Hola chicas, perdón por el retraso, ayer me tocó viajar por carretera y llegué super cansada, el capítulo aún le faltaban ajustes, y pues hasta ahora me fue posible hacerlos.

Les mando un abrazo, y espero que les guste.

C… miss u beyond words..

RAA 33

Albert dormía apaciblemente, con sus fuertes dedos entrelazados en los delicados dedos de Candy, había sido una noche desacostumbradamente pacífica y reparadora, el alba apenas comenzaba a filtrarse por las suaves cortinas de gasa color champagne.

Sin hacer ruido salió de la habitación, se dirigió a la cocina para preparar el desayuno para Candy y para Drew, él no podía comer nada por el estudio que le harían.

A eso de las 7 el elevador de servicio se abrió, y el pequeño ejército femenino que cuidaba de Drew y de Candy se sorprendió de encontrarlo a él en la cocina, descalzo y con el cabello revuelto, las chicas más jóvenes, discretamente no dijeron nada, y se dirigieron a sus habitaciones para dejar sus cosas y cambiarse. Pero Margaret lo conocía desde niño.

Por fin entraste en razón, muchacho, a Madame Elroy le dará gusto saberlo. – le dijo con una sonrisa pícara.

No es lo que te imaginas Margaret, Candy y Drew tuvieron un accidente y ella está lastimada, así que por eso estoy aquí.

Pudiste llamarme. –

Candy no quiso, dijo que merecían su descanso, así que me quedé yo, además Drew empezará la próxima semana un tratamiento más agresivo, y me quedaré para estar con él. –

Claro, es lo más sensato por hacer… dime que quieres de comer al medio día.

Me harán unos estudios y no sé si estaré en condiciones de comer, pero necesitas preparar la comida favorita de Drew y de Candy, ambos necesitan ganar peso. –

Esa niña no come la mayor parte del tiempo. –

Lo sé, en parte por eso estoy aquí. –

Me da gusto que estés aquí para velar por ellos, lo necesitan… -

Voy a subirles el desayuno y a arreglarme, Rob vendrá por mí, ¿puedes ofrecerle de desayunar?

Por supuesto, yo me hago cargo de él, si necesitas algo solo dinos. –

Candy necesitará cuidados, en el refri están las instrucciones de medicamentos y compresas, ¿te puedes hacer cargo?

Sabes que sí, descuida, Dorothy la ayudará. –

Gracias nana Margaret. – le dijo el apuesto hombre a la mujer mayor con esa sonrisa con la que solía lograr que ella le sirviera una porción extra de postre cuando no era más que un niño.

Albert subió las escaleras de dos en dos, en la bandeja llevaba los desayunos y medicamentos correspondientes. Los encontró despiertos, había llegado justo a tiempo para impedir que ella intentara cargarlo.

Aún no puedes. –

Tengo que poder Albert…

No todavía, tienes que cuidarte. – le dijo poniendo la bandeja del desayuno en la mesa cercana a la ventana. – Toma asiento los dos necesitan desayunar antes de tomar los medicamentos. –

Ella obedeció y él tomó asiento frente a ella con Drew en brazos.

¿Ya llegaron las muchachas?

Sí, y ya les dejé instrucciones, así que no tienes de que preocuparte, a eso de las 10 vendrá un mensajero de la empresa con papeles y pendientes que revisar, pero si no te sientes con ánimos lo haré yo por ti. –

Puedo llevar mi parte de responsabilidad. –

Bien, solo no te excedas. –

Albert los observó comer su desayuno, y después se dio una ducha para ir a su cita.

Regresaré en unas cuantas horas… -

Ten cuidado, y sigue todas las indicaciones del médico…

Despreocúpate. – le dijo mientras entregaba a Drew en brazos de Lena después de besarlo en la frente, y de igual manera besaba a Candy en la mejilla para despedirse. Un gesto no del todo inusual frente a Drew, pero había algo más en su mirada.

Candy procedió a realizar su rutina diaria con normalidad, esperaba tener un poco más de libertad ahora que Albert se había ido, pero, ninguna de las chicas la dejaba ni a sol ni a sombra, cuando por fin llegó el mensajero, Candy respiró aliviada, tendría algo en que enfocar su mente.

Para su sorpresa James no venía solo, sino que lo seguían un par de chicos con enormes arreglos florales entres sus manos.

¿Qué es esto James?

Son para usted señorita Candy, llegaron a la oficina, aquí está la nota. Como el señor Andrew pidió que trajéramos todo lo que llegara dirigido a usted o a él acá, también los trajimos, ¿dónde quiere que los pongamos? –

El alto en la mesa de la entrada, y el de orquídeas supongo que en el comedor. – le dijo recibiendo el sobre color negro que con masculina caligrafía dorada rezaba su nombre.

