RAA 49
Candy observó con ternura a su pequeño dormir tranquilamente, era más de la una de la mañana, pero no quería dormir, no fuera a ser que todo fuese un sueño, y en realidad Drew no estuviese con ellos. Habían pasado ese día en el hospital, más por simple protocolo que por cualquier otra cosa, pero, era necesario asegurarse de que Drew estaba bien.
Acarició suavemente los dorados rizos, y trazó de manera casi imperceptible la respingona naricita salpicada de pecas, tal vez el único rasgo físico perteneciente a ella en la copia al carbón que era su hijo mayor de su padre.
Su niño dormía plácidamente, y Candy esperaba poder llevarlo a su hogar, a dónde pertenecía al día siguiente, Albert había ido a dejar leche para Eileen a casa, dónde los Andrew y los White Rowan cuidaban de la pequeñita con dedicación total, pero ella no había podido ni querido separarse de Drew, necesitaba verlo, acariciarlo, sentir su aroma y velar su sueño, al menos por esa primera noche.
Su respiración era lenta y acompasada, su rosada boquita entreabierta le daba un aire irresistible, dormía boca arriba, con los bracitos abiertos, y sus manitas formando un pequeño puño, se veía tranquilo, en paz, y en cuanto los resultados necesarios estuviesen listos, ella misma encontraría esa paz.
Había estado relegando a algún lugar de su mente algo que sabía debía hablar con Albert, pero prefería evitarlo, lo único que importaba en ese momento es que su amado niño estaba de vuelta con ellos.
La puerta se abrió y Albert entró pausadamente, estar juntos en una habitación de hospital, con Drew dormido en una cuna traía a su mente muchos recuerdos, se acercó a Candy que contemplaba a Drew y la abrazó por la espalda, atrayendo a él protectoramente su menuda figura besó la curva de su cuello con ternura, y recargó su mentón en ella para hacer justo lo que Candy hacía, contemplar a su pequeño guerrero.
¿Todo bien? – preguntó Candy quien se había acurrucado en sus brazos, y con su mano acariciaba los dorados cabellos de él, en un gesto íntimo y tierno.
Sí, todo está perfecto, Eileen está siendo sobre mimada por abuelos y abuelas, estoy seguro de que te extraña, pero está bien, ya mañana iremos a casa.
¿Lo darán de alta mañana?
Sí, Martin me confirmó que sí, todo está bien, él está bien de salud, y las citas con el psicólogo ya fueron agendadas, lo verá una vez a la semana por un tiempo a menos que veamos que necesita más. ¿tú cómo estás?
No puedo dejar de contemplarlo… temo que, si cierro los ojos, todo habrá sido un sueño.
No es un sueño mi amor, y nadie podrá quitárnoslo.
¿Y si se escapa?
¿Anne?
Sí…
No lo hará.
Ya lo hizo una vez.
Nosotros la dejamos escapar, pero, además…
Hay algo que no me dijiste, ¿cierto? - afirmó más que preguntó ella.
Ven, vamos a sentarnos.
Candy se dejó conducir hasta el sillón, sin saber bien que esperar, sabía que de no haber sido por ella, Albert hubiese refundido a Anne en la cárcel desde la primera vez, y ahora se sentía culpable de todo lo acontecido, había tomado una decisión muy importante, nunca más, dudaría en defender lo que más amaba en la vida, su familia, su amado esposo y sus hijos, esta vez no habría ningún sentimentalismo de por medio, Anne, no era su hermana, sino una mujer despiadada que no se había tocado el corazón en ningún momento con tal de hacerla sufrir lo indecible.
Albert, como te lo dije en la mañana, lo que sea porque no quede libre. No tiene perdón, lo que hizo fue monstruoso, haz lo que sea que tengamos que hacer, aunque signifique sobornar a los jueces… - Candy se detuvo, la rabia bullía en ella, pero algo en la expresión de Albert la hizo parar. - ¿qué sucede?
Mi amor, Archie viajó a Tailandia…
¿Tailandia?
Sí, Stear y Archie están allá, con nuestros abogados…
Albert, ve al grano, por favor, puedo con lo que sea, prefiero saberlo todo.
Bien, Anne está en un hospital en Bangkok…
¿Psiquiátrico?
No, intentó dañar a Drew, y tuvieron que abatirla, las instrucciones del equipo eran que con quien pusiera en riesgo a Drew…
No habría misericordia, ¿cierto?
Cierto, mi amor… sé que… - Candy llevó su índice a los labios de Albert y lo detuvo.
No digas nada, era lo correcto, fue la decisión correcta, la que yo debí tomar la primera vez…
Sin culpas, mi amor, no tiene caso. – le dijo Albert mientras la abrazaba.
¿Estaban en Tailandia, entonces?
Sí, tenían una casa ahí.
¿Qué tan mal está?
No he hablado con Archie…
¿Por qué fue Archie?
Él es su esposo legalmente, y tal como arreglamos las cosas mientras estuvo en la clínica, es quien tiene el poder médico, quedó de llamarme, para dejarnos saber el estado de las cosas…
¿La trasladarán a Londres? – en la voz de Candy había un dejo de temor y determinación que Albert no pasó por alto.
