Hola chicas, pues aquí está una entrega más, como siempre, espero que la disfruten, que sea de su agrado, y que las palabras aquí escritas sean entretenidas para ustedes.

Mando un saludo cariñoso y solidario a todas las chicas venezolanas que me leen, y espero que pronto puedan tener una realidad diferente, un abrazo afectuoso para ustedes.

Igualmente, a todas y cada una de ustedes que me dejan lindos mensajes, que platican de lo que les gustó y no les gustó, a quienes dejan canciones, a quienes me defienden en otros chats y recomiendan mis historias, la verdad no sé cómo expresarles mi cariño y gratitud, ni cómo explicarles la emoción que siento cuando leo las lindas opiniones y las defensas apasionadas, en verdad soy deudora de su afecto.

Les cuento que sigo de vacaciones, y bueno, luego no se ni donde traigo la cabeza, pero espero que el capítulo esté a la altura.

C, gracias, porque este capítulo pudo ver la luz, después de dos intentos fallidos. Te mando un abrazo. Gracias por todas las buenas ideas, y las correcciones puntuales.

Un abrazo y bendiciones a todas.

Key Ag

RAA 36

Candy regresó, y le extrañó encontrar la antesala oscura, normalmente Albert la esperaba ahí, con alguna tontería para comer, una película, juego de mesa, o un libro. Tal vez se había quedado dormido. Se lavó, y siguió todo el protocolo, luego entró a la habitación y lo encontró sentado en el sillón, con Drew en brazos, viendo al infinito.

¿Albert? – había algo en su semblante que hacía que la sangre se le helara a Candy, por fin la habían dado de alta, y esperaba celebrar.

Siéntate a nuestro lado. – le dijo él con un ronco tono de voz.

¿Lo puedo cargar? – preguntó ella dudosa.

¿Te dieron de alta? – Albert la miró con preocupación.

Siii. – dijo ella celebrando por lo bajo, él tomó su mano y la besó, después le dedicó una sonrisa que no pudo esconder su preocupación.

La pasó a Drew a Candy, quien lo abrazó con lágrimas de felicidad en los ojos, habían sido seis semanas horribles, de pronto Candy recordó que Martin llamaba todos los días en la noche, o bien iba a verlos antes de retirarse a su casa descansar.

¿Llamó Martin? ¿Qué dijo? – preguntó la rubia mientras trazaba con su dedo índice la respingona naricita de su hijo en un gesto tierno, amoroso, embelesada con la belleza de su pequeño, más allá de las ojeras, la delgadez y los rasgos demacrados, Candy recordaba al bebé regordete y feliz que había sido su Drew. La dulzura de la escena hizo que el corazón de Albert se encogiera. Ella se sintió observada y levantó la vista, para encontrarse con la intensa mirada azul de Albert.

Eres hermosa… los dos lo son… - le dijo él en un ronco susurro.

¿Qué te dijo Martin? – preguntó ella con preocupación ante la voz llena de emoción de él.

Albert guardó silencio por un momento, respiró profundo, tomó su mano y la vio a los ojos directamente.

Mañana le harán el trasplante a Drew…

¿Hemos logrado lo que queríamos? – preguntó Candy con esperanza.

Las condiciones aún no son las ideales.

¿Entonces? ¿Qué sucede Albert? ¿Qué no me estás diciendo? – el pánico comenzaba a apoderarse de su voz y Albert comprendió que tendría que decirle todo, así que sin soltar su mano y viéndola a los ojos le dijo suavemente.

No podemos esperar más, si esperamos más corremos el riesgo de quedarnos sin nada por hacer… - Candy procesaba la información, su cabeza repasaba las opciones, las cifras, las estadísticas, no le quedó más que preguntar.

¿Qué probabilidades tenemos?

Candy, cariño, bien sabes que eso son números subjetivos…

Albert, por favor dime, sino llamaré a Martin yo misma. – Albert la vio intensamente.

Treinta por ciento. – respondió al fin sin soltar sus manos.

La cifra fue como un golpe en su estómago que le sacó el aire, le costaba respirar, el dolor atenazaba su pecho, las lágrimas corrieron por sus mejillas, él la abrazó, la atrajo a él desesperadamente, y ella recargó su rostro en el mentón de él, Drew dormía entre sus brazos, ninguno estaba dispuesto a soltarlo. No había palabras, solo agonizante, punzante e indescriptible dolor, Albert enjugó las lágrimas de ella con sus manos, fuertes y cálidas, y besó su mejilla, muy cerca de la comisura de su boca, sus gestos y acciones expresaban eso que no podía decir en voz alta, la atrajo a él y la sentó en sus piernas, no quería estar separado de ninguno de los dos, los abrazó al mismo tiempo, ella se acurrucó en su pecho, él acunó su rostro en su mano, mientras con la otra acariciaba la pierna de su hijo.

Levantó el rostro de ella para mirarla a los ojos, no necesitaban expresar verbalmente lo que sentían en ese momento, el dolor, la esperanza contenida, la incertidumbre, el amor que les brotaba por los poros, pero que no se atrevían a reconocer, el miedo, y la decisión de luchar se mezclaban en ese preciso instante, Albert cubrió sus mejillas con besos bebiendo la sal de su lágrimas, adorando su fortaleza, su corazón de mujer y madre, anhelando llamarla suya una vez más de una vez por todas y ella se refugió en él, necesitaba su contacto, el momento era desgarradoramente doloroso, había un torrente de emociones fluyendo entre ellos..

