¡Bien hermosas, pasamos una semana sin dramas… wow! Estoy sorprendida. Les mando un abrazo, y miles de bendiciones, gracias por su paciencia y su espera, espero que lo disfruten…

C, sabes que estoy en deuda contigo. Un abrazo mi querida amiga.

RAA 37

Patty y Candy llegaron a la sala con una Candy un poco más calmada, Martin llegó un poco de tiempo después y las mujeres se pusieron de pie como impulsadas por un resorte, mientras los caballeros se acercaban, por supuesto la primera en preguntar fue Candy.

¿Martin? - la voz de la rubia era ansiosa.

Todo salió bien, Candy, Albert estará en recuperación unas dos horas hasta que pase el efecto de la anestesia, como ya te había comentado después de eso podrá seguir con la rutina normal y en una hora más podrán entrar a ver a Drew, aún va a estar sedado y será monitoreado constantemente, pero, hemos hecho todo lo necesario, y ahora solo nos resta confiar y esperar. – le dijo el médico de ojos bondadosos.

Gracias Martin, ¿indicaciones?

Pues, solo decirte que las enfermeras estarán entrando cada hora a revisar la temperatura de Drew durante la noche, y así será por el próximo par de días, cualquier signo de fiebre, erupción, dolor, u lo que sea es mala señal, además de eso, no hay mucho más que decir o hacer, pero como siempre llámame con cualquier duda.

¿Y Albert? –

Todo normal, solo que coma bien estos días, y se tome las cosas con calma, ya repasé con ustedes las posibles molestias del procedimiento, tomará analgésicos para contrarrestarlas, pero no hay nada de qué preocuparse, así que tranquila, todo salió como se esperaba.

Gracias Martin.

El médico se despidió con una inclinación de cabeza y salió de la sala de espera, la familia volteó a verse con una mezcla de alivio y ansiedad ante la espera que tenían por delante.

Llamaré a Margaret para que envíe alguna sopa de verduras para que cene mi hijo. – dijo Pauna.

No es necesario, ya la llamé, y Rob lo traerá más tarde, así como un menú ultra nutritivo y saludable durante la próxima semana. – le dijo Candy sin más ante la sorpresa de Pauna, quien en realidad no creía que la rubia tuviese cabeza para mucho, pero que una vez más le demostraba a Pauna Andrew, que Candy era una mujer madura, segura de si misma, y sobre todo que amaba profundamente a su hijo y a su nieto.

Bien, entonces solo nos queda esperar, te acompañamos en lo que te dejan ver a Drew y nos quedamos al pendiente de Albert. - le dijo con una leve sonrisa apretando su mano nuevamente.

Gracias Pauna…- le dijo ella conmovida ante el gesto cariñoso de la mujer.

No tienes nada que agradecer Candy, somos familia, hoy más que nunca, gracias a ti, somos familia. – le dijo abrazándola brevemente, Pauna, al igual que todos era consciente de que pasado el tiempo, Albert y Candy seguramente lograrían estar juntos, aunque claro, primero, y antes que todo, estaba Drew.

Esperaron pacientemente, distrayéndose unos a otros, enviando los mensajes pertinentes a la familia, y tratando de tener esperanza, de pensar en un futuro brillante y favorecedor.

Después de un tiempo Candy pudo por fin ver a su pequeño, entró sigilosamente a la habitación, y observó al pequeño Drew que dormía plácidamente en su cuna, y ella simplemente se dedicó a contemplarlo, quería grabar en su mente cada uno de sus rasgos, pedirle al tiempo que se detuviera, y exigirle a las Moiras que siguiesen hilando y enrollando la vida de su hijo, porque aún era demasiado temprano para ser cortada.

Candy no supo exactamente cuánto tiempo pasó contemplando a su bebé, pareciera que de pronto, el cielo se oscureció dando paso a la noche, Candy trataba de mantenerse serena, pero su mente no dejaba de preguntarse cuanto tiempo más tardaría Albert en llegar.

Al fin Albert pudo volver al lado de su pequeña familia, el efecto de la anestesia había pasado, no era necesaria una hospitalización, lo habían llevado en silla de ruedas hasta la sala de la habitación, aunque lo que más deseaba era estar al lado de Candy, sabía que sus padres estaban ansiosos, y que debía verlos por unos momentos, así que pasó el tiempo suficiente para tranquilizarlos a su lado, y después de despedirse se dirigió pausadamente a la habitación de su hijo, sabía que el dolor se iría en un par de días y que se sentiría raro por unas tres semanas, pero eso era lo de menos, era un precio insignificante a cambio de la recuperación de su hijo, entró a la antesala, siguió el rigurosos protocolo de higiene, ahora más importante que nunca, y después por fin entró a la habitación dónde Candy estaba sentada en el sillón contemplando a Drew que dormía en su cuna.

