Hola chicas, un placer saludarlas como siempre, primero que nada, quiero agradecer infinitamente a GabryeLL por tomarse el tiempo de recopilar la lista de canciones, en verdad, sin tu esfuerzo, hubiese sido mucho más complicado, linda, mil gracias, sin ti esto no hubiese sido posible.

También agradezco a cada una de ustedes que participaron, por su entusiasmo, por el tiempo que le dedicaron, por su apoyo… son verdaderamente bellas y valiosas.

Y bueno, la canción ganadora, que creo ilustra esta trágica historia, es…(DRUMROLL) Regresa a mí. De Il Divo, en el idioma que quieran escucharla, es perfecta. Y la ganadora es JUJO! Juro que no sabía que habías sido tú quien la propuso, sino hasta que la escogí.

En cuanto a los one shots, Alexas90, te envié un PM, para ponernos de acuerdo. Ever blue 1, tienes desactivada la función de PM querida, pero si podemos ponernos en contacto por face, para ponernos de acuerdo please, mándame un inbox, o un mensaje al grupo. Estoy emocionada ante la perspectiva de escribir con ustedes chicas.

Y bueno, en respuesta a la pregunta de Devora… yo escribo, pero tengo una amiga que es quien revisa, aguanta mis crisis de escritora, me dice te falta sigue intentando, y hace todo el proceso creativo conmigo, la verdad, gracias a ella, que colabora conmigo desde Crónicas de Amor, he crecido mucho como escritora, y como persona.

Candyfan777, una vez más, gracias, haces que todo esto sea muchísimo más divertido.

Ahora sí chicas, les dejo el capítulo, respiren profundo, muy profundo, lo van a necesitar… les mando un abrazo.

YNTE 16

Londres 1926

Rose observó su aspecto detenidamente, el vestido que llevaba seguía la moda de la época, y se ceñía descaradamente en los lugares correctos, dejando casi toda su espalda al descubierto, era color dorado pálido, bordado con pedrería en color negro, un vestido hermoso sin duda, pero a ella el solo contacto de su piel con la tela del vestido le revolvía el estómago, se sentía sucia, impotente, como una mujerzuela siendo preparada para ser vendida al mejor postor... Su doncella daba los últimos detalles a su peinado, un suave recogido, con ondas… pero a decir verdad a ella no le importaba como se veía, su mente estaba en otra parte.

Ha quedado hermosa milady. – le dijo suavemente la joven.

Gracias, Helga, puedes retirarte. – le respondió fríamente.

Faltan las joyas y algunos últimos toques, las flores que mandó el señor… -

No usaré flores Helga, tampoco joyas, así está bien. –

Pero el señor… -

La última vez que revisé trabajabas para mí, no para el señor, así que he dicho que no, y punto, retírate. -

Con su permiso señora. – dijo la joven bajando la mirada y saliendo en silencio de la habitación.

Rose observó a la mujer retirarse, y sintió como su garganta se contraía con un sollozo que no podía dejar escapar, debía ser fuerte, no le daría el placer de verla llorar… la tenía acorralada, y aunque ella haría lo que fuera por sus hijos, no sería débil ante él… jamás.

Alguien llamó a la puerta, y abrió sin esperar a que ella diera el pase. Rose levantó la vista, y la familiar figura que se dibujó en el marco le dio fortaleza.

Rose, ¿estás lista hija?

Sí tía…

Levanta la frente en alto, y recuerda que eres una mujer fuerte, eres Rose Marie Estelle Andrew, la madre del futuro patriarca, del único hijo de William Albert Andrew, y eso nadie te lo podrá quitar.

Ya me ha quitado tanto… ¿qué mas queda tía? – le preguntó la pelirroja con rabia.

Richard y yo estaremos siempre cerca…

Júreme que cuidara de él, no puedo permitir que nada le pase, William Anthony no puede estar a su alcance, tía, aunque eso signifique que yo renuncie a él, sí tienes que llevártelo lejos, desaparecerlo, haz lo que sea necesario… y lo mismo le pediré a Richard en cuanto Alexander regrese a mis brazos…

No llegaremos a eso hija, dos familias poderosas podrán mas que un bastardo malcriado, aunque por ahora nos tenga doblegados… así que la frente en alto, no le des el gusto de verte humillada o desesperada

Jamás tía.

