Hola, chicas, perdón por la tardanza, pero lo logramos en safe, aún es fin de semana... un abrazo.
C, como siempre tu ayuda es invaluable.
YNTE 14
Lakewood, 1917
El par de autos color negro eran conducidos lentamente por el camino rural, en uno iban los Andrew, y en el otro, Terry acompañado de su madre, y un par de fornidos choferes.
Eleanor volteó a ver de reojo a su hijo, su labio estaba roto, y su rostro amoratado, se notaba que estar sentado le causaba dolor, y tenía una leve cojera, su corazón de madre no podía dejar de condolerse por él, pero, tampoco podía borrar de su mente el rostro pálido, demacrado, e inmisericordemente castigado de la que alguna vez fuera una hermosa y feliz rubia. Estiró su mano, para tomar la de su hijo, pero este la retiró molesto.
Terry… -
No me hables en ese tono, ni me vengas con esa mirada compungida, que si en verdad te importara mi bienestar no hubieses venido sola, sino con la policía.
No sé que esperabas que sucediera Terry… William Andrew es un hombre con el que no se juega, y tú te atreviste a tocar a la niña de sus ojos… ellos son una familia poderosa…
Me secuestraron, y como podrás ver, no me trataron precisamente bien, y aún así, te empeñas en defenderlos. Sin embargo, no debería sorprenderme, siempre has sido una mala madre.
Terry… lo que hiciste no tiene nombre…
Lo que ellos hicieron tampoco, todo es su culpa, es culpa de William Andrew, por querer quitármela, ahora se llenan la boca de decir que son honorables, ella estaba sola, su honorable tía la había rechazado, y ahora resulta, que se quieren hacer las víctimas.
¿Te estás escuchando? ¿defiendes y justificas lo que le hiciste a esa pobre niña? ¿A tú propio hijo?
Yo no los maté, ella fue una zorra que pensaba fugarse, irse de mi lado, llevarse a mi hijo, y todo por ir a revolcarse con él, con Albert Andrew… la ambición le ganó a ella al final de día.
Eleanor podía ver la mandíbula de los hombres sentados en los asientos de enfrente tensarse, a pesar de que hablaban medio en susurros, estaban en el auto de los Andrew, y su hijo cada vez hablaba más fuerte, era claro que los dos hombres al frente no solo eran choferes, su corpulencia, y miradas adustas los delataban, la habían tratado a ella con amabilidad y deferencia, pero habían permanecido cerca de Terry en todo momento, al parecer, William Andrew, aún no terminaba con él.
Es tú culpa Eleanor, tú tenías que irle con el chisme, lo que sucedía debió permanecer como un asunto privado, eso es lo que era, un desacuerdo, entre mi mujer y yo…
Eleanor, lo volteó a ver incrédula, sentía como la furia y el desprecio corrían por sus venas, él era su hijo, su único hijo, y su corazón se hacía pedazos, pero como mujer, como mujer no podía pasar por alto lo que ese mal nacido le estaba diciendo, las imágenes de Candy golpeada, yaciendo en el suelo, las lágrimas corriendo por sus mejillas, los sollozos sacudiendo su frágil cuerpo…
Eleanor Baker se había arrastrado frente a Terry con tal de conseguir su perdón, lo había apoyado, y consecuentado, pero ya no más, no había mas culpa que expiar, más que la culpa de no haber salvado a Candy de su destino, pero para ella, Terry Grandchester estaba ahora más muerto que Candy y su pequeño… y sí Albert Andrew decidía terminar la tarea que sin duda había comenzado, ella no iba a interponerse, estaba consciente que lo que le habían hecho a Terry hasta el momento, era nada en comparación con lo que los hombres Andrew deseaban hacerle, y que sí se habían detenido por ahora, era porque así les había convenido.
El lujoso auto se detuvo ante la enorme mansión señorial, los hombres abrieron la puerta para ayudarla a descender, pero Eleanor había tomado ya una decisión, les pidió un momento a solas con su hijo, y ellos después de voltear a ver al patriarca de los Andrew en busca de su aprobación le concedieron unos minutos.
