Chicago Illinois, Hospital Santa Juana. 1916
Por fin terminé mi turno, hoy se me hizo eterno, muero por llegar a casa y ver a Albert, regresar a él a veces es la mejor parte de mi día, es tan reconfortante tenerlo cerca, siempre está ahí para mí, es atento, considerado, espero con ansias su recuperación, quiero que recuerde todas esas veces que estuvo ahí para mí, para rescatarme, para cuidarme, para abrazarme. Y, por otro lado, tal vez hoy haya carta de Terry… Terry, ¿cómo estarás? Muero por verte en tu papel de Romeo, sé que te verás muy guapo, Terry, te extraño tanto.
Camino alegremente a casa y anuncio, "Albert, ya llegué" – el me recibe con esa sonrisa luminosa que hace que una noche sin estrellas se vuelva brillante, y me da la buena noticia, hay carta de Terry, brinco de felicidad por supuesto, me aviento a sus brazos y seguro lo aturdo con mis gritos de emoción, él me sostiene, después le beso en la mejilla y corro a encerrarme a mi habitación para leerla.
La abro y las hojas despiden su aroma, esa varonil esencia que conozco tan bien, Terry… Dios Terry es tan guapo… Archie, Stear y Albert son guapos, pero Terry…. No tengo ni palabras, con lo que me hace sentir, el lejano recuerdo de sus brazos rodeándome mientras bailábamos en el San Pablo, sus labios sobre los míos en ese atardecer en Escocia, su voz, su rebeldía, su abierto desafío a la madre superiora, su nobleza escondida, su sonrisa franca, ese lado de él que no todo el mundo conoce, que solo es mío.
Me cuenta sobre su papel, sobre sus ensayos, y me dice que quiere que viaje a NY para el estreno, del sobre cae un boleto de ida a NY, no hay boleto de regreso… pienso las mil y un razones por las cuales pudo haber mandado un solo boleto… ¿será su forma de decirme que quiere que me quede con él? o tal vez solo no estaba seguro de cuantos días puedo quedarme, Terry, Terry, me vuelves loca, no puedo esperar a verte de nuevo, lanzarme a tus brazos, y probar tus labios de nuevo.
Terry, a tu lado puedo quedarme toda una vida, pero… Albert, no puedo, no puedo dejar a Albert solo, mi trabajo, mis pacientes, Albert, sobre todo Albert.
Salgo y le cuento la noticia solo me sonríe, y me dice que todo estará bien, que me divierta, le cuento por sabrá Dios que número de vez que él y Terry son amigos, le hablo de cómo lo conocí, parloteo por mucho tiempo, porque ¿cómo pasar por alto que Terry Grandchester me ha mandado una invitación para ir a verlo? ¡Soy novia de Terry Grandcester! El actor de Broadway, el chico más codiciado del San Pablo, le hijo de un duque, y una famosa actriz de Broadway, yo, que no soy nada especial… Albert se burla un poco de que sabe la historia de memoria, eso me hace salir corriendo en su contra, él se ríe mientras me contiene en sus brazos.
También es tu amigo, ¿sabes? -le propongo venir conmigo, él calma mis temores, me dice que todo estará bien, aun así hablaré con Archie y con Stear para que no lo dejen solo.
Candy…
¿Sí Albert?
Tú corazón está con él, ¿cierto?
Sí, Albert, es Terry, mi Terry, e iré a verlo actuar su primer protagónico, Dios, quisiera ser tan bonita como Susana.
Pequeña, eres más bonita que Susana, así que deja de pensar en ello.
Siempre sabes que decir.
No digo más que la verdad. – me dice mientras me mira con esos ojos azules libres de tormentas… en los de Terry suele haber una tormenta.
Me voy de compras para no atormentarte más con Terry.
No es necesario, puedo escucharlo cuantas veces quieras.
Gracias Albert. – me acercó y planto un pequeño beso en su nariz, después no puedo evitarlo. - ¡Terry me invitó a Nueva York! – grito con emoción, mientras doy brincos y giro por la casa, Albert solo sonríe, cuando al fin me canso de girar me detiene para que no me caiga, y una vez que se me ha pasado lo mareada me suelta.
Diviértete. – me dice al tiempo que cierro la puerta.
Voy de compras con Stear, Archie, Annie y Patty, y por supuesto que no puedo dejar de hablar sobre Terry, no pienso en nada que no sea él, muero por verlo,
regresamos a casa, cenamos, y bailamos esa noche, es mi despedida, ¿qué tal que sea una despedida de verdad? ¿Sí Terry me pide que me case con él?, ¿cómo decirle que no? Terry…
Cuando todos se han ido Albert me dice, te tengo una sorpresa, y vuelve con un paquete, lo abro con manos temblorosas, y encuentro un hermoso vestido color verde, precisamente el que hace meses admiré en una tienda un día que íbamos de paseo, el que pensé en comprar y no encontré esta mañana.
