Chicas, uno más, hay muchas que dicen que no entienden que pasa, solo puedo decir que estos primeros capítulos son la introducción, mostrar un poco como se sentía cada uno, y como era su perspectiva ante las cosas, el próximo capítulo aclarar un poco más la historia, pero como siempre, recuerden que sí sé que pretendo con la historia y a dónde quiero llegar, aunque para ustedes no parezca así. Bendiciones y un abrazo.

Thanks C, it´s a blessing not to be alone in this process.

Capítulo 4

Chicago, Illinois, 1916

Espero ansiosamente por su regreso, aunque hoy hay un nudo en mi estómago, hay carta de él, de Terrence Grandchester, y aunque eso me hace feliz por ella, no puedo dejar de sentir que cada minuto que pasa, la estoy perdiendo por él, pues a él lo ama, eso es evidente, en cambio a mi… tal vez…. solo sienta compasión, cariño. La escucho llegar, su voz cantarina, su mirada inocente, mi pequeña, mi Candy, a pesar de todo lo que has vivido, eres un alma buena y confiada, a veces creo que no estás hecha para este mundo.

Le entrego la carta y la veo brincar por todas partes, es tan joven, no sé cuántos años tengo, pero sé que es bastante más joven que yo, apenas tiene 16, debería estar en casa, siendo cuidada por padres amorosos, tal vez por un hermano mayor, no haber sido lanzada a este mundo para buscar la forma de ganarse la vida, y encima tomarme a mí a cuestas… si tan solo supiera quien soy, quiero ofrecerle todo, protegerla, cuidarla de todo y de todos, y hay algo que me dice que tengo ese derecho, pero, ¿cómo saberlo?, si todo lo que ella me dice es que soy un pobre vagabundo, sin familia, sin raíces, sin amigos, solitario recorro el mundo, sin pasado, sin certezas y por ahora con un futuro pesaroso e incierto, solo pido a la vida que me permita hacer todo que esté en mis manos por verla feliz, ese será mi pago a su bondad y a su sacrificio.

Trato de ocupar mi mente para no pensar en ella, termino la cena, y la llamo a cenar, sale de su habitación como flotando en una nube, se ve inmensamente feliz, a leguas se nota que lo ama a él, a mi "amigo", si, lo confirmo con su mirada y sus palabras, Terry es su felicidad y su futuro y a mí simplemente ya no me queda nada….tal vez ayudarla a alcanzar sus sueños de amor, solo me queda hacerme a un lado, verla partir al lado de su amor y saberla feliz en sus brazos, después de todo nunca fue mía y ya no lo será.

¿Qué dice tu carta?

Me invita a ir a verlo al debut de Romeo y Julieta… ¡AHHH! Albert, soy tan feliz, después de todo soy la novia de Terry Grandchester, la revelación de Broadway… - está tan emocionada, aunque leo un poco de oscuridad en sus ojos, hay algo…

¿Qué sucede pequeña?

¿A qué te refieres?

Hay algo que te inquieta.

Solo hay un pasaje de ida.

¿Y qué dice en su carta?

No dice nada…

¿Te pide que te cases con él?

No, pero, tal vez no haya de que preocuparse, puede que solo sea por no saber cuándo quería regresar…

Puedo leer en su mirada que espera que él le pida que se quede con él, y siento una punzada de dolor en el pecho, debo admitir que también un poco de celos, pero más allá de ellos, me preocupa mucho la falta de información en la carta y todo ese asunto de un solo pasaje de ida , no recuerdo a Terry, no lo conozco, por lo que ella me ha contado debió ser educado como un caballero inglés, pero es un mozalbete rebelde de 18 años… y ella una niña ingenua de 16, que si bien trabaja ya como una adulta y lleva su vida a cuestas, no deja de ser una niña con su primera ilusión…. Ambos no me parecen la combinación más prudente y tiemblo por ella, porque no termine con el corazón roto, y por su honor, qué al final de cuentas es lo único que una mujer tiene en esta sociedad, anticuada, retrógrada y doble moral, siempre he pensado que el valor de las mujeres debe ser mucho más que esto, la sociedad aún se empeña en estar anquilosada en modelos retrógrados y sin sentido, aun así ¿quién soy yo para decir algo? No tengo nada que ofrecerle, ni siquiera tengo un nombre que darle, dinero, status, o un trabajo digno y al final del día, tal vez he sido yo con mi presencia en esta casa y compartiendo un solo cuarto quien verdaderamente ha puesto en duda su honor. No tengo cara para decirle nada.

La observo revolotear durante días por todos lados, con una sonrisa permanente, y la cabeza entre las nubes, y aun así no dejo de pensar en cómo hacerla más feliz, agradecerle todo lo que ha hecho por mí, porque sin ella estaría simplemente perdido y enfermo, tal vez hasta muerto. Cuento y vuelvo a contar el dinero, trabajo horas extras, hago trabajos extras, y logro juntar justo el dinero necesario, para sorprenderla con algo. Así que me dirijo a la tienda y compro el vestido que sé que ella ha admirado una y otra vez por meses, el que sé que sueña con lucir frente a él. Y que yo deseo regalarle solo por ver su sonrisa.

Regresa después de lo que me parece una eternidad, pero no llega sola, con ella llegan sus amigas y sus primos, pasamos una velada agradable, y cuando se van no puedo esperar más, quiero ver su cara de sorpresa, su sonrisa, su ensoñación al imaginarse vestida elegantemente para Terry, y por un momento me imagino que ella desee vestirse para mí, sueño con tener un futuro que ofrecerle, con hablarle libre y abiertamente, decirle que en estos meses a su lado hay una cosa que me ha quedado muy claro, mi vida sin ella carecerá de color y de sentido, ella es mi veleta, mi brújula, la razón por la que estoy vivo, sé que me hará falta, pero debo dejarla ir.