Terry, como madre, jamás podré dejar de amarte, pero, no te rogaré más, ni te buscaré más, soy culpable de mucho de lo que sucedió, debí apartarla de tú lado, debí protegerla, debí… debí hacer por ella lo que nadie hizo por mí, pero, tú padre, a pesar de todos sus errores, jamás fue tan canalla como tú. No se que ha decidido hacer Albert Andrew contigo, y ruego al cielo, que te deje con vida, porque de no ser así, irás directo al infierno… si regresas a New York, y decides reconocer tus errores, ahí estaré, pero mientras tanto, sé hombre, y reconoce, que eres responsable de la muerte de lo mejor que pudo haberte pasado en la vida, sé hombre, y deja de culpar a los demás…y sí sales con vida de está, arregla tus problemas, y reconoce que ni tú padre, ni los Andrew, ni yo, somos los culpables de la desgracia que acarreaste sobre ti… yo, yo no puedo más, para mí, es más que claro, que fallé monumentalmente como madre, jamás creí que pudieses ser tan poco hombre… para mí, hoy no solo enterré a mi nuera y a mi nieto, sino también a mi hijo… Dios tenga compasión de ti, porque dudo mucho que Albert Andrew vaya a tenerla.
ERES UNA MALNACIDA ELEANOR, UNA PERRA ES MEJOR MADRE QUE TÚ, LÁRGATE, LÁRGATE, Y NO ESPERES DE MÍ QUE VUELVA A BUSCARTE… - Terry estaba furioso, y pareciera que iba a perder los estribos, pero la puerta de su lado se abrió y un par de fuertes brazos lo sacaron del auto, un chofer diferente abordó el auto y condujo hacia la estación de trenes, Eleanor mantuvo su mirada al frente, aunque las lágrimas nublaban su vista, y su corazón se desgarraba de dolor.
El par de fornidos hombres arrastraron a un enfurecido Terry escaleras arriba, hacia la mansión. Albert y Archie, impecablemente vestidos de luto, esperaron a ver desaparecer los autos, no habían cruzado palabra, había demasiado dolor en sus corazones, pero también inmensa furia, estaban destrozados más allá de las palabras, y todo lo que se habían contenido hasta el momento hacían que estuviesen a punto de explotar.
Elroy Andrew, ni siquiera había descendido, en la mansión, había visto la furia velada en el rostro de sus sobrinos, y casi podría haber encontrado compasión para el altanero inglés, pero ella no intervendría, solo, justo antes de partir, pidió un momento con George.
George… - le dijo en tono serio.
Dígame Madame Elroy.
Asegúrate de que jamás puedan ser culpados de lo que sea que planean hacerle a ese desgraciado.
No se preocupe Madame…
No malgastes tu aliento tratando de convencerme de que no sucederá nada, conozco a mis sobrinos, conozco a los hombres Andrew, son apasionados, caballerosos, honorables, aman con todo el corazón, y ese par, la amaban más que a su propia vida… sólo asegúrate de que no haya rastros, y de ser posible, que no sea dentro de la mansión….
Madame, espero que no lleguemos a ese extremo, pero de ser así, por supuesto que me aseguraré de que nunca se sepa…
¿Los hombres que se quedan son de nuestra entera confianza?
Al igual que yo, darían la vida por cualquiera de los dos jóvenes.
Bien, espero un reporte completo, cuando todo haya acabado.
Madame…
Completo George, necesito saberlo todo…
Está bien señora, así se hará.
George se acercó al par de jóvenes que estaban aún parados al pie de la escalera.
William.
¿Tienes los documentos George?
Están en la biblioteca tal como lo pediste, y los hombres llevaron al señor Grandchester para allá.
Bien, terminemos con esto.
William…
No te habría pedido acuerdos de confidencialidad, si no pensara dejarlo con vida, George, pero, puedo asegurarte qué su recuperación será lenta y dolorosa. – el tono de acero en la voz de Albert no podía ser pasado desapercibido, pero, no había alzado la voz, ni perdido su porte digno.
Deberíamos enterrarlo vivo, después de darle una buena paliza… y aún eso es demasiado bueno, después de lo que hizo sufrir a mi gatita… -
Las emociones de Archiebald Cornwell estaban a flor de piel, él había ido por Grandchester junto con los hombres, y cada uno de los golpes, las costillas fracturadas, los moretones y labio roto, eran de su autoría, Albert ni siquiera había ido a ver al malnacido, solo había ordenado que lo encerraran sin comida hasta el día del funeral, tal cual le habían reportado él había hecho con Candy. Ese día un par de hombres habían hecho cargo de que se viera presentable para darle el último adiós a Candy.
