchas formas, hoy era claro que la mujer que él amaba en verdad no era Allison…

Desesperado se puso en pie, no podía permitirse mirar en esa dirección, había tomado una decisión y era consciente de que no iba a dar marcha atrás. Consideró por un momento irse a su casa, llamar a una enfermera para que la apoyara, solo ir a visitar a Drew… pero ella se movió en sueños, un gemido de dolor escapó de sus labios. Y eso lo desarmó, no iba a dejarla sola, estaría ahí para ella, y para su hijo el tiempo que fuera necesario.

Esperó y se dio cuenta de que ella se había tranquilizado, salió de la habitación por un rato, necesitaba despejar su mente, se sentó en uno de los cómodos sillones de la sala y en medio del silencio reflexionó… no podía seguir negando lo evidente, la seguía amando, ella le hacía falta, y aunque era plenamente consciente de que después de todo lo que había pasado en esos meses no se merecía su amor, y de que con toda honestidad era imposible pasar por alto el hecho de que tenía muchas cosas por resolver antes de siquiera pensar hacer nada… a decir verdad, el accidente lo había enfrentado con una cruda realidad, y esa era que el mundo podía caerse a su alrededor, pero que Candice y Drew lo eran todo para él. Era tiempo de tomar decisiones… su celular vibró interrumpiendo su línea de pensamientos.

Allison. –

Albert, ¿cómo estás? –

Bien, ¿Cómo te fue el día de hoy? – preguntó lo primero que le venía a la mente, no quería hablar sobre él.

Bien, hay mucho trabajo por hacer, comunidades que visitar, orfanatos, lugares que pueden ser candidatos a ser auspiciados por nosotros, y supervisar otros que ya lo son. En general será un mes lleno de trabajo, seguramente aprovecharemos para visitar la zona.

¿Te quedarás todo el mes?

Sí, es algo que de alguna forma había pospuesto, pero, si somos honestos, no tendrás tiempo para mí, así que lo mejor es enfocarme al trabajo, y que tú puedas cuidar de Drew y de Candice sin culpas durante este tiempo.

Bien. -

No pasa nada Albert, sería una ilusa si no hubiese entendido que desde el momento en que supiste que tenías un hijo, las cosas no iban a cambiar, sobre todo porque es muy pequeño y porque está enfermo, así que entiendo que sea una etapa, ya la superaremos, y las cosas volverán a cambiar, me queda claro que no serán como antes, porque las circunstancias eran otras, pero, podemos trabajar, sacar nuestra relación adelante, por lo pronto no te preocupes por mí, enfócate en ellos, y en su bienestar. ¿cómo te fue hoy?

Ella esta muy lastimada, pero es valiente… y Drew se ha portado de maravilla.

Será muy complicado una vez que hospitalicen a Drew.

Así es, pero yo estaré ahí para hacerme cargo.

Albert, lo mejor es que enfoques tus energías en que ambos salgan adelante, y cuando todo esto haya pasado nosotros tomaremos tiempo juntos.

Albert iba a decir algo, pero observó la menuda figura de Candy bajar con dificultad la escalera, y en vez de responder a Allison le habló a ella.

¿Qué sucede? ¿estás bien, necesitas algo? – la preocupación en la voz de él era evidente, y Allison no pudo ignorar una vez más ese tono de urgencia, no esperó a escuchar la respuesta de la rubia ojiverde, simplemente cortó la llamada y decidió esperar a que él la llamara de nuevo.

No te preocupes, solo me dio sed, y bajaba por agua.

Debiste llamarme.

Albert, puedo bajar por un vaso de agua… - le dijo ella, aunque él ya se dirigía hasta donde ella estaba para ofrecerle su brazo y ayudarla con el último tramo de las escaleras.

Siéntate, yo lo traigo, también te prepararé una infusión para que te relajes y duermas un poco mejor… ¿tienes dolor?

Sí, algo…pero…

No puedes tomar más medicamento hasta dentro de un par de horas al menos, pero puedo ponerte otra compresa, ahora mismo te la traigo. – ella hizo el ademán de ponerse en pie y él la detuvo.

¿Qué necesitas? –

Iba a encender el radio monitor de Drew. –

Yo lo hago. – le dijo dirigiéndose hacia allá para después perderse en la cocina.

