Hola chicas… gracias por su paciencia, por sus palabras de ánimo, muestras de afecto, de apoyo, e incluso, gracias por su impaciencia.

Me he debatido entre publicar y no publicar, C, me decía hoy si no vas a terminar la historia no lo hagas, es injusto que publiques y luego las dejes esperando, y tiene toda la razón… también tienen razón el par de chicas que me dijeron que era injusto dejar las cosas colgadas.

Hoy alguien me decía que la mujer que fui hace un par de años cuando toda esta aventura comenzó ya no existe hoy, que simplemente soy irreconocible, y también tiene toda la razón… ¿qué pasó? ¿dónde me perdí? O ¿dónde me encontré? No lo sé…

De todo corazón deseo terminar, deseo tener la misma hambre de antes por terminar la historia, la sed de saber, esas cosquillas que no me dejaban dormir, que me mantenían en vela tejiendo tramas, soñando despierta.

Solo puedo esperar que sus palabras logren despertar eso que parece dormido, y entonces, pueda si no volver a ser la de antes, ser mejor en todo esto.

Abrazos y bendiciones para todas, con todo mi afecto.

C… you are always right and you may tell me I told you so in a while…. But let´s hope this one time you are wrong. Love you.

Key

RAA 41

Dos días después de año nuevo regresaron a Londres, dejando atrás el maravilloso sueño medieval, y con todo un futuro por delante. Cuando llegaron al penthouse Candy cayó en cuenta que había algo diferente.

¿Qué hiciste?

Nuestros sueños realidad. - le dijo mientras la guiaba por el ascensor a una enorme habitación que ocupaba la planta más alta, con una magnífica vista, y decoración impecable.

Esta es la habitación que soñé compartir contigo el día que fueras mi esposa… -

En verdad tenías todo un plan, ¿cierto?

Aún lo tengo, Candy, solo estaba en pausa.

Gracias por no rendirte Albert.

No merezco tanto crédito, porque conscientemente si me rendí, pero ahora que estamos juntos de nuevo, he vuelto a soñar… tenemos todo lo que deseamos Candy… y mucho más de lo que deseamos también.

No te merezco…

Shhh… - él cayó su protesta con un beso tierno, y cuando la soltó pudo observar la mirada traviesa en ella.

Podemos esperar para ocuparla… – le dijo en tono juguetón, a lo que él contestó contundente.

No necesito un papel, ni la declaración de un juez, para saber que mi corazón tiene dueña, y esa eres tú. -

El corazón de Candy se derritió ante sus palabras, no lo había creído posible, pero cada día amaba más a ese hombre, cuando pareciera imposible que el sentimiento se hiciera más grande, o que su corazón pudiese albergar más amor, algo sucedía, y se encontraba con nuevas fronteras para su amor, ella se acercó a él y se besaron candorosamente, hasta que la vocecita de quies se había dedicado a explorar los alrededores los interrumpió con impaciencia, reclamando atención y un cambio de escenario.

Ellos como los padres perdidamente enamorados de su pequeño hijo que eran, simplemente lo complacieron.

Recorrieron su nuevo hogar tomados de las manos, Candy estaba impresionada, en una semana habían añadido una nueva habitación para Drew, así como remodelado las habitaciones inferiores, y añadido tres más, todo estaba decorado de acuerdo con el gusto de Candy, y evidentemente planeado para el momento en el que decidieran ampliar su familia.

Una vez más, él la había dejado sin palabras, la emoción se desbordaba de su menudo cuerpo, y simplemente se volteó hacia él y lo besó con el alma.

Albert, como siempre todo está increíble…la habitación de Drew, los toques que añadiste al cuarto de juegos…-

De ser un pequeño campo espacial, Albert había transformado el cuarto de juegos en una fantasía medieval, con caballeros andantes, y dragones, pero también con hadas y princesas.

Quería que fuese mas neutral, no sabemos si el próximo bebé será una princesa. – le explicó Albert con brillo expectante en los ojos.

Mi amor… - moría por tener otro bebé, pero su razón le decía que aún no era tiempo, no hasta que Drew fuese declarado curado.

Ya sé que es demasiado pronto, pero sueño en grande, Candy, siempre lo he hecho, ya deberías saberlo. – le dijo de manera tranquilizadora.

Lo sé amor mío, lo sé… gracias por darme alas para volar. -

Te equivocas, eres tú quien me las dio el día que irrumpiste en mi vida con esa falda lápiz ajustada, y zapatos altísimos color azul, aunque no quisiera reconocerlo entonces, desde ese momento estuve perdido, era todo tuyo…

Candy lo besó una vez más y Albert la abrazó, Drew se acercó después de explorar su nuevo cuarto de juegos y pidió los brazos, Albert soltó a Candy un poco renuente porque últimamente tenerla lejos de él producía un vacío insoportable, pero tomó en brazos a su pequeño y lo llevó a la habitación que habían diseñado para que él durmiera, su cama era un barco pirata, y a su alrededor se dibujaba un paraíso tropical, Drew abrió su boca asombrado y pidió ser bajado de inmediato, se dirigió a la cama y trepó en ella embelesado.

Candy observó a su pequeño paquete de energía con deleite, el chiquillo subía y bajaba de su cama e iba de un lugar a otro, observando cada detalle y por supuesto encantado con la pecera tropical que habían instalado.

¿Y bien, Drew, te gusta tu habitación?

Sí… - la enorme sonrisa compensaba su escueto vocabulario.

¿Quieres dormir aquí? - el chiquillo observó a su padre valientemente y dijo.

Sí.

Albert… - Candy de pronto sintió un hueco en el estómago, nunca había pensado en que Drew ocuparía su propia habitación tan pronto.

Mantendremos nuestra puerta abierta mi amor, y por supuesto lo arrullaremos y estaremos al pendiente… si su respuesta hubiese sido no, de ninguna forma lo pensaría, pero, quiere hacerlo, debemos apoyarlo.

Mi niño… - dijo la madre besando su frente y acariciando la pelusita dorada que comenzaba a formarse en su cabeza. - ¿Crees que está listo? – preguntó con duda a Albert.

Mi amor, si no lo está vuelve a nuestra cama y listo, no pasa nada, sabes bien que no haría nada que lo hiciera sufrir innecesariamente, pero tampoco voy a evitarle crecer y disfrutar de su independencia si eso es lo que quiere. ¿Confías en mí?

Siempre. – le dijo la rubia con una sonrisa.

El tiempo suele jugar con nosotros, a ratos corre demasiado lento y otras veces suele escurrirse como agua entre los dedos, y así justo pareció el siguiente mes, por un lado fugaz y otras veces eterno, fue un mes complicado, lleno de trabajo, reuniones, planes por hacer, pero también de encuentros "fortuitos" cenas planeadas, pequeños detalles, grandes planes, mini escapadas románticas, y sorpresas.

Una de esas noches Albert llegó a casa, las luces del departamento se encontraban apagadas, y había velas señalando un camino, música flotaba en el aire, todo lo demás estaba en silencio, al parecer Drew había sido enviado a su cama temprano, o bien a casa de sus abuelos, Albert sonrió de medio lado y siguió el camino que su amada rubia había dejado para él, esperaba que terminara en la habitación, pero, para su sorpresa, lo llevó más allá, una puerta que debía ser una salida de emergencia, la curiosidad de Albert crecía a cada paso que daba, subió la escalera a lo desconocido, el aire se sentía frío en esa noche de invierno, no entendía que era lo que Candy podía tramar a demás de hacerlos morir de frío en ese techo, pero cuando llegó al enorme espacio se quedó sin aliento.

El camino de velas continuaba, trazando senderos que aún no estaban dibujados, pero que al parecer eran un futuro proyecto, y al fondo una estructura estilo Art Noveau de cristal y acero se encontraba iluminada.

