Hola Chicas, espero se encuentren bien, primero quiero agradecer cada uno de sus comentarios, gracias por tomarse el tiempo de leerme y de expresar lo que sienten y piensan.
Segundo, quiero pedir una disculpa a quienes se sintieron cohibidas con el mensaje que dejé, y que precisamente borré, cuando me di cuenta que, las estaba ofendiendo, no fue mi intención ofenderlas, intentaba expresar mi punto de vista, pero fue muy mal logrado, y cuando me di cuenta de ello, preferí borrarlo, pero cometí el error de no disculparme por ello. Ahora lo hago de todo corazón, y espero puedan volver a sentir la libertad de comentar lo que piensan aquellas que ya no la sienten.
Espero disfruten de este capítulo, pido paciencia, no quiero apresurar la historia, y les aseguro que cada capítulo escrito es intencional, y tiene una razón de ser.
Les mando un abrazo y bendiciones.
C. u r my b & I am ur f.
YNTE 19
En cuanto llegaron a la propiedad de los Grandchester, Rose se excusó, para llevar a los niños a cambiarse y a dormir, habían acordado que Albert se llevaría a Stear después de la cena, pero la velada apenas comenzaba.
Richard recibió a Albert, con un apretón de manos, y le ofreció un whiskey, vestía informalmente, sabía que su invitado no había tenido tiempo de ir a casa a cambiarse. Por supuesto que a su edad y con su experiencia, no pasaba nada por alto, y pudo ver algo en la mirada de Rose en cuanto cruzó el umbral, así como la manera en que William la miraba, no solo con adoración, sino con un dejo de intimidad y posesión.
William, toma asiento por favor, dime, ¿cómo les fue? Asumo, viendo las condiciones en las que llegaron los niños que se divirtieron mucho. – le dijo mientras lo observaba cuidadosamente.
Sí, están agotados. Nos fue de maravilla Richard, simplemente perfecto. - dijo haciendo una pausa, respiró profundo, él no era un hombre que se anduviera con rodeos, sabía que sus razones habrían tenido, pero quería saber la verdad, toda la verdad, porque ya fuera como Rose o como Candy, esa mujer era el amor de su vida, y esta vez no la dejaría ir, no podía creerlo, la vida le regalaba una oportunidad que él no había creído que fuera posible.
Levantó la mirada y la clavó con seriedad en Richard. Él hombre mayor se la sostuvo, leyendo mientras lo hacía, la tormenta, la ilusión, el millón de preguntas, pero guardó silencio, él no hablaría primero.
¿Cómo es posible? – preguntó Albert sin despejar sus extraordinarios ojos azul cielo de los del duque.
Las cosas no siempre son lo que parecen, William. – le respondió el hombre mayor en una astuta evasiva, él no iba a traicionar a Rose, primero debía asegurarse de que era lo que William sabía o creía saber.
Sé que es ella, lo confirmé esta tarde. – le dijo con una media sonrisa.
¿Ella te lo dijo? – le respondió Richard curioso, ante como se habían desarrollado los hechos, aunque sabía que tendría la historia completa de parte de Rose después.
Sí y no… tuvo un pequeño desliz, y aunque se que ella piensa que fue involuntario, estoy seguro de que era lo que su corazón quería. Ahora dime Richard, ¿por qué? ¿cómo? ¿por eso me invitaste a esa fiesta?
El porqué le corresponde a ella, no a mí, el cómo… las cosas no salieron como ella y Eleanor las habían planeado, y el accidente dio pie a todo lo que vino después. Te invité a la fiesta porque eres William Andrew, no podía no invitarte, pero también, porque creo que es tiempo que ella salga de la muerte en vida auto impuesta durante estos años, porque ahora que la conozco no puedo dejar de amarla como una hija, y porque no soy eterno, hago lo mejor que puedo como tío de Alexander, pero mi nieto necesita un padre de verdad… tal vez alguna vez soñé que su verdadero padre recobraría los cinco sentidos, y entonces podría yo regresarle a su familia, me perdonaría, y recuperaría a mi hijo, pero después, cuando conocí la historia completa, cuando he visto estos años todo lo que él ha decidido ser y hacer, sé que no puedo entregarles a un hombre como él, ni dejarlos a su merced si un día yo falto. Creo que sabes de sobra que nadie puede conocerla y no amarla, y ella y Alexander se convirtieron en mi familia, en mi mundo, y hoy estoy dispuesto a dar la vida por hacerlos felices. Y por ello debo asegurarme de que haya alguien más que yo para protegerlos, afianzar su posición en sociedad, de tal forma que nadie pueda dudar o reclamar los derechos de sucesión de Alexander. Tú conoces de sobra el mundo en el que vivimos, y sabes qué aunque injusto, la mejor forma de protegerla será encontrar a alguien que con su nombre y familia le dé el respaldo que ella necesitará si un día yo falto. No todos pueden ser Elroy Andrew, y Rose no está preparada para serlo aún, va en ese camino, cada día es más fuerte y segura de sí misma, pero aún le falta un buen tramo por recorrer. Y Alex merece tener un padre, no tener que ser el hombre de la casa, sino ser un niño, feliz, seguro, tal vez un día tener hermanos o hermanas… tú conoces la soledad que una posición como la nuestra conlleva, para poder salir adelante y no amargarse se necesita una familia que te ame, te apoye y te respalde, así que eso es lo que quiero para Rose y Alex, como te dije, quiero verlos felices. – le dijo él hombre mayor con seriedad.
