C, gracias, un millón de gracias por tu tiempo, tu esfuerzo y dedicación para este cap, pero sobre todo por tu amistad.

Chicas, un millón de gracias no son suficientes para decirles cuanto aprecio leer cada uno de sus reviews, cuanto me emocionan sus palabras, y como la historia las va envolviendo con su magia.

Me disculpo por no haber publicado ayer, de nuevo me tocó viajar, y pues, no había dado tiempo de dar los últimos toques al capítulo. Espero que lo disfruten, y poder leer cada uno de sus comentarios.

Sé que dije que no quedaba tanto por contar, y que varias preguntaron por cosas que hoy parecen cabos sueltos, sé que estos capítulos mucho han sido Albert, Candy, Drew, pero, ciertamente no las dejaré sin saber todo lo demás, así que tal vez sí faltan varias cosas por contar.

Les mando un abrazo, disfruten de sus familias, vacaciones, y de sus vidas, disfruten cada día, busquen realizar los sueños que tengan por ahí guardados, mímense un poco, dense tiempo para ustedes, como mujeres, muchas veces es fácil posponernos, pero si algo he aprendido en este año y medio que llevo escribiendo es que es deliciosos reencontrarme con la mujer que era, así como abrazar la que soy el día de hoy.

Bendiciones para todas, y las leo hermosas.

Key Ag.

RAA 35

Albert llegó al hospital, antes de entrar a la habitación observó a Drew dormido y a Candy y Patty platicando amena e íntimamente en el sillón, de pronto la vida le presentaba deja vus, Candy y Patty en el penthouse de New York platicando en la habitación de ella, y haciéndolo rabiar, su madre hablando en favor de Candy… ¿qué seguiría? ¿Rose viniendo a visitar a Candy? no, tal vez para eso se requeriría que el infierno se congelase.

Entró en silencio el par de mujeres levantaron la mirada, Albert les sonrió por un momento observando como los años transcurridos solo habían servido para madurar su belleza, ambas tenían 29 ahora, Patty ya no jugaba a ser la asistente de dirección, de hecho ella y Stear eran quienes viajaban la mayor parte del tiempo, ese día Patty vestía sencillamente, no había impresionantes tacones, ni llevaba maquillaje siquiera, estaba ahí para ser el apoyo de Candy, quien por supuesto no necesitaba un recordatorio de todo lo que su vida no era en ese momento.

En cuanto a Candy, Candy estaba simplemente arrebatadora, el dolor, las tribulaciones, el estrés habían pasado factura a su físico, pero se veía una mujer fuerte a pesar de su fragilidad, una mujer valiente, a quien nada amedrentaba ya, una mujer en toda la extensión de la palabra, una mujer que hacía que su corazón se encogiera, y que brincara de felicidad, en pocas palabras, una mujer que lo tenía comiendo de la palma de su mano y ni siquiera se había dado cuenta… pero no, esa mujer podía ser solo su amiga, y la madre de su hijo, nada más, se dijo a sí mismo tratando de convencerse de que ese era un camino que simple y sencillamente no podían darse el lujo de andar.

¿Interrumpo? – preguntó con un dejo juguetón y coqueto que tenía años de no usar con ellas. –

Siempre, pero ¿qué se le va a hacer? – le respondió Patty en tono resignado.

Traje pizza para cenar, también algo de ensalada, pasta...

Entonces, supongo que estás perdonado. – secundó Candy en un tono juguetón que tenía demasiado del tono coqueto de antaño.

Albert puso la cena sobre la mesa, y guardó otras cosas en un pequeño frigobar que tenían para su comodidad en lo que podría ser considerada el área social de la suite. Las chicas se acercaron y Albert sirvió sin preguntar un plato para Candy y se lo pasó, Patty se sirvió ella misma y Albert tomó asiento entre la rubia y la morena, sin preguntar Candy se deshizo de los pimientos de su ensalada pasándolos al plato de Albert y robó del plato de Albert las aceitunas como si nada, ambos se habían servido dos trozos de pizza distintos, Patty observaba en silencio una perfecta coreografía en la que parecían comer el uno del plato del otro como si nada hubiese sucedido.

Está delicioso, tienes que probar este trozo de salmón con aceitunas. – le dijo Candy, mientras acercaba su pedazo de pizza a la boca de Albert y el como si nada comía de ella.

Está increíble, prueba la vegetariana. –

Tiene pimientos. – le respondió la rubia con un puchero observando el trozo que le acercaba él.

Cierto. – respondió Albert mientras retiraba al intruso vegetal y le acercaba a la boca la pizza. Candy mordió y un poco de salsa de tomate manchó la comisura de su boca, Albert lo limpió con su pulgar, y como si nada lo llevó a los labios de la rubia que simplemente limpió la salsa con su boca, y le ofreció un trago de la botella de Perrier que compartían como si no hubiese otras 10 en el frigobar.

Patty los observaba incrédula, era fascinantemente incómodo, tan íntimo, tan personal, tan inconscientemente sexual, ahí estaba de nuevo esa perfecta sincronía de antaño. Decidió hacer una pregunta a quemarropa que definitivamente sacó a los rubios de su burbuja.

¿Y bien, Andrew, satisficiste a tú mujer? ¿o por fin se cansó y te dejó? – preguntó Patty en el mismo tono provocador que solía usar para el playboy que algún día había sido Albert Andrew, pero que hoy definitivamente no lo era más.

Patricia O´Brian… - comenzó a responder en tono indignado, pero Patty lo cortó.

Albert Andrew, al parecer era tanta su necesidad de que no pudo aguantarse las ganas y tuvo que venir a buscarte al hospital.

Patty. – le dijo Candy suplicante.

