Gracias C, por regresarle la coherencia a este cap, en verdad eres irremplazable.
Chicas, hay tantos comentarios, han sucedido tantas cosas, quiero agradecer su apoyo, quiero también decirle que sus lindas palabras son simplemente lo mejor. Gracias por compartir sus historias, Angeles ya te extrañaba, gracias por tu canción, Chikis Sancruz siento lo de tu esposo, tal vez no es reciente, pero lo sentí, guest si me dices el nombre de la plataforma donde Netflix compra sería interesante traducir y adaptar Crónicas, imaginense a un Hemsworth de Albert...jajaja o mas bien a Chris Hemsworth de Albert, candyfan777 y yo creemos firmemente que el es Albert. esos fueron los tres reviews que leí hoy y por lo tanto los que están frescos en mi memoria, pero agradezco a todas y cada una de ustedes por todos sus comentarios.
Las polémicas, ni que decirles, creo en la libertad de expresión, pero si pido respeto, respeto entre ustedes, hacia otras escritoras, se que es difícil a veces, pero es lo mejor.
Espero disfruten de este cap, y C, una vez más no sé que haría sin tí.
Abrazos.
Key Ag
RAA 34
Candy observó impotente a su pequeño arquearse por enésima vez para vomitar dentro del recipiente de acero inoxidable, a pesar de su corta edad, era algo que dominaba ahora, ella quería tomarlo en brazos, pero aún no podía, lo único que podía hacer era sobar su espalda y acariciarlo, mientras le hablaba con palabras suaves tratando de consolarlo.
Albert había tenido que salir por un momento, papeles importantes que requerían de su firma esperaban por él con el mensajero del corporativo. Durante toda la semana el hospital había sido su lugar de morada, serie de quimio, tras serie de quimio, seguida de radiación, Drew se encontraba en una habitación especial, con aislamiento, nadie podía entrar a menos que siguiera toda una serie de precauciones en cuanto a limpieza, ya que los tratamientos estaban diseñados para bajar sus defensas y así darle una mejor oportunidad en el trasplante a la médula de regenerarse con las nuevas células. Aún no les daban los resultados sobre quién era más compatible, pero a más tardar al día siguiente debían de tenerlos.
La semana había sido agotadora, ambos dormían en el hospital y no se despegaban de Drew, alguien de la familia les llevaba comida, ropa, y les daban una oportunidad de salir por una caminata quedándose con Drew, pero ni Candy ni Albert estaban dispuestos a desaparecer por más de 15 minutos. Salían al jardín del hospital y caminaban en silencio alrededor, tomando un poco de aire fresco, y sol, pero se apresuraban a volver.
El dolor de sus costillas había pasado a segundo plano, sin embargo, era consciente de que no podía hacer esfuerzos aún, el médico y Albert le habían dicho que si se lastimaba más tendrían que hospitalizarla, para que tuviera 48 horas de descanso y eso era algo a lo que no iba a arriesgarse. No iba a separarse de su hijo por tanto tiempo.
Albert entró a la habitación y vio las lágrimas que corrían por los ojos de Candy ante la impotencia de lo que estaba sucediendo. Tomó a Drew en brazos para consolarlo, y se sentó en el sillón, con él para arrullarlo, Candy llevó lo necesario para cambiarlo, el pequeño lloraba, y gemía en los brazos de Albert, pero al menos se había calmado un poco. La enfermera entró e hizo el cambio de ropa de cama pertinente, y se llevó la ropa sucia. Albert volteó a ver a Candy y en silencio le hizo un ademán para invitarla a sentarse a su lado.
Ella obedeció, Albert se las ingenió para rodearla con su brazo y permitir que semi cargara a Drew, pero estando él al pendiente de que en un movimiento brusco el pequeño no fuera a lastimarla.
Ella acarició la cabecita de Drew, mientras se acurrucaba en el hueco del brazo de Albert, permitiendo que su fuerza y presencia los consolara a ambos. Sin darse cuenta tanto Candy como Drew se quedaron dormidos, y Albert se encargó de velar su sueño.
Así los encontraron Victor y Katherine, Albert trabajaba cosas en el ipad recargado sobre su rodilla, con su única mano libre, mientras Drew dormitaba mitad en su regazo y mitad en el de Candy, la rubia estaba recargada en el hombro de Albert, su mano estaba recargada en la espalda de Drew y el brazo de Albert la rodeaba.
Albert levantó la vista cuando sintió a los White Rowan entrar. Ambos llevaban la bata y cubrebocas reglamentario, le sonrieron a Albert, y él les devolvió el gesto.
Hola, ¿cómo están? – pregunto Katherine en un susurro.
Ahora bien, hace una hora en crisis total. –
Deben ir a comer, y estirarse un poco… Victor, carga a Drew, amor. – le dijo a su esposo.
¿Está bien contigo? – preguntó Victor viendo a Albert.
Por supuesto, a decir verdad, Candy necesita caminar y tomar medicinas. – respondió dejando su ipad de lado.
Candy sintió cuando quitaron a Drew de su regazo y despertó.
Hola cariño, la saludó su padre.
Papá, mamá… hola.
