Hola Chicas, Todas las bendiciones para este nuevo año, gracias por su apoyo, por su cariño y por su espera, ayer intenté subir este capítulo, pero fanfiction tenía problemas con sus servidores, y no fue posible, pero aquí está, espero que lo disfruten.

Abrazos y Bendiciones.

Key

YNTE

Capítulo 10

Londres, 1923.

Rose Grandchester, Marquesa de Northhampton caminaba pausadamente por el bien cuidado y clásico jardín de rosas inglés de la mansión de Londres del duque de Grandchester, no era un lugar que hubiese recorrido a sus anchas la mayor parte del tiempo, ya que ese era el hogar de la duquesa de Grandchester, y Henriette en definitiva no era precisamente adicta a Rose, odiaba todo lo que tuviese que ver con ella, su belleza, juventud, y el hijo que ella hora no tenía.

Los tres hijos de la duquesa habían perecido durante la guerra, y a su edad no podría darle otro heredero al duque, solo quedaba el bastardo, o el hijo de ella, de la francesa que Richard había traído con él poco tiempo después de que la guerra había terminado, proclamando que era la esposa de Maximillian, su hermano, el Marqués, y por lo tanto la nueva Marquesa de Northhampton, y su hijo, el pequeño marqués sería ahora el heredero al ducado, si Henriette debía admitir uno de los dos males sin duda le parecía una menor ofensa que el sobrino del duque, si es que en realidad era su sobrino, fuese el heredero, y no el bastardo que había sido el eterno recordatorio de que su esposo no la había amado, que ella había sido una mera inconveniencia impuesta por su familia, si bien, a veces pensaba que tal vez ella era ahora la amante de Richard, y el pequeño el nuevo bastardo legitimizado convenientemente con la muerte de un tío o padre que no había conocido.

El chiquillo era sin duda un Grandchester, su guapo rostro, y facciones lo gritaban a los cuatro vientos, de su madre había heredado sus ojos verdes, y sus pecas, pero todo lo demás era Grandchester, sin embargo, carecía de la altanería y comportamiento huraño de Richard y su querido bastardo, en todo caso ese chicuelo tenía la sonrisa que su madre debió haber tenido antes de enviudar, una sonrisa luminosa, sencilla, sin dobleces, inocente y confiada.

Era un chico bien educado, que cuando iba a Londres de visita por algunos días jamás hacía sentir su presencia en la mansión, la mayoría de esas veces iba solo, sin su madre, solo acompañado de su haya, la mujer que alguna vez había criado al mismo Richard, era ahora la anciana que se hacía cargo del pequeño, había un ejército de niñeras y sirvientes, pero Henriette sabía por medio de sus contactos que su madre era quien se hacía cargo de él la mayor parte del tiempo, y esos mismos contactos le decían que entre Richard y Rose no había mas relación que camaradería de padre e hija.

La marquesa tenía la edad para ser hija de Richard y no su cuñada, pero ella bien sabía que los matrimonios de hombres mayores con mujeres jóvenes eran la norma de su época, y no le extrañaba que una mujer hermosa y joven, aunque extranjera hubiese cautivado el corazón del único hermano de Richard, Maximilian, había sido 10 años menor que el duque, un eterno rebelde, que había rehuido de sus títulos y se había negado a casarse, así había ido al frente y según decían se había enamorado perdidamente de la hermosa francesa que debía ser unos 20 años más joven que él, se había casado, y poco después de dejarla encinta, había tenido el descaro de morir en el frente.

El traslado de la joven había sido imposible hasta después de la guerra, y Richard, la había llevado a su villa escocesa, para que ella hiciera de ese lugar su residencia.

Henriette nunca iba a Escocia, esa casa había sido el lugar favorito del bastardo, y ella estaba segura qué también había sido el escenario del romance del duque con la actriz americana, o al menos uno de los escenarios, por ello, no discutió cuando Richard le comunicó su decisión.