Albert sentía la sangre correr ardiente por sus venas, pero no era mera pasión o atracción física, esa nunca había dejado de existir, era una sinfonía de sensaciones, los mil y un "te amos" que se habían negado a pronunciar por tanto tiempo estaban contenidos en ese retazo de tiempo en el que estaban inmersos en la pena y tan juntos como podían, queriendo fusionarse en uno solo, trasmitir a Drew esa fuerza y salud que con gusto le hubiesen regalado de serles posible, pero que pese a tenerlo todo, estaba fuera de su alcance proveer, el tiempo pareció extenderse por la eternidad.

Las emociones eran tan reales y abrumadoras, y el amor tan tangible, que Candy de pronto sintió miedo, miedo de perder a Albert, de alejarlo, de que lo evidente lo hiciera dejarlos, no podía ni debía aferrarse a él de esa manera, él era un hombre cuyo corazón pertenecía a otra, y que alguna vez le había dejado claro que ella no tenía lo que necesitaba en una mujer, así que se separó con cuidado y se puso de pie con Drew en brazos, respiró profundo e intentó calmarse, había cosas prácticas que hacer, no podían simplemente tirarse a la pena.

Estoy cansada, quiero que Drew duerma en la cama… y quiero hablar con Martin mañana. ¿Firmaste el procedimiento?

Sí, pero tengo fotos si quieres leerlo.

Quiero firmarlo Albert, sé que es lo que corresponde hacer, y sé que firmaste solo para evitarme el trago amargo, pero quiero ser cien por ciento consciente e informada de lo que está por venir, es mi hijo… - le dijo ella con firmeza y determinación, que la mano de él sobre su mentón acariciando levemente su rostro con su pulgar casi la hace perder. Su suave tono de voz era consolador, e íntimo, como si no existiera nadie más.

Lo sé bonita, y nunca ha sido mi intención dejarte fuera de nada… solo…

Solo querías protegerme… pero ya no soy una niña Albert. -le dijo ella levantando el mentón en un gesto firme e intransigente, no podía darse el lujo de ser débil.

Lo siento, tienes razón, toda la razón, eres la mujer más fuerte que conozco, llamaré a Martin, para pedirle que venga mañana temprano, antes del procedimiento. – la respuesta de Albert no era condescendiente, sino comprensiva, y precisamente esa comprensión hizo que ella bajara la guardia un poco.

No es una opción negarnos ¿verdad?

No, sus niveles bajaron, es en realidad un movimiento desesperado, pero es eso, o llevarlo a casa. – le dijo él con renuencia, sabiendo que eso le dolería.

Candy gimió en silencio para no despertar a Drew… Llevarlo a casa… eso era una sentencia de muerte. Albert la envolvió en sus brazos una vez más, y con esa profundamente consoladora y amorosa voz le dijo.

Vamos a salir adelante Candy, vamos a ganar no solo la batalla, sino la guerra, y te prometo que haremos lo mejor por Drew, no solo ahora, sino siempre.

No puedo perderlo… - la garganta le dolía, quería gritar, llorar, derrumbarse ante la perspectiva.

No lo vas a perder, Candy, no lo vamos a perder. – Albert la abrazó una vez más con su hijo en brazos, sabía que no tenía en realidad poder para hacer esa promesa, pero necesitaba que ella lo creyera, y Candy quería creerle.

¿Qué vamos a hacer? – preguntó de pronto, como si él tuviese todas las respuestas.

Pon a Drew en la cama para no despertarlo, y hablemos. – le dijo él con tranquilidad.

No quiero soltarlo…

Cariño, él tiene que descansar, recuperar fuerzas, anda…

Candy caminó hasta la cama y depositó a su adorado niño en el centro, rodeándolo con almohadas, después fue y se sentó junto a Albert.

¿Qué pudimos hacer que no hicimos? ¿debimos intentar tener un bebé? ¿debí darme cuenta antes que estaba enfermo? Tal vez toda mi angustia y dolor de cuando estaba embarazada…- Candy trataba de encontrar respuestas, de racionalizar lo que sucedía, un diluvio de pensamientos la asaltaban y parecían querer ahogarla, pero Albert la detuvo.

No vayas ahí, no te voy a permitir ir ahí, Candy, mírame, no te puedes derrumbar ahora, no puedes dejarte caer, debemos ser fuertes, y nada de esto es culpa de nadie…

¿Me prometes que me dejarás llevarlo a casa, si…? – ni siquiera pudo completar su pregunta, pero Albert sabía que ella necesitaba paz mental a toda costa.

Te prometo que yo los llevaré a casa a ambos y que no me separaré de ustedes por nada del mundo, que estaré a su lado a cada minuto hasta que sea el tiempo, y que cuando él nos haya dejado no te dejaré sola, estaré ahí…

No sé si soportaría verte… sería como ver lo que Drew nunca será.

Candy, haré lo que me pidas, me iré al fin del mundo si no quieres verme, o me quedaré a tu lado por siempre, pero ahora, esa no es la realidad que debemos enfrentar, hoy aún tenemos una última carta por jugar, la apuesta es demasiado alta como para rendirnos antes de intentarlo, princesa, no lo vamos a perder… te prometo que…

¿Qué puedes prometerme Albert? No hay nada que puedas hacer… - lo encaró ella categóricamente.