Vamos, Archie está abajo, los niños se quedarán acá con guardaespaldas.

Archie debería quedarse con ellos, no podemos arriesgarlos, solo él y Patty darían todo por ellos…

Debe ir un varón Andrew, y Archie es el más cercano, además, el bastardo pidió que fuera…

¿Por qué los odia tanto? –

Por ella, porque mis muchachos lo hicieron pagar cada lágrima, que la hizo derramar, por eso no puede verlos felices, y busca vengarse… pero ahora no hay tiempo, en otro momento hablaremos de eso. Vamos.

Rose salió de la habitación que había compartido con Albert por el maravilloso tiempo que su matrimonio había durado, el lugar dónde aún podía respirar su aroma, y soñar que él la acunaba en sus brazos, pero la dicha había sido efímera, y el pasado los había encontrado para cobrar la factura.

Descendió las escaleras de la majestuosa mansión de los Andrew, en dónde había reinado como dueña y señora por tres años, dónde había sido completamente feliz, y ahora debía dejarla, no lo traería a él aquí, no permitiría que mancillara la memoria de su amado con su presencia, ni que se acercara a los Andrew, y mucho menos a los niños, ella protegería con su vida, y con su cuerpo a Stear, Anthony y Martha.

Rose... – le dijo Archie observando a la hermosa mujer detenidamente, arrastraba tras ella un aura de fatalidad, sus ojos se veían tristes, sin brillo, estaba cada vez más delgada, pero algo en la postura de sus hombros, y en la dignidad con la que descendía le dijo que Rose Marie Andrew estaba derrotada, más no vencida.

Archie le extendió la mano para ayudarla a descender los últimos escalones, y ella la tomó, dándole un apretón suave.

¿Los niños estarán bien?

Sí, la casa está completamente resguardada, Patty y George se quedarán con ellos… iré con Richard a recoger a Alexander y lo traeré a casa… te juró que pagará todo, Rose, está vez no tendré escrúpulos, debimos haber terminado con todo, años atrás… Vámonos. – le dijo Archie respirando profundo, consciente de que no podía perder los estribos aún.

Rose se acercó a Patty que llevaba en brazos al hermoso y regordete bebé de 8 meses, lo tomó en sus brazos, y le dijo.

Te amo, Will, te amo más que a mi vida mi niño, espero que un día puedas comprender, mi amor. – después lo besó y lo apretó contra su cuerpo para entregárselo a Patty, quien la envolvió en un abrazo, sus lágrimas empañaban sus gafas, y la fuerza con la que se aferró a ella hablaba de su desesperación y tristeza.

Cuídate, Rose… nosotros cuidaremos de Will, y si el duque lo permite también de Alexander…

Gracias Patty. –

Rose caminó a la puerta flanqueada por Elroy y Archie, y decididamente se negó a mirar atrás. No podía, no debía, tal como Elroy le había dicho, la frente en alto, dignidad, y valentía, después de todo, eso era lo que le quedaba a una mujer viviendo en un mundo regido por hombres.

Condujeron en silencio durante la mayor parte del tiempo, cada uno sumido en sus pensamientos. En el recuerdo de esos últimos tiempos, en la pesadilla que habían vivido cotidianamente, y que ahora se cernía aún más negra y oscura sobre ellos.

Londres, 1924.

Rose despertó abruptamente, la garganta le dolía, como si hubiese estado contenido un largo sollozo, y por un momento no supo donde estaba, sino hasta que los brazos fuertes y cálidos de su esposo la atrajeron más a él, sintió como su corazón se desaceleraba un poco, su cálida voz inundó sus sentidos, y le regresó la paz.

¿Qué sucede princesa? – le dijo aún adormilado, no sabía bien, que lo había despertado, pero pudo sentir que algo le pasaba a ella, y aún antes de estar completamente consciente la había abrazado más a él, para darle seguridad.