Su masculino aroma inundó la habitación y Candy se puso de pie ansiosa para ir hasta él, estaba algo nerviosa y cansada ante todas las emociones que el día había traído.

¿Cómo estás? – preguntó titubeante.

Estoy bien. – le dijo él abriéndole los brazos para rodearla en un cálido y firme abrazo, al cual la rubia por supuesto accedió gustosa, aferrándose fuertemente a la cintura del rubio y recargándose en su firme pecho.

¿Comiste? – preguntó sin soltarlo.

Sí, gracias por pedir mi sopa favorita, mamá me dijo que habías sido tú.

Margaret la preparó…

Sí, pero gracias por pedirla. ¿Cómo ha estado nuestro pequeño?

Bien, dormido, supongo que cansado del ajetreo del día, vienen a revisar su temperatura cada hora.

¿Cómo estás tú? – preguntó él tomando su mentón para alzar su rostro y poder ver sus ojos color esmeralda.

Bien, estoy bien, ¿quieres dormir? - le preguntó ella viendo que su rostro reflejaba cansancio.

Sí, creo que debemos intentarlo. – le dijo viendo que ella estaba simplemente agotada, pero ella se negó.

Vamos, a que te recuestes, yo voy a velar el sueño de Drew, debemos estar alertas. – le dijo ella con naturalidad, tomándolo de la mano para llevarlo hasta la cama.

Bien, entonces velemos el sueño de Drew.

No, tú necesitas descansar, duerme.

Te propongo algo, dormiré unas horas y después te relevo para que tú también duermas.

Bien, entonces acuéstate y duerme, yo estaré en la mecedora.

Quiero darme un baño… -

¿Necesitas ayuda? – preguntó ella, enrojeciendo al instante que se dio cuenta lo que había preguntado. Albert quería contestar que sí, pero guardó la compostura y lo tomó con naturalidad.

No te preocupes, ya pasaron todos los efectos de la anestesia, no hay de qué preocuparse, ahora vuelvo. – le dijo besando su frente antes de desaparecer en el baño.

Candy se acomodó en la mecedora, y esperó por él, Albert salió del baño y se recostó del lado más cercano a donde ella estaba, Candy se puso en pie para acomodar las almohadas y las frazadas, tocó su frente para ver si no tenía fiebre, solicita a cualquier cosa que pudiese necesitar.

¿Te duele algo? – el tono de preocupación en su voz era evidente.

No, todo está bien, ¿tú te sientes bien? ¿quieres que llame al doctor para que te revise? – Albert trataba de tranquilizarla, la notaba nerviosa.

No, por supuesto que no es necesario, solo ha sido un día lleno de emociones, pero descansa… gracias Albert… - le dijo ella con ternura y amor contenido.

Candy…

Ya sé que dirás que no tengo que agradecer, y sé que no lo hiciste por mí, sino por Drew, aun así, no puedo dejar de decir gracias. – le dijo mientras se sentada un momento al lado de él pasaba sus dedos por entre el espeso cabello rubio del padre de su hijo, la verdad era que estaba ausente, tensa, cansada, la espera y la paciencia no eran precisamente su fuerte.

La incertidumbre del mañana era algo terrible con lo cual vivir, y la conciencia de que su pequeño estaba jugando la última carta disponible no era sencilla de vivir, sin querer las lágrimas rodaron por sus mejillas ante la tensión del día.

Albert limpió sus lágrimas y apretó su mano para brindarle consuelo.

Todo va a estar bien, mañana será otro día. – le dijo mientras él mismo comprendía la razón y la profundidad de la tristeza que la embargaba, la incertidumbre, el dolor, todo se agolpaba y no quedaba más que apoyarse en silencio.

Te dejo descansar, yo velaré por Drew.

Se puso en pie y se acercó a la cuna de su hijo para observarlo detenidamente. Albert observó su silueta en la penumbra de la habitación, los párpados le pesaban, y el cuerpo le dolía, sabía que eran los efectos normales de la donación, pero por supuesto que eso no se lo diría a ella por nada del mundo.

Durmió unas horas y despertó un poco desorientado, observó a Candy aún sentada a un lado de Drew observándolo detenidamente, vio su reloj y se dio cuenta que eran cerca de las tres de la mañana, así que se puso en pie y caminó hasta el lado de ella sobresaltándola sin querer.

Lo siento…

Albert, regresa a la cama.

No, ya dormí suficiente, debes dormir tú, toma una pastilla de melatonina para que puedas hacerlo.

Tú eres quien debes tomar algo, es hora de tus analgésicos.

Candy, necesitas descansar, yo me hago cargo de las pastillas.

