Hola chicas, mil gracias por su infinita paciencia, pues bien, aquí está el capítulo que les debía, como les comenté en los reviews se conjugaron varios factores para impedirme publicar a tiempo.

Primero, complicaciones en la familia han requerido de mi tiempo en forma inesperadamente constante, así que hace el proceso un poco más lento.

Segundo, este fin de semana fue el cumpleaños de mi chiquita, cumplió cinco, gracias por sus felicitaciones y buenos deseos, y pues las que son madres saben que todo este rollo de cumpleaños es complicado, en mi caso, nunca logro una sola fiesta, o evento, este fin de semana hubo dos, y el próximo fin otros dos, así que ya se imaginaran.

Tercero, y no menos importante, este capítulo, encierra tantas cosas, que debía ser perfecto, y hemos hecho nuestro máximo esfuerzo para ello, hablo en plural, porque esta vez mi querida amiga C, no solo revisó y me mandó a reescribir… que sí lo hizo un par de veces, sino que también se animó a tomar la pluma y ayudarme a crear lo que estamos por entregarles.

Gracias C, sin ti no hubiese sido posible.

Chicas, quedó largo, bastante, largo, me disculpo por ello y espero no aburrirlas, solo creemos que cada palabra dicha entre los rubios era absolutamente necesaria para disipar las sombras de una buena vez.

Les mando un gran abrazo a todas, y deseo bendiciones para sus vidas.

Keyag

RAA 40

Ella abrió los ojos de golpe, la soledad de su cama la volvió a la realidad, todo había sido un pecaminoso y prohibido sueño, su corazón estaba acelerado, se sentía caliente, siempre pensar en Albert tenía ese efecto en ella y a pesar de que afuera comenzaba a nevar, era consciente de que su ropa estaba empapada en sudor, se puso de pie y caminó hasta el tocador para enjuagar su rostro con agua fría, aunque en realidad lo que necesitaba era una ducha, no podía quitar de su mente las imágenes tan vívidas y reales, no podía negar que deseaba a Albert y más después de tanta cercanía, estaba enloqueciendo de amor, pasión, necesidad y deseo, era consciente de que anhelaba más que amanecer castamente cada mañana entre sus brazos.

Ese sueño le demostraba que en el fondo de su alma necesitaba de sus atenciones, su amor, era imperativo dejar de construir barreras para mantenerlo al margen de su corazón, cuando justamente ese tonto corazón nunca había dejado de latir por él y toda su anatomía respondía a él sin preguntarle a su cerebro, ese cerebro que junto con sus labios se negaban a dejar de presentar batalla y simplemente rendirse a ese innegable mar de emociones que la asaltaba tan solo por tenerlo a su lado.

Se preguntó no por primera vez en esos días ¿qué diablos estaba haciendo? Y que tipo de juego de "amigos" era ese en el que vivían como pareja, pero en la intimidad no funcionaban como tal.

Candy sintió el deseo quemarle la piel, y como ya era costumbre desde que llegaron a Escocia, se sintió tentada a meterse dentro de las sábanas de Albert y dejar que la amara hasta que le doliera, permitir que sus almas se volvieran una sola de nuevo, y no desprenderse de su lado nunca más.

Su cabeza era un caos de recuerdos, anhelos e imágenes que se apoderaban de ella y con nostalgia recordó las maravillosas semanas que habían pasado junto a Albert en su hogar...

Respiró profundo buscó un vaso de agua para ver si lograba calmarse un poco y dormir, porque aún era de madrugada, la noche se le antojó imposiblemente larga y agradeció cuando al fin pudo divisar la claridad filtrarse por su ventana se dio una ducha, escogió una de las lindas túnicas medievales que Albert le había regalado, y se tomó su tiempo para poner un poco de maquillaje y peinarse.

El blanco manto invernal cubría el paisaje, un festivamente engalanado abeto navideño de cuatro metros daba la bienvenida a todos los que entraban al castillo.

Candy descendió la imponente escalera principal, vestía una túnica color turquesa y llevaba a Drew de la mano quien iba divertido en brincar de escalón a escalón, mientras Candy iba a su lado pacientemente.

Albert los observó divertidos, era un cuadro enternecedor, y la túnica le quedaba tal cual lo había imaginado, simplemente perfecta, Drew levantó su vista poco antes de llegar abajo y le sonrió a su padre, quién se acercó y le extendió los brazos, Drew con toda la confianza de un pequeño de dos años que adora a su padre se lanzó a los brazos de Albert quién lo atrapó en el aire y lo hizo dar vueltas, después fijó su mirada en Candy, y le preguntó coquetamente.

¿Quieres intentarlo tú también?

Jajaja, creo que no es necesario.

Vamos a desayunar, están esperando por nosotros.

El ambiente era festivo, toda la familia se encontraba reunida en la larga mesa, incluidos los padres de Stear y Archie, los Johnson, la tía Elroy, los padres de Patty y los de Anthony. Los vieron entrar con Drew correteando frente a ellos, tal parecía que el chiquillo tenía prisa por recuperar el tiempo perdido cuando estuvo en el hospital, y detrás de él, con una sonrisa que hablaba aquello que ellos no osaban decir en voz alta, venía la pareja de rubios, tomados de la mano, como si el mundo a su alrededor no existiese y caminaran entre nubes de colores. Dieron los buenos días, Drew corrió hacia sus abuelos, y ellos se dirigieron a los lugares vacíos cerca de Elroy.

Candice, querida, te ves espectacular con ese atuendo, al parecer jugaremos a los disfraces, y no me quejo de ello, solo porque los caballeros usarán el kilt toda la semana. – le dijo Elroy Andrew a modo de saludo.

Hola tía, tú también te ves increíble. –

Pues había que complacer las locuras de mi querido sobrino, ¿no es así, Albert?

No son locuras tía, solo una forma original de pasar esta semana familiar. – respondió el rubio dándole un beso en la mejilla a su tía y abriendo la silla al lado de ella para que Candy tomara asiento.

¿Y bien Albert, qué tienes planeado aparte de los disfraces? – preguntó Stear con descuido.

Pues, después del desayuno nos toca defender el honor de los Andrew en una justa de juegos tradicionales contra los Douglas y los McDowell, así que come bien mi querido primo, porque en una hora salimos rumbo a los juegos.

¿En verdad organizaste juegos tradicionales? – le preguntó Candy con sorpresa, no había asistido a un evento así desde niña.

Sí, tres días de juegos, y esta noche, nos acompañaran para celebrar nochebuena, mañana los Douglas darán una fiesta de navidad, y pasado mañana los McDowell harán la fiesta que cierre el torneo, así que familia, tres días de juegos al aire libre, y galas nocturnas, ¿Qué opinan? – Albert conocía de sobra a su familia y sabía estarían encantados, más primos Andrew los alcanzarían en los juegos y esa noche el banquete y fiesta serían simplemente espectaculares, era tiempo de celebrar la vida.

Candy observaba como daban los últimos toques a su peinado y maquillaje, el vestido escogido por Albert era indescriptiblemente hermoso, siguiendo el mismo tema medieval había sido confeccionado en un rico terciopelo color verde y brocado de seda del color del oro viejo, con largas mangas mariposa, hombros descubiertos y corte princesa, la lujosa tela se pegaba a sus curvas y revelaba la pálida y cremosa piel de sus hombros, y cuello así como el nacimiento de su escote de manera delicada y tentadora a la vez.

Le habían recogido el cabello en un peinado semi suelto, y su maquillaje era muy natural, acentuando sus finos rasgos, y sus enormes ojos verdes. Candy se miró en el espejo, tratando de reconocer en la imagen proyectada a la mujer sencilla y natural de los últimos tiempos.

Llamaron a su puerta y su estilista abrió la puerta y se retiró de inmediato dando paso a un apuesto Albert engalanado con su kilt ceremonial y una seductora sonrisa.

Te ves tal cual te imaginé. – su voz profunda llenó su habitación.

Esto es extravagante, es más no admite joyas, solo pensaba usar el relicario que me regalaste con los labios de Drew. –

Pues, el relicario irá perfecto con el vestido de mañana, pero hoy tengo algo más…

Albert, todo esto es demasiado.

Cómo escuchaste en la mañana hay tres galas, y el vestido de mañana es azul, lo cual va perfecto con los zafiros del relicario, pero hoy, somos los anfitriones.

¿Somos? Pauna, William y tú son los anfitriones, yo solo soy una invitada.

Jajajajaja, cariño, eres la razón de todo esto, tú y Drew, más aún eres la razón de mi felicidad, así que nadie puede lucir más espectacular que tú.

Bueno, ya lo has logrado con el vestido…

El vestido no está completo sin esto. – le dijo entregándole una caja de cedro intrincadamente labrada.

