RAA Epílogo.

La hermosa joven de finos rasgos, piel de porcelana y espeso cabello azabache se observaba en el espejo con indecisión, el exquisito vestido color rojo se acomodaba a sus curvas a la perfección, pero era demasiado para ella que normalmente prefería pasar desapercibida. La puerta se abrió de golpe, y su prima Danielle entró a la habitación tal como siempre lo hacía, llena de energía y vitalidad, tenía el impecable estilo y seguridad de su madre, sabía combinar ropa y accesorios a la perfección , siempre con un dejo de locura en ello, era hermosa, cabello castaño oscuro, piel blanca, no utilizaba lentes porque había decidido operarse, era casi dos años más chica que ella, pero muchas veces parecía mayor.

¿Ya estás lista Tori? ¡Wow! Ese vestido es magnífico, es vintage... Valentino… no me digas que...-

Victoria no cesaba nunca de maravillarse de la habilidad que tenía su prima para distinguir ese tipo de cosas.

Sí, salió del closet de mi madre, no le veo el sentido a que hayan guardado para mí todas esas piezas de colección y que yo nunca las use, pero la verdad es que no es mi estilo. -

Pues te ves espectacular, y supongo que también hay joyas. -

Por supuesto que las hay, al parecer si algo sabía hacer Anne White-Rowan era vestir bien, pero no me extraña, con solo ver a mi abuela o tía Candy es obvio… ¡pero yo no soy así!

¿Qué temes? ¿que alguien voltee a verte?

Victoria no tuvo oportunidad de responder, porque un torbellino rubio entró en su habitación justo en ese momento, alta como su padre, los ojos azules de los Andrew, pero la sonrisa era completamente la de su madre. Llevaba un engañosamente sencillo vestido de seda color violeta, la falda larga arrastraba una elegante cola, y de sus manos colgaban dos opciones de zapatos. Danielle volteó al cielo como pidiendo paciencia.

¿Cómo es posible que sus madres sean íconos de estilo en más de una portada y que ninguna de las dos sea capaz de decidir por un vestido o un par de zapatos? - reclamó Danielle con una mirada cómica en el rostro.

Victoria odia ser el centro de atención y por eso preferiría usar algo menos llamativo, y yo… pues preferiría mil veces no tener que usar estos altísimos tacones, pero las abuelas sufrirán un infarto si llego en tenis o flats así que deja de quejarte Danielle, dime qué zapatos van con esto, y ayuda a Tori a encontrar algo menos llamativo entre la multitud de vestidos de colección que cuelgan en su closet sin propósito alguno.

Todo esto es culpa de tu hermano, Eileen, lo sabes. - reclamó Victoria con un puchero.

Jajajajaja, ¿por graduarse con honores de medicina? Sabes que, aunque no hubiera graduado con honores la familia hubiese tirado la casa por la ventana. Drew es el favorito, no importa lo que los demás hagamos, él es perfecto, mira nada más, que aun siendo el primogénito los abuelos y papá le han permitido estudiar medicina en vez de negocios, y están de acuerdo con pasar el legado de las familias a William o a mí. Es romper completamente con el protocolo, con las reglas y todo lo demás y nadie ha dicho nada… -

¿Será porque entienden que mi carrera de medicina es importante para mí? - preguntó desde la puerta un guapo caballero, tenía 24 años, aún faltaba para realizar su especialidad y todo lo demás, sus primas voltearon a verlo, era la copia exacta de su padre, alto, encantador, imposiblemente guapo, y las tres lo adoraban.

¡Drew! No debías estar escuchando. -

Querida hermanita, vamos a llegar tarde, porque ustedes no pueden ponerse de acuerdo en lo que sea que no han logrado, y nuestros padres no estarán felices de vernos llegar tarde. -

Eso es una mentira, a ninguno de los dos les importará demasiado, son las abuelas las que nos reñirán. - replicó Victoria encogiéndose de hombros.

Las tres se ven hermosas, vamos. -

No Drew, aún no sé qué zapatos… -

No se notarán con el vestido, los dos combinan, ponte los que te hagan sentir más cómoda. - respondió con practicidad el muchacho. -

¡Drew! Esa no es una respuesta válida. - le reclamó Danielle. - Ignóralo, usa los plateados, van mucho mejor con todo.

Bien, ¿qué más hace falta? -

Victoria aún debe decidir qué vestido usar. -respondió Eileen con una sonrisa traviesa mientras obedecía a Danielle.

Toria, te ves hermosa, el vestido es perfecto. - le dijo él con seriedad y esa mirada cargada de cariño que siempre removía algo dentro de ella, después de todo Drew y ella tenían una conexión especial.

¿No crees que es demasiado? -

¿A qué le tienes miedo? - preguntó él sabiendo que no se trataba del vestido.

Me van a comparar con ella… -

Victoria, entonces deja de torturarte y ponte cualquier otro vestido, no importa, los guardaron para ti, por si un día los querías, pero si no los quieres no estás obligada a usarlos, sé que hay muchos otros vestidos que puedes usar. -

Pero quería que fuera una sorpresa para la abuela Katherine. -

Pues entonces, resígnate a llamar la atención. Vamos, no te dejaremos sola, bueno, ni Danielle, ni Eileen te dejaran sola, ni el resto de nosotros, los gemelos y Aidan esperan abajo, y yo en cuanto termine la ceremonia me reuniré con todos. - prometió Drew tratando de calmar a la chica, Victoria era solo un año y meses menor que él, pero muchas veces parecía mucho menor.

Las chicas al fin cedieron y dejaron la habitación, de la mansión que había sido su hogar en Oxford durante los años de estudios universitarios, eran muy unidos, habían crecido como hermanos, y sus edades eran muy cercanas, por supuesto que había más primos y hermanos y se llevaban bien con ellos, sin embargo, eran un poco menores, y habían decidido estudiar en otras partes.