Ahora, que todo llegaba a su fin, George y Archie estaban a la expectativa, sabían bien que el dolor de Albert era infinitamente profundo, que estaba más que furioso, que no había palabras para describir lo que el patriarca de los Andrew sentía, además tenían la certeza, que la cuenta de Terrence Grandchester sería saldada, no solo a golpes, sino que le costaría todo, su fama, su dinero, su buen nombre, William Andrew no descansaría hasta verlo arrastrarse como un gusano.
William Albert Andrew entró en su despacho, un lugar masculino, con paredes forradas con finos paneles de madera, pesados muebles de cedro, tapizados en fino cuero color vino, la alfombra verde oscuro se extendía como suave musgo bajo sus pies, frente a su gran escritorio estaba de pie la figura de Terry Grandchester, sostenida casi en vilo por sus hombres de confianza, parecía que se había cansado de luchar, que se veía impotente en medio del par de musculosos escoceses, cuya familia había servido a los Andrew por generaciones. Albert sonrió con amargura, seguramente así se había sentido su pequeña por meses… y más aún en sus últimas horas.
Terry se percató de la presencia de los hombres y recomenzó su lucha.
Déjame ir, maldito escocés… ¿quién te crees que eres? Soy Terrence Grandchester, mi padre… - una sonora bofetada cruzó su rostro, y el frío en los ojos azul cielo, antes llenos de bondad lo hizo callar por un momento.
Tú padre, el honorable duque, se alegra de que su bastardo no esté en Inglaterra para deshonrarlo. Pero no vine a discutir contigo, sino a explicarte como serán las cosas, nada de lo que voy a exponerte es negociable. Firmarás un acuerdo de confidencialidad, el nombre de ella jamás debe verse mancillado por el escándalo, y tú harás lo que sea por proteger su reputación, como debiste haberlo hecho en vida, por supuesto, tampoco hablaras de tu agradable estancia con nosotros, o más bien, dirás que fue para vivir tu duelo…
IRÁS A LA CÁRCEL… IMBÉCIL. – un fuerte puñetazo en su estómago lo hizo callarse, esta vez había sido Archie.
Terrence, sí quieres salir de aquí con vida, firmarás, y sí no, será tan sencillo como aventarte a alguno de los sótanos de este enorme lugar, estoy dispuesto a cerrar la propiedad, demolerla, quemarla, lo que sea, pero tú pagarás, con tu vida, o con tu muerte lo que le hiciste a ella…
JAJAJA, TODO ESTO POR UNA ZORRA MALNACIDA, TAN FÁCIL QUE HUBIESE SIDO COMPARTIRLA… - le gritó provocadoramente, pero se calló al sentir el frío acero de un arma sobre la sien.
Terry maldijo en silencio al apuesto hombre rubio que tenía frente a él, intentó leer en su mirada, pero no había nada ahí para él, Albert le empujó el acuerdo y una pluma, el hombre que lo tenía amenazado amartilló el arma, Terry tragó en seco y firmó, sin siquiera leer, podía estar aceptando cualquier cosa…
No te preocupes, te daremos una copia. Tú estadía con nosotros llega a su fin, pero, primero quisiera darte una lección de modales, digamos un curso de caballerosidad.
¿Con tus matones deteniéndome, como lo hicieron con la niñita elegante que es Archibald?
Albert lo ignoró e hizo una seña a sus hombres, lo sacaron de la mansión, y lo subieron al auto, manejaron entre los bosques, Terry se preguntó con terror, si en verdad tendrían el valor de matarlo, hasta ese momento le había parecido una imposibilidad.
Llegaron a un claro, y el auto se detuvo, se dio cuenta que había dos autos más, de uno de ellos descendieron 5 hombres igual de corpulentos que el par que lo había llevado a él, y del otro, descendieron Albert, Archiebald, y el hombre que sabía era la mano derecha de Albert, George Johnson.
¿Necesitas de todos tus matones para enseñarme tu dichosa lección?
Ellos están aquí para tú protección, no para la mía. – le dijo mientras se quitaba el saco y lo tiraba a un lado, hizo lo mismo con la corbata, se arremangó la camisa, e hizo una seña a sus hombres, que empujaron a Terry al centro del claro.