Es la verdad Candy, la mujercita jamás se ha interesado por Drew en realidad, la he escuchado decir una y otra vez que ella no quiere hijos, y ya sé que Drew tiene una madre, pero en mi lógica la mujer debería al menos dejar a Albert cumplir con lo que tiene que cumplir sin venir a llamar a la puerta solo porque de pronto recordó que tenía una pareja.

Gracias por tus opiniones abiertas sobre Allison. – le respondió Albert neutral, no era el momento o el lugar para hablar sobre el tema.

Como siempre puedes confiar en mí para ser honesta, mi querido Albert. – le dijo ella con una sonrisa sarcástica.

Y entonces Patricia, ¿para cuando será la boda? O de plano aún no decides si mi querido primo te conviene. – contraatacó Albert.

Pues… no sé, hay que evaluar bien a los Andrew antes de unirse a la familia. – le respondió ella con una encantadora sonrisa que hizo sonrojar a Candy.

Patty…

Albert sabe que es broma… así como yo sé que muere por que me case con Stear, para que al fin forme parte de la familia, ahora bien, llegaste, ¿pasarás la noche aquí? ¿vienes de visita? –

Por supuesto que pasaré la noche aquí, y para tu información vengo de una reunión de negocios, las cosas con Allison las resolví esta tarde… pero si logras convencer a tú amiga de que vaya a dormir a la casa, aunque sea por hoy y te quedas con ella, pues entonces, puedo ayudarte a convencer a Stear de que ya te entregué el anillo de una buena vez. - le dijo Albert mientras retiraba un pimiento que Candy había pasado por alto de la ensalada de ella y le cedía tres aceitunas negras que había dejado olvidadas, aunque a él le gustaban, sabía que ella era prácticamente adicta a ellas, tomó una y la puso cerca de la boca de Candy, y ella sin más la tomó de sus dedos rozándolos con sus labios.

No iré a dormir allá, lo sabes. – le dijo Candy a modo de respuesta, mientras sin preguntar ofrecía pasta en su tenedor a Albert, que él comió como si nada.

Dios, ustedes no tienen remedio. – dijo Patricia genuinamente divertida con lo que veía -Ya la escuchaste, no se irá, sin embargo, vendré mañana… por cierto, ¿qué decidiste sobre la camioneta, Candy? – Patty sabía perfectamente que ese era tema escabroso, pero quería ver la reacción de Albert.

No he tenido tiempo de pensar en eso, ni de ir a la agencia, por lo pronto usamos al de Albert… cuando todo esto haya pasado pensaré en comprar otra.

¿Comprar otra? ¿Acaso no te llamó Anthony esta tarde? – preguntó Patty inocentemente.

Albert clavó su mirada en Patty tratando de impedir que ella siguiera con el tema. Pero la castaña hizo como que no se percató de ello.

¿Qué tiene que ver Anthony con mi camioneta? – le preguntó Candy sorprendida.

Él fue quien la recibió, y me dijo que te preguntaría que hacer con ella.

¿Qué recibió? –

Candy… - Albert interrumpió a Patty, tendría que confesar. - Daniel Thompson ha seguido mandando flores y regalos, pero obviamente no los iban a traer hasta acá, sin embargo, envió un regalo que no se puede ignorar… mandó una camioneta nueva, Anthony iba a decírtelo hoy, pero le pedí que no lo hiciera, porque yo tengo una sorpresa para ti…

¿Una camioneta nueva? ¿pero que le pasa a ese tipo? ¿quién le compra una camioneta nueva a una perfecta desconocida?

Un hombre interesado en que le des una respuesta. – le dijo Patty

¿Una respuesta? – Candy desvió su atención de Albert a Patty

Es obvio que está interesado en ti. – le explicó Patty, de alguna forma Candy siempre había sido obtusa para darse cuenta de esas cosas. Patty aprovechó para ver de reojo a Albert, quien no se veía nada feliz en realidad. Ahí estaba de nuevo esa expresión de posesión y celos que siempre disimulaba bien, pero que Patty había aprendido a reconocer a la perfección.

Patty, por Dios, me vio por 30 minutos, toda ensangrentada, y prácticamente en estado de shock, además sabe que tengo un hijo… y vio llegar a Albert de quien seguro piensa que es mi esposo…

Olvidas algo, todo mundo sabe quienes son ustedes, y ha sido tema de prensa su relación… así que creo que sabe perfectamente que Albert no es tu esposo, por otro lado, el hombre tiene tres hijos, es dueño de una compañía aérea…

¿Tres hijos? ¿viudo?

Divorciado, y por si no lo viste bien, bastante guapo.

Es un regalo inapropiado Candy…- intervino Albert.

Te ahorrarías el comprar una nueva, no por el dinero, sino por tomarte el tiempo de buscarla. – le dijo Patricia provocando al rubio.

No necesita ahorrarse el tiempo de nada Patty, ya me hice cargo de eso. – la cortó él secamente.

¿De qué te hiciste cargo? – preguntó Candy viéndolo de pronto.

De tu camioneta, era una sorpresa, por eso le pedí a Anthony que no te dijera nada de la de Thompson aún, estoy gestionando todo para que mañana mismo nos la entreguen. – le dijo él seguro de sí mismo.

Alto, ¿tú le dijiste a Anthony que no me dijera?

Que te dijera hasta mañana…

¿Me crees tan imprudente como para aceptar un regalo así?

No Candy, no es eso, es solo que no quería que pensarás qué porque el tipo te envió una camioneta, que por eso yo hice lo mismo… hace dos semanas que pedí tu camioneta, pero como pedí que le agregaran algunos sensores y cosas, personalizadas, por eso es por lo que aún no llega… -

Patty observó al par de rubios hacía mucho que no los veía de esa forma, tan relajados el uno con el otro. Seguían alimentándose el uno al otro, pendientes de cualquier necesidad, la comunicación fluía sin palabras, anticipaban cada movimiento, y deseo.