Albert caminó hasta el inesperado edificio que parecía un espejismo contra el iluminado cielo londinense, y abrió la puerta, de inmediato el ambiente húmedo y cálido golpeó su rostro, a su alrededor se erguía un hermoso jardín primaveral, lo cual era una locura en pleno invierno y la visión de Candy enfundada en shorts y un crop top lo hizo perder el aliento.

Le tomó un momento recuperarse, por lo que la rubia, divertida por su reacción lo increpó con coquetería.

¿No tienes nada que decir? – la cadencia de su voz sonaba grave y sensual, el movimiento de sus caderas era sinuoso mientras se acercaba a él, Albert tragó saliva con dificultad y logró apenas emitir palabras.

Construiste un paraíso…

Solo es un invernadero… el verdadero paraíso estará listo cuando llegue la primavera y pueda completarse el proyecto… ¿te gusta?

Me encantas. – le dijo besándola y acariciando su cintura desnuda.

Albert… - de pronto la que se quedaba sin aire era ella.

El invernadero es increíble mi amor, y supongo que el proyecto conlleva un roof garden completo.

Sí, pero mira esto. – dijo la rubia mientras apretaba un botón del pequeño control que llevaba en la mano las luces se apagaron y el cielo pareció iluminarse con miles de estrellas.

¿Es una réplica exacta?

Sí, así se vería el cielo de Londres si no fuese por el montón de luces de la ciudad.

Wow… - Candy sabía que pocas cosas podían sorprender a un hombre como él, pero lo había logrado, lo había dejado sin palabras. Sonrió con satisfacción infinita, y le dijo:

Ven acá, supongo que estás cansado y quisieras cenar. –

Lo tomó de la mano y lo condujo por un verde camino que llevaba hasta una elegante mesa de jardín, de hierro forjado y del mismo estilo del invernadero, la mesa cubierta por un sencillo mantel blanco llena de apetitosos manjares.

¿Quieres deshacerte del saco y el abrigo?

¿Y si me deshago de todo?

Jajajaja, sería una vista bastante agradable… pero ¿qué tal si tengo planeado que llegue un cuarteto de cuerdas o algo así?… no me gustaría que nadie que no sea yo te viera en todo tu esplendor. – le dijo ella sugestiva. Albert rio y se deshizo del pesado abrigo de invierno, junto con el saco y el chaleco, quedando solo en mangas de camisa, las cuales también arremangó y desabrochó un par de botones. Su aspecto era divino, el pantalón azul marino y la camisa impoluta color blanca junto con el cabello un poco despeinado le daban un aire seductor. Aspiró con aprecio el aroma de la comida, y comuna sonrisa genuina le dijo a su amada:

Todo se ve magnífico mi amor, gracias.

Espero que te guste. – le dijo ella un poco titubeante mientras le servía una copa de vino blanco y ensalada.

Estoy seguro qué me encantará sobre todo si el postre eres tú, aunque si es así, tal vez deberíamos empezar por ahí… - el tono sugestivo era más que evidente, y Candy sintió escalofríos recorrer su piel.

Ya veremos, señor Andrew, por lo pronto hábleme de su día y de lo que le gustaría hacerme.

Albert le sonrió con una mezcla de travesura, deseo, pasión, amor y lujuria.

Creo que solo te contaré lo que muero por hacerte, mi día es lo de menos. –

Ante la voz ronca y seductora combinada con la sonrisa franca e insinuante de Albert, a Candy no le quedó más que sonrojarse, pero más que apenarse, sintió como su corazón se aceleraba ante la expectativa y su sangre corrió mucho más rápido por sus venas, así que, con aplomo que tomó a Albert por sorpresa, se sentó a su lado y acariciando su fuerte muslo con intención le respondió.

Cuéntamelo todo, y déjame ver como mi parte favorita de tu anatomía responde a ello. - subiendo su blanca mano en una suave caricia hacia el norte de su muslo, que provocó un estremecimiento en ambos.

Albert le sonrió y le susurró al oído con voz cargada de deseo paso a paso lo que moría por hacerle. Mientras su mano y su boca acompañaban de a poco sus palabras, sus respiraciones se agitaron, la temperatura subió, sus cuerpos respondían ante el deseo, y a la vez dolían por no ser saciados por completo.

Esa noche la comida se enfrió mientras ellos retozaron traviesamente sobre un mullido cobertor que Candy había llevado.

Entre ellos nada era prohibido, y los límites de su afecto físico no existían, solo eran un par de enamorados tentándose hasta que uno o ambos decidieran ceder, pero el juego previo era tan delicioso, que, por ahora, ninguno de los dos quería rendirse por completo.

Finales de enero.

¿Y bien Martin? – le preguntó Candy con esa manera directa que tenía, producto de su crianza americana, a la cual Martin estaba más que acostumbrado ya, le sonrió con mirada cálida y respondió con prontitud.

Todo va de maravilla, pero sabes que no puedo declararlo fuera de peligro sino hasta pasados seis meses, y apenas llevamos la mitad, sin embargo, pueden reanudar sus rutinas normales, incluso, si quieren buscar una escuela para Drew.

¿No es muy pequeño?

Tiene dos años y cuatro meses, es normal llevarlos a un jardín de infantes alrededor de esta edad.

¿Qué hay de las infecciones?

Son un riesgo, no te lo puedo negar, pero no puedes mantenerlo en una burbuja, ahora bien, solo fue una sugerencia, si quieres esperar hasta los tres años también está bien.

¿Podemos viajar? – preguntó Albert.

De la forma en que ustedes viajan, no veo porque no, después de todo en el hangar y avión privado no va a estar expuesto a tantas cosas como si lo hicieran por línea comercial. Sigan con el tratamiento y nos vemos en un mes.

¿Un mes? ¿No debíamos verte cada quince días? – la voz de Candy sonaba ansiosa.

Un mes, a menos que haya fiebre, erupciones, u lo que sea, así que vayan, diviértanse, y disfruten de la salud de su hijo.

Gracias Martin. – le respondió la rubia con los ojos llenos de lágrimas dándole un efusivo abrazo al médico. Albert estrechó su mano y salieron del consultorio con un nudo en la garganta y nubes de esperanza flotando en el aire.

Drew caminaba de la mano de su padre, quien con el brazo libre rodeaba los hombros de Candy, eran el cuadro perfecto de dicha familiar.

Llegaron al vehículo y Albert aseguró al pequeño en su asiento, después se volteó hacia Candy y la envolvió en sus brazos sabiendo de sobra que solo ella entendía completamente la emoción de escuchar lo que el médico les había dicho.

Bien amor, los veo en la noche, tengo mucho trabajo, ¿necesitas algo? -

Un beso, pero estamos en público.

¿Qué más da? – le dijo él más que deseoso de probar sus labios.

Jajajajaja, no, vete, Drew y yo estaremos bien, iremos a visitar a tu madre y a Rosemary, también estará ahí Victoria…

Bueno, disfruten de su tarde, amor, te veo en la noche. – Albert besó la mejilla de ella, pero de paso dio una pequeña palmada a su trasero aprovechando que no había forma de que nadie lo captara desde ningún ángulo.

Candy le sonrió y lo observó alejarse subió a su camioneta y recorrió el camino hasta la mansión de los Andrew, pensando en cuanto había cambiado todo, en tan poco tiempo, su relación con los Andrew, su amistad con Rose, pero, sobre todo, ella y Albert juntos nuevamente, la vida le sonreía inesperadamente, y ella esperaba con todo su ser que las cosas se mantuviesen así.

Llegó a la imponente y hermosa mansión señorial de los Andrew, el paisaje se encontraba cubierto por un blanco manto, que confería un aire etéreo a la propiedad, descendió del vehículo apreciando el delicioso viento frío y el manto invernal que cubría el paisaje, parecía una escena sacada de un cuento de hadas, el paisaje invernal Narniano tal vez, y por un momento deseó recorrer a caballo los amados y familiares bosques de los alrededores en busca de faunos y centauros.

