Hola chicas, lamento la tardanza, fue una semana complicada. un abrazo, espero que lo disfruten.
C. Gracias por tu tiempo y apoyo como siempre.
Capítulo 8.
New York, 1916.
Eleanor suspiró molesta y resignada, sabía que de nada servía enemistarse con Terry, tenía que mantenerse cerca de Candy, para ayudarla cuando fuese necesario, cuando ella estuviese lista.
Pídele a Sam dinero si necesitas, lo mejor sería una casa alejada, en las afueras…
Pasaría mucho tiempo sola.
Terry, esa es la vida de la amante de un hombre popular. Por eso te digo que mejor la dejes ir y la mandes traer cuando estés dispuesto a hacerla tu esposa, es cierto que ya la hiciste tuya, pero no las has convertido en tu amante, esto puede ser un error, un desliz de pasión y ambos pueden continuar con su vida.
No pienso mandarla de vuelta con él.
¿Él?
Albert, los celos me consumen tan solo de pensar que viven juntos, ella es mía Eleanor, de nadie más.
No seas infantil, no es un juguete, ni es de tu propiedad, es una mujer valiosa, pura, inocente, trabajadora, necesitada de amor, de familia, está sola en este mundo Terry, por Dios, se hombre, compórtate como tal ya que te crees lo suficientemente mayor como para arrastrarla contigo y atarla a ti. Se honesto contigo mismo, por una vez no seas el caprichoso hijo del duque que creció haciendo de sus deseos su voluntad. ¿Acaso no has condenado a tu padre una y otra vez por tratarnos como nos trató? No repitas la historia. Es muy tarde, veo que es inútil seguir hablando contigo, vete a dormir, piensa bien las cosas. La invitaré a quedarse conmigo estos días. Y sí acepta quedarse contigo, no pienso dejarla sola.
Seré discreto. –
Debes cuidarla, no permitas que una criatura inocente sufra lo mismo que tú has sufrido. –
Eleanor, no tienes de que preocuparte, conozco perfectamente lo que debo hacer. –
El tono frío e indiferente de Terry le hizo sentir un escalofrío debía hablar con Candy cuanto antes, Terry estaba jugando un juego peligroso, en su obsesión por hacerla suya buscaría asegurarse de que ella jamás pudiera irse de su lado, su inseguridad e inmadurez se hacían más evidentes a cada segundo que pasaba.
De pronto el peso del mundo cayó sobre sus hombros y se sintió muy cansada, derrotada y supremamente decepcionada. Pero ella lucharía porque su hijo entrara en razón y porque Candy no fuese una víctima más de los caprichos de un hombre.
Eleanor besó a su hijo en la mejilla y lo dejó entregado a sus demonios, no era tonta, estaba plenamente consciente de que dormiría con Candy, subió a su habitación después de dar instrucciones de que no molestaran a ninguno de sus invitados hasta que ellos mismos mandaran llamar a la servidumbre.
Candy sintió como unos suaves labios hacían cosquillas en su cuello, y sin querer soltó un gemido bajo. Cuando sintió que alguien mordisqueaba su lóbulo Candy abrió los ojos por completo, dio un pequeño salto en la cama cuando fue plenamente consciente de lo que sucedía y dónde estaba.
Hola pecosa. – le dijo con voz seductora, mientras con su boca recorría su cuello.
Terry… ¿qué haces en mi habitación? – le dijo ella incorporándose en la cama y cubriéndose con las sábanas.
No puedo dormir sin ti entre mis brazos. – le dijo viéndola a los ojos con esa profunda mirada que la derretía. Mientras la atraía hacia él.
Estamos en la casa de tu madre. – le respondió ella tratando de oponer resistencia sin éxito.
Ella está dormida, y desapareceré de tu habitación temprano… - le dijo él en un susurro mientras acallaba sus protestas con un beso profundo.
Las manos de Terry ya desabrochaban la suave prenda de seda que llevaba encima y recorrían ávidamente su piel desnuda, una vez más Candy dejó de pensar y se dejó llevar.
Cuando el alba comenzaba a rayar el plomizo cielo invernal, Terry besó su hombro y se deslizó a su propia habitación.
La noche siguiente, cuando Terry llegó de la función, ella lo esperó despierta, había cosas que tenían que hablar.
Hola pecosa. – le dijo él mientras entraba su habitación pasada la media noche.
Terry… -
No tenías que esperarme despierta. Yo te hubiese despertado cuando llegara… ¿cómo estuvo tú día con Eleanor?