La fuerza del impulso lo hizo dar con el suelo.
Levántate y pelea… como el maldito perro que eres…
¿QUÉ ES LO QUE MAS TE MOLESTA, QUE ELLA HAY SIDO MÍA? – le preguntó arrogantemente mientras se ponía de pie e intentaba dar el primer golpe, por supuesto Albert se hizo a un lado, y lanzó un puñetazo directo a su mandíbula, que lo hizo sangrar de la boca, esto lo enfureció, y decidió lastimarlo dónde más le dolería… - DEBERÍAS HABER ESTADO AHÍ, PARA ESCUCHARLA GEMIR MI NOMBRE, ENTREGARSE A MÍ, GRITAR DE DOLOR Y PLACER CUANDO LA HICE MUJER… - Un puñetazo directo en el estómago lo dejó sin aliento. – JAJAJA, DEBISTE ESCUCHARLA ROGARME QUE LA HICIERA MÍA…QUISE MANDARLA DE REGRESO, PERO ME ROGÓ PERMANECER A MI LADO, PORQUE NO SOPORTABA LA IDEA DE NO SER TOMADA POR MÍ A PLACER… -un golpe directo en la nariz que solo crujió ante la fuerza del impulso y comenzó a sangrar…
DEJA DE HABLAR Y DECIR ESTUPIDECES, ERES TAN POCO HOMBRE, QUE AÚN MUERTA QUIERES DESHONRARLA, ANDA, GOLPEAME, COMO LO HICISTE CON ELLA, DEMUESTRA QUE ERES TAN HOMBRE, TE ATREVISTE A PONERLE LAS MANOS ENCIMA, AHORA ATRÉVETE A HACERLO CONMIGO… DEJA DE LLORIQUEAR COMO UN COBARDE Y PÉGAME MALDITO. – un par de golpes en los riñones, Terry jadeaba.
ERES TAN POCA COSA, QUE NI VIVIENDO CON ELLA LOGRASTE HACERLA TUYA, Y LUEGO, CREÍSTE QUE CRIANDO A SU HIJO IBAS A GANÁRTELA, PUES, TE INFORMO, QUE ELLA ME AMÓ A MÍ, Y ME ROGÓ UNA Y OTRA VEZ QUE LA TOMARA, NO NECESITÉ DE PROMESAS, NO NECESITÉ DE DINERO, ELLA ME AMABA A MÍ, AL MISERABLE BASTARDO, POCO HOMBRE, Y NO AL GRAN PATRIARCA DE LOS ANDREW. DIME QUE SE SIENTE, TENERLO TODO Y NO TENERLO NADA, PORQUE NO LA TUVISTE A ELLA, Y AHORA JAMÁS PODRÁ SER TUYA, ESTÁ MUERTA, SE MURIÓ AMÁNDOME, Y LLEVANDO MI HIJO EN SU VIENTRE, Y TODO POR TÚ CULPA…– le gritó con sorna.
Albert se abalanzó sobre él, y lo golpeó sin misericordia, se necesitaron de cuatro de sus hombres para quitarlo de encima de Terry, la instrucción había sido que no le permitieran matarlo, lo pateó un par de veces, lo observó tirado en el suelo, derrotado, lo había noqueado, su rostro sangraba, seguramente su nariz estaba fracturada, y había perdido un par de dientes, pero William Andrew no tenía compasión para el hombre que se había atrevido a lastimar a su princesa, se acercó a él, lo tomó de las solapas de su ya raída y manchada camisa, con voz de hielo, y con la contundencia de un hombre que estaba acostumbrado a dominar a todo aquel que se atreviese a enfrentársele, le dijo:
Maldito bastardo, ahora vas a conocer de lo que somos capaces los Andrew, no sólo has firmado un acuerdo para protegerla a ella y te juro que si te atreves a siquiera pronunciar en susurro su nombre o lo qué pasó entre ustedes, te destruiré, te juro Terruce Grandchester que no podrás volver a vivir nunca más tranquilo porque seré tu maldita sombra, tu peor pesadilla y todo el castigo que te mereces, vivirás, claro que vivirás, pero solo porque yo lo he decidido así, tu hora no ha llegado, no te daré esa paz y mucho menos la dicha de reunirte con ella en otra vida, aunque claro, eso sería imposible, porque a dónde ella fue a ti jamás te permitirán la entrada, te dejaré con vida solo porque me encargaré personalmente de hacerte conocer el infierno, así como se lo hiciste vivir a ella día tras día por seis meses, yo te juro Terry, sobre su tumba que no vivirás un solo día sin lamentar haberla conocido, haberla mancillado, haberla ultrajado y golpeado hasta hacerle perder la alegría, la esperanza y las ganas de vivir, de luchar por ella y por su hijo. Nunca más podrás estar tranquilo sin pensar de dónde vendrá el siguiente golpe, hasta que ya no te quede nada, me encargaré de quitarte de a poco todo lo que te importa en la vida y dado que me rebajaste