Pero las pocas ocasiones que Rose estuvo en Londres le dejó muy claro que había una sola duquesa de Grandchester. Ahora seis años después de la llegada de la francesa las mujeres se saludaban cordialmente si llegaban a encontrarse, pero ciertamente Rose no era santo de la devoción de Henriette, la duquesa le envidiaba la camaradería con Richard, la relación, el afecto, eso que ella jamás había tenido con el duque, Richard Grandchester la había tolerado, la había hecho su mujer con el fin de procrear como era su deber, pero había mantenido su corazón muy lejos de ella. Cuando sus hijos murieron Henriette no tuvo siquiera el consuelo de su marido, sabía que Richard había querido a sus hijos, los había llorado, y había suspirado aliviado que el bastardo se encontrase en América.

Rose apreciaba el olor de las rosas, y la tranquilidad del lugar, la duquesa estaba de vacaciones en Bath, por eso Richard le había pedido que fuera a Londres, quería que ella pasara un buen rato, y le había recordado que era importante que se presentara en sociedad, mas de seis años de luto eran suficientes, debía salir, dejarse ver, entablar relaciones, por su bienestar mental, y por el futuro del pequeño, después de todo, sí el partía antes de tiempo, ella sería la encargada de todo, de administrar el ducado y las relaciones de este en nombre de su hijo.

Su querido hijo, el pequeño de seis años era la luz de sus días, la razón de su vida, Alexander, tal como su nombre lo decía, hombre defensor, ese era su hijo, el pequeño que veía a través de los ojos de su madre, que la adoraba y le decía que él la protegería de todo y de todos, Rose, sabía que su pequeño había salvado su vida, que sin él, ella hubiese terminado con su vida a la muerte de su amor, pero por él, aún antes de saber si sería un niño o una niña, por él había decidido luchar y darlo todo, los meses después de la muerte habían sido desoladores, se había encontrado sola, verdaderamente sola por primera vez en la vida, al cuidado de extraños, de aquellos que el duque había encargado para que la mantuvieran a salvo, hasta que la guerra pasara y fuese seguro ir a Inglaterra, la tierra del padre de su hijo, el hogar del hombre que su corazón había amado, y que ahora ya no eran parte de su vida.

¿Disfrutas del día? – la profunda voz del duque la sacó de sus cavilaciones.

Sí, es un día magnífico… -

¿Disfrutaste de la fiesta? –

Fue interesante, tenía mucho de no asistir a algo así de grande y elaborado.

Debes acostumbrarte, Rose, tal vez sea tiempo de que tomes una residencia en Londres, que comiences a ser parte del mundo.

Escocia está bien… es un lugar lleno de recuerdos.

Eres joven, no debes vivir de recuerdos.

Richard, ya hemos hablado de esto… - le dijo ella mientras se acercaba a oler una blanca rosa, vestía de riguroso negro, el color que usaba a diario, la noche anterior había sido una excepción, a instancias de Richard había vestido como princesa medieval, pero esta mañana había vuelto a sus viejos hábitos, negro, su cabello recogido en un apretado rodete, y palidez casi mortal en su rostro.

¿Lo viste?

¿A Alexander? Vino a despedirse antes de salir a su clase de montar con Perry.

Le gusta la ciudad, podría verlo más seguido.

Sabes bien que la duquesa no es precisamente devota a nosotros.

Eso no importa, puedo mandarla a ella a Escocia, si no le parece.

Claro y desencadenar la ola de rumores que hasta ahora hemos mantenido quietos, no quiero rumores sobre Alexander o su procedencia, nada que pueda poner la felicidad de mi hijo en juego.

Tu hijo es un Grandchester, nadie puede dudar eso, y me he encargado de que toda la papelería esté en orden, no hay duda, y no hay nadie que pueda comprobar lo contrario. Alexander debe comenzar la escuela pronto, los tutores no serán suficientes, pensaba en Eaton, o en el San Pablo…

¿No huyó tu propio hijo del San Pablo?

Creo que siendo que tiene a su madre presente Alexander tendrá muchos menos conflictos internos que le permitirán adaptarse, además la nueva madre superiora es la hermana Margaret, ella es más comprensiva que la hermana Gray…- le dijo el duque clavando su mirada en ella.