Richard… tengo tantas preguntas… ¿cómo pudo salvarse? Eso es simplemente inverosímil. - eso era algo que daba vueltas en la cabeza de Albert, no lograba poner el rompecabezas completo, porque además en el delicado estado del embarazo de Candy, llegar a término después de semejante accidente hubiese sido simplemente imposible
No se salvó… ella no iba en ese auto… -
¿Entonces? – ahora las cosas tenían un poco más de sentido.
Eleanor había preparado un señuelo, y para su buena suerte Terry lo siguió… el chofer, los guardaespaldas, y la actriz…murieron en ese accidente. Conozco los detalles por encima, ya que yo no estaba involucrado en ese momento, Eleanor me buscó tiempo después, poco antes de que naciera Alexander, al parecer ese era el plazo que ella le había dado para quedarse, después de eso, quería tomar a su bebé e irse, así que Eleanor pensó en que la forma de ayudarla a irse y asegurarse de su bienestar sería por medio de mí… y debo decir que si bien al principio me pregunté qué diablos estaba haciendo, antes de llegar a la mitad de nuestra travesía para cruzar el Atlántico, ya estaba yo prendado de ellos… con su forma ligera, y despreocupada de ser, un día puso en mis brazos a Alex y me dejó solo, basta decir que todas mis dudas y resistencia se desvanecieron, tenía en mis brazos no solo a mi nieto, sino a una nueva oportunidad de hacer las cosas bien, y eso es lo que he hecho, guiado por ella, creo que sabes de sobra lo convincente que puede ser… Ahora bien, te dije que el por qué le corresponde a ella. -
Richard, gracias por darle un hogar, por cuidarla, te entiendo, hiciste lo que yo siempre quise hacer por ella, y hoy que la tengo frente a mí hay una sola cosa en mi mente… quiero hacerla mi esposa, ya la perdí una vez, no estoy dispuesto a permitir que eso suceda de nuevo. –
Pensé que eso dirías, según me dijo Eleanor esa era tu intención inicial… sin embargo, eso le corresponde decidirlo a ella, William. Verás, cuando la traje conmigo le prometí que siempre respetaría y apoyaría sus decisiones con respecto a todo. Le di mi protección y su libertad. Así que solo a Rose le corresponde decidir que hacer con su vida. Y espero qué si te acepta, tú sepas regalarle lo mismo. –
Puedes estar seguro de ello… en lo personal, encontrarla con vida, después de que creí que jamás la vería de nuevo, es uno de los regalos más grandes que he recibido, y tener tu confianza, con lo que respecta a Alex, es por supuesto un honor, que quiero honrar con creces. –
Richard escuchó las palabras con atención y analizó cuidadosamente al hombre que tenía frente a él, no se había equivocado, William Andrew, era el hombre correcto.
Rose Marie… ese nombre… - le dijo Albert más para sí mismo que para Richard.
Lo eligió ella. Nunca pregunté por qué. – no le sorprendía saber que el nombre pudiera tener un significado para William, después de todo, a estas alturas sabía perfectamente lo que el patriarca de los Andrew había significado y significaba para Rose.
Albert sonrió.
No necesito preguntar por qué. – le contestó enigmáticamente, y con una amplia sonrisa en su guapo rostro.
Richard no pudo decir nada más, porque Rose entró en ese momento, a la sala, ambos caballeros se pusieron en pie, para recibirla, con la galantería acostumbrada en la época.
Richard le sirvió una copa de burdeos a Rose y se la entregó. Se notaba emocionada, pero nerviosa, su mano tembló al recibir la copa, pero él apretó su brazo y le sonrió paternalmente tratando de infundirle confianza. No debía ser nada sencillo para ella recordar el pasado, y mucho menos tener frente a ella al hombre que evidentemente la conocía de manera extraordinaria y profunda, y a quien en cierta forma Rose le debía tanto.
La necesitarás. -le dijo refiriéndose a la copa. - Los dejo solos, yo cenaré en el club. Estás en tu casa, William. – le dijo el duque mientras salía y cerraba la puerta tras de sí, dando instrucciones precisas a su personal de extrema confianza, nadie debía molestarlos, y nadie debía saber que la marquesa se había reunido a solas con Lord Andrew. Su mayordomo y ama de llaves asintieron y se dispusieron a mandar a todos los sirvientes a hacer sus quehaceres lejos del salón y del comedor.