No nos adelantemos…
Pídele que haga lo necesario para que no la trasladen acá. – Candy lo sorprendió una vez más.
No es viable trasladarla, al menos no por ahora, no es cuestión de salud solamente, sino legal.
Dime el estado real de las cosas, Albert, sé que siempre intentas protegerme, pero esta vez quiero estar en control, y que el peso de lo que sea que haya que decidir sea de ambos, quiero llevar la mitad de mi carga.
Lo que sé es lo que Rowland me reportó, ella amenazaba con dispararle a Drew, así que le dispararon certeramente, no iban a correr ningún riesgo, la bala está alojada en su columna vertebral, ha perdido demasiada sangre, pasó muchas horas en cirugía, y la mínima consecuencia es que quede parapléjica, sin embargo, ni siquiera saben si recuperará el sentido, tuvo un paro cardio-respiratorio durante la cirugía, estuvo clínicamente muerta por más de diez minutos, mientras no recobre la conciencia no pueden saber que tan profundo es el daño, si quieres viajar…
¿Viajar? No amor, no puedo verla, no quiero verla, hubiese sido mejor que firmaran una orden de no resucitar, habríamos terminado con todo de una buena vez. - la rabia amenazaba con desbordarse, y el desprecio era evidente, pero hoy no permitiría que todo eso robara su felicidad, respiró profundo y calmadamente le dijo a Albert - debemos decirles a mis padres, porque… porque es su hija, pero en lo que a mi corresponde, esa mujer no es mi hermana. Debo decirte algo… - dijo ella como si guardar silencio fuese imposible ya.
Hoy no mi vida, debemos descansar, aunque sea un poco… dime, ¿quieres decirles tu a tus padres?
Hagámoslo juntos, pero, pide a Archie el último reporte, y si Archie está en Tailandia, dile que Victoria y Aly pueden quedarse con nosotros… no me gusta que estén solas.
Como tu digas mi amor, ven. - le dijo él poniéndose de pie y llevándola hasta la cama, era la habitación que había mandado a hacer cuando pasaron su larga temporada en el hospital antes del trasplante.
En los brazos de él, y con el suave murmullo de los latidos de su corazón, Candy al fin consiguió relajarse y quedarse dormida mientras Albert pensaba en cierta parte de la información que aún no le había dicho a Candy, trataba de descifrar si sentía algún cargo de conciencia, pero la verdad era que no había tal, estaba plenamente convencido de que había tomado la mejor decisión, y ahora su debate era entre callar y confesarse con su esposa, ¿Qué diría ella? ¿lo entendería? ¿acaso lo condenaría? Solo si la mirada de ella fuese de decepción podría sentirse mal, después de todo, ella era su norte. No entretuvo sus pensamientos por mucho tiempo más, el día había sido terriblemente largo, más aún el mes de angustia que habían pasado cobraba factura por fin, se sumió en un sueño reparador aún cuando había pretendido estar alerta.
La luz del día se filtraba por la ventana, y Albert buscó a su lado en la tibia cama, ella estaba ahí, tarareando una canción de cuna gaélica, mientras acariciaba tiernamente a Drew y el niño se entregaba sin reservas a los mimos de su madre, cubriéndola de besos y abrazos, ambos ajenos a la contemplación de Albert, que se deshacía en ternura.
Mira quien despertó Drew. – dijo Candy en voz alta al sentir la mirada penetrante de Albert sobre ella y voltear a verlo con una sonrisa llena de amor.
Papá. – el niño se abalanzó hasta él y Albert lo recibió en el aire, era como si no hubiese habido otro tiempo, ni otra realidad, como si la separación nunca hubiera sido. De pronto miró muy serio a Albert y volteó a ver a Candy con intensidad, para después preguntar con confusión. - ¿y bebé, mi hermanita? – señaló el vientre plano de Candy, con cara de interrogación.
Tu hermanita está bien, está en casa, se llama Eileen. – le dijo Albert mientras se estiraba para alcanzar su celular y mostrarle fotos a Drew. Drew observó con interés los pequeños videos y las fotos que Albert le mostraba. Los ojos de Candy estaban anegados en lágrimas, ante la tierna reacción de Drew a los videos y fotos, quien de pronto volteó a ver a su madre aun con total seriedad y le dijo.
Vamos a casa mami. – buscando bajarse de la cama, Candy lo contuvo en sus brazos, y lo tranquilizó por un momento.
Es muy temprano mi amor, el doctor Martin vendrá a darte de alta, pero puedes tomar un baño mientras tanto, ¿Quién quieres que te bañe? –
Drew dudó por un momento, pero después contestó con firmeza.
Papi, vamos a bañarnos papi. –
Bien mi niño, yo te llevo a bañar, solo dejemos que mami lo haga primero, para que esté lista, ¿sí? – El niño asintió mientras se acomodaba en los brazos de su padre y le pedía ver a Eileen de nuevo.