Candy simplemente lo ignoró y le sirvió un vaso de agua que le entregó junto con dos Tylenol. Albert tomó lo que le ofrecía y luego le dijo,

Bien, ahora te toca tomar la melatonina para que duermas.

Candy accedió y después de darle un último vistazo a su bebé se fue a dormir por un rato.

La noche pareció eterna, al fin llegó el alba, habían dormido poco, pero Drew había pasado esa primera noche en relativa calma.

Temprano llegaron Pauna y William con el desayuno, Drew dormía profundamente, porque Martin había preferido ayudarlo a dormir lo mas posible las primeras 48 horas con el fin de darle tiempo a su organismo de recuperar fuerzas. Así que después de revisar que todo estaba bien ambos salieron a recibir a los Andrew, quienes les abrazaron en silencio, con afecto paternal, habían llevado de todo, todo lo que recordaban que podía gustarle a Candy y lo que sabían perfectamente le gustaba a Albert.

Pauna los instó maternalmente a comer como cuando solo eran un par de chiquillos y estuvo al pendiente de los detalles como rellenar sus vasos y acercarles tentadoramente las diferentes viandas disponibles. William platicó amenamente sobre cualquier cosa que pudiese distraerlos un poco.

Mientras desayunaban juntos Candy observó el leve gesto de dolor en el rostro de Albert, y su corazón se encogió, una idea venía dando vueltas en su cabeza y decidió que era momento de sacarla de una vez por todas, aunque le doliese siquiera pensarlo, era lo justo.

Albert, ¿Por qué no llamas a Allison para que pases el día con ella? Necesitas descansar, recobrar fuerzas, y seguramente ella quiere estar contigo en estos momentos, sé que fui enfática con respecto a las visitas al hospital, pero Drew y yo estaremos bien. –

Pauna la miraba sorprendida, no podía creer que estaba dispuesta a servirle a Albert a Allison en bandeja de plata, pero guardó silencio. William simplemente dio un sorbo a su café y volteó a ver a su apuesto hijo mayor. Quien tomó la mano de la mujer que amaba y con suavidad le dio a conocer la noticia que guardaba desde semanas atrás.

Candy, Allison y yo terminamos semanas atrás cuando vino de visita. –

Albert… lo siento, ¿Cómo estás? – le dijo mientras acariciaba su mano.

Bien… era lo más honesto terminar con ella.

¿Cómo te sientes?

En su momento, me sentí culpable, aliviado, nostálgico, no sé, son demasiadas emociones juntas, pero la realidad es que lo que teníamos era simplemente insostenible e injusto para ella. – la voz de Albert era calmada, y aunque era consciente de que sus padres estaban ahí, su mirada no se desvió de Candy.

Lo siento… siento que hayamos trastocado tu vida… - había un dejo de culpa genuina en su voz, pero él la interrumpió con vehemencia.

No digas eso, no digas eso nunca, no hay nada que cambiaría, adoro tener a Drew en mi vida, y debo admitir que habernos reencontrado también ha sido bueno…- había ternura en su mirada.

Bien, entonces yo cuidaré de ti, comencemos porque es hora de que tomes tus pastillas. – le dijo poniéndose de pie para acercarle el medicamento.

Pauna y William habían guardado silencio, para Pauna era una sorpresa la noticia, pero no una sorpresa inesperada, y su corazón de madre estaba tranquilo ante lo que sus ojos veían, su hijo tenía a su lado una mujer que sin duda lo amaba con locura.

Semanas después.

Candy observaba a Drew con ansiedad, buscando el más mínimo signo de mejoría, o en su defecto el más mínimo signo de amenaza, algo de fiebre, una erupción, cualquier cosa que pudiese indicar que toda esperanza estaba perdida, y que el fantasma de la temida enfermedad de injerto contra huésped se materializaba.

Habían pasado un par de semanas, todo absolutamente todo había sido puesto en pausa, se habían consagrado a Drew en cuerpo y alma, la familia se había hecho cargo de los negocios y de todo lo demás que fuese necesario, estaban al pendiente de Albert y Candy, así como ellos estaban al pendiente de Drew.

El pequeño abrió los ojos y volteó a ver a su madre con adoración, con esa mirada tan parecida a la de Albert, que siempre derretía su corazón con su inocencia y ternura.

Mamá… - le dijo Drew con una enorme sonrisa extendiéndole los brazos, hacía ocho semanas que estaban en el hospital, y parecía que toda una vida había transcurrido desde entonces. Candy tomó a Drew en brazos y lo abrazó, no había signos de amenazas, pero aún no podían ser descartadas.