a tú nivel y sin ella ya no me queda nada, me encargaré de robarte cada uno de tus sueños de a poco, jamás volverás a sentir alegría y satisfacción por nada en la vida, haré tus días no sólo miserables a cada segundo que pase, sino que no descansaré hasta que te arrastres como el animal que eres, te quitaré todo y aún no terminaras de pagarme, esta deuda que tienes conmigo ni con tú vida acabaré de cobrármela. Bienvenido al mundo de los condenados y espero no volverte a ver jamás en la vida, te quiero lejos de todo lo que signifiquen los Andrew, no intentes jugar conmigo, bastardo con ínfulas de actor, porque no sólo tengo la fortuna y el poder para aplastarte como el insecto que eres, sino que conozco a personas en todos los ámbitos de la sociedad y de mundos aún más sórdidos, que bien por un par de favores te destrozarían sin siquiera preguntar ¿porqué?, ahora lárgate y espero no tener que volver a verte jamás, porque la próxima vez te juro que te mato con mis propias manos como hiciste con ella.
Albert le dio la espalda, caminó rumbo a su auto, subió y se alejó de ahí, George dio al instrucción de llevar a Terry a un hospital discreto donde se recuperaría por los siguientes meses, y después de eso, lo dejaron en New York, frente a su departamento, con el acuerdo que había firmado en un sobre, como clara advertencia de que no podía abrir la boca.
Hollywood, California. 1923
La alfombra roja se extendía frente a él, los reporteros gritaban preguntas, y los flashes de los fotógrafos brillaban cegadoramente, dejando el aroma a pólvora flotando en el aire. Terrence Graham, el famoso actor de Broadway, y ahora de la aún infante industria del cine, descendió de su lujoso auto, impecablemente vestido de gala, con su porte altanero y elegante, sonrisa cautivadora, cabello perfectamente peinado, los gritos de las admiradoras no se hicieron esperar, ver al apuesto y perfecto hombre, imposiblemente guapo, porte de aristócrata, y acento inglés, era simplemente una delicia.
Si a sus atributos personales le sumabas el mito y los rumores que giraban a su alrededor, la histeria y el magnetismo eran comprensibles. Se decía que su verdadero apellido era Grandchester, que era en realidad hijo de uno de los nobles más poderosos de Inglaterra, algunos decían que tenía título nobiliario, otros aseguraban que era un bastardo, otros que había renunciado a todo por amor, pero que su trágico amor juvenil había muerto, y por ello él no tenía pareja sentimental, referente a esto, se decía que él había estado involucrado en su muerte, y otros aseguraban, que el culpable había sido su rival. Otros más hablaban de que su madre, era famosa, pero lo rechazaba. Lo cierto era, que él jamás hablaba de su vida personal, se mostraba distante, y cordial cuando era necesario, pero la mayor parte del tiempo solo guardaba silencio y se envolvía en esa aura de misterio, que era en realidad más exitosa que su verdadera personalidad, muchas veces huraña, hiriente y sarcástica.
Como siempre que había una gala, Terrence llegaba solo, si bien, se decía que había un sinnúmero de hermosas mujeres que hacían las veladas del actor menos solitarias, jamás aparecía con alguna de ellas colgada de su brazo, en las fiestas bailaba, flirteaba, derrochaba encanto y discretamente pasaba una tarjeta de presentación a la elegida de la noche, para que se encontrara con él más tarde.
Terry entró en el lujoso salón iluminado, el ambiente era muy diferente a los formales y estirados eventos de la aristocracia, las mujeres aquí eran un poco más atrevidas, los vestidos más reveladores, el humo de los cigarros inundaba el lugar, y todos estaban un poco ebrios, las risas eran abiertas, ruidosas, y la atmósfera estaba cargada de entusiasmo.