Rose estaba parada ante el hombre que había anhelado y soñado por tanto tiempo, el hombre con el que había compartido los momentos más felices de su vida, el hombre que le había dado una familia y un nombre, él que había estado dispuesto a ser el padre de su hijo, él hombre cuyos labios llevaba tatuados en su piel desde esa no tan lejana noche de fiesta de máscaras, y con el que hacía tan solo unos momentos había compartido un delicioso rato.
Albert la observó con detenimiento, frente a él estaba parada la mujer que él creía perdida, el amor de su vida, y lo único que quería hacer era tomarla entre sus brazos, y jamás dejarla ir, sacarla ese día de la mansión Grandchester y llevarla con él a su departamento, formar una familia con ella, hacer su sueño realidad… sin embargo, debía ser realista, nada de eso era posible por ahora. Respiró profundo, admirándola y adorándola con la mirada.
Candy… - pronunció su nombre en un susurro sin aliento, acortando la distancia entre ambos y envolviéndola en un abrazo.
Shhh… - le dijo ella posando sus dedos sobre sus labios y estremeciéndose ante el nombre que nadie había usado para llamarla en seis años. Un nombre que se había enseñado a olvidar, para ella, era un nombre que ya no le pertenecía, ya no era una chiquilla ingenua, y mucho menos indefensa, ahora era una mujer, segura de sí misma, dispuesta a luchar con todo y contra todos por la felicidad de su hijo, y hoy comprendía que también por la suya propia, el miedo que la había orillado a fingir su muerte casi siete años atrás, no iba a dominarla hoy, ella no perdería de nuevo al hombre que amaba, estaba dispuesta a luchar, a darse una oportunidad, a amar. – Candy está muerta, sepultada en las profundidades del océano, en un ataúd de fierros retorcidos, su lápida yace en Lakewood, junto a la de Anthony y Stear. – le dijo ella con firmeza y melancolía en la voz.
Candice White Andrew, Rose Marie Estelle Grandchester, a él no le importaba el nombre, era ella, el amor de su vida, y por él podía ser quien quisiera, podía inventarse una tercera identidad si quería, eso no importaba, solo importaba que aceptara hacer una vida a su lado, ella era la mujer por la cual había renunciado a ser feliz, porque estaba convencido que sin ella ya no había felicidad, y ahora estaba frente a él, hermosa, mujer, elegante, sofisticada, tierna, amable, con ese delicioso acento francés, que aún no se decidía a dejar, y él lo que quería era asaltar sus labios con un beso, tomarla en sus brazos y hacerla suya, formar una familia, ser el padre de su hijo, hacerla feliz, recorrer cada centímetro de su piel con besos, y entregarse a ella sin reservas, como en realidad nunca lo había hecho con ninguna otra mujer, pero debía respirar profundo, había cosas que hablar, cosas por aclarar, en realidad no le importaba el porque, la vida le regalaba una oportunidad más, lo demás no importaba, pero sabía que debía escucharla. Tomo aire y lo dejó escapar lentamente.
¿Por qué? - preguntó viéndola suplicante.
Rose le señaló un asiento, y se sentó a su lado, había ensayado una y mil veces en su mente que diría si acaso alguna vez él le preguntaba justamente eso, y aún hoy, era difícil de explicar, no dudaba del amor de él por ella, pero estaba consciente que su fingida muerte lo había lastimado, y herido en lo más profundo. Lo miró por unos segundos, tratando de encontrar las palabras, Albert dio un sorbo a su whiskey y la observó en silencio, ella hizo lo mismo con su copa de vino y después le contestó sin verlo a los ojos. Porque había una parte de ella que tal vez creía que pudo haber hecho las cosas diferentes… pero en ese entonces, era solo una niña, sola, asustada, había sido maltratada como nunca pensó que hubiese sido posible por el hombre que decía amarla, se había encontrado embarazada, temiendo por su vida, por la de su hijo y por la del mismo Albert… era tiempo de enfrentarlo todo, de hablar, de decirle todo a la única persona a la que en realidad le debía una explicación.
Por miedo. – le dijo dejando escapar el aliento, tratando de respirar profundo y calmarse, revivir el horror, el maltrato, la impotencia, el abandono y la desesperación de aquellos días, y la soledad de los que vinieron después de su fingida muerte no era algo sencillo.
¿Miedo de mí? – le preguntó un poco confundido, no había esperado esa respuesta, aunque, en realidad no sabía qué respuesta esperar. Ella volteó a verlo con una mirada llena de amor y ternura.
Miedo de ti jamás, pero sí miedo por ti, por Alexander… - le dijo suavemente con el corazón en la mano.