Te prometo que lucharemos juntos, es lo único que puedo prometerte… que no los dejaré solos… estaré ahí para ustedes, sabes que si pudiese dar mi vida la daría…- le dijo él con el corazón en la mano, lo cual ablandó el corazón de Candy y le recordó que no sufría sola, que Albert al igual que ella sufría inmensamente, con cariño tomó la mano de él y mirando sus amables ojos color cielo le dijo:

Lo sé, yo igual, Albert, daría mi vida a cambio de la de él… yo estoy aquí para ti, no estás solo… pero no sé si podré vivir si Drew… - Albert no podía despegar su vista de sus hipnotizantes ojos verdes, acariciando su rostro suavemente, le susurró con vehemencia.

Princesa, si lo peor llega a suceder, vas a vivir, y el tiempo sanará la herida, y un día, sin darte cuenta serás feliz de nuevo, algo te hará sonreír, el recuerdo se suavizará, y el dolor se irá, no será fácil, ni rápido, pero te juro Candice, que serás feliz de nuevo, me haré cargo de ello aun que me destierres de tu lado. – los brazos de Albert la envolvían con calidez, y ella recargada en su pecho lloraba sin poder contenerse.

Perdóname, tú debes estar igual de destrozado que yo… - le dijo ella de pronto recordando que él amaba a Drew tanto como ella.

Tenerte aquí a mi lado ayuda, antes de que llegaras me sentía desolado… -le confesó él.

También te prometo que no estarás solo… estaremos juntos, luchando como hasta ahora. - la voz de la rubia estaba entrecortada.

Albert levantó el rostro de ella empapado en lágrimas, y la miró con ternura, acunó su cara entre sus manos, y apoyó su frente contra la de ella, estaban tan cerca, que sus alientos se cruzaban, lloraron juntos en silencio, dejando que el caudal de emociones corriera, que esa electrizante corriente que los unía fluyera, sus cuerpos podían fácilmente fundirse en un beso, en un abrazo eterno, pero la pena y el dolor eran tan grandes que solo podían estar así tan cerca y tan lejos a la vez, se necesitaban, se anhelaban, ese abrazo, esa cercanía era vital, pero ninguno de los dos sabía si podrían permanecer juntos después de que Drew partiera, hoy su posible muerte era una realidad demasiado apabullante.

Después de lo que pareció una eternidad Candy se separó de él…

Vamos a dormir… -

Por supuesto, pero debo llamar a Martin antes de eso, para pedirle que venga temprano con el documento que firmarás, regreso en cinco minutos. – le dijo él mientras se ponía en pie cansado y salía de la habitación.

Albert no le tomó ni tres minutos regresar, pero cuando lo hizo ella dormía abrazada de su pequeño, ambos estaban destrozados, cansados, heridos en lo más profundo de sus almas, y parecía que no podrían encontrar solaz de ninguna forma.

Ninguno de los dos podía concebir un futuro sin la pequeña y débil luz que iluminaba sus días, adoraban a su hijo con locura, y el dolor, el miedo, la incertidumbre los inundaban en ese momento.

Albert se puso el pijama y se metió en la cama junto a ellos, se acercó para abrazar a su hijo, y con su otra mano acarició los cabellos de ella. El futuro se auguraba gris, pero al menos por ahora estaban juntos, la calidez, la fragilidad, el amor, el dolor, la esperanza y la desesperanza, todo estaba junto con ellos en la cama ese día, Candy dormía con un brazo protector alrededor de su pequeño como una leona duerme con sus cachorro, y Albert trataba de trasmitirle una paz y fortaleza que el mismo no sentía, pero estaba seguro que de ser necesario daría hasta su último aliento por ellos, rogó al cielo por un milagro, no era un hombre devoto, pero hoy era consciente que lo único que quedaba por hacer, era clamar por un milagro.

No durmieron mucho esa noche, el procedimiento se planeó para esa tarde, y la familia comenzó a llegar a cuentagotas, todos adoraban a Drew, y por supuesto querían mostrar su apoyo a Albert y a Candy, aunque no habían podido estar en el hospital constantemente, estaban respaldándolos en todo momento, haciéndose cargo de lo que fuera necesario.

Entrar a la habitación no era una opción, pero querían que Albert y Candy sintieran su amor y apoyo, y por supuesto también Drew, ese chiquillo que no solo se había robado el corazón de sus padres, sino de sus abuelos, y tíos.

El primero en llegar fue Archie, a pesar de ser muy temprano iba perfectamente vestido, con un impecable traje de día, listo para ir al corporativo, y acompañado de un regalo, y un par de cafés colombianos. Archie lamentaba llegar solo, le había pedido a Anne que lo acompañara, pero, no lo había logrado…

La noche anterior en el Penthouse de los Cornwell.

Archie observó a su esposa rozar levemente la mejilla de su hija y entregarla a la nana, estaba elegantemente vestida, venía de una gala en el Tate, se acercó hasta él y besó sus labios con deseo que el correspondió por unos momentos, era hermosa, su perfecta piel de porcelana, su cabello negro azabache, el porte y estilo inconfundible.

Hola mi amor, ¿cómo te fue hoy? – Le pregunto ella mientras se servía un Martini.

Bien, ¿y a ti? ¿llevaste a la niña con sus abuelos?

Marissa la llevó a ver a mis padres, yo tenía mucho por hacer para la gala de esta noche, sabes que uno de mis clientes más importantes estaría ahí.

Lo sé, ¿resultó como esperabas? – preguntó él con comprensión, no quería discutir, pero creía que ella era quien debía llevar a la niña con Victor y Katherine, no su nana.