Llama a Anthony, y dile que regrese de inmediato ese vehículo, parecerá que estoy considerando aceptarla. – le dijo Candy con cierta preocupación.

¿No considerarás concederle un café o algo? – preguntó Patty más por ver la reacción de Albert que por la respuesta de Candy, que seguramente sería negativa.

Patty, no me interesa en este momento meterme en esos líos, además, enviar todo lo que envía me parece sumamente inapropiado.

Tal vez deberías llamarle tú.

Yo no tengo tiempo para eso.

Puedo pedirle a Anthony que hable con él y le diga que se mantenga alejado. -respondió Albert.

Francamente, ¿cómo reaccionarías tú si eso te contestarán? – preguntó Patty

¿A qué te refieres?

Daniel Thompson es muy de tu estilo Albert, para él el que el amigo, el primo, o quien sea le diga que se mantenga alejado solo lo hará querer seguir en la cacería, es un reto, un reto bastante interesante, a decir verdad. –

Albert reflexionó en honor a la verdad, un "no" para él era un reto.

Tienes razón… -

¿Estás diciendo que debo llamarle? - preguntó Candy tratando de seguir la línea de pensamiento de su amiga y del padre de su hijo.

Escribirle una nota rotunda. Y la mandaremos junto con un chofer y la camioneta de regreso, así como con nuestro abogado dejando claro que estamos preparados para tomar acciones legales en su contra, ya que esto raya en acoso. – le dijo Albert práctico.

¿Patty?

Solo a ti te corresponde decidir, amiga mía, pero si me lo preguntas, creo que deberá ser frente a frente, no solo una nota, los dejo, que descansen, gracias por la cena. – le dijo dándole un beso en la mejilla a Candy y otro a Albert.

Te acompaño hasta tu auto. – le dijo Albert.

Stear está abajo, no te preocupes. –

Aún así, permíteme acompañarte, ahora vuelvo Candy, ¿necesitas algo? – le dijo a la pecosa mientras salía de la habitación.

Ella se sonrojó por un momento… tenía un antojo, pero no se atrevía a pedírselo… tal vez mañana que vinieran sus padres.

¿Qué sucede?

Nada, olvídalo, acompaña a Patty.

Dime que es lo que quieres, no tienes porque, apenarte.

Helado… - le dijo ella haciendo un pequeño puchero.

Albert le sonrió, era la primera vez en más de un año juntos que ella le expresaba un antojo de algo.

¿Triple chocolate?

Sí… y…

Menta con chocolate. Están en el refri, junto con las demás golosinas.

Los ojos de la rubia se abrieron desmesuradamente ante la sorpresa.

No te había dicho que quería eso… gracias… tal vez es tarde para comer helado.

¿Cuándo ha sido eso impedimento para algo? Empieza con el helado, no tardo, tal vez quieras escoger una película. – le dijo sonriéndole de nuevo y saliendo de la habitación con Patty.

Albert caminaba con una sonrisa de oreja a oreja al lado de Patty cuando la morena se detuvo abruptamente y lo encaró sin más.

No juegues con ella. –

No sé a de que hablas

De pronto eres todo lindo, condescendiente, ahí vas a cumplirle antojos y comprarle una camioneta personalizada, le sonríes como si fuera la única en el mundo, le das de comer en la boca, le cedes tus aceitunas como si nada y le espantas los pretendientes, seguirán mil y una tonterías más, pero un día les dirán que Drew está bien, y tú iras a hacer tu vida con Allison.

Patty no es lo que piensas, ella y yo hemos hablado, somos amigos de nuevo…

Albert, son un par de ciegos, eso es lo que son, ustedes nunca fueron amigos realmente, pero de nada sirve que te lo recuerde, haz como mejor te parezca, solo te advierto, qué, así como fueron super duros para juzgarla a ella, así seré yo contigo sí la lastimas.

No tienes de que preocuparte Patty, todo es por el bien de Drew, y por el nuestro, extrañábamos esa conexión que siempre tuvimos, y bueno, el tiempo ha pasado…

¿Qué opina Allison?

Patty… - Albert no estaba listo para dejarle saber a nadie que había terminado con su relación.

Está bien, no me contestes, pero no seas ingenuo, que esa mujer haya aguantado tanto es solo porque quiere algo serio contigo, de no ser así, te hubiese mandado muy lejos en el segundo en que llevaste a Drew y a Candy a vivir contigo. Ahí está Stear. Le compraste helado y dos mil golosinas ¿cierto?

Sabes que apenas come, pensé que podría tentarla, y no me equivoqué. – le respondió Albert con una sonrisa orgullosa plasmada en su impíamente guapo rostro.

Patty alzó los ojos al cielo preguntándose cuando se darían cuenta de nuevo. Stear solo le sonrió y apretó su mano.

Excelente forma de ganar puntos mi querido primo. Thompson envía miles de cosas tratando de adivinar con que puede llamar su atención, pero, tú la conoces a la perfección… buen juego. – le dijo Stear que se había acercado y escuchado la conversación.

Stear. – El tono de fastidio del rubio era más que evidente.

Está bien no más comentarios, que disfruten de su noche, tal vez puedan ver Casablanca. – insistió Stear sin miedo a represalias.

Albert no le dijo nada, solo le dio un pequeño golpe en el brazo, besó a Patty y le dio la mano a Stear.

Tal vez te convenga decirle que no cuando al fin te pida casarte con él. – dijo con una sonrisa burlona antes de entrar al hospital.

JA JA JA, muy gracioso Albert, sabes bien que está más que loca por mí, así que dirá que sí.

Es demasiado buena para ti hombre. – le respondió Albert entrando en el elevador.

Stear rodeó con su brazo a Patty y los dos caminaron hacia el estacionamiento.

¿Le dijiste de la camioneta a Candy?