Can…Rose, adoro a Alex, y creo que él puede llegar a quererme como un padre, danos una oportunidad de ser una familia, dame la oportunidad de ser su padre, ese era el plan original, Alexander iba a ser mi hijo, tú y yo íbamos a formar una familia y a darle un hogar. – le dijo suponiendo que ese era su miedo, y queriendo asegurarle que todo estaría bien.
Albert… - ella pronunció su nombre de manera deliciosamente tierna, como solo ella sabía hacerlo. – no es eso… Terry… - no lograba ponerlo en palabras, hoy, con la distancia, y la vida tan diferente que llevaba ahora, decirlo en voz alta parecía irreal, y además traía a su presente un pasado que había luchado por olvidar y sanar.
Terrence perdió el privilegio a llamarse su padre desde el día que en vez de alegrarse y hacerte su esposa cometió todas las aberraciones que cometió. – le dijo con indignación ante la posibilidad de que ella quisiera regresar con él, o siquiera darle la oportunidad de conocer a Alex.
Por supuesto, y espero que Alexander jamás sepa quién es su verdadero padre, es mejor el anónimo hermano de Richard muerto con honor en una inútil guerra, que… Terrence Grandchester… - le dijo ella con vehemencia y odio en su voz que sorprendió a Albert, no porque Terry no lo mereciera, después de todo, lo que le había hecho pasar no tenía nombre, sino porque, ella, tan buena, tan pura, tan noble, ella que tanto había creído amarlo, ahora lo odiaba con tanta fuerza, nunca creyó que en ella pudiese existir ese sentimiento.
Rose, querida… - comenzó conciliador, pero ella lo interrumpió con arrebato.
¡No puedes juzgarme por odiarlo! tú sabes, sé que sabes, que tus investigadores y Eleanor te contaron todo, de lo contrario no le hubieses dado la paliza de su vida a Terrence, además intuyo que la mano de los Andrew ha estado detrás de sus desventuras en los negocios… no me mires así, ¿acaso crees que sigo siendo igual de ingenua? Esa ingenuidad casi me cuesta la vida… he estado al tanto… - le dijo ella con una sonrisa amarga ante la cara de sorpresa en él, cuando ella aseguró conocer su venganza con Terry.
¿De qué hablas Ca… Rose? ¿A que le temes? - le preguntó porque no podía calmar sus miedos si no los conocía.
Su mirada volvió a perderse.
El día que me dieron de alta, el día que debíamos encontrarnos en la casa de la playa… de alguna forma Terry se enteró de mi alta, y fue por mí al hospital, enfureció cuando le dije que no quería volver a verlo, y me amenazó, me dijo que primero prefería verte muerto, y a mi hijo también, antes de que saberme tuya… de alguna forma él sabía que me iría contigo, estaba como loco, enfurecido, fuera de sus casillas, hoy sé, que en realidad, siempre estuvo celoso de ti, tal vez porqué el descubrió de alguna forma antes que yo cuales eran mis verdaderos sentimientos por ti, y eso fue demasiado para su ego…me subieron al auto, y arrancaron rápido, tan solo para detenerse unos cuantos metros más adelante fuera de la vista de todos y hacerme cambiar de auto, a mí me parecía una exageración, quería ir a ti… verte, saberme segura a tu lado… pero en vez de eso me llevaron a casa de Eleanor, me reunirían contigo más tarde, Eleanor se haría cargo de llamarte… pero todo sucedió tan rápido, cuando supimos todo lo acontecido… en ese momento supe que no podía arriesgarte, ni a ti, ni a mi bebé, Terry estaba verdaderamente dispuesto a todo con tal de separarnos… o más bien de evitar que nos encontráramos, entonces, hubo que cambiar los planes, y el que en apariencia estuviera muerta, era lo mejor que podía pasarme en ese momento… - le dijo ella con convicción en un tono de voz calmado, que no reflejaba todo el terror que ella había sentido ese día, y los que le siguieron, siempre con miedo a que Terry la descubriera, y le quitara a su hijo, o la obligará a darlo en adopción, o a volver a su lado, a cambio de permitirle conservar al bebé, Candy en ese momento habría preferido morir que regresar con él… y Rose, hoy lo veía como algo lejano, que le había sucedido a alguien que no era ella, a una chiquilla ingenua que había creído que las migajas y la lujuria que un apuesto y vanidoso joven le había brindado eran amor.
Albert la vio con dolor… el dolor de pensar en todo lo que ella había pasado, pero también el dolor de recordar lo que saberla muerta había provocado en él, en Archie, en sus madres…si pudiera regresar el tiempo no la hubiera dejado partir a New York, o hubiese ido por ella, en parte también se había sentido culpable.
¿Y nosotros? – no pudo evitar preguntar con un dejo de dolor.