Sí, fue magnífico, accedió a comprar las pinturas que le indiqué, así que tanto el artista, como mi cliente están felices. ¿A que debo tu cara de preocupación?

Deberán hacer el trasplante a Drew mañana.

Ya sabías que eso era una posibilidad.

Sí, pero no mañana, algo así de precipitado habla de que las cosas no van bien.

Tiene leucemia, por supuesto que las cosas no van bien, amor. – le respondió ella sin más, mientras bebía un sorbo de su Martini.

Iré temprano a verlos, antes de ir al corporativo, ¿me acompañas?

No creo que sea lo más prudente, además tengo clase de Yoga temprano, pero le enviaré un mensaje a Candice… vamos, deja de darle vueltas, y acompáñame a la cama, fue un día pesado… -

Creo que deberías ir… no son momentos sencillos para ellos.

Precisamente por eso creo que no debería ir, mira, mi presencia no cambia nada, y tengo muchos compromisos el día de mañana.

¿Cita en el spa?

Sí, Archie, cita en el spa, pero todo esto que ves no se da por obra de magia, así que mi querido esposo, se que amas presumirme, cuando voy contigo, déjame continuar con mi día y ve tú si gustas al hospital. Me voy a la cama, como te dije antes, ¿vienes?

Te alcanzo en unos momentos. –

Cómo quieras. – le dijo ella besándolo una vez más antes de desaparecer por la puerta.

Archie observó a Anne salir de la estancia y no por primera vez en el tiempo que llevaban de casados se preguntó de que estaba hecho el corazón de su mujer, lo había hipnotizado, si, era hermosa, una diosa en la cama, una mujer refinada de exquisito gusto, cariñosa con él, pero como madre, hija y hermana era una desgracia. Respiró profundo y revisó algunos pendientes, antes de ir a la cama, mañana sería un día largo.

Archie entró sigilosamente a la habitación, aún era temprano, y si bien no eran horas de visita, hacía mucho que Albert había hecho lo necesario para que la mayoría de las reglas del hospital no aplicaran para ellos, de hecho, le sorprendía que no hubiese comprado el hospital de una buena vez.

Candy se encontraba en la antesala de la suite preparando café, y estaba completamente distraída, así que no se dio cuenta de que él entró.

No sigas, ya les traje su dosis de cafeína. – le dijo Archie, sacándole un pequeño susto.

Archie…

Vamos, toma, ya sé que te sobresalté, pero cuando pruebes esa mezcla de Juan Valdés me lo vas a perdonar. – le dijo ofreciéndole uno de los cafés.

Gracias… - las lágrimas inundaron sus verdes ojos.

Gatita, todo va a salir bien. – le dijo el elegante hombre acariciando levemente su mentón con el pulgar, y ofreciéndole un pañuelo.

Gracias Archie, ¿Cómo está mi adorada sobrina?

Bien, cada día más grande, espero pronto puedas verla, es una belleza, será aún más bella que Anne, pero no se lo digas a tu hermana. – le dijo el orgulloso padre con una sonrisa.

Gracias por venir. ¿Anne? – le dijo ella con una sonrisa.

Anne… ¿qué puedo decirte? - Archie no iba a abrir su corazón en ese momento, no era una batalla que le correspondía pelear a Candy, sino a él.

Mamá me dijo que la nana le llevó a Victoria ayer…

Sí, Anne tenía un compromiso en el Tate. – una vez más debía justificar lo injustificable.

Le dije a mamá que debía haber una explicación. – la respuesta de Candy era comprensiva.

En realidad, siempre las hay al parecer, ¿qué puedo decirte? La conoces, es tu hermana. – era todo lo que iba a decir.

¿La explicación de hoy es su clase de yoga?

Candy… - Archie se sentía incómodo, no por lealtad hacia su esposa, sino por lo que significaba abrir la caja de Pandora que era su matrimonio.

No te apenes, ella misma me mandó un mensaje en la mañana. – Candy prefirió cambiar de tema ante su evidente renuencia a hablar.

¿Se disculpó? – preguntó Archie esperanzado.

Algo así… ya conoces a Anne.

Los dos amigos se vieron resignados, en realidad el comportamiento y la falta de afecto de Anne era un secreto a voces. Albert salió en ese momento a la antesala y le dio a Archie un fuerte abrazo.

Traje café.

Eres un enviado del cielo. – le dijo el rubio con alivio mientras tomaba un buen sorbo del delicioso y oscuro brebaje.

También traje algo para Drew… - les dijo entregándole un pequeño envoltorio.

Candy lo tomó y lo abrió con cuidado, la cubierta de piel y los bordes dorados del libro, más el farol, los anillos, los niños y el león grabados en el frente la hicieron sonreír.

Archie… es hermoso… -

Le compré toda la serie, pero te la envié al departamento… son primeras ediciones.

Son perfectos… eran…. –

Tus libros favoritos de niña lo sé, lo sabemos todos, oímos a Albert, y a tus padres leértelos millones de veces, aún cuando hubiese sido más fácil que te pusieran la película.

Nunca es demasiado temprano para contarles historias fantásticas. – le dijo Candy.

Lo sé, yo mismo he comenzado a leerle a Victoria en las noches… el caso es que quería venir a verlos, y decirles que estoy aquí para ustedes, y que deseo y pido que todo sea un éxito. Ya me hice cargo de todos tus pendientes, y los tuyos los tomó Patty, Candy, así que por favor no se preocupen por nada de trabajo, solo concéntrense en Drew. –

Gracias por venir Archie. – le respondió el rubio con sinceridad.