Albert entró a la habitación, y los observó jugar, Drew levantó su mirada hacia él, completamente iluminado al ver la presencia de su padre. Y no por primera vez Albert fue consciente de lo bien que le hacía al niño tenerlos a ambos juntos. Y tampoco por primera vez se preguntó si acaso regresaban a sus horarios anteriores como afectaría eso a Drew.

Despejó su mente y sonrió.

¿Todo bien? – le preguntó a Candy, sabiendo de sobra que ella seguramente lo había examinado a profundidad y tomado su temperatura.

Todo bien…pero hoy deben hacerle análisis.

Lo sé…- le dijo él rozando su mejilla en un gesto tierno de forma natural. Por supuesto que, a pesar del dolor, de la incertidumbre y de todo lo demás, simplemente habían seguido con sus rutinas, con esa vida íntimamente compartida que ahora llevaban, estando juntos sin estarlo, pero creando cada día más lazos.}

La complicidad y confianza crecían día con día, y la cercanía les era simplemente necesaria, a diario había alguna caricia leve, cosas que bien podían ser consideradas inocentes, eran cada día más comunes y necesarias.

¿Qué quería Anthony? - preguntó ella con descuido.

Eres demasiado curiosa. -le dijo él con una sonrisa burlona.

No tienes que decirme si no quieres. – Candy pretendió indiferencia, pero una traviesa sonrisa se asomó a sus labios.

El aire de ambos era descaradamente coqueto y provocador, sostuvieron la mirada por un momento, y sin dejar de sonreír Albert al fin le contestó.

Trajo algo que le había pedido. – le dijo él extendiéndole un pequeño estuche de cuero color negro.

¿Qué es esto? – preguntó ella sorprendida.

La forma en que iremos a casa cuando por fin den de alta a Drew.

Candy le lanzó una mirada interrogante.

Es tu nueva camioneta, esta estacionada abajo si quieres ir por un paseo. -

No tenías que hacerlo Albert. – ella había olvidado por completo el punto de la camioneta.

Nada de lo que hago es porque tenga que hacerlo Candy, sino porque me nace, porque es lo que quiero para ti, para Drew, para nosotros… anda, ve a dar una vuelta, te vendrá bien para despejarte.

No, la estrenaremos con Drew. –

Bien, será como tú quieras, toma ve las fotos y especificaciones, si hay algo que quisieras cambiar… -

Candy tomó lo que le extendía y le dio un vistazo rápido, en realidad tenía la certeza de que Albert le había comprado algo inmejorable, así que solo le sonrió.

Es perfecta, gracias… -

Te la doy ahora porque espero que nos den de alta pronto y puedas llevarnos a casa en ella. – a casa… y en plural, las palabras de él no le pasaron desapercibidas, había algo, algo diferente en él desde hacía semanas, tal vez tuviera que ver con que Allison ya no estaba en sus vidas.

Ella se puso de pie y lo abrazó con ternura, para después depositar un beso en su mejilla, Albert correspondió sin reservas, y sin soltarla aún le dijo.

Necesito ir al corporativo un rato ¿Quieres que llame a alguien para que te haga compañía?

No, quiero pasar tiempo a solas con mi niño… -

Él va a estar bien, Candy… - la apartó un poco de él para verla a los ojos.

Quiero creerlo, me lo repito todos los días, pero no puedo dejar de ser realista, y dos semanas es muy corto tiempo, el que no haya pasado nada aún… -

No lo digas, no pasará nada. – él la atrajo nuevamente y la envolvió en un abrazo, Drew se acercó a sus padres y pidió ser alzado en brazos, a lo cual, por supuesto obtuvo como respuesta un abrazo de ambos, y mimos incontables.

Después de compartir los alimentos los tres, y de que Drew se durmiera en brazos de su padre para tomar una siesta, Albert tomó su saco y volteó a ver a Candy.

Por favor llámame cualquier cosa, no pretendo tardar…

Albert…

¿Sí?

Vuelve pronto…-

Así lo haré, no te preocupes, ¿sabes Candy? mi felicidad es que Drew se recupere, que nuestra pequeña familia esté bien, no hay más…ya vuelvo, los veo al rato, y si necesitas algo, por favor llámame, sabes que dejaré de hacer lo que esté haciendo por venir. – le dijo él acercándola para besar su frente. Y después salió, sabía bien que confesarle lo que su corazón moría por gritar aún no era una opción, sobre todo porque Drew aún estaba en peligro, todo lo que parecía estar bien podía simplemente ser la tensa calma que precede la tormenta.

Albert resolvió los asuntos de negocios lo más pronto posible y antes de irse se dirigió a la oficina de su padre, quien había pedido verlo antes de que se fuera.

Papá… - dijo Albert a modo de saludo entrando en la enorme oficina de su progenitor.

Hola hijo, pasa, ¿cómo están?