Trajimos lasaña, vayan a comer tú y Albert, nosotros nos quedamos con Drew.
Pero…
Vamos Candy, está dormido, no nos tardaremos.
La rubia se enderezó con un gesto de dolor, la posición no había sido la mejor. Pero al menos había dormido. Albert advirtió el gesto y le ofreció su brazo para ayudarla a ponerse en pie.
¿Estás bien?
Sí, solo la postura no fue buena idea.
¿Quieres ir con el médico?
No, está bien, vamos a comer.
Candy se acercó a saludar a su padre y a su madre con un abrazo, y acarició la cabeza de Drew, que misericordiosamente aún dormía.
Vayan tranquilamente, cualquier cosa les llamamos. – le dijo Victor tranquilizadoramente.
Déjalo dormir en tus brazos.
Por supuesto que sí hija, no te preocupes.
Albert le ofreció su brazo para ayudarla a caminar, aún le costaba trabajo, y más porque no hacía el ejercicio necesario, normalmente no había tiempo para ello.
Caminaron en silencio, en la estación de enfermeras su madre había dejado todo lo necesario para la comida. Candy hizo ademán de dirigirse a la cafetería, pero Albert la detuvo.
Comamos afuera… -
Hace frío.
Lo sé, pero aún hay sol, y el aire frío les hará bien a tus pulmones, y nos ayudará a despejarnos. Vamos.
Está bien. –
Albert tomó el bolso insulado que Katherine había dejado, y caminó con ella tomada de su brazo una vez más. Buscó un lugar agradable en el jardín y tomó la manta que le había pedido a Katherine que añadiera para extenderla sobre el césped. La tarde era fría, pero seca, y el hermoso jardín prestaba un ambiente agradable, los árboles vestidos de otoño los rodeaban, y en el aire se respiraba ese característico aroma de una deliciosa tarde otoñal.
Ella se sentó con cuidado sobre la manta y Albert hizo lo mismo.
Veo que tenías todo planeado.
Jajajaja, odias comer en la cafetería, y yo también, estaba pensando que tal vez deberías ir a casa, aunque sea por una noche, para que descanses…
No. No lo voy a dejar solo.
No estará solo, yo me quedaré con él.
No Albert, no voy a dejar este hospital si no es con mi bebé en brazos.
Entonces debes tomar más breaks, caminar, tal vez nadar en la piscina de rehabilitación del hospital.
¿Por qué te preocupa?
Porque no estás bien, y dormir en el sofá no ha sido lo más cómodo.
Estoy bien, no te preocupes, recuerda Drew es en quien debemos concentrar todas nuestras energías.
Sí vamos a vivir aquí, voy a cambiar las cosas…
Albert, no hagas una locura.
Conseguir una suite más grande y una cama en vez de un sofá no es una locura.
Tendrían que acondicionar un área por completo, sabes que el lugar es pequeño porque debe estar en aislamiento inverso.
Déjame consultarlo, una solución debe de haber.
Comamos, mira mamá incluyó vino, yo no puedo, pero tú sí. – le dijo la rubia sirviéndole un poco en un vaso de acero inoxidable. Albert lo tomó y saboreó el intenso sabor del líquido color rubí profundo. – ¿cómo estás aparte de agotado?
Estoy bien, preocupado por ustedes. Pero bien… -Albert interrumpió su respuesta porque su celular comenzó a vibrar, observó la pantalla y declinó la llamada, Candy alcanzó a ver que era Allison y dudó si hacer algún comentario.
Puedo regresar con Drew, y te quedas tú para hablar con ella. – comentó a la ligera.
No, no quiero hablar con ella.
Candy acarició su espalda levemente tratando de reconfortarlo, entendía de sobra lo que era intentar hablar con alguien que no estaba presente, no solo físicamente, sino que era una gran ausencia, no tenía que decirle más. La pantalla del móvil se iluminó de nuevo, esta vez era el doctor Martin. Albert contestó y lo puso en altavoz.
Martin, buenas tardes.
Albert, lamento interrumpirlos, sé que es el tiempo que toman para comer y estirarse un poco, pero necesito hablar con ustedes.
Claro, en cinco minutos llegamos a tu consultorio.
En realidad, si les parece iré a dónde estén, ambos necesitan del aire libre. –
Estamos en el jardín, bajo el roble.
Los veré en unos momentos.
Candy suspiró profundo tratando de contener las lágrimas, todos sus sentimientos estaban a flor de piel, como si sus nervios estuviesen expuestos, estaba sensible, Albert la envolvió con cuidado en sus brazos, no era un mero acto de compasivo, él mismo necesitaba su cercanía. Nadie más que ellos entendían todo por lo que estaban pasando. La abrumadora magnitud de la apuesta era una realidad diaria, un juego de vida o muerte, en el cual ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.
Él médico los encontró sentados en silencio.
Martin, buenas tardes, toma asiento, ¿gustas algo? – lo saludó Albert amablemente.
No, gracias, aunque se ve excelente.
Es la especialidad de mi madre… - le respondió Candy suavemente, y ansiosa por escuchar lo que él tenía que decirles.