Bien, fuimos de compras, y a tomar el té.
Que bien, ¿me extrañaste? – le preguntó él con una sonrisa orgulloso de que la respuesta sería sí. Mientras se acercaba a ella para abrazarla.
Alto Terry, tenemos que hablar.
Vamos, pecosa, podemos hacerlo mientras hacemos otras cosas. – le dijo con mirada insinuante.
No Terry, no podemos seguir así, ¿qué va a pasar?
¿A qué te refieres?
¿Qué va a pasar con nosotros cuando regrese a Chicago?
No volverás a Chicago. ¿Que no te ha quedado claro que ahora eres mi mujer? me perteneces en todos los aspectos y no pienso dejarte volver, además debo cumplir como se espera que haga un caballero.
¿Entonces nos casaremos? – preguntó ella esperanzada.
Más adelante, cuando sea conveniente para todos, pero no por ahora, tengo compromisos que cumplir, cosas por solucionar…
Terry, no puedo vivir en casa de tu madre, lo mejor será que consiga un trabajo, y un departamento…
Ni hablar de ello, ya tengo a alguien buscando una casa para nosotros.
Pero Terry, yo no puedo vivir contigo así… sin ser tu esposa…eso no sería propio de una dama y tu como caballero no puedes proponerme eso. ¿Acaso insinúas que yo seré…?
- No tuviste ningún tipo de reparo o problemas de moral cuando llevaste a Albert a vivir comtigo. Pero como soy yo y no él… conmigo si los tienes, me pones trabas, deja tanto moralismo que después de todo lo que ha pasado entre nosotros, ya no te queda, ya sabes de sobra lo que pasa entre las parejas casadas y en este punto el papel de doncella deshonrada está fuera de lugar, no te quejaste mientras estabas en mis brazos las últimas dos noches, además, no vamos a vivir juntos, no sería propio, pero una cosa debes tener claro, no regresarás a Chicago con Albert, ahora menos que nunca sería propio que vivieras con él. – le dijo él con su característico humor huraño, el día había sido pesado, había esperado llegar y encontrar refugio en los brazos de Candy, y en cambio se ponía pesada, seguramente Eleanor había hablado con ella.
Terry, mi vida con Albert y las circunstancias por las cuales vivimos juntos son muy diferentes, éramos paciente y enfermera, lo que tú me pides va en contra de todas las reglas morales que me han inculcado, no me puedes pedir eso, solo por haber sido tu mujer un par de veces, ¿por qué tipo de mujer me tomas?
Pecas, eres mi mujer, lo correcto es que yo vea por ti y que te quedes a mi lado. Sé que no te das cuenta, así que debo hacerte ver que ahora que te has entregado a mí las cosas cambian, para nuestra sociedad, no tienes nada que ofrecer, y no permitiré que destruyas tu vida por no ver un poco más allá, por lo tanto no discutiré más, la próxima semana tendrás una casa propia a las afueras de la ciudad como corresponde y me recibirás en ella cuando sea propio y necesario y no te preocupes por el matrimonio, te voy a cumplir como hombre, como caballero, ¿acaso dudas de mi honor?.
Tal vez me puedo quedar en la ciudad y buscar trabajo como enfermera, hasta que veas conveniente el casarnos, así estaré cerca, pero no dependeré de ti, además no sería adecuado que haga esto, Terry entiéndeme por favor! La situación de nosotras las mujeres siempre es diferente a la de los hombres.
¿Tan malo es que quiera darle a mi novia un hogar y una vida decente? – le preguntó él con un tono mas suave cambiando de estrategia… sabía bien, lo volátil que era ella, y no quería dejarla ir.
No es eso Terry… es solo que…
¿No me amas?
Sabes que sí…
Entonces quédate conmigo, confía en mí, no permitiré que nada te pase y haré lo que es correcto para ambos, solo dame un poco de tiempo que debo solucionar un par de asuntos y estar consolidado en la compañía, lo hago por nuestro futuro, ten un poco de paciencia y sé buena chica.
La mirada de Terry la desarmó. Candy pasó ese fin de semana con Eleanor, y Terry la visitó cada noche, al inicio de la siguiente semana la llevó a una casa a las afueras de la ciudad. Era cómoda, y linda, justo lo que necesitaban, y Candy bien podía imaginarse iniciar una vida juntos ahí, podía ser su pequeño paraíso, podrían decorar juntos, ir de compras…
Terry, es hermosa, mira, aquí podemos plantar flores, y yo te esperaré con la cena en las noches, podemos ir de compras…
Me alegro qué te guste, deberemos ser discretos.