Albert observó a su mujer con atención, ella no se había dado cuenta aún, sino se dedicaba a dar los últimos toques a su maquillaje con descuido, era una mujer fabulosa, tenía 52 años, pero al igual que muchas mujeres de su edad y su generación, parecía haber encontrado los secretos de la eterna juventud en la sana alimentación, ejercicio y cuanto tratamiento de belleza hubiese al alcance, llevaba un elegante vestido color verde jade, su menuda figura se dibujaba perfectamente entre el brocado de la tela, y los aretes de oro negro y diamantes que él le regalara tantos años atrás en su primer viaje de negocios por Asia complementaban a la perfección su dramático maquillaje. El aroma de su perfume inundaba el lugar, y la perfecta visión era demasiado para él. Así que se acercó y rodeó su cintura pegando su cuerpo al de él mientras besaba la curva de su cuello con sensualidad.

¿Se encuentra usted bien señor Andrew? - preguntó ella con seriedad y una sonrisa velada en el rostro.

Mmmm creo que he muerto y llegado al paraíso, porque la visión de un ángel me acosa. -

Jajajaja, no seas cursi. ¿Te gusta? -

Perfecto, como siempre, Neal hizo un trabajo impecable. -

¿Te burlas?

Solo de el hecho de que hayas terminado por aceptar que Neal es conveniente en nuestras vidas. -

Jajajaja, vanidoso... ahora resulta que, si no fuera por Neal, sería un desastre. -

No dije eso, por mí puedes ponerte lo que sea, o mejor aún, no ponerte nada… o usar un hábito de monja para evitarnos los molestos pretendientes...- le dijo bajando parte del zipper del vestido.

¡Albert! Es la graduación de Drew, no podemos llegar tarde...además eso último lo dijiste por una razón específica. -

Mmmm, porque me vuelves loco de celos cada vez que un pendejete se te acerca a saludarte, nada personal con el hecho de que el padrino de nuestro hijo esté en la graduación… además nunca fue competencia… eres mía...solamente mía...y en cuanto a llegar tarde, según mi punto de vista tenemos cerca de 40 minutos antes de tener que salir de aquí, así que… - el zipper descendió un poco más.

¡Albert! - ella pretendió escandalizarse, pero en realidad sus manos viajaron hasta la hebilla del cinturón de él.

¿Eso es un sí señora mía? - le preguntó mientras besaba su cuello cuidando de no arruinar ni su maquillaje ni su peinado. Y con maestría se deshacía del ajustado vestido.

Sabes que eres irresistible, ¿en verdad me vas a obligar a decírtelo? -

¿Acaso no lo merezco? - Se alejaba de su cuello al sur de su anatomía.

¿Qué te ayude a incrementar tu vanidad? Mmm, no la verdad no creo que eso sea bueno. - respondió ella entre suspiros ante lo que su esposo hacía con su boca…-

Jajajaja, eres una descarada. -

Soy el amor de tu vida, y sin mí no puedes vivir, creo que eso es lo que querías decir. -

Sí, seguramente sí, así como tú querías gritar que soy maravilloso, el mejor amante del mundo. - Lo que la boca y las manos de su marido hacían con ella le evitaban seguir del todo su tren de pensamientos.

Mmmm… - suspiró ella entregada a las delicias que su esposo conjuraba con sus manos y boca.

Vamos amor mío, quiero escucharlo de tus labios. -

Mmmm… Dios...Albert…- ella tiró de sus cabellos para intensificar la sensación.

Albert sonrió para sí, estaba haciendo algo divinamente bien como para dejarla sin palabras. Continuó con su deliciosa tarea, disfrutando el dulce sabor de su piel, y el rítmico aumento de su respiración, no podía besar sus labios, ni permitir que su cabello se despeinara, jamás se perdonarían el llegar tarde a la graduación de su hijo, regresó a su cuello y apreció el reflejo de la espalda desnuda de ella en el enorme espejo iluminado que tenían enfrente, la alzó para sentarla en sobre el tocador de mármol, el frío de la piedra la hizo estremecerse, pero estaba a la altura perfecta.

Bésame. - suplicó ella.

No… arruinaré tu maquillaje. -

Al diablo con el maquillaje, ¿cuándo nos ha importado?

Nunca, pero me matarás si llegamos tarde. - le dijo acercando sus labios a los de ella tentadoramente, pero sin permitirle tocarlos.

Te amo. - susurró ella en medio del delirio que sus caricias estaban provocando en ella. - por favor hazme el amor. - alcanzó ella a implorar.

¿Qué estoy haciendo entonces, princesa?

Me torturas, no me dejas probar tus labios, ni sentir la divinidad que es tenerte dentro. - le susurró ella al oído, mientras sus dedos torturaban con lentitud las protuberancias del pecho masculino. Ella acercó su cuerpo al de él un poco más, envolviendo sus caderas con sus piernas y restregándose contra su pelvis con exquisita cadencia.

Con una condición. -

La que quieras. - estaba ansiosa por sentir cómo la llenaba.

No dormiremos esta noche. -

Seré tu esclava. - prometió con una sonrisa, mientras con un certero movimiento de caderas él se introducía en ella con maestría, provocando que un pequeño grito brotara de sus labios, y que todo su cuerpo reaccionara a él, su danza amorosa perfectamente sincronizada, adoraban todo el uno del otro, se amaban con profundidad, y después de cerca de 25 años juntos el sexo se había vuelto aún más interesante. Se amaron en silencio, concentrados en los delirios del momento, en las sutiles señales que reconocían el uno del otro a la perfección, siguiendo el calor del momento, rindiendo tributo a su amor, sin atreverse a resistirse y simplemente dejándose llevar hasta llegar a los límites mismos del paraíso.

Dios, Albert, tenemos cinco minutos para salir de aquí. - le dijo ella haciendo un esfuerzo por recuperar el aliento.

¿Te quejas?

Jajajaja, deberías ver tu expresión ofendida en el espejo, no me quejo esposo mío, eso fue delicioso, pero, debemos irnos. - le dijo ella mientras se refrescaba con cuidado en la ducha y hacía contorsionismos para enfundarse de nuevo en el ceñido vestido. Albert se acercó a ayudarla, y en diez minutos se reunieron con los demás en el lobby del hotel, donde ya esperaban por ellos.

Llegan tarde. - les reclamó suavemente Rosemary, observando con detenimiento la expresión orgullosa en el rostro de su hermano y el leve sonrojo en el de su cuñada. -jajajaja, son incorregibles, pareciera que siguen teniendo 20. - les dijo con un brillo acusador en la mirada, los conocía a la perfección.