No por ahora Richard, déjame disfrutar de mi niño por algo más de tiempo.

No puede crecer pegado a tus faldas.

Lo sé, y no es lo que quiero, pero apenas tiene seis años, necesita de su madre… - le dijo ella un poco insegura, sabía que legalmente no tenía verdadero derecho sobre Alexander, al ser el heredero al ducado, Richard era el único con derecho a decidir, pero ella tenía sus cartas bajo la manga, y la promesa de Richard de que nunca tomaría una decisión sobre la vida de Alexander de no ser aprobada por ella.

Está bien Rose, pero por favor quédense las tres semanas que Henriette estará fuera, y haz el favor de ir de compras, insisto, seis años de luto son más que suficientes. Además, es tiempo de que me acompañes a los eventos sociales, así que le pedí a Vivian que te acompañe de compras.

Richard… no sé… si estoy lista.

Estás más que lista, lo dejaste claro ayer, Sir Andrew estaba embelesado contigo.

Richard… - le dijo ella bajando la mirada.

No te estoy reprochando nada, solo te hago ver que estás lista... –

¿Y mi acento?

Estoy seguro de que más de uno encontrará tu rastro de acento francés encantador… no te confundas, tienes una reputación que mantener, pero eres una mujer hermosa, y muy joven, puedes vivir, disfrutar, y hacer las conexiones correctas en favor de tu hijo.

Richard…

No lo tomes como una pregunta querida mía, me temo que es una orden directa, por tú bien, y por el futuro de mi querido Alexander. Henry estará listo a las 11 para llevarlas a ti y a Vivian de compras. – le dijo el hombre en el tono inflexible que pocas veces utilizaba con ella, mientras se inclinaba para besar su mejilla ligeramente. – no te preocupes por Alexander, lo llevaré conmigo al club de caballeros a comer. Después de las compras irán al estilista, y no se a que mas cosas que Vivian considera necesarias para que una joven y hermosa mujer sea presentada adecuadamente en sociedad.

Soy una viuda…

Los tiempos cambian poco a poco, he escuchado que hay una mujer, Coco Chanel, que introduce el negro de una nueva manera, glamorosa, elegante, tal vez ella pudiese ser la clave, Rose, debes entender que una mujer hermosa y rica es poderosa, y necesito que tomes todo ese poder, en favor de tu hijo, toma de ejemplo a la señora Andrew, Elroy Andrew es una mujer que se adelantó a sus tiempo, tomó el poder en sus manos, y vivió su propia vida, así pudiera mencionarte algunas otras, Mary Woolstencraft, la reina Victoria, Marie Curie, comienza a sonar esta mujer aviadora, Amelia Earhart… Eleanor Baker…

Ahora resulta que eres feminista.

No lo soy, pero soy consciente de que el futuro de mi legado está sobre tus hombros, Alexander es muy pequeño, y yo no debo ser ingenuo, debo asegurar tu posición en la sociedad, o quedarán a merced de la duquesa, y de mi hijo, para evitar eso, debes ser fuerte, y poderosa por derecho propio. Anda ve a arreglarte. –

Rose sintió una oleada de afecto hacia el duque, ese hombre que la había acogido bajo su manto de protección en el momento más oscuro de su vida, y que ahora hacía todo lo posible por asegurar su futuro y el de su hijo. Tal vez Richard Grandchester tenía razón y era hora de levantarse de entre los muertos.

A las 11 en punto estaba dentro del vehículo acompañada de Vivian, su dama de compañía y amiga, una mujer mayor, cercana a la edad de Maximilian, y que si era cierto lo que las malas lenguas decían, había sido la amante de Richard por muchos años, una mujer elegante, recatada, la que le había enseñado a moverse en el mundo que ahora era suyo, en la que Richard confiaba para introducirla en un mundo frío y despiadado que ella apenas vislumbraba.

¿Cómo te convenció al fin Richard?

No me convenció, fue una orden.

Jajajaja, sabía que llegaría a eso.