Bien, hasta ahora todo parece marchar bien con Drew.

¿Cómo marchan las cosas entre Candy y tú?

Bien, hace un rato le dije que mi felicidad era ver a mi hijo sano, y que nuestra pequeña familia estuviera bien, aunque moría por decirle que mi felicidad es al lado de ella y de Drew, claramente y con todas sus letras.

Ya habrá tiempo de eso, sabes, tu madre pensaba en planear que celebráramos todos juntos Navidad, tal como solíamos hacerlo, aunque depende un poco de si Rose podrá viajar.

¿Quiere celebrar en New York?

Lo está considerando.

¿Qué piensas?

No lo sé, si Rose puede viajar tal vez lo mejor sea quedarnos, y pues sabes que depende de muchas cosas el que nosotros podamos participar… -Albert se quedó serio por unos momentos, había algo que quería hacer en realidad.

Lo sé, platica con Candy, tu madre quiere llamarle y preguntarle directamente, pero no sé…

Tengo una idea, en realidad, pensaba sorprenderla y si Martin nos da luz verde quiero llevarlos al castillo, he estado haciendo planes, pero quiero que sea sorpresa.

Escocia, eso es celebraremos la recuperación de mi nieto en la tierra de nuestros ancestros.

Vas muy rápido, padre, aún no sé qué dirá Martin.

Bien seremos tus cómplices, le diré a tu madre que no diga nada a Candy. Será una Navidad inigualable, el árbol más grande que hayamos visto, montañas de regalos, un pony para Drew, un tiempo en familia como hace mucho no pasamos, también espero un día celebrar tu boda y la de Candy en una noche de luna llena…

En lo más alto del risco que da al mar del norte, y seguro quieres convocar a los espíritus a darnos su bendición. – le dijo Albert con una sonrisa, conocía a su padre, sabía que eso no se lo diría a nadie más, pero era parte de una leyenda que amaba contar.

¿Te burlas de mis esperanzas? – le preguntó William fingiendo ofenderse.

No me burlo papá, solo recuerdo la historia favorita de Candy. – le respondió Albert quitando importancia al hecho, pero William Andrew necesitaba pocas excusas para hablar de su tierra, su magia y sus esperanzas, así que le respondió con toda seriedad.

Por algo ha de ser que la historia del primer Andrew la cautivó, esa chiquilla siempre supo que su destino sería celebrar un handfasting al lado de un príncipe escocés, y darle un heredero a una gran casa… que lo hayan hecho al revés no quiere decir que no vaya a suceder.

Papá, nunca creí que precisamente tú fueses a salirme con semejante cosa.

Me hago viejo, y quiero verlos felices, amo a tu hermana y a George, pero el legado de mis ancestros es tuyo… en fin, deja a este viejo soñar y ve a ver a tu hijo y a tu mujer.

Candy no es…

Es tu mujer, es la única con la cual harías el handfasting, y la que te tiene cautivado desde que tienes uso de razón, no tiene caso negarlo.

Papá, creo que mejor me voy, deja de beber Whiskey, no estás en tus cinco sentidos hoy.

Jajajaja, dale saludos a mi nuera y a mi nieto. – Le dijo sacando una sonrisa de su hijo mayor, lo cual había sido su intención principal.

Albert manejó hasta el hospital, sabía que aún había muchas cosas por delante, pero al menos estaba decidido a que su vida la consagraría a Drew, ya hacía gestiones para comprar el piso de abajo del departamento de Candy, no estaba dispuesto a perderse nada del crecimiento de su pequeño. La verdad era que no quería ninguna otra mujer en su vida, solo quería a su pequeña familia, y estaba seguro qué, aunque fuese un camino largo el que tenían por delante, él no se iba a rendir.

Se detuvo en una tienda para comprar chocolates para Drew y Candy, así como algo de moras que el pequeño amaba comer, regresó al hospital y los encontró jugando sobre una manta, les ofreció sus regalos y disfrutó del resto de la tarde a su lado, por la noche cuando durmieron a Drew, ambos se sentaron en el sillón a compartir unos momentos juntos, tal cual venía siendo ya su ritual.

Albert tomó asiento en el sofá mientras le pasaba la caja de chocolates y una copa de vino a Candy, de alguna forma tenían semblanzas de normalidad, pero esa noche Candy lo miraba fijamente, y él sabía que era tiempo de que hablaran con seriedad.

¿Todo bien? - le preguntó ella con duda, y un dejo de algo más.

Todo bien, solo he estado pensando un poco. - le dijo con seriedad dando un sorbo a su copa de vino.

Albert… - Candy se sintió incómoda de pronto, pero él tomó su mano y con tranquilidad, mirándola a los ojos le habló con el corazón.