Pues perdemos más tiempo con tus reclamos hermanita, así que creo que lo mejor será abordar los autos, ¿dónde están los demás? - respondió Albert con una mirada de advertencia, sabiendo lo imprudente que podía ser.

Los cuatro fantásticos se adelantaron, por supuesto. - respondió Stear con una sonrisa, era el apodo que él mismo le había asignado a William, Pauna, Victor y Katherine.

Pues no sé qué esperamos nosotros entonces. - respondió Candy consciente de que no podían perderse la graduación de su primogénito por nada del mundo.

Vayan ustedes, con Rosemary y George. Archie y Ally aún no bajan. Isabella y Anthony se fueron con los demás chicos. - le dijo Patty con su usual apremio.

Justo en ese segundo, la pareja descendía por las escaleras, el porte elegante de Archibald, quien acababa de cumplir 55, contrastaba como siempre con la sencillez y alegría de Ally, quien con 10 años menos que él y una actitud desenfadada terminaba por relajarlo. No estaban casados, compartían dos hijos varones además de Victoria, que adoraba a Ally, y que incluso la llamaba mamá. Ally era tan parte de la familia como cualquiera de los ahí reunidos. Ellos eran pareja desde hacía casi 20 años, se adoraban, tenían una hermosa familia, Archie se había asegurado de ayudarla a cumplir sus sueños de estudiar y ejercer psicología infantil, montar su consultorio, y la acompañó en la gira de presentación de su libro, también de proveer todo lo que ella necesitara, y de cuidarla legalmente como si fuera su esposa, pero para él el matrimonio era un mero trámite, uno que nunca había querido volver a experimentar, y ella, era un alma libre, para quien las promesas pronunciadas por él a la luz de la luna de una exótica playa, así como el constante amor y cuidado demostrado durante su vida juntos eran más que suficientes.

Las cuatro parejas se dieron prisa para abordar los vehículos que esperaban por ellos y se dirigieron a la graduación. Caminaron de prisa por los hermosos recintos de Oxford, bebiendo la belleza de su alrededor con reverencia, y logrando llegar justo a tiempo a ocupar sus lugares, eran una familia numerosa, tal vez la más numerosa que se encontraba en ese lugar, pero no les importaba, estaban ahí para celebrar el logro del hijo, nieto y sobrino, cuya vida era prácticamente un milagro viviente. De camino se encontraron con Michael y su esposa, una bellísima mujer de cabellos negros, ojos grises y piel color canela, quienes también caminaban en dirección al recinto.

Michael, Carolina. - los llamó Albert.

Albert, Candy. - el apuesto médico y su esposa se detuvieron para saludar afablemente a la pareja de rubios. Los hombres se estrecharon las manos, mientras las mujeres se abrazaban con cariño.

Candy, ¿cómo está la orgullosa madre? - preguntó Michael al tiempo que besaba su mejilla.

No quepo en mí de orgullo… creo que gritaré a los cuatro vientos que ese guapísimo niño es mi hijo… -

Joven, mi amor, si te escucha decirle niño le dará algo. - la reconvino Albert con cariño.

Siempre será mi niño… Carolina, ¿dónde están Lisette y Michelle?

Se encontraron con Victoria, Eileen y los gemelos antes, para ponerse al día. Ya sabes que se adoran.

Gracias por venir, y por supuesto, nos pondremos al día en la isla, pero por lo pronto, creo que debemos ir a nuestros lugares o se hará tarde. - sugirió Albert.

Sabes que no nos perderíamos la graduación de nuestro ahijado por nada. Vamos. -

Llegan justo a tiempo, chicos. - les dijo Katherine como una sonrisa, como si su hija, su yerno y amigos no fueran más que unos jóvenes, mientras les señalaba sus lugares.

Los ojos de Candy se inundaron con lágrimas cuando lo vio caminar orgulloso a pronunciar su discurso, no creía tener favoritos entre sus hijos, pero Drew, era especial, no solo por haber superado la batalla contra el cáncer, sino porque era el instrumento que el destino había usado para reunirla con el amor de su vida. Albert le ofreció su pañuelo con caballerosidad, ella lo tomó, sonriendo entre lágrimas.

¿Princesa?

Nuestro niño se gradúa…

Sí mi amor, pero tus lágrimas son mucho más que lágrimas de orgullo.

Solo recordaba, que gracias a él y a su enfermedad hoy estamos juntos… Albert...si… -

Shhh, Candy, mi amor, no hubiese podido vivir sin ti, tarde o temprano, hubiese ido por ti, y nada ni nadie me habría detenido... O bien, tú me hubieras mandado secuestrar por tus amigos de fuerzas especiales, y me hubieras vuelto tu esclavo sexual hasta que confesara que nunca dejé de amarte. - le dijo al oído casi provocando que ella soltara una carcajada en medio de la solemne ceremonia.

Niños. - les recriminó Pauna con su natural elegancia y porte, a pesar de que eran más que adultos, no podía dejar de verlos como los traviesos cómplices de travesuras, y es que eso eran, eternos coautores de su felicidad y la de sus hijos.

La ceremonia terminó, ningún otro alumno fue tan celebrado como Drew, la familia al completo vitoreó al recién graduado y posteriormente se dirigieron a la espléndida fiesta. Dos mesas grandes estaban reservadas para ellos, dejaron una para los jóvenes, que en total sumaban un alegre grupo de 24, ya que cada uno había invitado a algún amigo o amiga como pareja, ninguno tenía una relación seria, pero eran muy sociables, además de tener un gran corazón, modales sencillos y dar las mejores fiestas.