Candy los observó por un breve momento más y desapareció dentro del baño, ansiosa por ir a casa. La mañana se esfumó rápidamente, y cuando acordaron ya se encontraban en el umbral de su morada, con sonrisas radiantes, corazones acelerados, por una fracción de segundo Candy recordó la primera vez que llegaron del hospital al que ahora era su hogar, ella como la peor mujer del mundo, cargando culpa, dolor y angustia a cuestas, él, el hombre dolido, intachable, apasionado dispuesto a jugarse el todo por el todo con tal de tener un lugar en la vida de un hijo que no lo conocía, pero al que él con escasos días de saber de su existencia amaba con locura.
La llegada hoy era muy diferente, no había nerviosismo, sino dicha total, al regresar al hogar con su amado hijo en brazos, al abrir la puerta todo aparentaba estar en silencio, tal vez Eileen dormía, pero tan pronto cruzaron el umbral de la sala, la algarabía se desbordó, toda la familia a excepción de Archie y Stear estaba presente para dar la bienvenida, globos regalos, bocadillos, golosinas, todo lo que un niño puede desear se había conjugado en esa sala de estar, pero sobre todo brazos abiertos y ojos lacrimosos que testimoniaban el infinito alivio de ver su calvario terminado, y el amor desbordante que como familia sentían por el pequeño.
Los primeros en acercarse con cautela fueron los abuelos, no sabían que esperar, pero el chiquillo los reconoció de inmediato y con deleite se despegó del pecho de su padre para extender sus brazos primero al abuelo William y después al abuelo Victor, quien llevaba en sus brazos un pequeño bultito envuelto en una rosada manta.
¿Eileen? – preguntó Drew cuando se percató de ello.
Sí hijo, ella es tu hermanita. – le respondió Victor acercándose para que pudiera ver a la pequeña.
Drew extendió su manita y Eileen se prendió de su dedo de inmediato. Albert abrazó a Candy que derramaba lágrimas de felicidad.
Es bonita. Beso a Eileen. – pidió el niño y con ternura depositó un suave beso en la sonrosada frente de la bebé.
Pauna y Katherine iban de un lugar a otro asegurándose de que todo estuviera perfecto, Elroy Andrew sentada como tiempo atrás en uno de los sillones de la terraza, George y Rosemary cuidaban de un pequeño que ya gateaba hábilmente, Patty estaba sentada a pendiente del monitor que le indicaría si su pequeño Allistear necesitaba de ella.
Victoria seguía con interés a sus pequeños primos que gateaban, y Aly estaba un poco aparte, al pendiente de la niña, pero a nadie pasaba desapercibida la mirada de atenta adoración con la que la seguía o la completa confianza que Victoria tenía en ella, buscándola tal cual un pequeño busca a su madre.
Anthony e Isabella se acercaron a Candy y la envolvieron en un fraternal abrazo.
¿Cómo estás? – preguntó Anthony.
Increíblemente feliz, no puedo evitar llorar cada vez que lo veo, está en casa, mi niño está en casa, ¿acaso puedo pedir más? Gracias por todo su apoyo, a ambos, sé que con los gemelos tienen las manos llenas, pero, gracias, han sido invaluables.
No tienes nada que agradecer, ya te dejaremos a los gemelos uno de estos días para que los cuides. – le respondió Isabella con un gesto cómico.
No es mala idea, deben crecer juntos, tal cual lo hicimos nosotros. – le respondió Candy con añoranza.
Solo que ellos si están emparentados bilógicamente, así que no podemos esperar matrimonios. – dijo Anthony encogiéndose de hombros.
Jajajaja, hay cosas demasiado raras que pasan por tu cabeza, amado mío. – le dijo Isabella mientras lo besaba con ternura.
En nuestro caso, hubo tres matrimonios, porque no estábamos emparentados… - se defendió Anthony ante su lógica.
Al parecer deberemos hacer amigos e incluirlos en el círculo. – Candy se encogió de hombros, había todo un futuro por delante.
La tarde pasó amena, llena de risas y juegos, ternura infinita representada en los pequeños de la familia que ahora crecía, la luz de la felicidad del momento fue suficiente para disipar las penumbras que aún se cernían sobre la familia, cuando al final todos se hubieron retirado, y los niños fueron a dormir, los dos matrimonios mayores se quedaron con Albert y Candy para hablar de lo que aún estaba por venir.
Albert sirvió tres vasos de single malt, y tres copas de tinto, la familia tomó asiento, y guardaron silencio por un momento.
Agradecido de tener a mi nieto de vuelta, brindo, por larga paz, salud, y tiempos de felicidad. – dijo William mientras alzaba su trago y los demás sonreían asintiendo y acompañándolo en el gesto. Después Victor se aclaró la garganta y preguntó directamente.
Dinos lo que has callado hasta ahora Albert. – su voz era tranquila y resignada, conocía bastante bien a su yerno, y desde temprano había intuido algo, sin embargo, también sabía que siempre había una razón para todo lo que Albert hacía, así que le había dado su tiempo.
Victor, no quise decirles nada hasta no tener la mayor información posible. –
Es sobre Anne, ¿ya tienen una sentencia? ¿tan pronto?