Por supuesto, no sé porque Anthony le hace caso a Albert, es algo que le corresponde decidir a ella, no a él.

Sabes que Anthony quiere verlos juntos.

Sí, y nosotros también, pero creo que le toca sufrir un poco a Albert, ya sé que todo fue horrible, pero ella ya pagó penitencia, ya pidió perdón, y él sigue estúpidamente enamorado de ella, pero no deja a Allison… -

Amor, todo a su tiempo, terminarán juntos, y está vez, después de todo lo que han pasado será para siempre.

Eso espero Stear, debiste verlos hoy, verlos comer juntos es casi erótico. –

¿Te dio buenas ideas?

Jajaja, no es eso, es solo la sincronía, la forma, le dio sus aceitunas.

¡No! Seguro eso es ya compromiso seguro. – le respondió Stear en broma.

Ok, búrlate y me quedaré en casa de mis padres.

No puedes, eres adicta a mí. – le dijo el apuesto castaño atrayéndola a él para besarla. Patty le correspondió con pasión, lo amaba, y él a ella, todo era perfecto, y lo que los demás no sabían era que ellos se habían casado seis meses atrás ante un juez, solo habían decidido esperar para dar la noticia cuando Drew estuviese bien. Estaban tan seguros y enamorados, que no necesitaban nada más que saber que se pertenecían en todos los sentidos posibles, y el secreto era en sí una muestra más de su perfecta complicidad.

Albert regresó a la suite y encontró a Candy esperándolo con un enorme bowl de helado.

¿Quieres ver una película? – le preguntó él tomando la cucharada de delicioso helado de menta que ella le ofrecía.

Compraste de todo. – le dijo ella con un poco de asombro.

Te conozco, sé lo que comer helado y ver una película implica para ti. –

Ella le sonrió y le ofreció un pastelillo de chocolate, él se sentó a su lado y buscó una película para ver en la tv, ella se acurrucó en su hombro, mientras comían relajadamente, viendo la película. Esa noche cuando se fueron a dormir, se acomodaron un poco más cerca, ella aún tenía que tener cuidado, pero sus costillas iban sanando.

Albert la sintió moverse inquieta a su lado, tratando de no despertarlo, él extendió si mano para tocar su brazo haciéndola sobresaltarse.

¿Qué sucede? - su voz profunda la envolvió

No puedo dormir, tal vez fue demasiada azúcar…

Jajajaja. – Albert rio por lo bajo. - ¿Tal vez? –

Bueno, fue demasiada azúcar, tenía no sé, tal vez desde que vivíamos juntos en New York, que no comía así.

¿Quieres que te ayude a dormir?

¿Cómo lograrás eso? – le preguntó ella de pronto curiosa.

Abrazándote, es la mejor forma de bajar tu hiperactividad. – le dijo él acercándose a su lado de la cama con cuidado, la conocía tan bien.

¿Lo harías?

No me dejarás dormir si no lo hago. – le respondió él burlón, pero ya pasaba su brazo por debajo de la nuca de ella y la acercaba a él con cuidado, reposó su otro brazo sobre la pelvis de ella y con la otra mano acarició su cabello.

Duerme, mañana puedes tener otra sobredosis de azúcar si gustas. –

El masculino aroma de él golpeó sus sentidos, en parte su cercanía era una tortura, pero su calidez y fuerza terminaron por ser relajantes, y ella se quedó dormida en sus brazos, no sintió cuando Albert deshizo el abrazo con cuidado temprano en la mañana para a atender a Drew. Ni tampoco se dio cuenta de que él trazó con cuidado las suaves líneas de su rostro, en un gesto acariciante.

Mientras la contemplaba Albert pensaba: Candy… mi Candy, henos aquí de nuevo preciosa, ¿porqué será que la vida insiste en empujarnos el uno a los brazos del otro? Lo cierto es que todo el enojo y el dolor se han esfumado, y estoy aquí, hipnotizado por ti nuevamente, deseando poder compartir una vida a tu lado, y a la vez renuente a dar mi brazo a torcer… simplemente porque te amo tanto que me asusta admitirlo, además aún tenemos tanto que hacer, tanto que luchar, nuestra prioridad y para lo único que tenemos energías es para Drew, pero tal vez cuando todo esto haya terminado, tal vez entonces puedas amarme de nuevo, tal vez entonces, pueda confesarte al fin, que nunca dejé de amarte…

Buenos días. – la saludó cuando la vio abrir los ojos.

Buenos días, no te dejé domir, ¿cierto?

Dormí muy bien, pero me desperté porque Drew se puso un poco inquieto, sin embargo, logré que se durmiera. ¿Quieres algo especial para desayunar?

Apenas voy despertando, y ayer comí demasiado… -

Tienes que alimentarte… ¿Waffles belgas? ¿Fruta? ¿huevos? ¿tocino? Pediré de todo, y comes lo que quieras, lo que no, buscamos a quién regalárselo.

¿Pedirás?

Le estoy diciendo a Margaret que extrañamos su cocina, Charliee nos lo traerá. Anda ve a bañarte, hoy te quitan la férula de la muñeca, y debes comenzar terapia, ya organicé los horarios para que sea tarde cuando Drew ya duerma, ¿te parece?

Candy lo miró confundida, tratando de entender su estado de febril actividad.

¿Albert?

¿Sí?

¿Todo bien?

Sí, es solo, que tal vez la próxima semana podrás cargar a Drew de nuevo. Pronto debemos tener respuesta de los exámenes de Drew, pero él ha estado estable, así que seguramente podremos proceder con el trasplante… - Albert quería agregar que, además, despertar al lado de ella simplemente lo ponía de buen humor, pero se abstuvo de decir nada.

Voy a darme un baño, me parece perfecto que estés tan entusiasta… estaba pensando en Daniel Thompson…

¿Qué pensabas? ¿Pedir una orden de restricción?