¿Ustedes? – le preguntó Rose un poco confundida dejando el pasado a un lado el pasado y volviendo al presente.
Tú familia, Candy. Archie, Stear, tus madres… yo. – le preguntó mientras la voz se le quebraba.
Ella nunca había dejado de pensar que había sido cobarde al esconderse, y que los que la querían habían sufrido lo indecible, si bien a lo largo de los años había conseguido no pensar en ello, y acallar su conciencia, tenerlo frente a ella, preguntando lo que siempre había temido tener que responder, quebró todas las racionalizaciones y excusas que alguna vez le habían ayudado a sobrellevar lo que había hecho, enfrentarse a su sufrimiento y dolor quebraba su corazón en mil pedazos. No podía más, su rostro estaba bañado en lágrimas, extendió sus manos para secar las lágrimas de él y olvidándose de las propias le dijo.
Perdóname, sé que fui una cobarde, y me repetí miles de veces que un día sanarían, que un día serían felices, yo simplemente iba a desaparecer, ese era mi plan, desaparecer, con mi hijo, irme a algún lugar, trabajar, ser simplemente una viuda más de tantas que había después de la guerra…pero… no fue posible, yo estaba muy delicada, huir sin decirle nada a nadie me haría perder a mi hijo, así que estuve en el campo, cerca de New York, Eleanor cuidó de mí, e ideó un plan, contactó a Richard, y después de que Alex nació y la guerra terminó él arregló mi traslado a Francia, se hizo cargo de todo, mi cambio de nombre, mi identidad, que aprendiera francés, e inglés con acento francés, me tiñeron él cabello, aún lo hacen cada dos semanas, para evitar que alguien note algo… y después, después me llevó a Escocia, a la Villa Grandchester, el lugar que albergaba recuerdos felices, del hombre que ahora odiaba, se convirtió en nuestro hogar, y el hombre que se negó a ayudarme a quedarme en el San Pablo, se convirtió en mi protector, mi amigo, y ahora prácticamente en mi padre… en algún momento aprendí a vivir esta vida… a ser una dama de sociedad, o al menos a comportarme como una, Vivian me ayudó mucho en eso, y con tutores completé la educación que debí haber terminado en el San Pablo, a la vuelta del tiempo, aprendí a ser feliz con lo que tenía, amé a Alex desde el primer momento, pero, nunca dejé de pensarte, de buscar tú foto y noticias de ti en la prensa, de añorarte… porque de alguna forma, los momentos más felices de mi vida, los pasé a tu lado, en ese sencillo departamento que compartimos, dónde por primera vez me sentí segura, y amada, en otro lugar que no fuera el hogar de Ponny… Albert, perdóname… perdona mi cobardía, por haberte dejado solo, a tu suerte, debí regresar a ti, eso es lo que debí haber hecho, falté a mi promesa de cuidarte… te lastimé… ¿podrás perdonarme? Entenderé, si ahora que has escuchado la historia, y tenido tiempo de pensar… decides que no quieres saber de mí...que es mejor pensar que estoy muerta… Pero debes saber que te amo, y que tenerte lejos ha sido una tortura… te pido una oportunidad de hacerte feliz, de cumplir mis promesas… de caminar a tu lado una vez más…te amo Albert…. - le dijo mientras buscaba su mirada.
Él, no pudo resistir su cercanía, su aroma, sus suaves manos tomando las suyas, el recuerdo de los besos compartidos… una realidad se abría ante él, ya no tenía frente a él a la chiquilla, sino a una mujer, una mujer que conquistaría, una mujer que haría suya, una mujer con la que sería feliz.
La atrajo hacía él y la abrazó, ella también lloraba, la refugió en sus brazos, la apretó contra su pecho como lo había hecho muchas veces en el pasado. Y su corazón encontró paz. Ella estaba en casa, el familiar aroma de él erizó su piel, sus cálidos brazos, el recuerdo de ese beso robado furtivamente en las escaleras traseras de esa misma mansión que los albergaba ahora.
Ella levantó su rostro para buscar su mirada, y él acarició su mentón, mientras depositaba un beso en su frente.
¿Cuándo escribiste la carta? – le preguntó él curioso, siempre había tenido una imagen, una idea de ella escribiendo antes de ser internada, pero ahora los tiempos parecían no coincidir.
¿Cuál carta? –
Esta carta. – le dijo él sacando unamarillento papel cuidadosamente doblado y guardado en su cartera. Era su carta de despedida. Rose no podía creer que él aún la conservaba, y mucho menos que la llevaba en su cartera.
¿La guardaste todos estos años? – le preguntó con incredulidad mezclada con ternura.
Eran tus últimas palabras… - le respondió él con solemnidad.