No tienes que agradecer… somos familia, por supuesto que mis padres también envían sus saludos, y oraciones.

Salúdalos de nuestra parte, por favor. – le respondió Candy.

No duden en llamar si necesitan algo. – les dijo besando a Candy en la mejilla y dándole un fuerte abrazo una vez más, para después salir de la habitación.

Patty y Stear llegaron un poco después, Stear debía tomar un avión con rumbo a Australia ese día.

Entraron en silencio, a la antesala y abrazaron a Albert y a Candy con cariño y profundo sentimiento que hizo que la rubia una vez más se deshiciera en lágrimas.

Todo va a salir bien, ya lo verán. – les dijo Patty tratando de trasmitir esperanza, y consuelo mientras abrazaba a su amiga.

Eso creemos. – le dijo Candy con una leve sonrisa, esa mañana había despertado con la conciencia de que aún debían luchar y de que no iba a dejarse vencer, pero todo parecía tan difícil.

Venimos temprano, porque debo tomar el avión a Australia, y no quería dejar de venir a verlos, para decirles que estamos con ustedes. – les dijo Stear, mientras abrazaba a la suave y frágil rubia que era como la hermanita que no había tenido.

Gracias Stear. – le dijo la rubia luchando por contener las lágrimas, su abrazo protector y lleno de cariño la había consolado antes, Albert había sido su príncipe, pero Archie, Stear y Anthony habían sido sus tres paladines, sus compañeros de travesuras y risas. –

Yo vendré más tarde a hacerte compañía, Candy, solo debo ir un rato a la oficina primero.

Está bien, gracias Patty, mamá, papá, Pauna y William vendrán, pero, agradeceré que también estés aquí para apoyarme.

No te preocupes, aquí estaré.

Bien, estaremos al pendiente, y saben que cuentan con nosotros, por cierto, traje algo… – le dijo Stear entregándole un pequeño objeto.

¿Qué es esto?

Albert me contó que le cantan tres diferentes canciones de cuna, una en gaélico, otra en inglés, y una más en francés, así que creí que esto sería una buena idea, ábrelo. -le respondió el joven inventor.

Candy abrió con cuidado el paquete y se topó con un snowglobe que tenía dentro la ciudad de New York.

Dale cuerda. –

Candy obedeció y escuchó las notas del primero de las tres canciones de cuna. Albert sonrió, era un regalo hermoso.

¿Por qué New York? – le preguntó el rubio a su primo.

Porque ahí comenzó todo, ahí se reencontraron, y muy probablemente ahí fue concebido Drew… algún día tendrán que llevarlo a la Gran Manzana, y a ver la aurora boreal, el sol de medianoche… en fin, a revivir las aventuras que ustedes tuvieron juntos.

Te quedó increíble… - le dijo Albert pasando por alto lo que Stear implicaba… implicaba que su niño viviría, y que Cany y él serían una familia… y en honor a la verdad era lo que mas deseaba en el mundo.

Son muchas las cosas que se pueden hacer hoy con las impresoras tres D. – le dijo Stear tratando de quitarle importancia al significativo regalo que acababa de hacerles.

Gracias Stear. – le dijo la rubia abrazándolo fuertemente

Denada… bueno, me voy, porque si no perderé el avión, Stear se despidió de ellos, y Patty prometió regresar, la visita no había durado más de unos minutos, pero sabían que era importante ir a verlos. Aunque no habían cargado a Drew, ni entrado a la habitación adoraban al pequeño y rogaban por su salud.

Candy observaba como las enfermeras tomaban muestras de Drew y de Albert, ella sostenía Drew en brazos y estaba todo programado para esa tarde, aunque aún habría unas cuantas visitas más, la familia había llamado, y les habían pedido visitarlos unos minutos, terminaron con el procedimiento, y justo en ese momento se aparecieron Atnhony e Isabella, Drew les sonrió a sus tíos al verlos a través del cristal, y ellos le hicieron muecas para hacerlo reír, pero no entrarían hasta allá.

Ve a recibirlos, yo me quedo con Drew. – le dijo Albert tomando al pequeño en brazos y saludando a Isabella y a Anthony a través del vidrio.

Ahora vuelvo. – le dijo mientras salía a saludar.

Albert la observó a través del cristal abrazar a Anthony y a Isabella, y pudo ver como Isabella le ponía un pedazo de papel en sus manos, y Candy, a pesar de todo el dolor que estaban viviendo pegaba un pequeño grito de emoción y los envolvía a los dos en un abrazo. Después tomó el pedazo de papel que Isabella le había entregado, y lo pegó al vidrio para que Albert viera de que se trataba, era un ultrasonido, y Albert sonrió abrazando a su pequeño y compartiendo la felicidad de su primo y su esposa. Al poco tiempo se despidieron y justo en ese momento llegó la tía Elroy, así que Candy no regresó de inmediato a la habitación, Albert logró dormir a Drew y lo puso con cuidado en la cuna, aún quedaban un par de horas para el tratamiento.

Candice, querida, vine a desearles suerte en todo esto y a despedirme…

¿Despedirte tía? – preguntó Albert de pronto entrando en la habitación.

No hemos querido preocuparlos, porque sabemos que no han sido meses sencillos, pero, ustedes saben que mi política es la honestidad, así que les diré, lo que sucede es que llamó Rose…

¿Todo bien con ella y el bebé? – preguntó Albert con preocupación por su hermana a quien no había visto en meses y de quien recibía de vez en cuando mensajes o llamadas preguntando como estaba él y Drew, lo cierto es que ella y George habían terminado por mudarse a New York.