Me dio un discurso semi feminista, habló de Marie Curie, la reina Victoria, Coco Chanel…

Jajajaja, reutilizó el discurso que yo le di a él.

¿Por qué Vivian? ¿pasa algo?

La salud de Richard es excelente, si a eso te refieres, pero, debemos ser realistas y precavidos, cuando Richard te trajo aquí sabía que no sería sencillo introducirte en nuestro mundo elitista, pero ahora, seis años después tú presencia se acepta como un hecho, y los caballeros tienen afecto por el pequeño Alexander, reconocen que no sería un niño encantador sin una buen madre, aun recuerdan a Terry, y bueno… ya sabemos como es esa historia… así que ahora te toca tomar tu papel como marquesa.

Llegaron a una exclusiva tienda, donde por supuesto fueron recibidas amablemente, Vivian era una mujer reconocida, y su papel en la sociedad era definido, en el momento en que entraban una mujer hacía una escena.

¿Cómo se atreve a insultarme de esa manera?

Lo siento señora Andrew, las instrucciones del señor Andrew son claras.

Rose escuchó el nombre y dirigió su mirad a la morena que furiosa hacía un berrinche monumental ante la negativa del encargado. La evaluó cuidadosamente, su atuendo era elegante, y refinado, pero el berrinche que protagonizaba en ese momento, era simplemente imperdonable.

Esto lo va a pagar muy caro… es un encargo de Madame Elroy.

Madame Elroy acostumbra venir ella misma señora Cornwell. – le dijo una refinada mujer que no parecía tener miramientos con la elegante morena que en ese momento perdía todo el decoro.

Señora Andrew… -

Perdón, pensé que su esposo era el señor Archibald Cornwell, por lo que se el señor William Andrew es incasable.

Ese no es el punto, soy la señora Andrew, mi hijo es el futuro patriarca.

Vivian observó como su acompañante observaba la escena en silencio con los ojos bien abiertos, su refinado rostro dejaba traslucir el horror que la escena le provocaba, y decidió poner fin a la situación, era una escena desagradable, que ninguna señora de sociedad debía protagonizar.

Parece que ahora se permite la entrada a nuevos ricos en tu boutique favorita. – le dijo Rose a Vivian, en un tono lo suficientemente alto que le permitió a la morena escucharla, y lanzarle una mirada cargada de desprecio, pero antes de que pudiese decirle algo a Rose, Vivian intervino.

Querida Anne. – dijo la mujer con sus tonos refinados acercándose a la morena.

Vivian, lo lamento, es solo que la ineptitud de la gente me saca de mis casillas.

Claro querida, dime, ¿Cuál es el problema?

Algún inepto en el corporativo se equivocó y han hecho llegar a la tienda la notificación de que mis cuentas de crédito son canceladas, sabes bien que eso es un error monumental.

Lo entiendo querida, pero no vale la pena discutir. James, ponga en mi cuenta lo que la señora Andrew quiere llevar, no tiene caso pasar un rato desagradable.

Por supuesto Lady Vivian. – le respondió el encargado mientras sonreía discretamente a la mujer mayor.

Vivian, no es necesario…

No te preocupes por ello querida, permíteme presentarte a mi amiga, Rose…

¿Rose? – preguntó la morena viendo con desdén a la hermosa pelirroja vestida de negro que tenía frente a ella, esperaba un apellido, por supuesto, o tal vez era una de las famosas obras de caridad de Vivian.

Lady Rose Grandchester, Marquesa de Northhampton. – dijo la pelirroja con aplomo, sin amilanarse ante la mirada despectiva de la morena, y pudo ver como en segundos su mirada se transformó ante el título.

Lady Grandchester.

Me temo que Lady Grandchester es la duquesa, Lady Rose, será suficiente. – le dijo con el tono preciso de altanería que un noble usa con un plebeyo, después de todo los Cornwell no tenían ningún título, todos eran de William Andrew. Vaya que los orgullosos Andrew habían caído bajo si esta mujercita insignificante, capaz de dar semejante espectáculo era la futura matriarca.