La puerta se abrió y Pauna salió a recibirla, sacándola de su ensoñación con una enorme sonrisa, era obvio que había estado esperándola.

Candy, hija, que bueno que llegaron, estaba un poco preocupada por el clima.

No te preocupes Pauna, el camino estuvo bien, y no hay tormenta pronosticada hoy.

Pasen, para que no se enfríen. – la bienvenida de Pauna era familiar y sin pretensiones, tomó a Drew de los brazos de Candy para saludarlo y los guió hasta uno de los salones.

Drew aun soñoliento se acomodó entre los brazos de su abuela y permitió que su madre lo desabrigara un poco.

Dime, Candy, ¿qué les dijo el doctor?

Todo marcha, de maravilla, pero aún debemos esperar otros tres meses para ser considerados fuera de peligro y un año para que sea declarado en remisión, ya sabes, debemos vivir un día a la vez.

Bien, pues seguiremos teniendo fe.

¿Cómo está Rose?

No debe tardar en bajar, ¿quieres ir a buscarla a su habitación, mientras Drew y yo ordenamos el té?

Tiempo atrás ella misma lo hubiese sugerido, hoy se le antojaba extraño, después de todo lo que habían vivido, era como si el tiempo hubiese vuelto, ignorando todo lo que había sucedido en medio, a veces Candy se preguntaba si acaso no había estado viviendo una pesadilla de la que de pronto comenzaba a despertar.

Pauna… -

Antes de que Candy pudiese continuar Pauna la vio directamente a los ojos y le dijo con suavidad y humildad:

Candy, sé que fuimos muy injustas, que te tratamos muy mal, y que eso ha creado una distancia entre nosotras, pero me gustaría tomar los pasos necesarios para que las cosas fueran como antes, hija, necesito que me perdones, que me permitas volver a tratarte como antes, y que sepas que esta es tu casa, que nosotros somos tu familia, ¿crees que eso sea posible? – Pauna hablaba con el corazón en la mano, y Candy sintió una cálida oleada de afecto hacia la mujer que siempre había soñado fuera su suegra, y que muchos años fue una especie de segunda madre para ella, suspiró profundo y tomó las manos de la mujer mayor.

¿Me has perdonado tú a mí por tanta estupidez? – preguntó con su acostumbrada franqueza.

Sí Candy, hoy puedo ver todo con otra óptica… y hace meses que te perdoné, puedo entender tus razones y motivos, y sobre todo dejarlos en el pasado, ¿qué dices, me perdonas tú a mí? ¿podemos comenzar de nuevo?

Sí, Pauna, por supuesto que sí. – le dijo la rubia dejando que la mujer mayor la envolviera en un abrazo. – ¿Crees que debo subir a buscar a Rose?

Creo que eso les dará una oportunidad de charlar frente a frente. –

Eres una alcahueta como siempre. – le dijo Candy con una sonrisa y un brillo travieso en la mirada.

Solo quiero verlos a todos ustedes felices… pero deberías apurarte con mi hijo, porque te advierto que tu madre y yo estamos a nada de mandarlos tirar a una isla paradisiaca sin como salir de ella al menos por un par de semanas. – había una sonrisa en el rostro de Pauna, pero su mirada era seria.

Jajajajaja, son incorregibles, creo que deberíamos buscarles trabajo en el corporativo, o al menos en la fundación, para mantenerlas ocupadas. – le respondió Candy con su usual irreverencia mientras salía del salón en dirección a las escaleras de la casa que conocía tan bien como la de sus padres.

Subió las escaleras y llamó a la puerta al final del corredor dónde había pasado más de una noche en vela viendo películas, compartiendo esperanzas y sueños adolescentes, la misma donde había ayudado a Rose a arreglarse la noche de su compromiso y donde ahora se encontraba la mujer que un día fue no solo su mejor amiga, sino más hermana que la misma Anne.

Llamó a la puerta con discreción y escuchó la característica voz suavemente modulada con el elegante acento posh, propio de la mujer que había sido educada en los círculos más exclusivos de Londres.

Candy abrió la puerta y la suave fragancia de orquídeas que Rose había usado desde siempre escapó de su prisión, de maderas, satines, sedas, y alfombras finas para embriagar sus sentidos.

¿Puedo pasar? – la melodiosa voz de Candy sacó a Rose de sus pensamientos.

¡Candy! – no pudo evitar el tono de sorpresa.

Lo siento, Pauna me envió.

No, pasa por favor, no tienes por qué disculparte es solo que...

No había estado en tu habitación desde tu fiesta de compromiso.

Así es…pasa, estaba por terminar de arreglarme para bajar. – le dijo acariciando suavemente su abultado vientre.

Aunque habían pasado la semana de navidad en familia, ninguna de las dos se había atrevido a hablar más allá de las cordialidades normales, ahora estaban frente a frente en su primer tête à tête en años, preguntándose como lograrían salvar la distancia que ahora las separaba.

Candy observó un movimiento visible en el vientre de Rose e instintivamente se acercó a ella para poner su mano sobre él.

Ahhh – lanzó un gritito de emoción ante la sensación de ternura que la embargó, su movimiento había sido natural, y la cercanía era no les era ajena.

Es maravilloso, ¿cierto? – el tono de ensoñación y ternura de Rose flotó sobre la habitación impregnando la atmósfera de confianza.

Sí, es de lo más maravilloso que puede uno sentir como mujer… tu hijo moverse dentro de tu vientre… saber que el fruto tangible de tu amor está dentro de ti… - Candy sabía que su voz denotaba añoranza, y se interrumpió a sí misma, preguntando a Rose por su salud. - ¿Cómo te has sentido? -

Bien, aún debo guardar reposo lo más posible, pero estamos casi fuera de peligro, ya que estamos como a unas 4 semanas de que nazca.

¿Lo llamarás William?

La pregunta tomó a Rose por sorpresa, Candy conocía perfectamente la tradición, sin embargo, respondió con suavidad.

No, ese nombre es el del primogénito, heredero, ¿recuerdas?

Cierto… pero yo rompí la tradición. – había una mirada culpable en ella.

No han hecho un bautizo escocés… eso tiene remedio… William Drew Andrew… meramente ceremonial por supuesto, como en el caso de Albert. – le dijo Rose encogiéndose de hombros y echando a un lado la culpa de Candy.

Me gusta… - dijo la rubia ojiverde con sorpresa, era algo que no se había planteado, un sueño de adolescencia que había dado por perdido.

Tal vez lo puedan hacer junto con su handfasting. – le dijo no tan inocentemente Rose clavando sus ojos azules en ella.

Jajajajaja ¿Por qué das por sentado que habrá un handfasting? – preguntó Candy con picardía.

¿Acaso hay algo más obvio? Es simple, son ustedes, dejando fuera que Albert es el primogénito de un clan escocés lleno de tradiciones, que por cierto se han dedicado a romper, adoras las historias y las tradiciones escocesas… además, estoy segura de qué nuestros padres están a nada de firmar un matrimonio concertado como los de antes si ustedes no se dan prisa. – le dijo Rose medio en broma y medio en serio, Candy se lo tomó con ligereza, tal cual era su costumbre y le contó lo que Pauna le había dicho hacía unos momentos.

Jajajajajaj, tu madre acaba de amenazarme con mandarnos secuestrar y tirarnos en una isla desierta sin posibilidad de escape por un par de semanas.

¿Acaso dudas de que ella y tu madre son capaces de hacerlo?

Jajajaja, por supuesto que no, las conozco, así que más bien le diré a Albert que necesitamos guardaespaldas.

Jajajajaj, contrata a tus amiguitos militares que te ayudaron con el trabajito en Alemania.

