Disclaimer: El siguiente capítulo contiene escenas fuertes, y hay cosas que quisiera tuvieran en mente mientras leen. Nuestro mundo y sociedad son diferentes a la sociedad de principios de 1900 en la que está ambientada esta historia, bien que mal como mujeres hemos recorrido un buen tramo, y hoy tenemos privilegios y posibilidades que en ese entonces no tenían, hoy precisamente leía una entrevista hecha a Meryl Streep, dónde ella cuenta que hasta la época en que encontraba estudiando su postgrado un banco le concedió una tarjeta de crédito, sin al necesidad de que un hombre, familiar suyo firmara por ella, no estoy muy segura, pero calculo que es una mujer en sus 70s, y mas o menos pensando que tendría unos 25, estamos hablando de 1974 más o menos, ¿cuánto más antes de 1920?

En este escenario, Candy es una chica joven, huérfana, que entregó lo único valioso que una mujer tenía en ese entonces, su moneda de cambio, su virtud, y ahora se encuentra embarazada. Existen historias de jóvenes obligadas a dar a sus bebés en adopción por sus padres, un esposo podía internar en un psiquiátrico a su mujer, por histérica, y un sinfín más de cosas que el día de hoy nos parecerían una locura, pero, golpear a su mujer en ese entonces era aceptable, e incluso era visto, como el deber de un hombre, para educar a su mujer, los hijos eran propiedad del hombre, al igual que la mujer, no se conocía el concepto de violación dentro del matrimonio, y la mujer le debía obediencia a su esposo. La mujer no era reconocida como un ser con derechos, sino como ciudadano de segunda clase.

También debemos tener claro que nuestros valores culturales han variado y por ello no podemos leer el pasado con ellos. Es necesario leer las épocas pasadas como hijas de su propio tiempo, contexto histórico, social, político, económico, así como a través de los valores que que les permitieron ser lo que fueron.

Las luchas por los derechos de las mujeres, las minorías, el reconocimiento de los niños como ciudadanos con derechos y deberes, hace que en nuestra visión del mundo sea inaceptable una serie de situaciones que a la luz de otros contextos y la vida cotidiana del pasado, nos son ajenas, extrañas, e incluso bárbaras, pero debemos recordar que una sociedad se debe leer con la perspectiva de sus sistemas políticos, valores culturales, y cosmovisión, de lo contrario caemos no solo en anacronismos, sino que nos resulta imposible comprender ciertos hechos históricos, tales como el incesto en las civilizaciones antiguas (Egipto), y la conformación de la sociedad occidental a partir del sistema patriarcal y la idea de superar la barbarie y así alcanzar el sueño de civilización, el orden y el progreso, a la luz de nuestro contexto, de pleno siglo XXI es imposible explicar nada de lo anteriormente mencionado.

Por eso hago un llamado a ser conscientes del contexto histórico en el que se sitúa la historia, la primera mitad del siglo XX, previo al derecho al voto por parte de las mujeres en EUA y Reino Unido, la revolución sexual y cultural de la década de 1960.

Así mismo debemos recordar que Candy fue educada por monjas, a inicios del siglo XX, en la época previa a los cambios generados por la Gran Guerra, y la crisis económica de 1929, las luchas obreras y por los derechos de las mujeres con las que se logran romper algunas estructuras de larga duración, que permiten la configuración del mundo de la posguerra que daría frutos hasta la década de los 60s y en el caso de las mujeres hasta 1970.

En resumen, los derechos de los que hoy gozamos son producto de un legado de luchas históricas, a decir verdad, aún queda mucho por lograr en muchos lugares del mundo, en la búsqueda de la igualdad de género, el reconocimiento no solo de las mujeres, sino de los grupos históricamente marginados.

Creo que después de todo lo mencionado se dan una idea de que es lo que leerán, sin embargo, quiero aclarar, que lo que he escrito, no es lo que creo del personaje masculino de este capítulo, las que me han leído antes, saben bien, que no suelo satanizarlo, ni pensar lo peor de él, incluso, me han acusado de terryfan por el buen trato e imagen que le he dado antes, sin embargo, esta historia así la imaginé, y solo con ese propósito es que escribo.

Agradezco su apoyo, comprensión, y las animo a leer con una mente no abierta, sino situada en el contexto histórico y cultural correcto.

Un abrazo.

Key Ag.

PS Thanks C, luv ya.

YNTE

Capítulo 13.

Chicago Tribune, Sección de Sociales. Junio 1917.

Uno de los secretos más grandes de las familias aristocráticas y poderosas ha salido a la luz. Por años la misteriosa imagen del señor William Albert Andrew ha sido motivo de interrogantes tanto para la alta sociedad, como para el mundo de los negocios.

Mucho se rumoró sobre una posible enfermedad, deformidad, demencia, o bien edad extremadamente avanzada. Famoso por su excentricidad en su vida personal y familiar, con una impecable reputación en los negocios y don de Midas en sus inversiones, William Albert Andrew se convirtió en un personaje de proporciones legendarias a lo largo de los años, dado su carácter ermitaño y gran fortuna personal (uno de los pocos billonarios de la época y catalogado como uno de los hombres más ricos del mundo).

La gran sorpresa es que él hombre detrás del título de patriarca de los Andrew, no es un venerable nonagenario (como muchos creímos, dado el gran poder que tiene dentro de la poderosa familia Andrew y como patriarca de uno de los clanes más tradicionales y antiguos de Escocia), sino un extremadamente apuesto joven de 25 años, con cabellera rubia, ojos azul cielo, rostro de dios griego, cuerpo de atleta olímpico y porte de fino caballero.