No, pensaba que tal vez si hablo con él en persona, deje de hacer todo eso.

¿Hablar con él en persona? No hablas en serio…

Como bien te dijo Patty ayer, es un hombre que no está acostumbrado a que le digan que no…

Mis abogados le harán entender el no.

Solo pensaba en voz alta… aún no tengo la idea clara… ¿pero llamaste a Anthony cierto?

Sí hoy mismo le regresan la camioneta.

Gracias.

No tienes que agradecer nada.

Tengo que agradecer muchísimas cosas Albert, estas tres semanas has hecho demasiado por nosotros.

Es mi hijo, y eres su madre, mi amiga… -La mujer a la que he amado como a ninguna otra. – pensó Albert. – Date un baño, sí, quieres ver a Thompson en persona, pensaré en la forma de coordinarlo. – No podía creer lo que estaba diciendo en voz alta.

¿Hoy mismo?

Si eso es lo que quieres te conseguiré una cita, pero creo, que sería bueno que alguien te acompañe.

Tal como te dijo Patty, eso solo lo hará empeñarse más… iré yo sola, le pediré a Charliee que le diga que quiero verlo hoy a la una.

Si eso quieres, no tienes que decírselo a Charliee, hoy te consigo la cita.

Candy le sonrió y le dio un impulsivo beso en la nariz, pero, su movimiento fue demasiado brusco, perdió el equilibrio, y terminó entre sus brazos, con un agudo dolor en su costado.

¿Estás bien? – le preguntó él preocupado.

Sí, lo siento, fue un impulso. - le dijo ella sonrojada, deshaciendo su abrazo y dirigiéndose al baño.

Dejó el agua caliente correr por su cuerpo, y después se vistió un poco mejor que de costumbre, por dos sencillas razones, la primera, era la excusa, tenía cita para que el quitaran al fin la férula, dos, Albert…

El mundo parecía sonreírle, y reacomodarse a su alrededor, Candy era consciente de que lo amaba, y que no quería a nadie más a su lado, él era el padre de su hijo, juntos eran una familia, y ella iba a luchar contra quien fuese para recuperarlo. Una vez había jugado a ser la amiga, con tal de no alejarlo, pero hoy, siendo una mujer sabía como jugar a ser la amiga para acercarlo y retenerlo a su lado… No… él solo estaba ahí por Drew, Candy suspiró, pero aun así puso una sonrisa en el rostro, qué Albert estuviese ahí por Drew era todo lo que necesitaba.

Salió del baño con una camisa de fino algodón color blanco, jeans deslavados, y su cabello suelto. Llevaba los discretos y pequeños aretes que Albert había comprado para que Drew le regalará en su cumpleaños, un poco de rímel, y algo de brillo en los labios daban color a su pálida piel cremosa.

Albert la observó tomar el cepillo para hacerse cargo de sus rizos, pero él intervino.

Yo te ayudo. – le dijo en un susurro, Drew aún dormía plácidamente.

Candy se sentó obedientemente en la silla dándole la espalda, Albert hundió sus manos en su abundante y suave cabellera y con cuidado se deshizo de los nudos. El contacto de sus dedos masajeando su nuca y cuero cabelludo era delicioso.

Si no fueras un as en los negocios podrías dedicarte a esto.

A ser tú masajeador personal.

Jajaja, no a ser estilista, desenredador de cabello… - Drew se despertó y llamó a su madre, ella se incorporó y fue hasta él. -Hola mi amor…- le dijo abrazándolo con cuidado, y deseando con todo su corazón poder cargarlo y sentirlo. Una lágrima de deslizó por su mejilla.

¿Qué pasa princesa? – preguntó sin fijarse en su combinación de palabras.

Quiero cargarlo… él quiere que lo cargue, quiero sentirlo cerca, apretarlo contra mí…

Hoy te quitan la férula…

Sí, pero no podré hacerlo hasta que mis costillas estén bien, lo sabes…

Tengo una idea. – le dijo él ante la obvia necesidad de sus dos amores.

Tomó a Drew en brazos y se lo acercó, manteniéndolo en el aire.

Abrázalo, yo sostengo el peso. –

Candy se acercó con cuidado y abrazó a Drew lo más apretadamente que pudo, sin importarle que las manos de Albert quedaron aprisionadas entre sus pechos y el cuerpo de Drew. El pequeño rodeó a su madre con sus brazos y se negó a soltarse.

Mi amor, te amo, mi niño. – le dijo ella

Amo mami. – le respondió el niño con su pequeña vocecita ronca.

Debes soltar a mami, Drew, yo te cargo. – le dijo Albert al darse cuenta del dilema en el que se encontraban.

Danos un minuto más. – le dijo Candy.

Está bien. – respondió el rubio sin muchas más opciones, lo único que quería él hacer era envolverla en sus brazos junto con su hijo y protegerlos contra todo.

Cuando por fin Drew cedió y dejó que su padre lo acunara, Candy los abrazó a ambos con cuidado, y Albert la rodeó con su brazo libre. Disfrutaron de la cercanía, de ese momento de intimidad, los tres estaban hambrientos de contacto físico, y la calidez de ese abrazo era reconfortante.

Al fin Drew se cansó y pidió algo de comer, Albert y Candy deshicieron el abrazo, un poco renuentes, ajenos a el par de enfermeras que habían detenido su entrada al verlos así abrazados.

A las 12:30 Rob esperaba por ella en la planta baja.

- ¿Estás segura de que no quieres que te acompañe? – preguntó Albert.

- No es necesario, puedo y quiero hacerme cargo de esto, no tardo.

- Bien, cualquier cosa me llamas. – le dijo como si en realidad pudiese hacer algo a la distancia.