Candy recostó su cabeza en el sillón, tenía sentimientos encontrados, era reconfortante tenerlo cerca, pero a la vez era consciente de que él estaba ahí porque ella estaba lastimada y no podía atender a Drew, además en los seis meses de ausencia había aprendido a no depender de nadie, a valerse por sí misma, y a ser toda la fuente de fortaleza y consuelo que Drew necesitara, no podía darse el lujo de ceder esa independencia, ahora, no podía apoyarse en un hombre que tenía una pareja, con quien vivía, y para quien ella solo era parte de su pasado.

Sin embargo, había algo en su forma de tratarla, una delicadeza y una ternura que echaban por tierra todo lo frío e impersonal que había sido su trato desde que ella regresara a su vida… él la sacó de sus pensamientos con su ronca voz llamándola por su nombre con un susurro.

Candy, acá está una infusión para que te ayude a dormir. – le dijo sosteniendo una humeante taza de aroma fragante.

Ella extendió la mano para tomarla, y sus dedos se rozaron, el contacto de su cálida piel con la helada piel de ella le hizo respingar. Él retuvo su mano por un momento, envolviéndola con su calidez.

Estás helada. –

Creo que mi cuerpo está algo descompensado, seguro la infusión ayudará. –

Necesitas abrigarte más. – le dijo observándola con ojo crítico. Llevaba un suave pantalón de seda, con bata a juego, e iba descalza. Tomó un fino chal de lana que estaba extendido sobre un sofá una manta doblada, envolvió sus hombros con el chal y le puso la manta sobre las rodillas. Regresó a la cocina y volvió con un plato de pan de centeno rebanado con queso de cabra y tomates, había rociado un poco de aceite de oliva encima y espolvoreado hierbas y pimienta. -Come, casi no probaste bocado hoy. –

Los medicamentos me dan náuseas. –

Pues sí, pero necesitas comer. ¿está bien esto? ¿prefieres otra cosa? –

Eso está bien, pero es demasiado, tú tampoco has comido mucho, y necesitarás no desayunar mañana. Comeré si tu comes. –

No estas en posición de negociar. –

Me temo que tú tampoco. –

Está bien, ¿quieres ver una película?

Tal vez sí, no puedo dejar de pensar, y eso no me deja dormir.

¿Qué te preocupa?

Drew…

Candy, todo va a salir bien, tenemos que confiar. –

A veces me preguntó si su enfermedad es el castigo a mi inconsciencia y lo que hice sufrir a todos. – confesó ella con un nudo en la garganta.

No, no debes pensar eso, Dios, la vida, el universo, no sería justo si hiciera que un pequeño inocente pagara por tus pecados y los míos, así que no pienses así, es simplemente una prueba, algo de lo que saldremos adelante, te lo prometo. – le dijo él tomándola de la mano.

¿Cómo puedes estar tan seguro? – le preguntó ella viéndolo a los ojos en busca de respuestas.

Creo que así es todo en mi vida, hago inversiones, con la certeza de que habrá ganancias, compito en deportes extremos, diseño proyectos…todo con la seguridad de que tendré éxito. – le dijo él con sencillez.

Te acercas a las mujeres…

Jajajaja supongo que sí… con la única que dudé lograrlo fue contigo. - él clavó su mirada azul cielo en sus bellos ojos esmeralda por unos segundos, pero ella deshizo el contacto visual.

Debemos dormir temprano… mañana será un día ocupado. – intentó ella cortar, consciente de que no podía permitirse flaquear, ese hombre que tenía a su lado hoy era tan peligrosamente cercano al hombre que ella había amado con locura, que era un riesgo permanecer ahí.

Ya organicé el trabajo, mañana un mensajero traerá cosas que necesitaremos, Rob vendrá por mí para llevarme al hospital, y si gustas puedo pedir a Isabella que venga a hacerte compañía. – le respondió él tranquilamente ignorando su tono de voz.

No, suficiente hizo ayer y hoy, también tiene su trabajo, y sé que está trabajando en su próxima exposición, ¿sabías que expondrá en la National Gallery?

Algo me comentó Anthony al respecto… ¿se ven felices no?

Son felices… lo sé por ambos. – le respondió ella con una sonrisa.