Estos son los documentos que envían el señor Andrew y el señor White-Rowan, y ambos me pidieron que le recordara que llame en caso de necesitar algo.

Como si no hubiese llamado ya papá y mamá para preguntar lo mismo… ¿qué más James?

La señora Pauna le envía esta nota. El señor Anthony me pidió que le avisara que vendrá más tarde con la señora Isabella, y el señor Allistair me pidió que le informara que la señorita Patricia llega mañana temprano de su viaje y que seguro vendrán a verla por la noche. Le llamó un señor Daniel Thompson, pero no dejó mensaje ni número para comunicarse.

Gracias James, ¿gustan algo de beber o de comer?

No señorita Candy, gracias, si no necesita nada más nos retiramos. –

Todo está bien, James. –

Los muchachos hicieron una leve inclinación de cabeza y se retiraron. Candy tomó la antigua y elaborada daga que usaba como abrecartas y abrió el sobre de fino papel.

Srita. White-Rowan.

Estoy seguro qué, ni siquiera sabe quién soy. Deseo disculparme en persona por los horribles momentos que les hice pasar y asegurarme que usted y su adorable pequeño se encuentran bien. Espero pueda concederme un encuentro en persona pronto.

Suyo.

Daniel Thompson.

Dentro del sobre estaba una tarjeta de presentación, con el nombre y datos personales del hombre. Candy rebuscó en su mente… tratando de recordar algo que hubiese leído o escuchado sobre el hombre, pero le era un completo desconocido.

En realidad, a Candy le parecía de mal gusto la nota, el tipo parecía seguro de sí mismo, y a ella le parecía un insulto que alguien la invitara a salir cuando su hijo luchaba por su vida día a día, no tenía tiempo para eso. Dejó la nota junto con el sobre y la carta sobre el escritorio y se sentó a trabajar mientras Drew tomaba la siesta. Tenía que mantenerse ocupada, estaba preocupada por Albert.

En el hospital Albert yacía recostado boca abajo, enfundado en uno de esas vergonzosas batas color azul, le habían adormecido localmente el área, porque de esa forma podía irse a casa más pronto. Él médico explicaba paso a paso el procedimiento mientras lo llevaba a cabo, sintió una leve sensación de molestia cuando la larga aguja penetró la esponjosa barrera del hueso de su cadera, una mezcla sanguinolenta llenó el tubo de ensayo. Y el médico la etiquetó para enviarla al laboratorio.

¿Cómo tomarás la muestra de Candy?

Estaba considerando anestesiarla por completo, debemos tener cuidado con sus costillas, y si la anestesio por completo será menos riesgoso para ella.

También tomará más tiempo salir de aquí.

Sí, pero con un par de costillas fracturadas, la verdad es que lo más sensato sería no hacer la biopsia, sin embargo, no sé si ustedes quieren esperar un mes para iniciar el tratamiento de Drew.

Sabes de sobra que no.

Tendrá que aguantar el dolor por doce horas sin analgésicos si vamos a anestesiarla.

Escríbeme todas las indicaciones, y posibilidades, las evaluaremos en casa, y te haremos saber que decidimos.

Claro, debes quedarte recostado en esa posición 15 minutos, y después vendrá un enfermero para ayudarte a ponerte en pie y vestirte, sé que me dirás que no es necesario, pero, sí lo es, es protocolo del hospital. Si sientes náuseas, mareo, dolor de cabeza, lo que sea presiona el botón de enfermeras. – le dijo mientras bajaba la intensidad de la luz de la habitación y se retiraba.

Hora y media después de su estudio Albert salió del hospital en silla de ruedas por protocolo hasta el auto donde lo esperaba Rob, quién solícitamente lo tomó del brazo para ayudarlo a abordar. Y lo mismo hizo cuando llegaron a su destino, lo llevaba con cuidado andando a paso lento que terminó por exasperar a Albert.

Rob, te agradezco, pero puedo caminar.

Lo siento señor, la señora me dio instrucciones específicas de hacer las cosas de esta manera.

¿Mi madre?

No, la señora Candy, me dijo que no importaba lo testarudo que fuera debía ayudarle, así que apóyese en mi brazo si no quiere que nos riña a ambos en cuanto lleguemos arriba. –

Rob… -

Sabe bien que lo hará.

Está bien. – dijo Albert con resignación.

