.

.

.

.

.

Cuando dices África, la mayoría de las personas tiende a pensar en terrenos áridos con escasos arbustos, leones y jirafas corriendo por las sabanas, pero el hogar de Mikasa no es así.

7800 m2 de volcanes, laderas selváticas, lagos y montañas son habitados por 218 mamíferos, 706 aves, 109 reptiles y 78 anfibios. Cifras que no impresionaron a los asistentes de la ONU que rechazaron el incremento del presupuesto que solicitó hace un año.

Las mañanas en Virunga son deslumbrantes, los rayos de sol buscan pasar entre la densa maleza, disolviendo la bruma, el sonido cambia, algunos animales despiertan y otros vuelven a sus guaridas después de una noche de caza.

También puedes escuchar uno que otro disparo, las guerrillas han acordado alejarse del parque pero los mercenarios no.

Los restos de Sasha fueron enviados a su familia en Francia, pero en la entrada del parque permanecía una fotografía de ella. Recordaba ese día: emprendieron una expedición para encontrar a la gorila gestante que otros guardias atisbaron en días posteriores. La sorpresa fue que no había gorila preñada, sino 3 bebés juguetones a los que pudieron examinar y colocar localizadores dado que su madre no estaba cerca. Uno de ellos se subió a la cabeza de la guía y comenzó a morderle el cabello, todos irrumpieron en risas. Los otros dos estaban hurgando en los bolsillos de su camisola y pantalón. Mikasa sacó su cámara y decidió inmortalizar el momento.

Las puertas de su oficina estaba abiertas y el aroma a café inundaba el lugar. El primero en verle fue Connie, que caminaba a su cubículo con una montaña de papeles.

—Buenos días, jefa. Nos alegra que estés de vuelta.

—Gracias, ¿dónde está la carta?

—Sobre tu escritorio, no la abrimos, creímos que era impor….

Giraron la cabeza en la aparente dirección del ruido. Hélices cortando el aire.

— ¿Qué es eso? ¿Esperábamos algo así? —preguntó la directora a la vez que caminaba hacia la zona donde aterrizaba un helicóptero. No es que fuese la primera vez que sucedía pero siempre fue en situaciones de emergencia o para transportar víveres y equipo médico, con anticipación y preparación.

—No, nunca recibimos una notificación sobre esto.

El polvo se arremolinaba entorno a la máquina de la que descendieron tres hombres con uniformes militares: americanos.

El más alto de ellos, un rubio con múltiples insignias en la chaqueta y lentes oscuros la saludó conforme se acercaba.

—Buenos días, soy el Comandante Erwin Smith de las fuerzas armadas de los Estados Unidos Americanos. Me disculpo por la inesperada llegada pero fue necesario adelantar mi visita, usted debe ser Mikasa Ackerman, ¿no es así?

—Lo es, bienvenido al Parque Nacional de Virunga, le pediría que apagase esa cosa, asusta a los animales y a los pobladores.

Con un leve movimiento de cabeza los otros dos militares se dirigieron al piloto y le pidieron detuviese el helicóptero.

—Lo lamento, pero insisto en que debo hablar con usted, es importante.

—Vayamos a la oficina. Connie, enséñales a los hombres del comandante el comedor.

—Por aquí. — Connie no se molestó en disimular su apatía, no le agradaban ni siquiera porque compartían el estilo de corte. Su estadía en el servicio militar era una experiencia que francamente quería olvidar.

Al pasar por las oficinas el movimiento era mayor, los guías se alistaban para recibir a los turistas y las camionetas denotaban que Jean y los rangers estaban por partir a sus patrullajes de rutina.

Los rangers eran hombres y mujeres que cuidaban del parque, nativos que amaban su tierra y honraban la muerte de aquellos que perecieron defendiendo el lugar que los vio nacer. A Mikasa le causó gracia cuando mencionó esa palabra en una cena con los Jeagër y los ojos de la pequeña Olga brillaron creyendo que si iba al trabajo de su tía conocería a sus héroes de coloridos trajes. Estos hombres también se enfrentaban al mal, sin armas sofisticadas como los personajes de Tv, ellos no podían llamar a los Zords y sin embargo combatían a los cazadores furtivos, a los rebeldes en búsqueda de recursos para solventar sus guerras y mercenarios contratados por las empresas para ahuyentar y adueñarse de la selva. Eran héroes también, lo eran de verdad.

La oficina era una habitación sencilla y pequeña, con ventanas grandes protegidas con mosquiteros. Un escritorio con una laptop y al lado, tres cuadros de diversos tamaños: el más grande de unos 20 cm de ancho era una foto a blanco y negro de la familia Ackerman, cuando solo tenía 8 años, después estaba la foto del día de su graduación con Eren y Armin, la más pequeña era una del bautizo con la pequeña Olga en su brazos.