Sé que están ansiosos, así que iré al grano, tenemos los resultados de histocompatibilidad, y Albert es el más indicado, el porcentaje es alto, de los más altos que podemos esperar en estos casos, y además haremos algo más para deshacernos de las células que pueden provocar la enfermedad de injerto contra huésped. Terminaremos esta semana de tratamiento, revisaremos el porcentaje de células cancerígenas de las que hemos podido deshacernos, si es necesario haremos otra serie más, y después haremos el trasplante.
¿Crees que Drew resista una serie más? – le preguntó ella esperando que no fuese necesario hacer una serie más.
Tiene que resistir, mira, en general sus niveles están bien, el hecho de que ustedes dos estén con él todo el tiempo también le da seguridad y confianza, sé que ha sido difícil, pero si les estoy diciendo que esto es lo que haremos es porque confío en que él estará bien. ¿tú como estás? - le preguntó el médico algo preocupado por ella.
Bien. –
El doctor Rosen me comentó que es necesario que comiences rehabilitación y que descanses. –
No hay tiempo de eso Martin… - comenzó la rubia.
No se trata de si hay tiempo o no, tienes que hacerlo, Candy. – le dijo el médico.
No te preocupes, Martin, por supuesto que hará todo lo que necesite hacer… por cierto, Martin, tengo algunas ideas, necesitamos una habitación más grande, con una cama real para que ella descanse…
Albert, no es sencillo…- le contestó el experimentado galeno consciente de los protocolos del hospital.
Diles que donaré un ala nueva de pediatría, o un laboratorio, lo que sea, pero lo necesitamos ya.
Albert… - Candy trató de hacerlo entrar en razón.
No Candy, ya sé lo que vas a decir, y tal vez si sea prepotente de mi parte, pero tengo, tenemos los medios para hacer esto lo menos difícil posible, Martin, ¿qué podemos hacer?
Creo que sí hablas directamente con el director del hospital obtendrás respuesta… lo complicado es que necesitamos la sala estéril…
¿Se puede construir una?
Nunca me lo he preguntado…
Bien, sé a quién preguntarle, pero supongo que debo pedirle primero permiso al director.
Albert, nada extravagante, solo un poco más de espacio, es todo lo que necesitamos. – le dijo Candy con mirada suplicante.
Bien, solo más espacio, y una cama cómoda para ti, pasaremos los próximos meses aquí… entrando y saliendo...
Mucha gente pasa meses entrando y saliendo del hospital…- Candy se detuvo, con una idea medio germinar.
Albert tomó su mano para hacerle saber que la apoyaría. Y volteó a ver al médico.
¿Son buenas nuestras posibilidades?
Son arriba del promedio en estos casos. – le respondió el galeno conservadoramente.
¿Entonces el trasplante podría ser la próxima semana, o la siguiente?
En el más optimista de los escenarios la próxima semana. Los dejo para que den su caminata, solo quería darles las noticias.
Gracias Martin, en verdad has sido un gran apoyo en este tiempo. – le dijo Candy con una leve sonrisa.
No tienes nada que agradecer, ahora bien, Albert, ¿crees que tus conexiones te consigan una cita con el director del hospital?
Sí, descuida ahora mismo haré un par de llamadas y lo resuelvo. Gracias.
Los dejo, camina unos diez minutos al menos Candy, necesitas recuperarte. – les dijo antes de dejarlos solos.
Candy impulsivamente le dio un beso en la mejilla a Albert, seguido de un rápido abrazo.
¿Quieres explicarme?
Una vez más salvarás el día…
¿A qué te refieres?
Eres compatible con Drew, gracias a ti tenemos esperanza…
Candy, podrías haber sido tú, no hay nada que haya hecho para ser compatible… o él más compatible, ahora vamos, es cierto que debes dar una caminata.
Caminaron lentamente por el patio, ella iba recargada en su brazo, mientras disfrutaban en silencio y armonía los rayos del sol otoñal que entibiaba su rostro. La compañía y cercanía entre ellos era un bálsamo reparador a sus atribulados corazones, después de una vuelta por el jardín volvieron al lado de Drew para consolarlo y trasmitirle fuerza.
Una semana después.
Candy observaba a su alrededor, la nueva habitación se encontraba en una especie de suite privada, ahora había una cama doble junto a la cuna de Drew además de una pequeña sala con cómodos sillones, todo cumplía con las normas requeridas, elaborado con material hipoalergénico, fácil de esterilizar. No le había preguntado a Albert como lo había conseguido, la verdad era que había pocas cosas que Albert no pudiera lograr, muy pocas.
Tenían un buen día, Drew jugaba en la cama, mientras ella trabajaba un poco en su computadora, Albert había salido unos momentos, y ella se sentía un poco más fuerte.
Por un momento dejó su trabajo de lado y observó a su pequeño, era sin duda fuerte, un valiente guerrero que ahora había aprendido a no inmutarse cuando le ponían una inyección o una venoclisis, la luz de sus días, que invariablemente despertaba con una sonrisa dirigida a ella sin importar que tan difícil había sido la noche, ni si tenía dolor. Un adorable angelito que le había sido encomendado, y por cuya vida rogaba a diario, Candy no podía negar que su hijo era una copia de Albert, con sus hermosos ojos azules, los mismos gestos, el mentón fuerte, todo gritaba Andrew, y ella se sentía orgullosa de él. Los médicos esperaban los resultados para tomar las acciones correspondientes, y ella mientras tanto disfrutaba del remanso de paz.