No una sentencia en sí papá, verás, dimos instrucciones muy específicas sobre como actuar en caso de que alguien amenazara la vida de Drew… dijimos que lo primero era el bienestar de Drew, y esas fueron las ordenes que siguieron… - le dijo Candy intentando ser considerada con los sentimientos de sus padres.
Anne… ¿qué hizo? – preguntó Katherine con un nudo en la garganta, no tan segura de querer saber.
Hay un informe completo, si quieren leerlo, sin embargo, aunque suene demasiado frío en lo personal no quiero revivir todo lo que mi hijo tuvo que pasar, el hecho es que ella amenazó con matarlo, y ellos actuaron en consecuencia, fue necesario disparar… ella está con vida, pero el pronóstico que enfrenta es en el mejor de los casos quedar parapléjica, Archie está en Tailandia con ella, y uno de los jets está dispuesto a partir en cuando ustedes lo digan… yo no puedo, ni quiero hacerlo. – Candy suspiró profundo, había logrado sacarlo.
Lo entendemos hija, iremos porque alguien tiene que lidiar con todo esto… y porque no deja de ser nuestra hija. ¿cuál es la situación legal? –
Está bajo arresto. – respondió Albert parcamente.
No la quiero en Inglaterra… - dijo Candy con vehemencia, y lejos de encontrar horror en la mirada de sus padres encontró comprensión.
Es imposible sacarla de Tailandia, los cargos aparte de secuestro, robo, fraude, y demás incluyen posesión de drogas en la cantidad necesaria para considerarse tráfico, y en Tailandia eso es un delito grave. – Albert esperó a ver la respuesta de los presentes, todos guardaron silencio. Pero la mirada de Candy no era de sorpresa, al parecer ella lo sabía… tenía que hablar con ella a solas.
No habrá extradición para ninguna de las tres entonces, a menos que movamos influencias. – dijo William con seriedad.
Pero no moveremos ni un dedo. – les dijo Albert claramente.
¿Esa es su decisión conjunta? – preguntó Pauna con suavidad, el tono de acero en la voz de su hijo no había sido pasado por alto, pero, Candy había guardado silencio y su mirada estaba baja. - ¿Candy? – La rubia levantó la vista y miró a Pauna directamente a los ojos.
Es nuestra decisión conjunta. Y estoy completamente consciente de lo que ir a prisión en Bangkok por un cargo de tráfico de drogas implica, los demás delitos no fueron cometidos en Tailandia, pero deberán purgar primero la sentencia correspondiente a eso antes de pedir una extradición. Confío en que su estancia en el "Hilton de Bangkok" les haga reflexionar. – la referencia a una de las cárceles más superpobladas e inhumanas del mundo no pasó por alto para ninguno de los presentes.
William y Pauna guardaron silencio, pero buscaron la mirada de Victor y Katherine, después de unos momentos de silencio, Victor carraspeó para aclarar su garganta y tomando la mano de su hija la miró con profundo amor.
Si esa es la decisión de ambos, tienen el respaldo de la familia, como siempre, solo les pido que una vez que todo haya terminado, que la sentencia haya sido dictada, dejen esto atrás, porque no quiero verlos consumidos por una vendetta, que aunque justificada, puede costarnos demasiado a nivel personal, no permitan que todo este dolor, ira, coraje, se conviertan en rencor y odio que consumirá sus vidas, porque tienen derecho a ser felices, a disfrutar de sus hijos sin reservas, sin temores, y a vivir una vida plena. – besó la mano de su hija y la miró a los ojos.
Te lo prometo papá, no nos robarán mas tiempo ni más vida de la que ya han robado… ¿qué harán ustedes? –
Volar a Tailandia, por supuesto, es nuestra hija, nos corresponde tomar esta carga, acompañar a Archie, y darle la oportunidad de regresar a Victoria pronto. –
Nosotros los acompañaremos Victor. – le dijo William.
Gracias. –
Será algo más que afrontaremos juntos. – les dijo Pauna y Katherine asintió con agradecimiento.
¿Cuándo quieren partir? – preguntó Albert dispuesto a encargarse al menos de las cosas prácticas.
Mañana temprano, por ahora los dejaremos descansar y descansaremos nosotros. – Katherine se puso de pie abrazó a su hija y a su yerno, su mirada altiva se había esfumado, Anne había sido su orgullo por muchos años, y ahora, era su más grande dolor y decepción, ir a encontrarse con la mujer inestable, quebrada, autodestructiva, llena de odio y rencor en la que su hija favorita se había convertido, era sin duda un enorme reto.
Candy se aferró por unos momentos al abrazo y le susurró al oído.
Te amo mamá, y lo siento mucho. –
Lo sé mi niña, no te preocupes, todo va a estar bien.
¿Quieren que los llevemos al hangar?
No hija, disfrútense, disfruten de sus hijos, de su tiempo juntos, nosotros nos haremos cargo de lo demás. –
Albert y Candy vieron a sus padres partir, Albert la tomó de la mano y le ofreció otra copa de vino.
Debo preguntarte algo. –
Dime.