Tuvo un sangrado y la pusieron en reposo hasta nuevo aviso, así que iré a pasar con ella una temporada, ya que Pauna no quiere moverse de aquí para estar con ustedes. –

Albert… - Candy volteó a verlo y extendió su mano para tomar la de él, sabía perfectamente cuanto adoraba Albert a Rose, y ella misma se sentía conmovida.

La llamo al rato. –

Bien, hijos, esto es solo una visita relámpago, confío en que Dios les dará la fortaleza que necesitan para superar esta prueba, y sobre todo que le conceda a mi pequeño Drew la dicha de ser un niño sano y feliz de tener a sus padres a su lado.

Gracias por venir tía, y por favor no dejes de informarnos sobre Rose. – le dijo Albert abrazando con cariño a su tía.

Candice, hija, ánimo, todo va a salir bien, mi niña. – le dijo con un dejo de ternura no acostumbrado en ella. Candy abrazó a Elroy.

Gracias tía… -

Bueno, los dejo, sé que tus padres, así como William y Pauna vendrán a hacerte compañía durante el procedimiento médico, así que estarás en buenas manos. Albert, cuida de ella, y tú hija, cuida de mi sobrino favorito. - La mujer mayor les dedicó una sonrisa más y salió de la habitación.

Candy se abrazó a la cintura de Albert sin pensarlo, todo ese día parecía irreal, en la mañana muy temprano, había hablado con Martin, y repasado punto por punto todo lo referente al trasplante y sus riesgos, el procedimiento, en sí era sencillo, tanto para Albert como para Drew, lo complicado sería lo que habría de venir, la espera que parecería eterna.

Albert la apretó contra sí, y ella se recargó en su pecho, ambos guardaban silencio, simplemente necesitaban ese contacto, la cercanía, el consuelo que las palabras no podían brindar, por fin la voz de ella irrumpió en el silencio con una duda.

¿Crees que a Rose le moleste si le llamo?

Creo, que no lo sabremos si no te arriesgas… ¿quieres llamarle? – le respondió él tratando de infundirle confianza, sabía de sobra lo cercana que habían sido ambas, y lo que le pesaba a Candy la ausencia de la que alguna vez fue como su hermana.

Sí, sentir que puedes perder a tu bebé de un momento a otro es horrible, no debe estarla pasando bien, y seguro desea que Pauna vaya a estar con ella, está sola, lejos de la familia, seguramente con George en el trabajo…- Albert pudo discernir un dejo de culpa en ella y la alejó un poco para verla a los ojos y decirle con seriedad.

Candice, no te sientas culpable, si mi madre decidió quedarse y dejar que tía Elroy viajara, no es tu culpa, llámala, pero si no se porta bien contigo, por favor no prolongues la llamada.

¿Hablarás tu con ella?

Sí, es más, que te parece si llamas de mi celular, y si se pone complicada simplemente me la pasas, dijo mientras le extendía su celular a Candy.

New York.

Rosemary Johnson veía la blanca pared de su habitación, los días anteriores habían sido una pesadilla, había tenido que pasar un par de noches en el hospital, estaba a finales del segundo trimestre de su embarazo, y por azares del destino había tenido un sangrado, mientras iba de compras por una de las lujosas boutiques neoyorquinas, el médico le había dicho sin rodeos que una posibilidad muy tangible era perder a su hijo y eso la había devastado.

Los días en el hospital habían sido una atemorizantes, y cuando llamó a casa, aunque su padre y su madre la consolaron no volaron a su encuentro de inmediato como lo había esperado, las cosas con Albert, Drew y Candice eran complicadas también, así que le llamaron para decirle que su tía volaría a pasar una temporada con ella.

Rosemary amaba a Elroy Andrew, pero una parte de ella se negaba a entender que su madre no fuese de inmediato a su lado, y por otro lado era tanto el temor y el dolor ante la posibilidad de perder a su pequeño que de pronto se preguntó ¿cómo era que Albert y Candy vivían con ello día a día desde hacía más de un año?

La soledad pesó y le hizo pensar en lo que su examiga seguro había vivido durante su incierto embarazo en la costa francesa, al lado de un hombre que no amaba, y temerosa del resultado de amar a un hombre que ella creía prohibido. Las lágrimas rodaron por sus mejillas, y de pronto el sonido de su móvil la sacó de sus pensamientos, observó la pantalla entre la bruma de sus lágrimas y vio que era Albert, al parecer habían resuelto decirle lo que sucedía.

Bert… - dijo la rubia con la voz quebrada.

No Rose, lo siento, soy yo, Candy, en seguida te lo comunico, solo quería decirte que siento mucho lo que estas pasando y que ruego que todo se solucione, no pierdas ánimos, y mantente alegre por tu pequeño o pequeña… - la melodiosa voz se escuchaba nerviosa, y como no, si ella, Rosemary Andrew la que alguna vez fue como su hermana la había juzgado y sentenciado sin derecho a réplica.

Tengo miedo… - confesó en voz apenas audible, con Candy no tenía que ser fuerte.

Lo sé Rose, lo sé, pero debes pensar que todo estará bien, y seguir las indicaciones del médico…- le respondió comprensiva.

Será un niño… -

Es maravilloso ser madre de un niño. – le respondió Candy, de pronto sorprendida por la apertura de Rose.