Albert estaba siempre acompañándolos, entregado a ellos, a su comodidad, y ella también buscaba apoyarlo, a veces lo sorprendía con un café, o le daba un leve masaje en los hombros, procuraban distraerse el uno al otro en los momentos que pasaban velando el sueño de Drew, pero, sobre todo, estaban ahí el uno para el otro.
Albert entró a la habitación, vestido con la bata, guantes y cubrebocas reglamentario, observó como Drew y Candy levantaron la vista para verlo, y cómo la mirada de ambos se iluminó con su presencia. Algo dentro de su corazón se conmovió, ahí estaba su pequeña familia, lo que había soñado, no era el escenario perfecto, y en una realidad alterna tal vez estarían esperando su segundo hijo, pero ese pequeño momento de paz, un breve oasis de felicidad era todo lo que tenía ahora, y definitivamente iba a luchar por que nada irrumpiera la paz.
Candy y Drew le sonrieron, y Albert se acercó y se sentó junto con ellos, jugando con Drew, y manteniendo una conversación ligera con Candy, eran esos atisbos de cotidianidad lo que disfrutaban al máximo, olvidando que estaban en un cuarto de hospital, haciendo a un lado el hecho de que su hijo era tan frágil que no podían siquiera soñar con sacarlo a jugar al jardín, ignorando la posibilidad de que su corta vida pudiese ser efímera, y creyendo que había un futuro brillante frente a ellos.
Mientras ellos disfrutaban de la tarde, el celular de Albert vibró, y como ya era hasta cierto punto costumbre cuando estaba pasando tiempos como esos con su hijo y con Candy, simplemente lo ignoró, sin embargo, volvió a activarse un par de veces más.
Albert, tal vez es importante que le contestes. – sugirió Candy.
Acabo de entrar, y quiero pasar tiempo con ustedes.
Candy iba a responderle, y de pronto vio la silueta femenina a través de la ventana que daba al ante sala privada antes del cuarto donde debían lavarse. Y volteó a ver a Albert que aún jugaba distraído con Drew.
Albert. – le dijo ella en un susurro, era raro sentirse observada, el celular de Albert continuaba vibrando. Él levantó la vista de su juego con Drew y volteó a verla, un mechón de cabello se había salido de su lugar, y él inconscientemente levantó la mano para acomodárselo detrás de la oreja, lo cual la hizo enrojecer a ella, sabiendo que estaban siendo observados.
¿Qué sucede? – le preguntó él con extrañeza.
Allison está afuera. –
¿Qué dices? ¿pero quién se cree que diablos está haciendo aquí? – le preguntó Albert levantando la vista molesta, el zumbido de su celular continuaba, y al mirar hacia afuera la vio, impecablemente vestida con una gabardina de excelente corte, color azul marino, zapatillas altas, joyería...
Creí que había quedado claro que este era territorio neutral. – le dijo Candy impaciente sacándolo de sus pensamientos.
Cierto… regreso en unos minutos. – le respondió él con seriedad.
Albert, ella no tiene nada que hacer aquí. - le dijo ella molesta, pero cuidando su tono de voz y expresión por Drew
Lo sé, y voy a solucionarlo.
Albert, no es posible que no entienda que este es un momento privado, y que sí estás aquí es por Drew, no la quiero aquí, y si te vas a ir con ella, entonces te pediré de favor que no regreses, llamaré a Lena o a Charliee para que vengan a apoyarme. -
Candy, calma, no hay necesidad de que te alteres, o te sientas mal, voy a hacerme cargo de acompañarla a la salida, debo hablar con ella y recordarle que no tiene nada que hacer aquí. Mis padres no tardan en llegar, pero, además, no me iré mucho tiempo. Lo prometo. – Albert se veía tenso, apenado de la situación, y molesto, aunque no con ella, eso suavizó el gesto de Candy, y le respondió más ligeramente.
Está bien, no te preocupes por nosotros, estamos teniendo un buen día... pero no tardes ¿quieres? – le pidió con una sonrisa que hizo que Albert sintiera que su corazón flotaba, ella lo necesitaba, a diferencia de los seis meses anteriores que había sido totalmente indiferente y hasta cortante con él, le estaba pidiendo que no se fuera, no habría poder humano que lo moviera de ahí.
Albert besó la cabeza de Drew, y en un acto que se había vuelto común, besó la frente de Candy despreocupadamente. Tomó su celular y salió de la habitación, para encontrarse con Allison. Candy vio la línea recta en su boca y los músculos de su cuello tensarse, estaba furioso, pero ella también lo estaba, no podía creer que esa mujer estuviera ahí. En esos días casi había logrado olvidar que existía, sin embargo, el ver a Albert también molesto por la presencia de su novia, le hizo tranquilizarse, él no los dejaría solos.