Albert, ¿qué hiciste?

El sueño medieval no puede estar completo sin esto, ábrelo.

Sus manos temblaban, conociéndolo sabía que se iba a encontrar con un tesoro de valor incalculable. Y así fue, en el fondo de terciopelo rojo oscuro del cofre, esmeraldas y diamantes engarzados en oro viejo la contemplaban.

Esto es demasiado.

Es perfecto, ¿me permites ponértelo? – la contradijo él y tomó de la caja la pieza más grande, un hermoso cinturón de piedras preciosas.

En serio esta vez exageraste.

No voy a discutir. Mírate tú misma, pareces una reina.

Albert la había tomado de los hombros y la había hecho girar hacía el espejo para que pudiese observar su reflejo. Candy se quedó sin palabras, el no mentía.

¿De dónde las sacaste?

Jajajajaja, recuerda que no suelo revelar todos mis secretos.

Albert, esto no es una imitación, ni una réplica….

No, no lo es. ¿Me acompañas?

¿Habrá guardaespaldas tras de mí?

¿Por qué habría de ser así? Estamos en casa mi amor, y tú eres la madre del futuro Laird de los Andrew, es justo lo que te corresponde. Hazme el favor de permitirme escoltarte al salón.

Con una condición.

La que quieras.

No me dejes sola. –

Jamás. – le dijo mientras tomaba su mano y besaba su delicada mano coronada por el enorme diamante con clusters de esmeraldas a los lados en su dedo índice.

No es por galantería o coqueteo Albert, en verdad temo por las joyas. –

Jajajajajaja, déjate de tonterías y vamos, pemíteme presumir que llevo del brazo la mujer más hermosa del mundo, y que no solo la llevo del brazo, sino que es la madre de mi hijo, y sobre todo la mujer de la que estoy perdidamente enamorado.

Eres un coqueto. – por supuesto que el tono de ella también lo era.

No desde hace mucho, y lo sabes, solo contigo.

Claro, en cuanto lleguemos a esa fiesta te rodearan mujeres y tú sonreirás con esa sonrisa que le quita a uno el aliento, besarás sus manos galantemente, y luego te quejarás de que no te dejan en paz.

¿Celosa? Tal vez podríamos hacer un trato.

¿Un trato?

El mismo que hacíamos cuando vivíamos en New York…

¿Pretender estar juntos para salvarte de las mujeres que te acecharan?

¿Has olvidado a los hombres?

Jajajajaja, no creo que eso será necesario, olvidas que no tengo 25 años, estoy divorciada, y que ahora tengo un hijo, hace tiempo atrás que dejé de ser partido deseable.

Supongo que no te has visto en un espejo, ¿necesito recordarte que a Thompson le bastó verte una vez para volverse loco?

Entonces la propuesta de llegar a un acuerdo es por mí, no por ti… - le dijo ella maliciosa.

¿Acaso tienes algo en contra de mi propuesta?

No lo sé, todo depende quien esté invitado. –

Eres malvada porque sabes perfectamente que no tengo ojos para nadie más que no seas tú.

Solo lo dices por coqueto…

¿Quieres que te demuestre que no es coqueteo?

¿Cómo planeas lograr eso?

Puedo empezar por besar esos labios que me vuelven loco.

Mmmm…

¿Mmmm?

Pues, debes ser endemoniadamente bueno besando si pretendes convencerme con solo un beso.

Oh, después del beso pueden venir muchas otras cosas, que seguro te convencerán de mi absoluta devoción. - Albert estaba tan cerca de ella y su voz, aunque apenas un susurro era tremendamente seductora, Candy estaba verdaderamente tentada a cerrar la puerta con llave y simplemente dejarse llevar, después de verlo esa mañana competir y ganar cada uno de los retos que había enfrentado, en sí todos los juegos habían sido una fiesta de testosterona, pero por supuesto Albert encarnaba la definición misma de masculinidad. - ¿Qué dices, princesa?

Candy estaba a punto de responderle cuando fueron interrumpidos por el ruido de la puerta principal de la suite que se abría y el llanto de un bebé.

Candy, Albert…

Es Archie, seguro necesita ayuda.

Te juro que si no fuese por Victoria lo sacaría en este momento a patadas. – le dijo el rubio de mal humor.

¿Qué sucede Archie? estamos acá. -dijo ella en voz alta después de dar un leve pellizco a Albert.

Llora y no se que tiene, ya le cambié el pañal, ya le di de comer, ya la bañé… - el gesto desesperado y su apariencia desaliñada eran más que cómicas.

Candy extendió los brazos para tomar a Victoria en brazos, pero Archie la detuvo.

Deja que Albert lo intente, no quiero que te ensucie, gatita. –

¿Estás de broma? No pasa nada. – le dijo Candy extendiéndole los brazos a Victoria quien con gusto se lanzó a ellos. Como por arte de magia la pequeña se acurrucó en los brazos de la rubia quien comenzó a arrullarla.

Tiene sueño, ¿Quién la duerme normalmente?

Su niñera… -

Necesitas crear lazos con ella Archie. – le dijo Candy en un susurro.

¿Cómo se hace eso exactamente?

Estando ahí para ella, mi querido primo. – le dijo Albert palmeándole la espalda.

Aún no se duerme, pero abrázala con amor, la ropa, es lo de menos, ella necesita saberse amada y protegida. – le dijo Candy en un susurro pasándole a la pequeña.

Sostenla firmemente y cerca de tu cuerpo, les gusta escuchar tu corazón, relájate y disfruta el tiempo con ella Archie, una fiesta menos ¿qué más da? – fue el sabio consejo de Albert.

¿Es seguro acostarme con ella a dormir?

Sí no te duermes tú, dejar que se duerma en tu pecho es lo más increíble que puedas imaginar.

Bien, lamento haberlos interrumpido, gatita, te ves hermosa, vayan y disfruten de su noche.

¿Estás seguro qué puedes con ella? – la preocupación en la voz de Candy era evidente.

Podré, tengo que poder, no hay de otra, anden, vayan a divertirse.

Llama si necesitas algo. – le dijo Candy

Más te vale en verdad necesitar algo si vas a llamarnos. – le advirtió Albert.

Lo sé, descuida, llamaré a mi madre, pero dudo que ella haya hecho algo como esto alguna vez. –

Candy le sonrió a Archiebald con simpatía, su madre era efectivamente una mujer de sociedad muy parecida a Anne en sus elecciones, tal vez por eso para Archie eso era lo normal.

Albert tomó a Candy de la mano y la acercó a él.

¿En qué estábamos princesa?

¿Crees que…?

¿Qué puedo convencerte con un beso?

No… Archie.

No te preocupes, lo logrará tiene que lograrlo.

Está pensando en separarse de Anne ¿cierto?

No me lo ha dicho abiertamente, pero creo que es una posibilidad. Te prometo que podemos preocuparnos de esto después, pero ahora, disfrutemos de la noche, ¿me dejarás presumirte?

¿Te quedarás a mi lado?

Hasta el fin del mundo, y aún más allá.

Candy y Albert descendieron la gran escalera principal llamando la atención de los presentes, él se veía cautivadoramente guapo, y ella era una visión en terciopelo verde bosque y dorado.

Pauna observó a la pareja sonreír y saludar a los invitados, su presencia era magnética, por supuesto que estaban rodeados de hermosas mujeres y apuestos caballeros, pero a pesar de los muchos intentos eran simplemente inseparables.

¿Crees que está vez funcione?

No lo se Kath… sabes que sería un sueño hecho realidad.

¿A pesar de todo?

Me equivoqué Katherine, ella lo ama, y Albert está loco por ella, espero que solo sea cuestión de tiempo. ¿Qué piensas tú?

Que quiero otro par de nietos, rubios como el sol igual que Drew y no me importará si son igual de traviesos de lo que eran Candy y Albert cuando niños.

Ten cuidado con lo que deseas querida mía. – le dijo Victor ofreciéndole una copa de champagne a su esposa y otra a su amiga.

No niegues que tú también estarías encantado. – le dijo Pauna pragmáticamente.

¿Qué traman este par de hermosas mujeres? – preguntó William que recién llegaba a la conversación.

Lo usual cuando ven a Candy y a Albert juntos. – le respondió Victor encogiéndose de hombros.

Jajajajaja. – la risa alegre y masculina denotaba un poco de burla.

Te burlas de nosotros William, pero bien que accediste a esta tontería de tener una semana medieval. – le dijo Katherine a quien los atuendos no le encantaban precisamente.

Querida Katherine, mi hijo quería diversión para complacer a tu hija, ¿qué más podía hacer?

Encerrarlos en el sótano por unos cuantos días a ver si por fin se dejan de tonterías, y cuando salgan de ahí nos dan la noticia de que seremos abuelos de nuevo. – la respuesta de Pauna hizo que el íntimo círculo se desternillara de risa.

