Capítulo 2
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Chicas gracias por cada comentario. Bendiciones.
New York 1916.
Lo escuché claramente mientras caminaba entre los pasillos, los murmullos, la gente que hablaba sobre mí, y sobre ella, cuestionando su manera de hablarme y las veces que la habían visto salir de mi apartamento.
Maldita sea, la gente debería dedicarse a lo suyo, a ellos que les importaba, sin embargo, solo paso de largo, no dignificaría rumores con mi atención, ahora solo hay una cosa en mi cabeza, el correo debe de llegar pronto, y seguramente habrá una carta de mi pecosa.
Alguien llama a mi puerta, pienso que es el correo y abro, y está ella ahí parada frente a mí con sus hermoso cabello rubio y profundos ojos azules, esa mirada de inocencia, no puedo negar que es hermosa.
¿Qué haces aquí? – le pregunto con indiferencia que sé que la sorprende, otras veces he sido más cálido.
Vine a verte, y me topé con tu cartero, hay carta de Chicago.
No debiste molestarte.
No solías pensar que mis visitas eran una molestia. – me contestó con un puchero e ignorando mi mal humor entró y se dirigió a la cocina a preparar té, ella sabe perfectamente que no bebo café, sino té, Earl Grey con unas gotas de limón.
Susana… - le digo impaciente.
Terrence. – me contesta clavando su mirada en la mía.
Quiero estar solo.
Quieres estar a solas con su carta.
No tengo porque justificarme ante ti, ahora, por favor vete. – le digo mientras sostengo la puerta abierta para que salga. Con una enervante sonrisa se acerca a mí, besa mi mejilla y aprovecha para susurrar en mi oído – Volveré cuando estés de mejor humor, o cuando quieras que te ayude a deshacerte de tu mal humor. –
Maldigo el día en que la deje entrar por primera vez.
Semanas más tarde me encuentro ensayando mis líneas, mi interpretación de Romeo debe ser perfecta, perfecta para ella, quiero que escalofríos recorran su cuerpo mientras actúo para ella, para mi pecosa.
El teatro está desierto, o eso es lo que creo, porque cuando termino una actuación perfecta escucho aplausos, y ella sale de las sombras.
No deberías estar aquí.
Sería más fácil ensayar conmigo, ¿sabes?
No me interesa ensayar contigo, solo quiero…
Estar solo, lo sé, ¿sabes cuál es tu problema? No ensayas para una audiencia, actúas solo para ella, para nadie más.
¿Ella? - le pregunto pretendiendo no entender a que se refiere.
Ella, la chica de Chicago, la que escribe religiosamente cada semana, dicen que le reservaste el mejor lugar del teatro. Te exijo que no la hagas venir.
¿Me exiges? No tienes derecho a exigirme nada, ¿quién te crees que eres?
Soy la mujer que se preocupa por ti, la que soporta tu genio de los mil demonios, la que te hace compañía… ¡Maldita sea Terrence! Me gustas, y lo sabes, pero prefieres ignorarlo… Terrence, no solo me gustas, te amo, por favor no le pidas que venga.
Susana…- No sé que contestarle, y hay lástima en mi mirada, ella se da cuenta y con lágrimas de enojo corriendo por sus mejillas se da la vuelta y me deja solo en el enorme y vacío teatro.
¿Qué me sucede? Últimamente estoy tan enojado, nunca he sido un hombre pacífico, y hasta que mi pecosa no entró en mi vida mis demonios internos solían sacar lo peor de mí, pero después de que le abrí la puerta ella lo llenó todo con su luz, mis sombras se fueron, y lo que me asediaba simplemente desapareció.
Sé perfectamente que es lo que pasa, solo no quiero pensar en ello. Candy, mi novia vive con Albert… ese pensamiento no deja de dar vueltas en mi cabeza, sé que son amigos, siempre lo han sido, pero por más que intento racionalizarlo los celos me vuelven loco.