Solo un mal sueño amor… siento haberte despertado. –

Descuida, tal vez podemos aprovechar el tiempo ahora que ambos estamos despiertos. -le dijo mientras la besaba suavemente en la nuca, como sí la noche entera no hubiese bastado para amarse, pero al parecer así era, él no podía saciarse de ella, la anhelaba a cada momento, y quería hacerla suya, una y otra vez.

En otra ocasión Rose hubiese caído en su juego de seducción de inmediato, pero había algo que la atribulaba, y no podía sacárselo de la cabeza, una inquietud en su corazón, algo empañaba su perfecta dicha.

¿Te sientes mal? – su profunda voz masculina la sacó de sus cavilaciones.

No… ¿por qué lo preguntas? –

Te siento distante, dime que sucede. –

Tal vez es solo el hecho de que no te veré en un tiempo… Albert, no quiero que te vayas, te amo tanto, y me haces tanta falta cuando no estás…- le dijo con un tierno puchero, que hizo que el corazón de Albert rebosara de alegría

La próxima vez los llevaré conmigo, te lo prometo, este será un viaje corto, y no tiene sentido que te canses innecesariamente, además no te has sentido muy bien últimamente, por eso es mejor que te quedes… aunque si quieres ir por unos días a Escocia, puedo arreglarlo…princesa, todo va a estar bien, te amo, y cómo te lo prometí hace mucho tiempo, haré lo que sea porque seas feliz…- las manos de él se deslizaban por debajo de la suave seda de su camisón para acunar en ellas sus suaves senos, y acariciar con deliciosos círculos sus pezones.

No tienes que hacer nada más por hacerme feliz, soy feliz tan solo porque te tengo a mi lado, porque me amas, porque amas a Alexander… yo soy quien quiere hacerte feliz, mi amado… - le respondió ella sin aliento ante sus caricias, mientras sentía como su intimidad despertaba ante el experto toque de su amado.

Ya lo soy…-

Seguro que hay algo que puedo hacer para hacerte más feliz… - le dijo ella seductoramente.

Jajajaja hay muchas cosas que puedes hacer… - sus pensamientos se quedaron en el aire, porque sus delicadas manos femeninas viajaban por su cuerpo.

Albert… - su nombre en sus labios eran poesía.

¿Sí princesa? - le preguntó mientras deslizaba su camisón por encima de sus brazos y lo dejaba caer al piso.

¿Te gustaría que fuésemos padres? – preguntó ella mientras él se deleitaba en su casi completa desnudez.

Ya somos padres mi amor, tenemos a Alexander. – le respondió él, recorriendo con su boca su torso.

Sabes a lo que me refiero… - jadeó Rose, más que decir.

Mi vida, me haría muy feliz que tuviéramos hijos, pero si eso no se da, no importa, tenerte a ti, y a Alexander es suficiente, por favor no te preocupes por eso. – le dijo sabiendo que ella anhelaba ser madre de nuevo, pero que tal como les había dicho el doctor, por lo difícil que había sido el embarazo y nacimiento de Alexander, sería un sueño que tal vez no lograría hacer realidad. Quería hacerla olvidar, y descendió hasta su monte de venus, para torturarla suavemente con su lengua.

Albert, quiero llevar un hijo tuyo en mi vientre mi amor, quiero darte lo que la vida te quitó una vez… mmmhh. – un profundo gemido escapó de sus labios cuando su áspera lengua recorría su centro de placer… su educación católica conservadora le decía que eso debía ser pecado, pero Albert le había respondido que complacer a su esposa jamás sería pecado ante los ojos de Dios.

Princesa mía, ya me has dado lo que la vida me quitó una vez…y si no tenemos hijos, más que Alexander está bien, o bien, podemos adoptar… no te agobies con eso ahora. – le dijo mientras cubría su boca con un beso, y recorría su cuerpo con sus manos, era suya, su mujer, su esposa, su amiga, su compañera, su todo.

Rose se deshizo en los brazos de su esposo, su pecho estaba lleno de dicha, por estar con él, y sentía el deseo crecer en su vientre, quería que la hiciera suya, que la hiciera olvidar su terrible pesadilla, e incluso su nombre.