No es mala idea… - la expresión de Katherine parecía insinuar la posibilidad de llevar acabo ese plan lo más pronto posible.

Katherine, por Dios, son adultos, ellos harán las cosas como y cuando quieran, siempre ha sido así. – le recordó Victor.

No te escandalices Victor, les dejaremos comida suficiente. William, querido, dime que, dentro de toda esta tontería renacentista, medieval u lo que sea planearon un handfasting. – la mirada de inocencia de Pauna era incomparable.

No mujer, no planeamos un handfasting, así que lo mejor será que dejen de tramar cosas, y confíen en que esta vez las cosas al fin resultarán. Mejor llevémoslas a bailar Victor, antes de que se les ocurra mandarlos secuestrar y encerrar en alguna suite de un hotel paradisiaco. Pauna, amor mío, ¿me concedes este baile? – los intensos ojos azules y sus ademanes galantes aún ahora, después de casi 40 años de casados eran capaces de hacer que Pauna perdiera el hilo de sus pensamientos. Solo le sonrió a su amado esposo y se dejó conducir a la pista de baile.

Victor y Katherine los observaron por un momento, tenían el mismo magnetismo que Candy y Albert, una atractiva pareja perdidamente enamorada el uno del otro.

¿Así nos vemos? – preguntó Katherine.

Tendrás que preguntárselo a Pauna mi amor, pero si no nos vemos así, al menos así me siento… ¿Qué te preocupa, cariño? –

¿Cómo sabes?

Te conozco, y sé que tratas de ocultarme cosas por cuidar de mi salud, sin embargo, no es necesario.

Me preocupa Anne…

¿Un posible divorcio?

Me preocupa que siga siendo infeliz, y que se pierda de tantas cosas por solo Dios sabe qué razón.

Apoyemos a Archie lo más que podamos, y una vez que terminemos aquí vayamos a donde se que esté para hablar con ella, pero al final del día es una adulta, mi amor, y sus elecciones de vida son de ella, estaremos cerca para apoyarla, pero al igual que en su momento con Candy, no podemos ir más allá de lo que ella nos permita, ahora bien, mi amada esposa, ¿podemos bailar. –

Está bien, vamos antes de que alguna jovencita atrape tu atención. –

Solo tengo ojos para ti, mujer. – le dijo en un tono que a pesar de su edad y los años que llevaban de casados la hizo ruborizarse.

Albert y Candy bailaban muy cerca el uno del otro la suave melodía que flotaba en el aire, pasaba de la media noche y la fiesta aún seguía en su apogeo, pero Albert había llevado a Candy hasta un salón privado y las notas de "Perfect Simphony" la canción con la que él le había pedido que fuera su esposa llenaban el antiguo recinto.

Amo esta canción.

Yo te amo a ti, y esa canción es precisamente nuestra historia…

Albert…yo…

¿Por qué no dejas de resistirte, mi amor? ¿A que le temes?

Ambos seguían meciéndose al ritmo de la música, disfrutando de esa intoxicante cercanía, el aroma de sus perfumes y de su piel mezclándose en uno solo, Candy recargaba su rostro en el pecho de él, sintiendo el firme latir de su corazón, su calidez, la seguridad que su fuerza le brindaba. Escuchó la interrogante, y guardó silencio por unos momentos, ¿cómo responder esa pregunta?

¿Candy? – insistió él - ¿acaso no sientes lo mismo? – que hubiera duda de parte de Albert acerca de sus sentimientos fue como una daga en su corazón, porque sabía que lo estaba lastimando, ya que al final del día, él no había sido quien la abandonó.

Nunca he dejado de amarte… - su suave confesión le quitó un peso al corazón de él.

¿Entonces?

Necesitamos tiempo, tiempo de acoplarnos, de estar juntos, de conquistarnos, ¿qué sucederá si nos casamos? ¿qué sigue? Creo que ninguno de los dos podríamos soportar una nueva ruptura, ese sería verdaderamente el fin, y no quiero perderte, prefiero mil veces tenerte a mi lado así, como amigos, aliados, que perderte.

Es lo mismo que me dijiste en la playa, pero mi amor, cree en mí, cree en nosotros.

Una cosa es creer en nosotros y otra muy diferente saber que no es por falta de amor, que nos separamos y que tal vez el destino se niega a permitirnos estar juntos, Albert mi amor… nos hemos hecho mucho daño en el pasado, más yo a ti. Tengo miedo de mi misma, de las barreras que he creado para no ceder, para no enamorarme cada día más de ti, de las excusas, muero de dolor de solo pensar que no puedas perdonarme todas las imprudencias y tonterías que cometí en el pasado, a que te decepciones de mí, de la mujer que soy, de no ser suficiente. –

Candy lloraba, estaba por fin hablando con sinceridad, tal vez este era el momento para hablar de corazón a corazón y dejar atrás tantas dudas, secretos y desencuentros, si la vida le ponía en frente la oportunidad de volver a estar juntos, en una relación de pareja que lo comparte todo, no podían dejar pasar más tiempo sin hablar, era tiempo, de decirlo todo, reconocía que sus almas luchaban cada segundo por estar juntas, por pertenecerse, pero las dudas, los miedos y el dolor de la pérdida, la congelaba, le impedía dar el salto definitivo a sus brazos.

Albert, estaba seguro si se negaban a hablar, a dejar el pasado atrás, dónde pertenecía, no tenían esperanza, tal vez esta noche previa a navidad, era el verdadero regalo que la vida les obsequiaba a los dos, habían luchado juntos y arrancado de los brazos de la muerte a su hijo, ya era el tiempo de ellos, de pensar en una vida juntos, de edificar una relación y tener una familia, era consciente también, que después de esa noche nada volvería a ser igual y que ese pasado no podía volver a ser un obstáculo para ellos, en ese instante, se jugaban el todo por el todo., con todo el amor que anegaba su corazón la atrajo hacia su pecho, le beso la frente y la instó en un susurro amoroso

Candy, háblame, déjame saber tus miedos, tu historia, cuéntame todo aquello que pasó en tu vida en ese tiempo que estuvimos separados y que no conozco, no me ocultes nada amor… quiero escucharte, comprenderte y amarte con todos los errores cometidos, ya no tengo nada que perdonarte porque eso ya lo hice, solo quiero saber la verdad. -

Aunque Candy había ensayado muchas veces esta charla, por primera vez no sabía por donde iniciar, remover un pasado doloroso para ambos se le antojaba imposible, reconocer que muchos de los hechos sucedidos era su culpa y que Albert no estaba obligado ni a escucharla, ni a perdonarla era una posibilidad real que a diario se cernía sobre su cabeza, así como la certeza de que tampoco tenía porque rogarle por más tiempo que lo amara, que le diera la oportunidad de amarla, de hacerla su mujer, su compañera, su todo, cuando ella nunca había dejado de hacerlo y desearlo.

La realidad era que si no se entregaba completamente a él en cuerpo y alma, no era por falta de amor, ni de deseo, era por miedo a volver a herirlo y tener que morir de apoco en el proceso …hoy que la vida le devolvía la oportunidad de hacer las cosas bien, de luchar por las dos personas más importantes en su vida, no podía equivocarse y ese temor le estrujaba el corazón y le robaba las palabras, simplemente no sabía que decir ni cómo hacerlo, calló mientras meditaba, hasta que escuchó a Albert suplicarle

Candy …. por favor amor, me estas matando con tu silencio, confía en mí amor, en lo que tenemos, en nuestros sentimientos, en que te amo y que nada de lo que me digas me hará amarte menos o dejarte. - Le decía él mientras la tomaba de las manos y la miraba suplicante para infundirle valor a sus palabras.

Candy rozó sus labios con amor, se separó un poco de su lado, tomó sus manos, lo miró fijamente a esos hermosos ojos azules que la miraban como el tesoro más grande que ningún hombre tuviera en el mundo y empezó.