La escribí después de que supe que no podría encontrarme contigo, quería decirte lo que sentía, lo que pensaba, que supieras que te amaba… aunque no podría estar a tu lado, cuando Eleanor me dijo que le habías pedido que enviara mis cosas, la incluí con mis pocas pertenencias personales… mis tesoros, serían todos tuyos…yo solo me quedaría con tu recuerdo. -
Tus tesoros están guardados con devoción en tu habitación de Lakewood, el crucifijo de tus madres, la foto de Anthony… mis cartas… y por supuesto, el prendedor del príncipe… y una cajita de música…
La hizo Stear… fue su regalo de despedida para mí, la llamó la caja de la felicidad… Gracias por guardar mis tesoros…
Iremos por ellos, podemos pasar una temporada en Lakewood. Crear nuevos recuerdos en esa magnífica mansión… - le propuso él con ilusión.
Me gusta la idea, mí príncipe… - le dijo ella guiñando el ojo.
¿Cómo lo sabes? - la curiosidad era grande.
No sé, un día lo entendí, viendo tus fotos como William Albert Andrew, leyendo un reportaje sobre tú vida y tú familia, mi mente armó el rompecabezas… y saber que eras mi príncipe fue hermoso y devastador a la vez, por un lado, había encontrado a quien había buscado toda mi vida, y por el otro, estúpidamente lo había perdido para siempre, había tenido a mi lado la felicidad, y la había cambiado por un espejismo… puedo llamarte así… mi príncipe de la colina…- le dijo ella con una sonrisa traviesa.
Puedes llamarme como tú quieras, tal vez yo también deba cambiarme de nombre…-le dijo él con una nota de diversión en un momento tan intenso. -Tengo mucho que agradecerles a Richard y a Eleanor, por haberte cuidado, a ti y a Alexander… ¿Eleanor lo ha visto crecer? -
No, lamentablemente no, no podíamos exponernos de esa manera, le escribo, pero con otros nombres, se envía de otros países, por valija diplomática, saber que ella, a quien le debo mi vida y la de Alex está ausente de su vida, es algo que me duele, ella lo sacrificó todo… y no puedo ofrecerle la oportunidad de disfrutar de su nieto… tal vez algún día… - había añoranza, tristeza e impotencia en su voz.
Lo siento mi amor… te prometo que encontraremos la forma. –
Gracias. – le respondió ella mientras él la estrechaba a manera de consuelo entre sus fuertes brazos.
No quiero separarme de ti nunca más… te amo, dame la oportunidad de demostrártelo, de ser un padre para Alex, de hacerte feliz. - le pidió él con voz ronca por la emoción, si esto era un sueño, no quería nunca despertar.
Albert… - la dicha la embargaba, él aún la quería a su lado.
Ya sé que no puedo raptarte, y que tendremos que seguir las convenciones, y guardar las apariencias… supongo que tendré que casarme con Rose… aunque a decir verdad muero por mandar todo y a todos al diablo, si quieres desaparecer podemos hacerlo, Archie puede ser el patriarca, y Stear el heredero del legado, y tú , Alex y yo, podemos ser felices en algún lado, dónde quieras, podemos ser ciudadanos del mundo, o vivir en Suiza, en África, dónde tú desees…-
Albert, mi amor, eso, suena delicioso… es como hacer realidad un sueño.
¿Pero?
Hoy entiendo lo que un legado familiar significa, comprendo las responsabilidades familiares, el privilegio de una posición social, lo que el deber y el honor significan… no puedo pedirte que lo dejes todo… y yo no puedo dejarlo todo. -
¿Qué quieres decir con eso? -
Richard me dio un hogar, y cuenta con que mi hijo es su heredero, y aunque no puede fungir abiertamente su papel de abuelo, es una parte importante de la vida de Alex… no puedo simplemente irme, y tú tampoco, Stear te adora, te necesita, la tía abuela, Archie… tenemos responsabilidades, deberes, y estoy dispuesta a compartir la carga contigo, a hacer que todo sea más fácil… - Rose se detuvo, la mirada de él la detuvo a decir verdad. - ¿Por qué me miras así?-
Es increíble ver la mujer que eres el día de hoy… no puedo explicarlo, pero… me siento orgulloso de ti, y me encanta saber que tienes razón… no puedes volver a ser Candy… ¿cierto?
No, no puedo de eso depende que mi hijo pueda heredar, y que no sea rechazado ni estigmatizado, sobre todo… - le dijo ella seria. - De la muerte de ella depende nuestra seguridad, no quiero ni imaginarme a Terry reclamando a su hijo, eso no puede suceder jamás, por eso siempre me negué a que Richard nos presentara en sociedad, él quería hacerlo de inmediato, y yo, simplemente tenía miedo… aun lo tengo, pero cuando te vi en la fiesta… Albert, no podía tenerte tan cerca y no bailar contigo, aunque fuera una vez… y claro, una vez que estuve entre tus brazos y probé tus labios me supe perdida… ahora no solo me los imaginaba, sabía a qué sabían tus besos, y eran lo más exquisito que había probado en mi vida…
Princesa, haré lo que sea por protegerlos, Terry no podrá volver a dañarlos… Nos tomaremos todo el tiempo necesario, el inconquistable William Andrew enamorado de la Marquesa, saldremos juntos, asistiremos a eventos, y después de pasado el tiempo decoroso, nos casaremos, ambos somos viudos, tú tienes un hijo, a nadie le sorprenderá que el tiempo decoroso sean seis meses… no más. – le dijo con una sonrisa pícara.