Terry caminó seguro por el lugar, saludando a directores y productores, besando galantemente manos de hermosas mujeres, pero sin detenerse por mucho tiempo, tenía su vista puesta en una hermosa rubia con un exquisito vestido color rojo, que se encontraba al fondo de la habitación, pero, alguien detuvo su avance, una hermosa morena, con cuerpo de infarto, facciones delicadas, y cabello castaño oscuro cortado a la moda, justo debajo de la barbilla, llevaba un vestido color verde, con profuso bordado de cuentas negras, escote en la espalda, hasta dónde la cintura cambia de nombre, largos guantes color negros, se veía hermosa, y más de uno de los hombres en la sala la miraban con deseo, pero, Terry solo respiró profundo, armándose de paciencia.
Terry… -
Creí que quedamos que no era necesario saludarnos cada vez que nos topamos.
Y también quedamos que responderías mis llamadas… pero no quiero discutir, necesito verte, hablarte….
Karen, no ahora…
Claro, te dirigías hacia la rubia, Samantha, y esperabas llevarla a tú cama esta noche, pero, si no quieres que el mundo se entere de cuan vil eres, sonreirás, y pasarás la velada a mi lado.
¿Me amenazas?
Te advierto, que más de una vez me han ofrecido comprar tú historia, y sí me he negado hasta ahora, ha sido por un equivocado sentido de lealtad, pero, no más, sí sabes lo que te conviene, pasarás está velada a mi lado.
Karen, deberías conocerme lo suficiente, como para saber que este tipo de tretas no funcionan conmigo. – le dijo desdeñosamente, mientras la hacía a un lado, y seguía su camino en dirección a la rubia.
Karen lo observó alejarse mientras furia helada recorría su ser, ese arrogante, era el hombre del que estaba enamorada, el padre de su hijo, pero en todos los años que llevaban juntos, lo único que él había hecho una y otra vez era humillarla y hacerla a un lado, Karen sabía perfectamente que Terry era huraño, amargado, cruel, mujeriego, tenía miedo al compromiso o tal vez no le importaba, y cargaba detrás de todo ese cinismo, un vacío que ella no podía entender, así como un sentimiento de culpa que lo devoraba, tal vez, por ella, la mujer que él se negaba a mencionar, pero que ella sabía perfectamente que había hecho mella en su corazón, como buena mujer, Karen, creía que ese era el problema, Terry era un hombre roto, dolido, y ella tal vez podría repararlo, ayudarlo a sanar, devolverle la chispa que había perdido.
Por supuesto que esa noche llevó a la rubia con él a casa, pasó la noche entregado a los placeres carnales, y aún de madrugada, le ordenó sin ambigüedades que se fuera, jamás las dejaba quedarse.
Por supuesto, ella se fue humillada, enojada, pero eso, a él no le importaba, caminó de regreso a su cama, envuelto en su bata de seda negra, se sirvió un vaso de whiskey, lo bebió de un solo sorbo, fumó un par de cigarros, y se dirigió a la cama, dónde se acostó a dormir hasta el mediodía.
Tenía una cita esa tarde con los productores de su nueva película, se levantó indolentemente de su cama, y se vistió para su cita de trabajo, condujo su lujoso auto hasta los estudios, se estacionó y se dirigió a la oficina, una linda secretaria lo hizo pasar a la sala de juntas.
Hola John. - Terry saludó al hombre que esperaba por él con sonrisa confiada y encantadora.
Terry… -
Pensé que los demás estarían aquí.
Terry, tenemos que hablar.
¿Adelantaste la fecha de filmación?
No, me temo, que hemos decidido tomar otra dirección.
¿Otra dirección? ¿A qué te refieres John?
Hay demasiados rumores sobre tu vida disipada, y la última película no dio el resultado que esperábamos.
¿Mi vida disipada? Por Dios, John, ambos sabemos que esto es Sodoma y Gomorra, no hay nada de que escandalizarse.
Terry, la decisión es definitiva, nuestro principal inversionista se rehúsa a seguir adelante si tú eres la estrella, no tenemos el financiamiento necesario, y los estudios no están dispuestos a seguir adelante sin él. Me temo que deberás regresar el adelanto del proyecto que te dimos.