No te estreses, solo pensaba que no quiero seguir perdiéndome de momentos de Drew… -

Y yo no quiero que él pierda momentos a tu lado, ni perderme momentos yo… ¿Qué podemos hacer? – la respuesta era obvia, pero ella no la iba a proponer, era una locura siquiera pensarlo.

Candy… quiero creer que él va a estar bien, pero sí no es así quiero estar a su lado a cada segundo, y no quiero que estés sola… quiero estar con ustedes en todo momento, tal como me has permitido estar en estos meses, así que he comenzado a gestionar la compra del piso inferior al de ustedes, estaré cerca, y así no me perderé de nada. ¿qué piensas?

¿Crees que podamos intentar vivir juntos de nuevo? – preguntó ella en un susurro.

¿Te incomodaría?

No sé Albert… ¿cuál será el límite? En algún momento tendremos que separar nuestras vidas de nuevo… - quería que él le dijera que es no sucedería jamás.

Albert no quería asustarla, llevaría todo paso a paso, como una lenta cadencia, un perfecto inicio de Tango, con deliberada lentitud y toda la sensualidad implícita le ofreció una opción, una que ella no podría rehusar.

No pensemos en el futuro, pensemos en el ahora, no sé cuándo lo darán de alta, sé que después de todo lo que te dije hace meses no tengo derecho a pedirlo, pero Candy, no quiero estar lejos un solo minuto.

Candy se perdió en el azul de su mirada, sabía de sobra que era un riesgo, pero era uno que estaba dispuesta a tomar, ya que de todas formas su corazón le pertenecía a Albert, con decisión y sin bajar la mirada expresó uno de sus más grandes anhelos.

Albert, no compres el otro piso, múdate con nosotros démosle a Drew lo que siempre soñamos.

Gracias. -le dijo él con toda sinceridad.

¿Porqué?

Por darme la oportunidad…

Eres el padre de Drew, y en este par de meses has sido increíble con nosotros, en realidad te queremos a nuestro lado...

Pero todos los demás meses fui horrible, tan solo de recordar… - Candy puso su mano sobre sus labios.

No recuerdes, ahora no importa, además no fue solo tu culpa, ambos somos responsables de lo sucedido, en mayor o menor medida… la realidad es que te extrañaríamos si no estuvieses con nosotros, ¿qué dices? –

Me mudaré con ustedes. Darán de alta a Drew y lo llevaremos juntos a casa. – le dijo con una sonrisa.

Él la abrazó, y ella se recargó en su pecho con confianza, bebieron en silencio el resto de su tinto, y él llevó a la boca de ella un par de chocolates, la observó degustarlos y pensó que le encantaría saborear el amargo sabor del cacao mezclado con la dulzura de los labios de ella, era demasiado tentador, se obligó a pensar en otra cosa y le preguntó de pronto.

¿Quieres ver algo?

No… ¿cómo te fue en el corporativo?

Bien, todo fue bien… ¿tú?

Me llamó tu madre, y la mía...

¿Navidad?

Sí, ¿Qué opinas? -cualquiera que escuchase esa conversación aparentemente inconexa se confundiría, pero para ellos dos, acostumbrados a completar los pensamientos del otro, parecía completamente racional.

Sí Martin nos da luz verde, sería genial pasar Navidad todos juntos...

¿Cómo sigue Rose?

Bien, tal vez pueda venir también.

Sería increíble, todos juntos de nuevo… - su gesto tenía un dejo de ensoñación que lo cautivaba, la mirada de Albert era intensa, mientras con un gesto acariciante despejaba el rostro de la rubia su cercanía era embriagadora, sus miradas se fundían en una, y sus corazones parecían latir a la par, no era necesario decir nada, Candy tomó la mano de él con ternura.

Estoy cansada, vamos a dormir. – Albert besó su frente y la ayudó a ponerse de pie, se fueron a la cama en silencio, durmieron con su hijo en medio de ellos, soñando que habría tal vez un futuro.

Transcurrieron otro par de semanas, y el Dr. Martin llegó un día, Drew dormía en su cuna, era la hora de la siesta, Albert y Candy se reunieron en la sala de la suite con el galeno.

Martin… ¿todo bien? - preguntó Candy ansiosa.

Al parecer todo bien, de hecho, estamos listos para dar un gran paso… es hora de salir del aislamiento inverso, y que Drew tenga contacto normal con las personas, ya ha pasado mucho tiempo en esto, y debemos darle la oportunidad a su organismo de defenderse…

Pero… Martin… - Candy temía ese paso, guardó silencio cuando Albert la rodeó con su brazo protectora y tranquilizadoramente.

No será abrupto, ¿cierto? – preguntó él tratando de obtener más información.