Un placer conocerla mi lady. – respondió Anne conociendo perfectamente su lugar. – ha sido un gusto saludarlas, Vivian, mandaré a mi mensajero más tarde a tu casa. –

Por supuesto querida, no te preocupes, espero que pronto se arregle el mal entendido. –

La conversación hubiese terminado ahí, pero en ese momento un pequeño de cabellos castaño claro y enormes ojos azules entraba a la tienda seguido de su haya, vestía a la usanza inglesa, pantalones cortos, y calcetas largas, denotando que era un niño de clase alta, se acercó a Anne y le extendió los brazos.

Mami – el pequeño debía tener unos cuatro años, y era la viva imagen de su padre. Algo debía haberlo molestado, porque lloraba desconsoladamente.

Rose no pudo evitarlo y se inclinó a saludarlo, mientras sacaba de su bolso una pequeña paleta que solía ser su soborno con Alexander.

Hola pequeño, ¿cómo te llamas? –

Stear… - respondió él con voz quebrada mientras tomaba la paleta que la pelirroja le ofrecía.

Allistear Andrew. Heredero del patriarca. – dijo su madre.

Mucho gusto Stear, ¿Por qué lloras? – preguntó Rose ignorando a la petulante mujer.

Me caí. – le respondió el pequeño enseñándole un rasguño casi imperceptible.

Rose tomó un pañuelo de su bolso y lo anudó en la rodilla del pequeño, para después besar sus dedos y depositar ese beso en la rodilla del pequeño.

De seguro ahora estarás mejor. – le dijo la joven en gaélico, sabía bien que como heredero de los Andrew debía hablarlo.

Gracias… - le dijo el pequeño.

Me llamo Rose, fue un placer conocerte pequeño. –

Gracias Rose. –

Rose se irguió y enfrentó la mirada azul que no se había apartado de ella en ningún momento.

Tengo un pequeño, un par de años mayor que Stear. - dijo por toda aclaración

Lo entiendo lady Rose, solo recordaba… nunca he sido buena con los niños, pero mi hermana lo era. – le dijo la morena observando esos ojos verdes tan parecidos a los de ella… se sintió perturbada, de pronto fue consciente del escándalo que había protagonizado, y del hecho que era perfectamente incapaz de consolar a su propio hijo. – Permiso, debemos retirarnos, pronto será hora de la siesta… y los infiernos arderán si Allistear no está a tiempo en su cama. –

¿Se pone malhumorado? – preguntó Vivian

No, Madame Elroy cree que la estructura, y los horarios son imprescindibles para la formación del futuro patriarca, así que debo irme, gracias Vivian, Lady Rose, espero podamos tomar el té en otra ocasión. – en un abrir y cerrar de ojos Anne Cornwell había desaparecido.

¿Qué fue todo eso? – preguntó Rose curiosa.

Dicen que William Andrew se cansó de verla derrochar el dinero de los Andrew, y ha ordenado que sus líneas de crédito sean canceladas. Y en cuanto al pequeño, su educación la tiene Elroy Andrew en realidad, Elroy lo adora, Anne, no ha podido producir otro heredero, con Allistear, y Anthony muertos, y con William decidido a ser el eterno viudo, no hay mucho que se pueda hacer que proteger al pequeño retoño aún de su madre. Pero ven, vayamos a lo que venimos.

Rose siguió a Vivian, pero su mente estaba en otro lado, en el inalcanzable William Andrew, aún recordaba la noche anterior, ese perfecto hombre, que derrochaba masculinidad, con quien había tenido el placer de besarse… sus labios tenían cerca de siete años de no probar otros labios, y sin duda, jamás había probado otros iguales, y por un momento se preguntó si ella podría borrar el recuerdo de Evelyn Vanderbilt Andrew, de la mente del hombre que había invadido su boca con su exquisita lengua, y recorrido sus curvas de mujer con sus cálidas manos, antes de que su atrevimiento la hiciera entrar en pánico, y le diera un mordisco para salir huyendo del lugar más excitante del mundo, sus brazos.