Allison se lanzó a sus brazos de inmediato, con la intención de besarlo apasionadamente, ahí, justo frente a la ventana, pero Albert la apartó. Allison sintió su rechazo, pero se recompuso de inmediato.
Allison… - comenzó él con seriedad.
Hola amor, ¿no te da gusto verme? – le preguntó ella en un tono coqueto. Obviamente no le había hecho gracia ver como él deliberadamente ignoraba sus llamadas, ni mucho menos el cuadro doméstico que el trío de rubios representaban esa tarde.
Necesitamos hablar... – le dijo él en un tono serio, que ella ignoró a propósito.
Me escapé, tengo una reservación en el Claridge, pretendo secuestrarte y llevarte a comer – le dijo con una sonrisa.
Allison… - comenzó a responderle Albert incómodo, pero, ni siquiera pudo completar la idea porque en ese momento William y Pauna llegaban.
Allison, creí que no estabas interesada en nada que tuviese que ver con Drew, y por lo tanto el hospital estaba fuera de tu jurisdicción. – le dijo Pauna mientras la saludaba, tenía sentimientos encontrados con respecto a la ausencia de Allison, por un lado, lo entendía, pero por el otro sabía bien, que Albert necesitaba apoyo y compañía, además escucharla decir una y otra vez que Drew no era su asunto había terminado por cansarla.
Hola Pauna, William, vine a robarme a Albert por un rato para distraerlo. - les dijo con una sonrisa.
Allison, tu plan no es viable, pero vamos, tenemos que hablar. - la cortó Albert, mientras inconscientemente volteaba su mirada hacia el interior de la habitación, donde Candy jugaba con Drew, aparentemente ajena a lo que sucedía afuera.
Hijo, ve con Allison, pero no tardes, ya casi es hora de que coman, y que acompañes a Candy en su caminata diaria, es importante que no deje de hacerlo. – le dijo Pauna más por Allison que por Albert, su corazón de madre le decía con claridad que las cosas estaban a punto de cambiar.
Supongo que puede caminar sola por una vez. – le respondió Allison tomando a Albert de la mano, él se soltó.
Dame unos minutos, necesito hablar unas cosas con papá. – le respondió Albert a Allison fríamente, mientras le hacia una seña a William para que lo siguiera.
William caminó con su hijo, consciente de que era lo que estaba sucediendo.
Papá, necesito pedirte un favor.
Dime.
¿Podrías acompañar a Candy, sí me toma más tiempo del necesario hablar con Allison? sé que con todo lo que sucedió no están en los términos de antes, pero… -
No tienes que convencerme, también recuerdo los viejos tiempos, y tampoco olvido que un día la vi como mi hija… más allá de eso, es la madre de mi nieto, así que no tienes de que preocuparte, yo me hago cargo de ella.
Papá…
Haz lo que tu corazón te dicte hijo, Pauna y yo podemos quedarnos con ellos… pero si he de ser honesto, también me parece inapropiado que ella esté aquí. - le dijo William viendo el fastidio en los ojos de su hijo.
Lo sé, y estaba a punto de decírselo cuando ustedes llegaron, es tiempo de poner las cosas en claro con ella y terminar la relación... no se lo he dicho a nadie más, y pretendo aún mantenerlo en silencio.
Entiendo, ve, no te preocupes. – le dijo William con su acostumbrada empatía hacía su hijo.
Albert suspiró profundo, era tiempo de hablar con Allison, no sería agradable, pero debía enfocarse en lo que era importante, debía ser justo también. Su padre le dio unas palmadas en el hombro y él se dirigió a donde Allison y Pauna platicaban. Le dio un beso en la mejilla a su madre.
Mamá… -
No tienes ni que decir nada, sabes bien, que le he tenido todas las consideraciones y atenciones desde hace un buen tiempo.
Solo no quiero que se estrese, ni que se sienta incómoda.
No será así, vete sin preocupaciones, alguna vez fue como mi hija, creo que sé tratarla. Ahora vete. Si te tardas demasiado, yo la acompañaré a comer y a dar su caminata, pero sospecho que no será así. -
Albert sonrió ante la respuesta de su madre, no creyó que se ofrecería a acompañar a Candy voluntariamente, pero al parecer estaba equivocado.
Vamos Allison. – le dijo cediéndole el paso al elevador y abordando detrás de ella mientras lanzaba una última mirada hacia donde se encontraba Candy, su vista esmeralda se encontró con la de él, y ella le dedicó una tímida sonrisa que él correspondió.
Te extrañaba, pero al parecer tú no me extrañabas – le dijo Allison, mientras se abrazaba de su cintura.
Han sido tres semanas complicadas. – le respondió él con parquedad, fastidiado por su tono y maneras insinuantes.
Claro, pero tuviste tiempo de remodelar el hospital. – le reclamó ella separándose un poco.
Era necesario… sabes bien que la comodidad de Drew es en lo único que pienso por ahora, y no veo que el bienestar de mi hijo sea objeto de reclamo.
¿El bienestar de tú hijo o el de su madre?
Allison, no voy a discutir, ni a justificarme, es mejor parar esta conversación, me parece innecesaria y de mal gusto.