—Tome asiento.

El comandante Smith agradeció y se sentó, al quitarse la gorra comprobó cuán vanidoso era aquel hombre cuyo cabello repleto de gomina brillaba a la luz del sol.

—Seré directo.

—Eso me agrada. —Antes habría sido una mujer callada, no dócil pero pocas veces mostraba su voluntad, con los años aquello cambió y ahora era una mujer fuerte, sin temor, dispuesta a usar su fuerza para defender a los débiles.

Cuando Eren se casó con su compañera de universidad, el vínculo dependiente que la instaba a cuidar cada uno de los pasos del chico se disolvió y fue libre.

—Estoy aquí porque estamos preocupados, no sólo por usted, la semana pasada dos ciudadanos norteamericanos fueron secuestrados.

—Mis hombres hicieron todo lo que pudieron para evitarlo, una de nuestras guías murió.

—Lo sé y lo lamento mucho, pero eso sólo habla de la deficiencia en su sistema de seguridad.

—y qué sugiere, aceptar que trasladen medio batallón dentro del parque, me he negado siempre y seguiré haciéndolo.

—Lo sabemos —El hombre guardaba la compostura perfectamente, pero Mikasa tampoco se preocupó en exceso porque ella también sabía jugar.— No hemos venido a ofrecerle nuevos guardias, al contrario, valoramos su valentía y reconocemos su esfuerzo pero es obvio que necesitan una mejor guía. Enviaremos a uno de nuestros mejores oficiales para instruir a sus guardias.

Quiso reírse y mentalmente lo hizo, pero antes de que pudiese externar un comentario mordaz el comandante continuó.

—Es probable que se pregunte qué puede enseñarles un hombre que nunca ha estado aquí en su vida a las personas que conocen esta selva como la palma de su mano, contestaré su pregunta: no podrá salvar el parque sola por más fiera que sea usted o su gente, mi hombre puede no saber de estas tierras pero sabe bien de guerras.

— ¿qué sucederá si me niego?

—Me temo que no tiene opción, no es la primera vez que tenemos que pagar un rescate. El parque cerrará y se convertirá en un campo de guerra, si no quiere que sus amados animales sean asesinados y sus hábitats saqueados será mejor que acepte nuestra ayuda. No pudo garantizarle que ganará la pelea pero sí que le daré las armas para seguir peleando.

La determinación destellaba en los ojos azules del hombre, pero si algo sabia Mikasa es que nada en este mundo era gratis. Debía existir un poderoso y oculto interés de por medio, nadie se tomaría la molestia de viajar hasta este inhóspito lugar a menos que tuviese una misión.

—Quiero creerle, comandante, pero hay algo que no me queda claro ¿Qué gana usted en todo esto?

—Más allá de reducir los gastos en rescates, créame que también amo estos lugares. Me gusta la libertad y siento que aquí uno puede ser libre.

No había mucho que Mikasa pudiese hacer para evitar que otro militar llegase, estaba segura que a los habitantes les sería difícil aceptarlo pero si podía serles de ayuda quizá no fuese tan mala idea. Tendría que darles una oportunidad.

—Bien, les informaré a los guardias de este breve adiestramiento. —Hizo hincapié en la palabra "breve", no admitiría estadías prolongadas. Nunca se llevó bien con los jefes militares.

—No durará mucho, tres meses serán suficientes. —Recogió su gorra y se puso de pie. —Es un trato, directora Ackerman. Mañana a medio día llegará uno de mis hombres, espero sea bien recibido.

—Eso dependerá de él.

Inesperadamente el hombre mostró una sonrisa encantadora para volver rápidamente a su seriedad.

Posterior a un estrechamiento de manos, Mikasa acompañó hasta el helicóptero al comandante Smith con la promesa de ayudar al instructor militar en caso de ser necesario.

Conforme se elevaba y perdía en la lejanía pensó en las últimas palabras del hombre: puede que mi hombre no sea de su agrado en un primer momento pero sepa que está en buenas manos.

Qué era aquello, ¿una advertencia? ¿Un consejo? No lo sabría hasta conocerlo.

.

.

.

.

.

Hi! Antes que nada, muchas gracias por el apoyo, me es reconfortante escuchar que les guste esta historia y que el tema les haya cautivado.

¡Sí! De eso se trata, que investiguen, que quieran saber más, cuénteles a sus amigos (si quieren omitan que lo leyeron en un fic) pero es importante dar a conocer las situaciones que por nuestra posición geográfica solemos desconocer.

MioSiriban, espero te guste la mención que hice sobre tu comentario ja ja ja ja, me encantó y lo sé, soy mala por mencionar la muerte de Sasha #TodavíaDuele.