William observó con satisfacción a su familia, definitivamente, no siempre había sido sencillo enfrentarse a la vida, hubo muchos tiempos turbulentos, la separación de Candy y Albert, la ruptura familiar, la enfermedad de Drew, su secuestro posterior, y sobre todo el descubrimiento de quienes habían estado detrás de todo, sin embargo, la vida había sido misericordiosa, y los había liberado de preocupaciones cuando poco después de ser recluidas en la cárcel, la noticia de las muertes de Eliza y Sonia llegó hasta ellos, por supuesto que no se alegraron, la vida de tres jóvenes mujeres perdidas en vano, por la ambición, el egoísmo, el rencor, eran verdaderamente lamentables, pero William estaba seguro de que su familia merecía la paz, tranquilidad y felicidad que vinieron después. William sonrió para sí, Albert y Candy se susurraban algo inapropiado en el oído, estaba seguro de ello por la risa nerviosa de la rubia y los colores que se le subieron al rostro, Albert había rechazado convertirse en el patriarca a los 40, pero estaba completamente al frente de las empresas y la fundación, junto con Candy, sus tres hijos, Drew, Eileen y William los adoraban, y tanto William como Victor estaban seguros de que los dos menores serían tanto o más brillantes que sus padres en los negocios, por supuesto que eran un torbellino, con apenas un año de diferencia entre ellos hacían a los rubios desvariar tanto o más de lo que ellos habían hecho desvariar a Katherine y Pauna cuando niños, Rose y George, tenían dos hijos varones, Aidan y Arthur, ambos se llevaban tres años y estudiaban para algún día dedicarse a los negocios, tremendamente correctos y reservados como su padre la mayor parte del tiempo, pero con la chispa traviesa de Rosemary, sus sobrinos eran prácticamente sus hijos también, y los contaba como familia cercana, Allistear y Patricia tenían cuatro hijos, Allistear, su primogénito, Danielle, todo un ícono de moda como su madre, Bash, tres años menor que ella y Brighton, cuatro años menor, ellos estudiaban junto con William y Arthur en Yale, apenas comenzaban sus estudios, pero eran talentosos, Anthony e Isabella, solo tenían a los gemelos, Vincent y Harper, ninguno de los dos estudiaban negocios, sino diseño industrial, eran una curiosa combinación del talento artístico de su madre y la habilidad de relaciones públicas de su padre, uno rubio de ojos castaños, y el otro de cabellos más oscuros con ojos azules como su padre, al final Archie y Ally, Victoria era por supuesto su hija mayor, físicamente muy parecida a Anne, pero con personalidad completamente distinta, le gustaba la escuela, y trabajar en la compañía, estudiaba relaciones públicas y aspiraba a reemplazar un día a su tío Anthony cono director global de RP, sus medios hermanos André y David estudiaban en Yale también.

Ver a todos orgullosos y felices con sus parejas, Candy y Albert platicando con Michael y Carolina, sin fantasmas del pasado entre ellos, sus nietos y sobrinos nietos, sentados en la mesa contigua rivalizaban en efervescencia con la de los adultos, después de todo, no solo eran familia, sino entrañables amigos los unos de los otros. William sonrió inconscientemente ante la perfecta imagen de dicha que se presentaba frente a él. Katherine y Pauna conversaban alegres y Victor estaba en la mesa de los chicos brindando por el graduado. Con más de siete décadas de vida sobre sus hombros sabía bien que no había más que pedir de la vida.

¿Ves algo que te gusta hermanito? - preguntó Elroy en un susurro cómplice.

Todo, tenemos una gran familia Elroy, y después de todo son felices, ¿qué más podemos esperar?

Poder ver a la siguiente generación, aunque tal vez sea demasiado pedir.

Faltan algunos años para eso, pero no es descabellado. Mira a Candy y a Albert, cuando eran niños no podías esperar a que crecieran, y aquí los tienes, tal cual siempre supiste que estarían.

Era más que evidente William, cada ciertos años, la historia se repite a sí misma. - le dijo la mujer con un brillo inescrutable en la mirada.

¿El primer William?

Puedes buscarlo por generaciones…y te sorprenderás.

¿Qué tanto cuchichean ustedes? - preguntó una suave voz femenina detrás de ellos.

Sólo que somos un par de viejos felices querida.

Tía, tú nunca podrás ser considerada una vieja. De hecho, venía a decirte que te ves espectacular, amo tu vestido. - le dijo la rubia ojiverde con una enorme sonrisa.

Eres una aduladora… si tuvieras algunos años menos preguntaría qué travesura hiciste o qué travesura traman.

Jajajajaja, tía, ni Albert ni yo hacemos travesuras…

Candy, ni tú crees eso hija, aún hay una larga lista de cosas que se les ocurre hacer en las que tú padre y yo simplemente sonreímos porque suelen no tener explicación. - le dijo William con una sonrisa afable.

Está bien, no es una travesura, solo una sorpresa que tenemos para todos, pero que estoy segura ustedes dos serían los más difíciles de convencer.

Nos van a raptar para ir de vacaciones todos juntos, ¿cierto?

¡Tía! - le reclamó la rubia con cara de decepción.

Hija, soy muy vieja para las sorpresas. -

¿William? -

También lo sé querida, pero creo que solo tu padre, Elroy y yo lo sabemos, además, creo que el punto era sorprender a los chicos, ¿no? - le respondió su suegro con esa sonrisa encantadora tan parecida a la de su esposo.

Son imposibles. - resopló la rubia con humor, para después besar las mejillas de ambos e ir a reunirse con Albert quien se había puesto de pie y con un gesto la invitaba a bailar.

Tan felices como siempre los imaginamos. - dijo Pauna con un suspiro.

Y pensar que estos hombres no querían hacernos caso. -

Katherine, no era que no quisiéramos hacerles caso, solo había que esperar que ellos mismo se dieran cuenta. - le respondió Victor pacientemente a su esposa.

Jajajaja, amigo mío, esta discusión parece que nunca tendrá final. -

No es eso William, es solo que… -

Pauna, amor mío están casados, tienen tres hijos, disfrutan de la vida, de la fundación va viento en popa y también las empresas, si, tú y Katherine tienen razón siempre estuvieron destinados a estar juntos, y Victor y yo fuimos unos necios por no ayudarlas a hacer eso realidad antes. -

Jajajaja, por fin lo reconocen, tal vez los perdonemos si nos invitan a bailar. - sugirió Katherine con mirada de absoluta adoración a su marido, los dos hombres les ofrecieron galantemente su mano dejando a Elroy en compañía de Anthony e Isabella quienes ya la hacían sonreír con un par de locuras.