Albert… -
Él la soltó y se arrodillo frente a ella, tomándola por sorpresa.
Candice White Andrew, Rose Marie Estelle Grandchester, ¿aceptas ser mi esposa? –
Ella lo observó, incrédula a través de las lágrimas, con un millón de dudas y temores arremolinándose en su mente, pero tal vez… tal vez ahora podría ser feliz, Candy estaba muerta, Terry no tenía por qué venir, William Andrew, simplemente se estaba enamorando de la marquesa, viuda de Grandchester…de su tía política, a él no tenía por qué importarle… respiró profundo y dio un salto de fe.
Sí… acepto ser tu esposa. – le dijo entre lágrimas.
Albert se puso en pie y la levantó para abrazarla, tomó su rostro entre sus manos y se inclinó para besarla, con ternura, dulzura, amor, era ella, por supuesto que era ella, por eso es qué sus labios lo habían cautivado esa primera noche, por eso sus ojos verdes lo habían llamado, por eso se había sentido completo, era ella, su pequeña, su princesa, el amor de su vida, su felicidad, su todo.
Dime una cosa princesa… ¿has pensado hacer algo?
¿A qué te refieres?
Con Terry, con Anne… - Rose lo miró sorprendida, ella no había hablado de Anne.
Albert, solo no permitiré jamás que nadie me robe la felicidad de nuevo, no los quiero cerca de Alex, y Anne… no sé qué decir, es la esposa de Archie, la madre de Stear… por ellos no quiero que nada le pase, pero tampoco la quiero cerca, sé que seremos familia, pero no soy tonta, los recursos de los Grandchester han estado a mi disposición, y sé cosas, Vivian me ha contado los rumores… ella me envió dinero, pero, me rechazó, me dijo que ya no podíamos ser amigas… y sé que no fue a mi funeral… es una mujer muy infeliz, los celos, la envidia… no sé, no entiendo que pasó, ni cómo ni cuándo dejó de ser mi hermana… pero no le daré la oportunidad de hacerme daño, ni de descubrir quién soy, porque conociendo que está enferma de celos, no puedo permitir que intente dañar a mi hijo, ni a mí… pero, no tienes de que preocuparte, ya no soy esa niña bondadosa que estaba dispuesta a darlo todo porque ella fuera feliz, hoy sé que la felicidad de mi hijo… y mi felicidad está por encima de todo…
Yo te ayudaré, ambos velaremos por su bienestar y su felicidad, y por supuesto que no permitiré que ella haga nada por empañar la tuya… te extrañé demasiado mi amor.
Y yo a ti Albert, cuando te dejé, fue como quedar a la deriva, había un vacío inmenso dentro de mí, una angustia en mi pecho, algo que no podía entender al principio… mi consuelo en algún momento fue que habías encontrado el amor, y aunque debo confesar que me sentí celosa, también me sentía feliz, porque no estabas solo, porque ella parecía una buena mujer, supe que siempre llevaría una antorcha en mi corazón por ti, pero que al menos uno de los dos tendría la oportunidad de amar, porque yo ya había decidido que en mi corazón solo habría lugar para Alexander y para tú recuerdo… -
Amé a Evelyn … era una mujer extraordinaria, sin embargo, al paso de los años descubrí que su recuerdo se difuminó, dejó de doler, mientras que el tuyo nunca me dejó... tu ausencia me ha pesado cada día que hemos pasado lejos, eres irremplazable… -
Mi amor… - ella no pudo decir nada más, era simplemente feliz, se refugió de nuevo en sus brazos y levantó su rostro hacia el de él.
Por supuesto que él la complació explorando sus labios lenta, suave y deliberadamente, acariciándolos con su áspera lengua, atrapando su labio inferior entre los suyos, mordisqueando suavemente, invadiendo su boca con su lengua, succionando con delicadeza, ese beso era una oda a la pasión, a la necesidad de saberla suya, al amor, disfrutando su cercanía, sus manos recorrieron su espalda, masajeando suavemente sus hombros, atrayéndola hacia él, acariciando a ratos su nuca, sus rizos, embriagándose con su sabor y su aroma… era así como debía ser, eran Albert y Candy… o Albert y Rose, no importaba…
¿Por qué Rose Marie? – preguntó él entre besos, aunque conocía la respuesta.
