Un capítulo cortito, pero en verdad ando escasa de tiempo, y tengo que publicar otro par de capítulo de la otra historia esta semana. Les mando un abrazo.

KeyAg

RAA 46

-Candy, mi amor, despierta… - la voz de Albert se escuchaba lejana y preocupada. -Vamos Nena, tienes que despertar, mi vida, el médico viene en camino, pero déjame ver tus ojos, princesa.

Ella caminaba en un mundo oscuro, quería abrir los ojos, pero algo le decía que era mejor no despertar, de pronto lo supo, no importaba cuanto doliera debía despertar, debía luchar, por Drew, por su familia, por Albert.

Ella abrió los ojos y escuchó un desgarrador gemido, por un momento se preguntó de dónde había salido, y después se dio cuenta de que provenía de su propia garganta. Albert se sentó a su lado y la envolvió en sus brazos, mientras la arrullaba.

Todo va a estar bien mi amor, te juro que todo va a estar bien. – él no sabía, pensó ella.

Albert… Drew… - él aire le hacía falta, sintió que su vientre se contrajo y una punzada de dolor atravesó su espalda.

Candy, princesa, necesitas calmarte, no podemos poner en riesgo tu vida, o la de nuestra bebé, debemos regresar a Londres lo más pronto posible, y para eso, tú debes de estar bien para poder hacer eso, respira por favor.

Drew…

Lo sé mi amor, Anthony me llamó para eso, necesito saber quién te habló a ti, pero primero debemos ponerte presentable, un médico viene en camino para examinarte y ver si es seguro volar a Londres o sí debemos esperar.

No podemos esperar, si el médico dice que no puedo moverme, llama a mis padres, que vengan ellos y tu regresa a Londres de inmediato, contrata una enfermera para que me cuide mientras ellos llegan, pero tú debes estar allá.

Albert la miró, Candy sabía que ella era su adoración, y que su corazón se partía en ese momento en dos de pensar en tener que dejarla.

Albert, Drew nos necesita. – le dijo ella con firmeza, al hombre que por un momento parecía haber perdido su norte. – se puso en pie y contuvo la respiración cuando otra punzada endureció su vientre, lo sobó con delicadeza y suplicó al cielo que le ayudara a mantener a su pequeña dentro de ella hasta el final del embarazo. Caminó hasta el vestidor y buscó que ponerse, una vez vestida comenzó la tarea de empacar, pero Albert la detuvo.

Recuéstate por favor princesa, yo lo hago.

¿Llamaste a mis padres?

Pedí a mi padre que hablara con tus padres en persona, una noticia así por teléfono puede ser fatal para tu padre, verán cómo reacciona, y sí no, mis padres viajarán en su lugar, ahora recuéstate, yo empaco… ¿¡Dónde está ese dichoso médico!?

Albert, la llamada era de los secuestradores… - le dijo Candy quedamente.

Bien, deja llamo a Stear para que extraiga la conversación de tú teléfono.

¿Puede hacer eso?

Sí, nuestros teléfonos graban todas las llamadas en una base de datos secreta, a la que Stear tiene acceso, es por seguridad.

¿No quieres saber?

¿Qué dijeron?

Sí.

Quiero saberlo, pero no quiero que te estreses, así que por favor tranquila, Stear me dará las transcripciones en unos 10 minutos cuando mucho.

Candy iba a responder, pero alguien llamó a la puerta. Era el médico personal del embajador inglés en Moscú, Candy no se sorprendió ante este hecho, mantuvo su respiración pausada, y recurrió a todas las técnicas de yoga y meditación que conocía para que su ritmo cardíaco no se acelerara.

¿Doctor? – preguntó Albert, una vez que el médico hubo terminado el ultrasonido y demás protocolos de seguimiento.

No recomiendo que viaje, profesionalmente creo que debe esperar al menos unos tres días. – dijo el galeno con gravedad.

¿Porqué? – preguntó Candy con mirada desafiante.

Porque la impresión que recibió fue muy fuerte, porque el corazón de su bebé esta ligeramente acelerado, dígame, ¿ha sentido algún dolor?

No. – dijo ella mintiendo deliberadamente, necesitaban regresar a Londres a como de lugar.