Disculpa, tienes razón, es solo que te he sentido cada vez más lejano… -
Ya te dije que tenemos que hablar, pero permite que vayamos a un lugar más privado y permanente que un elevador. –
Allison caminó en silencio al lado de Albert hasta un lugar tranquilo en el jardín. El gesto adusto del rostro del rubio era imposible de ignorar, así que finalmente preguntó
Albert, ¿Porque tengo la impresión que vas a terminar conmigo?
Allison, lo lamento pero solo estaba esperando a que llegaras para poder hacerlo, no me parecía justo ni correcto hacerlo por otro medio, y dadas las circunstancias por la que atraviesa mi hijo en este instante, no puedo permitirme alejarme demasiado, tendremos que dejar todo claro a partir de este momento.
Te amo Albert, he intentado cambiar muchas cosas para apoyarte, por ser parte de tu vida, porque me tomes en cuenta, porque veas un futuro conmigo, sin embargo, no puedo dejar de sentir que entre más lo intento, más lejano te encuentras y más me hiere tu rechazo y siento que no estamos en el mismo lugar frente a esta relación, que ya no soñamos con las mismas cosas y que ya no queda sino los recuerdos de un maravilloso tiempo que pasamos juntos y por un tiempo hasta llegue a pensar que en verdad me amabas, a tu manera pero que lo hacías.
Lo lamento Allison, no tienes la culpa y fui yo el que permitió que esto llegara hasta este punto, no sé qué nos pasó, tal vez solo fuiste un escape, un instante en el que me sentía herido, vacío o tal vez el ser padre me cambio para siempre y me hizo comprender el amor de otras maneras que jamás lo había pensado y contemplado.
No es solo eso, Albert, la amas… - no era una pregunta sino una afirmación.
Las cosas han cambiado Allison, he logrado perdonarla, y somos amigos, antes de ser pareja fuimos amigos, y eso es algo que en medio de las circunstancias que vivimos a los dos nos hace falta.
Yo quería una vida contigo.
Mi vida, ahora y por los próximos meses es lo que ves, este es el momento crucial de toda esta lucha, y no quiero pensar que perdí preciosos momentos de la vida de mi hijo, por nada del mundo… y la realidad es que mi vida jamás será la misma, no puedes volver a tener lo que tuvimos, Drew es una realidad, y ya no soy el hombre libre que puede saltar a un avión y desaparecer por semanas completas.
Ella no está sola, tiene a la familia…
Yo soy quien debe estar, no ellos, más allá de tener que, yo soy quien quiere estar, Allison, no puedo tener remordimientos de nada, tengo que estar seguro de que lo di todo por mi hijo, y mi vida ha cambiado lo siento, esto es todo lo que hay, Allison, mis prioridades han cambiado.
¿Tus prioridades han cambiado, o de pronto una rubia de ojos verdes te ha vuelto a hechizar? - le respondió de pronto ella enojada, porque a pesar de todo lo que había dado, nada había sido suficiente.
Allison...- Albert no quería pelear, entendía que ella estuviera molesta y él era un buen hombre que estaba plenamente consciente de que ella tenía todo el derecho a estar enojada.
Lo di todo de mí, pero tú nunca me permitiste entrar… siempre dejaste claro que serían tú y ella quienes decidieran…Perdí frente a ella, no importa que te haya roto al corazón al final del día, es ella la mujer que amas sin importar nada más.
Creo que no se trata de perder o ganar, se trata de la realidad, la realidad que nos negamos a ver… lo siento, debí decirte precisamente esto meses atrás, debí decirte que las cosas simplemente no podían continuar…
Porque la amas, y te niegas a reconocerlo.
Porque mi corazón está entregado a Drew, porque, la realidad es que he sido injusto contigo, porque nunca podré ser el mismo hombre que era cuando tú y yo comenzamos la relación…
Albert, no nos engañemos, creo que en cuanto ella hubiese aparecido tú y yo hubiésemos terminado… la realidad es que ya no importa, hice lo mejor que pude, di lo mejor de mí, y creo que me quedé demasiado tiempo en esta relación, pero tal como acordamos, no hay reclamos, ni reproches, solo queda reconocer que hasta aquí llegó, sin embargo, te preguntó, ¿qué quieres? Hoy pones punto final a una relación que fue básicamente unilateral y bajo tus términos, pero que ni aun así te llenó… Drew lo es todo… no tengo nada en contra de esa afirmación, pero también te engañas, no solo es Drew, es Candice, y mientras sigas negándote a reconocer que la amas, seguirás haciendo un desastre por donde pases, tal vez es tiempo de que dejes a un lado tu orgullo, y le confieses que la amas, y si no será así entonces tal vez es tiempo de que dejes de jugar a la casita con ella.
En verdad lo siento Allison, no fue mi intención lastimarte, eres una gran mujer, y sé que hiciste todo lo posible por estar ahí, por ser un apoyo, incluso te adaptaste a mí, a mis horarios, a mi amargura, nada de esto fue justo para ti, espero puedas perdonarme. Y en cuanto a Candy, no tengo nada que decir…
No hay nada que perdonar, volveré a mi vida, a mi trabajo, y tú volverás con ella tarde o temprano, y bueno, después de todo lo que han compartido, parece lo más sensato. Deseo de todo corazón que Drew se recupere y que puedan ser felices… no cometas la tontería de pretender buscar a alguien más y termina por reconocer que la amas, y que nunca dejaste de hacerlo… porque por lo visto aún encerrada en el hospital logra tener un pretendiente, no quiero pensar que será el día que vuelva a la escena social.