Las puertas del departamento se abrieron y Albert olfateó antes de ver el elaborado arreglo de peonias color pastel, madreselvas y brezos que se encontraba en la mesa del recibidor. Era un arreglo de exquisito gusto a pesar de su tamaño, y definitivamente caro. Candy solía ordenar flores más sencillas, un jarrón alto con lirios, hortensias, tal vez unas lilies, pero esto era definitivamente diferente.

¿De dónde salieron esas flores Rob?

No lo sé señor, yo estaba en hospital con usted.

No pudo añadir nada más porque la dulce voz de la rubia le llamó.

Albert, ¿Estás bien? ¿cómo te fue? ¿necesitas algo? – le dijo con verdadera aprehensión, acercándose para examinarlo, y rozando levemente su varonil rostro intentando leer en sus ojos algún rastro de dolor.

Estoy bien, no tienes de que preocuparte… todo está bien…lindas flores. – le dijo él cubriendo su menuda mano con la de él.

Son excesivas, ven, debes comer algo, Margaret hizo crema de champiñones, filete de res a la pimienta y verduras. Rob, ve a la cocina, para que comas con las chicas. – le dijo la rubia mientras guiaba a Albert hasta la mesa del comedor.

Drew dormía apaciblemente sobre la mullida alfombra abrigado con la manta que él había utilizado para abrigarla la noche anterior. Y la mesa estaba exquisitamente dispuesta. Y en el centro había un elegante arreglo de orquídeas.

¿Sí tienes hambre? ¿prefieres descansar? ¿llamo a Rob para que te ayude a subir las escaleras? – ella aún no lograba deshacerse de la preocupación.

No llames a Rob, puedo subir las escaleras solo, y sí tengo hambre, Candy, en serio, estoy bien, calma. Vamos a comer. Escogiste flores diferentes esta vez.

No las escogí yo…

¿Entonces?

Las trajo James, me las enviaron al corporativo. Toma asiento. – le dijo indicándole la cabecera, y abriendo la pesada sopera de plata para tomar el cucharon y servirle crema generosamente en un gesto femenino y elegante. De alguna manera la plática entre ellos había derribado algo, y le permitía ser más natural al lado de él.

Albert tomó asiento, seguía observando de forma sospechosa las soberbias orquídeas en el centro de la mesa. No había vino en la mesa, ella no podía tomarlo por los analgésicos, y él tampoco podría. Así que ella sirvió agua con rodajas de pepino en las copas de cristal que estaban dispuestas, y le acercó el pan de centeno y de avena recién horneado.

Todo huele delicioso, no entiendo cómo has logrado bajar de peso teniendo a Margaret de cocinera. –

Normalmente estoy en el hospital o en las oficinas, y llego demasiado cansada como para comer. ¿Te dolió mucho? –

No, y ahora siento la molestia, pero no me duele, sin embargo, tenemos que discutir como lo harán contigo, al rato lo revisamos.

Lo que tome menos tiempo de recuperación. –

No es lo mismo Candy, por ejemplo, me acostaron boca abajo, tú no podrías estar acostada boca abajo. Come, luego lo discutiremos.

Está bien. – le dijo ella llevándose una cucharada de la exquisita crema a la boca.

Dijiste que las flores las trajeron del corporativo. – Albert no podía quedarse con la curiosidad.

Sí, las trajo James en la mañana junto con los pendientes, y las cosas que le pediste. -sabía que lo que él quería saber era quien las había enviado, pero en realidad no le interesaba verlo discutir ni enojarse mientras comían, así que cambió de tema y le hablo de algunos pendientes de trabajo, así como de las visitas que tendrían después. -Tu madre me envió una nota. –

Mi madre solía ser Pauna para ti. –

Lo sé…Pauna envió una nota. –

¿Qué decía? –

Que espera que me sienta mejor, que tanto Drew como yo estamos en sus oraciones, y que si es conveniente le gustaría visitarnos una tarde. ¿sabe que estás aquí? –

No lo sé, hable con papá brevemente para decirle que estaban bien, y supongo que sabe que estoy aquí porque pedí los documentos para acá, y Anthony lo sabe…

En resumen, tal vez Pauna no lo sepa, porque ustedes los hombres no son precisamente comunicativos.

¿Lo sabe Katherine?

Sí, llamó para venir a ayudarme, y le dije que tú estabas aquí.

Entonces seguramente mi madre lo sabe… porque no las invitas a ambas a tomar el té, y así tu reunión con mi madre sería menos incómoda.

Mañana vendrán Stear y Patty, y el miércoles es mi estudio…

Tengo una idea, podemos pedirles que pasen la mañana con Drew.

¿A dónde irás?

Contigo al estudio, por cierto, necesitas firmar alguna carta poder que me autorice a tomar decisiones médicas con respecto a ti…

¿De qué hablas?