Ella es tan niña, tan inocente, y él, aunque mi amigo, es un hombre, un hombre unos ocho años mayor que ella, ella solo tiene 16, y amnésico o no, la sangre corre por sus venas, ¿cómo va a pasar por alto la belleza de mi pecosa? No puedo dejarla sola, tal vez sea tiempo de tomar decisiones, de definir lo nuestro…
Después de darle muchas vueltas tomo una decisión, el estreno de Romeo y Julieta se acerca, y ambos soñamos con que ella esté aquí, en un impulso escribo una carta y adjunto un boleto, un solo boleto, no habrá vuelta atrás. Mi pecosa será mía y de nadie más.
Semanas después estamos ensayando, el estreno se acerca, y todo debe estar a pedir de boca, recito mis líneas, estoy concentrado, y su rostro viene a mí, cuando un inesperado ruido me hace perder la concentración, y siento que una fuerza me impulsa a un lado, caigo justo a tiempo para ver la enorme estructura metálica estrellarse en el suelo, y logro adivinar la delicada figura de largos y hermosos cabellos dorados, su pierna está en un ángulo antinatural. Ella ha salvado mi vida, Susana salvó mi vida. Estoy ileso, porque la mujer que he estado evadiendo como si fuese la peste, y que pesa a mitad de lo que yo peso me empujó con todas sus fuerzas antes de que la estructura cayera sobre mí.
Todo pasa rápido frente a mis ojos, tratan de sacarla, llaman a la ambulancia, y yo, yo lo veo todo en cámara lenta, no puedo moverme, se la llevan y alguien pone en mi mano un trago, lo bebo de golpe y me dirijo a mi camerino a cambiarme.
Los siguientes días trato de verla, voy al hospital a diario, pero su madre ha impedido mi entrada, llevo flores, después de todo ella me salvó la vida. Candy me escribe emocionada, y yo no le cuento nada sobre el accidente, no sé que decirle. Un día llego al hospital y la señora Marlowe no se encuentra, la enfermera me sonría y me invita a subir a la habitación de Susana.
Entro y ella está recostada en la cama, se ve pálida, y se nota que ha llorado, pero sigue siendo hermosa.
Terrence…
Hola, he venido a verte, pero tu madre me ha negado la entrada.
Lo sé, no deberías estar aquí, mañana es el estreno.
Quería verte, agradecerte lo que hiciste por mí...
Ella llega mañana ¿cierto?
Sí, Candy llega mañana.
¡No debes! Ahora tu vida debe estar atada a mí, gracias a mí estas vivo ¿qué ha hecho ella por ti?
Susana, lamento lo que te pasó… yo… debo irme.
Lo sé, tienes razón, vete, olvídame, hubiese sido mejor morir.
Vendré mañana a verte.
Salgo de la habitación en silencio, las palabras de la señora Marlowe regresan a mi mente, le he arruinado la vida, ahora ella es mi responsabilidad.
Pero mi dulce pecosa llega mañana…Candy, muero por verte, porque tu sonrisa y ocurrencias se lleven mi oscuridad, por abrazarte y robarte un beso, o tal vez que esta vez no tenga que robártelo, sino que tú accedas a dármelo, y no solo eso, sino mucho más.
Camino por las calles, el frío viento golpea mi rostro, entro en el primer bar que veo, sin embargo no tomaré tanto como acostumbro, mañana debo ir por ella, así que ella debo estar bien. Las horas me parecen eternas, los minutos corren lentamente, me parece que el tren que la trae a mis brazos demora una eternidad.
Me cambio de camisa tres veces y paso mis manos nerviosamente por mi cabello, parezco una colegiala nerviosa. Me reprendo a mí mismo, y alejo de mi mente toda preocupación, hoy viviré a su lado como si fuese el primer día del resto de nuestras vidas, no me ha preguntado porque mandé un solo boleto. Llego tarde, he tenido que cubrirme la cara, y debo sacarla de la estación rápidamente antes de que alguien me reconozca, la busco desesperadamente, entonces veo sus rubios rizos, Dios, es más bonita de lo que recuerdo, si acaso un centímetro más alta, y ha cambiado sus típicas dos coletas por un medio recogido, viste de rojo y blanco, su ropa es sencilla, se nota que no vive con los Andrew… mis ojos expertos lo detectan, pero sé que ha hecho compras para venir, para estar conmigo, y se ve hermosa, ella no se ha dado cuenta que estoy aquí, la jalo de un brazo me ve y su mirada se ilumina, se lanza hacia mí y abro mis brazos para recibirla, la envuelvo en mis brazos, aspiro su aroma, y siento su cuerpo pegado al mío, pocas veces hemos estado tan cerca, pero ahora siento que si la suelto me ahogaré en un mar de responsabilidades y preocupaciones, sé que debo soltarla, algún reportero puede vernos.