No me convence señora Andrew, aun viajando en avión privado, no es un vuelo corto.

Albert vio la mirada obstinada en ella, y a decir verdad, tampoco podía darse el lujo de perder tiempo.

¿Puede acompañarnos? Para que la vigile en el vuelo, pagaré lo que usted me indique. – dijo Albert.

No es cuestión de dinero señor Andrew, es un riesgo.

Entendemos que es un riesgo, pero, tomando en cuenta que nuestro hijo está en manos de secuestradores, creo que lo más seguro es llevarla de vuelta a Londres.

Debo pedir permiso al señor embajador, pero sospecho que eso no será un inconveniente.

No lo será, partimos en dos horas, el avión ya está siendo preparado en el hangar.

Muy bien, pediré a una de mis enfermeras que nos acompañe, y llevaremos lo necesario para una emergencia.

Gracias doctor.

No me agradezca, y le pediré que firmen una carta responsiva de lo que estamos por hacer.

Lo haremos sin problemas.

Bien, con permiso.

Deme su dirección un auto estará por usted para llevarlo al hangar, y se gusta puede viajar directo de regreso en el mismo avión una vez que estemos en Londres, o bien quedarse, en el hotel que guste.

Viajaré de regreso, sugeriría que haya un equipo médico esperando por ella en Londres, después del vuelo, lo mejor será que pase unos días en observación en un hospital.

Lo arreglaré. –

Candy apretó la mano de Albert en agradecimiento.

¿Te llegó la conversación?

Sí, están triangulando de donde proviene, por supuesto la voz fue distorsionada, no te pidieron dinero.

No, pero les daremos lo que sea, ¿no?

Todo depende del motivo del secuestro.

Albert…

Candy, debemos ser inteligentes, si el motivo del secuestro es solo dinero, les daremos lo que pidan, pero si no es dinero, lo que realmente quieren no les daré nada, los cazaré hasta el fin del mundo si es necesario, y si se atreven a tocar un solo cabello de Drew lo pagarán con sus vidas, de algo debe servir el poder y el dinero de la familia.

Candy observó la fiereza en el rostro de su esposo, sabía que no bromeaba, pero no había compasión en su corazón por quien fuera que se había atrevido a llevarse a su niño.

¿Te dijeron como sucedió? – preguntó Candy tras unos minutos de silencio con los ojos cerrados mientras Albert daba vueltas por la habitación empacando, para mantenerse ocupado, después de todo, podían pedir que les enviaran todo.

Asaltaron a Alice y a Lena mientras paseaban con los niños en el parque.

¿El equipo de seguridad?

El chofer de Archie fue drogado, uno de los guardaespaldas tiene heridas de bala y el otro salió tras de ellos, pero lo atropellaron, ambos están estables, pero en el hospital.

¿Victoria?

No iban por ella, la ignoraron por completo, Stear tiene los videos de la ciudad y los está analizando el equipo de IT y de seguridad.

Candy se reacomodó en la cama, como si buscara una posición cómoda, Albert la observó detenidamente.

¿Segura que estás bien?

Estoy aterrada.

¿Pero todo está bien con nuestra hija?

Albert, mi amor, todo estará bien, necesito llegar a casa.

Irás al hospital.

Con la condición de que no te quedarás conmigo, llama a mi madre, a la tuya, a quien sea, tú debes estar al tanto de todo.

Haré de nuestra base el hospital, ya lo hice antes, ahora mismo Anthony está haciendo los arreglos. – le dijo mientras la besaba en la frente.

Dejaron la suntuosa suite que los había cobijado durante la que debió ser una luna de miel pre- bebé. Y viajaron al hangar en silencio, Albert la llevaba abrazada, firmemente sostenida por él, los aeropuertos de Inglaterra estaban en alerta, los hangares privados fuertemente investigados, se habían asegurado de que no saliera un solo vuelo de Inglaterra sin ser revisado, pero, había otras formas, y Albert de pronto deseó ser omnipotente, para poder bloquear el país con un domo protector, para así asegurarse de que Drew no fuera sacado del país, entonces él voltearía hasta la última piedra con tal de hallarlo.

Ayudó a Candy a descender y a abordar el jet que esperaba por ellos, el médico le indicó que mantuviera las piernas arriba y conectó un monitor fetal para estar al pendiente durante el vuelo, le ofreció un calmante ligero, pero Candy se rehusó.