Candy enrojeció hasta la raíz ante ese recuerdo, hacía toda una eternidad que había planeado el secuestro de Albert para dedicarse a hacerle el amor por unos cuantos días. Rose aprovechó la oportunidad para embromarla y continuó con la charla ante la obvia reacción de Candy al recuerdo de aquella escapada.

¿Acaso ya tienes planeado como secuestrarlo de nuevo? – el tono pícaro no fue pasado por alto, y Candy sabía que debía poner ella incómoda a Rose si no quería seguir siendo blanco de las bromas, así con que con todo el aplomo del que pudo echar mano la encaró.

Vivo con él Rose, lo secuestro cada noche de ser necesario. – Una sonrisa traviesa e insinuante brotaba en los labios de Candy, sabiendo de sobra que Rose no pediría detalles por tratarse de su hermano.

Jajajaja, dejémoslo así. -

Bien, ante tu sensatez, puedo cambiar de tema, dime cómo se va a llamar mi nuevo sobrino.

Aidan. – la sonrisa significativa transportó a Candy a su infancia mientras leían su historia favorita donde un príncipe Celta luchaba por su reino.

Me gusta… siempre quisiste ese nombre.

Sí, así como tú siempre soñaste con una hija que se llamara Eileen porque tendría cabellos dorados como tú y Albert y su significado de "bella como el sol" sería perfecto, además de que era el nombre de tu heroína de la infancia.

Sigo creyendo que Eileen será el nombre perfecto para una niña.

Tal vez el próximo bebé Andrew. – le dijo Pauna con una sonrisa.

Tal vez el próximo bebé Andrew… - había un gesto de ensoñación en el rostro de la rubia que por supuesto no pasó desapercibido para Rose, la intimidad volvía, pero era tiempo de reconstruir los puentes derribados entre ellas, Rose respiró profundo y con humildad dijo:

Candy… sé que hablamos por teléfono, pero quiero decirte en persona que estoy muy arrepentida de la forma en que te traté, sé que las cosas no pueden ser exactamente como antes, pero ¿crees que podamos empezar de nuevo? – sus palabras eran sinceras, y conmovieron el corazón de Candy, que tampoco podía olvidar los años de amistad.

Podemos empezar de nuevo… y perdóname…

No tienes que pedirme perdón, si Albert te ha perdonado, y es feliz a tu lado, eso es más que suficiente.

Me has hecho falta.

Y tú a mí…

Las dos jóvenes mujeres se fundieron en un abrazo cargado de emociones que duró algunos segundos, y después bajaron a tomar el té con Pauna y Katherine que había llegado, pasaron una tarde agradable, llena de risas y complicidad, y por supuesto admirando la energía de Drew y de Victoria, que había acompañado a su abuela a la visita.

Albert había manejado hasta el corporativo sumido en un silencio meditativo, no le había dicho a Candy, pero Archie le había pedido hablar con él, y Albert sospechaba que tenía que ver con que quería divorciarse de Anne. Cuando llegó a su oficina Archie ya esperaba por él, el castaño observó a su primo mayor y héroe de la infancia entrar con aplomo a la oficina y saludarlo con sencillez.

Archiebald. – había una nota formal en su voz.

Buenas tardes, Albert, gracias por recibirme. -

No tienes nada que agradecer, cuentas conmigo, siempre, ¿quieres un trago? – Albert adivinaba que no sería una conversación sencilla, y además sabía que a Albert también le vendría bien un trago.

Doble, por favor, y te aconsejo que también tomes uno. -

Albert caminó hasta la barra y sirvió en un vaso de cristal cortado el dorado licor, le entregó un vaso a Archie y tomó otro para él, mientras le daba un sorbo al de él y tomaba asiento en el sillón orejero de cuero italiano de su oficina, Albert buscaba la forma menos dolorosa de tratar un asunto complicado con su primo.

Bien, ¿Qué es lo que sucede, Archiebald? – lo mejor era ir directo al grano.

Necesito tu consejo. – le respondió Archie con elegante sencillez.

No puedo tomar decisiones en tu lugar, pero puedo escucharte y tal vez darte perspectiva.

Lo sé, y si mi mujer no fuese Anne White-Rowan tal vez las decisiones hubiesen sido tomadas hace mucho, pero sabes que esto es demasiado complicado, la salud de Victor es delicada, todos somos una gran familia, socios de negocios, hemos crecido juntos, y la verdad es que les tengo cariño a Victor, a Katherine, a Candy…

Entiendo las complicaciones, sin embargo, me das factores externos, pero no me has hablado de lo más importante, tu relación con Anne, dime ¿no hay remedio? ¿terapia? ¿vacaciones juntos? ¿reconquista?

Anne… ella no cree que tengamos un problema, y no puedo convencerla de lo contrario, creo que el día que le diga que quiero el divorcio y la custodia de Victoria me sonreirá con alivio y me dirá que le parece perfecto, en realidad ser madre y esposa no es lo suyo.

¿La amas? – Albert no podía ser más directo, clavó su mirada azul en los ojos castaños de Archiebald, quién le sostuvo la mirada y guardó silencio por lo que pareció una eternidad. Al fin se aclaró la garganta y respondió con lentitud.

Siempre supe que quería que ella fuera mi esposa…quería a una de las chicas White-Rowan para mí, era obvio que el corazón de Candy era tuyo, y Anne, es tan perfecta, hermosa, parece una muñeca, con esa piel de porcelana y cabello oscuro como la noche, su voz suave, tenemos los mismos intereses, nos divertimos, nos entendemos, o al menos eso creía….

Si por lo que entiendo ella era tu sueño, ¿qué sucedió?

He llegado a creer que no tiene la capacidad de amar a nadie que no sea ella misma…

Eso es muy fuerte, incluso podría sonar injusto, porque al final del día un matrimonio es de dos.

Tú la has visto con Victoria…

Siempre fue muy propia, incluso distante, desde niña, su personalidad es sosegada, en cierta forma la misma, Katherine es así…

Es mucho más que eso, Albert…

¿Qué es lo que no me estás diciendo Archiebald?

Albert observó cómo su primo retenía el aire en los pulmones y dudaba por un momento, finalmente pareció tomar valor y le dijo - Encontré esto. – extendiéndole un legajo de cuero color marrón a Albert.

El rubio lo tomó con gravedad y un poco de curiosidad escrita en el rostro, esperando encontrar tal vez fotos comprometedoras o inapropiadas, pero dentro solo había papeles, revisó minuciosamente hoja por hoja en absoluto silencio mientras su mandíbula se tensaba y el aire a su alrededor se cargaba con pesadez. Cuando al fin levantó la vista con mirada era dura y preocupada, preguntó con seriedad.

¿Quién más lo sabe?

Nadie, todo lo encontré en mi casa… No contraté un investigador privado, ni nada por el estilo, dime, que piensas.

Me pones en un predicamento.

Lo sé, pero no puedo decidir qué hacer por mí mismo, esto va mucho más allá que solo disolver mi matrimonio… y sacarlo a la luz puede tener consecuencias terribles…

Te seré completamente honesto, en un par de días será la gala de DAWR, y no quisiera que nada empañara el trabajo y el legado de la fundación, pero además, nada de esto puede ser tomado a la ligera.

Es muy delicado, lo sé… podría solo regresar los documentos a su lugar, o bien usarlos para negociar en privado si fuese necesario, pero no creo que me niegue la custodia de Victoria.

Déjame pensarlo un poco, buscar la mejor manera para enfrentar esto… ¿estos son los originales?

Sí, pero puedo reemplazarlos con copias bien hechas.

Hazlo, y debemos comprar algo de tiempo, necesito poner a los abogados a trabajar.

Bien, por ahora no diré nada del divorcio. ¿Le dirás a la gatita?