¿Por qué no te sorprendió el cargo de tráfico de drogas?-
Porque no esperé a que la divina providencia hiciera justicia, le pedí a Rowland que hiciera algo que fuese un castigo apropiado, y confíe en su ingenio. - le dijo con toda seriedad viendo a los ojos a Albert, temiendo un poco su respuesta, le sorprendió ver una mirada de comprensión acompañada de un fantasma de sonrisa. - ¿no dirás nada?
Yo le pedí la oportunidad de hacer justicia por mi propia mano… pero me la negó, así que le dije que quería un castigo ejemplar… -
Ambos pedimos lo mismo… ¿te sientes culpable?
No mi amor, no me siento culpable, no podía concebir que pasaran el tiempo en una cárcel de primer mundo, donde los derechos humanos y no se quien más podrían terminar por dejarlas libres. ¿tú, te sientes culpable?
No, lo que sea porque mis hijos estén seguros… llamé a Rowland y le pedí que se acercara con los contactos pertinentes para asegurar una larga estancia en el Hilton de Bangkok… pero creo que mi papá tiene razón.
La tiene, debemos dejar esto atrás, esperaremos a que dicten sentencia y se resuelva lo de Anne, después simplemente haremos lo necesario por borrar de nuestras vidas todo lo ocurrido… -
Te amo Albert, gracias por no juzgarme.
Gracias por no juzgarme tú y por estar dispuesta a defender a nuestra familia contra todo y todos. -
Es lo que tú me has enseñado. –
Ella se acercó a él y besó sus labios con dulzura, la pesadilla estaba prácticamente concluida, era tiempo de ser felices.
Bangkok, Tailandia.
Los Andrew y los White Rowan llegaron al hospital, no eran las instalaciones destinadas al turismo extranjero, sino las que se usaban para los prisioneros, entrar fue toda una hazaña, y por donde pasaban las precarias condiciones del lugar les dejaban absolutamente claro, que sería una estadía complicada.
El calor y la humedad pegaban sus ropas al cuerpo, Rowland los guiaba por el laberíntico lugar con aplomo, llegaron al final a una especie de sala privada, donde un Archie, vestido con pantalones caqui, tenis y una simple camiseta blanca marcada por el sudor estaba sentado mirando al vacío.
Archie. – llamó con suavidad Katherine.
El apuesto hombre se puso de pie, era evidente que los tres días que llevaba ahí no habían sido precisamente agradables.
Llegaron. – dijo con una mezcla de alivio y preocupación, llevaba tres días anclado a una sala de espera en la que en realidad no quería estar, entrar a ver a Anne, era simplemente más de lo que podía sobrellevar, pero algo lo había retenido, ahí dentro, en un cuarto austero privado con un aire acondicionado defectuoso yacía una mujer que para él era una desconocida, si bien, hacía mucho que había aprendido a ver más allá de la belleza de Anne, el saber que la mujer moribunda, que yacía en esa cama, con rudas mantas de áspero material era la madre de su hija, le partía el corazón, por eso no se había ido, si un día debía rendirle cuentas a Victoria, debía poder contarle, que había estado al lado de su madre hasta su último aliento.
¿Cómo estás? – preguntó Victor con preocupación.
Cansado, y listo para ir a casa a ver a mi hija…- respondió con sinceridad.
¿Cómo están las cosas? – Como siempre, William era directo y práctico.
No creen que vaya a despertar, la realidad es que la mantienen con vida a través del respirador, dicen que es cuestión de tiempo, para que su cuerpo se de por vencido, y claro, podemos acelerar el proceso si decidimos desconectarla, pero no podía tomar esa decisión yo solo. – dijo con franqueza.
Katherine se apoyó en el hombro de su marido, mientras Pauna y William los flanqueaban, era un momento duro, devastador, los cuatro podían recordar cuantos sueños y planes habían construido y trazado para ella, ahora, todo era inútil, su vida estaba perdida, de una manera horrible e irremediable.
¿Podemos verla?
Sí, claro… pero, deben prepararse, la mujer que está ahí dentro, no se parece en nada a Anne.- les dijo con pesar
Los White-Rowan asintieron y entraron a la habitación con cautela.
Anne sintió que la puerta se abría, sus padres entraron, se veían pequeños, decepcionados, impresionados y tristes, observó la blanca figura tendida sobre la cama, el rostro estaba hinchado y amoratado, su cabeza completamente rapada, y una larga cicatriz rojiza cruzaba su cráneo, pero estaba viva, sentía su corazón latir, y su pecho subir y bajar.
Vio a su madre tomar de la mano a su padre, ninguno de los dos se acercaba, las lágrimas fluían por sus rostros quiso hablarles, pero ellos parecían no escucharla, su cuerpo no respondía, era inútil intentar comunicarse.
Lo mejor será dejarla descansar. – dijo su padre en voz ronca.
¿No esperaremos?