Dime, ¿irás a Escocia mi amor? – le preguntó él mientras besaba su cuello, aún en ese momento de pasión pensaba en ella, en su comodidad, en sus necesidades.

Tal vez sea bueno para Alexander y para Stear… pero no te preocupes, si decido ir dispondré de todo yo misma, tú concéntrate en tu viaje… - le dijo ella sin aliento ante las caricias que subían de tono, y de ritmo, ella se sentía plena, rendida ante su boca, y manos expertas, y conocedoras de cada rincón de su cuerpo, y de cada reacción que el mismo tenía a él.

¿En mi viaje, o en amarte como lo estoy haciendo? – preguntó traviesamente, ante el profundo suspiro que escapó de los labios de ella.

Mmmm en lo que estás haciendo por favor. – le dijo mientras él guiaba su boca a sus pechos para beber de ellos.

George y Archie estarán aquí para lo que necesites... – le dijo haciendo una breve pausa para mirarla a los ojos.

Gracias mi amor…soy la mujer más feliz del mundo a tu lado – le dijo viéndolo con ternura a los ojos, mientras enredaba sus dedos en sus rubios cabellos, la felicidad que él pudo leer en esa mirada lo derritió, eso era justo lo que había anhelado hacer… verla sonreír, velar por su felicidad, amarla sin reservas.

Y yo a tú lado. –

Él la besó apasionadamente, una vez más, pero antes de poder ir más allá fueron interrumpidos por la llamada a la puerta que indicaba que era necesario al menos para él comenzar el día.

Te amo, prometo que a mi regreso tomaremos vacaciones juntos. – le dijo saliendo renuentemente de la cama, pero no había tiempo que perder, su barco zarpaba pronto, y tenía una reunión antes de su viaje.

Rose observó su elegante fisonomía, y disfrutó de verlo andar rumbo a la puerta que lo llevaría a su habitación, para que su valet se hiciera cargo de él.

Intentó dormir de nuevo, pero le fue imposible. Así que decidió iniciar su día, tratando de ignorar el sentimiento de zozobra que la perseguía, y concentrarse solamente en la dicha que el haber despertado en los brazos de él le daba.

Rose miró hacia afuera y pudo ver la mansión que sería su hogar de ahora en adelante, el asco la invadió, y deseó… deseó morirse, no podía, no quería, todo su ser se rebelaba ante su destino…sin embargo, morir no era una opción, aún no era tiempo… una alta y distinguida figura se acercó al auto para abrir la puerta y ayudarla a descender discretamente, para conducirla a la biblioteca, dónde podrían hablar a solas por un tiempo antes de que la ceremonia se llevara a cabo. Elroy y Archie los seguían de cerca.

El duque abrió la puerta para dejar entrar a las damas primero, y después entraron él y Archie, afuera, el equipo de seguridad de ambas familias se desplegó alrededor de la entrada, y del edificio.

¿Has averiguado algo? – le preguntó ella ansiosa.

Nada, aún nada… - le respondió el hombre mayor con pesar.

Habla con él Richard, dile que no seguiré adelante con esto mientras no te entregue a Alexander… - le dijo ella furiosa, impotente… queriendo encontrar algo de dónde tomarse.

No solo quiere que te cases con él, también quiere la herencia… -

Dale lo que sea Richard, sabes bien que el dinero no me importa. –

No puede Rose, sí le da la herencia y el título lo hace demasiado poderoso. – le dijo Archie, seriamente, el mismo lo había pensado, había pensado en dárselo todo más de un año atrás, con tal de cambiar las circunstancias, pero no era tonto, no podía empoderarlo de esa forma.

Eso es lo que el pretende, pretende manejar la fortuna Andrew y Grandchester, por eso quiere casarse contigo. – le explicó la tía Elroy, como si en realidad necesitara entender, como si ella no supiera perfectamente que lo único que buscaba era venganza, y qué por supuesto no solo quería la fortuna, también la quería a ella… no por amor, sino como el objeto más valioso, la burla más grande, la puñalada más certera para los Andrew, desposar a la viuda del patriarca.

Desherédenme entonces…repúdienme, yo velaré por mis hijos, me haré cargo…- sabía de sobra que era inútil, sola estaría aún más desprotegida que ahora.