Lo sé, pero, hallaremos la forma, el amor todo lo puede.
Pecosa, eres una chiquilla.
No, no lo soy, soy una mujer, tú mujer para ser exactos… mira Terry, podríamos tener una mascota, y tal vez haya una clínica cerca, puedo encontrar un trabajo.
Ya veremos lo de la mascota, y en cuanto al trabajo…
¿Qué sucede con el trabajo?
Sí te toca hacer turnos de noche no te vería, necesito que estés aquí, mi horario es complicado.
Terry, ¿que se supone que haré todo el día?
Esperar por mí. – le dijo mientras la tomaba de la muñeca para besarla, cuando estaban solos rara vez podía estar sin tenerla cerca.
Será difícil esperar a que llegue la noche.
Candy, pecosa… no podré quedarme todos los días, tal vez ni siquiera será prudente que te visite a diario, nadie puede saber que eres mi mujer, no puedo permitir que tu reputación quede por los suelos.
Pero Terry… - le dijo ella sonrojándose, sabía que lo que él le decía era cierto, pero a la vez comenzaba a comprender que estaría sola.
Sólo será por un tiempo pecosa, no tienes de que preocuparte, vendré a verte, pasaremos tiempo juntos, y por supuesto no necesitas trabajar… puedes comprar todo lo que quieras, mi madre vendrá a visitarte… toma, en este sobre hay suficiente dinero para esta semana, pero si necesitas más no dudes en decírmelo, mamá buscará quien venga a ayudarte con la casa y quien cocine para ti. –
Por alguna razón el saber su vida planeada sin que le hubiesen pedido opinión le hizo enojar.
Terry tal vez deba regresar Chicago. – le dijo con seriedad.
No amor mío, por favor no me dejes, te necesito. – intentó el melosamente.
Sólo durante la noche al parecer. – el tono de la rubia era frío.
No seas injusta pecosa, es complicado, pero cuando se acabe la temporada teatral…
Vendrán las giras. – lo cortó ella. Terry tenía poca paciencia, y los celos lo carcomían por dentro.
Bien, si quieres irte no te obligo a quedarte, regresa a él, es más, vamos ahora mismo a la estación, te pondré de vuelta a sus brazos en el primer tren que salga a Chicago. – la ira era evidente en sus palabras.
¡Terry! ¿cómo te atreves…? sabes bien que has sido el único, no seas insolente. – le dijo ella con impotencia en la voz y lágrimas en los ojos. – Terry se dio cuenta que esa batalla la tenía ganada e intentó de nuevo con un tono de voz diferente.
Lo siento bonita, es solo que no quiero perderte, por favor dime que te quedarás conmigo. – le dijo mientras la abrazaba por detrás y besaba su cuello.
Una vez más las hormonas nublaron su razón y accedió… además, ¿cómo iba a volver a Chicago? Era la mujer de Terry, era suya, no era su esposa, pero se había entregado a él, como vería a Albert a los ojos, como compartiría su vida, su habitación con Albert ahora que sabía lo que sucedía entre un hombre y una mujer, debía quedarse con él, no había otra posibilidad, ni otro futuro, sino Terry.
Debo irme pecosa, regresaré tarde… aunque si se hace muy tarde me quedaré en la ciudad. – la besó una vez más antes de que ella pudiese responder, y salió por la puerta dejándola en la solitaria casa con un sentimiento de vacío y aprehensión.
New York, 1916.
Querido Albert:
Espero que te encuentres bien, ¿cómo va tu memoria? ¿Te has sentido bien? Espero que Archie y Stear te estén visitando. No dudes en hablar con ellos.
Yo estoy muy bien y feliz, disfrutando de unas merecidas vacaciones, esta ciudad es magnífica, espero puedas venir algún día a disfrutarla, te encantará su acelerada vida. Con Terry las cosas están maravillosamente, tenemos muchos planes juntos... ya te contaré más adelante. ¿Recuerdas que una vez te conté que amaba la actuación?, pues bien, tienes que saber que su Romeo es simplemente soberbio, su madre dice que es el mejor Romeo que ha visto en muchos años el teatro en esta ciudad.