Está bien, si no quieres que la llame no lo haré. –

Además, la próxima semana es el primer aniversario de bodas de ella y Anthony, seguro él tiene algo planeado, estaremos bien… este fue nuestro acuerdo al principio, tú y yo lucharemos con Drew, los demás pueden disfrutar de él, pero tú y yo pelearemos la batalla a su lado. – le dijo luchando por evitar que su voz se quebrara.

Y la ganaremos, de eso no te quepa duda. – le dijo rodeándola con suavidad en un abrazo.

Me vas a mal acostumbrar si sigues así. – le respondió ella con toda franqueza.

¿A qué te refieres? – Albert no estaba del todo seguro de a qué se refería ella.

A que has sido sumamente atento… y me tratas como si fuese una muñeca de porcelana, pero no puedo darme el lujo de permitirme flaquear. – le respondió ella con orgullo.

Candy, no estás sola… - comenzó él, pero ella lo interrumpió.

En cierta forma si lo estoy, debo ser capaz de ser fuerte por Drew… tú tienes tu vida, que incluye una mujer, que no estará saltando de alegría porque pases la semana atendiéndome. – le dijo ella en un tono directo y sin dobleces.

Candy, no te dejaré sola, te prometí que lucharíamos juntos por Drew, y eso es exactamente lo que vamos a hacer. Por favor confía en mí. – le dijo él suavemente, dándose cuenta de que ella tenía una muralla levantada a su alrededor.

¿Así como tú confías en mí? – el tono fue casi de reclamo.

No sé a qué te refieres. – le respondió con calma.

¿Porque revisas cada uno de mis movimientos dentro de la empresa? – preguntó ella lo que había estado dando vueltas en su mente.

En realidad, siempre sé que hacen todos, y eso te incluye a ti. – le dijo él con indiferencia.

Claro, por eso es qué George te da un reporte semanal de mis haberes. – contratacó ella, ciertamente hacia mucho que la niña ingenua había dejado de existir.

Es parte de asegurarme que estés bien. – admitió él.

No soy tu responsabilidad. – el tono de ella era franco, tal vez era el momento de sacarlo todo, de desnudar el alma y dejar de andar por las ramas.

Eres la madre de mi hijo… pero no solo eso, alguna vez fuiste mi amiga… - Albert trataba de racionalizar lo que había hecho por instinto, por necesidad, y que simplemente no se había detenido a razonar.

Dijiste que eso había muerto, que estaba enterrado. – Candy le respondía con as mismas palabras que él mismo la había herido.

Nunca debí decir eso, estaba dolido, enojado, aterrado a decir verdad, y estoy consciente de que he sido un necio, que te he lastimado, que nunca debí irme, sino quedarme a tu lado y seguir luchando juntos, no estoy diciendo que volvamos a ser pareja, pero te estoy pidiendo que me permitas estar aquí para ser tu apoyo y consuelo en este tiempo que Drew nos necesita a ambos… es un camino muy solitario el que nos toca recorrer, tal vez si lo recorremos juntos sea menos pesado. – le dijo mirándola a los ojos con absoluta sinceridad.

¿Hablas en serio? – ella no sabía que responderle.

Sí, nadie más que tú puede entender lo que estamos pasando… hace un rato te mentí, por supuesto que tengo miedo, estoy aterrado de perderlo, estoy aterrado de no poder hacer nada por consolarlo, de ser el donador ideal y que al final mi médula lo traicione y lo mate, y en cierta forma estoy tan solo como tú. Pero también sé que no podemos perder la esperanza, que debemos luchar por él, por su salud, por nosotros, mi vida se puso de cabeza en el momento en que regresaste, y estoy contento de tener a mi hijo conmigo, pero ha sido un año muy difícil, no supe en que momento todo dejó de importar, y de pronto lo más importante en mi vida es un pequeñito que aún no sabe decir más de tres palabras seguidas, pero por quien estoy dispuesto a dar la vida…¿sabes? Nada importa, ni el dinero, ni los negocios, o los autos, lo daría todo por él, absolutamente todo, si con eso pudiese salvarlo, incluso entregaría mi vida. – Albert le hablaba con el corazón en la mano, poniendo todo frente a ella como no lo había hecho con nadie más.