Albert, mi amor… ya sabes las razones por la que me fui de tu lado y me casé sin pensarlo con Michel, pese a que nunca volví a sentir nada por él después de estar contigo, eso no necesito volver a decírtelo; lo que no sabes es que me costó la vida, la alegría, mi felicidad … dejarte a ti ha sido la peor decisión y experiencia que he vivido jamás. Cuando te creí amante de Sonia y con todos los inconvenientes que implicaba estar perdidamente enamorada y embarazada de quien yo creía mi propio hermano, fue devastador, me superaba el dolor, sentía morir y hubo momentos que hasta sentí que no sería capaz de llevar a término mi embarazo, en verdad quería morirme y acabar con todo ese dolor. Sabía que te había herido, que me buscaste, que necesitabas respuestas, pero que esperabas que te dijera, si cada día simplemente moría de a poco. Perdóname amor mío… perdóname. - decía Candy entre lágrimas. Tomó aire para tratar de relajarse y Albert tomó su mano, como para darle aliento, ella se calmó un poco, y después se obligó a continuar - Tu no lo sabes pero en el instante que dejé nuestro hogar en New York, mi vida perdió toda su luz, mis días se tornaron tan iguales y sin sentido, no lograba sonreír, solo quería dormir y no despertar jamás, porque únicamente en mis sueños no era un pecado amarte cada día con locura y ahí aún seguías conmigo, me sonreías, me hacías el amor todas las noches, amanecíamos abrazados y exhaustos, pero felices, veíamos crecer a nuestro hijo dentro de mí, construíamos ese hogar con el que tanto soñamos. El día que me casé con Michael, para mí no salió el sol, el tiempo se detuvo y se volvió imposible seguir viviendo en la misma ciudad en la que tu estabas y no salir corriendo a buscarte, abrazarte y mandar todos los prejuicios y razones que nos separaban lejos de nosotros en un lugar en que no existieran y no lograran separarnos.

Los hubieras no existen, pero mi amor, si yo hubiese sabido, nadie nos hubiese separado… - le respondió él, mientras acariciaba su rostro. – no sigas, no tiene caso que te tortures reviviéndolo todo.

Quiero sacarlo de mi mente, de mi ser, que conozcas y sepas lo que sucedió.

Está, bien, te escucho, mi amor.

En medio de mi desesperanza comencé a pensar que, si en verdad me habías engañado con Sonia, no estaba del todo mal, que por lo menos uno de nosotros lograría ser feliz después de todo y el que fueras tu, me daba consuelo, esperanza y me permitía levantarme en las mañanas, desear que me olvidaras y obligarme a olvidarte, aunque el fruto de nuestro amor crecía día a día dentro de mí.

Amor, quiero que sepas que no solo me costó la vida alejarme de ti, tuve que romper lazos con todos aquellos a quienes amaba sabiendo que los decepcionaba y destrozaba en el proceso, simplemente porque me hacían recordarte, no podía verlos a la cara, hablarles sin desear saber de ti, mi exilio fue el precio que pagué por intentar sacarte de mi corazón, de mi alma de mi vida. Michael, aunque comprensivo, sabía que vivía día a día con dolor, que nada era suficiente, que mi cuerpo se había ido a Francia a vivir con él, pero que mi alma se había quedado encadenada a tu lado, sin importar a donde fueras o con quien estuvieras, Albert te quedaste con mi alma y mi corazón, ellos nunca estuvieron conmigo después de dejarte y ahora solo necesito que me los devuelvas para compartirlos contigo, con mi pequeña familia, amor mío, no puedo seguir viviendo si me falta el corazón y tu siempre lo has tenido en tus manos...

Mi vida, quiero cuidarlo, amar ese corazón, puro e inocente que ha sufrido tanto… no sé como pude resistirme cuando te vi en la boda de Anne… Cuando te vi esperando un hijo de Michael, sentí mucho dolor, me morí de celos que pudieras realizar la vida que un día soñamos para los dos a su lado, me sentí herido, traicionado, como si hubieras robado un pedazo de mi alma, de mi vida y la hubieras cargado por meses y kilómetros de distancia, solo para botarla como algo que no sirve, me mataste Candy, en ese instante sentí que verdaderamente acabaste conmigo, con mis sueños, fue el momento en que supe que te había perdido para siempre y tuve que vivir con ello, con mi error, con las dudas, sin respuestas, pero lo peor de todo, tuve que aprender a sobrevivir sin ti, amándote sin tenerte, deseándote sin verte, Candy …. ¿Es que acaso no te has dado cuenta de que, no soy nada sin ti, sin mi hijo?, que solo los dos me hacen el hombre que soy, tu eres mi complemento, mi eternidad mi todo.

Albert, verte en la boda de Anne fue horrible, te vi tan triste en la boda de Annie, supe que ninguno de los dos éramos felices, que ambos teníamos media vida, sin el otro, que el que tu pensaras que Drew era hijo de Michael era conveniente dadas las circunstancias, pero me dolía que lo creyeras así, que te había traicionado, máxime cuando supe que jamás me habías engañado con Sonia, amor, fui tan idiota, hubiéramos sido muy felices juntos, hemos perdido años valiosos de nuestra vida.

Candy, amor mío, pudimos haber hecho tantas cosas diferentes…¿Sabías que llegue a verte una vez en el aeropuerto de Paris a su lado?, te veías tan hermosa, tan feliz, tan radiante a su lado, quise correr a separarlo de ti, arrancar su mano de la tuya, suplicarte que me regalaras un minuto para perderme en tu mirada una vez más, que le dieras una tonta esperanza a este condenado a muerte, que me permitieras vagar a tu lado, pero te perdiste entre la gente y la luz de mi alma me abandono nuevamente, para dejarme sumido en la profunda oscuridad.

Lo siento, mi amor, a decir verdad, nunca fui feliz, solo era una fachada, me sentía miserable, miserable por usar a Michael, por extrañarte y desearte, por tener terror a cada cita del médico, temiendo escuchar lo peor, que me dijera que mi bebé había muerto, que tenía alguna malformación, cada mes, cada examen fue una tortura, el día del parto… yo me quería morir, todo parecía estar bien, y a simple vista lo tomé con ecuanimidad, pero me sentía tan sola, tan aterrada, tan expuesta, vulnerable y luego cuando vi que Drew estaba bien, que no tenía nada, que era una copia tuya… sentí alivio, y mi primer impulso fue compartirlo contigo, de que el estuvieras ahí, ver a Michael con Drew me producía sentimientos encontrados, porque era excelente, pero no podía acallar la voz que me decía, pero no es su padre, y saber que tu hubieses dado la vida por él y yo te quería a mi lado, al lado de tu hijo, Dios…. Perdóname por todo esto.

No tengo nada que perdonarte, porque ahora entiendo que mi dolor ha sido el tuyo, he vivido una vida sin vivirla desde que no te tengo a mi lado, además se suponía que yo debía ir a buscarte, pedirte alguna explicación, suplicarte que me contaras tus problemas, las razones que te llevaron a creer que lo nuestro no tenía futuro, a romper el compromiso, pero en ese momento me interesó más solucionar todo el desastre económico, que hablar y solucionar todo con mi prometida, te perdí por idiota, asumí lo peor de ti, cuando en el fondo siempre supe que jamás hubieras sido capaz de engañarme con Michael, como lo sugería toda la evidencia.

Jamás, yo vivía y respiraba por ti… Cuando tuve a Drew en mis brazos por primera vez, supe que debía hacer lo correcto, por él, por mí, por ti, hasta por Michael y cuando Anthony fue a buscarme, yo ya había tomado la decisión de buscarte, de poner la cara a nuestras familias, a ti, a permitir que supieras de nuestro hijo, así tuviéramos que criarlo como su tío, no se…. Si bien era consciente que tu y yo jamás volveríamos a ser Albert y Candy, solo quería permanecer a tu lado a través de nuestro hijo, porque jamás he dejado de amarte nunca, creo que nací para amarte, ahora sé que puedo vivir sin ti, pero me rehuso a hacerlo, porque te amo y te necesito conmigo siempre para que me ames, como solo tú sabes y como nunca amarás a nadie….

Amarte es uno de los privilegios más grandes de mi vida…

¿Cómo sobreviviste, Albert? ¿cómo lograste abrir tu corazón? Comparte conmigo tu lucha, quiero saberlo todo…

A los pocos días de haberte mudado a Francia, simplemente no pude volver al penthouse, no podía regresar al lugar que había sido nuestro hogar, donde te hice mía tantas veces, donde fuimos tan felices y soñamos pasar el resto de nuestra vida juntos, así que lo hice desmantelar, redecorar, con la intención de deshacerme de tú recuerdo, de desterrarte de mi alma, pero fue inútil, terminé por ponerlo a la venta, me fui de viaje, volvía solo por negocios y una vez realizados escapaba nuevamente, así duré por meses, dedicado al trabajo y a viajar, intentando olvidarte, haciendo lo posible por huir de mi dolor, tratando de superar todo lo que había pasado y entender el porqué te había perdido, fui a la boda de Archie, sabía que allí te volvería a ver, una parte de mí se resistía a este deseo de verte, mientras que la otra moría por lanzarse a tus pies y pedirte que volvieras conmigo, rogarte para que me creyeras que Sonia, era mi pasado, que jamás hubiera podido regresar con ella o engañarte con nadie más, eres el amor de mi vida, eres la única mujer que he amado con esta intensidad, yo te adoro a ti y a nuestro hijo, el fruto de nuestro amor, el lazo que me une a ti es tan grande, tan complejo y eterno que jamás podría romperse, amor mío, me pides que te salve, cuando eres tú la llamada a salvarme a mí, de mi soledad, de esta falta de vida cuando no estoy a tu lado, esto que soy, es solo por ti, tú me haces querer ser siempre un mejor hombre, tan solo porque tú, te mereces lo mejor, eres mi musa, mi inspiración, eres simplemente perfecta, te amo…mi princesa …. mi alma…mi vida… no sabes cuanto agradecí que aceptaras regresar a Londres conmigo… sé que fui amenazante, pero por dentro sentía que, si te negabas, no tendría el corazón para hacer nada en tu contra.