A propósito de Eleanor me he estado hospedando en su casa, es una mujer extraordinaria y hermosa, ella en verdad ha sido muy amable conmigo, me trata como a su hija, o su amiga, nos divertimos mucho juntas, y aunque no he podido pasar mucho tiempo con Terry debido a su apretada agenda de trabajo y a las funciones, nuestros instantes juntos son mágicos, estoy tan enamorada y con grandes planes para un futuro juntos. No puedo creer que estoy aquí, en Nueva York, con Terry.
Pese a lo bien que la he pasado en NYC estas semanas, te he extraño mucho, nuestro departamento, las tardes de descanso en el parque o simplemente los ratos que pasábamos organizando nuestro pequeño y maravilloso palacio, espero verte pronto, muero de ganas porque me cuentes como está todo allá en Chicago y que ha sido de tu vida estos días, recuerda que debes guardar reposo, comer muy bien y recuperarte muy pronto. Espero recibir noticias tuyas lo antes posible, lamento que la carta sea breve, pero debo acompañar a Eleanor.
Tuya
Candice W. Andrew.
Mientras Candy sellaba el sobre que contenía la carta para Albert, no pudo evitar que algunas lágrimas de nostalgia resbalarna por sus mejillas, de pronto era consciente de todo aquello que dejaba atrás, porque en ese momento y con el peso de sus decisiones a cuestas, comprendía perfectamente las palabras que Eleanor le dijo justamente al día siguiente de la función de estreno, cuando Terry salió rumbo al teatro, ella de manera amorosa, le había dado a entender que sabía lo que sucedía con su hijo y ante ello Candy sintió vergüenza y un poco de consuelo ante la comprensión de Eleanor, pero al mismo tiempo el peso de su error calló sobre ella al comprender que no había retorno a su vida en Chicago, a su familia y amigos …. a su querido Albert, - apretó la carta con fuerza en su pecho y la acercó a los labios, esperando que algún día de ser el caso, él su amigo, su confidente, supiera comprender porque ella no podría regresar a su lado. –
No se hacía ilusiones, ella sabía que era una mujer deshonrada, convertida en la amante de un hombre famoso, si, Candy sabía que con su deshonroso comportamiento de las dos noches anteriores lo había perdido todo, a Albert, a sus amigos, su independencia, su forma de vida, para siempre, ella extrañaba horrores a su Albert, pero no comprendía la razón de ese vacío que sentía de pensar en él, de saber que no volvería a compartir con el bajo el mismo techo. Ahora era la mujer de Terry y si todo salía bien pronto sería la señora Grandchester o Graham como se había hecho llamar en el mundo del teatro, si sólo debía esperar a que su amado Terry regresara de la gira para formalizar su situación, pero mientras tanto, no podía aparecer en público, dejarse ver con él y mucho menos contarle a nadie que era su mujer.
No podía hablar con sus madres, con Archie, Stear, Patty y mucho menos con Albert de su nueva situación, se moriría de la vergüenza si se supiera que se entregó a un hombre sin estar casada, amaba a Terry y en el fondo no veía el pecado o el crimen en amar en cuerpo y alma, pero las reglas de la sociedad no entendían esas cosas del amor, sin embargo, no era del todo feliz….
Se repetía a sí misma que Terry era todo un caballero que cumpliría con su honor y ya no habría motivos para esconder su relación, comprendía que no era el mejor momento para su carrera, lo amaba y era todo lo que importaba, pero … entonces ¿por qué no era completamente feliz? siempre espero que el amor y estar con la persona correcta se sintiera diferente, algo así como realizado y pleno, tal vez, era un dejo de culpa de no haber hecho las cosas como sus madres le habían enseñado, pero una vez realizada la boda por el civil y después la religiosa esa sensación se iba a transformar en verdadera felicidad….. con esta convicción fue hasta el correo a dejar la carta, ansiando recibir noticias de Chicago, de su Albert y esperando que todo estuviera bien con su amigo.
La tarde de invierno, que Albert recibió la carta de Candy, sintió que su mundo dejaba de tener sentido, que la había perdido, que ella no regresaría a Chicago, pensó que sus peores temores se hacía realidad, solo esperaba que la cordura fuera la mejor consejera de ambos adolescentes y que la señora Becker supiera mantener controlada la situación y ante todo que no permitiera nada que perjudicara a su pequeña, a su princesa, a su inocente e ingenua Candy…. -su Candy-, ella jamás fue suya, siempre fue de Terry, ahora la sabía perdida, un dolor lo atravesó por adentro, pero si su felicidad era el joven que ella le había asegurado era su amigo, lo aceptaría con resignación, finalmente debía recomponer su vida y hacer frente a su futuro.