Rose, solo un poco más de tiempo, estamos comprando tiempo, te juro que no lo dejaremos salirse con la suya. – le dijo el duque viéndola seriamente a los ojos.

No querrá entregar a Alexander, por nada del mundo perderá su moneda de cambio. – le dijo ella impotente y furiosa a la vez.

No te exaltes, lo vamos a resolver. – le dijo Richard deseando borrar de la faz de la tierra al malnacido que era su hijo… pero no podía, no mientras tuviese a Alexander en su poder.

Esas son promesas vacías a estas alturas, y ambos lo saben, no podemos hacer nada frente a él… no pudimos hacer nada un año atrás, para evitar la tragedia, y lo único que ha hecho es atraparnos cada vez más en sus redes… - En su voz había rabia, odiaba sentirse acorralada, por él, precisamente por él, por ese hombre miserable que solo la veía como un objeto, y cuya mirada lujuriosa, y gestos inapropiados había tenido que soportar desde que apareciera en Londres con el afán de conquistarla.

Tal vez si… - Richard no terminó de formular la respuesta, porque ella lo detuvo.

Ni lo digas Richard, esa no es una opción, jamás lo será, él no puede saberlo, me juraste que jamás lo sabría. – le dijo ella seriamente.

Bien, entonces no nos queda más que seguir adelante por un poco más de tiempo… y esperar tener las pruebas pronto… -

Richard, sí le ha tocado un solo cabello a Alexander, lo mataré con mis propias manos… -

No será necesario Rose, yo me haré cargo en cuanto Alexander esté a salvo. – le dijo el duque con seriedad.

No, Richard, cuando llegue el momento, quiero ser yo quien se haga cargo. –

La furia helada en su mirada, y el tono de acero en su voz revelaban el odio y el asco que el hombre que estaba a punto de ser su esposo le provocaba.

Elroy Andrew la miró fijamente, no por primera vez en esos tres años, siempre se había preguntado… pero su mirada no era ni de lejos la de ella… tal vez tiempo atrás, cuando era feliz, cuando William aún estaba a su lado… pero ahora, ahora dudaba de que la mujer que tenía enfrente fuera ella.

El intercambio entre ella y Richard la había puesto alerta, vio los ojos de Richard velarse, con indignación y pena, después de todo, el bastardo era su hijo… sabría Dios de cuanto de todo lo sucedido se culpaba el hombre, pero ciertamente había envejecido en ese tiempo, aunque, a decir verdad, ella misma estaba irreconocible, de no ser porque el pequeño Will venía en camino, seguramente hubiese ido a la tumba el día que la noticia llegó a ellos. Richard levantó la mirada, y se acercó a Rose, y con ternura infinita que Elroy jamás había visto en él le dijo.

No puedo dejar que te condenes, tú tienes que ser feliz, tú tienes que salir adelante, por ti, porque te lo mereces, y por tus hijos, así que no Rose, no permitiré que la culpa y el odio te coman viva, haré todo lo necesario por ponerlos a salvo, y porque sean felices… sé que piensas que sin William no hay nada, pero, están tus hijos, y aún eres muy joven, así que no Rose, no te dejaré hacerte cargo, pero te juro que no se quedará impune, y que nunca más podrá dañarte. – le dio el duque para después tomar su mano y besarla suavemente.

El mayordomo llamó a la puerta, dando la señal de que era tiempo de que la novia hiciera su entrada triunfal, Archie y Elroy salieron de la habitación para tomar sus lugares, y Richard tomó su mano para ponerla en el hueco de su brazo.

Richard… -

No temas, no se imagina… quiere el poder que estar casado contigo le dará, pero, le he hecho firmar que no te tocará, y una escolta mía te acompañará todo el tiempo, así que solo será una alianza conveniente con el fin de tener acceso a la herencia. –

Y con el fin de vengarse de los Andrew. –

Vamos hija, debemos ser fuertes por un poco más de tiempo.