Debo estar consciente, ellos dijeron que me llamarían.

Stear puso un parche para que las llamadas de tu teléfono sean desviadas al mío.

Albert, quieren tratar conmigo.

Debemos dejarles claro que negociaremos, pero que no nos tienen a su merced.

Nos tienen a su merced.

Eso, ellos no deben saberlo, ¿Tienes tus contactos militares aún?

¿Quieres contratar mercenarios?

Sí.

Candy suspiró profundo y le transfirió un número cuyo título era tía Rachel. Albert la vio inquisitivamente, pero solo marcó el número, y se lo pasó a ella.

Rowland, mañana, 0800, 51 grados, 30 minutos, 25 segundos norte, o grados 7 minutos 29 segundos Oeste. – solo dijo eso y después colgó, Albert no hizo preguntas, la besó y le dijo.

Duerme, por favor duerme. –

Ella cerró los ojos y misericordiosamente calló en un sueño poco profundo, ajena al hecho de que Albert había pedido que los calmantes suaves le fueran administrados, en cuanto se quedó dormida se puso en pie y caminó a la habitación privada para hacer una llamada.

Stear.

¿Dónde están?

Volando de regreso a Londres, necesito que envíes a alguien a confirmar que Anne sigue internada, y que pongan seguridad en los alrededores, discretamente.

¿Crees que …?

No estoy seguro, pero no lo dudaría ni por un segundo.

Bien.

Y contacta al investigador a cargo de mantener a Eliza y a Sonia vigiladas, quiero saber dónde están, que no las pierdan de vista.

Enseguida, ¿Cómo está ella?

Sedada, no quiere admitir que ha sentido dolor, viajo con médico y enfermera a bordo, averigua si Anthony tiene todo listo para que la reciban en el hospital.

Sí, ya está todo preparado, y se están instalando líneas seguras, y todo lo necesario en el hospital y en el penthouse.

Gracias Stear, ¿Hay seguridad para todos?

Sí, redoblamos la seguridad.

Cualquier cosa llámame.

Por supuesto.

Albert colgó y respiró profundo, permitió que por primera vez las lágrimas que quemaban su garganta desde horas atrás por fin fluyeran, se sentía furioso, impotente, y atemorizado, por Drew, por Candy, por su bebé, por él mismo, dejó que las emociones fluyeran, después lavó su rostro y salió a tomar su lugar al lado de Candy.

A las 8 de la mañana del día siguiente Candy dormía, había tenido un sangrado en cuanto aterrizaron, y ahora estaba decidido que debía guardar reposo, el peligro de un parto prematuro era real, Albert estaba sentado sosteniendo la mano de la rubia, no habían vuelto a llamar aún, la llamada había sido rastreada a su origen, provenía de un celular desechable que había sido utilizado en Londres, pero que más allá no podía ser rastreable, estaban a ciegas, el hombre asignado a vigilar a Sonia y a Eliza no aparecía por ningún lado, Anne seguía internada, y solo se había carcajeado cuando los investigadores de Scotland Yard habían pretendido interrogarla.

Albert alzó la vista y se topó con un hombre alto, pelirrojo, musculoso, iba vestido de civil, pero su porte militar era inconfundible.

Rowland, supongo.

Así es, William Andrew. – dijo observando con discreción a la rubia que dormía. Albert le hizo una seña para que salieran.

Supongo que sabes porque te llamó.

¿Cuántos hombres quieres?

Los que puedas juntar.

Puedo poner a unos 25 hombres a tu disposición en varios rincones del mundo, necesito saber cuáles son tus sospechas, y toda la información que tengas, oficial y extraoficial, porque supongo que conduces una investigación oficial, dirigida por Scotland Yard, y otra que pretendes se haga en tus términos.

Ahora veo porque le caes bien a mi esposa, toma, este es el número de mi primo que está a cargo de todo lo tecnológico, él te puede informar de la investigación extraoficial y oficial, aunque aquí está el nombre del detective asignado al caso.

Muy bien, me pondré a trabajar, dile a la pecosa que le dejé saludos.