John, las cosas no funcionan así…
Bien, tómalo como el adelanto de algún otro proyecto, pero este, definitivamente no se llevará a cabo contigo al frente. Ahora, sí me disculpas, tengo una tarde ocupada.
Terry observó como el hombre se ponía de pie y salía de la sala de juntas. Golpeó fuertemente la mesa con su puño, maldiciendo y recordando como justo eso había pasado en New York años atrás, poco después de la muerte de Susana, con quien nunca hizo más que pasarle una pensión, de pronto de ser famoso, exitoso, y tener más de una propuesta de trabajo, los teatros habían comenzado a vaciarse, los directores y productores a rehuirlo como a la plaga, lo mismo sucedía de nuevo, y Terry no sé extrañaría de enterarse, así como lo hizo antes en Broadway que el nuevo dueño de los estudios, el famoso inversionista, que ahora no lo quería en la película no era otro que William Albert Andrew…
Años atrás lo había echado e New York cuando descubrió su affaire con Annie, por supuesto que también sabía sobre Eliza y Sarah, pero ellas dos no le importaban, Terry aún conservaba una cicatriz en el costado izquierdo, producto de una visita de un "amigo" de Albert, que en términos nada ambiguos, le había ordenado salir de la ciudad, Terry se había rebelado y negado a seguir instrucciones, pero al final no le había quedado de otra, lo había perdido todo, su casa, su auto, cada centavo que había ganado, su salvación había sido un productor de Hollywood que le había ofrecido trabajo, y hasta ahora había creído que se estaba burlando de la autoimpuesta búsqueda de justicia divina de Albert en su contra, por tres años, había vivido en paz, sus inversiones habían parecido prosperar, su fama subir como la espuma, pero al parecer, el demonio Andrew había vuelto a despertar.
Salió de los estudios, directo a un bar de mala muerte, bebió hasta que se rehusaron a servirle más y entonces se agarró a golpes con el desafortunado bartender que había osado declararlo demasiado borracho para servirle más.
Lo llevaron arrestado, y utilizó su llamada, para llamar a Karen, la única persona que iría por él hasta el infierno mismo, si fuese necesario.
La menuda mujer, lo subió al auto y manejó en dirección a su mansión en Beverly Hills, con ayuda del jardinero lo llevó a la cama, y se quedó a pasar la noche. Sabía de sobra que cuando despertara estaría de un humor de los mil demonios, pero él debía saber que ella estaría ahí para él sin importar lo que hiciera.
Terry despertó al día siguiente, el dolor de cabeza era terrible, y todo se movía a su alrededor movió su brazo y se dio cuenta que no estaba solo en su cama, reconoció el aroma de Karen, y se maldijo a sí mismo por haberla llamado el día anterior. Se puso en pie para dirigirse al baño, tal vez podría salir de ahí antes de que ella despertara.
Dejó que el agua caliente corriera por su cuerpo, y aliviara el dolor de sus sienes, cerró los ojos, tratando de no pensar, de no recordar, tal vez debía tomarse algunos días, perderse… un par de manos femeninas recorriendo su torso desnudo, interrumpieron sus pensamientos, y las bien formadas curvas de una mujer desnuda se presionaron contra su espalda, Terry estaba consciente en su fuero interno, que ella lo amaba, pero él no tenía nada que darle.
VETE.
Terry, no puedes echarme así de tú vida, no puedes simplemente utilizarme cada vez que quieres… no puedes seguir negando a nuestro hijo… Te amo Terry, te he amado por muchos años, pero, esto es demasiado…
Karen, conoces los términos de nuestra relación, si no te gusta, simplemente desaparece, y en cuanto a tú pequeño bastardo, te lo diré una vez más, no es mi hijo, nada me garantiza que sí lo sea, se perfectamente que nunca he sido el único, toda la compañía de teatro conocía tus dotes en la cama querida, así que, no me vengas con ese cuento, sí quieres un rato de placer, podemos tenerlo, pero, después de eso, debes irte.
¡Eres un maldito desgraciado!
Jajajaja, eso siempre lo has sabido, no sé de que te sorprendes, mejor ponte de rodillas, y dale un mejor uso a esa linda boca tuya. –
Karen salió indignada de la ducha, jurándose una vez más que se las iba a pagar, tomó sus cosas, se vistió y se fue.