Las notas de la marcha nupcial flotaron en el aire y Rose miró al frente a través del velo de su sombrero, en el altar la esperaba él, alto, guapo, con una sonrisa seductora en el rostro como siempre, pero todo lo que ella podía sentir era ira, odio y desprecio hacia él.

Terry observó a su padre avanzar hacia él llevando de su brazo a la hermosa marquesa, viuda de Andrew, esa mujer le había robado el sueño desde el primer día que la había contemplado, y lo había hecho hervir de ira cuando había rechazado su cortejo y había preferido a Andrew, tal cual Candy lo había hecho años atrás, pero Terrence Grandchester jamás dejaba deudas sin saldar, y se había cobrado una a una cada fracaso, cada humillación, cada golpe, y sobre todo, él que dos veces William Andrew le había robado a la mujer que era suya.

Pero ahora lo tendría todo, a Richard no le quedaría de otra que darle su lugar, casar a su amada cuñada con él le indicaba a la sociedad que el repudiado bastardo era legitimado con ese matrimonio, él sería el próximo duque.

Se veía hermosa, apetecible, y odiaba saber que no podía tocarla, al menos no por ahora, por supuesto que la haría suya, ninguna mujer le había dicho no jamás, él se dedicaría a borrar de su mente y de su piel el recuerdo de ese maldito.

Observó el vestido que había escogido, sabía que era atrevido para una mujer de su categoría, y que ella se sentía humillada de tener que usarlo, y él disfrutaba de ello, antes de que la noche se acabara, ella olvidaría la humillación de tener que usar el vestido, porque preferiría mantenerlo puesto a verlo arrancado de ese cuerpo de diosa, para que él, sin miramiento alguno tomara el placer que le correspondía de ella como su esposa, Rose Marie Andrew conocería lo que era ser amada por un verdadero hombre, y si se resistía, entonces tendría que seguir las leyes, ella era su mujer, y él tenía derecho a aplicar los correctivos necesarios sobre ella. La tomaría salvajemente, sin miramientos, de la forma mas grosera posible, consciente de que humillándola a ella cumplía con su venganza, y después, después ella tendría que darle un hijo, un heredero legítimo para el ducado, porque por supuesto que el pequeño bastardo no sería quien se quedaría con todo.

William Andrew se retorcería de saber que su querida mujercita había sido suya, tal como Candy había sido suya años atrás, una vez más, él era más fuerte que ese maldito engreído.

Cuando llegó a su lado descubrió el velo, y la besó suavemente en la mejilla mientras le susurraba, al oído.

Las cosas vuelven a su lugar, mi querida marquesa, volverá usted a ser una Grandchester, pero por favor sonría, nadie debe dudar de que estamos perdidamente enamorados, milady. – le dijo con tono salamero que hizo que ella hirviera en disgusto, instintivamente quería retirarse se ahí, empujarlo para alejarlo, pero no podía, la supervivencia de su hijo dependía de que ella complaciera a Terrence.

Rose no dijo nada, simplemente se paró al lado de él y mantuvo su vista puesta en el juez que esperaba por ellos. Comenzó con la ceremonia, a leer sus deberes como esposa, como mujer de él, de Terrence Grandchester, la obediencia que le debía… y sintió como la habitación daba vueltas, estaba a punto de sufrir un ataque de pánico, él aire le hacía falta y las paredes se colapsaban sobre ella.

Richard observaba la mortal palidez en el rostro de Rose, dando vueltas en su cabeza sobre como cambiar las circunstancias, en eso, alguien tocó su hombro, y al voltear se encontró con un hombre formalmente vestido que le entregó un sobre con carácter de urgente, él lo abrió y lo leyó con rapidez, el juez esperaba por una respuesta de Rose, y ella parecía no poder darla.

Lady Rose Marie Estelle Andrew… - dijo el juez una vez más.

No señor juez, no acepta casarse con Terrence, porque no doy mi consentimiento a que este matrimonio se lleve a cabo. – dijo firmemente el duque.

¿Richard le preguntó ella viéndolo a los ojos? - no él no podía interrumpir… Alexander….

¿Lord Grandchester? – preguntó el juez intrigado.

Lo que escuchó señor juez, no doy mi consentimiento, ella es la madre de mi heredero, y no puede contraer nupcias sin mi aprobación.