¿A qué Kath? ¿Qué podemos esperar? Ella tomó las decisiones de su vida, echó todo a la basura, no me quedaré aquí por meses, no condenaré a Archie a mantenerse alejado de Victoria, nuestra nieta necesita de su padre, ya que su madre se negó desde su nacimiento a hacerse cargo de ella… y tu y yo… ¿quedarnos no es una opción, no alarguemos más el sufrimiento, que Dios la juzgue…
Tienes razón, eso es lo correcto, preguntemos si hay órganos que se puedan donar…tal vez así, al final su muerte no sea tan… no sé, Victor, solo sé que … - Ninguna madre espera nunca tener que soportar lo que ella estaba viviendo, estaba completamente quebrada, no podía siquiera terminar el pensamiento. Victor la abrazó y con voz tranquilizadora el respondió.
Preguntemos lo de la donación, tienes razón. –
¿Donación? ¿muerte?¡ No, yo estoy viva, escuchen… no…! Anne hacía esfuerzos por comunicarse, pero todo era inútil, con desesperación frenética sollozaba y maldecía, pero nadie la escuchaba, nadie se percataba de que no todo estaba perdido.
Su madre se había acercado a tomar su mano con suavidad, su padre y Archie entraron seguidos de un médico.
Aquí están las formas, se pueden donar sus córneas y su piel, así como sus órganos, no encontramos rastro de drogas en su sangre, y a pesar del historial médico parecen estar en buen estado. – les dijo el amable médico, era un caso especial, era claro que la familia de la mujer tenía dinero, pero no le correspondía preguntar.
¡No, no, no, no….! Donarlo todo, mi piel… no … mamá, mamá, escúchame por una vez en tu vida, mamá, no dejes que Archie firme eso, no… - Anne observó como Archie tomaba las formas y estampaba su firma en ellas, el poder de él era suficiente.
Katherine acarició su mano y el hinchado rostro en un gesto maternal, solo el amor de una madre es capaz de perdonarlo todo.
¿La llevarán de inmediato?
Es lo más recomendable, pero tome su tiempo. –
Katherine y Victor caminaron a la cama, besaron la frente de ella.
Desearía que hubieras tomado decisiones diferentes, Anne, pero ahora, ya no hay vuelta atrás. – dijo su madre antes de dar la media vuelta y salir sin mirar atrás, Pauna la esperaba afuera con los brazos abiertos.
Esperaba que fuéramos felices, Anne… pero tal vez para eso habrías tenido que ser otra, solo puedo jurarte que Victoria estará bien, la haré feliz. – Archie apretó su mano y se apartó un poco para darle privacidad a Victor.
Anne… - no supo que decir… así que acarició su rostro en ese gesto tierno que usaba con ella cuando niña.
¡No!, papá, Archie… noooo.
En cuanto se quedó sola en la habitación las enfermeras y los médicos la prepararon.
Anne luchaba, intentaba frenéticamente dar señales de vida, lo logró...
Doctor, su mano se movió un poco. – dijo una de las enfermeras.
Son reflejos, solamente, vamos, es necesario hacer la donación, salvaremos vidas.
Anne ya no tenía fuerzas, observó con impotencia como el médico dibujó una larga línea en su cuerpo, y tomó uno a uno sus órganos vitales, cuando llegó al corazón, todo se volvió oscuridad.
No hubo un servicio funeral, solo una lápida de mármol que marcaba con su nombre el lugar dónde depositaron sus cenizas, todo ello en consideración a Victoria, porque tal vez un día preguntaría acerca de su madre.
Un par de meses después.
Albert y Candy escuchaban al abogado dar el reporte final.
Fueron condenadas a prisión, 45 años sin derecho a fianza, ni a apelaciones sino hasta dentro de 20 años.
¿Y después preguntó Candy?
Señora Andrew, nadie sobrevive ese tiempo en el Hilton de Bangkok, si a los 20 años apelan la sentencia, veremos que hacer en su momento. – le aseguró el hombre que había sido contratado.
Gracias, señor Levinson. –
Le dijo Albert poniéndose de pie y estrechando su mano, Candy hizo lo mismo y salieron caminando en dirección a su auto.
Terminó al fin. – dijo Candy con alivio abrazándose fuertemente a Albert. - ¿y ahora?
Ahora tomaremos vacaciones, los cuatro juntos.
Candy conocía de sobra esa mirada en Albert, había una sorpresa esperando.
¿Me dirás?
Jajaja, no, no todavía. –
¿Cuándo salimos?
Esta misma tarde, están preparando todo desde la mañana.
No cambias. – le dijo ella poniéndose de puntitas para que besarlo.
Volaron a un destino paradisiaco, una hermosa isla en el Mediterráneo, prácticamente virgen, un enorme y pintoresco complejo se situaba a la orilla de la playa, casas blancas, tejas rojas, le daban un aire a Santorini, el profundo azul del agua, las blancas arenas, proveían vistas que robaban el aliento.
Candy entró tomada de la mano de Albert a la fresca mansión, pisos de mármol, techos abovedados, muchísima luz, ella vestía pantalones de lino color blancos, sandalias de cuero crudo, y un sencillo tank top color azul marino. Su cabello estaba suelto, ensortijado por la humedad, y su rostro iba sin gota de maquillaje.
Es precioso Albert.
Me alegra que te guste, y cualquier cosa que quieras cambiar basta con que lo menciones.
Es perfecta, para este mes.