El doctor Rosen, me lo sugirió el día de tu accidente.

¿No será extraño? –

Creo que por ahora es sensato. Después cuando las circunstancias cambien.

Cuando te cases con Allison.

O cuando tengas una relación seria con el misterioso tipo que te envió flores. –

No me hagas reír, sabes que no puedo. ¿cómo sabes que fue un hombre?

Sólo un hombre que está interesado en impresionar a una mujer que no conoce manda arreglos como esos, si te conociera hubiese enviado algo más sencillo.

Las envió Daniel Thompson.

¿Quién es Daniel Thompson?

Estabas furioso con él el sábado y no recuerdas su nombre.

El imbécil responsable de tu accidente, pero ¿qué se ha creído?

Come, envió una nota, quiere disculparse en persona, pero por supuesto no tengo tiempo para eso. Llamó nuestro abogado, fue pérdida total el vehículo, pero les tomará un mes pagar. Debo buscar otro auto.

No necesitas otro auto por ahora. Pero en su momento lo resolveremos. Debiste hacerme caso y tener dos autos. –

No tenía sentido, no los colecciono como tú, ahora le veo el sentido. También hay que comprar un nuevo asiento para Drew. –

Usaremos mi camioneta este tiempo, y después veremos lo de la tuya, ¿querrás cambiar de marca?

No, creo que no… la verdad no importa. Y otra cosa, no necesitas ir conmigo al estudio.

Te prometí que no estarías sola, quieren sedarte por completo para que sea más sencillo para ti, menos traumático por así decirlo por el dolor, pero eso requerirá un día de hospitalización, o al menos doce horas.

La respuesta es no, anestesia local como a ti, quiero regresar lo más pronto posible con Drew.

Entonces déjame acompañarte. –

Está bien. ¿Tienes las formas médicas?

Sí, al rato las revisamos, pero mira quien está despierto ya. – le dijo tomando en brazos al soñoliento pequeño que se había acercado a la mesa tendiéndole los brazos.

No deberías…

Drew no pesa casi nada, y estoy sentado, no pasa nada, ¿quieres comer algo, hijo? –

Candy observó como Albert con paciencia y amor alimentaba al niño con lo que el pequeño le indicaba de su propio plato. Terminaron la comida relajadamente, habían disfrutado del tiempo juntos, Margaret apareció por la puerta con una apetitosa torta de chocolate.

Todo te ha quedado delicioso nana Margaret. – le dijo Albert.

No creas que tendrás doble ración por tu zalamería, en todo caso, los cumplidos no me corresponden. –

Margaret… - le dijo Candy pidiéndole que guardara silencio, pero era demasiado tarde.

¿Tú cocinaste? – la sorpresa en su rostro y voz eran evidentes.

Sí, Margaret me ayudó, así que no hice ningún esfuerzo extra, y Drew estuvo muy entretenido jugando con la masa del pan.

Te quedó exquisito. Gracias. – le dijo apretando levemente su mano.

Bueno, te has ganado doble porción de la torta de chocolate. – le dijo ella con una amplia sonrisa.

Albert abrió los ojos temprano esa mañana, era miércoles, y ese día sería el examen de Candy, Pauna y Katherine llegarían alrededor se las 8. Bajó en silencio y el aroma del extravagante arreglo de Lilies en la sala le recordó que estaba molesto, el día anterior James había llegado con otro par de arreglos florales, y una misteriosa nota que aunque Candy había dejado al alcance él no había leído por respetar su privacidad, sin embargo, no le hacía ninguna gracia que el tipejo ese se diera aires de Don Juan y enviara flores, que además había acompañado con una enorme caja de Lady Godivas, Albert sospechaba que no pararía ahí, pero en sana conciencia no podía decirle nada a Candy, ella era libre. Suspiró y llamó a Allison para ponerse al día, la conversación fue breve, ella estaba molesta, y tenía razón, pero Albert sabía que no podía hacer lo que usualmente haría, llamar a su asistente o a Neal para que le enviaran regalos, pero Albert sabía que solo sería darle más largas y ser injusto con ella, así que no hizo nada al respecto.

Se dirigió a la cocina y preparó el desayuno de Drew, Candy no podía comer nada, y estaba sin analgésicos desde la noche anterior, así que preparó una compresa de hielos para ayudarla a aliviar el dolor, sería un día complicado, ella había estado de buen humor y sobrellevado bien los tres días iniciales, pero Albert sospechaba que los medicamentos habían tenido mucho que ver con ello. Y ahora, los efectos del analgésico debían ser nulos había pasado 14 horas sin ellos.