Él joven billonario, es el encargado de comandar una de las fortunas más cuantiosas de los últimos tiempos que incluye propiedades de lujo y valor histórico en cada uno de los continentes del mundo, acciones en los bancos más importantes de Europa y Norteamérica, inversiones en la industria del acero, el petróleo, así como minas de carbón, oro y diamantes además de ser dueño de grandes industrias agrícolas en todo el país y Latinoamérica William Albert Andrew se revela sin duda como el soltero más codiciado de nuestros tiempos y como uno de los hombres más apuestos que verá nuestra generación.

El banderazo de salida ha sido dado, y la carrera por la conquista del joven patriarca de los Andrew ha comenzado, aunque la familia se mantiene con perfil por el momento, debido a la partida de uno de sus jóvenes miembros a la guerra, sin duda habrá algún evento social en el que deba participar y entonces podremos gozar de la agraciada presencia del fabuloso magnate.

Terry observó la foto de un impecable William Andrew que estaba en la primera plana de todos los diarios importantes del país y NYC, vestido con traje a la medida, y mirada seria, a la vez tomó la carta que había llegado el día anterior, su mano izquierda se apretó en un puño hasta que los nudillos se volvieron blancos y se preguntó dos cosas, la primera, ¿cómo diablos era que un simple cuidador de animales en Londres tenía una doble vida y resultaba ser un hombre tan vulgarmente rico?, y la segunda ¿cómo era que William Andrew sabía que Candy estaba embarazada? y además, se atrevía a darle ultimátum acerca de su relación con ella, si él no era uno de sus criados, súbditos y mucho menos un adolescente, que pretendía ese malnacido que una vez fue su amigo, tratándolo como un chiquillo y poniendo en duda su honorabilidad.

En ese momento estuvo seguro de que había sido la misma Candy quien se lo había confesado y además le había pedido que intercediera por ella, pero ¿con qué fin?, ¿comprometerlo? o ¿simplemente pedirle que la ayudara a dejarlo? Estaba seguro que en todos estos meses que fue su amante había cortado toda relación y trato con ellos, con los Andrew y con sus madres en el hogar de Ponny, el mismo había sugerido la importancia de mantener su relación lo más privada y ajena a cualquier intromisión del mundo exterior dado el abolengo de ellos, sin contar que las veces que revisó la correspondencia de ella no había cartas para ellos.

Además, Candy simplemente ya no hablaba de ellos de los Andrew y mucho menos de Albert y solo reflejaba una profunda tristeza en la mirada cada vez que los recordaba de manera involuntaria o como parte de sus ya cotidianas discusiones, que en honor a la verdad ya lo tenían harto, hastiado y solo quería que las cosas volvieran a ser justamente como tres meses antes.

Pero … ahora resultaba, que debido a ese maldito embarazo, ella había dejado de obedecerle y en vez de eso lo había traicionado y habiendo estado de gira, no podía estar seguro desde cuando habían restablecido su supuesta "amistad", tal vez ahora, sabiendo quien era en verdad el vagabundo sin memoria que vivía con ella en Chicago, había decidido dejarlo a él, al gran actor, sensación de Broadway y desvelo de más de una mujer, Terry Grandchester, para darle un padre a su hijo, ante la negativa de él de tener a ese hijo, ella su Candy ahora si podría sentir que había un futuro. No, eso jamás, no podía permitir que ese par se salieran con la suya y le vieran la cara de imbécil, además, tampoco podía estar seguro qué no habían dormido juntos ya, en un mes pueden pasar muchas cosas.

No le gustaba sentirse acorralado, así como tampoco le gustaba que le dijeran qué hacer con su vida sentimental, privada y con sus mujeres, por esa justa razón no se había comprometido con Susana después de su accidente, porque no le gustaba que lo manipularan, odiaba que lo manejaran como un muñeco, no se lo había permitido a su padre en su momento, ni a su madre al llegar a NYC, mucho menos a ese aparecido nuevo rico, ¿qué se había creído ese tal William? ¿qué era Terruce Grandcherter, un crío, no señor, él era todo un hombre, famoso, reconocido, si, un hombre de mundo, que no estaba dispuesto a dejarse manipular por un apellido, que así renegara de él, también él lo tenía, no en vano era un Grandchester, criado como noble, hijo de un duque, con dinero, tradición y muchos contactos.

Y en últimas si Candy se había comportado como una zorra con él desde la primera noche y había olvidado la educación impartida por las monjas del hogar y por la honorable familia Andrew, no era necesariamente su problema, sino de ella, de su falta de principios, la habían pasado bien en la cama y nunca la escuchó quejarse de todo lo que pasó entre ellos y que es normal en una pareja de amantes que disfrutan de sus cuerpos a placer.

Si lo pensaba bien, si Candy hubiera hecho lo correcto y se hubiera dado a respetar, bien podrían estar en este momento casados, porque las ganas de poseerla lo habían enloquecido desde que la vio bajarse del tren, sentía que la sangre le hervía y que despertaba cierta parte de su anatomía que no podía simplemente calmar.

Pero ella simplemente se entregó a él esa primera noche y lo lógico era seguir disfrutando del placer recién descubierto, claro, no es que nunca hubiese pensado en casarse con Candy, pero, después de Romeo y Julieta y de lo bien que le iba en la compañía Stradford no podía dejar su soltería, casarse no estaba en sus planes inmediatos y tampoco lo estaba tener un bebé, ser padre… y por otro lado sentía que cada día la perdía un poco más, sí es que alguna vez en realidad había sido suya… ¿cuáles eran las opciones?