En cierta forma fue un alivio, y aunque al llegar a Londres y con todo lo que implicó la enfermedad de Drew y tu bien merecida indiferencia, nada fue fácil, la verdad es que fuiste el hombre más maravilloso del mundo con nosotros en ese tiempo, hiciste a un lado tu dolor, tu orgullo y estuviste ahí para nosotros, te ganaste el corazón de tu hijo siendo solo el hombre que eres y claro que me dolía verte con Allison, saber que compartías con ella todo aquello que jamás volverías a tener conmigo, que tenías planes de una vida a su lado, que por idiota había perdido al hombre de mi vida, al padre de mi hijo, el único hombre que he amado siempre… te veías tan seguro, tan completo, estable…

No fue fácil, había regresado a Londres a tratar de rehacer mi vida, pero, ¿cómo llenas de sentido una vida que perdió su norte, su propósito, sus motivos?, me mataste Candy una y mil veces lo hiciste a lo largo de esos dos años que no te tuve a mi lado, conocer a Allison fue lo mejor que me pudo suceder en ese momento, y me aferré a ella, me obligué a quererla, volví a hacer planes….pero jamás fue igual, no se puede amar de la misma forma dos veces ,luego, me sentí idiota, miserable, perdedor, porque estando con una mujer que me ofrecía todo, yo no lograba olvidarte, sacarte de mi corazón, borrar tus recuerdos, tu sabor, tu esencia, el calor de tu piel, hacer el amor contigo siempre fue como tocar el cielo, conocer el paraíso y jamás con nadie he sido tan feliz y he vuelto a sentir lo que es verdaderamente el amor.

Lo mismo me sucedió a mí… me fue muy difícil verte con ella, y cuando te fuiste de nuestro hogar, debo decirte que sentí morir, pasaron cerca de dos meses para volver a sentirme yo, pero ese mismo día también surgió una necesidad casi enferma de recuperarte, de tenerte a mi lado, de ser familia, de ser la madre de tus hijos, la compañera de tu vida, la mujer que merecía vivir y envejecer a tu lado, quería que me volvieras a ver como mujer, no solo en mi rol de madre, amiga… quiero que me desees con locura, que me ames con la misma devoción que soy capaz de profesarte, quiero ser tuya en todas las facetas que soy … ámame Albert siempre he sido solo tuya, de todas las formas, aún cuando no me tenías y no sabías que éramos almas gemelas, aún entonces siempre he sido tuya – decía Candy entre lágrimas de felicidad de poder descargar su corazón, dejar a un lado sus temores y de que por fin pudiera hablar con toda la verdad que había en su alma.

Candy, amor mío, perdóname por no buscarte en esos cuatro días que me enojé contigo y decidí tomarme mi tiempo, hoy sé que fue un error y no hay día en que no me arrepienta de esa absurda decisión, me encerré en mi propio dolor y no fui capaz de ver más allá, de buscarte … Candy, si alguien necesita que lo perdonen soy yo, no merezco caminar el suelo que pisas, mi amor, te amo, jamás dejé de hacerlo y pese a que acabaste conmigo y me sepultaste en vida cuando me enteré que te habías casado y mudado a Francia, nada más y nada menos que con tu ex novio, no podía arrancarte de mi piel, de mi alma, de mis recuerdos, te necesitaba para respirar, para continuar viviendo, soy adicto a ti, a tu piel, a tu calor, a tu cuerpo, a tu vos … eres todo lo que he necesitado desde siempre para sentirme yo mismo, sin ti simplemente estoy perdido, eres mi luz, mi camino y aunque hace casi cuatro años casi lo olvidé, hoy estoy más que seguro que te amo y te necesito en mi vida, para ser yo mismo, amor, no me vuelvas a dejar nunca, no creo poder volver a perderte, otra vez no….

No vas a perderme… Todos estos meses de devoción que has dedicado a nuestro pequeño, a salvarlo de su terrible enfermedad, solo han hecho que me enamore mas de ti, pero ya no como la niña ilusionada con su príncipe de la colina o la colegiala enamorada del amor, sino como la mujer y madre que soy, como la guerrera dispuesta a luchar contra quien sea por las personas que más ama en el mundo, que como ya sabes son Drew y tú. Esta que ves hoy, soy toda yo, la mujer que te ama, que aprendió de sus errores, que tuvo que perderte para valorarte, para extrañarte, desearte y para volver a enamorarte …. Sálvame Albert, mi amor, devuélveme el alma, devuélveme la vida, devuélveme el amor…. Ámame, ámame cada día, cada minuto, cada segundo, no me dejes nunca…quiero vivir cada día de mi vida a tu lado, hacer un proyecto de vida juntos con Drew o con los niños que vengan, envejecer contigo y si hay vida más allá de esta, vivirla únicamente a tu lado...

Eres el amor de mi vida, eres la única mujer que he amado con esta intensidad, yo te adoro a ti y a nuestro hijo, el fruto de nuestro amor, el lazo que me une a ti es tan grande, tan complejo y eterno que jamás podría romperse, amor mío, me pides que te salve, cuando eres tú la llamada a salvarme a mí, de mi soledad, de esta falta de vida cuando no estoy a tu lado, esto que soy, es solo por ti, tú me haces querer ser siempre un mejor hombre, tan solo porque tú, te mereces lo mejor, eres mi musa, mi inspiración, eres simplemente perfecta, te amo…mi princesa …. mi alma…mi vida…

Los ojos de ambos estaban arrasados en lágrimas, las palabras parecían haberse agotado, así que simplemente se fundieron en un beso, cargado de promesas, de amor de esperanzas.

Albert fue el primero en romper el beso, enjuagó sus lágrimas con sus pulgares, la miró a los ojos y le dijo.

¿Sabes? Drew, llegó a mi vida como una luz y no alcanzaré a agradecerle a Anthony el haberme dado la esperanza de saberlos en mi vida, siempre supe de alguna manera que los dos estábamos destinados a encontrarnos, a amarnos con locura, a estar juntos, porque nuestras almas se buscan y se necesitan para estar en paz y nuestro pequeño, ha sido el ángel que ha permitido que superemos el orgullo, que cerremos las heridas y redescubramos el sentido del verdadero amor, del sacrifico, de la entrega y del desprendimiento total, a la espera del milagro de la vida. No niego que ha sido difícil esta batalla, esta prueba, que Drew es un pequeño guerrero que nos ha enseñado lo que realmente importa, que su amor incondicional me ha hecho replantear lo injusto que fui contigo al culparte de todo, cuando yo mismo te alejé de mí, me encerré en mi dolor, sabiendo que tu sufrías también, que por mi orgullo herido, fui cruel y despiadado al dejarte esa noche, te dije muchas cosas que no sentía y que no te merecías, cuando lo único que quería en verdad era besarte, hacerte el amor toda la noche y al día siguiente y al siguiente…. Sentirme uno solo contigo, recuperar el tiempo perdido …. Te amo Candy, creo que lo he hecho desde siempre y jamás he querido estar con nadie, como lo deseo contigo.

Albert, toda mi alma, mi cuerpo, mi piel te necesitan, te extraño tanto cuando no estás, solo quiero que me perdones…

Shhhh, debes perdonarme tú a mí, por todo, por dejarte sola, por no comprenderte, por no buscarte y por amarte como un loco, que no sabe que hacer cuando no estás en su vida. Permíteme quedarme, hacerte feliz, ser el padre de todos los hijos que quieras tener, confía en mí, amor, te amo y en este momento acepto lo que me pidas, solo por saberte mía, solo mía. Construyamos esa vida que queremos juntos, no me obligues a vivir sin tu amor, Candy amor mío, mujer de mi vida, quiero ser lo que tu necesites, permíteme ser tu hombre, tu amigo, tu amante, tu esposo, el padre de tus hijos, tu compañero de vida, quiero envejecer a tu lado y amarte en esta vida, en la siguiente y si hay más en todas las que siguen, eres mi complemento, todo lo que necesito para sentirme yo mismo.