Decidió que él tampoco desayunaría en solidaridad a ella, y subió con la avena de Drew, lo bañarían juntos y a las 8 estarían los tres abajo para recibir a las abuelas. Albert despertó a Candy y la ayudó a envolver su brazo en el plástico para que se diera un baño, después despertó a Drew y le dio de desayunar, Candy salió del baño vestida en un atuendo deportivo, se veía pálida, seguro le había tomado mucho esfuerzo vestirse.

Debiste llamarme, o dejarme llamar a Dorothy.

Estoy bien, descuida, ya pasó. – le dijo tomando asiento para ponerse calcetas y tennis. Albert no le dijo nada, simplemente sentó a Drew a su lado y le ayudó para evitar que se agachara.

Voy a bañar a este hombrecito, ¿crees que puedas traerle ropa?

Sí, yo me hago cargo de eso. – el dolor era verdaderamente terrible, pero se puso en pie con determinación, Albert la observó palidecer y la detuvo.

No te muevas, yo lo hago. –

Albert no puedes…

¿Ayudarte? ¿tratar de que duela menos? Haré lo que pueda porque así sea, y te prometo que en cuanto todos los estudios terminen me haré cargo de que tomes analgésicos y puedas dormir, así que no discutamos ese punto.

A las 8 en punto bajaron las escaleras Albert llevaba a Drew en brazos y Candy se apoyaba en su brazo para bajar, Katherine y Pauna entraban justo en ese momento.

Hija, ¿cómo estás? – saludó Katherine, mientras subía para quitarle a Drew a Albert y besaba la mejilla de su hija.

Bien mamá, es solo que hoy no puede haber analgésicos sino hasta después del estudio. Pauna, buenos días.

Buenos días, están hermosas tus flores. –

Gracias, y gracias a ambas por venir a quedarse con Drew. – dijo tratando de recuperar el aliento, la caminata había parecido eterna.

¿Necesitas sentarte?

Sí y una compresa de hielo… - Albert la llevó hasta el sillón y se iba a dirigir a la cocina cuando Dorothy apareció con una bandeja de café, té y panecillos para las visitas.

Yo llevo esto Dorothy, trae una compresa de hielo para Candy. –

Sí señor Andrew. –

Albert sirvió café para Katherine, y té para su madre, cuando Dorothy trajo la compresa, él ayudó a Candy a ajustarla ignorando la mirada de su madre. Media hora después se retiraron para el hospital.

¿Candy, estás segura de que no quieres anestesia completa?

Estaré bien Martin. Di a luz a Drew sin anestesia, puedo con esto.

Al menos permíteme bloquearte. –

No, anestesia local, no quiero pasar doce horas en el hospital. –

Albert mantenía silencio sentado a un lado de ella, él iba a apoyarla, pero le dolía verla sufrir.

Sí estás decidida, lo haremos a tu modo, ve con la enfermera para que te ayude a prepararte, y a acomodarte lo más cómoda posible, debemos tardar lo mínimo necesario para que te sea menos incómodo. ¿quieres que Albert entre?

¿No es irregular?

Es irregular desde que te estoy dejando decidir lo de la anestesia, pero supongo que lo prefiero ahí dentro que acosando a todo el personal para que le den razones de ti. –

Ella volteó a verlo, no sabía que opinaba él.

Por supuesto que entraré, para distraerte. – su celular sonó en ese momento, el detuvo la llamada. - ¿Cuánto tiempo tengo? –

En 10 minutos te hago pasar. –

Bien Martin, estaré afuera. –

Él salió y respondió a la llamada.

Allison, discúlpame, pero estoy ocupado…

Hola, también me da gusto escuchar tu voz, solo tuve un momento libre y decidí llamarte. ¿dónde estás?

En el hospital

¿Pasó algo con Drew?

No, hoy es el examen de Candy, así que la acompañé.

¿Quién se quedó con Drew?

Mi madre y Katherine. Ella tiene mucho dolor porque no ha podido tomar analgésicos, lo mejor era no dejarla sola.

No tienes que explicarme.

Bien, debo dejarte, entraré al examen para distraerla, se ha negado a anestesia general, y está muy adolorida. Gracias por llamar. – Por medio segundo Albert se preguntó cuánto tiempo más sería sostenible la situación, indudablemente necesitaba hablar con Allison… Martin lo llamó a entrar, y el presente se volvió mucho más apremiante que un hipotético futuro.

Allison guardó silencio, después de todo, él ya no estaba ahí para responderle, cada día parecía alejarse un poco más, pero ella debía aguantar la tempestad por ahora. No se rebajaría a ponerse celosa de Candice.