Los chicos reían, algunos bailaban ya en la pista, y otros hacían las rondas entre los amigos y conocidos, pero Victoria, Eileen, y Danielle seguían sentadas en la mesa sonriendo al contemplar la pista de baile.

Tía Candy se ve bellísima con ese vestido, Eileen deberías pedírselo uno de estos días. Además, tus padres llaman la atención donde quiera que vayan. -

Victoria, deja de verlos como si fueran personajes de un cuento de hadas, el vestido es lindo, pero no es mi estilo. - le dijo Eileen encogiéndose de hombros. Para ella sus padres eran simples mortales y aunque adoraba a su madre, estaba en una etapa de su vida donde los hermosos vestidos de gala no eran su prioridad.

Tori tiene razón, tu madre siempre se ve exquisita, y sabes bien que cualquiera se da cuenta que tu padre la adora tan solo por ver la forma en que la mira.

Eres una exagerada Danielle, en todo caso mis padres no son los únicos que destilan amor por los poros, basta con ver a los abuelos, a tus padres con sus locuras conjuntas o a Tío Archie y tía Ally…

No creo que haya sido así entre mis padres...hay pocas fotos de ellos juntos, siempre se ven impecables, ya saben mi papá elegante como siempre, pero hay algo diferente en su mirada, algo que hoy tiene que no tenía antes, y mamá… espectacular, siempre, no importa que tan sencillos se vean otros en las fotos, ella siempre hace que cada conjunto sea un statement… pero no se ven enamorados… no sé… tal vez…

Tori, deja de atormentarte con eso y pregunta. - le dijo Eileen con su acostumbrada practicidad.

¿A quién debo preguntar? Creo que es un tema que papá no querrá tocar, y debe ser doloroso para los abuelos.

Creo que mamá y papá te responderían lo que tú quieras saber, y con toda la verdad, ya sabes que así son ellos.

Eileen, pero tía Candy es su hermana, también debe ser doloroso…

Mi madre te adora, sin duda estará contenta de hablar contigo, pero ahora sonríe, vienen tres de los amigos de Drew en nuestra dirección y estoy segura de que nos invitarán a bailar. -

Las chicas sonrieron y un trío de alegres y apuestos jóvenes se acercaron galantemente, todos sabían de sobra que cualquiera de los hombres Andrew cuidaría de ellas, y que acercarse a una Andrew no era lo mismo que acercarse a cualquier otra chica, sin embargo, eran tan hermosas que bien valía la pena el riesgo.

Drew bailaba con Michelle, la hija de Michael y Caroline, eran buenos amigos, tres años menor que él, y compartían afición por la medicina, Drew había acompañado a la familia Gerard por más de un verano en misiones de ayuda social, la carrera de su padrino, pero sobre todo la obra que sus padres llevaban a cabo con DAWR era lo que lo había motivado a estudiar medicina.

¿Qué sigue Drew? -

Después de la fiesta mis padres deben tener algo extravagante planeado, ya los conoces…

Jajajaja, no me refiero a eso, ¿qué sigue ahora que te has graduado?

La especialidad, pediatría primero, y después oncología.

¿Por lo que viviste cuando niño?

Sí y no, en realidad no recuerdo mucho, más bien, he visto de primera mano lo que mis padres y la familia en general hacen a través de DAWR, y sé cuál es mi lugar en la vida, en la empresa familiar.

Dirigir la fundación.

Así es.

Para dirigir la fundación no necesitabas estudiar medicina, lo sabes perfectamente.

Sí, pero no estoy dispuesto a dar nada que no sea mi todo, y creo que la carrera y ejercer me darán una perspectiva mejor que si solo hubiese estudiado negocios, quiero innovar, y tal vez un día encontrar la cura.

Es toda una carrera, y eres el mayor de los Andrew.

Eso no es impedimento, mis padres apoyan mi sueño. ¿qué hay de ti?

Aún falta para que termine, pero también quiero pediatría, de hecho, pienso pasar el verano trabajando con tu madre para DAWR.

Estoy seguro de que aprenderás mucho, creo que mi madre en vez de dedicarse a los negocios debió ser médico, o enfermera, es excelente en su trato con los pequeños. Es otra, nada que ver con la estilizada dama de esta noche.

Jajajaja, puedo imaginarlo, por cierto, creo que debes pedirle que baile contigo en el siguiente baile.

Lo sé, pero acabo de ver que invitaron a mi hermana y a mis primas a bailar, así que no puedo quitarles los ojos de encima.

Dios, todos ustedes, los hombres Andrew son unos celosos, en serio que no soportaría a ninguno como algo más que amigos.

Jajaja, para tu mala suerte te consideramos parte de la familia, así que no dudes que tienes guardaespaldas permanentes mientras estés con nosotros.

Sí, pero ese chico muy apuesto quiere bailar conmigo, y si seguimos bailando juntos pensará que tenemos algo que ver, así que ve e invita a bailar a tu madre y después a la pelirroja que no te quita la vista de encima, supongo que la conoces. -

Nada se te pasa por alto Michelle.

Así es, soy muy buena observando, y es por eso por lo que en algunos años estarás más que contento de ofrecerme un trabajo en DAWR. - le dijo la hermosa chica de hermosos ojos grises y suave piel morena.

Drew la llevó de vuelta a su lugar para darle oportunidad de conocer al joven mencionado con anterioridad, y se dirigió al centro de la pista donde sus padres aún bailaban riendo.

¿Crees que pueda interrumpirlos solo por un baile? -

Solo si me juras que no la dejarás bailar con nadie más. - le respondió su padre con una sonrisa.

Solo con los abuelos, o alguno de los tíos. - le respondió Drew encogiéndose de hombros.

No soy de su propiedad, lo saben, ¿verdad? -

No es por ti mi amor, sino por el bien de todos los demás. - le dijo besándola con suavidad y cediendo su lugar a su hijo mayor.

Mi amor, estoy tan orgullosa de ti. -

Madre, estarías igual de orgullosa sin importar lo que hubiera decidido ser.

Estoy orgullosa de que escogieras tu camino, de que seas un buen hombre, de ver que tu arduo trabajo será recompensado. -

Soy el favorito.

Eres igual de vanidoso que tu padre.