Las cosas no son sencillas… - comenzó Albert, pero ella lo interrumpió.
Nunca lo han sido, lucha por ella, reconquístala… y dejen de sufrir. – Albert no respondió nada, no había forma de negarlo, pero tampoco podía afirmarlo, no aún, todavía quedaba mucho por recorrer antes de siquiera pensar en una relación con Candy.
Allison se acercó a él y rozó sus labios suavemente, Albert Andrew era un sueño de hombre, pero no era su sueño de hombre, era tiempo de volar. Esa era la despedida. No había marcha atrás, podía sentirse impotente, furiosa, cansada de todo… en silencio maldecía la hora en que Anthony había decidido comunicarle a Albert que era padre, y odiaba a Candice por no haberse largado al demonio… pero eso de nada servía, respiró profundo, sabiendo que ni siquiera valía la pena, al final del día, estaba más molesta consigo misma por haber sido tan idiota, Allison Stephens no necesitaba un hombre en su vida, ya había sido suficiente.
Albert la observó partir y esperó unos minutos para reflexionar, cuando su celular empezó a vibrar.
Necesito hablar contigo… - le dijo Anthony algo nervioso.
Dime
Pues, en realidad no es algo que decidirás tú, pero como tú primo creí que te gustaría saberlo.
Ve al punto, Anthony, no le des vueltas.
El apartamento de Candy esté inundado de arreglos florales, chocolates, etc…
¿Daniel Thompson?
Sí.
No entiendo que es exactamente lo que quieres que te conteste, o que es lo que eso tiene que ver conmigo, ella es quien debe decidir.
Las flores, los chocolates, y demás son fáciles de ignorar, pero no una camioneta de medio millón de dólares.
¿De qué hablas?
Envió a las oficinas una camioneta para Candy, supongo que para reponer la que arruinó en el choque, así que vengo a preguntarle a Candy que quiere hacer con ella.
Regresarla, por supuesto, no va a aceptar nada de ese tipo, ¿qué se cree? Es ridículo que siga enviando cosas ¿qué sigue? ¿Se presentará aquí? No tienes siquiera que preguntarle, a Candy, envíala de regreso. Y contacta a los abogados, esto es acoso, el tipo es responsable de que Candy esté lastimada ahora, y al parecer ahora está infatuado con ella, puede ser peligroso. – Albert estaba consciente de que lo que decía era en sí una exageración, pero no podía evitar sentirse furioso, furia que justificaba con la búsqueda de la seguridad de ella, de su Candy, aunque si estuviese interesado en ser honesto, se hubiese visto obligado a reconocer que en realidad estaba celoso.
Creo mi querido primo que eso no te corresponde decidirlo a ti, sin embargo, te lo comento, para saber si debo cancelar la orden de la camioneta que pediste. – le dijo Anthony calmado, aunque en realidad él ya había hablado con los abogados, se lo estaba informando a Albert porque quería ver su reacción.
No, por supuesto que no, en todo caso la quiero aquí mañana, y por favor no le digas a Candy que Thompson le envió una camioneta hasta que le de la que mandé comprar. ¿Quieres?
Está bien, tienes 24 horas. – le dijo Anthony
¿Es todo?
Por ahora supongo que sí, no podemos demorara mucho, el vehículo acaba de llegar, y no sería bueno dar la impresión de que está pensando aceptarla.
Lo sé, solo te pido algo de tiempo.
Bien, te llamo más tarde.
Albert se dirigió a la tienda de regalos del hospital, en busca de algo con que compensar a Candy por el mal trago, no era él lugar ideal, pero ir a cualquier otra parte tomaría demasiado tiempo. Caminó por la tienda, pensativamente, y al fin se decidió por una barra de Toblerone tamaño jumbo, era una obscenidad, pero también había sido una obscenidad que Allison se apareciera en el hospital de la forma en la que lo había hecho.
Llegó justo a tiempo para ver a su padre acompañando a Candy mientras ella comía en la antesala de la suite, al parecer platicaban cómodamente, y William Andrew estaba en su mejor papel, siendo encantador, atento y haciendo sonrojar a la rubia.
¿Interrumpo? – preguntó absurdamente celoso de ver que alguien más, aunque ese alguien más fuese su padre, la hacía sonreír.
No. Ven, come, y escucha las travesuras que tú padre hacía de pequeño, ahora entiendo porque siempre nos excusaba y levantaba los castigos. – le dijo la rubia con una sonrisa enorme.
Te traje algo, cierra los ojos. – le dijo él agradeciendo que tras su imponente estatura podía esconder un metro de chocolate Toblerone.