Albert y Candy iban por fin de regreso a casa, ella iba dormida entre sus brazos como el día del accidente, mientras Rob manejaba lentamente, después del examen tuvieron que sedarla levemente, porque su cuerpo temblaba involuntariamente y sudaba frío a causa del dolor. Pero ni aún entonces ella les había permitido que le dieran algo demasiado fuerte, sabía que el tiempo se les agotaba, en cinco días más iniciarían el tratamiento con Drew, las altas dosis de quimio y radio, los interminables días en el hospital, su pequeño llorando ante la incomodidad, el dolor, inconsolable, y tal vez en algún momento sedado para evitarle el dolor, lo único que quería hacer ahora era ir con él para deleitarse en la visión de él riendo y jugando, correteando detrás de su padre, apoyando su cabeza suavemente en su regazo, ahora que se había dado cuenta de que mami no podía levantarlo en brazos, Candy no quería ni pensar en que harían la próxima semana con todo eso.

Por lo pronto cerró los ojos y permitió que el rítmico latido del corazón de Albert la arrullara, no se hacía ilusiones, sabía que la llamada de hacia un rato había sido Allison, sabía claramente que el hombre que hoy la abrazaba ya no era suyo, pero se sentía feliz de haber recuperado a su más incondicional amigo, con quien ahora compartía un lazo indisoluble, su hijo, Drew, era feliz de que Albert fuera el padre de tal vez el único hijo que ella tendría, le daba la certeza de tener con ella algo de él por siempre, del único hombre había verdaderamente amado en la vida, después de todo, Candy no se veía como madre de nuevo, estaba segura de que no se volvería a casar con nadie, por su mente no pasaba que Drew pudiera tener un padrastro, hoy ella era una mujer fuerte, segura de sí misma, que no necesitaba de un hombre a su lado para que la protegiera y la respaldara, ese había sido su error con Michael, y ella no quería equivocarse de nuevo de esa forma, lo único que pedía a Dios y a la vida, era poder tener la certeza un día de que Drew estaba sano, que había ganado la batalla más fiera de su corta vida y poder compartir con su hijo y con Albert todos los momentos de alegría y de esperanza que esperaba vivir al lado de su amado hijo y del hombre que hoy más que nunca estaba segura siempre había sido y sería el amor de su vida,

Llegaron a casa y Albert la tomó en brazos con cuidado para llevarla hasta el departamento, Pauna y Katherine jugaban con Drew y lo vieron entrar, Katherine se puso en pie alarmada y se acercó a ellos.

¿Todo bien?

Sí, pero está un poco sedada, el dolor se volvió insoportable, la llevaré a descansar.

Si quieres descansa tú también hijo, Katherine y yo nos quedamos.

No es necesario madre, ahora vuelvo.

Albert subió hasta la habitación de Candy y la depositó con cuidado sobre la cama, la cubrió con una manta, aunque al parecer su temperatura corporal comenzaba a estabilizarse. Estaba por retirarse, pero sintió la pequeña mano de ella sobre la de él.

¿Necesitas algo?

Gracias… - le dijo ella con voz adormilada.

Descansa, regreso con Drew en un rato, y tal vez logré que tome sus siesta a tu lado… ¿te parece?

Sí… - Candy luchaba por abrir los ojos y articular palabras, pero parecía imposible, el potente fármaco que le habían aplicado hacía que sus ojos se sintieran pesados y que arrastrara las palabras. Dejó de luchar y simplemente se dejó llevar por la oscuridad.

Despertó tiempo después no tenía idea de que hora era ni cuanto había dormido, intentó incorporarse, pero una voz la detuvo.

Muévete despacio y con calma, déjame te ayudo. –

Albert se incorporó del sofá dónde estaba sentado trabajando y se acercó a ella para ayudarla a levantarse con cuidado. Había ternura y preocupación en su voz. Para Albert había sido impresionante verla tener que soportar todo ese dolor y no poder hacer nada por ella, su valentía, y coraje lo habían conmovido una vez más, y ahora no quería hacer nada más que mimarla.

Despacio, no quiero que te marees. – le dijo en un cálido y acariciador susurro.

¿Cuánto dormí?

Unas tres horas. –

¿Drew? –

Está tomando su siesta. ¿quieres darte un baño? ¿comer?

Creo que si necesito un baño para despejarme… ¿puedes llamar a Dorothy para que me ayude? –

Sí, espera en el sofá mientras. – le dijo guiándola con cuidado para que tomara asiento.

En un par de minutos Dorothy se presentó y se hizo cargo de Candy mientras Albert salía de la habitación para darle privacidad.