Terry salió de su casa, el sol le molestaba, llevaba gafas oscuras, no soportaba estar encerrado, iría a beber a algún lado. Llegó al bar, y bebió whiskey tras whiskey tratando de hacer desaparecer de su mente la mirada verde cargada de odio que lo perseguía, en todo momento últimamente.
Cuando estuvo demasiado ebrio, salió del bar, sus pasos eran inciertos, pero no sería la primera vez que manejaba en ese estado, buscó con dificultad sus llaves, hasta que un par de sombras lo hicieron voltear hacia arriba.
Terry.
Mike, ¿a qué debo el honor? – le preguntó con tono sarcástico y fastidiado, al matón Irlandés que él conocía perfectamente bien, ya que era el perro guardián de su corredor de apuestas.
Stan te manda saludos, y espera que tengas su dinero.
Por supuesto, pero no en este momento. – le respondió en su usual tono altanero.
Es una pena… y en consideración a que tú medio de trabajo es tu lindo rostro, por esta vez, la advertencia no se llevará acabo ahí. – le dijo mientras hacía señas a un par de fornidos hombres que lo tomaron por los brazos para inmovilizarlo, por supuesto, fue imposible resistirse, Mike se encargó de propinarle una buena golpiza, paró cuando lo vio escupir sangre. No era la primera golpiza de su vida, y seguramente no sería la última, se preguntó si sería una coincidencia que de un tiempo para acá perdiera todas sus apuestas, o sí esto también tenía la firma de los Andrew – Tienes una semana, para conseguir el dinero de Stan. –
Cómo pudo, Terry subió a su auto, sabía que estaba en problemas, no había un proyecto en puerta, y sus inversiones habían fracasado… de un tiempo para acá, la vida había dejado de sonreírle de manera sistemática.
Despertó a la mañana siguiente, estaba seguro de que tenía un par de costillas rotas, le era difícil moverse, pero el dolor no le importaba, solo lo ahogaría en alcohol… dejó de lado el desayuno, y bebió un par de vasos de whiskey, tomó el periódico que acompañaba su comida, y en la sección internacional, encontró justo el remedio que necesitaba…
Londres, Inglaterra, 1923.
El palacio de Grandchester se ha vestido de gala, en honor, a el heredero del duque de Grandchester, Richard Alexander Grandchester y a su madre, Rose Marie Estelle Grandchester, Marquesa de Northhampton.
La encantadora y hermosa joven, viuda del hermano del duque, ha sido presentada formalmente en sociedad, hasta ahora, Lady Rose, había permanecido entre las sombras, debido a su profundo dolor por la muerte de su esposo en la Gran Guerra.
Pocas veces se le ha visto en sociedad, y su círculo de amigos es muy cerrado, pero el poderosos duque la ha honrado con su favor, y protegido con su manto, nombrando a su querido sobrino como heredero.
Lo más selecto de la sociedad del reino se reunieron en la mansión, e incluso, se contó con la honorable presencia del mismísimo príncipe de Gales. Sobra decir que Lady Rose, fue un éxito rotundo, y se ha convertido en la nueva favorita del reino. Sin duda, seguiremos de cerca su trayectoria dentro de la aristocracia, sabiendo de antemano, que una mujer con tanta gracia y belleza, como la hermosa francesa no es fácil de encontrar, y que de seguro cautivará el corazón de los solteros más codiciados, empezando, al parecer, por el más renuente y escurridizo de todos, el trágicamente apuesto, encantador, y extremadamente rico, Lord William Albert Andrew, duque de Argyl, patriarca del más poderoso clan escocés, quién no pudo despegar sus ojos de la encantadora pelirroja en toda la noche.
Por más que odiara al duque, debía ser realista, tal vez era tiempo de regresar a casa, a Inglaterra, después de todo, la hermosa, misteriosa, y joven marquesa, podía bien, ser la respuesta a todos sus problemas, especialmente, si William Albert Andrew tenía sus ojos puestos en ella, era tiempo de cobrar venganza, de hacerlo pagar cada humillación, cada golpe, cada fracaso, una vez más le robaría a una mujer de debajo de sus narices, después de todo, ¿quién mejor que él, el único hijo sobreviviente del duque, para velar por el legado de los Grandchester?