Candy se acercó para despedirse de él y de Drew con un beso, descendió para encontrarse con Rob, quién le abrió la puerta mientras ella con cuidado abordó el auto, Albert había pedido que enviaran la camioneta de vuelta al mismo tiempo, y ahora ella iba a ver de frente a Daniel Thompson.

Iba sencillamente arreglada, consciente de que no era la mujer despampanante de otra vida, sino una joven madre que luchaba día con día por la vida de su hijo. Entró en el imponente edificio que albergaba las oficinas centrales de una de las aerolíneas más grandes del mundo, se dirigió a recepción y antes de que pudiera presentarse la atractiva joven que se encontraba ahí la saludó.

Señorita White-Rowan, mi nombre es Vivian, es un placer recibirla, haga el favor de acompañarme, ¿le ofrezco algo de beber?

No, Vivian, muchas gracias.

Bien, por aquí por favor.

Candy abordó el elevador y se dejó conducir, esperaba que la llevaran a la oficina de Thompson, pero en lugar de ello, el elevador se abrió en la terraza del edificio, donde un magnífico roofgarden presentaba una agradable escena, y en medio de él, una mesa dispuesta a la sombra.

Un hombre apuesto, de cabellos castaños se acercó a ella, vestía un impecable traje de día color azul acero, su cabello estaba cuidadosamente recortado, su barba arreglada con esmero, y su masculina fragancia inundó sus sentidos a pesar de encontrarse al aire libre. Caminó hasta ella con aplomo y galantería.

Candy respiró profundo, al parecer el hombre sería más difícil de lo que había pensado.

Mi estimada señorita White-Rowan, agradezco que haya decidido honrarme con su presencia. -le dijo mientras tomaba su mano y la besaba.

Señor Thompson… -

Daniel, por favor.

Daniel, creo que hay un malentendido, pedí una cita con usted, pero esperaba ser recibida en su oficina. - su gesto era serio

Este lugar tiene una mejor vista, ¿no lo cree, Candice? - le respondió el hombre galantemente.

Señor Thompson, seré clara, vine a entregarle personalmente el vehículo que envió…

¿No le gustó el color? Eso tiene remedio. – su pose de Don Juan la exasperaba.

Daniel, no se quién piensas que soy, pero no necesito que me trates como una chiquilla caprichosa, el que enviaras un vehículo fue inapropiado, así como lo fue inundar el departamento y el corporativo con flores y regalos, si bien, debí desde un principio dejarle en claro que no tenía interés alguno en sus atenciones… - Daniel Thompson estaba gratamente sorprendido, lo que había empezado como un pequeño juego, una obsesión, de pronto se había vuelto más apremiante, ante él no tenía una chiquilla que se dejaba seducir, o que estuviese dispuesta a coquetear con él, sino una mujer en toda la extensión de la palabra.

Ni siquiera me conoces, Candice, dame una oportunidad. – le dijo con su acostumbrada seguridad, pero eso no la amilanó, toda una vida de tratar con Albert le habían acostumbrado a todo lo que Daniel representaba ese día, con la diferencia de que sus sentimientos hacia Albert eran muy distintos a los que él hombre frente a ella le producían.

No sé quién piensas que soy, o cómo reaccionan las mujeres a tus regalos, ni qué tipo de mujeres busques normalmente, pero a riesgo de sonar soberbia, te recordaré que soy Candice White-Rowan, nada de lo que has enviado me deslumbra, y no porque lo tenga en poco, sino porque habiendo crecido rodeada de extravagancias, la verdad es que nunca me importó, creo que si quieres hacer algo positivo por la humanidad, bien puedes buscar una buena causa y donar el dinero que tontamente has gastado en mí, si se trata de retribuciones, retribuye a los necesitados, seguro eso mejorará tu karma, o bien, gástatelo en lo que gustes, corbatas, perfumes, no sé, lo que acostumbres, pero por favor deja de tratar de deslumbrarme, siendo hija de quien soy, te aseguro que lo material es lo de menos para mí…

Mi intención no fue comprarte, si lo sentiste de esa manera, te pido una disculpa. -

Daniel, seré franca contigo, no me interesa, no tengo tiempo, sabes que tengo un hijo, y creo que no te has molestado en investigar nada más…

Sé que tiene dos años, y que es hijo de Albert Andrew. – le respondió él con seguridad que solo provocó en ella una leve sonrisa amarga y lo sorprendió con su respuesta.

¿Sabes que tiene leucemia? ¿sabes que estamos en la fase decisiva de su tratamiento? ¿sabes que gracias a tu imprudencia al conducir mi vida ha sido mucho más complicada de lo que ya es? ¿sabes que ni siquiera puedo tomar en brazos a mi bebé? No, por supuesto que no sabías nada de eso, y no es relevante para ti, te pareció divertido conquistar a la mujer que chocaste, y tal vez otras han caído en tu juego, pero yo no, no vine aquí para comer contigo, vine aquí para dejarte claro que no estoy interesada. -

Su respuesta y su aplomo lo sorprendieron genuinamente, ciertamente no había hecho bien su trabajo de investigación, y por primera vez su pose cambió, y su gesto confiado se volvió humilde, comprendiendo de pronto que se había portado como un imberbe mozalbete de 16 años, como un arrogante casanova que cree que se puede comprar a las mujeres con regalos, y era claro que estaba muy equivocado al respecto de ella, se sentía apenado, ridículo, genuinamente arrepentido de su presunción y soberbia.

Candice, discúlpame, tienes razón, fui completamente inoportuno, no he tenido tacto, e incluso he sido grosero por asumir cosas, pero te ruego que me permitas expresarte mi arrepentimiento…

Daniel, cuando la vida de alguien consiste en esperar que tu hijo sobreviva un día más, todo lo demás es superfluo, no vine por una disculpa, sino a pedirte que dejes a un lado esa absurda idea de conquista, en verdad no soy mujer para ti, y tu tampoco eres hombre para mí.