Tengo que hacerlo, tomaré fotos y se lo enseñaré, no quiero que nada de esto la tome por sorpresa.

¿Hoy mismo?

No… No sé, debo buscar el momento oportuno.

Entonces, esperaré tus instrucciones, mientras pediré a mis abogados que vayan redactando un acuerdo de divorcio…

¿Es definitivo?

Todo depende de su respuesta cuando la enfrente, pero no hace daño estar preparado, y no solo puedo pensar en mí, sino también en Victoria, en el impacto que implicará para ella crecer con Anne como su madre… o sin su madre.

No te envidio la labor, estamos para ti en lo que sea que ocupes.

Gracias, te dejo, tengo trabajo que hacer… -

Archie dio un último trago a su bebida y dejó a Albert solo, sumido en una profunda reflexión, lo que tenían por delante no era para nada sencillo.

Debía hablar con Candy… después de la gala tenía que viajar de negocios, a ciudad del Cabo, tal vez ella accedería a ir con él, y ahí podría hablar con ella. Se concentró en su trabajo, tenía muchos pendientes, desde que regresaran de Escocia, todos tenían mucho trabajo, y él y Candy se turnaban para ir al corporativo con tal de pasar tiempo con Drew. Se quedó meditando por un rato más y después hizo a un lado sus preocupaciones, había mucho por hacer, aunque si hubiese tenido que admitirlo frente a alguien, la verdad era que no solo estaba preocupado, sino enojado, muy enojado, sabía bien que, de no ser por Candy, su reacción ante todo lo que había leído ese día hubiese sido completamente diferente. Pero los hubieras no existían, y tenía muchas cosas que atender.

Cerca de las nueve de la noche entró por fin a casa, todo estaba en silencio, Drew ya estaba dormido a esa hora, y Candy seguro había enviado a las chicas a descansar, la encontró en la sala, sentada en el sillón, con un ipad enfrente y una curiosa arruga que se formaba en su frente siempre que estaba sumamente concentrada.

¿Qué sucede princesa? – preguntó sorprendiéndola.

Amor, no te sentí llegar, ¿Cómo te fue? – le dijo ella dejando de lado el ipad y poniéndose en pie de inmediato para lanzarse en sus brazos y plantarle un beso lento y sensual en los labios.

Él la recibió gustoso, apretándola contra sí, pensando cómo podía defenderla de lo que estaba por venir, su mente lo traicionaba, y Candy, qué lo conocía a la perfección lo sintió ausente.

¿Qué sucede?

Nada, solo estoy cansado.

Y hambriento supongo, ¿ya cenaste?

No tengo hambre, mejor dime que es lo que te tenía preocupada.

¿Cómo sabes?

El ceño fruncido.

Estaba revisando los lugares para la gala, dando los últimos toques y actualizando las confirmaciones, todo lo demás ya está listo.

¿También tu vestido?

Sí, también mi vestido, pero ese no lo puedes ver sino hasta ese día.

¿Cómo sabré que comprarte?

Precisamente por eso es que no puedes verlo, no necesito más joyas, mi madre trajo con ella las que dejé en New York, y son más que suficientes.

Nada es suficiente, pero bueno, los diamantes siempre combinan con todo. –

No Albert, por favor no, tendremos invitados a médicos y familias que apoyamos, no quiero que se sientan incómodos con nosotros, quiero que pasen un buen tiempo, que se desestresen, que disfruten, que olviden por unas horas la angustia de todo lo que están viviendo…

Está bien, princesa, no compraré nada extravagante.

No comprarás nada, los regalos de navidad y año nuevo son suficientes. – la firmeza en la voz de su amada lo conmovió, la abrazó fuertemente y le dijo el par de palabras que jamás se cansaría de repetirle.

Te amo. – Candy le sonrió y lo miró a los ojos, su respuesta fue apenas contenida…

Y yo a ti… -

Candy sintió la calidez de su poderosos cuerpo cubrirla, sus carnosos y sensuales labios buscaron los suyos de seda, la emoción y la pasión corría por las venas de ambos, sus cuerpos embonaban tan perfectamente, pero sobre todo, se pertenecían el uno al otro, se fundieron en un beso que se prolongó hasta altas horas de la noche, y durmieron abrazados como ya era su costumbre, envueltos en esa bruma de amor que los rodeaba y protegía de todo a su alrededor.

Candy tardó un poco en dormirse, y mientras disfrutaba del calor del abrazo de Albert, recargada contra su amplio y musculoso pecho, Candy imaginaba con ensueño la noche de la gala, esa sería la noche que por fin le gritarían al mundo que ellos estaban juntos, pero, sobre todo, sería la noche en que dejaría de negarse a sus deseos, quería hacer sus sueños realidad, y rogarle que la adorara con su cuerpo, son su boca, con cada centímetro de su piel, quería embriagarse con el sabor de su piel, y beber lujuriosamente del néctar de su cuerpo, quería ser suya, completa, irremediable y totalmente suya. En mente, cuerpo y alma. No iba a resistirse más al amor.

Sin ella saberlo, Albert también tenía grandes expectativas para esa noche, planeaba tentarla de tal manera que al fin lograra vencer todas sus barreras, y así lograr que ella se entregara a él en cuerpo y alma, dispuesto a encerrarse con ella por un par de días en cualquier rincón del mundo, y simplemente vivir de amor, permanecer desnudos todo el tiempo, y hacer de las artes amorosas, su única ocupación, y declarar con cada beso, cada caricia, cada suspiro, que nada ni nadie podría separarlos nunca más.

Mansión de los White-Rowan, un par de días después.

Albert esperaba pacientemente en uno de los elegantemente amueblados salones de la mansión londinense de los White-Rowan, por alguna razón Candy había preferido arreglarse en casa de sus padres, y que Drew se quedara esa noche ahí, en compañía de su prima Victoria y al cuidado de Lena y Dorothy.

Escuchó la puerta abrirse y vio a Victor seguido de Archiebald entrar a la habitación, ambos vestían de rigurosa etiqueta, y al igual que él se veían un poco impacientes por tener que esperar, sin embargo, la realidad era que estaban acostumbrados, así que con filosofía se resignaban a su suerte y aceptaban con paciencia lo que les correspondía.

¿Un trago para armarnos de paciencia muchachos? – preguntó Victor de buen humor, sabiendo de sobra lo que era esperar por las tres mujeres de su casa, si bien hacía muchos años que no lo vivía. Sirvió tres vasos de excelente whiskey y se los ofreció a sus yernos, si yernos, porque a pesar de que Albert no estaba casado con Candy, él no podía considerarlo de otra forma.

Gracias, Victor. – le dijo Albert recibiendo el vaso y dando un sorbo que le permitió disfrutar de las notas de roble, mandarina, naranja, clavo y pimienta características del Glenlivet single malt.

Archie hizo lo mismo y guardó silencio, no se sentía precisamente cómodo, Anne estaba de vuelta, como si no hubiese pasado un par de meses fuera de casa, y como siempre su hija era lo último en lo que pensaba, esa noche Archie había tenido que sobornarla para pasar el día en casa de sus padres, que aceptara arreglarse ahí, y dejar a Victoria junto con su nana en compañía de Drew. Sabía que sería la última en estar lista, y también era consciente de que se vería simplemente despampanante, pero últimamente eso no era suficiente para Archie, y menos cuando la comparaba con Candy como madre, o con Patty como compañera de vida de Stear.

¿Todo bien Archiebald? – preguntó Victor ante el silencio de el más joven de sus yernos.

Sí, Victor, solo tengo algunos pendientes en el trabajo, y pensaba que seguramente será necesario que ustedes se adelanten, o al menos Albert y Candy que son los anfitriones, porque dudo que Anne esté lista a tiempo.

