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—Mikasa, lamento interrumpir tu viaje pero…Sasha falleció.
Su respiración se agita pero Olga no deja de mirarla. No quiere asustar a la niña soltándose a llorar, así que intenta sonreírle, pero no puede. Su mejor amiga está muerta.
—Cómo pasó.
—Un ataque, dos turistas fueron secuestrados y ella intentó salvarlos. Esos bastardos…. —cuando escucha la voz del chico empezar a quebrarse, lo detiene, sabe que no necesita hacerle revivir la angustia y el dolor.
—Connie, lo siento mucho, sé que era como tu hermana.
—Lo era y la extrañaremos pero no dejaré impune su crimen.
—Los turistas también…
—No, los liberaron después de que les entregaran el rescate. La situación es grave pero no queremos que interrumpas tu viaje, nos haremos cargo. Sólo era importante mencionarte que el gobierno estadounidense envió una carta a la dirección.
—Regresaré. —No era americana, pero los estudios de sus padres en las universidades más prestigiosas de uno de los países más poderosos del mundo le brindaron una nacionalidad por naturalización. Con todo, una carta del pentágono no la hacía nada feliz, le preocupaba ser la excusa para iniciar una invasión militar que "traería la paz".
— ¿Cómo están Eren e Historia? Salúdalos de mi parte.
—Bien, yo les envío tus saludos.
—Por favor, no le des la noticia ahora.
—Descuida, nos veremos pronto.
Volvió dentro, no sin antes inspirar profundamente. Quería llorar pero no era un buen lugar. Debía pensar en una solución o el parque quedaría a merced de las petroleras y los grupos guerrilleros que durante años se han empeñado en destruirlo.
No podía comprender todavía como los hijos de una tierra tan fértil podían codiciar sus diamantes y el coltán en lugar de protegerla y a todos los animales que viven ahí.
La labor de los hombres y mujeres que cuidaban el parque se había convertido en algo más que heroico, la paga no era tan buena aunque Mikasa intentase todo por mejorarla, pero ello era lo de menos. Sus abuelos y padres habían sido rangers y ellos lo eran también, con orgullo.
Sasha era una joven bióloga, llena de alegría y amor por los animales, especialmente los gorilas. Detuvo los recuerdos, otro más y no contendría las lágrimas que aguaban sus ojos.
Eren la descubrió en la sala, con la mirada perdida, supo que algo andaba mal.
— ¿Qué sucede?
— ¿Me llevas al aeropuerto? Debo volver.
— ¿Tan pronto? No hemos cenado, el pollo está por salir del horno —a la conversación se sumó Historia, la esposa de Eren y madre la pequeña Olga cuyos ojos eran idénticos a los de Carla.
— ¿Hay problemas en el parque?
A Mikasa le sorprendió la suspicacia de su hermano, quizá la paternidad había madurado en él sus cualidades.
—Algo así.
—Quédate esta noche, haré la reservación del vuelo para mañana a temprana hora.
—Historia tiene razón, no es bueno que te apresures tanto. —Aprovechando que la pequeña huyo tras el perro, Eren comentó lo que había estado postergando desde esa mañana— En realidad no me gustaría que regresaras, sé que amas ese lugar pero cada vez es más peligroso. Aquí podrías conseguir un buen trabajo y…
—Eren, cuando decidiste dejar la casa de tus padres a los 23 para venir a Oxford no te detuve, me necesitan y debo volver.
Intuyendo que el nivel de la discusión subía de tono, la rubia mujer se interpuso entre ellos y sugirió reparar en el aroma que llegaba desde la cocina.
—El pollo a la naranja está listo, vayamos a comer.
A la mañana siguiente, después de besar en la frente a la pequeña Olga, Mikasa partió del aeropuerto de Bristol. Dos horas después, el avión en que viajaba, hizo escala en el aeropuerto de Heathtrow, Londres.
Siete horas después llegaría al Aeropuerto internacional Bole, dos horas después el vuelo N. 336 Boing 737-700 haría otra escala en el aeropuerto internacional de Entebbe.
Era un camino largo, muy largo, pero una vez atisbaba las montañas verdes y la bruma del cielo que tanto conocía se sentía en más cerca de casa y el entumecimiento de sus piernas dejaba de molestarle tanto.
Para llegar al Aeropuerto de Goma en la República Democrática del Congo, ciudad que estaba a 2 hrs de Parque Nacional Virunga, necesitó poco más de una hora.
Afuera la esperaba Kitwana, el más joven de los rangers que actualmente laboraban en el parque, con una camioneta para recorrer el resto del camino, un recorrido por sinuosas carreteras y verdes paisajes.
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Versión corregida.
Olvidé escribir esta nota. Primero, ¡Hola!, sé que está mal el iniciar otra historia cuando ya debo actualización de otra pero me nació y este proyecto llevaba un buen rato en el computador. La inspiración es caprichosa.
Denle una oportunidad (?)