Te entiendo por completo, justo así me siento desde el día en que lo tuve por primera vez en mis brazos, tan perfecto, tan parecido a ti, la prueba tangible de que lo nuestro no fue un sueño, y sin duda el tesoro más grande que la vida me ha dado, él tan pequeño, tan perfecto, tan indefenso, quisiera poder ser yo quien sintiera sus efectos secundarios de la quimio, poder hacer algo por sanar su dolor, cambiar lugares con él, ser yo quien esté enferma y no él, Albert, el merece vivir ser feliz, crecer, ser fuerte… - las lágrimas rodaban por sus mejillas, y le costaba tomar aire, las barreras alrededor del corazón de Candy parecían derrumbarse a la par que Albert le permitía entrar en sus pensamientos.

Candy, Drew es lo más preciado que tengo en la vida también, y tal vez ahora entiendo un poco de por que te fuiste, todo era por protegerlo al final de cuentas. – él tomó su mano y la besó. Hacia tanto que se debían esa plática honesta.

Sí, pero nada excusa mi comportamiento. – aventuro ella.

No dije que fuera excusable, pero creo que hoy entiendo lo que hace seis meses me era imposible, porque estaba luchando con el dolor y el coraje de haberme perdido todo un año de su vida, y de haberte perdido a ti…hoy, eso no me importa, solo agradezco que esté aquí, que aún tengamos una oportunidad de luchar. Amo verlo sonreír, tiene tu picardía y ese espíritu fogoso que te caracterizaba de niña, creo que si no fuera porque los tratamientos lo debilitan tendríamos un torbellino peor de lo que tú fuiste entre manos. – Albert tenía una sonrisa nostálgica en su rostro.

Eso es injusto, no es como que tú eras el niño modelo. – le respondió ella en tono de reclamo, aunque sabía perfectamente que era una broma.

Me has dado el regalo más maravilloso del mundo Candy, nuestro bebé, por él estoy dispuesto a darlo todo, y consciente de que no me alcanzará la vida para agradecerte. Ruego a diario porque que salga adelante, porque él es el motor de mi vida, y no puedo pensar en perderlo, perderte a ti fue lo más difícil que viví hasta ese momento, dejaste un verdadero hueco, y me ha costado la vida vivir con él, pero si lo perdemos, si nuestro Drew pierde la batalla contra su maldita enfermedad, mucho me temo que eso no podré superarlo jamás, eso no puedo ni pensarlo, sería que cada día de vida sería injusta, sin sentido, oscuro, sí nuestro pequeño no está aquí para llenarlos de luz, no puedo negarte que todo este proceso ha sido muy difícil, y más dadas nuestras circunstancias personales, el dolor, todo, pero si llegamos a perderlo a él, Candy, todo perdería su sentido. – Por primera vez Albert se mostraba vulnerable ante ella, todo el tiempo había sido estoico, práctico, a veces parecía rayar en la indiferencia, pero verlo así conmovía el corazón de Candy.

Ella se acercó con cuidado a él para abrazarlo, y confesó lo que su corazón ansiaba gritar.

Me has hecho falta.

Y tú a mí… qué dices ¿amigos? – propuso él con voz ronca.

Sí, me parece sensato… con una condición… - le dijo ella en tono ligero.

¿Cuál?

No puedes volver a enamorarte de mí… no podría… - le dijo ella medio en broma y después absolutamente en serio.

Yo tampoco Candice, yo tampoco podría con que me rompieras el corazón una vez más, así que me parece acertada tu condición. - ella le sonrió con franqueza, y el la atrajo para abrazarla una vez más, dejando que ella se recargara en su pecho por un momento. -Tienes que comer, no creas que lo he olvidado. –

Sólo si tu comes también. –

Ok, comamos entonces. – le dijo él acercándole el plato.

¿Puedo preguntarte algo?

Dime.

¿Cómo estás, cómo están las cosas con Allison?