No te preocupes, en cuanto Candy esté lista nosotros nos vamos. ¿Qué tal ha estado tu salud Victor? - le dijo Albert con sencillez, consciente de que esos días no eran sencillos para Archie, y después desvió su atención a Victor a propósito.

Mi cardiólogo está muy contento con los resultados del último examen, así que no te preocupes planeo seguir al frente junto con tu padre por un largo tiempo. Dime, ¿Llevarás a Candy y a Drew contigo a Sudáfrica?

Quiero pedirle a Candy que me acompañe, pero, aunque Martin nos ha dado luz verde para viajar, creo que no es prudente llevar a Drew a África aún…

Puede quedarse con nosotros, no te preocupes por eso, invítala Dios sabe que necesitan de un descanso y tiempo para ustedes. – le dijo Victor con simpatía y comprensión.

Olvidas que solo son amigos criando un hijo juntos, no veo porque necesiten tiempo juntos, en todo caso, tal vez después de esta gala tengas una fila de pretendientes para la menor de tus hijas. – respondió Archie en tono irónico, mientras daba otro sorbo a su vaso. Ignorando por completo la mirada de fuego que Albert le lanzó.

Ante el silencio de los hombres Archie levantó la mirada y con una sonrisa impía en su guapo rostro le dijo con fingida inocencia.

¿Acaso dije algo mal? –

Albert no le contestó, porque en ese momento se abrió la puerta y las dulces notas de perfume femenino inundaron la habitación.

Katherine White-Rowan entró al salón hermosa y elegante como siempre, su lacio y espeso cabello negro, artísticamente recogido, llevaba un vestido color vino que contrastaba maravillosamente con su blanca piel de porcelana y sus ojos azul cobalto, sus joyas eran sencillas, un par de discretos aretes de diamantes, su anillo de compromiso y su alianza matrimonial, Candy les había pedido a todos los miembros de la familia la más absoluta modestia en su arreglo.

Te ves hermosa mi amor. – le dijo Victor con una sonrisa galante, y tomando su mano para besarla con amor.

No me hagas sonrojar Victor, por Dios. –

Vamos mujer, nunca has sido tímida, sabes que es perfectamente cierto lo que digo. –

Victor tiene razón, Katherine, te ves espectacular. – le dijo Albert con esa sonrisa perfectamente coqueta tan característica de él, que hizo que la mujer mayor se sonrojara un poco, pero le respondió con fingido fastidio.

Guarda tus coqueterías para mi hija Albert, tal vez así podamos ser abuelos pronto nuevamente.

Jajajajaja, Katherine, tu y mi madre son sencillamente incorregibles. – le respondió Albert tomándolo como una buena broma.

Simplemente no nos hacemos más jóvenes Albert, y Drew es tan guapo y adorable, que no puedes culparnos por querer más nietos, pero no te detengo más, ve a la escalera principal, ella está por bajar, y no te preocupes por nada, nosotros nos hacemos cargo de Drew los días que sean necesarios. - le dijo Katherine con complicidad, ya que Albert les había dejado saber que tenía planes.

Gracias, los veo en la gala. - les dijo brevemente, antes de salir apresurado del salón.

Muere por verla. – dijo Victor.

Sí, Candy me dijo que no le dejó ver el vestido hasta esta noche…

Y es espectacular. – Dijo Archie con descuido logrando la mirada inquisitiva de sus suegros, por lo cual tuvo que aclarar la razón por la cual él conocía el vestido. – No sabía cuál escoger, Isabella y Patty estaban de viaje, y yo estaba en la oficina ese día, así que la acompañé de compras. –

Sería prudente que Anne no se enterará de eso. – le dijo Victor con seriedad.

Lo sé… no es necesario que me lo recuerdes. – la respuesta de Archie fue un tanto seca.

Como siempre tu gusto fue exquisito. – Katherine alabó su buen gusto en un intento por ser conciliadora.

Eso mismo creo, pero más bien sé que cualquier vestido se ve exquisito en las mujeres White-Rowan. – le respondió Archie con una sonrisa galante a su suegra, tan parecida a su aún esposa. La mujer mayor hizo el mismo gesto de indiferencia que con Albert y guió la conversación a temas más neutrales

Albert caminó hacía la escalera principal, sumido en sus propios pensamientos, cuando llegó al pie de esta miró a lo alto justo a tiempo para verla aparecer del lado izquierdo, su visión le quitó el aliento, un vestido rojo quemado de estilo sencillo, corte recto, hombros descubiertos y una capa que fluía detrás de ella, todo abrazaba sus divinas curvas en los lugares correctos, sus rubios rizos iban recogidos dejando su cuello desnudo, y al igual que su madre solo llevaba un par de discretos aretes de diamante.

¿Te gusta? – preguntó ella con fingida timidez ante el embelesamiento del hombre que a ella le aceleraba el corazón, mientras descendía las escaleras disfrutando de la adoración de Albert en su mirada.

Me has dejado sin palabras… ¿crees que podemos evitar la gala? No quiero que nadie te vea así de hermosa, me rehúso a que sus miradas inapropiadas recorran lo que solo es mío. – le respondió el con voz grave mientras extendía su mano para ayudarla a bajar.

No seas exagerado y celoso. – le dijo ella con coquetería.

¿Celoso…? Sabes bien, que no puedo remediarlo, quisiera llevarte al castillo y encerrarte en la torre más alta, dónde yo sea el único encargado de servirte, de verte…

Jajajajaja, ¿no te parece un poco posesivo? – Candy se burlaba de su candor, pero él le contestó con toda seriedad.

No te burles de que me tienes comiendo de la palma de tu mano. – se encontraban deliciosamente cerca y sus miradas se perdían la una en la otra.

No me burlo, y además tu te ves demasiado apuesto, debo admitir que también me siento celosa. – admitió ella con aplomo.

¿Me quieres encerrar en una torre? – el tono juguetón en su pregunta hizo que en el rostro de Candy se dibujara una sonrisa, y le contestó con certeza.

Más bien quiero dejarle claro al mundo que William Albert Andrew no está disponible.

La diferencia de alturas se compensaba por el par de escalones en los que ella aún se encontraba, y sin importarle el maquillaje, simplemente la atrajo a él para besarla, Candy no puso objeción alguna, sintió sus fuertes manos sostener su cintura, y sus demandantes labios saborear los de ella. Sintió como sus piernas se volvían débiles ante su toque, y como todo giraba a su alrededor, sus manos parecían quemar su cintura, y ella solo quería que la tomara de la mano y la llevara con él, al mismísimo fin del mundo si eso era lo que él quería, pero el tiempo apremiaba, debían llegar a la gala. Se separaron con renuencia, y él le susurró al oído.

Te amo Candice White-Rowan.

Y yo a ti, William Albert Andrew.

¿Me permitirás convertirte en Candice Andrew? - preguntó él con seriedad.

Te permito convertirme en lo que quieras… - le dijo ella con intención y una sonrisa radiante en sus labios.

Vamos amor mío, es hora de brillar. –

La rasposa nota seductora en su voz hizo que un escalofrío le recorriera el cuerpo. Albert la tomó de la mano y caminaron entre nubes hacia el auto que esperaba afuera por ellos.

Su burbuja particular les impidió ver a Anne en lo alto de la escalera observándolos con mirada seria, ahora entendía porque Archiebald le había aconsejado cambiar su vestido rojo por uno de otro color… como siempre, ella debía ceder ante Candice… pero además ¿cómo diablos sabía Archiebald el color del vestido de su querida hermanita?