Esa carta de parte de William era ciertamente un ultimátum, y si esperaba a que él llegara, las circunstancias no estarían propiamente de su lado, William dejaba claro qué si Candy quería casarse con él, eso era precisamente lo que se iba asegurar que sucediera… pero … ¿en verdad en este punto y con una relación tan deteriorada querría Candy casarse con él?, no podía ignorar ni borrar de su mente la mirada dolida de ella en los últimos encuentros, sus grandes ojos color esmeralda inundados en lágrimas, pero no solo había dolor, Terry había visto en su mirada, mucho más que solo dolor, había habido enojo, frustración, decepción… y odio… nunca pensó que podría ver en la mirada de su pecosa tanto odio hacia él, ella simplemente lo amaba, pero así mismo lo odiaba con toda su alma.

Sí William le iba a preguntar a Candy si quería casarse con él, seguramente la respuesta sería no, y entonces, ¿qué haría el poderoso patriarca de los Andrew al saberla deshonrada y embarazada?, la obligaría a contraer nupcias contra su voluntad para salvar su honra y el nombre de la honorable familia Andrew, se atrevería a obligarla también a ella, finalmente, era un hombre de negocios, para el cual perder no era una opción y "negociar" la mejor arma.

La única forma de salvar la honra de su protegida sería a través de un matrimonio convenientemente arreglado con alguien dispuesto a hacerlo, ya fuera por dinero o por amor, así las cosas, solo quedaban dos opciones a considerar, una el elegante engreído de su primo Archi y dos, él mismo, el mismísimo William en persona, pero, por otro lado, Albert jamás la forzaría estar con alguien contra su voluntad y si ellos ya habían vivido juntos en Chicago, no les quedaría difícil arreglar un matrimonio entre ellos, de pronto, la ira corrió por sus venas, sintió como su estómago se contraía ante lo que era más que evidente, si Candy lo rechazaba, William Andrew se casaría con ella.

Terry conocía de sobra el carácter noble, y honorable del rubio, además, estaba seguro de que él sentía por ella mucho más de lo que se había atrevido a admitir, cómo un pobre diablo sin memoria, pero ahora, no había nada que lo detuviera, tenía el dinero, los contactos y el poder suficiente sobre Candy para convertirla en la respetada Sra. Andrew y sin dudarlo si quiera un segundo adoptaría a su hijo y le daría el apellido y todo el respaldo de la familia y claro, el jamás podría volver acercarse a la pecosa, ni volvería a hacerla suya, a sentir sus labios, su piel, su intimidad.

Terry había visto desde sus tiempos en Londres el brillo en la mirada de Albert cuando ella estaba cerca, así como su cuidado y detalles para ella, lo cual su intuición de hombre le revelaba como amor, pero haciendo honor a la verdad, el corazón de la pecosa siempre había sido suyo y eso era lo único que el poderoso William Andrew no podría aspirar de Candy, su amor, ese por derecho le pertenecía a él y a nadie más.

Terry Grandchester no podía arriesgarse a perder a Candy, ella era suya, él la había hecho mujer, su mujer, a decir verdad y, ella era la única que podría ser la futura madre de sus hijos, tal vez no de este (era demasiado pronto para ser padre, demasiado inconveniente por ahora con todo lo que debía solucionar con Susana y Karen, y si, no era conveniente para su próspera y naciente carrera una esposa y menos un hijo), pero algún día deseaba tenerlos en el seno de un hogar, con una buena mujer, abnegada, obediente, hermosa y completamente entregada a él y en ese sentido, la pecosa era ninguna otra de sus conquistas, ella reunía todos los requisitos que un hombre buscaba en su mujer, era hermosa, divertida, cálida, sencilla, lo adoraba, veneraba la tierra que él pisaba y siendo realistas, ni Susana, ni Karen, ni las demás …. eran material para esposa (demasiado liberales con su sexualidad y a ninguna la había conocido doncella), mientras que para Candy él había sido su primer hombre y se encargaría de ser el único, siempre, y tomando en cuenta la cuantiosa suma que seguramente sería su dote, y lo prestigioso que sería estar casado con una Andrew, tenía que hacer algo, porque ese matrimonio se diera bajo sus términos.

Salió de su departamento aún pensando cuál sería la mejor manera de convencerla, y hacerla entender, que, si bien casarse podía ahora entrar en sus planes, seguía pensando que un hijo, una imagen de padre sería nada conveniente para su carrera… y con sus fanáticas que lo adoraban justamente por su libertad, rebeldía y aire conquistador.

Se detuvo a comprar un ramo de rosas rojas, y manejó hasta la casa en las afueras de la ciudad, llegando justo al mismo tiempo que el cartero, quien lo saludó amablemente, y le entregó el correo, Terry tomó el sobre que le extendía, y esperó a que el hombre se fuera, miró quien era el remitente, dado que Candy tenía prohibido recibir correspondencia y relacionarse de cualquier forma con alguien en la ciudad, salvo con su madre, siendo que era peligroso para el buen nombre de ella y por su puesto para su exitosa carrera actoral, lo abrió sin ceremonia alguna, leyó el contenido de la carta, guardó el dinero en su bolsillo, no le daría a ella los medios para abandonarlo y sintió cómo en ese instante todo su buen humor se esfumaba, tomó el sobre y lo guardó en su bolsillo interior y se dispuso a imponerle a Candy el matrimonio a costa de su hijo, claro que Candy sería su esposa, pero a cambio debía tomar decisiones sobre ese hijo.

