La noche era tranquila el cielo estaba despejado y el clima fresco y agradable, en las calles ya la gente no transitaba era martes y pasaba de la media noche por lo que las familias ya estaban descansado en casa o al menos la mayoría descansaba, puesto que en un departamento ubicado en unos de los barrios más lujosos de ciudad domino el duende del descanso aún no se hacía presente.

En una amplia cama estaba dos personas, un matrimonio, un castaño mal humorado que intentaba dormir sin mucho éxito y un tricolor que sin sueño no apagaba el televisor.

- ¿Puedes bajar el volumen?- pregunto el castaño, con la mayor paciencia que pudo, después de todo su marido estaba en feliz estado de gracia y en los últimos días no podía dormir bien por la abultada panza.

- Me encantaría, pero después no podre escuchar nada- respondió el tricolor, en otras circunstancias el jamás molestaría a su marido, después de todo el empresario tenía un trabajo muy agotador, pero ya que esa mañana kaiba le había dicho que no comiera más galletas alegando que -"eran malas para su salud y le aumentaría mucho de peso"- le había causado un fuerte enojo que aún no se le iba y que mejor manera que aprovechar sus horas de insomnio, para llevar acabo su venganza.

Seto kaiba sabía que había cometido un terrible error esa mañana, sabía que las hormonas de yami estaban disparadas y que su sensibilidad estaba al máximo nivel, y aun así había abierto su boca y pronuncio esas terribles palabras. Como el genio que era había investigado el tema de los embarazos en hombres fértiles, y había inclusive hablado con algunas personas al respeto, en especial con parejas que ya tenían hijos y todos coincidieron en dos cosas, jamás le digas gordo a un chico embarazado y jamás bajo ninguna circunstancia le niegues algo de comida. Y justo de eso se estuvo cuidando por cerca de 8 meses y a solo dos semanas de que el embarazo terminara las había pronunciado las dos el mismo día y casi al mismo tiempo, era el colmo de su mala suerte. No tuvo más remedio que aguantar el castigo de no poder dormir.

Yami estaba feliz, estaba viendo infomerciales, le encantaban por alguna extraña razón, tanto así que ya había logrado que su marido le comprara algunas cosas que era más que obvio no necesitaba, como unos tapetes de baño anti caídas, o un juego de cuchillos que jamás perdían el filo, inclusive una aspiradora de mano portátil, sin embargo esa noche su felicidad estaba ligeramente opacada y no solo por el enfado con kaiba, sino por unas pequeñas punzadas que sentía en su bajo vientre, pero no estaba alarmado en el medico le dijo que era normal que sintiera esas cosas, que solo era su cuerpo preparándose para cuando llegara el día del parto, por lo que lo estuvo ignorando todo el día, hasta ese momento en el cual sintió una gran necesidad de ir al baño.

- Kaiba quiero ir al baño- dio yami mientras lo movía ligeramente para "despertarlo", la pancita le estorbaba para poder levantarse por lo que requería que alguien le ayudara a pararse y ese por las noches tenía que ser su esposo.

- Ya voy- dijo el castaño con voz adormilada, pero sin soltar ningún comentario mordaz ya no quería más problemas con su amado.

Yami en las últimas semanas dormía semi-sentado sobre una torre de almohadas perfectamente acomodadas para brindarle el mejor confort posible, sus piernas tenían otra almohada que le daba una inclinación muy agradable, kaiba no reparaba ni un solo centavo en comprarle a su amor todo lo que pudiera necesitar, así fueran solo caprichos, con cuidado le ayudo a poner las piernas en el suelo y tomándolo de la cintura lo alzo delicadamente, el tricolor camino sólito al baño, al caminar se mecía un poco, por lo que seto pensó que caminaba con un lindo pingüinito, mismo pensamiento que no dijo en voz alta o el tricolor lo mandaría a dormir con el perro, aunque no tuvieran uno.

No paso más de algunos minutos cuando yami grito angustiado y seto no dudo en correr a ver qué pasaba.

- Se me rompió la fuente- dijo muy alarmado el tricolor, el pantalón pijama que traía estaba húmedo ni siquiera había podido llegar al baño cuando sintió que algo cálido escurría entre sus piernas y el dolor de una fuerte contracción lo doblo contra el lavabo.

- Tranquilo te llevare al hospital de inmediato- el castaño había hecho varios planes y estaba listo o eso pensó al menos, con mucho cuidado saco a yami del baño y lo sentó un momento en la cama, del armario saco la pequeña maleta roja de yami y la pañalera celeste de su hijo, las cuales ya tenía listas desde hacía unos días atrás, tomo su abrigo y el de su esposo, él se puso zapatos y pantuflas para el tricolor, tomo su celular y billetera, estaba listo, pero su amor no.

- Ni pienses que iré al hospital con el pantalón húmedo- señaló molesto el tricolor.

- No hay tiempo para cambiarte, él bebe nacerá pronto- el castaño no podía concebir el nuevo berrinche. Pero al final el tricolor gano y no solo eso, se tomó el tiempo de darse una ducha rápida, una vez listo y mientras bajaban el ascensor kaiba llamo al médico del tricolor para informar que iban en camino al hospital.

- Kaiba me duele- se quejó yami mientras sobaba su vientre.

- Si no te hubieras bañado, ya estaríamos llegando a la clínica- no quería reñirle, pero estaba nervioso de que algo saliera mal.

- Me sentía asqueroso, sucio e incómodo – se justificó el tricolor haciendo puchero.