Terry.
Te extrañé pecosa.
Y yo a ti.
Ven vamos a comer, debes morir de hambre, siempre has sido una glotona. – le digo en broma sabiendo que se enojará. Y la veo sonrojarse. Tomo su maleta y con mi mano libre la abrazo para caminar con ella por las transitadas calles de New York.
La adrenalina corre por mi cuerpo, y la llevo a una linda cafetería ordeno todo lo que se me ocurre, quiero consentirla y puedo permitírmelo, el papel estelar me ha dado grandes beneficios, pero además mi madre se ocupa de que no me falte nada, por eso reserve el mejor lugar del teatro, y quiero llevarla de compras, aunque tenemos poco tiempo.
Cuando terminamos de comer decido que la llevaré al hotel y después de compras. No sé si mi necesidad de que se vea hermosa es porque la verán a mi lado, o porque quiero darle todo.
Te reserve una habitación aquí. – es un hotel modesto, mi madre se ofreció a hospedarla o a pagar por un hotel de lujo, pero por alguna razón preferí un hotel cercano a mi departamento, además, sé que a ella no le importan los lujos.
Gracias Terry, es lindo.
Vamos, pidamos la habitación. –
Terry, quiero conocer tu departamento. –
Iremos después de aquí. –
Se instala en el hotel y la llevo conmigo a mi departamento, por un momento pienso en otras veces que abrí la puerta y la mujer rubia que ahora yace inválida en una cama entró en lugar de ella, fui un estúpido en estos momentos preferiría ser yo el que estuviera postrado en esa cama en vez de Susana, al menos sería libre.
¿Terry?
Pasa Candy. – abro la puerta y me hago a un lado para que entre, la veo indecisa. -¿Qué sucede? -
Está impecable.
Hay alguien que viene tres veces por semana a limpiar.
Jajajaja, ahora entiendo.
Vamos, pasa, te invito algo de beber.
Bebemos té, nos reímos, bromeamos, ella destila miel por los poros, y yo, yo me siento culpable. La llevo de compras y escojo un hermoso vestido color rosa pálido para ella. Ella argumente que ya compró uno, y yo le digo que quiero que se vea como una diosa. El tiempo se me viene encima debo ir al ensayo, la dejo en la puerta de su hotel y le digo que un carruaje pasará por ella al día siguiente para llevarla al teatro, debo asegurarme de que no se entere, pediré a Eleanor que sea mi cómplice.
Voy al ensayo, y salimos tarde, Karen me reprocha mi falta de concentración, y yo me voy de ahí enojado, esa mujer me saca de quicio. Llego a mi departamento y me pregunto porque no le pedí que se quedara conmigo, después de todo mande solo un boleto de venida por algo. Hay una nota, de la señora Marlowe recordándome en términos nada ambiguos que no he ido a ver a Susana, veo la hora, es tarde, pero aun así vuelvo a ponerme el abrigo y me voy a verla.
La señora Marlowe me fastidia, Susana me pregunta directamente si Candy ya está aquí, no puedo mentirle, hace un berrinche y pacientemente espero a que se le pase, después salgo de ahí y me dirijo a un bar, bebo unas cuantas copas, y después me dirijo al hotel, sé que hay una escalera de emergencia en la parte trasera y la uso para que nadie me vea entrar.
Llamo a la ventana, la veo acercarse desconcertada, la nieve cae y el aire es muy frío, y ella lleva puesto un camisón de dormir, no es la primera vez que la veo así, pero hoy toda ella hace estremecer mi cuerpo. La deseo tanto.
Ella abre la ventana, y yo entro sin decir palabra, cierro la ventana, la tomo en mis brazos, y la beso con desesperación, un beso lleno de urgencia, cargado de deseo, de hambre, la tomo por sorpresa, y por un momento pareciera que va a resistirse, pero tal vez no lo haga y se rinda en mis brazos.