Entró en la casa, decidido, aún con el ramo de rosas en sus manos, la buscó en la planta baja, que estaba vacía y oscura, y no encontrándola, salió al jardín, tampoco estaba, y aunque la había llamado cuando llegó, ella no había respondido, su corazón se aceleró, entrando en pánico, ¿y sí ella ya se había ido? Subió de dos en dos las escaleras, y entró a la habitación que también estaba vacía, se sentía el calor del mes de junio acumulándose en la habitación, las cortinas estaban inmóviles, aun cuando, las ventanas estaban abiertas de par en par, abrió el closet y vio que toda su ropa estaba aún ahí, pero se dio cuenta que la maleta de ella estaba en el fondo del closet, y no en la buhardilla, donde el mismo la había guardado meses atrás.

La puerta principal se abrió y él escuchó ruido en la planta baja, se asomó por el barandal de la escalera, y la vio entrar, llevaba un sencillo vestido de verano en color azul claro, su joven figura aún no revelaba evidencia de su embarazo, solo la curva de su pecho era significativamente más pronunciada, sus mejillas se encontraban sonrojadas por el calor, y él se dio cuenta, que ella no se había percatado de su presencia aún, ya que él había guardado el auto en el garaje, y cerrado la puerta del mismo.

Candy llegó a la que por ahora era su casa, pero en donde en realidad no soportaba estar, pasaba encerrada por mucho tiempo, siendo gregaria por naturaleza, esos meses de soledad habían hecho mella en su ánimo, y muchas veces no se había levantado de la cama hasta después del mediodía, sin embargo, como enfermera, era consciente de que debía mantenerse saludable, y se obligaba a levantarse, desayunar algo, e ir a dar un paseo, el ejercicio la ayudaba a aclarar su mente, el verde de la naturaleza la reconectaba con su antigua forma de ser, y por supuesto, su mente vagaba de regreso a Lakewood, su amado Lakewood, los días en el San Pablo, Escocia, la colina de Pony, y su amado y misterioso príncipe de la colina.

Ahora, sus días de felicidad parecían tan lejanos, y ajenos a la mujer que miraba cada mañana en el espejo, estaba consciente de que su mirada no brillaba como antes, y que sus facciones se veían un poco más afiladas cada día, sus ojos estaban rodeados por profundas ojeras, y una seriedad que antes no había conocido la había tomado presa.

No había visto a Terry desde ese terrible día en el que habían discutido, él se había ido de gira, Eleanor tampoco se encontraba en la ciudad, y Candy había comenzado a preguntarse, sí esa discusión sería el último encuentro entre ellos, esperaba con ansias la carta de Annie, para poder irse en cuanto su hermana, que de seguro no la dejaría sola le ayudara, aún no estaba segura de a donde iría, una parte de ella quería regresar a Chicago, al lado de Albert, sabía que él no la dejaría sola… pero no podrían quedarse ahí, tendrían que ir a algún otro lugar, y se preguntaba si no estaba siendo egoísta al pensar en arrastrarlo con ella en su desventura.

No tenía con quien hablar, Eleanor había estado de gira también, y aunque la había invitado a ir con ella, Candy había declinado la invitación, no sabía como decirle todo lo que estaba pasando.

Entró en la cocina para servirse un vaso de agua, y distinguió un aroma diferente flotando en el aire, era una fragancia que antes había acelerado su corazón, pero hoy, la hizo sentir una arcada, como si el pequeño que crecía dentro de ella se lamentara por el rechazo del hombre que debía luchar por su vida, no querer condenarlo a su muerte. Vació el magro contenido de su estomago en la tarja para lavar platos, las lágrimas corrían por sus mejillas ante el esfuerzo, y de pronto sintió una mano sobre su hombro.

Pecosa… ¿estás bien?

Ella no respondió, porque otra arcada le sobrevino, y sintió como su corazón se encogía, el suave roce de su mano había sido inesperado, y el tono casi de preocupación le hizo tener un poco de esperanza, tal vez no todo estaba perdido, tal vez, Terry había recapacitado, exorcizado sus demonios, y caído en cuenta de que lo que le había pedido era una aberración.

Cuando ella terminó, le pasó una servilleta y un vaso de agua, ella enjuagó su boca y limpió sus labios, antes de erguirse y voltear a ver al guapo hombre cuya vista aún le quitaba el aliento, y que ahora estaba recargado en el dintel de la puerta de la cocina, con los brazos cruzados, observándola detenidamente, Candy conocía a Terry lo suficiente como para leer en sus ojos la duda y la incertidumbre, los inicios de la tormenta, que con cualquier paso en falso podría desencadenarse.

Terry, tanto tiempo. – Candy estaba decidida a no mostrarse débil, ya había sido demasiado débil, ahora, sería fuerte, le dejaría claro como serían las cosas, no iba a ceder, haría lo que fuera por el bebé que crecía dentro de ella.

La voz fría de ella hizo que los nubarrones que ya se cernían en el temperamento del actor se oscurecieran un poco más, él había esperado encontrarla triste, devastada, enferma de soledad, pero en vez de eso, la pequeña mujer que tenía frente a él, ahora un poco más frágil, seguramente por las náuseas matutinas, se erguía orgullosamente, y su mirada era combativa.

Estaba de gira, pero confío que nada te faltó en mi ausencia. –

No, el chofer de tú madre vino cada semana con provisiones. –

Bien, ¿tuviste tiempo de reflexionar?

Cuando uno está solo no le quedan más opciones. ¿A qué viniste?

A verte, ¿acaso no soy bien recibido?