Pese a que intuía más de lo que su pequeña decía en la carta, decidió responder como si no pasara nada, como si en cuestión de una semana la tendría de vuelta en su hogar, como si en sus palabras, pese a la alegría que pretendía reflejar no sintiera su infinita tristeza.
Chicago, 1916.
Querida Candy:
Me hace muy feliz recibir noticias tuyas, saber que estas bien y que disfrutas de este merecido descanso, tu emoción es palpable, supongo que es el efecto que tiene la ciudad de New York en todos. ¿Qué te cuento de Chicago?, el departamento se siente solo sin ti pequeña, estaba acostumbrado a verte salir corriendo todas las mañanas al hospital, después de haberte negado a despertar más temprano …. Te estoy bromeando mi pequeña princesa, en verdad estoy bien, no te preocupes por mí, Archie ha venido a verme de seguido, y pasamos ratos agradables, es un maravilloso chico y será un gran hombre.
Me alegra en verdad que las cosas con tu novio estén funcionando bien y que haya planes para un futuro juntos y sobre todo que la madre de Terry te haya abierto las puertas de su casa y de su vida, habla de la seriedad de la relación que tienes, Candy quiero que seas muy feliz siempre, no olvides sonreír, no seas tan glotona, cuídate mucho mi pequeña Candy, descansa y disfruta de tus merecidas vacaciones. Me alegra que estés con la señora Baker, y qué si Terry está muy ocupado, al menos ella te haga compañía.
Hya tantas cosas que quiero contarte, extraño tu risa, y tus ocurrencias. Me va bien en el trabajo, el dueño descubrió que se cocinar y me ha cambiado de lavaplatos a cocinero, estoy aprendiendo nuevas recetas y cuando vengas te haré probar los mejores platillos.
Cuídate pequeña, y espero verte pronto.
Tuyo
Albert.
Había pasado poco más de un mes desde la noche del estreno de Romeo y Julieta y la compañía de teatro Stanford, hablaba las fechas de la inminente gira por las ciudades más importantes de Norteamérica, Terry no paraba de hablar de su carrera, su actuación y lo famoso que se estaba volviendo y las posibilidades de incluso poder incursionar en la industria naciente del cine, consolidado en el oeste del país en un lugar llamado Hollywood, Candy lo escuchaba atentamente y alcanzaba a soñar con esa novedad y en compartir ese sueño con su amado, si bien, no habían hablado de compromiso, o boda. Era consciente que tampoco había anillo en su dedo y las veces que había intentado hablar con Terry del tema, siempre recibía como respuesta de su parte
– Ahora no es buen momento, no te preocupes por esas pequeñeces, tu eres mi mujer, compartimos una casa, una vida y no necesitamos de papeles para ser esposos de hecho y amarnos como lo hacemos, ya habrá tiempo de pensar en boda y te aseguro que será la de toda una princesa, como siempre la soñaste. -
Eleanor se mantenía al pendiente de Candy, dado que la casa en la que habían resuelto llevarla a vivir Terry quedaba a las afueras de la ciudad, en un lugar apartado, sin muchos vecinos ni intromisiones en su privacidad, Terry había hecho notar la necesidad de llevar este tipo de vida, debido a su nuevo status de celebridad en la ciudad de New York y para proteger la reputación de Candy, ella, después de todo seguía siendo una Andrew, aún bajo la tutela del muy anciano y enfermo William Andrew y para colmo, aún menor de edad para efectos legales, por tal razón, no era conveniente que se dejara ver en público del brazo de Terry y menos que se murmurara de su condición, para el mundo ella debía seguir siendo doncella, por esta razón, Terry no se quedaba todas las noches con ella, solo dos o tres veces a la semana y de preferencia entre semana, ya que los fines de semana se ofrecían hasta dos funciones diarias y prefería dormir en su departamento de soltero cerca de Brodway.