Recompuso su gesto y puso una dulce sonrisa en los labios, su intuición le decía que debía ser muy inteligente frente a Archiebald, algo estaba sucediendo, por alguna razón, ya no tenía el mismo efecto en su marido, y eso podía ser peligroso, antes de bajar regresó a su habitación, buscó en su bolso y sacó el discreto pastillero de oro, trazó una línea blanca sobre una de las mesillas de vidrio, y tomó el delicado artefacto de márfil que solía utilizar para aspirar, lo hizo con el gesto natural que el tiempo de consumir le daba, limpió los rastros y se vio en el espejo…

No importa que tan bella se haya visto hoy, tú eres la única verdadera White-Rowan. Y esa niña tonta e ingenua nunca podrá ser mejor que tú. – se dijo al espejo, y le sonrió a su imagen, la petición de sencillez la tenía sin cuidado su vestido azul marino era complementado por un exquisito collar de diamantes, y no iba a disculparse por ello, limpió su nariz con meticulosidad, y sonrió ante su imagen, y ante la certeza de que al final se saldría con la suya, Candice White- Rowan tendría que recordar la lección que aún no había aprendido, la felicidad es efímera, y la de Candy tenía los días contados.

Salió de la habitación para ir al encuentro de sus padres y su esposo, sin siquiera pensar en la posibilidad de ir antes a ver a su hija, a decir verdad, la mayor parte del tiempo, Anne olvidaba que tenía una hija, encontrarse embarazada había sido una sorpresa, una que no le había gustado, pero cuando vio la reacción de Archie ante la noticia, y como él se dedicó a mimarla, algún rastro de humanidad en su corazón le permitió llevar a cabo la única obra no egoísta de su vida, cuidó su embarazo y le dio a Archie lo que su corazón anhelaba, Anne era una mujer frívola, sensible a la belleza, admiradora del buen gusto y la distinción y Archiebald Cornwell tenía todos esos atributos, tal vez si Anne supiese como amar, lo hubiese hecho, pero, cuando vio a Archiebald desvivirse por la pequeña Victoria, se sintió celosa, olvidada, ella era la que merecía todo ese amor, ella había sacrificado tanto por darle esa hija, y ahora, al igual que sus padres años atrás en vez de aferrarse a ella, habían adoptado a Candy, Archie en vez de dedicarse a adorarla a ella, Anne White-Rowan, daba su amor a manos llenas a una criatura para ella incomprensible.

Anne no sentía más que un dejo de admiración por la niña que cada día era más hermosa, pero algo la alejaba de ella, para Anne el peor crimen que alguien podía cometer era ser su competencia, y Victoria representaba precisamente eso para ella.

Sin detenerse a pensar en lo absurdo de sus pensamientos buscó a su esposo, tratando de encontrar en sus ojos castaños esa mirada de embelesamiento y admiración que solía tener para ella. Pero en vez de ello encontró algo que la asustó, indiferencia mal disimulada.

Candy se sorprendió al ver frente a ella el extravagante Aston Martin que ella le regalara a Albert en su compromiso.

Pensé… - antes de que pudiera continuar él la interrumpió.

No podía, y no por el auto, sino por ti. - tomó su mano izquierda y la llevó hasta sus labios, el brillo de su mano le llamó la atención, llevaba el que fuera su anillo de compromiso en el dedo índice de su mano izquierda. Su silencio la hizo dudar por un momento.

¿Te molesta? Estaba entre las joyas que mamá trajo…

No, por eso se lo envié junto con todas las demás, y te va perfecto. Solo no creas que ese puede ser tu anillo de compromiso de nuevo, encontraré otro que hable de esta nueva etapa. Y no acepto un no por respuesta. – la besó una vez más y abrió la puerta para que subiera, como era común en ellos no llevaban chofer, la complicidad absoluta, y los momentos juntos eran oro para ellos, así que preferían ir solos.

El salón se encontraba medio vacío aún, los coordinadores de eventos se harían cargo de todo, pero Candy había querido llegar temprano para dar la bienvenida en persona a sus invitados de honor, los médicos y familias que hacían posible un que los niños lucharan día a día por vencer al enemigo que amenazaba con arrebatarles la vida.

Albert y Candy recibieron con caluroso afecto a sus invitados, poniendo especial cuidado de hacerles sentir cómodos, y de hacerles saber que esa noche era para y por ellos.

La familia fue llegando, lo más selecto de la alta sociedad, por supuesto, también artistas, aristócratas, e incluso algunos royals entre los cuales se incluían los nietos de la reina.

Mientras Candy saludaba a un par de contemporáneas de su madre y Pauna, una ronca voz sensual con ese característico acento posh de la aristocracia londinense llegó hasta sus oídos.

Si antes creía que eras el pecado encarnado, verte así, me hace pensar que eres mucho más que eso, definitivamente vale la pena ir al infierno por un beso, y tocar el cielo con…

Terrence Grandchester déjate de tonterías, y saluda a Lady Marianne y a Lady Dinorah. – le dijo Candy con firmeza al descarado aristócrata ante la mirada escandalizada de las mujeres.

Por supuesto, pecosa, tus deseos son órdenes. – dijo mientras echando mano de su refinada educación saludaba al par de mujeres seguramente conocidas de su madre, quienes se ruborizaron ante la galantería del hijo mayor del Lord Grandchester y después de retiraron para buscar sus lugares.

Eres un descarado. – le reclamó ella sin ambigüedades.

Extrañaba escuchar tus insultos. – la respuesta aún coqueta la exasperaba, y el color subía por sus mejillas.

¿Cómo se te ocurre? – no podía creer que a sus mas de 33, siendo un hombre, pensara que esa era la forma correcta de dirigirse a una mujer. A Terry le divertía su exasperación, así que llevó las cosas un poco más lejos.

¿Hablar con la verdad? Querida mía, debo decirte qué si bien nunca he sido precisamente asiduo a los niños, la maternidad te ha sentado maravillosamente, y por tener ese cuerpo en mi cama cada noche soy capaz de ser el padre de tu hijo. – le dijo con sonrisa socarrona, sabiendo de sobra que tendría que disculparse después de semejante improperio.

Su hijo tiene un padre, Grendchester. – le dijo Albert llegando justo en ese momento, con un tono serio y mirada retadora.

Andrew, como siempre un placer verte, sabes bien que es broma, me queda claro que no se ha perdido la sana costumbre de tratarla como tuya, aunque no haya un anillo de compromiso en su mano. – lo increpó jocosamente Terry, con ese aire retador, y consciente de que las miradas de muchas estaban puestas en ellos, porque representaban un cuadro tentador.

No es de tu incumbencia. – la respuesta seca de Albert fue advertencia suficiente, y desando el camino andado.

Lo sé, no me lo tomes a mal, sabes que siempre he sido un irreverente, así que permíteme retomar mis modales de aristócrata inglés. Milady, se ve usted bellísima, y si me lo permite milord, me gustaría tener el honor de un baile con la hermosa madre de su hijo, prometo comportarme debidamente y no bailar con ella más de una pieza con tal de no comprometer su honor. – su tono serio casi hace que Candy se desternille de la risa, ahí estaba una vez más el hombre encantador, que ella conocía y que prefería mil veces al impertinente de hacía unos momentos, pero la mirada severa de Albert no se relajó, sabía bien que era una grosería negarse, pero ganas no le faltaban.

Me temo mi lord que prometí bailar toda la noche con mi prometido. – le dijo Candy con una sonrisa inocente, deseosa de evitarle el mal trago a su amado Albert.

¿Tu prometido? ¿Es que acaso la has dejado ir? – preguntó incrédulo Terry a Albert pensando en que debía haber un tercero en la ecuación.

Baja la voz, es un secreto aún. – le dijo Candy con complicidad, mientras tomaba la mano de Albert con discreción, y lo miraba a los ojos con evidente adoración que Terrence no pudo pasar por alto. Hizo una mueca burlona para sí mismo, y se aclaró la garganta.