No lo sé, todo depende a que hayas venido.

A hablar contigo por supuesto, a visitar a mi novia después de un mes de ausencia, porque esperaba que me extrañara, pero al parecer he sido un iluso y ya has encontrado un reemplazo para mí. – le dijo en tono amargo, que presagiaba mal tiempo.

No empieces con tus celos Terry, que no hay razón para ellos, me he pasado un mes hablando conmigo misma, un mes en el que las paredes de la casa parecían colapsarse sobre mí, en el que las noches se antojaban eternas, y la certeza de que podía desaparecer de la faz de la tierra, y nadie me echaría de menos se volvió asfixiante. – el tono de ella era cansado, condescendiente, el tono que uno utiliza cuando quiere aplacar a un niño berrinchudo, o cuando teme una explosión.

El tono de voz de ella en vez de calmarlo lo hizo enojar más, el poco autocontrol que tenía se esfumaba con cada palabra de ella.

¿Así que has estado muy sola? ¿no será que has aprovechado mi ausencia, para restablecer vínculos antiguos?

No tengo idea de que hablas o de que me acusas, si quieres una respuesta tienes que hablarme claro.

Candy clavó su mirada en la de él, Terry pudo leer determinación, y decidió cambiar de estrategia.

Candy, he venido porque iremos al juzgado para conseguir una licencia de matrimonio, vístete, vamos a salir.

La afirmación la tomó por sorpresa, Terry estaba dispuesto a casarse… pero… ¿qué habían sido todas esas acusaciones veladas? Eso no era una declaración de amor, ¿qué había de Karen y Susana? ¿qué sería de su hijo? No era tonta, conocía de sobra que sus derechos serían inexistentes sobre ese bebé una vez casada con él.

¿Has cambiado de opinión?

Es más que evidente, puesto que estoy diciéndote que nos casaremos.

Bien, ¿qué fecha debo informar a mis madres?, a…

¡Demonios Candy! no estoy hablando de una boda con fiesta, y demás, estoy hablando de ir al juzgado y hacerlo de ser posible mañana mismo.

¿Porqué?

Ahora me cuestionas, ¿acaso no es eso lo que me has pedido por meses?

Sí, pero nunca estuviste dispuesto, ¿qué cambió?

Soy un caballero, y siempre fue mi intención casarme contigo.

Así que has arreglado las cosas con tus amantes con Susana y con Karen…

Candy, llegué ayer de gira y Karen… Karen sabe perfectamente cual ha sido su papel en todo esto, ella no es ninguna niña, Susana, ella no podrá hacer nada frente a nuestro matrimonio, ella es ahora una aspirante a actriz, lisiada y se tendrá que resignar con la pensión que pase por su invalidez, pero casarme con una mujer que no me puede dar nada, jamás, ella sabe que no lo pienso hacer. Además, creo que tu padre podría pagar una suma generosa por su silencio y su atención médica, ¿no lo crees lo más lógico?

La evidente desfachatez de la situación comenzaba a encender el temperamento de la rubia.

Así que nos casamos mañana, sin testigos, sin mi familia, y supongo regresaremos a vivir aquí.

Bueno, debo mantener el departamento…

Jajajajaja – la risa irónica la tomó por sorpresa.

¿Se puede saber de qué te ríes?

¿Crees que soy estúpida? Me estás ofreciendo matrimonio para calmarme, para callarme, para atarme a tú lado, pero en todo lo que acabas de decir no ha habido ni una sola palabra de arrepentimiento, mucho menos de amor y menos el deseo de tener una familia con mi hijo, nuestro hijo. Dime, ¿cómo piensas obtener el permiso de los Andrew? Olvidas que soy menor de edad.

Habías renunciado al apellido, ¿no?

En una carta a la tía, pero los tramites nunca se hicieron, para efectos prácticos sigo siendo una Andrew y el tío abuelo…

Jajajajaja, el tío abuelo, suelta la mascarada, dilo, di su nombre, dime como te enteró de la noticia, ¿acaso vino a verte? – la sonrisa sardónica y la mirada acusadora la sorprendieron.

El tío abuelo William jamás, ha venido a verme, y no sé de qué noticia hablas…

Querida pecosa, o bien, eres excelente actriz, y en ese caso debería conseguirte una audición con Robert, o en verdad no lo sabes aún.

Terry, no se de que hablas, no podemos casarnos sin el permiso de los Andrew… pero si les escribes y les explicas…

Les explico, que nos amamos con locura…

Sí les explicas que tendremos un hijo…

Candy, te estoy pidiendo matrimonio, pero no estoy dispuesto a ser padre por ahora…

Candy lo miró incrédula, había algo más, algo lo orillaba a pedirle matrimonio, eso era más que claro. Además, su hijo no era negociable.

No Terry, no me casaré contigo.

Porque estás esperando que el venga por ti. Para eso te mandó el dinero la llorona supongo, para encontrarse en algún punto con tu "amante", jamás, Candy White, jamás vas a dejarme.

No era una pregunta, sino una acusación directa. Y Candy seguía sin entender. Pretendió salir de la cocina, estaba cansada, dolida, y segura de que no valía la pena seguir discutiendo, pero él seguía en la puerta, tomó su muñeca y la retuvo.

Suéltame, no te atrevas a tocarme jamás, me das asco, te desprecio, todo tu solo me hace sentir repulsión, eres un maldito, tu soberbia te ciega, ya no sabes ni lo que dices, y yo estoy tan cansada de todo esto, de esta maldita casa, de ser tu amante y de esta estúpida vida que tenemos supuestamente juntos, Terry estoy cansada de ti.