Candy no preguntó, simplemente obedeció, estaba de buen humor, no solo por comer con William, y disfrutar de la familiaridad antes perdida, sino porque escasos 30 minutos después de que Allison se había aparecido, Albert estaba de regreso, y además tenía una sorpresa para ella, era como si el tiempo hubiese andado atrás. William se retiró discretamente para dejarlos solos, aunque no dejó de observarlos a lo lejos, la química y chispa de antaño eran palpables, las aguas volvían a su cauce.
Puedes abrirlos. – le dijo él expectante, la rubia observó lo que tenía frente a ella y el deleite se reflejó en su cara.
¿Puedo saber a qué debo este gesto?
Es mi forma de pedir disculpas por el mal rato que te hice pasar con la presencia de Allison, espero que un poco de chocolate te ayude a olvidar. – le dijo él con ternura.
Gracias… siento si me vi demandante, es solo que… -
No tienes ni que disculparte, ni que explicarte, estás en todo tu derecho, y yo te prometí que así serían las cosas, solo dime que me perdonas.
Te perdono, pero no pienso compartir mi chocolate.
Jajajajaja, estaba preparado para escuchar eso, y me temo que lo que voy a decirte me costará al menos otro par de estos chocolates.
¿No pasarás la noche aquí? – preguntó ella con el horrible pensamiento asaltándola.
Por supuesto que pasaré la noche aquí, es solo que tenemos un socio insistente a quien debo dejarle claro que o se dedica a tratar con alguien que no sea yo, o se va con sus inversiones a otro lado. Debo dejarte por un rato en la tarde… lo siento.
Está bien, pero por favor no tardes. – le dijo ella con un semi puchero.
Prometo que no tardaré, si el tipo no quiere entender, simplemente me pondré en pie y le pediré a los abogados que paguen la indemnización por la cancelación del contrato.
Tienes que probar el estofado que hizo Pauna, es simplemente delicioso. – dijo ella tomando una cucharada de su propio plato y ofreciéndosela con naturalidad, como si darle de comer en la boca fuese cotidiano entre ellos.
Albert tomó la cucharada que ella le ofrecía, y comió, después tomó una cuchara propia y asaltó el plato de la rubia.
¡Hey!
Te conozco darás una cucharada más y después dedicarás tu atención al chocolate.
Cierto, está bien te lo cedo. – le dijo empujando su plato hacía él.
Comieron y luego tomaron su acostumbrada caminata, Candy no podía negar que se sentía triunfante, Albert había puesto a Allison en su lugar y regresado penitente junto a ella. Sin importar que la otra rubia se había visto despampanante, era claro que no era competencia. Poco a poco recuperaba el terreno perdido en el corazón de su Albert.
Horas después.
Albert salió de la cita con el socio que se había disculpado profusamente cuando él le explicó la situación personal por la que pasaba y accedió a tratar con sus primos o con cualquier otra persona del corporativo, aliviado de solo haber tomado 40 minutos, abordó el auto, su teléfono sonó, era su madre.
¿Todo bien, mamá?
Sí, solo quería decirte que Patty se quedará con Candy, y que ella comió lo necesario, la acompañé en su caminata vespertina, y tu padre y yo nos aseguramos de que hiciera los ejercicios que necesita hacer para sus pulmones con el aparato especial.
Gracias mamá, no tenías que llamar para darme el reporte. – le dijo Albert con una media sonrisa.
Albert…
¿Sí, madre?
Creo que Allison no debe de ir al hospital, y pensando las cosas, tampoco creo que sea correcto que te quedes con ella en un futuro cercano, si bien Patty se ofreció a quedarse con Candy y Drew, la realidad es que ellos te necesitan ahora…
¿Estás abogando en favor de Candy, madre?
Albert, me he equivocado mucho hijo, y una de esas equivocaciones fue hacerle la guerra a la madre de mi nieto, este tiempo ella ha demostrado que es una mujer fuerte, valiente, excelente madre… como dice la tía Elroy, tu deber es con tú hijo primero, y ella como la madre de tu hijo merece nuestro apoyo, protección… no sé Albert, hoy al observarla con Drew me di cuenta de que es la misma chica que una vez soñé con que fuera tu esposa, y la madre de mis nietos, y si bien no voy a imponerte una esposa, ella es la madre de mi nieto, y eso debe ser suficiente para que yo la respalde… piénsalo hijo…
Ya voy en camino al hospital, por supuesto que no los dejaré pasar la noche solos, pierde cuidado, ya resolví las cosas
Bien, me quitas un peso de encima. Lo que necesites, por favor no dudes en hacérnoslo saber. Tu padre te manda saludos.
Gracias madre, también mando saludos.
Albert cortó la llamada y se preguntó que era exactamente lo que estaba sucediendo, Pauna Andrew estaba abogando por Candy, ¿acaso el mundo se estaba volviendo loco? Pero no solo eso, él mismo sentía su instinto de protección hacia ella crecer, y era consciente de la necesidad que tenía de los momentos tranquilos y cotidianos que pasaban juntos.
La suave e imponente presencia de ella se apoderaba de cada rincón de su vida, su fragancia estaba en sus poros, se despertaba oliendo a ella y se dormía con el aroma de su perfume, tal vez Allison tenía razón y ella lo había hechizado de nuevo, pero, ¿qué más daba? Voluntariamente se reconocía adicto a ella.