Estoy agotado. Pero hay algo que me queda claro por encima de Allison, y de cualquier cosa, incluyéndome a mí está Drew. Sí Allison no lo entiende, tampoco puede cambiarlo, mi prioridad es mi hijo y su bienestar, es algo no negociable en mi vida, y así se lo he hecho saber a mi familia y a ella. Las cosas son como son. Drew va primero, y antes que todo, incluyendo mi vida de pareja. Las cosas con Allison… son complicadas, nuestras vidas dieron un giro de 180 grados, y no puedo mentirte, ella ha sido comprensiva hasta cierto punto, pero tampoco es precisamente un gran apoyo, creo que se siente dejada de lado, ajena a todo, pero eso fue lo que tú y yo acordamos, además, sé que no sueña con ser la madre de Drew, a decir verdad no es una mujer que sueñe con tener hijos, sé que quiere más de mí, que espera que sea el hombre sin compromisos, que ella conoció, pero la realidad es que nunca podré ser ese hombre de nuevo…

Albert, sé que trastocamos tu vida por completo, y en verdad quiero agradecerte por todo lo que has hecho por nosotros, nos trajiste a Londres, nos disté un hogar, estuviste a nuestro lado esos primeros seis meses, en los que en realidad estaba demasiado perdida y abrumada, luchaste a brazo partido por el amor de Drew, así como por su bienestar y comodidad, y hoy sigues aquí, luchando a mi lado, pese a todo el daño que te hice. Quiero que sepas que deseo con todo mi corazón que pase lo que pase puedas encontrar la felicidad que mereces y que yo no te supe dar.

No tienes nada que agradecer, como te dije hace un rato, no estas sola, nunca quise que lo estuvieras, en todo caso el que tiene que agradecerte soy yo, a pesar de todo lo que he hecho, me das esta oportunidad de estar cerca, nunca me restringiste a Drew, ni reprochaste nada, Candy, no tengo palabras…

Tú tampoco estás solo… sé que tienes a Allison, pero si me lo permites también estoy aquí para ti, déjame ser tu apoyo en todo esto, tu compañera de batalla.

Ya somos compañeros de batalla, Candy, y seguiremos siéndolo por toda la vida de Drew. Gracias por tus palabras, en verdad son lo que necesitaba escuchar. – le dijo mientras llevaba su mano a los labios para besarla una segunda vez. Haciendo que el cálido contacto de sus labios con su piel la hiciera sentir un escalofrío, tal vez nunca dejaría de reaccionar ante su toque, pero no pudo divagar mucho en ello, porque él la sorprendió con una pregunta. – Y ahora que me has hecho confesar, dime, ¿Qué hay de ti? ¿Algún pretendiente?

Mi vida gira en torno a Drew, así que no, y la verdad no me interesa tener una relación en este momento, nadie puede entender lo que estoy viviendo. – nadie excepto tú, fue lo que no terminó de decir. Pero simplemente guardó silencio y siguió comiendo.

Convivieron en armonía un rato más, hablando de sus sueños y esperanzas para Drew, los colegios que a Albert le gustarían, le comprarían una mascota… y tal vez buscarían un par de casas en alguna aldea cercana para que Drew creciera ahí, rodeado de la naturaleza. Cerca de la una Albert la ayudó a ponerse en pie, a subir la escalera y a acomodarse en la cama, después tomó su lugar en el otro extremo de la cama, el aroma de él llegaba hasta ella confortándola, y el de ella, lo inundaba con gratos recuerdos.

Albert…

¿Sí?

Puedes tomar mi mano mientras me duermo…

Quieres decir que si puedo acariciar el dorso de tu mano para arrullarte como solía hacerlo cuando eras una niña, ¿no?

Sí…no…

Él no le respondió, nada, solo giró sobre su costado, para quedar frente a ella, y tomó su mano sana en la de él, trazando círculos con su pulgar en hipnotizantes movimientos sobre el dorso de su mano, hasta que ambos se quedaron dormidos, así, con las manos entrelazadas, recuerdo de un pasado que se negaba a quedarse en su lugar y que se empeñaba cada día más en volverse presente.

Esa noche, a pesar del dolor, de la enfermedad de Drew, del accidente, de la vida que amenazaba con desmoronarse a su alrededor, por unos breves instantes mientras estaban recostados en la misma cama, encontraron paz, sus manos entrelazadas como debió haber sido siempre, como una familia, juntos, en las buenas y en las malas.

Por fin encontraron descanso en la víspera de la batalla que aún tenían que pelear, en la que literalmente lucharían por arrancar de los brazos de la muerte a su hijo, por un breve momento, se permitieron tener esperanza, paz y amor, ese amor que se negaba a morir, y que sin importar lo que viniera les permitiría descansar esa noche, y olvidar por un momento que lo que sucediera el día de mañana cambiaría por siempre y para siempre el curso de sus vidas.