Descendió la escalera y vio el par de nuevos arreglos que habían llegado mientras él velaba el sueño de Candy. Solo puso los ojos en blanco y se preguntó por unos segundos cuantos más enviaría el hombre. Decidió no darle vueltas al asunto y mejor ponerse a trabajar.

Fue a la cocina para ayudar a Margaret a preparar la pasta favorita de Candy y todo lo necesario para la cena, se aseguró de que hubiese fresas, sus verduras favoritas, y cualquier cosa que pudiese tentarla a comer tanto a ella como a Drew.

Puso la mesa y observaba satisfecho el resultado justo cuando Candy descendía las escaleras del brazo de Dorothy y Leena cargaba a Drew. Albert se acercó para ayudarla en el último tramo de la escalera y la guio hasta el comedor.

¿Te sientes mejor?- le dijo mientras le ofrecía su brazo como apoyo, ella lo tomó con naturalidad.

El agua me ayudó a despejar mi cabeza, y creo que ya comienzo a pensar con claridad.

Bueno, ahora debes comer, para poder tomar medicamentos, ven.

Huele increíble…

Había que hacer algo por que comieras.

No era necesario que cocinaras. – le dijo ella plenamente consciente que cada cosa que estaba sobre la mesa era su favorita, y que sin importar lo bien que Margaret cocinara, todo lo que estaba ante sus ojos tenía el toque de Albert.

No lo hice por necesidad, lo hice porque después de lo increíblemente valiente que fuiste hoy tenía que encontrar la forma de recompensarte... Vamos siéntate y comprobemos si aún tengo el toque para esta pasta… no la había hecho en mucho tiempo…

Albert, no tenías que mimarme…

Una vez más no lo hice porque tuviera que, sino porque quería, así que ahora hazme el favor de terminarte todo tu plato. -

Esta pasta siempre te ha quedado increíble, ¿Por qué dejaste de hacerla? – preguntó ella con descuido mordisqueando con placer un cremoso camarón.

Porque me recordaba a ti… ¿quedó rica? – le contestó con simpleza, y preguntó lo primero que le vino a la mente con la intención de no quedarse en silencio ante semejante confesión.

Quedó fantástica… gracias… -

Te llegaron más flores, y además una canasta de frutas. – le dijo él tanteando el terreno.

Eso veo… ¿pretenderá inundarnos con ellas? – la respuesta de ella fue completamente neutra.

No lo sé…pero comamos. – le respondió él restándole importancia al hecho.

Departieron animadamente, mientras alimentaban a Drew a la par, eran una pequeña familia, simplemente pasando una tarde agradable. Cuando estaban en el postre un mensajero llegó buscando a Albert y él dejó a Candy por un rato para ir a atenderlo.

¿Todo bien? ¿qué quería el mensajero? – le preguntó Candy, viéndolo regresar con una leve sonrisa en el rostro.

Eres demasiado curiosa. -le dijo él con una sonrisa burlona.

No tienes que decirme si no quieres. – Candy pretendió indiferencia.

Trajo algo que le había pedido. – le respondió él sin darle más detalles, y Candy decidió no seguir preguntando y concentrarse en su postre.

Después de que terminaron subieron al cuarto de juegos de Drew, pusieron una película infantil y se acurrucaron en el cómodo sillón color gris acero que simulaba ser la cabina de una nave espacial.

Esta habitación te quedó increíble. – le dijo él con sinceridad, observando cada detalle de la que alguna vez había sido su propia habitación.

Gracias, Patty e Isabella me ayudaron… de hecho Isabella hizo el trazo de las paredes, y nos indicó como pintar, por supuesto que los toques de profundidad y eso se los dio ella. -

Wow, no cabe duda que cada día me sorprenden más… yo pedí una jungla, para su cuarto de juegos, pero por supuesto alguien más la pintó….

Isabella es una artista, y bueno, fue terapéutico hacer todo ese trabajo…

Albert no dijo nada, recordando en silencio las razones de porque había sido necesario pintar terapéuticamente, Drew estaba en medio de ellos, acurrucado en el regazo de su madre, pero exigiendo que la mano de Albert estuviese sobre su espalda, acercándolos en silencio, uniéndolos como solo él podía hacerlo.

¿No volverás a preguntar? – le dijo él de pronto.

¿Preguntar qué? – la rubia lo miraba a los ojos confundida.

Preguntar qué fue lo que el mensajero me trajo. – la mirada de Albert era traviesa.

Creo que dejaste claro que no querías decirme… - le respondió ella con un dejo de extrañeza… este Albert no le era desconocido, él hombre encantador, coqueto, interesante, era el hombre del que ella había estado perdidamente enamorada toda una vida, pero hacía mucho que no lo veía.