Gracias, una cosa más… si esto no es por dinero…

No te preocupes, nos haremos cargo de la gente.

No, quiero hacerlo personalmente, quiero ver sus caras. – le dijo Albert con seriedad.

Ella no estará de acuerdo, y no es algo con lo que se puede vivir con facilidad. –

Sí Drew no regresa…

Si Drew no regresa, veremos que lo que quieres se pueda cumplir, pero si regresa, tal vez lo mejor sea que nos dejes el resto a nosotros. – le dijo Rowland con mirada dura, era un hombre que había visto demasiado, y entendía la necesidad de hacer justicia por la propia mano en casos extremos.

Albert lo vio alejarse y regresó al lado de Candy. Durante tres días los secuestradores guardaron silencio, al tercer día el celular de Albert sonó y el respondió.

No trataremos contigo, solo con ella. –

Dijeron y colgaron para guardar silencio por otro par de días, Candy se volvía loca, trataba de ser fuerte, de mantenerse tranquila, pero las contracciones se presentaban más seguido, y los medicamentos cada vez parecían menos efectivos.

No puedo con esta tortura Albert…

Amor, no podemos hacer lo que ellos quieran, tenemos que llevarlos a jugar bajo nuestras reglas.

¡Esto no es un juego, quiero a mi niño de vuelta!

Candy, mi amor, yo también, y te juro que además de quererlo de vuelta quiero justicia, esta deuda no se quedará sin saldar, así como así.

Albert, déjame hablar con ellos…

Bien, pero debes prometerme que no harás nada sin informármelo, no depositarás dinero, no saldrás a ver a nadie, no darás información, no transferirás propiedades, ni harás nada que te ponga en riesgo a ti o a nuestra bebé.

Albert…

Júramelo amor, necesitamos estar en el mismo canal, ambos queremos a Drew de vuelta, y si quieren tratar contigo es porque te perciben como el elemento débil, y porque quieren hacerte daño, no creo que esto sea solo por dinero.

Anne sigue en el psiquiátrico.

Pero Eliza y Sonia no, nadie sabe dónde están, así que mientras no sepamos su paradero trataremos esto como parte de las locuras de tu hermana, ya que una vez estuvieron dispuestas a atentar contra tu vida, y la de Drew, y que, además, tanto Anne como Eliza estuvieron en busca de destruir tu vida de manera sistemática desde años atrás, esa es nuestra mejor pista.

¿Qué pasa si estamos equivocados?

Si lo que quieren es dinero, entenderán que deben tratar conmigo.

Albert la rodeó con sus brazos y permitió que ella se desahogara, mientras el mismo sentía como en su corazón había clavado un puñal.

Pasaron un par de semanas, todas las pistas terminaban en callejones sin salida, el celular de Candy estaba inundado de mensajes, y fotos de Drew, en las fotos él pequeño se veía bien, tal vez un poco serio, sin embargo, su aspecto físico era bueno, estaba limpio, bien vestido, y no parecía haber perdido peso, sin embargo había una tristeza no aparente para todos en su mirada, la IP de donde provenían era imposible de rastrear aún con el mejor equipo de Stear y el mismo Stear trabajando prácticamente las 24 horas.

Candy parecía hundirse en la depresión a ratos, guardaba silencio por momentos prolongados, comía justo lo necesario para mantenerse bien, y obviamente había dejado de sonreír, estaba enojada, temerosa, dolida, y sin Drew se sentía perdida, la amenaza más urgente de aborto parecía haber pasado, pero, ella parecía ida.

Albert la llevó de regreso a casa tres semanas después de su regreso de Moscú, las recomendaciones seguían siendo reposo, estaba prácticamente en su séptimo mes de embarazo, hacía tres semanas que Drew no estaba con ellos, Albert parecía estoico, inflexible, y una muralla se había erigido entre ellos, casi no hablaban.

Albert la ayudó a acomodarse en su habitación, se veía exhausta apenas había caminado del estacionamiento a su recámara y parecía que no podía mantener la respiración en un ritmo constante.

Pediré a Margaret que te suba algo de comer. – le dijo quedamente.

No.

Candy…

He dicho que no, sabes que me alimento lo suficiente, pero ahora no tengo hambre.

Mi amor…

Albert, déjame sola. –

Habla conmigo.