No, no será abrupto, comenzaremos por simplemente dejar de lado las prácticas de usar bata, cubrebocas, y lavarse religiosamente, poco a poco más visitas, y así progresivamente, si las cosas siguen bien pronto podrán llevarlo a casa…

¿Martin…? – Candy no se atrevía a formular la pregunta en voz alta.

Es muy pronto para saber si va a funcionar Candy, pero no podemos detenernos, por ahora todo indica que va bien, y hay que seguir con los pasos pertinentes, pero como bien sabes de todo lo que has leído dos semanas no son suficientes para determinar si habrá reacción injerto contra huésped o no, debemos dejar el tiempo pasar, hacemos todo lo posible por evitarlo, y seguiremos adelante, pero aún en el mejor de los casos tenemos por delante un año de exámenes constantes y algunas dosis de quimio, pero por ahora todo parece progresar bien, así que disfruten de ello, tal vez para Navidad puedan festejar juntos…

Candy ahogó un sollozo, era entre alivio, angustia, incredulidad, toda la gama de sentimientos estaba mezclada, Albert no dijo nada, simplemente la apretó contra su pecho, y le susurró palabras tranquilizadoras.

Todo va a estar bien, bonita, todo va a estar bien. –

El médico los dejó solos y dio las instrucciones necesarias a las enfermeras.

Candy seguía llorando en el pecho de Albert, era como si un dique de pronto se hubiese roto y todo lo que estaba guardado en su interior comenzaba a salir a borbotones, Albert sintió su menudo cuerpo convulsionarse entre sus brazos, pero solo la apretó más fuerte, creía que debía dejar salir todas sus emociones, desahogarse, en ese par de meses juntos pocas veces había llorado, y hoy simplemente era tiempo de hacerlo.

Candy, fueron buenas noticias, sabemos que aún falta un largo camino por recorrer. – le dijo él acariciando su cabello.

Lo sé… no sé qué me pasa… - Candy intentó apartarse, pero él no se lo permitió.

Pasa que estás cansada, pasa que han sido semanas de máxima tensión, pasan muchas cosas querida mía, así que déjame seguir abrazándote y tu llora todo lo que sea necesario.

Tengo miedo… ¿qué tal si el asilamiento es lo que lo ha mantenido sano? ¿qué tal si pesca una infección?

Shhh… son demasiadas preguntas, confiamos en Martin, y sabemos qué hará lo mejor por y para Drew, ¿quieres que pidamos una segunda opinión? – la pregunta era práctica.

No… no es eso, solo tengo miedo… ¿tú no?

Candy, hay demasiadas cosas a las que le temo, pero, eso no puede detenernos, esto es lo que sigue en el tratamiento de Drew y debemos caminar confiados en que todo va a estar bien… ¿quieres que llamé a alguna de las hermanas que nos apoyan en la DAWR?

No, estaré bien, solo abrázame un poco más, quieres. –

Todo lo que sea necesario. – le dijo él acomodándose con ella en el sillón, cuando se quedó dormida, exhausta por el llanto y las emociones, Albert simplemente cerró los ojos y dormitó con ella a su lado, entrelazados el uno en brazos del otro, el aroma de sus perfumes volviéndose uno, y sus corazones latiendo en perfecta sincronía.

Los días trascurrieron en aparente calma, Drew estaba bien, poco a poco regresaba su vitalidad, y era difícil mantenerlo entretenido dentro de la suite. Un delicioso medio día invernal Martin entró a la habitación de Drew con una enorme sonrisa y una bolsa en su mano.

Drew lo saludó con alegría y dejó a Candy y a Albert que estaban sobre el piso jugando.

Hola Drew, ¿Cómo estás? -saludó el médico amablemente al chiquillo mientras lo tomaba en brazos.

Hola Martin, ¿tienes novedades? – preguntó Albert ayudando a Candy a ponerse de pie.

¿Qué les parecería llevar a Drew a dar un paseo por el jardín del hospital aprovechando que el clima es agradable? –

¿Hablas en serio? – preguntó Candy llena de emoción.

Sí creo que es tiempo… tomen. – les dijo extendiendo la bolsa que llevaba en su mano de dónde Candy sacó una chaqueta y un par de pants.

Gracias Martin. – le dijo ella dándole un abrazo impulsivo.

No tienes que agradecer, aprovechen un poco el sol que mucha falta les hace a los tres.

¿Cuánto tiempo? -preguntó Albert, como siempre objetivo.

Una media hora creo, y después lo monitoreamos por 24 horas y salen un poco más.

Candy tomó en brazos a su pequeño y lo abrigó bien, con sentimientos mezclados el par de rubios salieron cautelosamente de la burbuja donde su pequeño había vivido por alrededor de tres meses.