Creo que quieres decir seguro de mí mismo. -

Jajajajaja, Drew, mi niño...entonces ¿Michelle?

No, mamá, es como una prima más, ya sé que papá y tú crecieron igual, pero no, somos buenos amigos, solamente eso. Además, aún debo especializarme y hacer muchas cosas antes de pensar en formar una familia...una adoptiva tal vez.

Drew…

Mamá, fue mucha radiación lo que recibí, sabes bien que hay riesgos… pero no estamos en ese punto, además independientemente de los riesgos, me gustaría adoptar.

Lo que sea que te haga feliz mi niño. - le respondió ella con una sonrisa cargada de orgullo.

Lo ves, tengo razón, soy el favorito. -

El baile terminó y Candy le indicó que buscara a la pelirroja que Michelle le había señalado. Drew solo rio besó a su madre en la mejilla antes de entregarla en los brazos de su tío Anthony, ya que su padre bailaba con la tía Elroy. La celebración siguió hasta bien entrada la madrugada, y a la salida, la familia al completo fue llevada directo al hangar donde el avión esperaba por ellos.

¿Mamá, papá? - preguntó Eileen con una media sonrisa.

Vamos a la isla. - le dijo Albert mientras la algarabía de los chicos llenaba el aire.

Nunca será más fácil avisarnos ¿verdad? - preguntó Stear irónico.

No serían ellos si lo hicieran amor, y creo que todos podemos disfrutar de unas buenas vacaciones. - le respondió Patricia. - ¿Y bien chicos? ¿vamos de Safari? ¿A marte?

A la isla, todo ha sido empacado y está ya en el avión. -

Un día deberíamos ser nosotros quienes los sorprendamos, tan solo por el placer de ver como en su maleta no hay nada de lo que les gustaría haber empacado. - respondió Archie mientras tomaba la mano de Ally y la besaba a modo de disculpa.

Creo que después de todos estos años me he acostumbrado, además, una o dos semanas en la isla...eso quiere decir que tendremos tiempo para nosotros, tal vez tiempo para un cuarto hijo. -

Jajajaja, un cuarto hijo, mi amor, no juegues de esa manera conmigo. Tengo 55 años...-

No le veo el problema… -

Archibald solo rio viendo en los ojos de Ally el brillo de la travesura, y abordó el avión después de ella. Cuando llegaron a la isla los primeros rayos del sol iluminaban la costa turquesa, el conjunto de villas y bungalós brillaban como joyas blancas con acentos azules, el paraíso que Candy y Albert habían creado era una especie de Santorini, hermosas construcciones estilo mediterráneo en color blanco con acentos azul cobalto, el lugar de muchas reuniones familiares, el escenario de apasionados encuentros entre ellos, un refugio de los quehaceres diarios y de los embates que a veces la vida presenta, eran una familia feliz, sin embargo, eso no quiere decir que la vida fuera perfecta, intentos de escándalos, vaivenes de fortuna, la vida puede ser un constante sube y baja, sin embargo, eso nunca los había derrotado.

Cuando Candy descendió del avión el maravilloso olor a sal y la deliciosa brisa marina golpeó sus sentidos, entre la algarabía de la familia la sola electricidad de la presencia de Albert la llenaba, sintió su fuerte brazo rodearla, y su suave cuerpo se estrelló contra la roca que era la de él. Su refugio, su puerto seguro, su todo. Buscó su rostro para besarlo y él unió sus cálidos labios con los de ella.

Juntos en el paraíso. - le dijo ella con una enorme sonrisa.

El paraíso está donde sea que estés tú, amor mío. -

Escocia 10 años después.

La familia al completo se encontraba en el ancestral castillo, corría el mes de mayo y afuera todo estaba lleno de vida, verdes pastos, flores, cálidos rayos de sol templando el ambiente. Por todo el castillo se adivinaban los signos de actividad febril, los decoradores, asistentes y chefs corrían de un lado a otro y la familia misma supervisaba que todo se encontrara en perfecto estado, después de todo, la celebración de ese día era una muy especial.

Drew cabalgaba con ferocidad alrededor de los verdes prados, amaba con todo su ser esa mágica tierra de sus antepasados, y las viejas piedras del castillo solían hablarle de vez en cuando, a sus 35, aún construía su exitosa carrera como médico, estudiando constantemente, trabajaba como jefe de cirugía y oncología en uno de los hospitales creados por la fundación, además de que acababa ser nombrado jefe del consejo de DAWR sus abuelos que ahora rondaban los 90 se habían retirado de los negocios por completo después de su graduación, y sus padres y tíos poco a poco cedían el control de todo a la nueva generación, él, sus hermanos y primos, por supuesto que aún estaban al tanto, gozaban de perfecta salud y vitalidad y representaban fácilmente 10 o 15 años menos de los que tenían, vivían como siempre lo habían hecho, formando un estrecho círculo de hermandad y amistad, viajando juntos, emprendiendo proyectos, cuidando de ellos, a pesar de que todos eran adultos jóvenes y que incluso habían formado algunos sus propias familias.

Eileen, Victoria y Danielle se habían casado unos 5 años atrás, y tenían ya a su primer hijo, sus esposos, encajaban perfecto en la familia y una generación más encontraba la forma de llevar su vida tal como sus padres y abuelos la habían llevado, con lazos familiares estrechos, y una buena dosis de travesuras y aventuras. Ninguna de las tres mujeres era un adorno, o simplemente una chica de sociedad, todas trabajaban en las empresas y lidereaban causas sociales, Eileen se había hecho cargo de muchas de las responsabilidades que Candy había tenido a su edad y alternaba viajes y negociaciones internacionales con su labor de madre y esposa, su marido, era corredor profesional de autos de carreras, ambos amaban la adrenalina y los deportes extremos, y su pequeño hijo de dos años iba por el mismo camino que sus padres. Danielle, era la encargada de todo lo relacionado con tecnología y seguridad, al igual que Allistear, su padre, era experta en ese tema e incluso había sido premiada en un par de ocasiones por su innovación en el ramo, su esposo al igual que ella, era fanático de la tecnología y tenía su propia empresa encargada de desarrollar soluciones bioéticas. Victoria era físicamente la viva imagen de su madre, pero ahí terminaban las comparaciones, ya que ella era en todos los demás sentidos aquello que Anne White-Rowan jamás fue, una mujer amorosa, sencilla, que adoraba a su pequeña y a su esposo, un reservado hombre experto en bioquímica, sencillo, hombre de familia, muy lejos de la imagen de glamour que su suegro aún presentaba, disfrutaban del aire libre, y su hogar era cálido y práctico antes que elegante y chic, Victoria lideraba los negocios en América, residían en los suburbios, adoraban su estilo de vida sencillo y se mantenían alejados de los medios.