Porque en algún lugar de mí había la necesidad de que algo nos conectara, ya no podía ser una Andrew… pero podía escoger un nombre que aún me conectara contigo… y tal vez sí un día lo escuchabas y no me reconocías, al menos pensarías con afecto en ese nombre para ti tan querido. –
Él la abrazó, tomó posesivamente su nuca y reclamó sus labios de nuevo, mientras las manos de ella se posaban en su pecho, acariciándolo suavemente, trazando las cicatrices que ella había memorizado, y que reconocía como suyas, las garras de Bongo en su pecho, la herida en la cabeza que hoy cubría su cabello, después de todo, ambas habían sido por ella. Aún su cuerpo contaba su historia, ella no tenía cicatrices visibles, pero su alma esta irremediablemente tatuada con amor por él.
El reloj de péndulo marcó las once y media de la noche, y la puerta principal se abrió, las campanadas del reloj les pasaron desapercibidas, pero un discreto llamado a la puerta los hizo pegar un salto, estaban ahí, acurrucados, disfrutando el uno del otro, sentados en el sofá, perdidos en los besos, las caricias habían subido un poco de tono, pero el ruido los regresó a la realidad, se separaron un poco renuentemente, y arreglaron un poco sus ropas y cabellos con rapidez.
Pase. – dijo Rose con ese acento que ahora era tan suyo.
Richard Grandchester abrió la puerta, y los observó sentados uno junto al otro, no era difícil imaginar en que habían invertido las horas que les había regalado, tomando en cuenta que ambos tenían una mirada embelesada y el cabello algo revuelto.
Así que… debo anunciar que mi cuñada será la futura señora Andrew. – dijo con una sonrisa.
Rose se paró y fue hasta él, Richard Grandchester hizo algo que solo con Alexander y con ella podía hacer, habiendo sido educado bajo las estrictas reglas aristocraticas no era un hombre que demostrara afecto, pero esa chiquilla pecosa que había sido encomendada a su cuidado seis años atrás había destrozado todas esas barreras, abrió sus brazos, y la abrazó.
Gracias Richard. – dijo ella.
Bien, me da gusto por ustedes, hay muchas cosas que debemos hablar y planificar… William… ella, ella no puede dejar de ser Rose. – le dijo Richard directamente, debía dejar eso muy claro.
Lo sé. No importa. Hablemos mañana, definamos poco a poco las cosas, solo, mañana en la cena, cuando la presentes… -
Puedo anunciar que la estas cortejando, podemos decir que ha sido un secreto, y que aprovechamos la ocasión para hacerlo público, así, podrían casarse en unos meses, tal vez un año. Y de paso evitamos las propuestas matrimoniales que seguro lloverían de no anunciar un compromiso. –
Déjame pensar esta noche, porque debo hablar con mi tía, y con Archie… -
Albert… ellos no pueden saber, nadie puede saber, solo hay un puñado de personas en el mundo que saben esto, y eso te incluye a ti, lo siento, pero nadie puede saber, seré tu esposa, pero como Rose Grandchester… por favor… - le dijo viéndolo suplicante.
Está bien pequeña, hablaré con ellos, les diré que como siempre tenía un secreto guardado, pero que en realidad nos conocimos en Escocia, hace unos seis meses… no sé algo se me ocurrirá… ¿les parece? – preguntó Albert.
Está bien. – le dijo Rose.
Me parece bien, ven mañana a comer, para que hablemos de los pormenores y cuadremos historias, debemos ser sumamente inteligentes en nuestra forma de proceder. –
No te preocupes, así será. Ahora debo irme, es muy tarde y debo llevar a Stear a casa. –
Claro, iré por él yo mismo, para que se despidan. - les dijo Richard dejándolos solos con una sonrisa cómplice.
Albert la miró a los ojos, y la atrajo a él una vez más…
Te amo Rose. – le dijo mientras su boca se acercaba a la de ella.
Te amo Albert. – le respondió ella justo un segundo antes de que sus labios se encontraran de nuevo, hambrientos, exigentes, apasionados, como si no hubiesen pasado ya toda la velada besándose.
Pero la realidad era qué, aunque Candy había sido besada antes por Terry, y Albert había besado su cuota de mujeres, nunca antes, compartir un beso había sido tan exquisitamente delicioso, ni tan devastadoramente sublime. La perfecta sinfonía de emociones y sensaciones creadas por la cercanía de sus cuerpos, la suavidad de sus labios y el embriagante sabor de sus bocas era algo simplemente inigualable, adictivo y excitante. Algo que definitivamente querían repetir una y otra vez, extendiendo el alcance de su exploración, así como la compenetración de sus almas. Era imposible negar que lo que descubrían uno en los brazos y labios del otro era aquello que siempre habían soñado, y que ni en sus más locas fantasías habían creído posible alcanzar.