Extendieron una manta frente a su árbol favorito, y depositaron a su hijo sobre ella, Drew estaba asombrado, se deleitaba con la brisa fría sobre su carita, los tibios rayos del sol le acariciaban, y por un momento pareció que solo se quedaría ahí, sentado, pero pareció recordar que era un pequeño y con deleite se dirigió a explorar su alrededor a una distancia segura de sus padres, quienes recibían los pequeños tesoros de rocas, hojas y bichos, que Albert se esforzaba por explicar.

¿Lo imaginas corriendo, yendo al kínder? lo enseñaremos a andar en bicicleta… papá quiere regalarle un pony

Jajajaja, mi padre mandó a pedir un Aston Martin miniatura, así que el Pony no me parece tan descabellado. ¿Crees que las reliquias de nuestras madres sobrevivirán a sus travesuras? – preguntó ella con ensoñación viendo a su pequeño hijo correr tras las burbujas que Albert hacía para él.

Si sobrevivieron a ti sobrevivirán a Drew. – le dijo él travieso, con una deliciosa sonrisa en su guapo y masculino rostro, Candy le iba a responder, pero, Drew se acercó y se lanzó a los brazos de su madre con gusto, después volteó a ver a Albert y le dijo.

Papá, beso a mamá. – Albert complació a su hijo con el corazón henchido de placer, por supuesto que besaría a Candy cada vez que su hijo se lo pidiera, pero también ansiaba que un día ella fuese quien le pidiera ese beso. Candy le devolvió el beso con ternura, y después ambos besaron a Drew, el chiquillo se zafó de sus brazos y continuo con sus juegos un rato más, con su calva cabecita cubierta por un gorro de lana parecía un niño sano y feliz.

Esa tarde se grabaría en la mente de Candy por siempre, el tímidamente cálido sol otoñal, las hojas cayendo a su alrededor, y ellos tres sentados en una manta, disfrutando del jardín del hospital como si fuese el mismísimo paraíso.

Una semana después.

Candy sentía como las lágrimas calientes resbalaban por sus mejillas, las emociones parecían querer tragársela por completo, los brazos de Albert la rodearon mientras sollozos incontrolables sacudían su cuerpo, le costaba respirar, las palabras de Martin habían abierto el dique de sus emociones.

Albert la apretó más fuertemente, mientras Martin le decía que si necesitaba un calmante él se lo proporcionaría, Candy escuchaba y entendía todo, pero no podía calmarse, todo daba vueltas a su alrededor y el mundo se oscurecía, antes de que la bruma la envolviera tuvo un solo pensamiento... Drew…

Candy… - la voz firme y tranquila de Albert disipó la bruma. – princesa, podemos llevarlo a casa. – ella se aferró a los brazos masculinos y que la contenían, y descansó su rostro en su fuerte y ancho pecho.

Albert… -

¿Sí?

Llévanos a casa hoy mismo, ¿si? No quiero pasar un minuto más del necesario aquí.

Hoy mismo, princesa, hoy mismo estaremos en casa, firmaré lo que necesitemos, y saldremos de aquí en tiempo récord, no te preocupes por nada, después Lena y Dorothy pueden venir a empacar.

Llamaré a Margaret para que prepare algo… mis padres… - en su cabeza daban vueltas mil pensamientos.

Candy, una cosa a la vez, les avisaremos, pero no sé si quieras gente en casa hoy… - Albert la conocía tan bien, sabía que ella recibiría a todos, pero a pesar de ser temprano tan solo las emociones de saber que al fin podían ir a casa eran suficientes para agotar a cualquiera.

No… tienes razón, hoy solo nosotros, en casa. – le dojo viéndolo a los ojos con un gesto de abierta adoración al hombre que ella sabía en ese momento le bajaría la luna si se lo pidiera.

Muy bien princesa, dame unos minutos y te prometo que estaremos en casa para la hora de la comida, aunque tenga que comprar el hospital para que nos den de alta, llama a Margaret y manda un mensaje a nuestros padres.

Albert se separó de ella y se dirigió a la puerta, pero se volvió porque ella lo llamó.

Albert.

¿Sí?

Ella corrió a sus brazos y él la recibió alzándola en vilo y apretó su suave cuerpo contra la firmeza del suyo.

Podemos ir a casa… aun…

Aún queda camino por recorrer, pero lo haremos juntos. –

Sus miradas se cruzaron, estaban tan cerca, y tan llenos de felicidad, de esperanza y de futuro, esta vez ella fue quien rozó levemente sus labios, tan solo por una fracción de segundo, para después soltarse y entrar en la habitación que había sido su hogar por más de dos meses, como si nada, dejándolo ahí, parado, con una sonrisa enorme en el rostro, y el dulce sabor de sus labios en los de él.