Aidan y Arthur también residían normalmente en New York, ambos tenían relaciones estables, pero a sus 32 y 29 años aún no pensaban en casarse, eran exitosos, correctos, asediados por la prensa y por las mujeres, aunque solían ser la imagen pública de la rama americana, eran centrados. Ciertamente tenían el don familiar para los negocios, y si bien su abuela Pauna moría por verlos casados, ya que no se hacía más joven, los años le habían regalado un poco de paciencia y por lo pronto volcaba todo su amor de bisabuela en lo bebés de las chicas.

Bash y Brighton también trabajaban en el departamento de innovaciones y desarrollo de softwares y apps de la empresa, ambos eran genios creativos, algo más jóvenes que el resto, eran ciudadanos del mundo, sabiendo que podían desarrollar su trabajo en cualquier lugar solían cambiar de residencia cada par de meses, pero siempre volvían a casa a las reuniones familiares. Patricia y Allistear a menudo se unían a ellos en sus aventuras, así como a sus causas ambientalistas.

Vincent y Harper se dedicaban a diseñar las decoraciones, muebles y todo lo necesario para los complejos hoteleros, ambos hacían hincapié en el uso de materiales reciclados y reciclables, así como en el menor impacto ambiental posible.

Drew siguió cabalgando, hasta que pudo apreciar la silueta de la torre de la luna contra el firmamento, ese misterioso y mágico lugar que pertenecía a su madre, la historia del primer Andrew la conocía de memoria, su abuelo, su padre y su madre se la habían contado más de una vez, y sabía bien, que hoy, en el aniversario número 33 de sus padres la ceremonia de renovación de votos sería mágica. Albert y Candy se habían casado bajo el rito tradicional celta, en soledad, nadie de la familia había podido estar presente, solo había video de ello, pero ahora todos estarían presentes, incluidos los ancianos de la familia, por eso el castillo estaba en febril actividad y él había salido a dar un paseo, había mucho que pensar, y la historia del primer Andrew siempre lo atraía. En su mente se coló su nueva colega, una hermosa pelirroja con ojos color turquesa, pediatra, amorosa con los niños, amiga de Michelle. Drew era un hombre guapo, había tenido relaciones superficiales, nada formal, su carrera, sus pacientes y la fundación eran su vida, numerosas revistas lo llamaban playboy y publicaban numerosas fotos de él con hermosas mujeres que lo acompañaban a las galas, pero, eran solo amigas, nunca una mujer había cautivado su imaginación como ella, habían salido un par de veces como amigos, en grupo, y la aparente indiferencia que Helen le mostraba a veces le encantaba, Michelle se había percatado de ello y había amenazado con invitarla a la renovación de votos de sus padres, Drew se le había adelantado y en un impulso que no terminaba de entender lo había hecho él mismo, y para su sorpresa ella había aceptado y ahora mismo tomaba el té con las mujeres de la casa, él había decidido dar un paseo, tratando de aclarar sus pensamientos.

De pronto los cascos de otro caballo se escucharon en los alrededores, aunque no se sentía con ganas de tener compañía jaló las riendas de su propio corcel para averiguar quién cabalgaba por esos lugares, no era la ruta usual, cuando logró divisar el caballo, supo que se trataba de su padre, el brioso corcel negro que montaba con maestría era uno de sus favoritos, aceleró el paso de su montura para emparejarla a la de su hijo, y Drew no pudo dejar de admirar la gracia con la que a su edad Albert Andrew comandaba al animal.

¿Buscando despejar la mente? - preguntó directo Albert.

Me enseñaste desde muy chico que montar por estos lugares era uno de los grandes placeres de venir al castillo. -

Sí, pero un hombre no se va por más de media hora cuando tiene una invitada en casa a menos que tenga cosas que pensar. -

¿Qué opinas?

Es una chica muy agradable, bonita, sencilla, y por lo que he visto en su trabajo en la fundación excelente profesional…

Todo eso lo sé.

No puedo decir más, Drew, ¿qué es exactamente lo que quieres escuchar?

¿Cómo supiste que mamá era la indicada?

No es racional, la amo con todo mi ser, creo que en realidad somos un alma que terminó partida en dos y que simplemente debía encontrarse con su otra mitad, hay un hilo invisible que nos une…

Eres un romántico.

Hijo, no lo vas a descubrir cabalgando por las colinas, la invitaste a casa por una razón, no eres un crío, ve, conócela, descubre si sus pasiones son afines, a su favor puedo decir que ha enfrentado con aplomo incomparable a tu madre, abuelas y a la tía Elroy, eso debería decirte algo…

Además de que no sucumbe a mis encantos con facilidad.

Aceptó venir contigo. Parece que no le eres indiferente. -

Tal vez tengas razón... tengo algo planeado…

¿Una sorpresa extravagante?

Todo depende de cómo lo veas… además, siempre te funcionaron con mamá.

Creo que ya tienes tu respuesta, uno no planea ese tipo de cosas por cualquier mujer. Vamos, si me tardo un poco más tu madre pensará que me he fugado.

Jajajaja… sabes bien que jamás pensaría ella eso de ti.

Cierto, pero, no quiero hacerla esperar y esto de pasar todo el día lejos el uno del otro es demasiado, muero por verla.

24 horas lejos y mueres por verla. - le respondió Drew un poco burlón.

¿Acaso te sorprende? -

Albert no se quedó cerca para esperar la respuesta de su hijo, pero Drew lo siguió y cabalgaron en armoniosa camaradería de regreso, el sol comenzaba a ponerse, pronto las antorchas en el risco serían encendidas y la mágica procesión nupcial comenzaría, faltaba poco para ver a su princesa de nuevo.