Pese a que Candy entendía las circunstancias particulares de la vida de Terry, no podía evitar sentirse sola y encerrada la mayor parte del tiempo, extrañaba su libertad, su profesión, además ya empezaba a hacer mella en su conciencia la negativa de Terry de hablar del compromiso, la boda o de algo más formal, compartía su cama casi todas las noches que dormía en casa y cuando no llegaba muy ebrio después de alguna celebración "obligada" de la compañía, en ese aspecto habían logrado consumar su amor … Solo que no se decidía a hacer lo correcto para ella, se sentía desesperada, sola y sin nadie con quien hablar, en cierta manera comparaba la convivencia actual con Terry, con la que tuvo escasos meses antes con su querido Albert, eran tan diferentes!… pese a que con Albert jamás compartieron intimidad física como si lo había hecho desde el primer día con Terry, Albert realmente era un hombre diferente, aún sin saber quién era y sin recuerdos de nada, era mucho más atento, cálido y cómplice de sus necesidades y caprichos, cocinaba para ambos, se repartían las labores de la casa y hablaban de todo y de nada todas las noches antes de ir a dormir ¿y que decir de todos los momentos compartidos con los chicos y con Patty y Annie? dios, la verdad era que los extrañaba a todos, pero sobre todo a su amigo y cómplice Albert, se preguntaba cómo estaría y sobre todo si sospechaba algo de lo que en verdad ahora era su vida de "casada".
Con angustia y algo de culpa, decidió buscar apoyo en su única hermana, en su amiga, sabía de antemano que tal vez no la entendería, pero estaba segura qué estaría ahí y le apoyaría en sus nuevas circunstancias.
New York, 1916.
Querida Annie:
He intentado escribir esta carta muchas veces y no se en verdad como hacerlo, esta es probablemente la carta más difícil que he escrito jamás y necesité de mucho más valor para enviártela, lo que voy a compartir contigo no es fácil para mí y supongo que tampoco para ti, pero solo busco desahogo en medio de esta soledad que siento y sé que lo que te diré lo verás como un error y en cierta manera lo es, pero en mi defensa, todo lo he hecho por amor, aunque que en este preciso momento no te puedo decir que sea del todo feliz con las decisiones que he tomado.
Mi querida Annie, tú más que nadie sabes que amo a Terry, que cuando nos separamos en el San pablo estaba destrozada y que sentía que su corazón me llamaba y, ahora que me he reencontrado con él, he encontrado paz, pero no es fácil estar con él, ya que su recibimiento fue agridulce, y aunque ha tenido detalles hermosos conmigo, sé que algo atribula su corazón, aún no descubro qué o tal vez solo sea su naturaleza de artista. A veces lo siento distante, pensativo, hastiado y algunas veces hasta un poco molesto.
Annie, sabes también que cuando recibí su invitación a venir a verlo en NYC, solo había un boleto de ida, por lo que llegué a pensar que sería su esposa, que me quería con él para siempre y no me he equivocado al pensarlo, solo que no ha sucedido de la manera como lo soñé alguna vez, he hecho todo al revés y ahora en este preciso instante no sé cómo recomponer la situación o mi vida. ¿A dónde voy con todo esto mi querida hermana?, Dios, esto es difícil de escribir… la noche de mi llegada a la ciudad me entregué a Terry por amor, porque lo amo, pero no ha sido solo esa vez, se podría decir que en cierta manera vivimos juntos, claro, solo lo sabe su madre, pero pese a todo soy su mujer en todos los sentidos, aún sin estar casados por ninguna de las leyes, sé que estarás pensando de mí en este momento o de Terry, pero debo decirte que no me obligó a nada, lo amo y me entregué a él por este amor, me perdí en el mar de sensaciones que me produce su presencia, su ser y consumar nuestro amor ha sido maravilloso.
Hace poco más de 15 días vivimos como pareja en una casa, pero Terry jamás me ha pedido que me quede con él, no ha pedido mi mano, no hemos hecho ningún tipo de promesas y en este momento tengo miedo de lo que pueda pasar con él y conmigo, después de todo soy su mujer y si bien no estoy del todo arrepentida de haber consumado lo nuestro, si de la forma en que lo hice, contrario a las leyes de Dios, a mis principios y a todo lo que nos han inculcado nuestras madres, siento que traicioné a los Andrew, a la señorita Ponny, a la hermana María y por muy extraño que te suene en este momento mi confesión, también a Albert y no sé por qué razón, con él es con quien peor me siento, ya que él, la última noche que pasamos juntos en Chicago, ¿la recuerdas?, insinuó algo de esto y yo….. yo, solo fingí no comprender nada y ahora, con más de un mes de ausencia, siento que lo sabe todo y pese a todo, no lo comenta, en sus cartas no me juzga, me entiende, me cuida y siento que hasta me apoya en toda esta locura, ¿acaso puedo estar más desesperada?