Así que por fin te has reformado y dejado de ser una curiosa, bien, en todo caso eso debe de recompensarse. - le dijo él extendiéndole un estuche de terciopelo color azul con una enorme sonrisa, en su guapo rostro.

¿Qué es esto? – preguntó ella sorprendida.

Es algo que mandé a hacer para que fuera el regalo de Navidad de Drew y tuyo, sin embargo, no pude esperar, ábrelo. – el entusiasmo en Albert era palpable, Drew se incorporó y observó con atención lo que su madre tenía en sus manos, era un pequeño inquisitivo.

Candy lo vio intrigada, aún faltaba tiempo para Navidad, y se preguntó si acaso Albert no temía que para entonces Drew no estuviese con ellos.

Abrió la caja y desde un cojín negro un magnífico relicario de platino con un intrincado diseño de unos pequeños labios entre enredaderas coronadas con zafiros la observaba, a un lado había lo que parecía un reloj de bolsillo, de diseño masculino, y los labios en él se veían diferentes.

Candy levantó su rostro para buscar respuesta a sus preguntas en Albert. Él le sonrió y le dijo ábrelo. Dentro del relicario había una pintura en miniatura, la misma que un artista callejero hiciera de los tres, meses atrás, justo antes de que Albert se fuera y junto a ella un mechón de rubio cabello, que Candy reconoció con facilidad como uno de los rizos de Drew antes de que la quimio se los llevara.

Es hermoso… ¿son…? –

Es un beso de Drew en el tuyo, y un beso tuyo en el de Drew, y sí, son las réplicas exactas de sus labios a escala.

¿Cómo…?

Sabes de sobra que no voy a revelarte todos mis secretos, al menos no hoy… - le dijo él con una sonrisa velada.

Albert… -

No hay puchero que valga, no te diré como lo hice, ¿te gustó? –

Me encantó… gracias, por lo que significa, gracias por tu atención al detalle, gracias, porque el que sea un reloj de bolsillo es un acto de fe de tu parte… - su voz se quebró con emoción.

Tal vez ni se usen cuando él sea mayor, pero pensé que sería un artículo interesante… -

¿Me lo das ahora porque piensas… que… tal vez…? – era demasiado doloroso poner en palabras lo que pasaba por su cabeza. Sus ojos se anegaron y Albert se acercó más a ella poniendo a Drew en sus piernas, y rodeándola con su brazo, había pretendido que fuese un momento completamente feliz… y sin querer la había hecho llorar.

No. Candy, no lo pensé de esa forma, más bien quería entregártelos hoy como símbolo de la promesa que te hice la otra noche de que lucharemos juntos…y porque quiero que prometamos algo…más allá de lo que hacemos ahora con DAWR, pensé que podemos prometer que cuando Drew esté sano vamos a buscar apoyar con patrocinio directo algunos niños en situaciones extremadamente vulnerables al año…hemos conocido de primera mano esta enfermedad, y sé que conoces las estadísticas, y que los casos de abandono de pequeños enfermos en los hospitales no son pocos, pensé que si en cierta forma adoptamos a uno de esos pequeños al año, es decir estamos ahí, para darles el amor, apoyo y oportunidades que sus padres no quisieron o no pudieron darles… es más, podemos hacer una especie de red de padrinos de niños, familias dispuestas a luchar con esos pequeños por sus vidas… aún no lo aterrizo… pero quiero darle a otros niños las oportunidades y el amor que Drew ha tenido… ¿qué piensas?

No tengo palabras, el regalo es perfecto, el que sea el símbolo de tu promesa para nosotros lo hace simplemente maravilloso, y lo que propones de la red de familias o padrinos, es justo lo que necesitamos como siguiente paso para hacer la diferencia…Gracias, por hacerme parte de ese proyecto, y de mi parte, aunque no tengo un regalo, te prometo que igualmente lucharé a tu lado, hombro con hombro…

Ya me disté el mejor regalo que podrías darme, te lo he dicho antes, y no me cansaré de hacerlo, nuestro hijo, Drew, es el mejor regalo que podrías haberme dado, Candice…eso y tu perdón, el permitirme estar aquí, con ustedes, disfrutándolos, es algo que nunca soñé que podría suceder de nuevo. – ella solo le sonrió, y le dio un beso en la mejilla, como respuesta a sus palabras.

Candy se recargó en su hombro y Drew se acurrucó en los brazos de su padre, Albert los abrazó a ambos, y juntos vieron por un rato la película que habían puesto para Drew, después, cuando el sueño venció al pequeño, los tres se retiraron a obtener el tan merecido y necesario descanso, con los corazones plenos y confiados, en que el futuro aún les deparaba milagros.