Ese es precisamente le punto, no es solo por este mes.
¿De qué hablas?
Es nuestro lugar para vacacionar, el destino de playa que nuestros hijos recordarán, dónde la familia entera pasará un par de semanas en verano… -
Papá puso en venta la casa de The Hamptons.
Así es, ese era nuestro destino de verano cuando niños, quiero que nuestros hijos y sobrinos tengan eso. ¿Qué opinas?
Albert, no vi otra casa cuando aterrizamos.
No hay otra casa…
¿Toda la isla?
Así es, toda la isla es nuestra. –
Eres un extravagante.
Soy un hombre sumamente bendecido y feliz, que anhela hacerte dichosa, no creo que tenga nada de malo. -
Ella lo abrazó.
Gracias por pensar en todo… Cuéntame los planes.
Pues el plan del día de hoy es sencillo, pretendo que pasemos un maravilloso tiempo a solas durante la siesta de los niños, después podemos caminar por la playa, que Drew juegue con la arena, y tú y yo daremos un paseo a la luz de la luna. ¿qué dices?
Me encanta… ¿qué más?
¿Cómo sabes que hay más?
Contigo siempre hay más. –
Jajajaja, pasaremos un par de semanas solo nosotros y los niños, y después llegarán todos.
Ella lo abrazó con ternura, estaban solos, los niños habían llegado dormidos, y Albert le había pedido a Lena y Dorothy que se hicieran cargo de ellos por un par de horas. La besó con apasionada intención, estaban solos, nadie los molestaría.
¿Quieres ver la recámara principal? –
Quiero verlo todo.- le dijo ella con una sonrisa y mirada que dejaba muy claro que no hablaba de la casa.
Albert la tomó en brazos y la llevó consigo a la enorme habitación redonda con casi 360 grados de vista al mar, la casa estaba encallada sobre un acantilado, la decoración era blanca con acentos de dorado y azul, una gran cama vestida de lino blanco esperaba por ellos.
Las cortinas de gasa ondeaban bailando al compás del viento, Candy se quedó maravillada con la vista, era imponentemente sobrecogedora, y Albert la contempló recargada en una de las blancas columnas, su delicada figura enmarcada en el ventanal, su cabello alborotado por la brisa, su belleza lo conmovía hoy más que nunca, y mañana lo haría más que ayer, no era porque su cuerpo fuera perfecto, la maternidad había dejado sus inevitables huellas en ella, pero eso la hacía para él más hermosa aún que la grácil ninfa que había tenido en sus brazos la primera vez que hicieron el amor.
Cada día que pasaba estaba más perdidamente enamorado de su esposa, no había como negarlo, se acercó y abrazó su cintura mientras besaba su cuello, y dejaba que sus manos viajaran por el torso de ella, mordisqueó el lóbulo de su oreja, pegó su dura anatomía a la de ella, y Candy correspondió con la misma pasión.
Amaba recorrer su cuerpo, besar cada rincón, venerar su feminidad, llevarla junto con él al paraíso.
Ella lo apartó un poco, y lo miró a los ojos mientras se despojaba de la blusa y los pantalones quedando frente a él en exquisita lencería de encaje color nude, la visión de su cuerpo semidesnudo conjugada con la mirada de completa devoción y confianza de parte de ella hacía que su deseo se incrementara.
La mujer que tenía frente a él no temía a luchar por su amor, en sus gestos no había vergüenza, ni inseguridades, sino completa y absoluta confianza, certeza de que el hombre que tenía frente a ella la amaba con locura, y ella correspondía con la misma intensidad.
Su relación no era una lucha de poderes, ni una red de mentiras o secretos, podían verse a los ojos con absoluta confianza, no había sombras ni dudas, eran el uno para el otro, se amaba.
Eres una diosa. – le dijo él con su ronca voz masculina que enviaba escalofríos por su espina dorsal, era como una caricia invisible, sabía que no era una línea, era la verdad.
Y tú un Adonis que no se ha puesto en igualdad de circunstancias. – la voz ronca de ella le encantaba, el franco reto, la mirada expectante y demandante.
Pues, estoy a tu merced. – le dijo él acortando la distancia.
Ella se acercó y lo besó, mientras desabrochaba los pantalones y la camisa de lino, las manos de él recorrían salvajemente sus curvas, estrujando, acariciando, palpando con avidez, su hambre por ella era insaciable y podía sentir cada centímetro de su anatomía reaccionar a ella, al tacto del suave encaje, su fragancia, a su rica y cremosa piel, a la perfecta anatomía que conocía de memoria.
Ella paseó sus tersas manos por las firmes líneas de su cuerpo, su pecho musculoso, el abdomen de luchador griego, disfrutando de la sensación de su imponente erección presionando contra su abdomen mientras lo besaba y pegaba su suave cuerpo al de él.
Él desabrochó el sujetador y acarició sus hombros al deslizar los tirantes y dejarlo caer, rozando con suavidad su espalda, su cintura, su delicioso trasero, metió sus manos dentro de sus panties y tentó las sinuosas curvas. Sus pechos agitados por la respiración acelerada rozaban erectos su torso, su boca invadía la de ella, el la alzó y ella se aferró a su espalda enredando sus piernas alrededor de la varonil cintura.