¿Cómo lo sabes si...?

Por Dios, simple lógica, tú estás divorciado y tienes tres hijos además de un negocio multimillonario, yo tengo un bebé muy enfermo, muchísimo trabajo, y al padre de mi hijo conmigo las 24 horas desde que me embestiste, créeme, no es sensato, gracias por las flores, gracias por los chocolates y todo lo demás…

Daniel Thompson observó a la hermosa mujer que tenía delante de él, para ser honesto, que ella hubiese ido a enfrentarlo la volvía aún más fascinante, y estaba seguro de que era una mujer que valía la pena conocer.

Candice, no insistiré, al menos no por ahora, pero espero que el día que tu hijo esté fuera de peligro, me des una oportunidad, por ahora respeto tu decisión, gracias por venir, y en verdad perdona mi imprudencia, altanería y demás, me has recordado que las mujeres que valen la pena requieren mucho más que regalos para ser conquistadas, por favor, no dudes en llamarme si puedo servirte en algo, lo digo sin doble intención, sino con todo el respeto y admiración. Permíteme acompañarte a tu auto, supongo que tu chofer te trajo.

Gracias, no es necesario que me acompañes, pero antes que nada, quisiera que te quedase muy claro que, soy una mujer independiente, no estoy buscando una relación, primero, porque lo más importante es mi hijo, y segundo, amo a Albert Andrew desde hace tanto tiempo, que ni siquiera puedo recordar cuando comenzó, a pesar de que en este momento no somos pareja, es el hombre del que he estado enamorada toda mi vida, así que creo que es mejor que no pierdas tu tiempo, mi sueño es lograr que como familia estemos juntos de nuevo, por nuestro hijo y por nosotros, así que lo mejor es que no sigas intentando, espero haber sido clara...

Por supuesto que has sido clara, y una vez más me disculpo, te ruego me permitas acompañarte, es lo mínimo que puedo hacer para tratar de verme un poco menos estúpido de lo que seguramente me veo ya. – le dijo con una sonrisa amable.

La rubia no le contestó, simplemente abordó el ascensor y caminó en silencio a su lado, cuando llegaron Rob la esperaba con la puerta abierta. Candy se volvió hacia Daniel y le ofreció la mano para despedirse, él la tomó y la besó en un gesto galante.

Gracias Candice, espero que todo se arregle pronto- le dijo refiriéndose a su hijo.

Que tengas buena tarde Daniel. – le respondió ella y desapareció de la vista de él tras el oscurecido vidrio del soberbio vehículo.

A pesar de que ella le había dejado muy clara la realidad de las cosas, Daniel Thompson, no podía dejar de pensar que ella era una mujer que valía la pena, y que tal vez en algún otro momento de su vida, estaría dispuesta a dejarse conquistar.

Candy guardó silencio por unos minutos mientras Rob conducía.

¿Todo bien, señorita Candy? – preguntó el hombre.

Sí, Rob, todo bien… llévame a la pastelería favorita del señor Andrew antes de ir al hospital, por favor. –

Claro señorita, ¿le comprará los pastelillos de quesos y nueces?

Sí Rob, y algo de buen café –

Bien, dígame que quiere y yo voy por ello, o permítame acompañarle, usted no puede cargar nada.

Rob…

El señor Andrew no me perdonaría que le sucediera nada.

Bien, puedes acompañarme. – le dijo la rubia con una sonrisa, amaba ir a esa pastelería.

Candy regresó al hospital seguido de Rob quien llevaba sus paquetes, sabía que sus padres estarían ahí a esa hora para que ellos pudiesen ir a comer, ella le dio instrucciones a Rob de que preparara su lugar favorito, había comprado además de los panecillos comida china y tenía todo para ser ella quien esta vez lo sorprendiera a él con un detalle, no sabía con exactitud como estaban las cosas entre Allison y Albert, pero en cierta forma para ellos solo existía el presente.

Subió hasta la habitación, y observó por unos minutos como Albert y sus padres cuidaban de Drew con devoción, llenándolo de mimos y atenciones, marcó el celular de Albert, consciente de que si entraba Drew no sería feliz de ver a su madre partir de nuevo. Albert contestó de inmediato.

¿Estás bien? – fue lo primero que preguntó.

Sí, estoy aquí afuera, vamos a comer, si entro Drew no querrá dejarme ir de nuevo. – ella observó que el gesto de Albert cambió de inmediato de preocupación a una sonrisa, había alzado la mirada y se había encontrado con la de ella, no dijo nada más, Candy lo observó explicarles a sus padres, y salir de la habitación, Victor le lanzó un beso en el aire a su hija mientras, Katherine llevaba a Drew a ver por la ventana, para que no viera a su padre salir.

Albert salió y sin decir nada besó su mejilla.

¿Cómo te fue?

Te cuento mientras comemos, vamos. – le dijo ella mientras se dirigía al ascensor.

Albert la alcanzó y la tomó de la mano.

¿A dónde me llevas?

No pretendo secuestrarte si esa es tu preocupación.

Jajajaja, ya lo hiciste una vez, y según recuerdo la experiencia no fue para nada desagradable. -Candy se sonrojó de recordar esa ocasión en Alemania, toda una vida atrás.

Solo vamos al viejo roble, Rob me ayudó a disponer del almuerzo. – le respondió ella evadiendo los sensuales recuerdos del secuestro.

¿Me contarás como te fue?

La curiosidad mató al gato. – le respondió ella mientras caminaba con paso seguro hasta su lugar preferido en los jardines del hospital.

Rob había dispuesto todo, saludó amablemente a Albert y después se despidió. Albert observó el pequeño picnic que tenía frente a él, su comida china favorita, así como postres, agua, y un par de thermos de café con el logotipo de su cafetería predilecta.

¿Qué hiciste?