Albert… lo recordaste.
Por supuesto que lo recordé pequeña. –
Claro que lo recordó, este hombre que ahora estoy conociendo a profundidad, siempre recuerda todo, y tiene las palabras adecuadas para cada momento, sé que Archie y Stear lo respetan, y yo, yo no dejo de preguntarme ¿quién es Albert en verdad? Su seguridad, su porte, lo que sabe, sé que no es un cualquiera, es algo de lo que nunca me había percatado, pero ahora que lo pienso, Albert no le pide nada al porte de Archie o de Stear, aun cuando sus ropas son más sencillas, Albert comanda respeto con su sola presencia…. Albert.
Dejo la caja a un lado y corro a abrazarlo, él me envuelve en sus cálidos brazos, yo pego un gritito agudo de emoción justo en su oído, pero él no se queja.
Gracias, es perfecto, pero no debiste…
Candy, quise hacerlo, y quiero que te veas como una princesa, que te sientas segura, la mujer más hermosa del lugar, porque lo serás, además tu sonrisa todo lo ilumina.
Gracias Albert.
Vete a dormir, que el boleto es para mañana temprano, y levantarte temprano no es precisamente tú punto fuerte.
Tienes razón Albert, que descanses.
Camino hacia la habitación, sé que él vendrá más tarde, pero me meto en la cama, y duermo pronto, lo siento llegar, siento su aroma, y el movimiento de la litera, Albert, mi querido Albert, ruego a Dios que estés bien estos días sin mí, y vuelvo a dormir.
Al otro día me despierto, el aroma de café llega a mi nariz, Albert está ya levantado, me arreglo, maravillosamente estoy a tiempo, bueno, casi, salgo corriendo, afuera hace frío, él me ofrece un poco de café, lo tomo, doy una mordida rápida al pan tostado con mermelada, y tomo la bolsa que ha preparado con sándwiches para mí.
Albert, no era necesario.
No quiero que te desmayes en el camino, cuídate Candy, y disfruta de tu tiempo, dale mis saludos a Terry.
¿No quieres venir conmigo?
No Candy, no esta vez, pero no te preocupes, estaré bien.
Abre sus brazos y me envuelve en ellos por unos segundos, sus abrazos tienen el poder de calmarme, y reconfortar mi acelerado corazón, el sonido de sus latidos siempre logran hacerme sentir en casa, después me deja ir, por un momento me siento incompleta, pero no hay tiempo. Le regalo una sonrisa, y él me regala otra con un dejo de tristeza en ella, recuerdo su mirada de preocupación velada cuando le conté que solo había un boleto, no dijo nada, tal vez solo le preocupa quedarse solo, quiero asegurarle que todo estará bien, pero se hace tarde, así que no pregunto ni digo nada, solo me voy.
Llego a la estación y escucho una voz familiar llamarme.
Stear.
Candy, vine a despedirte.
No era necesario Stear.
No quería que te fueras sin nadie que te dijera adiós.
Stear, el tren, debo abordarlo.
Candy, sonríe, ten, te tengo un regalo, es la caja de la felicidad, ábrela cuando lo necesites.
Gracias Stear, es muy linda. – le doy un abrazo, lo veo un poco indeciso, pero la emoción me embarga, y no presto mucha atención.
Candy…
Stear, cuida de Albert, ¿sí?
Sí, Candy, le diré a Archie.
Gracias Stear.
Candy... – el corre mientras el tren comienza su marcha. – Sé feliz Candy, te quiero. – me sonríe y dice adiós una última vez. Lo veo parado en la plataforma, había algo, algo que quería decirme, ayer también lo noté pensativo, tal vez debí preguntarle… cuando regrese lo haré.
Busco mi asiento emocionada, no puedo esperar a llegar a New York, quiero ver a Terry, lanzarme a sus brazos, tal vez me bese en la estación, Terry, mi amado Terry.
Las horas me parecen eternas, y trato de imaginarme que estará haciendo, ensayando seguramente… con Susana Marlowe, por supuesto, ella es tan hermosa y perfecta, Quiero ser Julieta, sé que no es una realidad, pero, quiero ser Julieta como en los despreocupados días del San Pablo, que baile conmigo y me tome en sus brazos.