Bien, siendo así, permítanme reiterar que es usted la mujer más hermosa de la noche, que la noble causa que patrocinan es ciertamente digna de nuestro apoyo, y que les deseo lo mejor. – Terry besó la mano de Candy teatralmente y le guiño un ojo traviesamente, no sin antes decirle por lo bajo. – si te decides a no casarte con él, mi propuesta sigue en pie.

Grandchester. – el tono de advertencia exasperada de Albert era claro.

Andrew, un placer verte, y definitivamente eres un tipo afortunado. Le tendió la mano al rubio que la tomó sin recelos y le dio un fuerte apretón.

Albert rodeó la cintura de Candy con su brazo y vieron a Terry desaparecer alegremente mezclándose entre la gente con su acostumbrada irreverencia, y la estela de mujeres persiguiéndolo.

¿Crees que algún día siente cabeza?

¿Terrence Grandchester? Jajajajaja, probablemente a una edad avanzada cuando sea necesario tener un hijo legítimo como heredero del ducado, ya que ninguno de los bastardos que engendre podrán heredar. – le respondió Albert divertido.

¡Albert! – Candy fingió escandalizarse.

Yo no hago las leyes de la aristocracia amor mío, mejor no pensemos en él… ¿Así que estamos comprometidos? – le preguntó girándola para quedar frente a frente y clavar su mirada intensa en la de ella.

¿Te molesta? - no había rastro de duda en su voz, sino más bien coquetería franca.

Me encanta. – la voz ronca y seductora erizaba la piel, y su cercanía hacía flaquear sus piernas, la besó suavemente en los labios, solo lo justo y apropiado, pero por supuesto una lluvia de flashes los cegó, ese beso confirmaba todas las sospechas, y una buena toma valdría millones.

Albert hizo un gesto a uno de sus abogados para que se asegurara de que cualquier ganancia por esa foto fuese acompañada de un generoso donativo para DAWR, y siguieron con su noche, disfrutando de la libertad de poder andar de un lado a otro juntos, tomados de la mano, con sencillez, y sin esconderse.

El momento de dar unas palabras llegó, y Albert se puso en pie, para retirar la silla de Candy y llevarla de la mano hasta la plataforma.

Observarlos caminar así, tomados de la mano en perfecta sincronía, era definitivamente hipnotizante, más allá de lo indescriptiblemente atractivos que eran, el magnetismo palpable, esa devoción con la que se trataban, el aura de amor que se respiraba a su alrededor, no dejaba lugar a dudas de que, la historia de amor que se había transformado en un escándaloso drama de la alta sociedad había vuelto a convertirse en un cuento de hadas.

Después de lo que pareció una pequeña y tierna discusión Albert tomó la palabra, sin dejar de rodear la cintura de Candy con su mano comenzó, con su melodiosa y varonil voz a dirigirse al púbico presente.

Amada familia, queridos amigos, respetados médicos, pero, sobre todo invitados de honor, estamos más que agradecidos por su presencia esta noche, no es ningún secreto lo que impulsa nuestra causa, hemos conocido de primera mano la lucha que ustedes querida familia pelean día a día, aún hoy, peleamos la batalla, y por ello, es que queremos luchar hombro con hombro junto a ustedes. Apreciados donantes, agradecemos profundamente sus contribuciones, porque gracias a ellas podemos ayudar a más familias, así como impulsar la investigación médica con el fin de un día poder erradicar este horrible padecimiento que año con año cobra víctimas inocentes sin reparo alguno. Desde lo más profundo de nuestro corazón, reiteramos nuestro sincero compromiso a la lucha contra la enfermedad, así como, nuestro más profundo agradecimiento a quienes han sido nuestro apoyo y tabla de salvación en los momentos de oscuridad, gracias. ¿amor? – se volteó hacia Candy cediéndole el micrófono y provocando una sonrisa en los presentes, ya que inadvertidamente, su voz había resonado en el lugar. Candy le sonrió con ternura y tomó el micrófono sin soltar la mano de Albert.

Gracias, amor. – dijo con una radiante sonrisa traviesa que tuvo eco con una carcajada audible entre los presentes. – Gracias, no son suficientes, para expresar lo que sentimos, sé que conocen por rumores nuestra historia, pero, hoy quiero dispersar los rumores y hablarles con el corazón, como mujer, como madre, nuestro hijo, Drew, tiene dos años y medio, y antes de cumplir un año fue diagnosticado con leucemia, decir que nuestra vida cambió de la noche a la mañana es poco, ver a Drew, pasar de un pequeño vivaz, regordete, alegre, a ser un niño muy enfermo, que apenas y podía mantener su cabeza en alto, fue más que devastador, vivir entrando y saliendo del hospital, no saber si esa sería la última noche que sostendría a mi pequeño en mis brazos, era aterrador, y lo sigue siendo, porque aunque ahora todo parece marchar sobre ruedas, la duda, sigue ahí en algún lugar del fondo de mi cabeza, y lucho contra ella día a día, pero en medio de todo ese dolor, Albert tuvo una idea brillante, vio más allá de nuestro dolor y pensó en lo que muchos padres vivían… hemos sido enormemente bendecidos, de muchas maneras, DAWR es simplemente la forma de regresar un poco de esas bendiciones, y la contribución de cada uno de ustedes, simplemente nos permite llegar a más personas. Queridas familias, y no hablo solo de nuestra familia de sangre, que ciertamente ha estado a nuestro lado durante todo este proceso, sino, queridas familias, compañeras de batalla, que han estado a nuestro lado, con quienes hemos compartido, y que nos han permitido entrar en sus vidas, gracias por estar aquí esta noche, esperamos poder brindarles un poco de descanso, un respiro, así como una pequeña dosis de fortaleza, por favor, por esta noche, recuerden quienes eran antes de comenzar a pelear esta batalla, refrésquense un poco en este oasis, y disfruten de la velada, que de todo corazón les ofrecemos, sepan que no están solos, y que su batalla es la nuestra, una vez más, muchas gracias, a todos, y disfruten.

La ronda de cálidos aplausos inundó el salón, y la pareja de rubios fue a la pista de baile para abrir el baile tal como era costumbre.

Daniel Thompson observó a la feliz pareja, con un dejo de ironía en su guapo rostro, para él era evidente que no había competencia, la mujer más increíblemente fascinante que había conocido hasta ese momento estaba evidentemente enamorada de William Albert Andrew, como buen hombre de negocios sabía perfectamente cuando retirarse de un mal negocio, dio un último trago a su bebida, y salió del lugar.

Candy se mecía suavemente en los brazos de Albert mientras la música lenta los envolvía, el aroma de su perfume masculino se hacía uno con el de ella e inundaba sus sentidos, recargó su rostro sobre el pecho de él y sintió el latir de su corazón, su ser estaba henchido de alegría, consciente de que así era como quería pasar el resto de sus días, al lado de este hombre maravilloso al que amaba con locura.

Albert sentía cada centímetro de la anatomía de ella pegada a él, la suave curva de sus pechos se ceñía a su cuerpo y su breve cintura entre sus manos se amoldaba perfectamente a él. Suspiró lentamente, y la separó un poco para contemplar su rostro.

Te amo. – le dijo ella con una cálida sonrisa.

Y yo a ti… vámonos…- su voz ronca era apenas contenida, quería tomarla de la mano, sacarla del lugar y perderse con ella y en ella.

Sí. – le respondió ella sin titubeos.

¿Sí? ¿no preguntará siquiera a dónde, Srita White Rowan?

Con usted, señor Andrew al mismo infierno con tal de no separarnos nunca más. –

Albert la besó lenta y apasionadamente en los labios y la sacó discretamente del lugar, todo había terminado, y ahora por fin era tiempo de amarse. Sin reparos, sin dudas, sin miedos, solo un hombre y una mujer, completamente entregados, perdidamente enamorados el uno del otro, e innegablemente hambrientos de la piel del otro, sedientos de pasión, y decididos a no perderse ni un minuto más de felicidad.