Fui por nuestra comida. Ahora siéntate y come, no tenemos mucho tiempo, le dijo ella.

Albert la tomó de la mano, para ayudarla a acomodarse en la manta, y tomó asiento a su lado.

Gracias.

No tienes ni que decirlo, son más las veces que tú me has sorprendido en estos días.

Eso siempre ha sido un placer. – le dijo con una sonrisa y una mirada intensa. Candy no respondió, simplemente abrió uno de los contenedores y se lo pasó a Albert junto con los palillos chinos.

Come, se va a enfriar.

Compartieron su comida en total complicidad, Candy le contó un poco de su visita a Daniel Thompson, y después hablaron sobre ellos, sobre Drew, sobre los planes a corto plazo, y los grandes sueños a futuro. Albert se reservó comentar nada sobre Allison, por alguna razón sentía que aún no era tiempo de decir que había terminado con ella.

Pasaron el día en su rutina habitual, Candy fue a que le quitarán la férula y a su primera sesión de rehabilitación física, mientras Albert se quedaba con Drew hasta dormirlo, regresó cansada e inquieta, y una vez mas cuando fue hora de dormir Albert la acunó en sus brazos hasta que logró conciliar el sueño, una semana después de que ella comenzará la terapia, el médico fue a buscarlos, pero solo encontró a Albert.

Hola Martin, pasa. – le dijo Albert quien arrullaba a Drew, había sido un día infernal, vómitos, llantos, dolor sin duda alguna, el pequeño estaba exhausto e incómodo, Albert anhelaba lograr dormirlo, antes de que Candy regresara de su rehabilitación, y al parecer estaba a punto de lograrlo, le había susurrado la canción de cuna en Gaélico que Candy acostumbraba a cantarle, pero el que había terminado por hacer el truco, era el viejo lullaby en francés que Michael había usado para arrullarlo. Lo mantuvo cerca mientras caminaba de un lado al otro y miraba al médico.

Necesitamos hablar, ¿dónde está Candy?

En rehabilitación, pero dime, yo puedo decirle lo que sea necesario.

¿Estás seguro? Digo, he escuchado rumores, pero ¿cómo están ustedes?

¿Rumores?

Las enfermeras los han encontrado abrazados, o dormidos juntos, y pues se nota que hay una relación distinta. –

No ha sido sencillo Martin, y después de todo lo que hemos pasado juntos, creo que es lo natural.

Bien, no es de mi incumbencia, en realidad, pero también como médico puedo decirte que es bueno para Drew la cercanía entre ustedes le da seguridad.

¿Qué sucede Martin?

Debemos hacer el trasplante mañana.

¿Logramos lo que queríamos?

No, pero sus niveles están bajos, y es ahora o tal vez nunca…

Porcentaje de éxito.

Albert, los números en estos casos siempre son poco confiables.

Lo cual quiere decir que son muy bajos, y por eso no quieres decírmelo… dímelos, ya veré yo que tanto le diré a ella.

Treinta por ciento.

¿Hay algo que podamos hacer por mejorar las posibilidades?

Lo humanamente posible ya lo hemos hecho, no es el escenario ideal, pero es el único que tenemos para actuar. ¿Firmarás de consentimiento?

¿Qué pasa si no lo hago?

No tendríamos nada más que hacer, que dar tratamiento paliativo… pero no podrían llevarlo a casa, prácticamente no tiene sistema inmune, no duraría mucho, tal vez un par de semanas antes de que pescara una infección, un virus, cualquier cosa podría matarlo.

Albert abrazó al pequeño que dormía, por supuesto que no quería soltarlo. Suspiró profundo y decidió que el tomaría el peso de la responsabilidad de firmar.

Yo firmaré, Martin, le explico a Candy después, ¿procederán mañana? ¿es un hecho que no podemos esperar más?

Si a ambas cosas.

Martin le extendió los papeles y Albert los revisó minuciosamente, leer la lista de colaterales y demás era una pesadilla, pero entendía que era un documento legal estándar. Plasmó su firma en cada una de las 13 hojas necesarias y se lo regresó a Martin.

Yo hablaré con ella. Gracias.

Albert esperó por Candy en la semioscuridad incapaz de soltar a Drew, era la primera vez en poco más de un año que sentía que se agotaban las opciones y que tal vez no había esperanza, se preguntaba en silencio ¿cómo se suponía que debía sobrellevar el dolor de esta pérdida? Si alguna vez pensó que estar sin Candy había acabado con él, la posibilidad de perder a su hijo, lo confrontaba con una realidad nueva y muy difícil para ambos, si Drew partía, perdían lo más amado que tenían en la vida, su hijo, su pequeño ángel guerrero, no quería pensarlo, pero dada la apremiante realidad simplemente no podía arrancar esta angustia de su mente. Sentía que, si perdían la batalla con Drew, su pequeña familia estaría acabada, sin esperanzas de futuro, amaba profundamente a Candy, pero sin ese pequeño, era muy posible que la vida de los dos jamás volvería a tener el mismo sentido y que el dolor jamás les permitiera estar juntos nuevamente.

Debía reconocer con mucha pena que tanto Candy como él estarían demasiado devastados y perdidos, esa certeza de futuro, aunado a la aplastante realidad de su hijo le causaron un profundo dolor que atenazaba su corazón y no lograba respirar, solo lograba sentir angustia, se aferraba a su hijo, como si la vida de él dependiera de ello, como si su fuerte abrazo pudiese infundirle la vida que parecí escapársele como agua entre los dedos; tenía claro que no podía demostrar flaqueza, debía ser fuerte por su pequeño ángel, por su amada Candice y por él mismo, no podían no luchar esta batalla juntos, como familia, con tenacidad y rodeados de amor, sabía que su misión en el mundo era protegerlos a ambos de todo, aún a costa de su propia vida y felicidad.