Cuando por fin llego me bajo ansiosa, espero ver su rostro, que esté esperando por mí, tal vez traiga rosas consigo, pero no lo veo por ningún lado, o mejor dicho lo veo en cada hombre con el que me cruzo, pero ninguno es él, alguien me toma de la muñeca, y me jala para correr, comienzo a gritarle improperios, y trato de zafarme, estoy a punto de golpearlo con mi maleta cuando su risa llega a mis oídos, es él, voltea a verme y me enseña su rostro. No puedo evitarlo, me lanzo a sus brazos, y él me recibe, pero el momento es breve, parece apurado, voltea a todos lados, y me saca de la estación con el pretexto de llevarme a comer, recordándome de paso que soy una glotona, no puedo negarlo tampoco.
En la cafetería lo observó, se ve más guapo, más hombre, tiene 18 años, y no puedo evitar notar los cambios…
¿Qué sucede Candy?
Te ves tan…
¿Guapo? – me pregunta con la famosa sonrisa que hace que sus admiradoras pierdan la cabeza por él.
Sí Terry.
En cambio, tú no has cambiado nada, pecosa. – me lo dice con una sonrisa, pero a decir verdad no estoy segura de que eso sea un halago.
He crecido un poco.
Jajajaja, sí y también estudias enfermería.
No, ya me gradué de enfermera, lo cual es completamente diferente.
Cierto, no puedo imaginarte como enfermera Candy, pobres de tus pacientes.
¿Qué insinúas?
No insinúo nada pecosa, solo que tienes un don para las calamidades… jajajaja – se burla de mí una vez más, pero me tiene tan embobada con su sonrisa, y lo guapo que es que ni siquiera protesto.
¿Qué has planeado Terry?
Llevarte a tu hotel…. – en su voz había una nota seductora, pero no dijo más. – y después de compras. –
¿De compras?
Sí, quiero comprarte un vestido para el estreno. Vamos, debemos irnos. – se pone de pie, y espero que me tome de la mano pero no lo hace.
Vamos al hotel, y después le pido ver su departamento, me sorprende lo limpio que está, emana su aroma, es pequeño, pero está en un buen edificio, sé que no es el lujo al que él está acostumbrado, pero veo la nota de orgullo en su mirada, y fácilmente me imagino viviendo con él aquí, despidiéndolo para que vaya a trabajar, y yo quedándome tras de él en casa, para esperar su regreso, supongo que mi cara es de ensoñación, porque por un momento el me observa en silencio, no sé que le pasa, a veces lo siento lejos, pero tal vez es solo el tiempo que hemos pasado separados.
Me lleva de compras a una fina boutique, no es la primera vez que he estado en un lugar como ese, pero por alguna razón entramos por la puerta de atrás, y Terry va directo a ver las opciones, no me pregunta, simplemente escoge vestidos y me los pasa que me los pruebe, con timidez salgo del probador con el primero, me siento rara, es demasiado ajustado y revelador, él me observa de arriba abajo, y me sonríe.
Prueba el que sigue.
Terry, tengo un vestido perfecto.
Eres mi novia Candy, debes verte más que perfecta.
Obedezco, y por fin se decide por uno, no me pregunta que pienso, simplemente me sonríe con esa sonrisa devastadora que me hace olvidar que un hombre bueno gastó todo lo que tenía por comprarme el vestido que yo soñé, tal vez nota un poco de mi inseguridad.
Confía en mi te ves hermosa.
No me siento yo…
Esto es NY Candy, es muy diferente, anda vamos, que se hace tarde.
Me lleva al hotel, y me besa brevemente en los labios antes de dejarme bajar, es apenas un roce que hace que mi corazón se acelere, me explica que mañana vendrá alguien por mí, y yo subo a mi habitación como en una nube, saco el vestido y lo pongo al lado del que Albert me regaló, sé que debo usar el de Terry, pero el de Albert es el que en verdad me gusta, y Terry ni siquiera lo vio, está bien, está ocupado, y alguna preocupación ronda su cabeza, lo he notado una y otra vez a lo largo del día.
Me preparo para dormir, la noche es fría, me tumbo en la cama pensando en el día, y me quedo dormida con una sonrisa en mis labios.
Algo me despierta, no estoy segura de que es, entonces lo escucho de nuevo, una llamada en mi ventana, conozco esa llamada, la escuché antes en el San Pablo. Me pongo de pie y sin importarme que solo llevo la bata de dormir me acerco a la ventana, la abro, el viento frío del exterior me envuelve, ahí está él, envuelto en su capa, con una bufanda cubriendo su rostro, entra en mi habitación sin decir palabra, me observa de arriba abajo, siento su mirada recorrer mi cuerpo, me acerca a él y me besa, me besa como nunca me han besado, no sé que siento, pero el calor recorre mi cuerpo, olvido mi nombre, olvido que soy una dama, olvido que soy hija adoptiva de los Andrew, paso por alto el sabor a alcohol en su aliento, paso por alto las enseñanzas de mis madres, y simplemente me dejo llevar.