Ya ves, que no me equivocaba sé que quieres abandonarme. – le dijo mientras le restregaba con rabia y en la cara el sobre con la carta de Annie y no lo permitiré jamás, eres mía, solo mía y así sea a la fuerza tendrás que amarme, recibirme en tu cama y ser mi mujer, estas deshonrada y en este momento solo yo puedo salvarte de esta miserable vida que dices llevar, escúchame bien, soy tu única alternativa y vas a ser mi esposa, por las buenas o por las malas, vas a ser mi mujer…. No me provoques Candice White, tu todavía no me conoces.

Candy tomó la carta que cayó al piso y los ojos se le llenaron de lágrimas de dolor ante las palabras de su hermana, ante la impotencia y en parte por la verdad que contenían las palabras de Annie y las que Terry le gritaba sin ninguna consideración a la cara, ella, que había sido tan estúpida de entregar su virtud a un hombre, del que creía estar completamente enamorada y en vez de ser feliz a su lado, solo recibió a cambio desprecio, dolor, desconfianza y un profundo desamor, lloraba de rabia, de impotencia, no solo porque él había abierto su carta, le había robado el dinero, sino porque pese a que no la amaba y despreciaba a su hijo, se había encaprichado en mantenerla a su lado, en hacerle pagar el pecado de haberlo amado incondicionalmente y el crimen que para él significaba hacerlo padre.

¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES DE MI MALDITO IDIOTA?! ¿Con qué derecho abres mi correo? ¿Qué pretendes hacer con una mujer deshonrada y sin valor para ti? Y ¿dónde está el dinero que dice Annie haberme enviado?, ¿lo tomaste?, ¿con qué derecho maldito infeliz?, ese dinero es mío, lo necesito para alejarme para siempre de ti, para salvar a mi hijo de un padre que lo desprecia, desgraciado egoísta. - gritaba Candy enfurecida.

ENTONCES TENGO RAZÓN, ¡Vas a huir con él! – le dijo tomándola por los hombros y sacudiéndola con una fuerza desmedida, que la hizo sentir miedo por ella y por su hijo, después de todo su embarazo era delicado y Terry empezaba a ser brusco, sabía que él solía ser agresivo, descontrolado e impulsivo, pero ilusamente creía que ella podía controlarlo, que en sus brazos siempre podía calmarlo, qué equivocada había estado, debía huir por ella y por su hijo, debía alejarse para siempre de él.

No sé de que hablas – dijo Candy en un tono apenas controlado - No sé quien es "Él", estás tan mal, actúas con maldad y por eso la ves en todos lados, ahora no se de que me hablas y por supuesto que me marcho porque tú no quieres nada con nuestro hijo, me marcho porque no me amas, me marcho, porque ya me cansé de leer acerca de tus conquistas, de enterarme por todos los medios acerca de tu vida y obra, de ser un objeto más en tu vida, DE SER TU AMANTE, de compartirte con todas y de QUE ME TOMES CADA VES QUE TE DESEAS SACIAR TUS NECESIDADES DE HOMBRE, que no me respetes ni valores como mujer, de que juegues conmigo y CON LA VIDA DE MI HIJO, QUE ES SAGRADA PARA MI, YA QUE PARA TI NO LO ES. Terruce Grandchester, escúchame bien, JAMÁS PERMITIRÉ QUE HAGAS NADA EN CONTRA DE ÉL, PRIMERO MUERTA A QUE TOQUES A MI HIJO, ES MI HIJO Y LO DEFENDERÉ DE TI, DE SU PROPIO PADRE, DE SU PROPIA SANGRE, ERES UN MALDITO QUE LO HA DESPRECIADO DESDE ANTES DE NACER Y YO, CANDICE WHITE JAMÁS PODRÉ PERDONARTE ESTO, JAMÁS VOLVERÉ A TI, JAMÁS EN LO QUE ME QUEDE DE VIDA TE VOLVERÉ A MIRAR COMO HOMBRE, NO VALES NADA PARA MI Y MI HIJO JAMÁS SABRÁ QUE TIENE A UN DESGRACIADO COMO PADRE y si te soy completamente honesta, en este punto no me importa que te cases con Susana Marlowe, con Karen Kleiss o con cualquiera y sobre todo me marcho porque me doy cuenta que YA NO TE AMO, JAMÁS LO HICE, SOLO ESTABA OBNUBILADA CON EL GRAN TERRY, CON NUESTRA TRÁGICA HISTORIA DE LONDRES, CON LA IMAGEN DEL REBELDE DE BUEN CORAZÓN, PERO HOY QUE TE CONOZCO Y QUE HE VIVIDO CONTIGO, ME DOY CUENTA QUE ME ENTREGUÉ A UNA ILUSIÓN DE ADOLESCENTE Y QUE EL AMOR NO SE SIENTE COMO YO ME SIENTO CUANDO ESTOY CONTIGO. Déjame ir, no te estoy pidiendo nada, ni que me respondas, ni que veas por mi hijo, no queremos nada de ti, en este punto y seis meses después de conocernos como "pareja", me queda más que claro que me equivoqué, que debí haberme ido a la mañana siguiente que me entregué a ti, que debí haber sido una mujer de principios y jamás permitirte todo lo que hiciste conmigo y de mi, me desprecio por todo y me siento sucia, me traicioné a mi misma, mis creencias y todo lo que soy, y todo ¿porqué?, ¿por amor? Y al final de cuentas, ni siquiera valió la pena, sacaste de mí, mi peor versión Terry, a tu lado simplemente fracase como mujer, como ser humano, PERO… UNA COSA QUIERO QUE TE QUEDE CLARO, NO ESTOY DISPUESTA A PERDERME COMO MADRE, RENUNCIANDO A MI HIJO, NO VOY A PERMITIR QUE HAGAS CON ÉL, LO QUE HACE 17 AÑOS ALGUIEN HIZO CONMIGO, ESO SI QUE NO, TERRY, SOY HUÉRFANA Y NO VOY A HACER LO MISMO CON MI HIJO, NO VOY A DESHACERME DE ÉL NI POR TI, NI POR NINGÚN HOMBRE, NINGÚN HOMBRE MERECE ESE TIPO DE SACRIFICO Y QUE ME LO PIDAS NO SOLO ES INFAME, SINO QUE ME DEMUESTRA QUE NUNCA ME AMASTE, QUE ERES INCAPAZ DE AMAR A NADIE QUE NO SEA A TI MISMO, Y SI, ELIJO A MI HIJO ANTES QUE A TI, POR ESO ME VOY, solo lamento que lo más bello que tengo en la vida en este momento, me lo hayas dado tú, pero prefiero ser madre soltera por el resto de la vida que ser tu futura esposa con un gran apellido. En este punto y si me lo preguntas, estoy decepcionada de mi misma y de ti, de lo inmaduros que fuimos, de lo insensatos e imprudentes, no medimos consecuencias, no pensamos a futuro, solo nos entregamos al deseo, al capricho, al "amor y que obtuvimos de eso, solo desprecio, no te quiero odiar, pero no puedo tampoco evitarlo, en este punto no eres el hombre que creí que eras, no eres un caballero… -