Ambos se besaron como si el mañana no existiera, con amor, con locura, desesperación y deseo, diciendo con el corazón que no había nada que perdonar, que la vida era demasiado corta y valiosa para seguir enfrascados en el dolor, el pasado, en los errores, así que Candy simplemente le propuso.

Hagámoslo, formemos una vida juntos, como pareja, como amigos, como hombre y mujer… pero sin que nadie sepa que nuestra relación ha avanzado, al menos no por un tiempo…todos esperarán la boda, los hijos, los siguientes pasos que pudiesen parecer lógicos, pero, no estoy lista para todo eso, y no porque no te ame… sino porque quiero que seamos solo nosotros tres, quiero que Drew sea declarado sano antes de tener una boda, pensar en otro bebé… aunque por supuesto quiero tener todo eso contigo.

¿Cuántos bebés más?

No sé, jajajajaja, los que queramos.

¿Podemos practicar mientras tanto?

Tal vez… tengamos citas, regresemos a la rutina de trabajo y eso, una vez terminado año nuevo, y salgamos, compartamos juntos, los dos, solos…

¿Seguiremos viviendo juntos?

¿Acaso crees que dejaría que te vayas? quiero que sigamos juntos, tenerte a mi lado, ¿me permitirías conquistarte?

¿No es evidente que ya lo has hecho? - Albert acarició su rostro con amor y la besó una vez más, haciendo que ella se ruborizara ante la intensidad de su beso y jadeara con deseo, después de un rato, ella se separó renuente para tomar aire y aprovechó para preguntar con un tono de coquetería.

¿Te puedo pedir un favor?

Los que quieras, tus deseos son órdenes, mi princesa.

Te extraño a mi lado por las noches…

Tú fuiste quien pidió habitaciones separadas… - le respondió él con sonrisa traviesa.

Había una suite con dos habitaciones ¿qué podía entender?

Es una suite nupcial doble, lo sé, pero antes eran otros tiempos…

¿Regresarás con nosotros?

Por supuesto que sí, he estado a punto de deshacerme de la chapa de esa puerta. - le confesó él.

Y yo he estado a punto de rogarte que me dejes entrar a tu habitación… porque… porque mi corazón no encuentra paz lejos de ti. - ¿Cómo le dices a un hombre que has soñado "pecaminosamente" con él todas las noches desde que no está a tu lado?

Entonces, ¿Aceptas ser mi novia, aunque sea en secreto por ahora?

Jajajaja, se escucha extraño, después de todo lo que hemos vivido… tu novia nuevamente…

¿Mi esposa?

Tu amiga, tu novia secreta por ahora, la madre de tu hijo, un día no muy lejano tu mujer, tu esposa, tu cómplice…

Mi todo. - Albert no podía creer que ella estuviese cediendo, que las barreras por fin se estuvieran derribando, acercó su rostro al de ella y besó con suavidad sus mejillas, la comisura de sus labios, y después con su carnosa y sensual boca atrapó la de ella en un beso profundo, lleno de amor y ternura, pero por supuesto, el fuego no tardó en arder, la recostó sobre el sofá para sentir su suave cuerpo debajo del de él, mientras seguía prodigando caricias a su boca, controlando conscientemente sus manos, para que no tomaran vida propia, estaba consciente de que parecían un par de adolescentes, besuqueándose en un sillón, en la casa de sus padres, pero eso no le importaba, después de todo al fin la tenía en sus brazos, y podía llamarla suya… Su Candy.

Los segundos se transformaron minutos, y los minutos corrieron libre y apresuradamente, como agua entre los dedos, esa noche, debido a la fiesta, Drew se había quedado en una habitación de niños, junto con Victoria, supervisados por Lena, así que no había ninguna prisa por regresar a la habitación o a algún otro lugar.

Sus bocas húmedas y hambrientas buscaban calmar el casi doloroso deseo que habían sentido por demasiado tiempo ya, y Albert era consciente de que de no ser por el complicado vestido y las capas de ropa correspondientes por ser un atuendo de época, seguramente a esas alturas estarían haciendo algo más, pero tal como lo había planeado antes, se tomaría su tiempo, la volvería loca, de amor, de deseo, de pasión y lujuria, hasta que ella misma le rogara que le hiciera el amor.

Candy sentía la poderosa musculatura de Albert sobre ella, su fuerte cuerpo, presionando levemente el de ella, sus costillas chocar una contra la otra, sus brazos rodeándola, sus manos viajando traviesamente por su cuerpo, apenas rozándola, su boca pasaba de sus labios a su rostro, los lóbulos de sus orejas, su cuello, y hasta el nacimiento de sus senos, arrancando suspiros de su boca, por supuesto que podía sentir su magnífica erección rozando a ratos su pierna, sus propias manos viajaban por los duros músculos del cuerpo de él, su ancha espalda, su abdomen, incluso coló sus manos por debajo de la fina camisa de seda, y recorrió con las yemas de sus dedos el perfectamente cincelado abdomen.

Candy… -

Mmm…

Me vuelves loco. – su voz ronca de pasión era en sí una caricia.

Y tú a mi… - la de ella sonaba sin aliento.

¿Vamos a la habitación? ¿no estás muriendo con ese corsé?

¿Es tu forma de decirme que quieres llevarme a tu cama?

A dormir castamente entre mis brazos si solo eso deseas o bien a mantenerte despierta toda la noche mientras hago cosas innombrables a tu anatomía. – le dijo tentadoramente al oído.

Candy suspiró mientras mordisqueaba sus labios y él acariciaba su cintura.

A dormir… ¿qué clase de mujer sería si me entrego a ti justo el día que acabo de aceptar ser tu novia? – le preguntó con una sonrisa traviesa.

La mejor de todas.

Jajajaja, todavía no, solo un poco más de tiempo, ¿sí? Si me haces el amor esta noche no podré esconder que algo sucede entre nosotros…

Y entonces tendremos una boda planeada en menos de dos días… -

Así es, tus padres, mis padres, todo el mundo se volverá loco, y no quiero eso, quiero un tiempo que solo seamos nosotros, que sigan preguntándose e imaginándose, qué más da…

Te amo, vamos a descansar…

La música sigue en todo su apogeo.

Por supuesto, y el alcohol corre más que sangre por las venas de mis parientes, son escoceses festejando, pero tú y yo podemos festejar de otra forma… -

Albert se puso en pie y una pieza de joyería salió del bolsillo de su chaqueta, Candy lo tomó entre sus manos y los observó, era parecido al reloj que Albert mandara a hacer para Drew, pero había algo diferente… las piedras eran esmeraldas, y zafiros… pero los labios en la parte de enfrente no eran los de Drew…

Son…

Es un beso tuyo, mandé a hacer los tres como un juego, en la parte posterior están los labios de Drew, así como en el de Drew están los tuyos y los míos… y en el tuyo, debajo de la foto de Drew hay un beso mío… - la revelación la tomó por sorpresa.

Pero entonces, aún estabas con Allison.

Sí, pero tú y Drew son mi mundo desde mucho tiempo antes de que estuviese dispuesto a reconocerlo.

¿Cómo obtuviste la marca de mis labios?

Aún no te lo diré.

Albert…

Soy un hombre de muchos recursos querida mía, no insistas, algún otro día te contaré la historia, ahora vayamos a la cama.

Candy odiaba no saber cosas, era terriblemente curiosa por naturaleza, pero también sabía de sobra que convencer a Albert de contarle su secreto no sería precisamente sencillo, así que por ahora lo siguió dócilmente hasta la habitación, la sencilla confesión acerca de la joya llenaba su corazón de alegría y disipaba un poco de las dudas.

Es anoche durmieron juntos abrazados, con una nueva consciencia, y menos barreras entre ellos.

La mañana de navidad amaneció fría y silenciosa, la mayoría de los habitantes del castillo no habían dormido en toda la noche, Albert abrió los ojos y sintió el delicioso peso del cuerpo de su amada sobre su pecho, sus rizos dorados desparramados, sus blancos y finos hombros prácticamente desnudos, porque el fino tirante de su pijama se había deslizado hacia un lado Albert acarició levemente la suave piel cremosa del hombro femenino, siguiendo la línea de su clavícula con el dedo índice, trazando suaves círculos con su mano libre despejó su rostro y besó su frente, sintiéndola removerse en sus sueños, tenerla así, entre sus brazos, con la certeza de que le pertenecía, era una sensación completamente distinta.

La adoraba, ella era simple y llanamente su razón de vivir, la mujer de sus sueños, su inspiración, su brújula, su todo, tal como le había dicho la noche anterior. La dejó dormir un rato más, pero sus manos no podían estar quietas, tenía necesidad de ella, de sentir sus curvas y valles, de ser uno con ella, pudo sentir como la sangre se acumulaba en la parte baja de su anatomía, y buscó sus labios para despertarla con un beso, como si se tratase de un cuento fantástico, pero no lo era, ella estaba en su cama, ella había aceptado ser su novia, y sobre todo había admitido que lo amaba, ¿qué más podía pedirse de la vida?