Annie, no sé como vayas a tomar esto que te cuento, pero necesito tu ayuda, tu consejo de mujer, de amiga, de hermana, en verdad estoy confundida y cada día intento convencerme que Terry me ama y que es un caballero, pero tengo mucho miedo, estoy desesperada y necesito hacer lo correcto, por esto me atrevo a preguntarte ¿Qué piensas que debo hacer?, ¿regresar a Chicago? ¿Olvidar que algo sucedió con Terry? Y ¿si hay consecuencias y vamos a ser padres?, sé que Terry es un caballero y no debo dudar jamás de él y que me ama, me cuida y respondería sin dudar y si de esta entrega de amor, ya hay una nueva persona creciendo en mí, jamás me desampararía y se casaría inmediatamente conmigo, pero incluso con todas estas certezas de mi amado, siento que debí ser fuerte, que debí resistir, que debí haber dicho que no, además, tampoco puedo acusarlo de no ser un caballero, si yo no me he comportado propiamente como una dama, oh, Annie, ¿dime que piensas de todo esto?, por favor ¡! ayúdame, dime que debo hacer, ¿cómo podré ver a los ojos a la hermana María, a la señorita Ponny y a mi querido Albert, después de todo esto? ¿Qué pensarán los demás?,
Anne, espero tú respuesta, y que me ayudes a pensar más claramente en mi situación y mis opciones en este momento.
Dale mi amor a Archie y a los demás, y no menciones lo que te he dicho, ni siquiera con Patty, por favor guarda mi secreto que no estoy del todo orgullosa de mi en este momento.
Te necesito mucho, hermana.
Candy.
Cuando Annie terminó de leer la carta, sintió una mezcla de sentimientos encontrados, tristeza de leer su desesperación y soledad y por otro lado, satisfacción pura, la perfecta Candy White Andrew, la mujer por la que todos perdían la cabeza, no había alcanzado a pisar New York y ya se había comportado como una cualquiera y se había entregado nada más y nada menos que a Terry Grandchester, se preguntó así mismo si Candy sabia lo de Susana y si pese a todo, le había importado nada y se había revolcado con Terry, no una vez, sino según su carta ya muchas veces y tenía el descaro de confesar que hasta vivían juntos, pensaba además que su amada hermana, había resultado ser toda una caja de sorpresas y de las peores.
Annie, por primera vez en la vida, se sintió superior a Candy en muchos sentidos, en el fondo sabía que los hombres como Terry, jamás se comprometían a nada serio y que una vez se cansara de su nuevo juguete, la botaría a la basura, solo para iniciar con su nueva conquista, ya que en los diarios se mencionaba la amplia agenda social que del actor, y las mujeres hermosas que lo acompañaban en todos los eventos de la sociedad neoyorkina y no se sorprendió al descubrir que jamás era con su amiga. Sonrió con satisfacción al saberla una ramera, una desdichada y claro que respondería su carta, pero solo para cerciorarse que jamás volvería a Chicago, a los Andrew a su Archie.
Pensó en Archie y en el imbécil del Albert que aún la esperaba y la creía tan noble, tan buena, tan "pura", sintió además un escalofrío dado el poder de esta información, ese era su momento y a diferencia de Candy, ella Annie Britter si sabía jugar las cartas a su favor, tomo papel y pluma y se dispuso a responder.
Chicago, 1916
Candy:
Estoy tristemente sorprendida de tu falta de decencia, ¿Cómo has podido entregar tu virtud de esa manera? Y la primera noche, ¿en qué pensabas?, dices que lo hiciste por amor, ¡ pero en nombre de ese amor debiste esperar! ¿Acaso pensaste en los Andrew? ¿En el que dirán? Sí tu desliz llega a saberse todos quedaremos arruinados, tu reputación estará por los suelos, él ya no es el hijo de un duque todo poderoso, sino un simple actor de teatro. No es digno de casarse con una Andrew.
Además, ¿has llegado a pensar en qué va a pasar si estás en verdad embarazada de un bastardo?, ¿estás completamente segura que Terry respondería como se espera que lo haga?, sé que no te importa o no quieres saberlo, pero, el bisabuelo William está a punto de morir y sabes que te guste o no eres su heredera, ¿has pensado en lo que implica para ti y los Andrew, esta situación tan inapropiada y poco decorosa en la que te has puesto por tu imprudencia y tus locuras?, Candy eres una insensata y no esperes que apoye o secunde esta locura, esta falta de moral, de principios y de decencia. Jamás, jamás, esperé una cosa como estas de ti, así como cuando huiste del colegio para ir a buscar a un hombre, en este caso el mismo que te deshonró, solo pensaste en tus deseos y caprichos y no en los demás, eres una chiquilla inconsciente y muy imprudente.