Sus palabras fueron interrumpidas por la sonora bofetada que cruzó su rostro seguido un puño dado con fuerza en el rostro que la hizo irse de para atrás y llevarse la mano al rostro que ya sangraba de su labio inferior, recordó la primera vez que la golpeó, una tarde de verano en Escocia, no hacia tanto tiempo atrás, cuando él había hecho lo mismo porque ella lo había abofeteado por besarla a la fuerza, debía reconocer a la luz del hoy, que siempre había sido un abusivo, con sus compañeros en el San Pablo, con las hermanas del colegio y hasta con ella, pero dado el amor que le profesaba, siempre lo excuso dado su temperamento rebelde, que equivocada había estado, así que con toda la furia contenida le grito.

– Y DESPUÉS DE GOLPEARME CON TODA TU FUERZA, ¿QUE MÁS PIENSAS HACER, MALDITO ABUSIVO?, ¿ME VAS A MATAR?, ¿ME VAS A GOLPEAR HASTA QUE PIERDA EL BEBE?, ¿ ACASO ME VAS A ENCADENAR A TU CAMA PARA QUE NO ME MUEVA?, ¿QUÉ MÁS PIENSAS QUE PUEDES HACERME?, TE ODIO MÁS QUE NUNCA Y SI CREES QUE CON ESTO ME AMEDRENTAS UN POCO Y ME VAS A RETENER, NO ME CONOCES TERRUCE GRANDCHESTER, NO ME CONOCES. -

¡NO TE IRÁS! Eres mía, mi mujer, y no irás a otro lado a que mi hijo sea criado por alguien más…

Terry, tú no quieres un hijo, es absurdo, simplemente irracional… ¿además, que hombre aceptaría criar al hijo de otro?

WILLIAM ANDREW, él no te dirá que no, y por supuesto, le dará todo, con tal de tenerte para él, pero mi hijo no será un Andrew, y tú no serás su mujer, punto.

¡Estás borracho! Nada de lo que dices tiene sentido. VETE, Vete y olvídate de que existo, dame lo que sea que Annie mandó y déjame.

¡NO TE IRÁS! Nos casaremos.

NO PUEDES OBLIGARME.

Nos casaremos, y después iremos a la clínica a dónde van las actrices a hacerse cargo de estos problemas, pero como sé perfectamente lo escurridiza que eres, me voy a asegurar de que no vayas a hacer algo inconveniente. –

Candy no pudo reaccionar a tiempo, él la tomó en brazos, la llevó a la habitación y sin ceremonia alguna la dejó caer rudamente sobre la cama, Candy apenas pudo detenerse antes de golpearse con el filo de la mesa de noche, él no se detuvo, salió y cerró la puerta por fuera con llave, dejándola irremediablemente confinada en la habitación.

Candy sintió que su garganta se cerraba, la angustia, la impotencia, el dolor eran como una enorme mano que atenazaban su garganta, un grito infrahumano desgarró su garganta, el dolor en su pecho era insoportable, y el aire no lograba entrar en sus pulmones, las lágrimas calientes corrían por sus mejillas, Candy se dio cuenta de que sufría un ataque de pánico, que estaba sola, debía controlarse, con dificultad se arrodilló en el piso, sus manos apoyadas sobra la fría loza, tratando de recuperar la respiración, pero el ruido de sus jadeos cortaba el silencio, su delicado cuerpo se convulsionaba, estaba en un callejón sin salida, un péndulo marcaba las horas, y la vida de su pequeño corría peligro.

Pasó mucho tiempo antes de lograr calmarse, lloró y gritó hasta que no le quedaron más fuerzas, y entonces se derrumbó en el suelo, como una muñeca de trapo, con la mirada perdida, y sus manos sobre su vientre, tratando de entender, de pensar en una salida, en como escapar.