¿Me enseñarás como hacerlo? – las barreras levantadas se derrumbaban ante el dolor, y la soberbia de pronto ya no existía.

Por supuesto que sí querida, quisiera estar ahí…

Yo quisiera no haber sido una estúpida, Candy… y no haberme perdido de tantos momentos contigo y con Drew… ¿me perdonas? Te juzgué muy duramente, y te dejé sola… no tengo derecho a llamarme amiga…- su voz otrora altanera y condescendiente se quebraba humildemente.

Sabes que sí… ¿me perdonas tú a mí? – ahora mismo la voz de Candy también estaba ahogada por el llanto. Albert la rodeaba con su brazo, sabía lo que una reconciliación significaba para ambas.

Sí… ¿cómo está Drew?

Hoy harán el trasplante.

Estarán en mis oraciones, no tengas miedo, todo va a salir bien, y cuando menos acuerdes correrás tras de él. Te mando un abrazo. – le dijo sinceramente Rose.

Gracias, tú y tu bebé estarán bien, verás lo bello que es tomarlo en brazos…también te mando un abrazo… te paso a Bert… - le dijo Candy

Al príncipe dirás. – le dijo Rose con una sonrisa entre lágrimas que hizo que la rubia que se encontraba a poco menos de 6 mil kilómetros de distancia sonriera entre lágrimas mientras le extendía el celular a Albert quien no dejó de abrazarla, sino más bien la atrajo a su pecho mientras hablaba con su hermana.

Bert… -

Hola, hermanita, ¿cómo estás?

Atada a la cama por tiempo indefinido.

Tendrás que aprender a bordar y a tejer, por más que te rehusaste en el colegio.

Jajajaja, las hermanas eran insufribles.

Lo sé… -

Sé que es un día difícil para ti, así que los dejo, y espero que todo salga bien… gracias por llamar.

Gracias por permitirte perdonar…

Aún tenemos un largo camino por recorrer mi querido Bert, pero estar en la situación que estoy me hace comprender un poco más, y duele estar sola… -

George…

Sí, George está al pendiente, pero hay muchísimo trabajo, y dentro de todo estoy fuera de peligro, solo necesito no moverme.

Tía Elroy irá para allá.

Lo sé, y lo aprecio, pero quisiera a mamá.

¿Quieres que le diga?

No, ella ya tomó su decisión, y no quiero presionarla con nada, tampoco quiero ser egoísta… te dejo Bert, dale un beso a Drew de mi parte, y por favor llamen de vez en cuando, esto de estar en cama es soberanamente aburrido.

Cuídate Rosie, te mando un abrazo.

Rose colgó sintiendo que de alguna forma un peso se había levantado dentro de ella.

Londres.

Candy besó la frente de su hijo y lo abrazó con amor antes de entregarlo en brazos de la enfermera que se haría cargo de él durante el procedimiento. Después volteó a ver a Albert, se habían quedado solos por unos momentos, así que lo abrazó con fuerza, y él correspondió.

Todo va a estar bien, por favor mantente tranquila. – le dijo él mientras acariciaba sus cabellos con ternura.

Los estaré esperando… - le dijo mientras llevaba su mano a su rostro y acariciaba su fuerte mentón, él le sonrió con esa sonrisa que la hacía volar, y limpió una vez más sus lágrimas con sus manos.

Vamos a ganar esta guerra… ya lo verás. – le prometió él, mientras rozaba sus labios muy levemente en un beso de despedida porque el enfermero justo entraba por la puerta, habían sido solo una fracción de segundo, un gesto tierno, más que apasionado.

Ella lo observó sentarse en la silla que por protocolo debía usar, y desaparecer al ser empujado por el fuerte enfermero que había ido por él. Candy llevó sus dedos a sus labios, recordando la leve caricia, que sus labios de seda le habían proporcionado. Pidió porque todo saliera bien, que esto fuese solo una tempestad más, pero que al final del día pudiesen mantenerse a flote, y llegar a puerto seguro.

Candy se quedó unos minutos a solas, tratando de recobrar su compostura, debía verse fuerte, sabía bien que tanto sus padres como William y Pauna estarían ansiosos también, y ella no quería ser motivo de preocupación.

Lavó su cara con agua fría, se arregló un poco, respiró profundo, tratando de recomponerse, de tener fe, se miró una última vez en el espejo, pensando, recordando, la primera vez que había escuchado el latido del corazón de Drew en el ultrasonido, sus primeros movimientos dentro de su vientre, cuando vio sus perfectos ojos azul cielo, del tono intenso de una soleada mañana en tierras frías, esa mirada pura, inocente, que le había recordado a Albert, al hombre que era el padre de su hijo, el hombre que ella había amado, y aún hoy seguía amando, pasó sus dedos sobre sus labios, esos labios que él descuidadamente había rozado hacía unos minutos, en un beso tan distinto y lejano de los muchos que habían compartido antes que hoy, en un lejano universo, en el que las horas de interminables besos y caricias habían sido una deliciosa constante.

Candy vislumbró por unos segundos un futuro luminoso, uno dónde los tres estuviesen juntos, con Drew sano, y ella y Albert compartiendo como hasta ahora los pequeños momentos de la vida, esos que te hacen sonreír, que llenan tu corazón, los pequeños detalles, y alegrías, anhelaba con todo su ser que toda esa pesadilla terminara, había días en los que deseaba darse cuenta que en realidad estaba soñando, que todo había sido una pesadilla, y despertar en brazos de Albert en el penthouse en New York.