Candy dio los últimos toques a su maquillaje, en la recamara reinaba una algarabía, Eileen, Danielle y Victoria le hacían compañía y terminaban de arreglarse, mientras Pauna y Katherine las observaban serenamente desde un par de sillones. Isabella, Ally y Patty hacían sugerencias de peinados y bromeaban entre sí… un poco más allá en reverente silencio Tía Elroy, con 102 años dormitaba un poco cerca del fuego.

Te ves preciosa mamá. - le dijo Eileen, observando como el elegante vestido de terciopelo blanco y brocado de oro se acomodaba a la suave silueta de Candy.

Tú también te ves hermosa mi vida… -

Ese vestido es un sueño, tía, ¿en serio era tuyo? - preguntó Danielle

Sí, fue un regalo de Albert… -

¿Fue el que usaste esa navidad? Preguntó Isabella con repentino interés.

Sí, fue el que usé esa navidad medieval.

Debes llevar las joyas que te regaló con ese vestido el día de hoy, hija. - le dijo Katherine con ensoñación.

Sí madre, pero hasta el último minuto, siempre he pensado que son demasiado.

Chicas, dejen de revolotear cerca de Candy y terminen de vestirse, que pronto comenzará la procesión. - les dijo Patty mientras ella misma llevaba el cofre de joyas hasta Candy. - No puedo creer que sigan estando tan locos como para querer una boda celta a estas alturas.

Jajajaja, en realidad quiero la mágica noche de bodas en la torre. - le respondió Candy con descaro.

¡Mamá!

Vamos Eileen sin escándalos, es una fortuna tener nuestra edad y estar tan perdidamente enamorados el uno del otro. Lo verás en su momento. - le respondió Candy con ojos brillantes de emoción, las gaitas comenzaban a sonar, los cantos en gaélico resonaban en las montañas, era tiempo de reunirse con su príncipe.

Siguieron todos los ritos, Pauna y Katherine la cubrieron con un velo, William y Victor la escoltaron hasta la entrada, donde Albert la esperaba montado en el corcel negro cuyos arreos estaban elegantemente adornados. Albert desmontó con galantería y besó su mano, para después tomarla por la cintura y montarla en el corcel, la procesión era larga, esta vez no solo la gente del pueblo participaba, sino la familia, amigos, el clan Andrew completo, y tres clanes vecinos, era uno de los eventos más grandes que se habían llevado a cabo en años.

Las antorchas guiaban el camino, el aroma a sándalo y especias finas flotaba en el aire, la espada del primer William fue enterrada en la tierra, sus manos atadas con el tartán, el rito de pan, agua y sal fue seguido por las promesas de amor y las proclamas a los 4 vientos, y al final su unión bendecida una vez más. El sonido de las gaitas rasgó el silencio con una melodía de amor, mientras los presentes vitoreaban ante el dulce beso que los esposos compartieron. Y entonces la celebración comenzó, música, bailes tradicionales, bebidas, comida, camaradería, amistad y amor. Albert guio a Candy al centro de la pista para bailar una pieza más, la fiesta seguiría por el resto de la noche y los siguientes siete días, era la boda del patriarca.

La luna llena en lo alto del firmamento se posaba sobre la torre, Candy observó desde su balcón la alegría de los invitados, ellos, como siempre se habían escapado antes para estar a solas. Sintió que los brazos de su esposo envolvieron su cintura, y un suave beso fue depositado en la curva de su cuello.

Te amo, princesa. - le susurró él al oído lanzando escalofríos por su espalda con el roce de su aliento.

Nunca lo he dudado, mi príncipe, pero tal vez sería bueno que me lo demostraras una vez más. - le dijo ella con un guiño travieso. Él la acercó un poco más y besó sus labios con vehemencia mientras sus cuerpos se fundían en uno solo. Y un suspiro de satisfacción escapaba de la boca de ella. Se amaban, y algo le decía que seguirían haciéndolo por toda la eternidad. Resistirse a su amor había sido simplemente un imposible.

Fin.

Queridas lectoras, este epílogo el pago de una deuda pendiente, sé que cuando terminé este historia, muchas lo pidieron, y aun ahora, cerca de un año después algunas de ustedes lo siguen sugiriendo tan lindas y amablemente, así que en esta oportunidad, cerrando ciclos, y aprovechando la bendición de estar en casa y no correr de un lado a otro, las musas me visitaron junto con la determinación de cerrar al mismo tiempo dos historias que comenzaron simultáneas, que por decisiones que en el momento me parecieron más apropiadas no las continué juntas, pero aún quedaba la espinita, de contar algo que soñamos, desde tiempo atrás, C, me dijo un día, Drew debe ser un médico… eso sería perfecto, en mi cabeza no podía ser de otra forma… espero que lo hayan disfrutado, lamento si no alcanza sus expectativas, y agradezco que me lean una vez más.

C, querida amiga, gracias por la compañía en todos los sentidos, por el consejo y por tu tiempo.

Bendiciones a todas, que estos tiempos diferentes, difíciles, históricos, sean un poco más amenos para todos. Un abrazo y mis más sinceros agradecimientos por hacer de esta historia lo que es. Key Ag

Keyag, después de algún tiempo ... claro que mucho menos que YNTE llegamos al final de esta maravillosa historia, que fue en verdad un fic acerca de las enseñanzas de la vida, el amor propio, el amor a la familia, el valor del sacrificio y el aprender de los errores propios y de los demás.

Gracias por permitirme hacer parte de esta aventura de amor y sufrimientos dedicado a mis rubios preferidos, por permitirme a través de la lucha del pequeño Drew sentir el valor de la vida, la pérdida y la renuncia que estamos dispuestos a realizar solo por ver bien a quienes amamos.

Fue un proceso divertido y maravilloso tratar de redimir al personaje de Candy de todos los errores cometidos, pero el resultado fue perfecto ... un amor que lucha con todo y cuando fue necesario sacamos a la leona dispuesta a batallar por lo que consideraba importante en su vida.

Porque las letras continúen y la inspiración fluya siempre porque eres una maravillosa escritora y una gran amiga.

Candyfan777... C