Por dos días nadie llegó, Candy era cada minuto más consciente, que bien podía quedarse ahí por siempre y nadie la buscaría, en la mañana del tercer día, ella dormitaba, el calor era insoportable, y no había comido nada en todo ese tiempo, procuraba no moverse demasiado, fantaseaba con la idea de bajar por la ventana, peor por primera vez tenía miedo, miedo de lastimarse, de caer, de perder a su bebé, pero si se quedaba ahí, también lo perdería.

Se puso de pie, todo daba vueltas, debía beber algo más de agua, se dirigió al baño, abrió el grifo, y dejó el agua correr, enjuagó su rostro, y bebió, había determinación una vez más, no tenía dinero, no tenía nada, pero eso nunca antes la había detenido, tenía que salir de ahí.

Buscó en su armario, preparó una maleta, se puso sus viejos overalls, buscó la forma de salir por la ventana, pero no había un árbol cerca, y cuando trató de destrabar la contraventana se dio cuenta que estaba atascada, aunque hiciera un atado con las cortinas, era imposible deshacerse de la contraventana de madera sólida y forja.

Pensó en aventar algo contra ella, hacerla desprenderse, había tomado la silla por el respaldo, y se disponía a golpear con todas sus fuerzas, cuando la puerta se abrió.

Terry la observó, su atuendo, la maleta lista, las cortinas atadas descolgadas y atadas junto con sábanas, y la sonrisa se borró de su rostro, dejó caer el ramo de flores que llevaba en la mano, había venido arrepentido, dispuesto a arreglar las cosas con ella, a hablar, a dialogar, a convencerla de que era necesario posponer ser padres, pero que quería seguir a su lado.

Candy lo miró desafiante, su labio estaba roto e hinchado, su pómulo mostraba un oscuro cardenal, tomó su maleta, y se dirigió a la puerta con la intención de salir, sin pensar en que estaban en las afueras, en que no tenía ni un cinco, ni que seguramente él podría retenerla, o que hubiese sido más fácil escapar desde la ciudad, pero no pensaba con claridad.

No te irás. – le dijo con un tono bajo y amenazador.

Ella no dijo nada y solo pretendió empujarlo para hacerlo a un lado, por supuesto, eso no era una posibilidad, la tomó por los hombros, ella lo golpeó con la rodilla, pero él no cedió, la abrazó fuertemente, tratando de contenerla, ella gritó, Terry trató de cubrir su boca, lo cual resultó en una mordida.

¡Déjame!

Terry la había soltado por un momento, ella salió corriendo… y él tras de ella.

Candy… Te amo, no puedes dejarme, tendremos más hijos, haremos nuestra vida después, solo necesito tiempo… - la mirada fría, y su rostro hinchado comenzaban a remorderle en la conciencia, así como el recordar que la había dejado encerrada sin comida o agua mpas que la del grifo, por dos días.

Candy sintió como la rabia la inundaba.

¡¿Cómo puedes decir eso?! Hay un aquí y un ahora, Terry, no puedo, déjame ir, y sé feliz. – Candy hizo todo lo necesario para mantener su tono calmado, de eso dependía su huída.

¡IRÁS A REVOLCARTE CON ÉL!, TE CONVERTIRÁ EN SU AMANTE, PORQUE NO PUEDE TENERTE COMO SU ESPOSA, NO AHORA QUE PONDRÍA EN DUDA EL HONOR DE SU FAMILIA, NO PUEDE DESPOSARTE, PORQUE EL PRIMOGÉNITO NO SERÍA UN ANDREW, Y EL PATRIARCA DE LOS ANDREW NECESITA UN PRIMOGÉNITO DE SU SANGRE…

¡Estás enfermo! El tío abuelo, es solo un buen hombre que me adoptó…

Jajajaja, te equivocas querida.

No me interesa hablar contigo.

Tú querido y amable tío abuelo, no es otro que Albert, el vagabundo con el que compartiste la casa, y seguramente la cama antes de venir a mis brazos.

¡¿Qué dices?!

¡FINGES INOCENCIA, ¡CONFIESA QUE LO AMAS!, ¡Y QUE VAS TRAS ÉL, CONFIESA QUE AHORA QUE NO ES UN POBRE DIABLO QUIERES REGRESAR A SU LADO, CONFIESA QUE LO AMAS!

Terry la había alcanzado en lo alto de las escaleras, la sacudió, mientras veía su cara de asombro, y como la luz iluminaba sus ojos.

¡Albert! – el tono de cariño, de amor, de anhelo, una entonación que hacia muchos meses que no escuchaba que ella usara con él, lo hizo enfurecer, él Terry Grandchester, no iba a mendigar amor nunca más, si quería largarse podía hacerlo.

¡LÁRGATE! – le gritó, mientras la empujaba escaleras abajo. Todo sucedió en una fracción de segundos, vio su cara de sorpresa, y de miedo, pero desapareció pronto, mientras rodaba escaleras abajo, hasta llegar al piso.

Un gemido de dolor, y luego silencio. Terry observó con horror lo que su ira había desencadenado, la observó tirada al pie de la escalera, cual muñeca de trapo, inanimada, mientras rojo comenzaba a teñir sus pantalones.

Terry, sintió terror, pánico por la vida de Candy y un poco de remordimiento por el hijo que ella esperaba y que le rogaba conservar para ella, aunque eso le costara salir para siempre de su vida.

Por primera vez en seis meses desde que la había hecho primero su mujer y luego su amante, sintió pena por ella, por su amada Candy, se sintió miserable y cruel, con lo único verdaderamente hermoso que le había pasado en la vida y se juró así mismo que si el destino le permitía vivir, simplemente ….