¿Qué quieres que te diga?

Lo que te mantiene lejos de mí.

Tenemos opiniones diferentes, formas de afrontar las cosas, diferente, yo estoy dispuesta a dar hasta mi vida por Drew, y pareciera que… - ella se detuvo sabía que lo que estaba a punto de decir era completamente injusto, pero lo había visto frío, controlado, incluso, tal vez insensible ante la situación, y eso calaba en lo profundo de su corazón, a veces una vocecita le decía que ahora que tendrían una niña, una que él había podido disfrutar desde el primer momento, tal vez Drew ya no era tan importante para él. Albert la miró de frente, sabía bien lo que ella iba a decir.

¿Parece que no me importa? –

No quise decir eso, sé que lo amas, es solo…

Es solo ¿qué?

Albert, dime lo que sientes, por favor no me trates como una niña, vacía tu corazón conmigo y permíteme consolarte, tal cual tú lo has hecho conmigo una y otra vez. – todo tono de reproche había desaparecido y en su lugar había el más puro amor, Albert suspiró profundo, y se sentó junto a ella en la cama.

Guardó silencio por un largo rato, tomó su mano, Candy lo miraba, vio como las lágrimas comenzaban a brotar por sus mejillas, su rostro se transformó, el dolor y la ira se hicieron palpables, y un gemido ronco escapó de su garganta, Candy lo acunó haciendo que recargara su cabeza en sus piernas, y lo abrazó y acaricio sus cabellos, y su barba de tres semanas, de pronto se daba cuenta que todo era una fachada, estaba siendo fuerte por ella, y ella había sido una egoísta.

Perdóname mi amor. – le dijo ella mientras acariciaba su rostro. – perdóname por haber sido tan egoísta, por permitir que el dolor me consumiera, por dirigir mi enojo a ti, por no apoyarte y saber que tú también estás en medio de este infierno. Albert se aferró a ella y lloró hasta que el dolor acumulado y la tensión desaparecieron. Se había aferrado a ella como su tabla de salvación, juntos habían vertido sus lágrimas de impotencia, dolor, enojo.

No tienes que pedir perdón, te amo…

Yo también Albert y no puedo seguir cruzada de brazos.

No estamos cruzados de brazos, no te he dicho todo lo que hacemos a diario, cuantas pistas falsas seguimos, cuantas IP revisamos...

Quiero ver a Anne.

No, el doctor te mandó reposo.

Albert, es capaz de gritarme en mi cara las cosas con tal de lastimarme, y entonces al menos tendremos la certeza.

No estoy dispuesto a correr el riesgo.

Y yo no estoy dispuesta a seguir esperando.

Albert observó su mirada obstinada y la acercó a él con dulzura.

Tendrás que llevar a Rowland contigo, te acompaño, pero si entro y la escucho destilar veneno no respondo de mí.

Está bien, claro, haré las cosas como tú me digas. –

Y las ordenes de Rowland será actuar ante cualquier cosa sospechosa, no te quiero en riesgo de nada, ni siquiera de una bofetada.

De acuerdo.

Candy y Albert se abrazaron y se quedaron dormidos, el consuelo de la cercanía física y del amor que se tenían fue un bálsamo para sus cansados corazones.

Un par de días después, Albert y Candy se dirigieron a la clínica donde estaba Anne, ninguno la había visto desde que la habían internado, y ahora se dirigían hacia allá en silencio, un chofer manejaba, Rowland iba en el asiento de copiloto, ellos dos atrás y otra camioneta con gente de Rowland los seguía, a Candy le parecía exagerado, a Albert nada le parecía suficiente. No iba a correr riesgos.

Habían anunciado con anterioridad su visita y pedido que ese día no hubiese visitas ni gente ajena a la clínica, por supuesto, todas sus peticiones fueron concedidas.

Albert y Candy caminaron tomados de la mano hasta una sala de visita, habían pedido la más austera y segura, una vez en la puerta él la abrazó con fuerza.

¿Quieres que te acompañe?

Sí vas conmigo no se animará a destilar veneno a gusto, y necesitamos que lo haga.

Bien. Rowland.

No se le podrá acercar, descuida.