Candy, como siempre evitas pensar, además, imagina si mamá hubiese abierto tu carta, ¿qué debes hacer? No lo sé, debiste haberte comportado como una dama y no dar de que hablar, ahora, volver no es una opción, olvídate de Chicago, olvídate de Albert que además es un pobre sin memoria y ruega para que Terry sea todo el caballero que me has descrito y se case contigo cuanto antes, y tú debes hacer todo lo posible porque así sea y más si hay consecuencias de tus estúpidos actos creciendo día a día dentro de ti.
Cuando recuperes la decencia y seas la señora Grandchester hablamos nuevamente, hasta tanto, es mejor que no hables con nadie y no vuelvas a escribirme si no es para enviarme la invitación a tu boda.
Manten tú desliz en secreto de todos, eres una vergüenza, como diría la tía abuela Elroy, jamás pensé en darle algo de razón a ella y a los hermanos Legan, por tu bien y el de tu reputación compón esta vergonzosa situación, hasta tanto te guardaré el secreto.
Solamente esperare las noticias de tu boda, mientras tanto no me escribas.
Anne Britter.
Después de la misiva tan contundente de Annie, Candy por primera vez, hizo conciencia de su nueva situación, ya no solamente como la mujer de Terry y posiblemente futura señora Grandchester, sino que esta vez se sentía como la amante del famoso actor de Brodway, se sentía traidora de sí misma, de sus principios de su educación, sentía que en verdad había fallado como mujer, como hija, como prima, hasta como profesional.
Entregarse a Terry no había resultado ser nada maravilloso y tampoco había garantizado nada entre los dos, él seguía tomándola a su antojo en su supuesto hogar, no permitía que le hablara de compromisos, no salían juntos a recorrer la ciudad, siempre que se veían era en medio de esas paredes, que ya empezaban a pesar, su rutina, la soledad y el cansancio de estar siempre a la espera hacían mella en su alegre y optimista espíritu, si lo pensaba detenidamente, en verdad estaba enjaulada y ya comenzaba a cuestionar la necesidad de ello.
Si, Candy, a la larga empezaba a sentirse no como su mujer, sino como su prisionera, quería regresar a trabajar, francamente se sentía como una inútil, que para lo único que servía era para mantener caliente la cama de Terry, claro cuando sus compromisos con la compañía le permitían aparecer.
Después de la carta de Annie, Candy en verdad se sentía más sola, desamparada, arruinada en medio de un callejón sin salida, quería irse, pero no sabía a donde, se preguntaba también en si todo lo vivido con Terry tendría consecuencias y de qué tipo, amaba a Terry, estaba segura de ello y sentía que él en verdad estaba atormentado por todo y la necesitaba a su lado, pero también necesitaba ser la señora Grandchester, poder regresar a Chicago, a su familia, a su Albert y con la frente muy en alto, en eso tenía razón su hermana, no podía volver sin ser una mujer casada, no podía regresar como una pobre niña tonta que entregó su virtud a cambio de ilusiones de amor.
Candy White, descubría a sus 16 años que el amor no era color de rosa, toda la magia que había soñado una vez, poco a poco se iba esfumando y cada vez le costaba más sonreír, estar feliz y tranquila con sus decisiones, las cuales a la larga eran el resultado de los errores de una chiquilla, jugando a ser adulta, amada, una niña que solo se dedicó a perseguir el amor, pero que a la larga resultó ser solamente sueños de niña.
Candy se cuestionó por primera vez si acaso ella no se había apresurado siempre en vivir como adulta y no se había tomado el tiempo para vivir cada etapa de su vida tal y como corresponde, no se dio tiempo de ser conquistada, amada, necesitada y extrañada.
Solo estaba segura de una cosa, aún sentía amor por Terry y más después de ser su primer hombre, pero cada vez le estaba costando más verlo, entenderlo, tolerarlo, extrañaba a Archi, a Stear, a Patty y a Albert, Dios, como extrañaba a su muy querido amigo, debía escribirle, fingir felicidad para él, sabía que tenía quedarse en New York para convencer a Terry por todos los medios de formalizar las cosas, de ser su esposa, sabía ahora con toda certeza que el sueño de regresar a su vida anterior se había esfumado, esa vida que justamente ahora, a ella le parecía tan lejana y ajena, pero feliz, llena de vida y de luz, estaba ahora totalmente fuera de su alcance.