- Tranquilo pronto llegaremos- el estacionamiento estaba vacío, después de todo pocos eran los que vivían en el lugar, así que rápido llegaron al auto y kaiba subió todo emprendieron la marcha

El camino al hospital más cercano tomaba usualmente 14 minutos, kaiba se había cronometrado en más de una ocasión, había probado varias rutas, e inclusive el usar el helicóptero de la kaiba corp. Para el traslado, pero yami se lo prohibió, por lo que desafiando los límites de velocidad logro llegar a la clínica en solo 8 minutos, le ayudo mucho el hecho que fuera tan tarde y no hubiera tráfico.

-Hola doctor – dijo yami tranquilo, tenía nervios y mucho miedo, pero el simplemente no podía demostrarlo, después de todo él era el gran faraón y el nacimiento de su hijo debía ser un evento que lo llenara solo de dicha.

- Jovencito como no llegaste antes, tienes 8 de dilatación, me sorprende que tu bebe no naciera en el auto- dijo el galeno alarmado.

-Bromea, a la velocidad a la que conducía seto, él bebe lo último que quería era salir en ese momento- la sonrisa del tricolor realmente era reconfortante.

-Bueno el quirófano está listo, solo hay que trasladarte- dijo el medico

-Quiero entrar –exigió el castaño.

-Claro señor kaiba, por favor pase par que le den una bata y se prepare.

El quirófano tenía un olor muy particular y característico, la cama al centro, las lámparas en el techo, los aparatos a los que su marido estaba conectado, los médicos y enfermeras preparando todo con sumo cuidado, kaiba estaba angustiado, su cansancio estaba reflejado en sus azulinos ojos, para el todo transcurría en cámara lenta, las estadísticas llegaron a su mente, 2 de cada 10 partos tienen complicaciones severas para un chico fértil, 1 de 30 moría, 4 de cada 30 nacimientos concluían con la muerte de la criatura, el riesgo de desgarre y desangramiento aumentaba 30% en casos prematuros, su angustia se convirtió en pánico, las matemáticas jamás le habían traicionado, siempre eran exactas y perfectas, su visión comenzó a volverse blanca, de repente había mucha calor, necesitaba abandonar la habitación, pero entonces una mano cálida lo hizo volver a la realidad.

-Tranquilo, todo estará bien- era yami, estaba exhausto, sudoroso, rojo del esfuerzo, pero aun así se mantenía optimista y fue cuando seto estuvo seguro de algo, el tricolor era capaz de desafiar todo lo humanamente lógico y echarlo a la basura.

Kaiba solo se inclinó hasta posar su frente sobre la de yami y cerró los ojos, mientras le tomaba una mano y la apretaba ligeramente, intentando de alguna manera darle consuelo y trasmitirle su amor, sentía que cada poco tiempo su esposo pujaba con gran fuerza, sentía su aliento cálido, y como temblaba después de cada esfuerzo que hacía, no fueron muchos minutos los que transcurrieron cuando un llanto se hizo presente, por fin su hijo, su primogénito, la prueba de su amor, había nacido, pronto los médicos comenzaron el chequeo del recién nacido, solo tomo unos minutos y el niño fue puesto en el pecho del tricolor.

- Hola bebe, eres tan lindo- dijo el tricolor viendo los preciosos ojos azules de su retoño abrirse.

- Mi amor eres increíble, te amo tanto- kaiba estaba feliz y por fin relajado.

Unas horas más tarde….

Yami ya estaba en su habitación tranquilo, estable y con su bebé en brazos era el papá más radiante del mundo, mientras que Seto los miraba atento desde una silla, los contemplaba, a sus dos amores, uno que apenas había sido recibido en este mundo, que inocentemente dormía en los brazos de su madre, era tan pequeño y frágil, vulnerable y adorable y el otro su tricolor, su esposo, su amante sensual, la luz en su mundo de caos, el castaño no podía creerlo aún, ¿Cómo era que podía sentir tanto amor?, su pecho sentía los golpes fuertes de su corazón desbocado, ni si quera le importaba no haber dormido en toda la noche, simplemente no podía dejar de verlos.

Los primeros rayos del sol empezaron a entrar por la venta y eso provocó que el tricolor comenzara a ensanchar su sonrisa, pasando de ser encantadora a ser intimidante, la mirada en yami ya no era la misma dulce, había un cierto picor en ella y kaiba lo noto.

- ¿Pasa algo yami?, ¿te sientes mal?- las alarmas se activaron en él, un mal presentimiento.

- Está a sido la venganza perfecta – soltó el tricolor con una alegría inusual mente picaresca.

- ¿De que estas hablando? – seto no comprendía que pasaba, ¿Cómo que una venganza?, no le resultaba lógico o con sentido alguno.

- Ayer en la mañana me dijiste gordo y yo te sentencie a no dormir en toda la noche ¿o acaso ya lo olvidaste?- pregunto yami sonriendo y antes de que kaiba pudiera parlotear cualquier cosa, el tricolor continuo – y sabes que es lo mejor que nuestro hijo contribuyo en tu castigo privándote del sueño y no solo eso, sino que además al nacer me ha hecho perder peso, comete esa seto kaiba- el castaño quería reír, pero su naturaleza se lo impidió, aun así sonrió para ellos.

- Ustedes dos son los más malvados del mundo – les respondió el ojiazul mientras se levantaba de la silla y caminaba directo a ellos para comerlos a besos.


HOLA, espero les guste esta nueva historia y se diviertan con este par.

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Disculpen la ortografía

Gracias a los que leen :-)