Duque, ¿está consciente de lo que está diciendo? – le preguntó Terry con voz amenazadora en uno de sus arranques de ira, con esa mirada desafiante y llena de desprecio que tenía reservada para su padre.

¿Señor Cornwell? – preguntó el juez dirigiéndose al otro pariente varón que estaba presente, y que por ser el albacea de el heredero de Lord William Andrew también debía dar su aprobación.

Archie no sabía bien que estaba sucediendo, pero sabía que Richard no negaba su apoyo a la ligera.

Tampoco estoy de acuerdo señor juez. – le dijo con firmeza.

Terry los miró incrédulos, y tomó a Rose fuertemente del brazo.

¿Vas a permitirles que te nieguen la felicidad, querida mía? – le dijo mientras la acercaba demasiado a su boca.

Rose escupió en su cara, sabía que ni Richard ni Archie pondrían en peligro a Alexander.

¡Jamás Terrence, escúchame bien, jamás vuelvas a ponerme una mano encima! – le gritó mientras intentaba empujarlo, pero él fue más rápido que ella y cruzó su rostro con un fuerte golpe que hizo que su labio se abriera y comenzara a sangrar profusamente.

Ni Richard ni Archie iban a permitirle eso, y se abalanzaron sobre él, pero se detuvieron en seco, cuando Terry la atrajo fuertemente a él y apunto un arma contra su costado izquierdo.

Digan que consienten, o ella se muere en este momento, no me van a negar a la mujerzuela de Andrew, ella será mía, y no necesito casarme con ella para eso. – les dijo mientras se dirigía a la puerta con Rose frente a él a manera de escudo, pero el círculo de seguridad comenzó a cerrarse, estaba acorralado.

Rose estaba en shock, pero de pronto fue consciente de que sí él la sacaba de ahí ella iba a pasarla muy mal, después de todo, lo único que Terry quería era venganza, pero ella no podía permitirle que la tocara, ni que descubriera lo que ella había luchado por ocultar por tanto tiempo.

Luchó contra él, intentó zafarse, todo era caos, y confusión, de pronto, ella sintió como el agarre de Terry se relajaba, pero al tratar de zafarse, escuchó el retumbar de un disparo, y el olor a pólvora llenó el aire, justo en ese momento, Rose sintió un dolor inmenso que penetraba su costado izquierdo y cayó desmadejada sobre el frío suelo de mármol, la fuerza del golpe le sacó el aire, todo se hacía oscuro rápidamente, no supo que pasó, ni que Terry había aprovechado la conmoción para largarse.

Rose no pudo ver como el tejido claro de su tejido se teñía con su sangre, ni como el color se iba de sus mejillas.

Elroy Andrew se arrodilló a su lado, mientras Archie gritaba desesperadamente que llamaran a un médico.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas, el dolor era agudo, fuego quemaba su garganta y ella sentía que flotaba, no lloraba por ella, después de todo, ella iba al lado de su amado, se reuniría con su Albert, pero ahora sus hijos serían huérfanos, tal como ella lo había sido… debía asegurarse que no estarían solos.

Tomó desesperadamente la mano de Elroy, y vio el rostro de Richard a un lado.

Prométanme… - él aire se escapaba de sus pulmones, y cada palabra era una tortura.

Lo que quieras hija. – le dijo Elroy mientras con la otra mano usaba la falda de su vestido para presionar el costado de Rose tratando de parar la sangre, pero todo parecía inútil, la lujosa seda gris pálido se teñía de rojo.

Alex, y Will… prométanme que sabrán cuanto los amé, y cuanto los amó su padre, no les permitan olvidarnos… ellos deben saber… que fueron lo más importante para nuestras vidas…díganles que todo fue un accidente… no quiero que el odio corrompa la inocencia de sus almas… él no se merece ni siquiera eso de ellos… - le dijo en un susurró mientras la oscuridad la engullía, y el dolor desaparecía de una vez por todas, y tal vez para siempre. – Albert… por fin estaremos juntos de nuevo, amor mío, y ahora sí, ni la muerte podrá volver a separarnos. -