Albert caminó hasta la cama y se sentó sobre el mullido edredón, manteniéndola sentada sobre su regazo, él se encontraba completamente desnudo, y ella sentía a través del fino material de su ropa interior su pulsante masculinidad irradiar calor. Se puso de rodillas sin despegar su cuerpo del de él, buscando saciar a medias la ansiedad frenética que comenzaba a inundarla. El deseo y la pasión se desbordaban, el recorrió el sendero entre su cuello y sus pechos con su boca, capturó uno de los desprevenidos pezones en su boca, y lo torturó lentamente con sus labios.
Ella jadeó ante la caricia, y se apretó más a él, las manos de Albert se deshicieron con pericia de la última prenda que le quedaba a ella, y tendiéndola sobre la cama besó cada rincón de su cuerpo, descendiendo con maestría hasta el sur dónde invadió magistralmente con su lengua su feminidad, decidido a llevarla más allá del límite, la mano de ella se enredaba en el cabello de él, su cuerpo fluía bajo los efectos de sus expertas atenciones, su interior ansiaba ser llenado por él, y en un gemido rogó por ello.
Albert… - el movimiento de su mano le hizo saber lo que quería, porque su cerebro se encontraba tan nublado por el placer que no lograba articular.
Él estaba decidido a hacerla vibrar de placer, y sació momentáneamente su deseo introduciendo suavemente un par de dedos en ella, la sintió tensarse por unos segundos, para después amoldarse a la nueva invasión, las caderas de ella marcaban frenéticamente el ritmo, y las oleadas de placer se sucedían una tras otra, ella hacia mucho que no pensaba con claridad, su cuerpo se convulsionaba incontrolablemente y los suaves gemidos se volvían cada vez más intensos, su piel estaba brillante y levemente sonrosada, después de verla alcanzar el clímax más veces de las que podía contar, cambió su atención a sus muslos y los besó alternando la intensidad, Candy aún no lograba recuperar el ritmo de su respiración o de sus latidos, pero en un esfuerzo sobre humano le pidió.
Déjame degustarte-
Soy todo tuyo.
Ella temblorosa aún por el arrebato de pasión buscó su boca para besarlo, y atrapó entre sus manos la parte sur de su anatomía que añoraba con todas sus fuerzas, tomar entre sus labios hasta llevarlo al casi al clímax, porque después quería sentir su imponente cuerpo cubriendo el de ella, besando su cuello y sus pechos, mientras él penetraba su cuerpo certeramente, invitándola con cada embestida a recorrer el camino hasta el Edén como uno solo.
Se amaron fogosamente el resto de la tarde, venerando el uno al otro, recorriendo cada centímetro de su piel, bebiendo de sus fuentes, y disfrutando de la entrega que solo viene con la intimidad, con la confianza, con el amor.
Porque al final del día, resistirse al amor había sido inútil, después de todo, el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo soporta, y nunca deja de ser.
Hoy más que nunca sabían que las tempestades que vinieran no serían capaces de apagar su amor, podían con todo y contra todos, su amor había sido probado y salido victorioso.
Recostados uno junto al otro, piel a piel, hábilmente entrelazados, ambos gimieron jadeantes al alcanzar la cumbre de su escarceo amatorio y en medio de un beso de corazones desbocados y alientos entre cortados los dos dijeron al unísono aquello que nunca más callarían.
Te amo, Candy.
Te amo, Albert.
Fin.
Ha sido un exquisito placer escribir esta historia que comenzó como una historia de nada, una historia rosa, sin complicaciones, la historia que alguna vez quise definir como un largo foreplay hasta llegar a la culminación del amor entre ellos, esa era mi intención inicial, y estoy consciente de que fracasé magistralmente en esa premisa.
Por supuesto que no sucedió, el drama terminó por secuestrarla, y hubo muchas encrucijadas, aún ahora escribiendo el final, había la opción de regresar al principio, pero C, me hizo reflexionar, esta es una historia sobre la madurez, tanto del amor como de sus personajes, el crecimiento como personas, como familias, sobre lidiar como adultos las relaciones. No podía regresar al inicio y pretender que 47 capítulos no habían sucedido, porque después de todo, la vida es precisamente esto, no hay forma de regresar, debemos ser capaces de vivir con el peso de nuestras decisiones, de abrazar a los que amamos, y hacer frente con valentía y madurez a la vida, perdonando, poniendo límites, atreviéndonos a soñar, a crecer, a ser genuinos.
Gracias por su compañía, por su tiempo, por su apoyo, por cada uno de sus comentarios, por ser parte de este sueño. Por su cariño que me sorprende de formas inesperadas. Por su paciencia y su impaciencia. Gracias.
Gracias C, por el apoyo incondicional, por llevarme al lugar exacto a como de lugar, por hacerme escalar montañas, literal y figurativamente, por tratar de enseñarme cada día, el poder que reside en una mujer, tal vez un día lo comprenderé.
Con infinita gratitud.
KeyAg