Pero sabía que esa realidad no tenía a Drew en ella, y Candy amaba con locura a su bebé, era su todo, su razón de vivir, lo que la había mantenido a flote en momentos en los que fácilmente podría haberse vuelto loca, y ahora, lo único que quería era que el médico le dijera que todo iba a estar bien, que podían llevarlo a casa.

¿Y si cuando llegara el momento de llevarlo a casa fuese solo para disfrutar de él los últimos días de su vida? Ese panorama la angustiaba, perder a Drew sería una herida profunda y difícil de sanar en su corazón, algo de lo que no sabía si podría recuperarse.

Recordó las palabras de Albert, prometiéndole que nunca estaría sola, pero ella dudaba de sí en realidad lograrían siquiera soportar verse si su Drew desaparecía de sus vidas.

Candy controló su mente, se negó a seguir pensando, lavó su cara una vez más y la secó con cuidado con la toalla, era tiempo de salir y pasar tiempo con sus padres y con los Andrew, ellos también debían estar preocupados.

Salió a la antesala dónde Victor, Katherine, William y Pauna esperaban por ella.

¿Cómo estás hija? – pregunto Victor mientras abrazaba a una Candy que parecía querer salirse de su piel.

Sé que el procedimiento es sencillo, pero… estoy nerviosa. – respondió ella apoyándose en el hombro de su padre.

Víctor apretó un poco más el abrazo como cuando era niña, y tenía alguna pesadilla.

Todo va a estar bien, mi niña. – le dijo Katherine acariciando un poco su cabello. William y Pauna la saludaron cordialmente, y después de un rato, todos tomaron asiento para esperar por noticias, la verdad era que el procedimiento era por demás sencillo, pero los nervios estaban a flor de piel.

¿Gustan un té? – preguntó William al aire, la verdad era que quería encontrar en que ocuparse.

Un té sería fantástico, amor, gracias. ¿Kate? – preguntó Pauna sacando a su amiga de sus pensamientos.

Gracias William, sí.

Yo no puedo tomar nada, gracias. – dijo Candy.

¿Café para ti Victor? – preguntó William conociendo de sobra a su amigo.

Es terrible en este lugar, mi querido amigo, pero gracias, me conformaré con un té, te acompaño. – dijo besando en la frente a su hija y siendo relevado por Katherine.

Las mujeres observaron partir a los hombres en silencio.

Todo va a estar bien, Candice. – le dijo Pauna extendiendo su mano para darle un par de palmadas en la rodilla.

Gracias Pauna…

Katherine y Pauna hicieron lo posible por distraer a Candy, platicando del clima, de lo hermoso que era Drew, de las travesuras que ella solía hacer de niña. Victor y William regresaron con el té, y lograron que Candy tomará unos sorbos del que le habían llevado.

Dos eternas horas habían pasado, y el médico aún no daba razón alguna, Patty llegó a una sala llena de tensión, y saludó amablemente. Después se acercó a su rubia amiga que parecía ausente, y definitivamente tensa.

Candy, vamos a que tomes un poco de aire.

Candy levantó la vista como si no se hubiese percatado antes de la presencia de Patty la miró con ojos vidriosos por las lágrimas que luchaba por contener.

Estoy bien, además, Martin puede venir en cualquier momento. – respondió con voz más ronca de lo normal.

Ve con Patty hija, cualquier cosa te avisamos. – la instó Katherine con ternura.

¿De inmediato?

De inmediato mi amor, pero si debes tomar un poco de aire. – le dijo Victor.

Candy no dijo más y simplemente se dejó guiar, Patty la llevó al patio, dónde el frío aire otoñal proporcionaba algo de alivio.

Caminaron en silencio por un rato, hasta que Patty decidió hablar.

¿Qué sucede, Candy?

Temo perderlos… - confesó con esfuerzo la rubia.

Candy, no va a pasarle nada a Albert ni a Drew, ya te explicaron y dijeron que todo era muy sencillo.

¿Y si se complica la anestesia de Albert?

Él es un hombre fuerte, saludable, lleno de vitalidad, no tendría por qué complicarse la anestesia. – le dijo Patty con lógica.

Patty… no puedo, ni quiero vivir sin ellos. – le dijo ella por fin apenas pudiendo contener sus emociones.

Patty se detuvo y la abrazó, dejándola sacar sus miedos, su dolor, la incertidumbre, todo lo que la atacaba en ese momento.

Todo va a estar bien, querida, todo va a estar bien. – le dijo Patty mientras sentía el frágil cuerpo de Candy convulsionar con las lágrimas. – Debes de ser fuerte. – la animó.

Lloró en silencio en los brazos de Patty, desahogando una vez más su dolor e incertidumbre.

De pronto, el celular de Candy sonó, y ella limpió un poco sus lágrimas para poder ver.

Sí, Martin, gracias, voy para allá enseguida. – dijo antes de colgar. – Debemos volver, ya Martin está en la habitación, para darnos el update.

Bien, solo recuerda que debes de estar tranquila.

La morena y la rubia caminaron de regreso al hospital con el corazón en la mano, ansiosas y temerosas de noticias por partes iguales. Mientras recorrían los largos pasillos blancos, Candy repetía una y otra vez la misma línea a modo de oración, como si la repetición constante fuese capaz de obrar el milagro.

Que todo esté bien con Albert, y que Drew se sane, Dios mío, que se sane…