Candy entró, creía estar preparada para lo que iba a encontrar, pero la mujer que tenía frente a ella no se parecía ni tantito a su elegante hermana, vestía unos jeans y una sudadera que parecían tres tallas más que lo que ella requería, su cabello estaba grasoso, sin brillo, cortado disparejo, e incluso enmarañado, pero sobre todo le impresionó los modales nerviosos, casi desquiciados, y los ojos cargados de odio con un toque de locura palpable.

Así que la huerfanita decidió venir a visitarme, ¿y quién es el hombre que te acompaña? ¿te cansaste de Albert? No me digas, es el verdadero padre del bastardo que llevas en el vientre. – La mirada amenazante de Rowland pareció excitarla. – un hombre peligroso por lo que veo.

Anne, ¿cómo estás? – preguntó Candy tranquila mientras tomaba asiento.

¿Es una visita de placer?

No es un placer verte en estas circunstancias, pero mi pregunta es genuina.

No pierdas tu tiempo.

Bien, entonces iré directo al grano… Drew está secuestrado, y necesito que me digas si tú tuviste algo que ver con ello.

Jajajajajaja, el bastardito mayor está perdido… con razón ni mi madre ni mi padre han venido, tal parece que olvidaron que tenían hija.

Anne…

Sí yo fuera culpable, ¿crees que te lo diría?

Dime que quieres, haz que quien lo tenga nos digan el precio, pagaremos, yo me haré cargo de que Albert pague lo que sea.

Sácame de aquí y descongela mis cuentas.

No hasta que no tenga a Drew de vuelta.

Jajajaja, eso no sucederá, pero ten consuelo, tú fuiste educada por padres adoptivos, mi hija no conocerá a su madre, seguro el bastardito no la pasará mal.

Anne, por Dios…

Tal vez ya aprendió a decir mamá a alguien más, es un niño después de todo, sus memorias son cortas.

Anne, dime lo que sabes.

Ayúdame a escapar.

Rowland te sacará de aquí si me dices donde está.

Anne volteó a ver al hombre que no delató ni rastro de emoción.

Dispuesta a actuar a espaldas de Albert una vez más, ¿Cuándo aprenderás Candice?

Ten compasión de mi corazón de madre.

Jajajaja, ¿así como tú lo tuviste del mío?

Abogaría porque te trajeran a Victoria, pero necesitas estar bien.

No quiero a Victoria, quiero ver a Archibald, a ti, a todos, sufrir, verlo todo perdido, arrastrarse en el lodo, y aún entonces no vas a recuperarlo, no volverás a verlo, crecerá lejos de ti tal cual Victoria no volverá a verme… pero claro, es solo justicia divina, porque yo no tuve nada que ver en ello. –

Rowland se dio cuenta de que ella se tensaba, la tomó bajo el codo y la hizo ponerse de pie, la loca no confesaría nada en claro.

Hicieron el viaje de regreso en silencio. Candy se tomó una ducha y se disponía a dormir, necesitaba tranquilizarse, sentía la tensión acumulada en cada uno de los músculos de su cuerpo.

El celular vibró, ella se acercó y al desbloquearlo un vídeo apareció en la pantalla principal, era Drew, jugaba en una playa, el mar azul turquesa de fondo, él disfrutaba de la arena, y por un breve momento, casi sonrió, una voz femenina aunque distorsionada en el vídeo le habló al niño.

Drew, ¿dónde está tú mamá?

En el cielo. – contestó el niño con tristeza.

¿Tu papá?

Se fue con ella, porque la ama más que a mí. – estaba concentrado en lo que hacía, pero su vocecilla sonaba herida, como si no comprendiera porque l ohabían abandonado.

Drew, yo voy a ser tu mamá, yo cuidaré de ti, ¿está bien? –

Sí.

¿Puedes llamarme mamá?

No.

Tal vez otro día.

Tal vez… - dijo el pequeño y levantó su mirada azul cielo a la cámara.

Diles adiós a tus padres, Drew. –

Bye, bye papá, mamá, beso. – dijo el chiquillo y aventó un par de besos al cielo.

Las lágrimas corrían por las mejillas de Candy, y de pronto una punzada aguda en su vientre la hizo doblarse de dolor, líquido caliente corrió por sus piernas, y el terror la dejó sin aliento.