Contemplo su rostro y acarició su nariz respingona llena de tenues pecas, repasando después sus carnosos labios que moría por besar, y que incluso se veían un poco hinchados por la forma inmisericorde en que los había besado la noche anterior.

Despierta mi amor. - Le dijo suavemente mientras rozaba sus labios, atrapando uno de ellos entre los suyos y succionando suavemente.

Candy se removió entre sueños y cambió de posición, si bien, con todo lo que habían pasado con Drew su faceta de dormilona había pasado a ser casi inexistente, esa mañana, que tal vez entre la bruma de su semi inconciencia recordaba que Drew no estaba con ellos en la cama, que no habría una pequeña manita que picaría su ojo para despertarla, ahora que unos labios insistentes la asaltaban se negaba a dejar los brazos de su amado Morfeo.

Princesa… - la voz varonil se colaba en sus sueños junto con sus indescriptibles caricias, que, aunque no pasaban a lo prohibido, conseguían despertar cada centímetro de su piel.

Mmmm…

Es navidad… - Albert sabía cuanto amaba los regalos, y cuanto deseaba ver la cara de Drew cuando viera el abeto navideño tapizado de ellos, aún tenían tiempo y quería darle él sus regalos primero. Candy abrió los ojos de golpe, y se topó con el más bello azul cielo. -Buenos días princesa. -

Buenos días príncipe… ¿te dejé dormir?

Fue mejor tenerte entre mis brazos que pasarme la noche soñando que lo estabas, aunque aún le debes muchas cosas a mis sueños.

¿Ah sí? ¿Por ejemplo?

En mis sueños no solo besé tus labios… también anduve un sendero entre tu cuello, tu oreja, y después bajé hasta tus clavículas… - mientras Albert hablaba hacía cada una de las cosas que describía. -paseé mmi lengua por el nacimiento de tus senos…y torturé con mi aliento tus pezones. -

¿Quieres saber que hacía yo en mis sueños? – le preguntó ella excitada ante su gesto íntimo, pero firme en su deseo de prolongar la espera un poco más. Cambió de posición con él, y besó sus labios lujuriosamente. – en mis sueños recorrí tu torso con mi mano, mientras mi boca exploraba la tuya, tracé una senda por tu cuello, hice círculos con mi lengua sobre tus pezones, y mi mano se dirigió al sur de tu anatomía, se perfectamente que mi mano no logra cerrarse sobre tu erección, pero soñé que la tomaba, y la acariciaba.

Candy tomó su masculinidad en su mano por encima de las sábanas y repasó perezosamente su mano por todo su magnífico largo.

Candy… - la ronca voz era apenas un gemido. Cambió de posiciones, consciente de que no podía dejarla continuar, la clavó entre el colchón y su firme anatomía, y después procedió a besarla sin misericordia, efusivo, apasionado, lujurioso, su lengua saboreo su piel, y su boca atrapó un travieso pezón que se marcaba a través del encaje de su camisón.

Albert… - su cuerpo gritaba hazme tuya, pero su boca se negaba a obedecer. – tomemos una ducha… pero solo una ducha… solo caricias… - Demonios, no era una adolescente virginal, y aún se negaba a entregarse al único hombre que verdaderamente había amado.

¿Estás segura?

Si sigo en esta cama, terminaremos por hacer el amor… y… quiero la emoción de lo prohibido, la indescriptible calentura de lo que no podemos tener aún… ¿recuerdas?

Quieres un foreplay eterno.

Sí…

Bien, vamos al baño entonces. – le dijo saliendo de la cama y tomándola en brazos para llevarla a tomar una ducha juntos.

La desvistió con reverencia, trazando sus formas con sus yemas, casi sin tocarla, haciendo que su piel se erizara, sus palmas recorrieron sus caderas, manteniendo la distancia aún en contra de sus propios deseos, deslizó sus manos por su espalda, sus hombros y tomando sus pezones entre sus yemas para juguetear con ellos entre sus dedos, la besó, el cuarto de baño se llenaba de vapor y parecía dar vueltas, ella sentía un vago dolor en su parte más íntima, un dolor que clamaba por ser saciado por esa insolente masculinidad que rebeldemente se asomaba por entre los boxers de él.

Detuvo sus besos y caricias, y con decisión, en un movimiento sensual y decidido se deshizo de los boxers, observando impúdicamente el largo y grueso apéndice que tenía frente a ella, deseando con todo su ser probar el hinchado manjar que tenía frente a ella… 30 segundos, se dijo a sí misma, y disfruto de la sorpresa de él, cuando dibujó un camino de besos en dirección al sur de su anatomía, la punta de su miembro desplegaba una perla iridiscente, señal de su obvia excitación, Candy circuló la gruesa cabeza con su lengua, y después lo tomó por completo con su boca, jugando con él como se jugaría con un caramelo navideño, mientras en su cabeza contaba hasta treinta, una vez que llegó ahí, pasó su mano por sus testículos sintiendo la dura tensión ahí acumulada, y con besos desandó el camino que la había llevado hasta ahí y regresó a sus labios.

Eres demasiado cruel… -

Te juro que un día no muy lejano no solo te torturaré, sino que me haré cargo de saciar tu hambre. – le dijo mientras entre besos lo llevaba a la regadera.

Dos pueden jugar el mismo juego. – le dijo mientras el chorro de agua golpeaba su espalda, y él succionaba con fruición uno de sus rosados pezones, y su dedo índice acariciaba levemente la entrada de su intimidad, lo suficientemente apremiante, como para excitarla, y tan suave como para llevarla a la locura. La llevó al borde del orgasmo, y después cambió el ritmo, regresando a su boca, y dejando que el agua que corría enfriara sus pasiones. Ninguno de los dos estaba seguro de cómo habían logrado vestirse, pero mientras Albert la contemplaba peinar sus dorados rizos, se acercó a ella y le entregó una pequeña caja.

- ¿No fue suficiente regalarme una fortuna en joyas?

- Esas son una herencia familiar, esto… es parte de algo que soñamos. –

Candy abrió la caja y encontró un par de llaves, en apariencia comunes. Volteó a verlo con mirada interrogante. Y Albert le extendió un sobre de fino papel color dorado, ella lo abrió y vio las fotos de una divina casa de campo, y junto con ellas las escrituras de la propiedad a su nombre y el de Drew.

Albert… es hermosa… -

No, tu eres hermosa. – le dijo mientras la besaba con cuidado de no arruinar su maquillaje, ese día vestía una larga túnica de terciopelo color rojo bourdeox, con el cuello rematado en pieles, largas mangas acampanadas, perfecto para la nevada mañana navideña-

¿Cómo me veo?

Como un sueño, si hay más de una vida por vivir, estoy seguro qué cada una de ellas la he vivido a tu lado. – le dijo mientras besaba su cuello.

Tengo un regalo para ti… le dijo mientras se ponía en pie y sacaba de debajo de la cama un largo estuche.

¿Qué es eso?

Algo que encontré accidentalmente, pero que gritaba tu nombre. –

Albert tomó el duro estuche de cuero con cuidado y lo abrió para encontrar dentro una larga espada de doble filo, evidentemente antigua… su funda estaba ricamente adornada, Albert la tomó con reverencia era una pieza excepcional.

Dale la vuelta. – Albert vio que había un grabado en el cuero color marrón, y entonces se dio cuenta que era el escudo de los Andrew.

Candy… -

Adentro está el certificado de autenticidad, perteneció al primer Andrew. –

Dios, ¿Cómo?

Soy una mujer de muchos secretos, amor mío, no puedo revelarlos, así como así. – le dijo ella con esa entonación sarcástica que le recordaban que él mismo había dicho esas palabras.

Mi padre se volverá loco…

Jajajajaja, seguramente sí. ¿Vamos abajo?

Bajaron las escaleras tomados de la mano, la familia estaba reunida, alrededor de las montañas de regalos, con tazas de chocolate caliente en sus manos, habían invitado a todos los habitantes del castillo, incluidos los empleados, tal como era tradición, repartirían regalos y convivirían en un delicioso festín que había sido contratado para que nadie en la casa Andrew tuviese que trabajar ese día.

Cuando todos estuvieron reunidos, William tomó pidió la atención de todos, como anfitrión le correspondía dar algunas palabras antes de comenzar con los regalos. Drew estaba cómodamente sentado en el regazo de su padre y Albert había pasado su brazo por sobre los hombros de Candy.