Le ofrezco mi regalo, y obtengo el abrazo que sabía vendría, la estrecho contra mí, mi amada pequeña, daría lo que fuera porque me vieras de otra forma, daría lo que fuera por poder ir contigo a New York y asegurarme de que estarás bien, de que él cuidará de no dañarte, de no tocarte ni un cabello si no es con la reverencia que un alma pura como tú merece.

Después de un rato la envío a dormir, con el pretexto de que al otro día deberá madrugar, la verdad es que necesito alejarla, para poder respirar, porque si sigue aquí no podré dejarla partir, la besaré y le confesaré que la amo, pero entonces veré su rostro feliz transformarse en uno lleno de confusión, de tristeza, de dolor, o peor aún de lástima por no poder corresponderme, y de ella no quiero su compasión, suficiente es saber que ella ha sido quién me ha rescatado, es estúpido, pero mi orgullo de hombre quiere que me vea como su protector, como su caballero de brillante armadura, mientras me quedo solo trato de recordar, de saber quién soy.

En los recesos de mi mente debe haber algo, algo que me diga quién soy, que afirme esa noción de que en realidad soy más que un vagabundo, y que ella es mucho más para mí que una niña que me he topado en diferentes momentos de mi vida, porque no creo que sea coincidencia, debe haber más…. El dolor de cabeza me aturde, y sé que es inútil, así que me doy por vencido y me voy a la cama, tratando de no hacer ruido para no despertarla, la contemplo por unos momentos, bajo los tenues rayos de la luna que entran por la ventana observo sus finas facciones, su hermoso y sedoso cabello, y los sentimientos encontrados de siempre surgen, por un lado quiero protegerla como a una niña pequeña, ser su escudo contra todo y todos, y por el otro, quiero hacerla mujer, enseñarle a amar, o más bien aprender a amar con ella, porque no tengo recuerdo alguno de si alguna vez he tenido una mujer en mi vida, la punzada de dolor en mi sien me recuerda que no tiene caso seguir ahí, así que con cuidado me meto en mi cama, no logro conciliar el sueño fácilmente, y cuando por fin lo logro es un sueño inquieto, sueño con ella, llorando en una fría noche de nieve, perdida en una gran ciudad, sola… me despierto de golpe, y decido que es inútil seguir intentando dormir, mes escurro hacia afuera, para preparar algo de desayuno para ella, y unos sándwiches para que lleve, después de un rato me debato entre despertarla y esperar, las mañanas no son su punto fuerte, pero justo cuando decido ir hacia la habitación ella sale casi chocando conmigo, va de prisa, va con el tiempo justo por supuesto… mi pequeña atolondrada impuntual, mordisquea el pan, le da unos sorbos al café, en el proceso se quema un poco, me pide que vaya con ella, pero no es posible, me he quedado sin un dólar en el bolsillo después de lo del vestido, le digo que no, ella viene a mis brazos, la estrecho contra mí, aspiro su aroma, y deseo que el tiempo se detenga, quiero retenerla a mi lado, pero es simplemente imposible, la estrecho un poco más fuerte y después debo dejarla ir, soltarla es una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida, no lo recuerdo todo, pero estoy seguro de que dejar que Candy se vaya de mi lado es uno de mis más grandes sinsabores.

La veo sonreírme, y le devuelvo la sonrisa tratando de conferirle seguridad. La observo caminar alegre desde la ventana hasta que desaparece de mi vista.

Por dos semanas espero noticias de ella, o mejor aún su regreso, pero nada sucede, no le he escrito, porque no tengo a dónde hacerlo, y porque no quiero ocultarle que Stear se enlistó en el ejército, pero es algo que debo decirle en persona.

La incertidumbre me carcome, Archie viene a verme seguido, creo que en parte es porque se siente solo y por otra parte sospecho que Candy se lo pidió, no hablamos mucho, solo nos hacemos compañía, después de todo ambos estamos destrozados, y sin dirección, él ha perdido a su hermano y compañero de toda la vida, y yo he perdido a la mujer de mi vida.

Poco después llega una carta, despide su aroma, ella ha estado un poco más de dos semanas fuera. La abro, sabiendo perfectamente que una carta no es precisamente buena señal.

La leo y la releo, y no puedo creer lo que sucede, ella va a quedarse en New York, para ser su esposa, pero no me dice como se lo pidió, ni tampoco cuando se casará, la carta destila alegría, pero así es Candy, puede sonreír, aunque por dentro se esté desgarrando, solo ruego al cielo que en verdad sea feliz.

Habrá que buscar otro apartamento, con mi sueldo de lava platos no alcanza para pagar este, Candy… no puedo organizar mis ideas, todo es muy confuso, me siento vacío, solo, adolorido, quebrantado, no saber quién soy me ha pesado mucho durante estos meses, pero hoy más que nunca me siento al borde de un profundo abismo y muy tentado a simplemente dejar que la oscuridad me cubra y la inconciencia se lleve mi dolor.

Respiro profundo y sé que no me rendiré, que lucharé por salir adelante, qué si bien no tengo pasado, me haré cargo de tener un futuro, de ser alguien en la vida, tal vez un día recuerde quién soy, pero mientras tanto debo asegurarme de ser la mejor versión de mí mismo que pueda ser, lo haré por ti Candy, porque te lo debo y me lo debo a mí mismo, porque creo en el amor y quiero amar sin temor, sin incertidumbres y con certezas. Si Candy, no saber quién soy me arrebató la posibilidad de hacerte feliz y te dejé partir hacia tu destino, pero por agradecimiento a ti lograré recuperar en verdad quien soy.