Alrededor de la sala estaban sentada toda la familia y empleados, las parejas con las manos entrelazadas, o sentados muy juntos, Stear y Patty compartían un gran sillón individual, ella sentada en las piernas de él, le hacía arrumacos a Victoria que estaba sentada tranquilamente sobre las piernas de Archie. George y Pauna compartían un loveseat con Anthony e Isabella, ambas mujeres embarazadas en diferentes etapas se veían radiantes, Pauna estaba a un par de meses cuando mucho de dar a luz, mientras que Isabella tenía unos cuatro meses de embarazo, la mirada de sus maridos sobre ellas hablaba volúmenes sobre lo que sentían por sus esposas, y la ilusión de ser padres.

Amada familia, y lo digo incluyéndolos a todos, no solo a los que son de sangre, sino a aquellos que lo son por elección, y a todos ustedes, que con su cariño y servicio brindado por generaciones en algunos casos, han formado parte de nosotros, ustedes han visto a mis hijos y sobrinos crecer, y ahora son testigos de una nueva generación con Drew, la pequeña Victoria y los que vienen en camino… este año, nos sentimos humildemente agradecidos, porque más allá de las bendiciones económicas que nos han sido brindadas, contamos con lo que no podemos describir de otra forma que milagro, nuestro amado nieto, está entre nosotros, casi como si nada le hubiese pasado, hoy somos lo que siempre debimos ser, una gran familia, y mi corazón rebosa de felicidad al ver a mis hijos y sobrinos felices, realizados, creando sus propias familias… hoy doy gracias por esta nueva oportunidad, por el futuro que tenemos por delante, y estoy seguro de que lo mejor está aun por venir, así que brindo porque el amor, la felicidad, la paz, estén con nosotros en este nuevo año y que cada uno de los deseos sean cumplidos. – dijo William para después levantar su taza de chocolate hacia los convidados.

En los ojos de los presentes había lágrimas, la mayor parte de las veces evidentes, otras tantas contenidas, y sin duda, ver lágrimas en los ojos de Elroy Andrew fue todo un acontecimiento, Candy le dijo al oído algo a su pequeño, y este corrió a los brazos de su tía abuela para que lo sentara en su regazo y así poder plantarle un beso en ambas mejillas.

Amo tía Roy. – dijo el bribonzuelo para ternura de los presentes.

Y yo te amo a ti Drew. – le dijo la mujer normalmente inconmovible con voz quebrada.

Drew decidió que el mejor lugar en ese momento era en el regazo de su tía, y con ese gesto natural tan característico de su madre se acomodó ahí, a sus anchas, y tomó la mano de Elroy para acariciarla mientras llevaba su pulgar a su boca y observaba con atención lo que sucedía a su alrededor.

Una cuchara se escuchó golpear contra una taza y Stear se puso en pie, la familia esperaba que fuese el momento en que por fin le pediría a Patty que fuese su esposa, pero estaban por llevarse una gran sorpresa.

Familia…

¿Al fin nos darás el gusto de incluir a Patty oficialmente? – preguntó Anthony jocosamente, provocando las risas entre todos los presentes.

No, seguramente un invento nuevo… - Archie se había unido a la broma de Anthony, y Stear rio de buena gana con los presentes.

Candy observó a Patty en silencio, y sus miradas se cruzaron, con esa complicidad generada de años de amistad, Candy la miró interrogante, Patty solo asintió y puso su dedo índice en los labios, para indicarle a la rubia que debía de guardar silencio, Candy apretó fuertemente la mano de Albert y él la volteó a ver con curiosidad ante su emoción, pero ella no dijo nada, lo único que quería hacer era ponerse en pie y correr hasta Patty para abrazarla mientras gritaban y brincaban de arriba a bajo como cuando niñas, pero se quedó en su lugar mientras Stear se aclaraba la garganta y lograba comenzar.

Familia, estar todos reunidos el día de hoy es precisamente lo que Patty y yo deseábamos para estas fechas, todos saben que hemos sido pareja hace un buen tiempo, y sé que esperan el siguiente paso… pues verán nosotros no pudimos esperar… - ante esta afirmación inintencionadamente doble hubo uno que otro chiflido que a pesar de lo absurdo hizo ruborizar a Patty, Stear esperó por unos momentos y mantuvo el aplomo. – querida familia, como les decía nos adelantamos y nos casamos hace seis meses, en una ceremonia ultra sencilla, ante un juez de paz, un viernes por la tarde… -

El silencio inundó el lugar por unos momentos, parecía que no estaban seguros de si habían escuchado correctamente, Candy no pudo aguantar más, se puso en pie, fue hasta Patty y saltó de felicidad junto con ella, haciendo que el silencio sepulcral se rompiera, la madre de Stear fue la primera en intervenir.

Pero… debe haber una boda…

Ya hubo una boda madre… pero creímos que debido a todo lo que estábamos viviendo como familia, lo mejor era esperar para celebrar…

Bueno, muchacho, no me encanta haberme perdido la boda de mi hija, pero sé que la harás feliz. – le dijo el padre de Patty de manera objetiva.

Papá…

Espero que ahora que estamos en un lugar mejor como familia me permitan hacer una fiesta… al menos…

Familia, brinden por nosotros… estamos casados, felices, y sí, haremos una fiesta y una boda para celebrar con todos… - ante esta última afirmación todos comenzaron a hablar con emoción y a felicitar a los esposos.

Cuando los ánimos se calmaron y todos volvieron a su lugar, Pauna volteó a ver a su hijo que se había puesto en pie y le dijo.

¿No quieren ustedes decirnos algo parecido? – preguntó con esperanza.

Jajajaja, no madre, solo quiero agradecerles a todos su presencia, su ánimo, su amor en todos estos meses, así como haber participado en el secreto de esta sorpresa… peor sobre todo en nombre de los dos quiero decir gracias, gracias por su apoyo, por su amor, por todo lo que nos han dado en estos meses, en verdad muchas gracias, y bueno, ahora lo más importante, a abrir regalos familia. – dijo alegremente provocando la risa de todos, así como acción inmediata de entrega de regalos a todos los presentes.

Candy observaba la escena con una sonrisa en sus labios, Albert rellenó su taza de cocoa y luego le preguntó al oído.

¿Contenta?

Más de lo que te puedes imaginar. – aprovechando un pequeño momento de intimidad inesperada, ya que todos tenían una ocupación, ella rozó los labios de él para agradecerle y él correspondió.

Para año nuevo, cenaron en familia entre llameantes antorchas en la playa, degustaron un auténtico menú medieval, y bailaron con la gente del pueblo y los clanes amigos las notas de su música tradicional, Candy llevaba prendido en el vestido el tartán de los Andrew, tal como era costumbre, iba sujetado su hombro con el prendedor de los Andrew, para los ahí presentes, era claro que ella era la elección del futuro Laird, y para todos los demás una mujer prohibida.

Al filo de la media noche, con la luna iluminando el sendero con sus hilos de playa, Albert la llevó a lo alto del risco y la besó con profunda devoción, que ella correspondió sintiendo que sus piernas apenas podían sostenerla ante la intensidad de su pasión, Candy se aferró a él, consciente de que necesitaba de su fuerza para mantenerse en pie, porque su sentidos la traicionaba, todo daba vueltas, era intoxicante estar en sus brazos, el rítmico romper de las olas contra las rocas, el aroma del mar que se colaba en sus sentidos, todo era perfecto.

Sabes, estoy seguro de que en otra vida aquí fuiste mi esposa, y te juro que en esta también lo serás… - le dijo con voz profunda que aceleró más su corazón, Candy hubiese dicho así a lo que fuese que él le pidiese, incluso a ser su esposa en ese preciso momento, así que solo contestó prácticamente sin aliento.

Claro que lo seré, mi lord. – le dijo ella con una sonrisa embelesada para después devolverle el beso de una manera tan intensa que ahora fue el turno de Albert de quedarse sin aliento.

La vida no podía ser más perfecta, estaban juntos, sus corazones latían al unísono, sus almas eran una sola, y tenían todo un futuro por delante, Albert, Candy y Drew, lo que hacía meses parecía un imposible, hoy era una realidad palpable, las batallas que hubiesen de venir, las lucharían hombro a hombro. Hoy eran bendecidos con un nuevo comienzo lleno de posibilidades, y sueños, pero sobre todo de amor.

Hoy, por primera vez en mucho tiempo, eran capaces de verse a los ojos, sin miedos, ni dudas, sino con certeza, devoción y confianza en el futuro.

No supieron cuánto tiempo transcurrió, pudieron haber sido solo unos segundos, o bien, una eternidad, pero se besaron entregándolo todo, fundiéndose en uno solo, esa noche no durmieron, el amanecer los encontró tendidos sobre la arena sobre una manta, arrullados en sus brazos, abrigados con gruesas mantas, y contemplando el alba de un nuevo año que prometía ser el mejor que hubiesen vivido hasta entonces.